10 de septiembre de 1829: unos cuantos conservadores intentan tomar la Ciudad de Guatemala tras el exilio de Manuel José Arce y Mariano de Aycinena

10septiembre1829
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal “La Antorcha Centro-Americana” publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena:  “el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena.  Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentes y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa“.1
  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: “Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos.  Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse.  Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales.  Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido.  Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores.”1

Es importante indicar aquí lo siguiente:

  1. El “orden restablecido” se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3  Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El “imperio de los intrusos” se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial.  De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El “partido que sucumbió” era el partido conservador. 
  4. No hubo tal “indulgencia para los criminales” ni “moderación“, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6  Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular “se fue con Pancho” por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La “opinión pública en que se apoya el actual gobierno” era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retomaron el poder en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

10 de septiembre de 1904: nace en Taxisco, Santa Rosa, el Dr. Juan José Arévalo Bermejo, presidente de Guatemala de 1945 a 1951

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Retrato de la famlia del Dr. Arévalo Bermejo en su juventud.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Dr. Juan José Arévalo nació el 10 de septiembre de 1904 en Taxisco, Santa Rosa y desde su niñez demostró liderazgo e inteligencia. Fue compañero de estudios y amigo del gran pedagogo guatemalteco Luis Martínez Mont desde los diecisiete años, con quien fueron discípulos del profesor Miguel Morazán en la Escuela Normal Central para Varones, en donde estudiaron magisterio y en donde para 1923 ya eran profesores ejemplares. Por ese entonces publicaron la revista literaria “Alba” con textos de los reconocidos escritores guatemaltecos Rafael Arévalo Martínez, Flavio Herrera y Carlos Wyld Ospina.

​En 1927, como parte de su proyecto educativo, el gobierno del general Lázaro Chacón convocó a un concurso para docentes, en el cual tanto Martínez como Arévalo ganaron becas para estudiar doctorados de pedagogía en el extranjero. Martínez viajó a Suiza a estudiar con el famoso psicólogo infantil suizo Jean Piaget, mientras que Arévalo partió para la Argentina.

1932 fue un año difícil para Arévalo y Martínez Mont, ya que el gobierno del general Jorge Ubico decidió recortarles la pensión que les enviaba mensualmente y que les servía para dedicarse a estudiar de lleno. De los 175 quetzales mensuales que habían estado recibiendo, ahora solamente iban a recibir 116 quetzales. Esta reducción obedeció a los cambios en educación que hizo el general Ubico, quien no prosiguió el proyecto de restructuración que habían iniciado los generales José María Orellana y Lázaro Chacón aduciendo que era necesario hacer recortes presupuestarios para afrontar la crisis económica derivada de la Gran Depresión. Tanto Martínez Mont como Arévalo tuvieron que regresar a Guatemala, en donde el gobierno autoritario de Ubico hacía difícil emprender un viaje nuevamente.

A mediados de 1932, a Luis Martínez Mont lo invitaron a un viaje a Washington como parte de una delegación oficial, y ambos concluyeron que era una oportunidad única para marcharse de Guatemala. Desde Washington, Martínez le envió una carta a Arévalo indicándole que no dejara pasar el mes de septiembre para regresar a Argentina, y así lo hizo, pero cuando llegó a Buenos Aires se enteró de que Martínez había retornado a Guatemala, en donde Ubico lo nombró director de la Escuela Normal Central para Varones. A partir de ese momento, la amistad entre ambos pedagogos se resquebrajó.

Arévalo obtuvo su doctorado en 1934 y se quedó en Argentina ejerciendo como profesor universitario. Tras la renuncia del general Ubico y el derrocamiento del general Federico Ponce Vaides el 20 de octubre de 1944, el Dr. Arévalo fue llamado a Guatemala para ser candidato presidencial por el partido Frente Popular Libertador, formado por los estudiantes universitarios de la época. Por su parte, Martínez Mont salió al exilio a los Estados Unidos, en donde trabajó como psicólogo infantil para los estudios de Walt Disney.


BIBLIOGRAFIA:


 

10 de septiembre de 1541: la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala es destruida por un alud que baja del Volcán de Agua

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Portada del documento que describe la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros, hoy Ciudad Vieja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El historiador eclesiástico Domingo Juarros describe que la recién fundada ciudad de Santiago de los Caballeros no pudo prosperar porque a los catorce años de fundada fue arruinada por “un formidable torrente de agua que bajó del Volcán de Agua la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541; el torrento trajo consigo grandes rocas que destruyeron una parte de los edificios y maltrataron al resto”. El deslave se produjo a raíz de un un terremoto, el que a su vez era consecuencia de la actividad volcánica del Volcán de Fuego.

La ciudad quedó destruida y los sobrevivientes a la deriva, pues la gobernadora Beatriz de la Cueva había muerto en el desastre, que ocurrió poco después de que muriera su esposo, el Adelantado Pedro de Alvarado y ella fuera nombrada gobernadora por el noble Ayuntamiento.  Como ella había guardado luto riguroso, muchos vecinos estaban indignados y creyeron que había sido culpa suya el deslave que asoló la naciente ciudad.  El recién nombrado Obispo Marroquín tuvo que recurrir a todo su prestigio para evitar que los vecinos arrojaran el cadaver de la Sin Ventura a los perros.

Los pobladores pidieron entonces a Francisco de la Cueva que pusiera a disposición la vara de Adelantado de su difunta hermana y celebró cabildo el 17 y 18 de septiembre, resultando seleccionados el obispo Francisco Marroquín y el propio Francisco de la Cueva como gobernadores interinos. Los vecinos también quisieron tratar el punto del traslado del poblado a un área alejada del volcán de Agua, pero no pudieron porque la sesión (que se celebraba en la catedral del pueblo) fue interrumpido por varios temblores que hicieron que los presentes huyeran.

El 27 de septiembre se eligió una comisión de dos alcaldes y once ciudadanos para que inspeccionaron el área y recomendaran un nuevo lugar para trasladar allí la ciudad, y a los dos días retornaron y asegurando que el sitio idóneo era el Valle de Tianguecillo, a donde ordenó el cabildo que se mudaran los pobladores. Pero, antes de que se realizara el traslado, arribó el ingeniero Juan Bautista Antonelli, constructor de ciudades y villas, quien recomendó que la ciudad fuera trasladada al Valle de Panchoy (o Valle del Tuerto), porque “en él se aparta el peligro de los volcanes, que nunca podrán inundarla, está resguardada del Norte, con los cerros que la rodean; tiene abundancia de aguas, que naciendo muy altas corren por este valle sobre la faz de la tierra, y se pueden encañar y llevar fácilmente a todas partes; que dicho terreno es llano, y por esto cómodo para la formación de las plazas, calles y casas; y tan dilatado, que por mucho aumento que tome la Ciudad, tendrá suelo donde extenderse, hasta ocho, o nueve leguas de circunvalación. [Además], que dicho sitio en todos tiempos está bañado de Sol, y es tan fértil, que todo el año se ve cubierto de hierba, y por esta parte es bueno para apacentar bestias y ganados. [Finalmente], en sus inmediaciones hay gran proporción para fabricar tejas, ladrillo y adobes, que en los cerros que rodean el valle se encuentran canateras a distancia de dos o tres millas; y no lejos se halla la cal y el yeso”.

En 1895, Anne Cary Maudslay y su esposo, el arqueólogo Alfred Percival Maudslay visitaron el área de Antigua Guatemala como parte de su viaje a través de los monumentos mayas y coloniales de Guatemala, y para escalar el Volcán de Agua; en su libro “A glimpse at Guatemala”  explican que el agua del cráter del volcán no pudo haber destruido la vieja ciudad de Santiago: “La causa de esta catástrofe es generalmente atribuida al rompimiento de uno de los bordes de un lago que se habría formado en el cráter del extinto volcán; pero examinando el cráter, se advierte que esta no es una explicación probable, pues se observa que la apertura que tiene está en la dirección opuesta, y por lo tanto el agua que hubiese salido de allí no habría podido afectar al poblado. Es más, no hay evidencia alguna que muestre que la porción inferior del cráter (que todavía está intacto) haya albergado grandes cantidades de agua. De hecho, lo más probable es que se haya acumulado agua en esos tormentosos días en una obstrucción temporal de las profundas ranuras que hay en las pendientes de esta gran montaña, y posteriormente, un deslizamiento de tierra hay provocado el daño sin que hubiese ninguna erupción ni ninguna apración sobrenatural, como las reportadas por los cronistas de la época”.

Los primeros pobladores creyeron en las palabras del ingeniero Antonelli, y vivieron dos siglos más con la zozobra de las erupciones del volcán de Fuego y las inundaciones provocadas por el crecimiento del río Pensativo, pero eso sí, estuvieron a salvo de posibles deslaves provenientes del volcán de Agua, los cuales no han vuelto a ocurrir.


BIBLIOGRAFIA:​