1 de mayo de 1947: durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo entra en vigencia el decreto 330 del Congreso de la República: el Código de Trabajo

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Escenas de la producción cafetalera en Guatemala grabadas en madera con base a las fotografías realizas por Eadweard Muybridge en 1875.  Aquel era el trabajo tradicional de los indígenas guatemaltecos hasta 1947.  En el recuadro: el presidente de Guatemala, Dr. Juan José Arévalo.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Hasta 1947, las leyes vigentes en Guatemala favorecían grandemente a los patronos, en especial a todos aquellos que establecieron sus fincas cafetaleras o de otra índole durante el gobierno del general J. Rufino Barrios y los gobiernos liberales que le siguieron.  Leyes como el Reglamento de Jornaleros redactado por el ministro de Fomento del general Barrios, el licenciado Manuel María Herrera Moreno,1 o la Ley de Vagancia y la Ley de Vialidad emitidas durante el gobierno del general Jorge Ubico,2 tenían como único propósito proporcionar de mano de obra indígena casi gratuita a los grandes cafetaleros a fin de impulsar la economía nacional.

Los cambios globales que se produjeron hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, impulsados por el fin del fascismo y el establecimiento del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos produjeron una oleada de leyes que mejoraban las condiciones de los trabajados en todo el mundo.3  En Guatemala gobernaba el Dr. Juan José Arévalo, quien llegó al poder en las primeras elecciones que se realizaron tras el gobierno de 14 años del general Jorge Ubico, que fue el último gobernante liberal en la región.  En Guatemala, tanto el período liberal, que duró de 1871 a 1944, como el conservador, que fue de 1838 a 1871, se caracterizaron porque los presidentes eran dictadores prácticamente dueños de vidas y haciendas que se perpetuaron en el poder y que sólo salieron de la presidencia muertos o derrocados, con la única excepción del general Manuel Lisandro Barillas en 1892.4

Los cambios sociales que se observaron durante la época revolucionaria (1944-1954) obedecieron a las transformaciones globales que se produjeron por la caída de los regímenes fascistas de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia.  En Guatemala, los principales cambios que se dieron incluyeron la implementación de un Instituto de Seguro Social y la de leyes que ofrecieran un mínimo de protección a los trabajadores. Así pues, el Decreto 330 del Congreso de la República fue enviado al ejecutivo el 8 de febrero de 1947 y aprobado por el presidente, Dr. Juan José Arévalo, el 20 de febrero, entrando en vigor el 1 de mayo de eso año para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.5

Desde entonces, el Código ha sufrido varias y serias reformas. Por ejemplo, luego del triunfo de la Operación PBSUCCSS de la CIA estadounidense que derrocó al presidente de Guatemala, coronel Jacobo Arbenz Guzmán, el presidente Carlos Castillo Armas emitió el Decreto Presidencial 570 el 28 de febrero de 1956, el cual modificó 97 artículos del Código de Trabajo y derogó 7 de ellos. Posteriormente, durante el gobierno del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, se aprobó la reforma contenida en el Decreto 1441 del Congreso de la República del 29 de abril de 1961, que constituyó prácticamente una
sustitución total del Decreto 330, por lo que desde entonces, se considera al Decreto 1441 como el Código de Trabajo.6 Desde entonces se han venido dando otras reformas para actualizar la ley a las nuevas formas de trabajo que han surgido en las últimas décadas.5


BIBLIOGRAFIA:


1 de mayo de 1857: el Ejército Aliado Centroamericano derrota a los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker en Rivas, Nicaragua

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Retrato del entonces coronel José Víctor Zavala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los conflictos entre criollos liberales y conservadores siempre han tenido consecuencias catastróficas para los países latinoamericanos.  Véase por ejemplo en México, cuando los conservadores quisieron oponerse a los cambios impuestos por los liberales liderados por Benito Juárez y para ello implantaron una monarquía en el país, la que otorgaron al Emperador Maximiliano con el respaldo de Napoleón III, emperador de Francia.  Esto tuvo resultados desastrosos no solamente para los criollos mexicanos, sino que para todo el país y para el mismo Maximiliano, que murió fusilado tras solo un corto tiempo en el poder.

En Nicaragua la cuestión no fue muy diferente.  Enemistados como siempre, los criollos liberales y conservadores entraron en disputa por el gobierno y terminaron pidiendo ayuda al filibustero estadounidense William Walker, quien vio la oportunidad perfectar para hacerse del poder en la nación centroamericana, muy apetecida por sus grandes lagos y la facilidad que estos ofrecían para pasar del Océano Pacífico al Atlántico, en una época en que todavía no existía el Canal de Panamá.

Los países de la región dejaron por un lado sus diferencias y, con la ayuda de armamento porporcionado por los ingleses, y con sus mejores militares se enfrascaron en la “Guerra contra los Filibusteros”, o “Guerra Nacional de Nicaragua”. En ese país, Walker se había autoproclamado presidente y estaba cometiendo todo tipo de atrocidades, perpetrando frecuentes fusilamientos y  quedándose con propiedades e intereses de los ciudadanos nicaragüenses.

Entre los militares guatemaltecos, estuvo el sargento mayor José Víctor Zavala, quien a los 42 años fue enviado a Nicaragua por el presidente guatemalteco Rafael Carrera como parte del Ejército Aliado Centroamericano. Zavala condujo sus tropas por territorio nicaragüense para luego agregarse a la columna al mando del general Mariano Paredes, expresidente de Guatemala, con quien se dirigió a Cojutepeque, logrando una avasalladora victoria.

Pero Walker recibia continuo apoyo de contingentes enviados por los Estados Unidos y se volvia mas y mas prepotente.  ​Paredes fue asesinado y Zavala quedó como primer jefe de las tropas guatemaltecas en Nicaragua. Por esta razón, el 19 de diciembre el ministro de la Guerra de Guatemala ascendió a Zavala a coronel efectivo de infantería y le confirió el grado de brigadier.​  Ya al mando de los guatemaltecos, Zavala entró en discordia con el comandante general de los aliados, el salvadoreño Ramón Belloso.

El 12 de octubre de 1856, durante el sitio de Granada, Zavala demostró su valentía al atravesar la plaza de la ciudad hacia la casa donde se resguardaban los filibusteros bajo fuego intenso, logrando arrancar la bandera del enemigo.  Cuando regresó a sus trincheras se ubicó en la parte más alta y blandiendo la bandera le gritó a sus soldados: “¡Veis, las balas filibusteras no matan!” ​No obstante haber recibido un proyectil la bandera y otro la guerrera que vestía, el futuro Mariscal saldría ileso de la acción.

El 22 de marzo de 1857 se inició el sitio de la ciudad de Rivas con un estrecho cerco a la ciudad y cortando el suministro de agua a la misma.  Los aliados sufrían no solamente los efectos de las balas filibusteras, sino que tambien los del cólera morbus, pero no conseguian que la ciudad se rindiera.  El 11 de abril intentaron asaltar la ciudad, pero no lograron tomarla, aunque sí mermaron su resistencia.  Durante el tiempo que duró el sitio habían salido las mujeres, niños y ancianos poco a poco, tras una serie de penurias y hacia el final, algunos de los filibusteros trataron de desertar, porque ya no soportaban el hambre.

El 27 de abril se cañoneó la ciudad, y esto continuó hasta el 30, cuando ya sólo quedaban algunos estadounidenses totalmente derrotados.  Entonces, el capitán Davis de la corbeta “Santa María” ofreció su intervención para alcanzar un acuerdo de paz y el 1 de mayo de 1857 se acordó que se dejaría salir a los pocos norteamericanos que quedaban y se otorgaba amnistía a los nicaragüenses que hubieran tomado las armas en el nombre del filibusterismo.

El brigadier Zavala recibió bajo su autoridad la ciudad de Rivas aquel 1 de mayo y fue comisionado a llevar al derrotado Walker hasta San Juan en donde fue expulsado de Nicaragua.

Doce dias después llego a Guatemala la noticia de la rendición de Walker y el triunfo se celebró por todo lo alto.  Se echaron al viento las campanas de todas las iglesias, se enarboló la bandera nacional y hubo celebraciones religiosas con Te Deums.  Y cuando arribaron las tropas vencedoras, fueron recibidas como los héroes que eran en todos los poblados en que pasaron.


BIBLIOGRAFIA: