17 de marzo de 1920: Estrada Cabrera libera a los presos políticos

Tras recibir informes de que el gobierno de los Estados Unidos lo apoyaría nuevamente, el licenciado Manuel Estrada Cabrera libera a todos los presos políticos

17marzo1920
Masiva protesta con el licenciado Manuel Estrada Cabrera que se realizó el 11 de marzo de 1920 pasando por la Penitenciaría Central, y que el presidente no pudo reprimir porque ya había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. En el recuadro: el presidente Estrada Cabrera en los últimos años de su gobierno. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 13 de marzo de 1920, dos días después de la multitudinaria manifestación en su contra, el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien sabía que había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, se sentó en la mesa de negociaciones con los representantes del Partido Unionista teniendo como mediador al cuerpo diplomático.1

Por iniciativa del embajador inglés las reuniones se llevaron a cabo en la Legación estadounidense, empezando a las 2:30 de la tarde.  Las reuniones eran presididas por el decano del cuerpo diplomático, que en ese momento era el embajador de España.  A partir de ese momento, y sin importar que había dos representantes de la rama obrera del Partido Unionista —siendo uno de ellos el líder obrero Silverio Ortiz—, las discuciones se hicieron en inglés.  Los puntos que se discutieron aquel día fueron:

  1. Que el gobierno se comprometa a que todas las autoridades cumplan la ley a cabalidad.
  2. Que se ordenara la libertad de los reos y detenidos políticos
  3. Que se ordenara la restitución a sus hogares de los reos políticos que estaban confinados en otros puntos.2

Sin embargo, como los delegados de Estrada Cabrera no tenían facultad para autorizar los puntos segundo y tercero por lo que se decidió cerrar la sesión y esperar la respuesta del presidente.2

Pero hubo una nueva reunión el 15 de marzo en la que se discutieron dos nuevos puntos, sin que se llegara a conclusión alguna con respecto a los presos políticos.  Fue aquí que, cansados de no entender las largas discusiones en inglés y de que no hubiera resultado en cuando a la libertad de los presos, los representantes obreros del Partido Unionista decidieron ya no asistir a más reuniones con los representantes de Estrada Cabrera.3

Cuando se abrió la sesión del 16 de marzo, los miembros del Cuerpo diplomático no quiseron realizar la reunión porque «falta la representación obrera que, constituye la veradera representación del pueblo«.  Entonces se acordó que una delegación compuesta por el embajador francés, el embajador inglés y el secretario de la legación estadounidense se reuniera con Estrada Cabrera para indicarle que el pueblo se negaba a negociar con sus delegados en tanto no se comprometiera a liberar a los presos políticos.4

Por otra parte, ese mismo día el presidente guatemalteco había manifestado al jefe de la Legación estadounidense que «veía la situación de Guatemala sumamente seria y que ponía la suerte de su país en manos del gobierno de los Estados Unidos». Al saber esto, el 17 de marzo el Departamento de Estado envió instrucciones al jefe de la Legación, Benton McMillin, para que hiciera saber a Estrada Cabrera que el gobierno de los Estados Unidos declararía públicamente que tenía plena confianza en las promesas del presidente guatemalteco y que veía con horror cualquier intento de derrocarlo, siempre y cuando Estrada Cabrera hiciera una proclama pública reconociendo los derechos garantizados por la Constitución y comprometiéndose a no reprimir al Partido Unionista ni a ningun otro partido opositor.4

Estrada Cabrera no hizo la proclama, pero sí liberó a los presos políticos ese mismo día satisfecho de que habría recuperado el apoyo del gobierno norteamericano.  Los presos unionistas fueron recibidos con ovaciones en la casa del Partido, y algunos hasta fueron llevados en hombros desde una cuadra de distancia.  Además, ese mismo día se unieron al Partido Unionista los empleados de correos, los telegrafistas y los empleados de aduanas, y por la noche, hubo manifestaciones de júbilo en la reunión  de la Liga Obrera, a la que asistieron cuatro mil personas.5

Por supuesto, los Unionistas no estaban al tanto de las negociaciones que tuvo Estrada Cabrera con el jefe de la Legación estadounidense, y creyeron que había sido la comisión de diplomáticos y sus reuniones con los representantes de Estrada Cabrera lo que habían logrado la liberación de los presos políticos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles! Guatemala: Tipografía Nacional. p. 451.
  2. Ibid., p. 452.
  3. Ibid., p. 454.
  4. Ibid., p. 455.
  5. Ibid., p. 457.

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17 de marzo de 1838: Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos

El distrito de Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos tras expulsar a las autoridades de Guatemala.

17marzo1838
El poblado de Mazatenango en 1875.  Junto con Cuyotenango y Retalhuleu, Mazatenango fue una de las tres poblaciones principales del distrito de Suchitepéquez que se unió al Estado de Los Altos en 1838.  Fotografía de Eadweard Muybdrige.

Contrario a la opinión generalizada, el Estado de los Altos no solamente estuvo formado por la ciudad de Quetzaltenango, sino que con todos los departamentos del occidente (es decir, con casi la mitad del Estado de Guatemala) cuando se separó del mismo en 1838. Allí se aglutinaron todos los criollos liberales que no estaban de acuerdo con el gobierno conservador que se estableció en Guatemala tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez en febrero de ese año.  Aquella región tenía dos grandes ventajas para los liberales:  la frontera comercial con México y la posibilidad de construir puertos de salida al Pacífico en Champerico y en Ocós.

El 17 de marzo de 1838, el funcionario del estado de Guatemala en el distrito de Suchitpéquez, Felipe Pedrosa, envió al gobierno la siguiente carta explicando los hechos que rodearon la sedición de aquel distrito:

Como en enero próximo pasado se circuló órden de ese ministerio a los jueces de distrito, para que sin mando del Gobierno no saliesen del que les correspondiese, aún concluídos los términos de audiencias, y que fué comunicada al que suscribe como juez del distrito de Suchitepéquez; creo de mi deber informar al Supremo Gobierno por conducto del ministerio de su cargo, del motivo que ocasionó mi egreso de aquel sin mando acuerdo, y fue un desorden criminal, introducido a los pueblos pacíficos del mismo distrito, sin que los miembros de una autoridad legítima, celosa del orden y del cumplimiento dela ley pudieran evitarlo; igualmente cual fuese mi  conducta como funcionario judicial.

Abiertas las audiencias de la corte del 11°. distrito del 1 de enero último en el circuito de Cuyotenango, en principios del siguiente febrero aún se ocupaba aquella en el despacho de muchos asuntos criminales y civiles que para dicho término se le presentaban.  En tales circunstancias y al anunciarse la venida de dos comisionados de la Ciudad de Quetzaltenango venían con el objeto indebido de excitar a las municipalidad y vecindario del distrito para separarse del supremo Gobierno general del Estado y unirse a Quetzaltenango, proclamado independiente con afán de constituir un nuevo Estado, el fiscal público se marchó al pueblo de su vecindario, pretextando enfermedad y yo llamé al magistrado ejecutor residente en Mazatenango para que viniese a ejercer las funciones de agente del ministerio y se excusó con las mismas insuficientes razones, que lo hizo para no ocurrir a las mismas diligencias, en concepto de ejecutor.  A uno y otro le presenté en diversas cartas oficiales, la urgencia de los asuntos pendientes, y las circunstancias de desorden que amenazaban la paz del distrito; pero nada pudo hacerlos venir al cumplimiento de sus debereres: esto consta de las comunicaciones que en copia adjunto en los número 1.° a 5.

En este estado dos inviduos que los fueron los ciudadanos Manuel Arellano y José Antonio Paniagua, titulándose comisionados del Gobierno de Quetzaltenango,  me hablaron personalmente sobre el objeto de su misión que no era otro que el excitar a los PP.MM. sobre la segregación del Gobierno general del Estado.  Di orden a aquellos para que no diesen un paso en su tal comisión, y la repetí por escrito en los términos que expresa la copia número 8, y a consecuencia de su causa criminal que inicié contra los referidos, pedí auxilio al magistrado ejecutor para proceder a su captura, quien me lo negó como se vé en los números 6 y 7.  Cometí la orden de prisión al mismo ejecutor por hallarse éste y aquellos en Mazatenango, pero no fue cumplida ni retornada por dicho funcionario.

Circulé, dirigida a los gobernadores, la comunicación adjunta en la copia con el número 9.  Obtuve varias contestaciones de enterado, y del de Mazatenango, en donde ya se había verificado el pronunciamiento a virtud de intriga de los mismos y de la cooperación decidida del mismo magistrado ejecutor, ciudadano  Mariano Rodríguez y el juez del circuito, subdiácono, José María Figueroa, recibí el oficio número 10 que contiene el acta acordada.  Más como los término de este pronunciamiento no fuesen a la satisfacción de los agentes de Quetzaltenango y las provincias que había yo tomado con el buen sentido de la generalidad en aquellos pueblos, atentos aun a la voz de la justicia y de la razón, fueran un obstáculo para que la empresa de aquellos tuviera el mejor éxito, vino de aquella ciudad una fuerza armada y por comisionados el mismo señor Antonio Paniagua y el presbítero regular José María Chacón, y al influjo de esta fuerza, de la intriga y de hechos violentos, fueron debidos los pronunciamientos verificados en Retalhuleu y Cuyotenango, en cuyo lugar llegó al punto la exaltación de varios intrigantes y zánganos más desmoralizados, puso en peligro hasta mi existencia, amenazada por manos asesinas, y me hizo salir rápidamente a otro punto del distrito.

Como el último de los comisionados referidos contaba con la fuerza armada y sostenido por la desmoralización de otros perversos, continuáse ejecutando con mayores excesos, removiendo autoridades legítimas, rompiendo el sistema judicial establecido y dirigiendo sus miras a un completo desorden que la autoridad central no pudo contener por su aislamiento y falta de auxilio y de recursos, yo me vi violentada por estas circunstancias a salir del distrito después de ver el desorden y de oir el grito de segregación de la autoridad legítima y general del Estado en los tres pueblos principales del mismo distrito.

Si la cooperación de los funcionarios de quienes hice mérito, no hubiese sido tan manifiesta y declarada sobre el particular, faltando así criminalmente a sus deberes, si el ejecutor hubiese cumplido con las órdenes repetidas del Ejecutivo sobre formación de la milicia cívica, si él no hubiera remitido a la comandancia de Quetzaltenango las armas que tenía el distrito para cuya reunión dió sus órdenes a los gobernadores y anduvo personalmente los pueblos donde estaban para despojarlos de ellas, sino hubiese trabajado infinito en preparar la opinión a favor de la segregación, en convocar personalmente las municipalidad y desconociendo en sus hechos a la corte, cuyos hechos son notorios; el distrito de Suchitepéquez no se había manchado con el crimen de la sedición, perdiendo sus derechos políticos, su seguridad y garantías; y el Estado una parte que legítimamente le corresponde.

Las providencias indicadas y otras del mismo tenor, fueron las únicas que en el mayor aislamiento y falta de auxilio y de recursos pude tomar, y aquel el motivo de mi vuelta del distrito de Suchitepéquez.

Con el objeto de esclarecer mi conducta, hago de Ud., C.M., esta manifestación, para que se digne ponerlo en noticia del supremo Gobierno, a quien protesto mis respetos y a Ud. mi singular consideración.

Guatemala, marzo 17 de 1838

        • Felipe Pedrosa

Llama aquí la atención que entre los agentes sediciosos que menciona Pedrosa en su carta menciona al sacerdote regular José María Chacón.  Debe recordarse que en esa época, los miembros del clero regular todavía no habían retornado del exilio que les impuso Francisco Morazán en 1829, por lo que es suponerse que Chacón había sido fraile pero renunció a los hábitos para poder seguir en Guatemala.

Lejos estaba Pedrosa de imaginar que aquella sedición iba a terminar de forma sangrienta justamente dos años después de su informa al gobierno sobre los sucesos en Suchitepéquez; el 17 de marzo de 1840, el general Rafael Carrera derrotaba de forma definitiva al ejército invasor salvadoreño dirigido por Francisco Morazán y no solamente terminaba con el Estado de Los Altos, sino que con la Federación Centroamericana de los liberales y con la carrera del caudillo hondureño.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 17 de marzo de 1837: Suchitepéquez y Los Altos. Guatemla: Nuestro Diario.

17 de marzo de 1840: fuerzas de Morazán llegan a la Ciudad de Guatemala

Francisco Morazán, ex-presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

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Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870 en un cuadro de Augusto De Succa.  Por este camino ingresaron las tropas de Morazán el 18 de marzo de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras partir hacia Guatemala al mando de mil ochocientos soldados salvadoreños el 13 de marzo de 1840, el jefe de Estado de El Salvador, general Francisco Morazán, ingresó al territorio del Estado de Guatemala y llegó a la capital el 17 de marzo,  aplicando luego de aplicar la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde había pasado, tal y como se acostumbraba en esa época.1  De hecho, cuando la invasión ocurrió al revés en 1828, y las fuerzas guatemaltecas al mando del brigadier Arzú llegaron hasta San Salvador, habían hecho los mismo.  En esa oportunidad dijo Arzú:

“Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.”2

El gobierno de Guatemala tenía distruidos en toda la línea hasta la frontera con El Salvador un cordón de vigilantes que transmitían los mensajes corriendo por montes y cañadas.  Así, cuando se supo que Morazán y sus fuerzas habían llegado al Corral de Piedra el 16 de marzo, el terror se apoderó de los habitantes de la ciudad.3 Teniendo todavía presente los recuerdos de 1829, los ciudadanos gritaban: «¡Vuelven los pirujos, los herejes, los malditos de Dios, vienen a atentar conra nuestra sagrada religión, a arrasar nuestros conventos, a saquear nuestras iglesias, a violar a nuestras vírgenes, a asesinar a nuestros hombres!3

Y mientras las campanas doblaban, algunos vecinos improvisaron su propia defensa, y los aristócratas enterraban sus monedas en los patios de sus casas, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, encomendó al general Rafael Carrera que organizara la defensa de la ciudad, sabiendo que a Morazán lo acompañaban soldados experimentados y militares de la talla de los generales mercenarios franceses Isidoro Saget y Nicolás Raoul, ambos ex-soldados de las fuerzas de Napoleón en Europa.4 

He aquí el decreto de Rivera Paz:

Habiendo invadido alevosamente el Estado por las fuerzas del general Morazán, para proveer a su defensa, decreta:

Todo hombre desde la edad de 14 años a 50, se presentará en el término de seis horas a tomar las armas en la casa municipal.[…] Todo el que, pasado el término señalado en este decreto, no se presentare, será considerado como sospechoso y aprehendido como tal. 

Se declara la ciudad en estado de sitio.

El Comandante general queda encargado de la ejecución de este decreto.

Guatemala, 16 de marzo de 1840.

        • Mariano Rivera Paz5

Carrera le había dado licencia a sus tropas tras la campaña de Los Altos en enero, pero tuvo que enviar a varios agentes para reunir a los más cercanos, para que dejaran el azadón por un lado y se aprestaran a tomar las armas.6  Y mientras él se encarga de reunir a sus hombres, Rivera Paz lanzó la siguiente proclama:

Guatemaltecos, en la ceguedad y en el delirio de la desesperación, el enemigo antiguo de Guatemala, ha tenido la temeridad de invadir el Estado, y se dirige a la capital.  Ya sabéis, valientes guatemaltecos, todo lo que nos interesa defender: la santa religión, un gobierno de equidad y justicia, cual deseaban los pueblos y heroicamente acaban de establecer.  ¡A las armas, guatemaltecos! El esforzado general Carrera dirige las operaciones. Yo confío en su pericia y en el valor que os es común. El triunfo será cierto con el favor de Dios que visiblemente nos protege.

Guatemala, marzo 16 de 1840.

        • Mariano Rivera Paz6

Las tropas de Morazán llegaron con su fuerza arrolladora hasta las afueras de la ciudad, sintiendo que ya habían triunfado.  El historiador Federico Hernández de León dice al respecto: «Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.»2

Pero las fuerzas de Morazán no esperaban que, al contrario de lo que se acostumbraba en esa época — y de lo que hicieran los aristócratas que comandaban las fuerzas guatemaltecas en 1829—, Carrera decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Aceituno, dejándole la plaza en bandeja de plata a los invasores.  Alguien le recriminó diciéndole: «¿Pero Su Excelencia nos abandona en un trance tan cruel?», a lo que Carrera replicó terminantemente: «No tema nadie nada. Tengo un plan que no falla; ya volveré.  Yo sé cuales son mis deberes.»3,4

Antes de retirarse de la ciudad, Carrera exigió que le entregaran todos los caballos, fusiles y municiones que hubiera disponibles, y cuando los obtuvo organizó a sus hombres.  Dejó a Vicente Cruz a cargo de la defensa de la ciudad, ya que allí había suficientes municiones y una regular cantidad de soldados.  Carrera, con quinientos hombres se retió al Aceituno —en donde muchos años más tarde se establecería la zona militar «Mariscal Zavala«— y esperó.  Su plan era simple:  no dejarse sitiar y contar con fuerzas frescas para poder pelear sobre los sitiadores, o defenderse y escapar a la montaña donde era prácticamente invencible si era repelido.5

Las fuerzas de Vicente Cruz, que no llegaban a ochocientos hombres, pusieron vigías en los campanarios de la Catedral, de Santo Domingo, de La Merced y de San Francisco esperando la llegada de Morazán y sus tropas.  El 17 de marzo se supo que éstos estaban en Fraijanes y a las cuatro de la tarde ya estaban en la cuesta de Pinula.3

El ejército invasor entró a la ciudad el 18 de marzo por el Guarda de Buena Vista —conocido también como Santa Cecilia—, que era el único acceso en ese entonces, y se apoderó del Hospital San Juan de Dios, en donde instaló una cocina con las cien vivanderas salvadoreñas que traía, y dispuso su cuartel con municiones y tropa.  Mientras tanto los salvadoreños Rivas y Malespín tomaron la ciudad, junto con los hermanos guatemaltecos Rivera Cabezas, que tomaron la parte occidental de la ciudad y llegaron a tomar el Palacio Colonial, desde donde atacaron a las fuerzas de Vicente Cruz, las cuales se replegaron al atrio de la Catedral, donde resistieron como pudieron las tres horas que duró el combate.7

Aquell certero ataque dió sus frutos y Morazán se vió dueño de la plaza ese mismo día. En el Palacio encontró suficientes municiones, pólvora y varios novillos gordos con los que podría alimentar a su tropa. Rivera Paz y las tropas de Cruz, por su parte, tuvieron que salir huyendo hacia el Aceituno, en donde se pusieron a la orden de Carrera.7

Algunos criollos liberales, entre ellos Dolores Bedoya de Molina, enviaron correos expresos a Quetzaltenango comunicando a los criollos altenses que Carrera había sido derrotado, y que los criollos «serviles» habían caído.  Al saber la noticia, los quetzaltecos hicieron repicar las campanas y la Municipalidad se reunió de inmediato para anunciar públicamente la noticia y para atacar al destacamento del Corregidor guatemalteco, que fue fácilmente vencido.   Luego, declararon nuevamente la independencia del Estado de Los Altos.8

Así pues, todo estaba listo para que el destino de Guatemala, El Salvador y Los Altos se decidiera en la batalla definitiva el 19 de marzo de 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 412.
  2. — (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 439-442.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1965) El general Rafael Carrera ante la Historia. En: Publicaciones del Servicio de Relaciones Públicas, Cultura y Acción Cívica del Ejército.  I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 20.
  5. Marroquín Rojas, Clemente (1965). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta Marroquín, Hnos. p. 195.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Ibid., p. 200.

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17 de marzo de 1882: San José del Golfo es elevado a municipio

El gobierno del general presidente J. Rufino Barrios eleva a San José del Golfo a la categoría de municipio.

Telegrama de la década de 1900, mostrando los retratos de los tres presidentes que trabajaron en la construcción del Ferrocarril del Norte. San José del Golfo cobró mucha relevancia con la construcción de esta línea férrea. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante la colonia española, el único puerto en la costa del Atlántico en la región era el Puerto de Omoa, en la actual Honduras. Para llegar a la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, se utilizaban naves pequeñas en el río Motagua, que llevaban los productos que dicha ciudad necesitaba o exportaba. Los productos eran transportados hacia o desde el pueblo de Tocoy Tzima (hoy Morazán) en el actual departamento de El Progreso en donde partían en yuntas que pasaban por San José del Golfo.1

Al decretarse la primera Constitución Política del Estado de Guatemala el 11 de octubre de 1825, este se dividió el territorio en once distritos y varios circuitos y menciona que San José del Golfo era parte del Distrito N.°1 (Guatemala) y específicamente del Circuito Norte-Guatemala.2

El municipio de San José del Golfo fue creado el 17 de marzo de 1882 durante el gobierno liberal del general J. Rufino Barrios, como parte del departamento de Baja Verapaz luego de eliminar el municipio de Santo Domingo Los Ocotes y segregar la aldea Pontezuelas del municipio de San Pedro Ayampuc. He aquí el decreto en mención:3

Palacio Nacional: Guatemala. 17 de marzo de 1882.

Examinadas las diligencias relativas a la solicitud que han formulado los vecinos de las aldeas pertenecientes al Municipio de Santo Domingo los Ocotes, para que se suprima éste y se erija en San José del Golfo, anexándose á el la aldea de Pontezuelas, á cuya petición se han adherido los habitantes de dicho lugar y la Municipalidad del distrito de San Pedro Ayampuc del cual forma parte; y considerando que en el pueblo de Santo Domingo no concurren las circunstancias necesarias para que continúe con el carácter de Municipio independiente; que el de San José del Golfo, a su situación respecto de las aldeas vecinas, reúne condiciones ventajosas para ser erigido en Distrito Municipal; que a los intereses de los habitantes de Pontezuelas es más conveniente segregarse de San Pedro Ayampuc y anexarse a San José por su proximidad a éste, el Presidente de la República, con vista del informe que ha emitido el Jefe político del departamento, de conformidad con lo pedido por el Ministerio Fiscal, y en uso de la facultad que dá al Gobierno el artículo 5°. del Decreto de 30 de Setiembre de 1879, acuerda:

    1. Suprimir el Municipio de Santo Domingo los Ocotes;
    2. Crear el Distrito Municipal de San José del Golfo, el que deberá comprender las aldeas de que aquel se compone; y
    3. Segregar la aldea de Pontezuclas de San redro Ayampuc y quede anexa al nuevo Municipio.

Comuniqúese.

        • Barrios
        • Díaz Mérida3

Por medio del decreto 683 del 13 de abril de 1908, el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera creó el Departamento de El Progreso para administrar de mejor forma la región por donde pasaba el recién construido Ferrocarril del Norte. El nuevo departamento incluyó a los municipios de Cabañas, Acasaguastlán, Morazán, Sanarate, San Antonio La Paz, San José del Golfo, Guastatoya, y Sansaria. El decreto dice así:4

Decreto Número 683

Manuel Estrada Cabrera, Presidente Constitucional de la República de Guatemala,

Considerando: que la actividad comercial suscitada en los puntos por donde la vía férrea interoceánica pasa, requiere la más próxima vigilancia de las Autoridades no sólo para conservar el orden sino para encausar las diversas corrientes del adelanto á un fin común, siendo uno de los medios para conseguirlo el de la creación de nuevos departamentos;

Considerando: que la proporción de la República en donde por ahora conviene aplicar esa medida es la que se halla comprendiendo las siguientes extensiones: parte Sudoeste del departamento de Zacapa, Noroeste del de Chiquimula, Sudeste del de la Baja Verapaz, Nordeste del de Guatemala y la mitad Norte del de Jalapa,

Por tanto, decreta:

Artículo 1°.— Créase con el nombre de «El Progreso» un nuevo departamento que comprenderá los siguientes Municipios: Cabañas, Acasaguastlán, Morazán, Sanarate, San Antonio la Paz, San José del Golfo, Guastatoya, Sansaria y las aldeas que están al Noroeste de Chiquimula formando la mitad de dicho Municipio: la Cabecera del nuevo departamento será Guastatoya que cambiará el nombre por el de «El Progreso.»
Artículo 2°.— La inauguración de esta entidad político-administrativa se verificará el día 29 del mes en curso.
Artículo 3°.— Del presente Decreto se dará cuenta a la Asamblea Legislativa en sus actuales sesiones.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo: en Guatemala, á trece de abril de mil novecientos ocho.

      • Manuel Estrada C.
      • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, J. M. Reina Andrade4

Tras el derrocamiento del licenciado Estrada Cabrera en abril de 1920, el departamento se suprimió por el decreto gubernativo No. 756 del 9 de junio de 1920 del gobierno de Carlos Herrera y Luna, por no llenar las aspiraciones que el gobierno tuvo en mira para su creación y San José del Golfo pasó al departamento de Guatemala.5 Luego, el gobierno del general Jorge Ubico emitió el decreto legislativo 1965 del 3 de abril de 1934 por medio del cual se creó de nuevo el Departamento de El Progreso, pero San José del Golfo permaneció en el Departamento de Guatemala.1

Aunque el municipio de San José del Golfo sufrió considerables daños durante el terremoto del 4 de febrero de 1976, quedando destruido casi en su totalidad en ese momento, fue totalmente reconstruido y en los últimos años ha cobrado relevancia por el conflicto entre sus pobladores y el proyecto minero de «La Puya«.6


BIBLIOGRAFIA

  1. Escalante Herrera, Marco Antonio (2007). «San José del Golfo». Pbase.com. Guatemala. Archivado desde el original el 20 de abril de 2013.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Supremo Gbierno de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 211.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1910). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1908-1909. XXVII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. 28.
  5. Pan American Union (1920). Bulletin of the Pan American Union (en inglés) 51. Washington, D.C.: The Union.
  6. Mercantante, Rob (11 de marzo de 2014). «The peaceful anti-mining resistance at «La Puya» celebrates two years of struggle». Upside down world (en inglés). Archivado desde el original el 16 de enero de 2015.

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