17 de febrero de 1840: entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

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El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, “la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala”.  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales; o  la de comunistas o de anticomunistas; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan (como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822) de planes definidos y programas coherentes de gobierno.  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya la República Federal de Centro América estaba en sus esterores de agonía, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal antiaristócrata que ya no soportaba “el rancio abolengo” de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.

Era presidente en esa época el licenciado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como “bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años“. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general Carrera, quien defendía la religión católica a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.

El Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio.  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la “insubordinación de los bárbaros“, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quein confiaban por ser mestizo.

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, “los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.”  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como “el día más feliz de la Patria“.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y davan vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomaran represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829, cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.

Y tal y como lo temían los aristócratas de “las familias“, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuviron la desgracia de saber quién era realmente el “caudillo adorado de los pueblos“.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

17 de febrero de 1865: muere Juan José de Aycinena y Piñol, Marqués de Aycinena, Obispo de Trajanópolis, rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gobierno de Rafael Carrera

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Retrato del Obispo Juan José de Aycinena y Piñol que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

En Guatemala el marquesado de Aycinena fue el único título nobiliario que se extendió por el Rey de España. Este título fue otorgado a Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, un ciudadano español que había llegado al Nuevo Mundo a buscar fortuna y había logrado hacer un imperio comercial gracias al transporte de carga en mulas desde los puertos del Atlántico hasta las principales ciudades de la Capitanía General.

Gracias a su imperio comercial y a su origen español, Aycinena y su familia lograron conseguir las mejores posiciones en el gobierno colonial a principios del siglo XIX, al punto que tuvieron puesto que hasta entonces habían estado a cargo únicamente de ciudadanos españoles. Por otra parte, varios de sus miembros ingresaron al clero, tanto regular como secular y gracias a todo esto, la familia alcanzó importantes posiciones gubernamentales que incluyeron el rectorado de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo y diputados ante las Cortes de Cádiz.

En la década de 1810, los Aycinena pelearon junto con los españoles para sofocar cualquier intento independentista en América Central y estuvieron en contra de cualquier movimiento de esa índole ya que implicaba perder el poder que habían conseguido. Pero la debidlidad de la corona española tras la invasion Napoleónica y el fracaso de las Cortes de Cádiz tras el retorno al poder del rey Fernando VII en 1814, llevaron a la Independencia en 1821.

Tras la creación de las Provincias Unidas del Centro de América, los Aycinena y sus familiares se aglutinaron en el partido conservador, el cual promulgaba que no se cambiara absolutamente nada en la estructura política y social del nuevo país, mientras que el resto de criollos no-aristócratas se aglutinaron en el partido liberal y pelearon por un cambio radical en la política: la separaciónde Iglesia y Estado y la eliminación de los títulos nobiliarios, principalmente.

En medio de esta vorágine de acontecimientos vivió el obsipo Juan José de Aycinena y Piñol, quien nació en la Ciudad de Guatemala, el 29 de agosto de 1792 y quien heredó el título de Marqués de Aycinena a la muerte de su padre. En 1825 fue nombrado rector de la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo y estuvo en el cargo hasta que fue expulsado de Centroamérica junto con el resto de su familia en 1829, luego de la invasion liberal liderada por el general Francisco Morazán.

Vivió un tiempo en el exilio, junto con su hermano Mariano de Aycinena, quien había sido el jefe de Estado de Guatemala durante la invasión morazánica y cuando éste no quiso retornar a Guatemala tras el colpaso del gobierno liberal de Mariano Gálvez se convirtió en el líder del partido conservador. Su posición era mucho más débil que cuando estaban en el poder en 1829, así que tuvieron que empezar pactando con el general campesino Rafael Carrera, quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras liderar la revolución indígena-católica que derrocó a los liberales.

Entre 1840 y 1848, ya siendo nombrado nuevamente rector de la Pontifica Universidad, Aycinena fue uno de los principales colaborades de Carrera pero cuando vio que éste parecía perder el control de la situación en 1848, no dudó en pedirle la renuncia y enviarlo al exilio. Carrera midió sus opciones perfectamente y salió del país hacia México sin oponer resistencia, desde donde estuvo esperando que la crisis interna de Guatemala obligara que lo llamaran de vuelta al poder.

Carrera regresó a Guatemala en 1849, tras haber pactado con los líderes indígenas de occidente y cuando se estaba desarrollando una sangrienta Guerra civil en Yucatán, en donde los indígenas estaban masacrando a criollos y europeos. A su retorno, los criollos liberales huyeron hacia El Salvador, pero Aycinena y los criollos conservadores no podían huir porque no eran aceptados en otros país por su tendencia pro-católica, como estaban aterrados de que una guerra civil como la de Yucatán se desatara en Guatemala, tuvieron que pactar con Carrera.

Aycinena y sus familiares se convirtieron en el Consejo de Estado del general Carrera y gobernaron junto con él hasta 1865; Aycinena falleció el 17 de febrero y Carrera el 14 de abril de ese año y puede decirse que fue en ese momento que verdaderamente terminó el gobierno conservador en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA: