1 de mayo de 1838: prohiben que los sacerdotes sean empleados públicos

En uno de los últimos decretos anticlericales, la Asamblea Legislativa emite un decreto prohibiendo a los crérigos ostentar cargos públicos

Pasillo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala, que estaba cerrada cuando este decreto se emitió. En el recuadro: el doctor Pedro Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego de la Independencia de Centroamérica en 1821 se formó el partido liberal entre los criollos hacendados que querían para sí el poder que habían tenido los funcionarios españoles y sus principales aliados, los criollos aristócratas. Por otra parte, también se formó el partido conservador, conformados por dichos aristócratas y los miembros del clero. En esa época, los clérigos participaban abiertamente en política y lo hacían siempre que podían.1

Tras la derrota del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838 por las huestes de Mita dirigidas por Rafael Carrera,2 la Asamblea Legislativa trataba de poner orden en el estado anárquico en que se encontraba el Estado de Guatemala. Entre los miembros de aquella Asamblea estaba el padre José Quiñónez, representate del clero secular, pero la Asamblea mantenía una mayoría de criollos liberales, liderados por Pedro Molina, José Francisco Barrundia, Mariano Padilla e Ignacio Gómez.1

Quiñónez buscaba que se decretara una amnistía general con lo que pretendía que se permitiera retornar al arzobispo Ramón Casaus y Torres, a los frailes y a los aristócrats expulsados por Morazán en 1829, a lo que se opuso tajantemente el Dr. Molina, quien puso la moción que decía: «Ningún eclesiástico puede ser en el Estado, elector ni elegido, para ningún destino político«.3

A pesar de las objeciones de varios diputados que hicieron ver que los clérigos habían sido parte importante del gobierno colonial y de los primeros años del gobierno independiente, la Asamblea dictaminó lo siguiente:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala,

Considerando: que la separación entre la Iglesia y el Gobierno y la incompatibilidad del ministerio eclesiástico con los empleos seculares se deduce de la esencia de las cosas, y es conveniente y aun necesaria, para la libertad y paz pública y para los progresos de la moral religiosa: que tal separación establecida felizmente en países libres, cultos y religiosos, donde asegura la felicidad nacional y la pureza de la fe, debe consignarse especialmente entre nosotros como necesaria en nuestras circunstancias para calmar el fanatismo y las preocupaciones, que tiende a fomentar la unión del prestigio sacerdotal al poder temporal imperando sobre las instituciones y los negocios civiles, y alarmando las conciencias y la ignorancia popular; y por último, que el precepto del evangelio y leyes canónicas y el espíritu de la Iglesia prohiben a los sacerdotes toda intervención en los asuntos públicos, como ajenos de su sagrado ministerio, se ha servido decretar y DECRETA:

    1. Los Ministros del culto, de cualquier secta religiosa, no podrán ser elegidos ni designados para ningún destino político.
    2. Se reforma en estos términos la Constitución del Estado.

Pase a la próxima Legislatura pa su sanción.

Dado en Guatemala a primero de mayo de mil ochocientos treinta y ocho.4

Fue el útimo de los decretos legislativo que atacaba los intereses del clero, pues poco después, el 25 de julio de 1838, el nuevo jefe de Estado Mariano Rivera Paz emitió un decreto anulando todos los decretos anti-aristócratas y anticlericales que habían emitido de 1829 a 1838,5 y luego los liberales perdieron el poder tras el golpe de estado de Rafael Carrera contra Carlos Salazar el 13 e abril de 1839.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 200.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-40.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 201.
  4. Ibid., p. 203.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y ar1eglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República ;I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

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1 de mayo de 1947: entra en vigencia el Código de Trabajo

Durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo entra en vigencia el decreto 330 del Congreso de la República: el Código de Trabajo

1mayo1947
Escenas de la producción cafetalera en Guatemala grabadas en madera con base a las fotografías realizadas por Eadweard Muybridge en 1875. Este era el trabajo tradicional y prácticamente forzoso de los indígenas guatemaltecos hasta 1947. En el recuadro: el presidente de Guatemala, Dr. Juan José Arévalo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Hasta 1947, las leyes vigentes en Guatemala favorecían grandemente a los patronos, en especial a todos aquellos que establecieron sus fincas cafetaleras o de otra índole durante el gobierno del general J. Rufino Barrios y los gobiernos liberales que le siguieron. Leyes como el Reglamento de Jornaleros redactado por el ministro de Fomento del general Barrios, el licenciado Manuel María Herrera Moreno,1 o la Ley de Vagancia y la Ley de Vialidad emitidas durante el gobierno del general Jorge Ubico,2 tenían como único propósito proporcionar de mano de obra indígena casi gratuita a los grandes cafetaleros a fin de impulsar la economía nacional.

Los cambios globales que se produjeron hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, impulsados por el fin del fascismo y el establecimiento del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos produjeron una oleada de leyes que mejoraban las condiciones de los trabajados en todo el mundo.3 En Guatemala gobernaba el Dr. Juan José Arévalo, quien llegó al poder en las primeras elecciones que se realizaron tras el gobierno de 14 años del general Jorge Ubico, que fue el último gobernante liberal en la región. En Guatemala, tanto el período liberal, que duró de 1871 a 1944, como el conservador, que fue de 1838 a 1871, se caracterizaron porque los presidentes eran dictadores prácticamente dueños de vidas y haciendas que se perpetuaron en el poder y que sólo salieron de la presidencia muertos o derrocados, con la única excepción del general Manuel Lisandro Barillas en 1892.4

Los cambios sociales que se observaron durante la época revolucionaria (1944-1954) obedecieron a las transformaciones globales que se produjeron por la caída de los regímenes fascistas de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia. En Guatemala, los principales cambios que se dieron incluyeron la implementación de un Instituto de Seguro Social y la de leyes que ofrecieran un mínimo de protección a los trabajadores. Así pues, el Decreto 330 del Congreso de la República fue enviado al ejecutivo el 8 de febrero de 1947 y aprobado por el presidente, Dr. Juan José Arévalo el 20 de febrero, entrando en vigor el 1 de mayo de eso año para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.5

Desde entonces, el Código ha sufrido varias y serias reformas. Por ejemplo, luego del triunfo del Departamento de Estado estadounidense derrocando al presidente, coronel Jacobo Arbenz Guzmán6 —quien había atacado frontalmente los intereses de los monopolios estadounidenses en GuatemalaNota—, el coronel Carlos Castillo Armas —colocado en la presidencia por el Secretario de Estado, John Foster Dulles— emitió el Decreto Presidencial 570 el 28 de febrero de 1956, el cual modificó 97 artículos del Código de Trabajo y derogó 7 de ellos. Posteriormente, durante el gobierno del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, se aprobó la reforma contenida en el Decreto 1441 del Congreso de la República del 29 de abril de 1961, que constituyó prácticamente una sustitución total del Decreto 330, por lo que desde entonces se considera al Decreto 1441 como el Código de Trabajo.7

Desde entonces se han venido dando otras reformas para actualizar la ley a las nuevas formas de trabajo que han surgido en las últimas décadas, especialmente las de las maquilas y el trabajo por internet.5


NOTA:

    • Gracias a las generosas concesiones otorgadas por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera a compañías estadounidenses, para 1947 los principales monopolios de ese país en Guatemala eran: International Railways of Central America (IRCA), Electric Light Company, United Fruit Company, W. R. Grace and Company y sus subsidiarias, National Aviation Company, Rosenthal bankers, Pacific Bank and Trust Company, Standard Oil Company, Union Oil, Pan American Airways, Retalhuleu Electric Company, Amsinck Sanne and Company, British American Tobacco Company, y otras doce compañías menores.8

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-73.
  2. Wagner, Regina (2001). Historia del café de Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p. 97.
  3. Bianchi S., Julio (1941). Prólogo de «¡Ecce Pericles!» de Rafael Arévalo Martínez. Guatemala: Tipografía Nacional. p. vi-x.
  4. Eric Rauchway (2007), The Great Depression and the New Deal: a Very Short Introduction. (en inglés) Oxford University Press ISBN 9780195326345. pp. 10 y siguientes.
  5. Colmenares Arandi, Rodolfo (2007). Código de Trabajo, 1947-2007. Edición conmemorativa. Guatemala: Ministerio de Trabajo y Previsión Social. p. 1.
  6. Azurdia Alfaro, Roberto (1960), Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1954-1955. LXXIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. LXVII-LXVIII.
  7. Congreso de la República de Guatemala (5 de mayo de 1961). Decreto 1441: Código de Trabajo. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 1-193.
  8. Department of State. (1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. p. 192.

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1 de mayo de 1857: Ejército Aliado Centroamericano derrota a Walker en Rivas

El Ejército Aliado Centroamericano derrota a los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker en Rivas, Nicaragua

Defensa de las posiciones filibusteras en la ciudad de Rivas, Nicaragua poco antes de rendirse. En el recuadro: el general guatemalteco José Víctor Zavala, comandante de la fuerzas guatemaltecas que formaron parte del Ejército Aliado Centroamericano. Imágenes tomadas de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

Los conflictos entre criollos liberales y conservadores siempre han tenido consecuencias catastróficas para los países latinoamericanos.  Véase por ejemplo en México, cuando los conservadores quisieron oponerse a los cambios impuestos por los liberales liderados por Benito Juárez y para ello implantaron una monarquía en el país, la que otorgaron al Emperador Maximiliano con el respaldo de Napoleón III, emperador de Francia.  Esto tuvo resultados desastrosos no solamente para los criollos mexicanos, sino que para todo el país e incluso para el mismo Maximiliano, que murió fusilado tras solo un corto tiempo en el poder.1

En Nicaragua la cuestión no fue muy diferente.  Enemistados como siempre, los criollos liberales y conservadores entraron en disputa por el gobierno y terminaron pidiendo ayuda al filibustero estadounidense William Walker, quien vio la oportunidad perfecta para hacerse del poder en la nación centroamericana, muy apetecida por sus grandes lagos y la facilidad que estos ofrecían para pasar del Océano Pacífico al Atlántico, en una época en que todavía no existía el Canal de Panamá. Cuando Walker se autoproclamó dictador de Nicaragua, los países de la región dejaron por un lado sus diferencias y, con la ayuda de armamento porporcionado por los ingleses, y con sus mejores militares, se enfrascaron en la «Guerra contra los Filibusteros«, o «Guerra Nacional de Nicaragua«. Para entonces, Walker estaba cometiendo todo tipo de atrocidades, perpetrando frecuentes fusilamientos y quedándose con propiedades e intereses de los ciudadanos nicaragüenses.2

El 5 de mayo de 1856 el general Mariano Paredes, quien fuera presidente de Guatemala de 1848 a 1851, se puso al frente de los quinientos soldados guatemaltecos que el presidente Rafael Carrera envió para Nicaragua.  Las tropas guatemaltecas salieron hacia El Salvador, llegando a la frontera con Honduras tras un mes de marcha. Debido a la lluvia, las tropas guatemaltecas permanecieron en Nacaome, Honduras durante tres semanas y, por fin, a mediados de junio, llegaron a la frontera de Nicaragua.  Por su parte, el entonces coronel José Victor Zavala había marchado a El Salvador en misión diplomática con relación a los filibusteros y recibió órdenes del general Carrera de incorporarse en la columna de Guatemala como segundo jefe. Por su parte, Dueñas, presidente de El Salvador, movilizó a ochocientos hombres, al mando del general Belloso.3

El 12 de octubre de 1856, durante el sitio de Granada, Zavala demostró su valentía al atravesar la plaza de la ciudad hacia la casa donde se resguardaban los filibusteros bajo fuego intenso, logrando arrancar la bandera del enemigo.  Cuando regresó a sus trincheras se ubicó en la parte más alta y blandiendo la bandera le gritó a sus soldados: «¡Veis, las balas filibusteras no matan!» ​No obstante haber recibido un proyectil la bandera y otro la guerrera que vestía, el futuro Mariscal saldría ileso de la acción.4  Ese mismo día, Walker y sus hombres habían atacando la ciudad de Masaya, que estaba defendida por el general Belloso, a quien redujeron a la plaza principal y las casas circundantes; pero al enterarse de la acción de Zavala en Granada, partieron hacia ella al día siguiente.5 Cuando Walker llegó a Granada, ya Zavala y sus cerca de ochocientos hombres habían prácticamente tomado la ciudad y reducido a los filibusteros a la ilgeisa parroquial y los edificios inmediatos.  Walker los atacó en Jatelva a las 9 de mañana, y tras media hora de combate, los desalojó, quedando en poder de Granada nuevamente.6

Desafortunadamente, el general Paredes falleció el 2 de diciembre de 1856 víctima del cólera morbus y el tifus, que eran enfermedades muy comunes en esas latitudes, pasando el mando de las tropas guatemaltecas a manos del coronel Zavala.3A mediados de ese mismo mes llegaron a Guatemala las desagradables noticias de los sufrimientos que tenían las tropas guatemaltecas: el asedio a Granada y los estragos causados por las enfermedades. El general Carrera entonces ascendió a Brigadier al coronel Zavala; e hizo colocar el retrato de Paredes en el salón de honor del Consejo, además de asignarle una pensión a su viuda.3

Ya al mando de los guatemaltecos, Zavala y los otros comandantes centroamericanos entraron en discordia con el comandante salvadoreño Ramón Belloso.  La situación llegó a tal punto, que Belloso ya no estaba dispuesto a volver a la campaña, alegando varias cosas, pero principalmente porque los otros jefes le criticaban hasta su modo de hablar; y que lo llamaban por apodo, especilamente el de «Nana Bellosa» en alusión a que era cobarde.   El resto de comandantes negó que estuvieran haciendo lo dicho por Belloso, y finalmente se hizo la paz cuando todo se aclaró entre ellos.   Esto hizo evidente que era necesario nombrar a un general en jefe, lo que a resultó en una prolongación innecesaria del conflicto.7

Finalmente, el 22 de marzo de 1857 se inició el sitio de la ciudad de Rivas con un estrecho cerco a la ciudad y cortando el suministro de agua a la misma.  Los aliados sufrían no solamente los efectos de las balas filibusteras, sino que tambien los del cólera morbus, pero no conseguían que la ciudad se rindiera.  El 11 de abril intentaron asaltar la ciudad, pero no lograron tomarla, aunque sí mermaron su resistencia.  Durante el tiempo que duró el sitio habían salido las mujeres, niños y ancianos poco a poco, tras una serie de penurias y hacia el final, algunos de los filibusteros trataron de desertar, porque ya no soportaban el hambre.8

El 27 de abril los aliados cañonearon la ciudad, lo que continuó hasta el 30, cuando ya sólo quedaban algunos estadounidenses prácticamente derrotados.  Entonces, el capitán Davis de la corbeta «Santa María» ofreció su intervención para alcanzar un acuerdo de paz y el 1 de mayo de 1857 se acordó que se dejaría salir a los pocos norteamericanos que quedaban y se otorgaba amnistía a los nicaragüenses que hubieran tomado las armas en el nombre del filibusterismo. El brigadier Zavala recibió bajo su autoridad la ciudad de Rivas el 2 de mayo y fue comisionado a llevar al derrotado Walker hasta San Juan en donde fue expulsado de Nicaragua.8,9

Doce dias después llego a Guatemala la noticia de la rendición de Walker y el triunfo se celebró por todo lo alto.  Se echaron al viento las campanas de todas las iglesias, se enarboló la bandera nacional y hubo celebraciones religiosas con Te Deums.  Y cuando arribaron las tropas vencedoras, fueron recibidas como los héroes que eran en todos los poblados en que pasaron.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Harding, Bertita (1934). Phantom Crown: The story of Maximilian and Carlota of Mexico. (en inglés) New York.
  2. Dueñas Van Severen, J. Ricardo (2006). La invasión filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional. Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana SG-SICA.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. p. 152.
  4. Ibid., p. 153
  5. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 300-301.
  6. Ibid., pp. 301-302.
  7. Zavala Urtecho, Huellas de una familia vasca-centroamericana, p. 163.
  8. Latin American Studies (s.f.). «Bandera cubana filibustera». latinamericansstudies.org (en inglés).
  9. Aceña, Efemérides militares, p. 103.
  10. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

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