17 de marzo de 1838: el distrito de Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos tras expulsar a las autoridades de Guatemala

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El poblado de Mazatenango en 1875.  Junto con Cuyotenango y Retalhuleu, Mazatenango fue una de las tres poblaciones principales del distrito de Suchitepéquez que se unió al Estado de Los Altos en 1838.  Fotografía de Eadweard Muybdrige.

Contrario a la opinión generalizada, el Estado de los Altos no solamente estuvo formado por la ciudad de Quetzaltenango, sino que con todos los departamentos del occidente (es decir, con casi la mitad del Estado de Guatemala) cuando se separó del mismo en 1838. Allí se aglutinaron todos los criollos liberales que no estaban de acuerdo con el gobierno conservador que se estableció en Guatemala tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez en febrero de ese año.  Aquella región tenía dos grandes ventajas para los liberales:  la frontera comercial con México y la posibilidad de construir puertos de salida al Pacífico en Champerico y en Ocós.

El 17 de marzo de 1838, el funcionario del estado de Guatemala en el distrito de Suchitpéquez, Felipe Pedrosa, envió al gobierno la siguiente carta explicando los hechos que rodearon la sedición de aquel distrito:

“Como en enero próximo pasado se circuló órden de ese ministerio a los jueces de distrito, para que sin mando del Gobierno no saliesen del que les correspondiese, aún concluídos los términos de audiencias, y que fué comunicada al que suscribe como juez del distrito de Suchitepéquez; creo de mi deber informar al Supremo Gobierno por conducto del ministerio de su cargo, del motivo que ocasionó mi egreso de aquel sin mando acuerdo, y fue un desorden criminal, introducido a los pueblos pacíficos del mismo distrito, sin que los miembros de una autoridad legítima, celosa del orden y del cumplimiento dela ley pudieran evitarlo; igualmente cual fuese mi  conducta como funcionario judicial.”

“Abiertas las audiencias de la corte del 11o. distrito del 1 de enero último en el circuito de Cuyotenango, en principios del siguiente febrero aún se ocupaba aquella en el despacho de muchos asuntos criminales y civiles que para dicho término se le presentaban.  En tales circunstancias y al anunciarse la venida de dos comisionados de la Ciudad de Quetzaltenango venían con el objeto indebido de excitar a las municipalidad y vecindario del distrito para separarse del supremo Gobierno general del Estado y unirse a Quetzaltenango, proclamado independiente con afán de constituir un nuevo Estado, el fiscal público se marchó al pueblo de su vecindario, pretextando enfermedad y yo llamé al magistrado ejecutor residente en Mazatenango para que viniese a ejercer las funciones de agente del ministerio y se excusó con las mismas insuficientes razones, que lo hizo para no ocurrir a las mismas diligencias, en concepto de ejecutor.  A uno y otro le presenté en diversas cartas oficiales, la urgencia de los asuntos pendientes, y las circunstancias de desorden que amenazaban la paz del distrito; pero nada pudo hacerlos venir al cumplimiento de sus debereres: esto consta de las comunicaciones que en copia adjunto en los número 1.° a 5.”

“En este estado dos inviduos que los fueron los ciudadanos Manuel Arellano y José Antonio Paniagua, titulándose comisionados del Gobierno de Quetzaltenango,  me hablaron personalmente sobre el objeto de su misión que no era otro que el excitar a los PP.MM. sobre la segregación del Gobierno general del Estado.  Di orden a aquellos para que no diesen un paso en su tal comisión, y la repetí por escrito en los términos que expresa la copia número 8, y a consecuencia de su causa criminal que inicié contra los referidos, pedí auxilio al magistrado ejecutor para proceder a su captura, quien me lo negó como se vé en los números 6 y 7.  Cometí la orden de prisión al mismo ejecutor por hallarse éste y aquellos en Mazatenango, pero no fue cumplida ni retornada por dicho funcionario.”

“Circulé, dirigida a los gobernadores, la comunicación adjunta en la copia con el número 9.  Obtuve varias contestaciones de enterado, y del de Mazatenango, en donde ya se había verificado el pronunciamiento a virtud de intriga de los mismos y de la cooperación decidida del mismo magistrado ejecutor, ciudadano  Mariano Rodríguez y el juez del circuito, subdiácono, José María Figueroa, recibí el oficio número 10 que contiene el acta acordada.  Más como los término de este pronunciamiento no fuesen a la satisfacción de los agentes de Quetzaltenango y las provincias que había yo tomado con el buen sentido de la generalidad en aquellos pueblos, atentos aun a la voz de la justicia y de la razón, fueran un obstáculo para que la empresa de aquellos tuviera el mejor éxito, vino de aquella ciudad una fuerza armada y por comisionados el mismo señor Antonio Paniagua y el presbítero regular José María Chacón, y al influjo de esta fuerza, de la intriga y de hechos violentos, fueron debidos los pronunciamientos verificados en Retalhuleu y Cuyotenango, en cuyo lugar llegó al punto la exaltación de varios intrigantes y zánganos más desmoralizados, puso en peligro hasta mi existencia, amenazada por manos asesinas, y me hizo salir rápidamente a otro punto del distrito.”

“Como el último de los comisionados referidos contaba con la fuerza armada y sostenido por la desmoralización de otros perversos, continuáse ejecutando con mayores excesos, removiendo autoridades legítimas, rompiendo el sistema judicial establecido y dirigiendo sus miras a un completo desorden que la autoridad central no pudo contener por su aislamiento y falta de auxilio y de recursos, yo me vi violentada por estas circunstancias a salir del distrito después de ver el desorden y de oir el grito de segregación de la autoridad legítima y general del Estado en los tres pueblos principales del mismo distrito.”

“Si la cooperación de los funcionarios de quienes hice mérito, no hubiese sido tan manifiesta y declarada sobre el particular, faltando así criminalmente a sus deberes, si el ejecutor hubiese cumplido con las órdenes repetidas del Ejecutivo sobre formación de la milicia cívica, si él no hubiera remitido a la comandancia de Quetzaltenango las armas que tenía el distrito para cuya reunión dió sus órdenes a los gobernadores y anduvo personalmente los pueblos donde estaban para despojarlos de ellas, sino hubiese trabajado infinito en preparar la opinión a favor de la segregación, en convocar personalmente las municipalidad y desconociendo en sus hechos a la corte, cuyos hechos son notorios; el distrito de Suchitepéquez no se había manchado con el crimen de la sedición, perdiendo sus derechos políticos, su seguridad y garantías; y el Estado una parte que legítimamente le corresponde.”

“Las providencias indicadas y otras del mismo tenor, fueron las únicas que en el mayor aislamiento y falta de auxilio y de recursos pude tomar, y aquel el motivo de mi vuelta del distrito de Suchitepéquez.”

“Con el objeto de esclarecer mi conducta, hago de Ud., C.M., esta manifestación, para que se digne ponerlo en noticia del supremo Gobierno, a quien protesto mis respetos y a Ud. mi singular consideración.”

Guatemala, marzo 17 de 1838

Felipe Pedrosa

Llama aquí la atención que entre los agentes sediciosos que menciona Pedrosa en su carta menciona al sacerdote regular José María Chacón.  Debe recordarse que en esa época, los miembros del clero regular todavía no habían retornado del exilio que les impuso Francisco Morazán en 1829, por lo que es suponerse que Chacón había sido fraile pero renunció a los hábitos para poder seguir en Guatemala.

Lejos estaba Pedrosa de imaginar que aquella sedición iba a terminar de forma sangrienta justamente dos años después de su informa al gobierno sobre los sucesos en Suchitepéquez; el 17 de marzo de 1840, el general Rafael Carrera derrotaba de forma definitiva al ejército invasor salvadoreño dirigido por Francisco Morazán y no solamente terminaba con el Estado de Los Altos, sino que con la Federación Centroamericana de los liberales y con la carrera del caudillo hondureño.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 17 de marzo de 1837: Suchitepéquez y Los Altos. Guatemla: Nuestro Diario.

 

17 de marzo de 1840: Francisco Morazán, entonces presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

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Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870.   Cuadro de Augusto De Succa tomado de Wikimedia Commons.

Los generales Francisco Morazán y Rafael Carrera fueron enemigos formidables, enfrentados por diferencias irreconliliables.  Morazán era descendiente de criollos de la región de Honduras, que había abrazado la causa liberal debido a que consideraba que los criollos aristocráticos y los jerarcas de la Iglesia Católica, todos ellos asentados en Guatemala, les habían estado explotando durante toda la época colonial.  Carrera, por su parte, era mestizo y había sido educado por los curas párrocos que lo ungieron como el elegido de la Santa Virgen María para salvar la verdadera religión frente a la amenaza de los liberales herejes.

Carrera inició su Carrera como jefe de guerrilleros, atacando las fuerzas del gobierno liberal de Mariano Gálvez, y gracias a su genio militar llegó a convertirse en el hombre fuerte de Guatemala, tras la caída de Gálvez.  Por el otro lado, Morazán llegó a ser presidente de la República Federal de Centro América por haber derrotado al gobierno conservador del Manuel José Arce y de Mariano de Aycinena luego de invadir Guatemala en 1829.

Cuando Carrera tomó el poder en Guatemal en 1838, los criollos liberales de Guatemala se refugiaron en el occidente del Estado y formaron su propio estado con la venia del presidente Federal, Morazán. Así nació el Estado de Los Altos, que desde un principio estuvo en constante pugna con el de Guatemala al punto que con la menor excusa se rompieron las hostilidades resultando en la reincorporación violenta de Los Altos a Guatemala el 29 de enero de 1840.

Ese fue el detonante de la inevitable confrontación entre Morazán y Carrera.  Enterado de la caída de Los Altos, Morazán emprendió la marcha sobre Guatemala al mando de mil trescientos soldados salvadoreños entrando al Estado el 17 de marzo de 1840 y aplicando la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde pasaron.

En la Ciudad de Guatemala lo estaba esperando Carrera, quien fingió retirarse cuando entró el ejército morazánico.  En realidad se acantonó en la finca del Aceituno en las afueras de la ciudad y esperó a que los salvadoreños se confiaran en su supuesta victoria para contraatacar y vencerlos categóricamente el 19 de marzo.

Morazán tuvo que salir huyendo por El Incienso junto a treinta y cinco de sus allegados, gritando “¡Qué viva Carrera!” para salvar la vida, dejando a los soldados salvadoreños a su suerte.  Los guatemaltecos, hartos de Morazán fusilaron hata a los heridos.

Ese fue el fin de la carrera política de Morazán, quien se embarcó con sus allegados hacia el Perú el 5 de abril. Y al mismo tiempo, fue el principio de la de Carrera, quien sería el hombre fuerte de Guatemala hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:


 

17 de marzo de 1882: el gobierno de J. Rufino Barrios eleva a San José del Golfo a la categoría de municipio

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Ferrocarril del Norte de Guatemala en 1896.  Imagen de la revista “La Ilustración del Pacífico”, tomada de Wikimedia Commons.

Durante la colonia española, el único puerto en la costa del Atlántico en la región era el Puerto de Omoa, en la actual Honduras.  Para llegar a la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, se utilizaban naves pequeñas en el río Motagua, que llevaban los productos que dicha ciudad necesitaba o exportaba. Los productos eran transportados hacia o desde el pueblo de Tocoy Tzima (hoy Morazán) en el actual departamento de El Progreso en donde partían en yuntas que pasaban por San José del Golfo.

Al decretarse la primera Constitución Política del Estado de Guatemala el 11 de octubre de 1825, este se dividió el territorio en once distritos y varios circuitos.​ Esa constitución estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado y menciona que San José del Golfo era parte del Distrito N.°1 (Guatemala) y específicamente del Circuito Norte-Guatemala.

San José del Golfo fue creado como municipio el 17 de marzo de 1882 durante el gobierno liberal del general J. Rufino Barrios, como parte del departamento de Baja Verapaz. Posteriormente, el decreto 683 del 13 de abril de 1908 del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera creó el Departamento de El Progreso para administrar de mejor forma la región por donde pasaba el recién construido Ferrocarril del Norte.  El nuevo departamento incluyó a los municipios de Cabañas, Acasaguastlán, Morazán, Sanarate, San Antonio La Paz, San José del Golfo, Guastatoya, y Sansaria.

Tras el derrocamiento del licenciado Estrada Cabrera en abril de 1920, el departamento se suprimió por el decreto gubernativo No. 756 del 9 de junio de 1920 del gobierno de Carlos Herrera y Luna, por no llenar las aspiraciones que el gobierno tuvo en mira para su creación.

El gobierno del general Jorge Ubico emitió el decreto legislativo de 1965 del 3 de abril de 1934 por medio del cual se creó de nuevo el Departamento de El Progreso, pero San José del Golfo permaneció en el Departamento de Guatemala.

El municipio de San José del Golfo sufrió considerables daños durante el terremoto del 4 de febrero de 1976, quedando destruido casi en su totalidad.

En los últimos años, el muncipio ha cobrado relevacia por el conflicto entre sus pobladores y el proyecto minero de “La Puya”.


BIBLIOGRAFIA