12 de mayo de 1945: el gobierno del Dr. Juan José Arevalo restablece la Universidad Popular (UP) que había sido clausurada por el gobierno del general Jorge Ubico en 1932


Dr. Juan José Arevalo, durante su presidencia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una Universidad Popular es definida como una organización o institución educativa y cultural creada por grupos, asociaciones y organizaciones sociales para promover la educación popular de saberes teóricos y prácticos dirigida a toda la población, en especial a sectores populares  que no tienen acceso a la educación.

En Guatemala, bajo los principios de desanalfabetización, elevación del nivel educativo y fortalecimiento de la instrucción cívica que se postularon durante el gobierno de Carlos Herrera y Luna tras el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920, se creó la Universidad Popular en 1922, por una idea del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob,. prominente intelectual quien residía en Guatemala y era el director de la llamada “generación del 10”,  y fue implmentada por un grupo de intelectuales de la llamada “Generación del 20” (entre ellos Epaminondas Quintana, Carlos Federico Mora, David Vela, Miguel Ángel Asturias y Carlos Fletes Saenz), quienes la fundaron el 20 de agosto de 1922. Se trataba de llevar a los sectores populares un tipo de instrucción que hasta entonces había sido propiedad exclusiva de las élites del país : el objetivo era tomar un nombre que aludía a una institución de carácter elitista, que monopolizaba el derecho al conocimiento y bajarlo a un nivel al que todas las personas pudieran tener acceso.

Los objetivos fundacionales de la Universidad Popular en Guatemala se centraban en los tres aspectos:

  1. Enseñar a leer y escribir.
  2. Enseñar el círculo de conocimientos generales en las clases sociales que no habíann podido adquirirlas.
  3. Difundir en el pueblo las nociones más importantes de higiene, de instrucción cívica y moral.

Luego del golpe de estado en contra del presidente Carlos Herrera en 1921, y las masacres de trabajadores de la United Fruit Company y de su subsidiaria la International Railways of Central America en 1924, hubo considerables protestas por parte de los universitarios, quienes acusaban al gobierno de facto del general José María Orellana de entreguismo a los intereses de la frutera transnacional, lo que llevó a un cierre temporal de las Escuelas Facultativas y, por ende, de la Universidad Popular.

En 1926, murió el general Orellana en circunstancias sospechosas en la Antigua Guatemala y fue sucedido por el también general Lázaro Chacón, quien tuvo un enfoque progresista. Ya con Chacón al frente del Gobierno, se reabrieron las Escuelas Facultativas y la Universidad Popular el 23 de septiembre de 1929, lo cual fue considerado como una de las acciones inmediatas más alabadas de su gobierno: sin embargo, el general Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930 y tras varios golpes de estado fue y presiones del embajador de los Estados Unidos, fue sucedido  por el general Jorge Ubico, el 14 de febrero de 1931, quien cerró la Universidad Popular en 1932, como parte de las medidas anti-comunistas que tomó para frenar el avance de tal movimiento en El Salvazdor.

Luego de la caída del gobierno del general Ubico el 1 de julio de 1944, y de la Revolución de Octubre, llegó a la presidencia el doctor Juan José Arevalo Bermejo, quien estudió su doctorado en educación en la Argentina.  El impulso por la educación popular fue considerable y una de sus primera acciones fue la restauración de la Universidad Popular, la cual se reabrió el 12 de mayo de 1945.


BIBLIOGRAFIA:

12 de mayo de 1840: tras aplastar a Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un tratado a El Salvador por las reparaciones de guerra

 

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Capitán General Rafael Carrera. Retrato oficial que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Después de derrocar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840, Carrera se fue a Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos.  Luego, regresó a la ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, que habían apoyado la invasión morazánica con sus soldados.

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó convenios para maniatar a El Salvador.  Hacía allá se dirigió en compañía del padre Joaquín Durán, ministro de Relaciones Exteriores,  y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado.

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria y de su llegada, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y, sin mediar palabra, despidió a los salvadoreños hasta el día siguiente y se fue a dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza.

Los emisarios salvadoreños le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco y apenas y pudieron expresarse en su presencia, mientras que el general tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de como se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.

Fue hasta el día siguiente que fue el general guatemalteco quien mandó a llamar al presidente Cañas y a su ministro Barberena y les dijo:  “No habrá mucho que hablar: aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Solo queda que saquen en limpio lo que dice allí y firmemos.”

Y así se hizo.

En resumen, el convenio firmado esa vez dice que El Salvador no ocuparía en cargo públicos a ningún funcionario y militar que cooperó con Morazán en la invasión a Guatemala, y que se comprometía a entregar a Guatemala a todos los involucrados en las maquinaciones contra ella.  Además, dice que Guatemala se reserva el derecho de decidir cuando iba a permitir el regreso de los prisioneros de guerra que había dejado Morazán en Guatemala cuando huyó.

Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, mientras que el gobierno salvadoreño tuvo que reprimir serias revueltas cuando el contenido del convenio se hizo público.

BIBLIOGRAFIA: