8 de junio de 1585: Real audiencia prohibe existencia de jueces de milpas

Debido a las extorsiones que perpetraban en contra de los indígenas del valle de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en Sacatepéquez, la real audiencia de Guatemala elimina a los jueces de milpas.

Ruinas de la catedral de Antigua Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el obispo Juan Ramírez de Arellano. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook of Central America y Wikimedia Commons.

El 8 de junio de 1585, la Real Audiencia de Guatemala prohibió la existencia de jueces de milpas, indicando que éstos extorsionaban a los indígenas de los pueblos del Valle de Santiago de los Caballeros de Guatemala, en Sacatepéquez.1 A pesar de la prohibición, los abusos contra los indígenas de la región continuaron, como lo evidencian las numerosas cartas y memoriales que el obispo Juan Ramírez de Arellano envió al Consejo de Indias, al rey de España y al Papa, en las que solicitaba cambios legislativos o que se aplicaran efectivamente las leyes que ya existían para evitar los abusos de los encomenderos, y que se terminara con el servicio personal y las malas condiciones en que tenían que trabajar los indígenas guatemaltecos.2

Ramírez de Arellano era un fraile dominico que fue nombrado como obispo de Guatemala el 18 de enero de 1600, dos años después de la muerte del rey Felipe II, ya que era un personaje incómodo para los cortesanos ya que mientras estuvo en Madrid (entre 1595 y 1600) si bien estuvo asentado en el convento dominico de Nuestra señora de Atocha, envió varias cartas y memoriales al Consejo de Indias y al Rey, en el que denunciaba las encomiendas, los repartimientos y el servicio personal a que eran obligados los indígenas sin que se les pagara nada en retribución. Sus principales obras de ese tiempo fueron: «Advertencia sobre el servicio personal de los indios» y «Parecer sobre el servicio personal y repartimiento de indios«. Antes de viajar a su diócesis el obispo Ramírez viajó a Roma y le expuso al papa Clemente VIII sus inquietudes y tribulaciones sobre los indios, aunque al final, ni el rey de España ni el Papa cambiaron el sistema económico en las colonias.2

Ramírez de Arellano tenía setenta y un años cuando llegó a Guatemala a principios de 1601, pero eso no le impidió que desde un principio pidiera que se le asignara un salario a los indígenas y que no se les obligara a trabajos fuertes; 3 además, su edad tampoco fue impedimento para que realizara periplo de visitas pastorales para conocer la situación de su obispado, encontra muchas cosas que no le gustaron, como quedó plasmado en las numerosas cartas y memoriales que envió al Consejo de Indias, al Rey y al Papa, solicitando cambios legislativos o la aplicación de las leyes ya existentes para acabar con la encomienda, el servicio personal y las malas condiciones de trabajo de los nativos.2

Ramírez de Arellano estaba muy bien informado sobre la situación de los indígenas en América porque en 1575 había sido enviado al Convento de Santo Domingo de la ciudad de México, en donde fue instructor de novicios, calificador del Santo Oficio y profesor de la universidad. Pero, además de sus tareas intelectuales, impartió doctrina cristiana y enseñó a leer y escribir a los negros, mulatos e indígenas que así lo desearan y entonces se dió cuenta de que los españoles forzaban al trabajo sin remuneración a los nativos.  Inicialmente pidió la abolición de la encomienda a las autoridades virreinales, pero como no encontró respuesta pues las autoridades se veían beneficiadas económicamente con el sistema, decidió viajar a España para presentar sus denuncias directamente a Felipe II. Desafortundamente para Ramírez de Arellano, el barco en que viajaba fue secuestrado por corsarios y llevado a Inglaterra hasta que se negoció su libertad, y finalmente llegó a España en 1595.2

Al igual que le ocurrió con las autoridades virreinales en México, el obispo tuvo serias disputas con las autoridades de la Capitanía General de Guatemala, aunque algunas de sus solicitudes en favor de los indígenas sí prosperaron, ya que el 27 de noviembre de 1602 el rey prohibió que los indígenas fueran obligados a trabajar en las minas, sustituyéndolos por esclavos negros,3 y el 23 de noviembre de 1603 la real audiencia prohibió que los indígenas «fueran cargados con exceso y que fueran obligados a salir a servir a mucha distancia de sus pueblos de origen y nunca en climas opuestos a su temperamento«.4


BIBLIOGRAFIA:

    1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 20.
    2. Real Academia de la Historia (2018). Juan Ramírez de Arellano. España: Gobierno de España, Ministerio de Ciencia e Innovación.
    3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, p. 26.
    4. Ibid., p. 27.

Subir

23 de diciembre de 1586: terremoto en Santiago de los Caballeros

Tras casi dos años de temblores y erupciones del volcán de Fuego, se produce un fuerte terremoto que daña severamente a la ciudad de Santiago de los Caballeros

23diciembre1586
Los volcanes de Fuego, Acatenango y Agua vistos desde Escuintla en 1840. Grabado de Frederick Catherwood.  Tomado de Wikimedia Commons.

El volcán de Fuego ha tenido en jaque a la ciudad de Antigua Guatemala desde su fundación como Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1541, y es que la ciudad fue fundada prácticamente en las faldas de dicho volcán. La ciudad anterior, en el valle de Almolonga, estaba a tan solo legua al suroeste de la ciudad de Santiago, al pie del volcán de Agua, que la destruyó durante un deslave en septiembre de 1541.1

Los temblores y erupciones volcánicas fueron parte cotidiana de la capital del Reino de Guatemala desde 1565, cuando un terremoto daño la mayoría de sus edificios, situación que se repitió en 1575, 76 y 77.1

Posteriormente, el 27 de diciembre de 1581, hubo una fuerte erupción que arrojó tal cantidad de ceniza que los habitantes tuvieron que encender velas para poder ver.  Era la época colonial y previo a las reformas borbónicas, por lo que la Iglesia Católica todavía tenía el control absoluto de la situación; por esta razón, se hicieron procesiones de rogación y la gente se confesaba a gritos, creyendo que era el día del juicio.  La situación se mantuvo tensa hasta el 14 de enero de 1582, cuando el volcán arrojó lava durante veinticuatro horas, pero luego se calmó.1

Pero las tribulaciones continuaron. Cuenta el historiador clérigo Domingo Juarros en su obra «Compedio de la Historia de la Ciudad de Guatemala«: «También los años de 1585 y 86 fueron en extremo amargos para los vecinos de Guatemala: porque habiendo comenzado los temblores de tierra el 16 de enero de 1585, se continuaron todo ese año, y el siguiente con tal tezón, que no pasaban ocho días sin que temblase. Aumentóse la tribulación, con el fuego que por seis meses continuos no cesó de arrojar el Volcán.  Pero el mayor estrago lo causó el terremoto de 23 de diciembre de 1586, que destruyendo la mayor parte de la ciudad, sepultó en sus ruinas a muchos de sus moradores, sacudiéndose la tierra con tal fuerza, que los cerros se desgajaron y se abrieron profundas grietas en la tierra1

Los sismos y erupciones se repitieron con regularidad en el siglo XVII y XVIII.  He aquí un listado de ellos, según lo relataron testigos:2

  • El 8 de octubre de 1651 se volvió a asolar la ciudad de fuertes temblores, los cuales cesaron por intercesión de Nuestra Señora del Rosario, a cuya milagrosa imagen juró por su Patrona.
  • El fuerte temblor del día del Señor de San Felipe, en que se arruinó casi toda la Ciudad.  
  • En 1663, 1666 y el 12 de febrero de 1689 se volvieron a destruir todos los edificios, y dicen que fueron grandes pérdidas de los censos de Conventos y Capellanías impuestas sobre sus fincas.
  • En 1702 se volvieron a experimentar temblores, siguiendo el 1 de febrero de 1705 cuando el volcán arrojó tanta porción de ceniza y humo, y con tanto ruido, que dicen, estuvieron para perecer; y con la circunstancia de que cubriéndose la atmósfera, fue preciso entre nueve o diez de la mañana encender la luz. 
  • El 14 de octubre de 1709 refieren haber experimentado el espantoso y terrible suceso que atemorizó a los habitantes pues fueron tantos los plumajes y ríos de fuego que vomitó el Volcán con grandísimo estruendo.2

Posteriormente, la ciudad fue destruida por los terremotos de San Miguel en 1717, de San Casimiro en 1751 y de Santa Marta en 1773.  Fue en este último, cuando ya la Iglesia no controlaba el Estado español, que se produjo un profundo conflicto entre las autoridades civiles y eclesiásticas, y las primeras decidieron trasladar la ciudad al Valle de la Ermita y debilitar aún más las autoridades del clero.3

Y los daños han continuado.  En 1874 un violento sismo demolió varias estructuras que habían sobrevivido los terremotos de Santa Marta,3 y el terremoto del 4 de febrero de 1976 terminó por derrumbar numerosas fachadas de las antiguas iglesias.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  2. Comisión del presidente de la Real Audiencia del Reino de Guatemala (1774). Extracto o Relación Methodologógica de los autos de reconocimiento. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas, comunidad de Santo Domingo. pp. 6-8.
  3. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas. pp. 21-22.
  4. The New York Times (20 de diciembre de 1874). «Earthquakes. A record of the shocks in 1874-the thirty days of terror in Guatemala»The New York Times (en inglés) (Nueva York, Estados Unidos). Archivado desde el original el 7 de diciembre de 2015.
  5. Olcese, Orlando; Moreno, Ramón; Ibarra, Francisco (1977). «The Guatemala Earthquake Disaster of 1976: A Review of its Effects and of the contribution of the United Nations family» (en inglés). UNDP, Guatemala. Archivado desde el original el 24 de julio de 2011.

Subir