11 de septiembre de 1842: luego de que el alcalde Tapachula así lo solicitara, el territorio del Soconusco es incorporado a México

11septiembre1842
Territorio del Estado de Guatemala antes de la separación del Soconusco en 1842.  En el recuadro: el general Francisco Morazán, presidente de la República de Centro América cuando Soconusco solicitó su anexión a México. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los territorios de Soconusco y Chiapas habían pertenecido al Reino de Guatemala‭ desde las primeras décadas de la época colonial, pero tras la inestabilidad política que se originó luego de la declaración de Independencia de Centroamérica en 1821 y de la fracasada anexión al Primer Imperio Mexicano en 1822-1823, las regiones votaron en un plesbicito si querían quedarse en México o seguir en Guatemala. Chiapas decidió quedarse en México, mientras que los habitantes del Soconusco optaron por adherirse a las Provincias Unidas del Centro de América, lo que casi provoca una guerra entre dichas provincias y México en 1825, y que afortunadamente para ambas partes no llegó a mayores.1-3

Tras esto, el Estado de Guatemala pasó a formar parte de la República Federal de Centro América y fue definido de la siguiente forma por la Asamblea Constituyente de dicho estado el 11 de octubre de 1825: “el estado conservará la denominación de Estado de Guatemala y lo forman los pueblos de Guatemala, reunidos en un solo cuerpo. El estado de Guatemala es soberano, independiente y libre en su gobierno y administración interior“. La región del Soconusco fue uno de los municipios originales de ese estado y estaba en el departamento de Quetzaltenango/Soconusco, cuya cabecera era Quetzaltenango, y tenía además del Soconusco a los municipios de Quetzaltenango, Ostuncalco, San Marcos, y Tejutla.4

Tanto México como Centroamérica sufrieron graves problemas de estabilidad política por la enconada rivalidad entre criollos conservadores y liberales, lo que los llevó a guerras civiles que retrasaron el desarrollo de la región durante décadas. En Guatemala específicamente, los liberales triunfaron de la mano del general Francisco Morazán, lo que resultó en la expulsión de Centroamérica de las órdenes regulares y los miembros del Clan Aycinena, todos miembros del partido criollo conservador guatemalteco. Si bien se estableció un régimen liberal en el estado gobernado por el Dr. Mariano Gálvez, sus medidas económicas y administrativas que incluyeron la restitución del diezmo personal para los indígenas y la implementación de leyes laicas que iban contra la arraigada tradición católica de los pobladores indígenas, dieron como resultado una guerra civil resultando en la secesión del Estado de los Altos, que incluía al Soconusco, en 1838 luego de que los campesinos dirigidos por Rafael Carrera derrocaron al gobierno liberal. Este efímero estado fue creado por los criollos liberales que no querían un gobierno conservador, pero fue aplastado por las fuerzas del caudillo Rafael Carrera a principios de 1840, y que luego derrotó y expulsó al presidente federal y jefe de estado de El Salvador, el general Francisco Morazán, en abril de ese año.5,6

Ante tal inestabilidad, y por su estado de abandono por las autoridades de Los Altos y de Guatemala dada su lejanía de los centros urbanos, el alcalde de Tapachula, se dirigió el 18 de mayo de 1840 al Gobierno de México pidiendo ayuda, incicando que el Soconusco “(…) se encuentra en completo abandono, expuesto a todos los peligros y las mil penalidades, acogiéndose a la protección del Gobierno de la Nación Mexicana para que por fin le preste el auxilio que tan menester lo es en estas circunstancias, y poner fin a tantos males como se han desatado sobre esta demarcación(…)”1-3

Aunque Anastasio Bustamante y Oseguera, Presidente de México de 1839 a 1841, era partidario de anexar al Soconusco, no pudo realizarlo porque los violentos sucesos internos de México se lo impidieron. Durante ese breve lapso, tuvo que enfrenta la Guerra de los Pasteles, el Pronunciamiento Federal del 15 de julio de 1840, la rebelión federalista del Plan de Tacubaya el 28 de septiembre de 1841 y su deposición el 11 de octubre de 1841 por el movimiento del Plan de Huejotzingo.7

Finalmente, a pesar de los problemas internos, las tropas acantonadas en Ciudad Real de San Cristóbal ocuparon el Soconusco y la población realizó consultas definiéndose en pro de la unión a Chiapas y, por ende, a México. Así pues, el 10 de agosto de 1840, en Escuintla del Soconusco se levanta el Acta Promexicana, seguida el 15 de agosto por Tapachula y el 18 de agosto por Tuxtla Chico. Finalmente, el 11 de septiembre de 1842 se firma el Decreto de Incorporación del Soconusco en el que el presidente provisional de la República Mexicana, Antonio López de Santa Anna, establece:

Primero. El Distrito del Soconusco queda unido irrevocablemente al departamento de las Chiapas y consiguientemente a la Nación Mexicana. Segundo: “El Distrito de Soconusco forma una prefectura del departamento de las Chiapas, cuya capital será la Villa de Tapachula, que se eleva desde hoy al rango de Ciudad.”1-3,7

Guatemala estaba en una situación muy débil agobiada por constantes amenazas de invasiones desde Honduras y El Salvador y solamente pudo presentar una débil protesta y mantener su reclamo sobre el territorio. Pero esto quedó cerrado definitivamente por el tratado Herrera-Mariscal que se firmó entre los gobiernos de México y de J. Rufino Barrios en 1882, en el cual Guatemala renunció definitivamente a dicho reclamo territorial sin pedir nada a cambio, ya que la meta de Barrios era mantener como aliado a México mientras él se enfocaba en lo que resultaría ser su fracasado intento de unificar a Centroamérica por la fuerza.8,9


BIBLIOGRAFIA:

  1. García, J.M.; Soconusco en la historia, México D.F., 1963
  2. Montiel, G.; Recordando el Soconusco y su perla, B. Costa-Amic Editores, México D.F., 1979
  3. Presidencia municipal de Tapachula; Historia de Tapachula, Tapachula (Chiapas), 2000
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. 
  6. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.— (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  7. Vigil, J.M., México a través de los siglos, la Reforma, Tomo V, Ed. Cumbre, México D.F., 1958.
  8. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 325.
  9. La Ilustración Guatemalteca (1896). «Nuestras fronteras»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) I (13).

11 de septiembre de 1842: estalla una revolución en Costa Rica contra el presidente Francisco Morazán, la cual resulta en el fusilamiento del caudillo centroamericano el 15 de septiembre

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Retrato del general Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Al igual que ocurrió con a figura de J. Rufino Barrios en Guatemala, la historia del general Francisco Morazán ha sido embellecida por los historiadores liberales, quienes lo presentan como un héroe unificador de Centroamérica.  En realidad, Morazán fue la epítome del criollo liberal, que aborrecía a las autoridades españolas y a los criollos de la ciudad de Guatemala por considerar que no les dieron un trato justo durante la colonia.

En venganza a lo que Morazán consideraba una afrenta a los suyos, lideró la revuelta liberal en contral del gobierno conservador conformado por los criollos guatemaltecos de la familia Aycinena y en 1829 no solamente los derrocó, sino que los expulsó del territorio centroamericano, no sin antes haberles expropiado sus bienes.

Haciendo negocios con los británicos, y con los grupos criollos que querían mantener a raya a sus rivales, Morazán acumuló una considerable fortuna mientras fue president de la República Federal de Centroamérica, la cual poco a poco se fue desmembrando hasta quedar reducida únicamente a Los Altos, Guatemala y El Salvador en 1840.  Cuando el general Rafael Carrera tomó a Los Altos a sangre y fuego, Morazán invadió a Guatemala una segunda vez aplicando una estrategia de tierra arrasada contra los campesinos del oriente guatemalteco, quienes componían la mayoría de las fuerzas de Carrera.

Morazán realizó todo tipo de tropelías en el territorio guatemalteco, hasta que Carrera lo derrotó de forma contundente en marzo de 1840 en la ciudad de Guatemala, y Morazán tuvo que huir del país gritando “¡Que viva Carrera!” con unos cuando de sus colaboradores, dejando a sus soldados a merced de los soldados guatemaltecos, que no tuvieron piedad de ellos.  Aquel fue el fin de la carrera política de Morazán, quien tuvo que huir a Perú.

Morazán intentó regresar a la política centroamericana, pero esta vez en Costa Rica.  No obstante el 11 de septiembre de 1842 estalló una revolución popular en Alajuela en contra de su gobierno, la cual estaba encabezada por el portugués Antonio Pinto Soares.  Tras resistir a los rebeldes, Morazán fue capturado, juzgado sumariamente y fusilado el 15 de septiembre en San José. Cabe destacar que los historiadores liberales, en especial Lorenzo Montúfar y Ramón Rosa, describen las últimas horas de Morazán como la de un héroe que incluso tomó el mando del pelotón de fusilamiento y hasta corrigió la puntería de uno de los soldados.

Los restos de Morazán fueron enviados a El Salvador, de acuerdo a su ultimo deseo.  Pero sus restos se perdieron, pues cuando Rafael Carrera invadió El Salvador tras la fracasada invasion a Guatemala del general Gerardo Barrios en 1862, ordenó que sus cañones disparan contra la tumba de Morazán hasta que ésta quedó hecha añicos, en venganza por todas las atrocidades que el caudillo liberal había cometido en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:


11 de septiembre de 1541: temblores derivados de una erupción del volcán de Fuego, aunada a un fuerte temporal y tormentas eléctricas provocan un deslave de las faldas del Volcán de Agua, causando la ruina de la capital de Guatemala

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La Antigua Guatemala con el Volcán de Agua a la izquierda y el complejo volcánico Acatenango-Fuego a la derecha.  Imagen de Alberto G. Valdeavellano de aproximadamente 1910. Tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el relato que hiciera el historiador clérigo Domingo Juarros en 1808 sobre la calamidad que sufrió la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, entonces en el valle de Almolonga al pie del Volcán de Agua, el 11 de septiembre de 1541.

“Pero la tragedia más triste, que se ha visto en esta Capital (Santiago de los Caballeros de Guatemala), el suceso más lamentable, que le ha acaecido, y la tribulación más grande, de que se hace mención en sus anales, fue la que experimentó la madrugada del día 11 de septiembre de 1541.  Había llovido con gran fuerza, y tenidad los días 8, 9 y 10 del expresado mes: y la noche de este ultimo fue tanta la copia de agua, que parecía, se habían abierto las cataratas del Cielo:  la furia de los vientos, relápagos, y rayos era imponderable: aumentábase el espanto con los rayos y exalaciones, que despedía el Volcán de Fuego: en una palabra, era tal el desconcierto de los elementos, que daba bastante fundamento, para creer había llegado el último día de los tiempos.  Estando en esta conturbación los moradores de Guatemala, a las dos de la mañana del día 11, sintieron tan terribles estremecimientos, y temblores de tierra, que no pudieron sostenerse en pie, oyéndose al mismo tiempo un ruido subterráneo tan espantoso, que los llenó a todos de pavor, y miedo: inmediatamente bajó de la cumber del monte, en cuya falta estaba situada la Ciudad, un inmenso torrente, que arrastraba enormes peñascos, y árboles corpulentos, que inundándola, arruinó gran parte de sus casas, y sepultó en ellas a muchos de su habitants: contándose entre los muertos la Señora Doña Beatriz de la Cueva, viuda de Don Pedro de Alvarado. Como amaneció el día 11, trataron los que salieron sanos de tan terrible tormenta, socorrer a los necesitados, curar a los estropeados, y juntar los cuerpos de los difuntos, que repartidos en las pocas Iglesias que entonces había, se enterraron por la tarde, con la solemnidad possible.  Y para perpetuar la memoria de tan terrible azote, con que el Señor castigó a esta Ciudad, y aplacar su Divina Justicia; en Cabildo de 9 de septiembre de 1542, por consejo del Sr. Marroquin, se determine, que todos los años el 11 de septiembre se haga procession de penitencia.  En cumplimiento de este auto se hizo la expresada procession, por más de 20 años, saliendo de la Antigua Guatemala, para la Ciudad Vieja, y asistiendo a ella ambos Cabildos, el Clero y Religiones.   Escarmentados los moradores de Guatemala con los malos tratamientos, que les hicieron los volcanes, determinaron alejarse de ellos, y se poblaron una legua al nordeste de la Ciudad Vieja.”


BIBLIOGRAFIA: