14 de mayo de 1884: la Corte de Justicia ratifica la sentencia de muerte de los supuestos autores del atentado contra J. Rufino Barrios

 

14mayo1884
Los jardines del Teatro Nacional (anteriormente Teatro Carrera y posteriormente Teatro Colón) en 1870.  Aquí ocurrió el atentado contra el presidente Barrios en 1884.  En el recuadro: el general presidente J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación, por su importancia histórica, el prólogo publicado en la Gaceta de los Tribunales el 15 de mayo de 1884 al respecto de la sentencia contra los supuestos autores del atentado del 13 de abril de 1884 contra J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, ya que el mismo refleja el servilismo de los funcionarios de la época hacia la figura presidencial, la cual, a diferencia de lo que ocurre desde 1985 en Guatemala, controlaba todos los aspectos no solo del gobierno sino de la sociedad en general:

Atentado del 13 de abril:

Todavía están frescas y palpitantes las impresiones de pena, que en el ánimo de las gentes que rinden fervoroso culto a la moral, dejara el odioso atentado cometido ne la noche del 13 de abril próximo anterior. Todos los guatemaltecos, cediendo a las inspiraciones del afecto y al interés que el patriotismo dicta en favor de la causa pública, manifestaron no solamente sus votos de pláceme por la extraordinaria salvación del Sr. Presidente de la República y del Sr. Ministro de la Guerra, sino también su deseo de que se averigura quienes eran los autores del crimen y se procediera contra ellos como faese de justicia.1

La autoridad judicial que sin estímulos extraños, cumple siempre su deber con la regularidad que exige una recta aminidstración, ha satisfecho también esta pública ansiedad.  En efecto, la Comandancia de Armas de este Departamento, por medio de su Auditor, licenciado D. Vicente Sáenz, practicó sin descanso con exquisita diligencia y notable tino, la mayor parte, y pudiera decirse, casi todas las diligencias necesarias para indagar, con todos sus detalles, un crimen por mucho tiempo meditado y cometido con terribles e inusitados instrumentos a favor de las sombras de la noche.1

La sentencia de la Sala 1a. de Justicia, que ve la luz en este número, puso término a la causa, aprobando en todas sus partes el fallo de primera instancia.  En ella se fulmina la pena de muerte contra tres de los principales autores del hecho.  No será la Gaceta de los Tribunales, ni serán, seguramente, los Jueces que del asunto han conocido los que no abriguen sentimientos de conmiseración hacia esos, que habiendo perpetrado gravísimo delito, se hicieron merecedores de tan terrible pena.  El Juez 1°. de 1a. instancia y los Señores Magistrados trepidarían, no hay que dudarlo, al pronunciar su fallo; pero ni el Juez ni los Magistrados pudieron dar pábulo a los dictados de la clemente que, desgraciadamente, no estaban de acuerdo con el imperioso mandato de las leyes.1

Las especiales circustancias que rodean a países de nueva formación, en que los graves atentados contra el Jefe del Ejecutivo, atacan seriamente el orden y menoscaban el prestigio de la autoridad, exigen cierta saludable severidad para mantener incólumes los intereses de la sociedad, y conservar sin detrimento las importantes atribuciones delque es, en su respectiva rama, el primer representante del poder público. Por otro lado, en estas Repúblicas de Hispano-América, que tantas veces han sufrido el embate del huracán revolucionario y que por lo mismo tienen fatal predisposición a la anarquía, con todo su cortejo de horrores, parece debido tener a raya a los trastornadores del orden público, el cual se afectaría, sin duda, con la violenta desparición del ciudadado Presidente, que simboliza, en ciertas situaciones, el principio de paz, de progreso y bienestar.2

Día vendrá en que estos pueblos, ya completamente ilustrados, hagan de la libertad de que gozan, un medio seguro de usar bien de sus derechos, y conviertan la paz en árbol protector a cuya sombra se dediquen al trabajo fructuoso y honrado; día vendrá en que todo sea orden y regularidad y en que la máquina administrativa funcione en bien general sin obstáculos casi inseparables: entonces se alejarán las revueltas y las ambiciones de mala índole; se respetará a la autoridad, y no será tan necesario como doloroso, dictar severas medidas de represión. ¡Esos tiempos, por fortuna, llegarán pronto para nosotros, mercer a las atinadas disposiciones que en favor de la ilustración del pueblo, dicta diariamente la actual Administración de la República!2

La sentencia hace un recuento de los hechos ocurridos (redactados, eso sí, por Barrios, Barrundia y sus esbirros), los cuales se resumen a continuación:

    • Se declararon culpables los siguientes individuos:
      • Santos Soto y Castellanos de 43 años de edad, de profesión asentista
      • Jesús y Abraham Soto, de 20 y 15 años de edad, respectivamente. El primero era herrero y el segundo albañil
      • José Escobar, de 60 años de edad, sastre
      • Sebastián Macal, de 20 años de edad, fundidor
      • Rafael Rivera, de 16 años de edad, impresor y entenado de Santos Soto.2
  • Se hace énfasis en que todos los acusados sabían leer y escribir.2
  • Tras la explosión, el Mayor de Plaza, Manuel H. Ortigosa encontró un cordel de cáñamo desde el lugar de la explosión hasta la puerta de entrada a la alameda del Teatro y varios fragmentos de la bomba con ciertas palabras grabadas.
  • Al oir la explosión, Fernando Córdova corrió hacia el lugar de los hechos y vió a Santos Soto bajando corriendo las gradas del teatro; Soto le dijo que le preguntar a José Escobar que era lo que había ocurrido3
  • Soto y Escobar fueron capturados y enviados al Juzgado tercero de Paz, pues concluyeron que Soto había tirado del cordel de cáñamo para activar la bomba a distancia.3
  • El sordomudo Damián Cosme, usando como intérprete a su patrón Francisco González Campo, le dijo al Mayor de Plaza que había visto en casa de Soto a Abraham Soto y a José Escobar arreglando la bomba.3
  • Jesús Soto preparó la bola de plomo que sirvió de detonante, y la bomba por encargo de Santos Soto y con la ayuda de Sebastián Macal en la Escuela de Artes y Oficios.4
  • José Escobar fue quien dió la señal para tirar del cordel.

En vista de lo descrito, se confirmaron las siguientes condenas:

  • Muerte para Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, con base en el Código Penal y a leyes contenidas en la Recopilación de Leyes de Indias5 (que había sido descartada tras la Independencia de España en 1821 pero que fue rebuscada para esta ocasión)
  • Presidio con calidad de retención a Sebastián Macal.
  • Prisión de diez años a Abraham Soto, a pesar de tener solamente quince años de edad.5

A pesar de las condenas, y de que en efecto fueron exhibidos en capilla ardiente y luego llevados al cadalso, los tres sentenciados a muerte no fueron ejecutados, sino llevados al Fuerte de San José, en donde a fuerza de torturas involucraron a más personas en el supuesto complot.5

De acuerdo al historiador y político liberal Francisco Lainfiesta, quien fuera Ministro de Fomento de Barrios en esos momento, Barrios ya mostraba claros trastornos mentales en la época en que ocurrió el atentado, lo que explicaría su feroz persecución de los supuestos implicados.  He aquí cómo describe Lainfiesta el estado mental del presidente guatemalteco:

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos y, repentinamente, se acercaba a decirnos:

‘Si ustede quieren, saquen a esa tal [Rodríguez] sáquenlo, sáquenlo, pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos’.

Esto decía y repetía con frecuencia como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: ‘Si esto no acaba pornto, va a parar en loco’.6

La situación en el despacho del general Barrios continuaba nebulosa y sombría; largas conferencias con el ministro de la Guerra [Juan M. Barrundia]; frases sentenciosas, miradas que parecían rayos; momentos de silencio, momentos de arrebato; la imaginación paseando ardorosa y desatentada sobre el sangriento escenario del cadalso; el caos, en fin, imperando en aquella cabeza formidable, que de tan formidable poder disponía.7

Los que han envidiado a los ministros del general Barrios y los que les han hecho un cargo de haberlo sido, ¡cómo no estuvieron ocupando las sillas ministeriales en aquellas horas!7

El egoísmo era en Barrios la suprema ley.  Morir él y que quedaran vivos [sus enemigos] y que fueran a reírse de él después de muerto, y acaso a poner en práctica lo que él suponía o presentía de ellos; eso no le cabía en la cabeza.  Llevar él el anatema o el odio, dimanados de ciertos actos que como absoluto dictador hacía ejecutar, y que no llevaran todos sus ministros el mismo odio y anatema, tampoco podía consentirlo.  De allí el mandato para que los ministros estuvieran frecuentando la cárcel pública durante la secuela del proceso […]8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Presidencia del Poder Judicial (15 de mayo de 1884). Atentado del 13 de abril. Gaceta de los Tribunales, IV 1, Guatemala. p. 1.
  2. Ibid, p. 2
  3. Ibid, p. 3
  4. Ibid, p. 4
  5. Ibid, p. 5
  6. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  7. Ibid, p. 329.
  8. Ibid, p. 336.

14 de mayo de 1896: se crea la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Limitada”

14mayo1896
El vapor del Ferrocarril Verapaz durante su travesía en el río Polochic en 1897.  Imagen tomada de La Ilustración del Pacífico.

Durante el gobierno del general J. Rufino Barrios, una parte de la Verapaz fue entregada en concesión a colonos alemanes para que cultivaran café a gran escala.  Esta segunda colonia prosperó considerablemente gracias a las ventajas otorgadas por los gobiernos liberales y el 14 de mayo 1896 constituyeron la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Ltda.”, mediante la firma de un contrato por noventa años entre el estado de Guatemala, entonces presidido por el general José María Reina Barrios, y el señor Walter Dauch, representante de la compañía mencionada. Dicho contrato preveía la construcción, mantenimiento y explotación de un tramo de ferrocarril entre el puerto pluvial de Panzós y el paraje de Pancajché, de treinta millas de extensión y cuyo principal objetivo era el transporte de la producción cafetalera.

Si bien la compañía obtuvo su personería jurídica el 14 de mayo de 1896, el contrato se estableció a noventa años, por lo que se contó su fecha de creación como el 15 de enero de ese año, tal y como lo especifica el siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 14 de mayo de 1896.

Con presencia de la escritura constitutiva y de los Estatutos de la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Limitada”,

El Presidente de la República acuerda:

Darle su aprobación a ambos documentos, quedando reconocida como entidad jurídica dicha Compañía, y con la salvedad de que, al tratarse de los noventa años de la duración de la expresada Compañía, de que habla el artículo 5 de los Estatutos, se contará desde el día 15 de enero de 1894, fecha del contrato; debiéndose extender por el escribano de Cámara la certificación correspondiente.

Comuniqúese.

Reina Barrios.

El Secretario de Estado en el tespacho de Fomento, Manuel Morales T.

Como ya se indicó, su principal objetivo era transportar café a la Costa Atlántica, llegando hasta el puerto fluvial de Panzós, y de allí en vapores hasta Río Dulce por el río Polochic. El tren también ofrecía servicio de pasajeros dos veces a la semana, los días lunes y jueves; y además los días miércoles llegaba a Panzós un vapor de correos con pasajeros y carga procedente de Livingston, Izabal. Además de las terminales en Panzós y Pancajché, había estaciones en Santa Rosita, La Tinta, y Papalhá.

En 1898, se reportó que dada la riqueza del café producido en Cobán, que en ese entonces era la tercera ciudad más grande de Guatemala, se amplió el ferrocarril desde Panzós hasta esa ciudad.


BIBLIOGRAFIA:


14 de mayo de 1897: muere el licenciado Pedro de Aycinena, expresidente de Guatemala y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del general Rafael Carrera

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Retrato de Pedro de Aycinena. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Pedro de Aycinena fue uno de los líderes más prominentes del partido conservador de Guatemala durante el siglo XIX, no solo como miembro de la familia aristocrática Aycinena sino por su papel como Ministro de Relaciones Exteriores durante el largo gobierno del capitán general Rafael Carrera.

La familia Aycinena inicialmente se opuso férreamente a la Independencia de Centroamérica dadas las grandes conexiones comerciales y políticas que tenía con las autoridades españolas; pero cuando la Independencia se hizo inevitable, se esforzó porque las condiciones sociales, políticas y religiosas no cambiaran en lo absoluto, razón por la que fueron llamados “conservadores” o “cachurecos” por sus rivales, los criollos liberales a quienes ellos, a su vez, llamaban “pirujos“.

Cuando Francisco Morazán invadió Guatemala en 1829 para acabar con el gobierno federal que controlaban los Aycinena en ese momento, no solamente les expropió todos sus bienes sino que los expulsó de Centroamérica.  Junto con los Aycinena, salieron sus principales aliados: los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, dueños de importantes haciendas y edificios en las principales ciudades de la región.

Los conservadores, liderados por el marqués y obispo Juan José de Aycinena, estuvieron en el exilio, esperando el momento justo para retornar a su antigua patria.  Pasaron diez años, pero el trabajo que hicieron los curas párrocos entre el campesinado guatemalteco rindió sus frutos:  lograron convencer a sus feligreses que los liberales eran herejes que se habían aliado con los ingleses para combatir la Santa Religión Católica.  Se inició entonces una guerra de guerrillas de parte de los campesinos contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez al que derrotaron en 1838, dirigidos por el general mestizo Rafael Carrera.

Sabiendo que Carrera era mestizo, los Aycinena decidieron regresar a Guatemala para utilizarlo como su hombre fuerte, pero se encontraron con un hombre de gran carisma y de férrea voluntad con quien tuvieron que pactar.  Así surgió una alianza que se prolongó hasta el 14 de abril de 1865, cuando murió Carrera siendo presidente vitalicio de Guatemala.

Cuando Carrera fue presidente sus principales ministros fueron aristócratas de la familia Aycinena:  Manuel Francisco Pavón, Juan José de Aycinena y Pedro de Aycinena.  Este último fungió como Ministro de Relaciones Exteriores y durante su gestión se realizaron dos tratados muy importantes:

  1. El Concordato con la Santa Sede: por medio de este se le entregó a la Iglesia la educación del país, a cambio de la aprobación de indulgencias para todo aquel que matara a un liberal en combate.
  2. El Tratado Wyke-Aycinena:  por medio de este tratado, Guatemala le cedió a la Corona Británica el territorio comprendido desde el río Belice hasta el río Sartún en usufructo a cambio de la construcción de una carretera que uniera a la ciudad de Guatemala con la ciudad de Belice.  La carretera no se construyó porque el general Carrera murió en 1865 y los gobiernos que le siguieron no trabajaron  con los ingleses en este aspecto.

Cuando el general Carrera falleció ya habían muerto sus principales aliados: Manuel Francisco Pavón y Juan José de Aycinena, por lo que fue Pedro de Aycinena el nombrado como presidente interino, cargo que desempeñó hasta que el mariscal Vicente Cerna y Cerna fue designado como presidente de Guatemala el 24 de mayo de 1865.

Luego de la Revolución Liberal de 1871, el partido conservador cayó en desgracia y es poco lo que se menciona a Pedro de Aycinena.  Solamente se sabe que murió el 14 de mayo de 1897, por una escueta publicación que apareció en la revista cultural liberal “La Ilustración Guatemalteca“.


BIBLIOGRAFIA: