1 de junio de 1839: los liberales protestan tras golpe de estado de Carrera

Tras el golpe de estado de Carrera del 13 de abril de 1839, los diputados liberales que habían de tomar posesión de sus curules en la Asamblea Constituyente convocada para el 1 de junio, publican una enérgica protesta desde Los Altos

Ciudad de Quetzaltenango en la segunda mitad del siglo XIX. Desde aquí protestaron los diputados liberales el no poder participar en la Asamblea constituyente por temor por sus vidas. En el recuadro: el diputado y líder liberal José Francisco Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del Dr. Mariano Gálvez, los criollos liberales encabezados por José Francisco Barrundia pensaron que iban a hacerse con el poder fácilmente pero no lo consiguieron, en parte por sus propios errores y en parte por la oposición de la huestes de Mita, comandadas por el teniente coronel Rafael Carrera.

Y la realidad les cayó como balde de agua fría con el golpe de estado que perpetró Carrera el 13 de abril de 1839, por medio del cual forzó a huir al jefe de Estado Carlos Salazar,1 a quien el presidente federal Francisco Morazán había colocado en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.2  Tras el golpe de estado, para el 1 de junio se convocó a una asamblea constituyente en la Nueva Guatemala de la Asunción, pero varios los diputados liberales tuvieron que huir al Estado de Los Altos y desde Quetzaltenango, encabezados por Barrundia, lanzaron la siguiente proclama el 1 de junio:3

Elegidos los que suscribimos, por los distritos que se expresan a continuación de nuestro nombres, para representarlos en la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala; creemos que faltaríamos a los deberos anexos a la alta confianza que hemos merecido de los pueblos, si callásemos en medio de los acontecimientos que han hecho desaparecer el orden público en nuestra afligida patria y sometido sus destinos al imperio brutal de las bayonetas, si consintiésemos por un silencio culpable y deshonroso a la reunión de la Asamblea, cuando se nos ha estorbado y estorba aun por la violencia, llevar a ella la voluntad de nuestro comitentes.

Axioma muy trivial es, del derecho político, el que require la libertad en las deliberaciones para que sea legal la existencia y valederos los acuerods de culaquiera Asamblea representativa. Cuerpos deliberantes y la no intervención de las armas, remota ni inmediata en ellos, son dos idea inseparables; porque sin esto los actos de una Asamblea no serían la expresión del sentimiento general, sino el mandato de lpoder.  Y si en los cuerpos constituidos se considera precisa la libertad, lo es aun mucho más en los constituyentes, cuya misión es incomparablemente de mayor latitud y trascendencia que la de los primeros.

La ocupación de la plaza de Guatemala, verificada por Carrera el día 13 de abril, con escandalosa infracción de los convenios de paz y en desprecio de todas las reglas sociales, ha sustituido en todo el Estado la ley de la Espada y el capricho de aquel caudillo, al orden constitucional.  Desde entonces sus habitantes no tienen derechos ni garantías; pues si bien el enemigo del reposo público, ha querido proclamar la restauración de un Gobierno regularizado, éste, a más de no tener una autoridad incuestionable, solo existe de nombre, no ejerciendo otras funciones que las de echar una sombre de legitimidad sobre los atentados y dominación arbitraria del bandido.  El testimonio, los sentimientos, la exasperación de todas las gentes acreditan nuestra aserción. ¡Verdad amarga pero bien notoria!  El único orden que existe hoy en Guatemala, es el placer de Carrera y de sus colaboradores.  Sujetas las poblaciones a su rapacidad y rabia carnicera; no ha sido este estado de cosas la situación de una hora, de un día ni de una semana; es el régimen permanente, la agonía de todos los momentos desde el infausto trece de abril, hasta la actualidad, que continúa y se prolonga sin un término fijo.  Dígalo sino, el mismo gobernante Rivera Paz, que ha sido repetidas veces insultado personalmente por soldados de Carera, al intentar contener infructuosamente los excesos de los salvajes.

Y, ¿en semejantes circunstancias se pretende aun instalar la Asamblea que ha de producir la regeneración de la sociedad?

Varios de los que suscribimos hemos sido arrojados de nuestros horages por la saña de Carrera y sus hordas; se nos ha dado caza como a fieras, se han profanado hasta los lugares sagrados en pesquisa nuestra, y apenas hemos podido escapar por medio de la fuga, a la persecusión, después de haber visto nuestros cortos haberes hecho presa de los bárbaros y sufrido en el asilo doméstico atropellamientos sin número.  Estamos, al fin, refugiados en un territorio extraño. ¿Podremos concurrir a la sesiones? Es claro que no; y mucho menos cuando el dictador Carrera ha dicho ya ser su irrevocable voluntad que tales y tales diputados no lo sean.  Y cuando habiendo uno de tantos (el ciudadano José Barrundia) reclamado la protección de la ley, como ciudadano y como representante, al que se llama Gobierno, por medio de una protesta que obra en su secretaría, lejos de dispensársele, continuaron los bárbaros persiguiéndole con más encarnizamiento que nunca.  Algunos otros que no hemos estado en los lugares al tiempo del último desastre, nos abstenemos también de partir al desempeño de nuestra comisión, por no exponernos a iguales ultrajes y por no ir a tomar el degradante papel de instrumentos o por lo menos de expectadores pasivos.

Todos los infrascritos tenemos la decidida intención de no concurrir a la Asamblea. La fuerza brutal nos impide que lo hagamos. Entre tanto, los distritos que nos hicieron el honor de elegirnos, no pueden ser privados de sus votos en la formación de la carta constitutiva, no deben carecer de uno o más de sus delegados cuando estos quieren prestarles sus servicios; y ninguna causa justa, ningún obstáculo legal se presenta en contrario.  Tampoco podemos ser reemplazados a virtud de nuevas elecciones, no habiendo renunciado, como no lo hemos hecho, a nuestros nombramientos.  Luego la instalación de la Asamblea constituyente, mutilada como se halla, en cualquier tiempo que se verifique mientras sea el terror, está, por el mismo hecho, viciada, y los acuerdos que emitiere serán nulos y de ningun valor.

Lo son igualmente los actos de las juntas preparatorias y todos los procedimientos de la administración erigida por Carrera. Esta última convicción nos obliga a protestar solemnemente a esa junta de diputados, ante los pueblos del Estado de Guatemala, ante la nación y a la faz del universo civilizado, que tendremos por nulo cuanto se halla acordado o acordare a nombre de la Asamblea constituyente o de las juntas preparatorias, mientras las bandas de Carrera no hayan evacuado la capital y demás poblaciones principales, reduciéndose dichas hordas a sus hogares, y quedando a cubierto de sus ataques la misma corte y el resto del Estado.

Protestamos tambien de nulidad de las autoridades y funcionarios puestos por Carrera, y les hacemos cargos con la responsabilidad a que sean acreedores por haber impedido así la reunión legar de la Constituyente, secundando los actos de Carrera y ejerciendo facultades y poderes que indebidamente se abrogan. 

Estado de los Altos, junio 1 de 1839.

Por supuesto, aquella protesta no prosperó; antes bien, los acontecimientos que se sucedieron los próximos meses dieron fin con el Estado de Los Altos, obligando a Gálvez a partir al exilio a México y a Barrundia a El Salvador.4 Guzmán, por su parte, como era era el jefe de las fuerzas armadas de Los Altos, fue derrotado por Carrera el 29 de enero de 1840 y luego exhibido como trofeo de guerra tanto en Quetzaltenango como en la Nueva Guatemala.5  Esta situación llevó al final definitivo de la República Federal de Centro América cuando Morazán intentó vengar a los Altos y unir a Guatemala con El Salvador por la fuerza, pero fue categóricamente derrotado por Carrera el 19 de marzo de 1840, teniendo que salir exiliado de la región.6

En cuanto a la Asamblea constituyente, ésta nunca presentó su propuesta de constitución y fue sustituida por un Consejo Constituyente tras el convenio de Guadalupe por el que Carrera consiguió que los clérigos salieran del gabinete de Rivera Paz en 1844.7  Carrera se hizo con el poder absoluto en diciembre de 1844 y no aprobó la constitución propuesta en 1845 sobreviviendo a un atentado en su contra perpetrado por estudiantes universitarios en 1846, que querían que se redactara la constitución de una buena vez.8

Carrera fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847 sin que el Consejo Constituyente hubiera emitido una nueva constitución,9 y luego renunció al poder en agosto de 1848 a petición de los criollos de ambos partidos cuando la inestabilidad en el país se hizo insostenible.10 Los liberales se hicieron con el poder, pero no pudieron tomar el control de la situación y Carrera regresó al poder definitivamente en 1849.

Los liberales centroamericanos, liderados por el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, se aliaron en contra del gobierno guatemalteco e invadieron el país, enfrentando a Carrera en la batalla decisiva en La Arada, el 2 de febrero de 1851.11  No fue sino hasta después del contundente triunfo de Carrera en la Arada que finalmente se aprobó la constitución de 1851, la cual fue redactada para facilitarle gobernar como dictador absoluto.12 De hecho, en 1854 fue nombrado presidente vitalicio y gobernó dictatorialmente hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  2. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  3. — (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central.VI.  Guatemala: Tipografía Nacional.  p. 375-379.
  4. Ibid., p. 360.
  5. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 166-168.
  6. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  7. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 397-402.
  8. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión Tipográfica.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  10. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  11. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  12. Asamblea Constituyente de Guatemala (19 de octubre de 1851). Acta Constitutiva de la República de Guatemala, Guatemala.

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1 de junio de 1896: instalan servicio eléctrico en Oficina Central de Correos

El gobierno del general José María Reina Barrios instala el servicio eléctrico en la Oficina Central de Correos de Guatemala

Dirección General de Correos de Guatemala, en el antiguo convento de los franciscanos en la Sexta Avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. En el recuadro: Emilio Ubico y Urruela, director de Correos y Telégrafos. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Las nuevas generaciones han vivido en una sociedad en la que la comunicación es prácticamente instantánea y basta con tener un servicio de telefonía móvil y un cargador eléctrico para enterarnos de inmediato de todo aquello que nos interesa.  Pero a finales del siglo XIX, la situación era completamente diferente: la Ciudad de Guatemala carecía de electricidad y la comunicación se efectuaba por correo normal y con periódicos de escasa circulación.

En junio de 1896, el gobierno progresista del general José María Reina Barrios estaba en su apogeo y la economía nacional estaba en una situación inmejorable. Para agilizar las comunicaciones del país, Reina Barrios estaba construyendo el Ferrocarril del Norte de Guatemala,1 para así conectar a los entonces nuevos puertos de Iztapa2 y Puerto Barrios3.  La empresa iba viento en popa, y ya habían llegado desde Puerto Barrios hasta El Rancho de San Agustín.

Para complementar las comunicaciones, Reina Barrios mejoró la infraestructura del correo nacional y entre esas mejoras estuvo la instalación del servicio eléctrico en la Dirección de Correos en la Ciudad de Guatemala, la cual estaba en el hoy desaparecido ex-convento de los frailes franciscanos, a un lado del atrio de la Iglesia de San Francisco en la Sexta Avenida.    Reina Barrios tenía todas sus esperanzas puestas en el ferrocarril, y en el Correo, pues con ellos se establecerían relaciones comerciales con importantes destinos en Europa y en el este de los Estados Unidos,4 y planificó y patrocinó la lujosa Exposición Centroamericana para promoverlos.5

Pero el destino tenía otros designios para el presidente guatemalteco. Apenas un año después el gobierno se había quedado sin fondos para concluir el Ferrocarril del Norte debido al colapso económico derivado de la caída del precio internacional del café y tras el fracaso rotundo de la Exposición6,7 y dos sangrientas revoluciones en su contra, el 8 de febrero de 1898 Reina Barrios caía muerto de un pistoletazo propinado por el ciudadano suizo-británico Edgar Zolinger. Por una de esas amargas coincidencias que tuvo el trágico final de Reina Barrios, a Zolinger lo mataron los policías y luego llegó Emilio Ubico a darle el tiro de gracia al cadáver; Ubico no solamente era tío del general Jorge Ubico, sino que había sido el director general de Correos del gobierno de Reina Barrios.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (15 de diciembre de 1896). «La Línea del Norte». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.).
  2. Macías del Real, A. (15 de julio de 1897). «Puerto de Iztapa»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (24).
  3. Gobierno de Guatemala (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1895-96 XIV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 39-40; 138-151.
  4. El Porvenir de Centro América (1 de junio de 1896). Correos de Guatemala. El Porvenir de Centro América, San Salvador. 23 p. 354.
  5. Macías del Real, A. (1 de junio de 1897). «La Exposición». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (21).
  6. — (1 de agosto de 1897). «Resumen quincenal». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) II (25).
  7. Saravia, José Miguel (1897). «Situación económica». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (16).
  8. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  9. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Disparos en la Obscuridad. El Asesinato del General José María Reina Barrios»Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación (Guatemala).

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