27 de septiembre de 1793: muere en el destierro en Bolonia, Italia, el sacerdote jesuita y poeta guatemalteco Rafael Landívar

27septiembre1793
Tarjeta de graduación de Rafael Landívar del colegio San Borja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para las nuevas generaciones guatemaltecas el nombre de Rafael Landívar está identificado con una universidad privada dirigida por los sacerdotes jesuitas, o con una colonia en la zona 7 de la ciudad de Guatemala.

Pero, ¿quién fue Rafael Landívar y por qué los jesuitas llamaron así a su universidad fundada en 1961?

Landívar nació en Guatemala el 27 de octubre de 1731, en una casa en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala que estaba frente a la iglesia y convento de la Compañía de Jesús de esa ciudad.  Era de una familia acaudalada, pues era descendiente del conquistador español Bernal Díaz del Castillo, lo que le permitió iniciar su educación a los once años en el Colegio Mayor Universitario de San Borja, que al mismo tiempo era seminario jesuita. En aquellos años, el pertenecer a una orden religiosa como la de los franciscanos, dominicos o mercedarios era un gran privilegio, pero no tan alto como el ser miembro Compañía de Jesús, ya que por ese entonces la Compañía tenia mucha influencia sobre la Inquisición y la misma corona, ya que el confesor del rey de España era un sacerdote jesuita.

En 1744, Landívar se inscribió en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, de donde obtuvo su grado de bachiller en filosofía en 1746 y el de licenciado en filosofía y maestro en 1747. Posteriormente, en 1749 se trasladó a México para ingresar formalmente a la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote en 1755, regresando a Guatemala como rector del colegio San Borja.

Para entonces, la relaciones entre los jesuitas y la corona española empezaron a resquebrajarse. La difusión del jansenismo (doctrina y movimiento de una fuerte carga antijesuítica) y de la Ilustración a lo largo del siglo XVIII dejó desfasados los métodos educativos de los jesuitas, así como su concepto de la autoridad y del Estado. La monarquía era cada vez más laicizada absolutista y empezó a considerar a los jesuitas no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos. En 1759 subió al trono el rey Carlos III en 1759 quien, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a los jesuitas, debido al ambiente antijesuítico que predominaba en la corte Nápoles de donde provenía. Su primer acto oficial en contra la Compañía de Jesús fue el nombramiento de un fraile no jesuita como su confesor.

En 1767, la relación llegó al punto del rompimiento final.  Por medio de la pragmática sanción de ese año, todos los sacerdotes jesuitas fueron expulsados del Imperio Español.  En Guatemala, tuvieron que embarcarse y buscar asilo, hasta que finalmente lo encontraron en Bolonia, Italia.  Allí fue a pasar sus últimos años el padre Landívar, y fue allí en donde publicó su obra cumbre, “Rusticatio Mexicana” la cual fue redescubierta en la década de 1890 por los trabajos de Ramón Salazar, el canciller del presidente José María Reina Barrios, quien consiguió que el cónsul de Guatemala en Italia obtuviera dos copias para la Exposición Centroamericana de 1897.

Todas las posesiones de los jesuitas pasaron a las otras órdenes religiosas, incluyendo sus rentables haciendas y conventos.  Aunque regresaron durante el gobierno de Mariano Rivera Paz en 1843 no pudieron recuperar todo su antiguo esplendor y fueron expulsados nuevamente por el presidente J. Rufino Barrios en 1872.  No fue sino hasta que la constitución de 1956 permitió a las órdenes religiosas retornar oficialmente a Guatemala y a tener posesiones que los jesuitas regresaron y por eso, es que sus instituciones educativas datan de finales de la década de 1950 y principios de los sesenta.


BIBLIOGRAFIA:

 


 

 

20 de junio de 1793: la Corona Española aprueba la creación del Protomedicato en la Capitanía General de Guatemala

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El Dotor José Felipe Flores, Protomédico de Guatemala. Grabado publicado en Historia de la Medicina en Guatemala, de Carlos Martínez Duran.

La Corte Española se preocupaba de la práctica de la Medicina en sus colonias y establecía Protomedicatos que rigieran la enseñanza de las ciencias médicas, para evitar así que los curanderos y charlatanes hicieran de las suyas con la salud de sus súbditos.  De esta cuenta, el 20 de junio de 1793, se emitió la Real Cédula que ordenaba la creación del Protomedicato de la Capitanía General de Guatemala.

En ese tiempo era Capitán General Bernardo Troncoso Martínez, quien en noviembre de 1792 había enviado una misiva al Rey indicándole que era urgente la creación de un Protomedicato que formara buenos profesores bajo términos detallados en las leyes.  Troncoso reconocía que la infraestructura de la recién fundada ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción dejaba mucho que desear y que no se podía establecer una institución formar siguiendo las Reales Disposiciones emitidas para el efecto.  Así pues, solicitaba a Su Majestad que se nombrara al doctor José Felipe Flores, entonces Catedrático de Prima de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos para que se ocupara temporalmente del cargo de Protomédico.

El Rey contestó textualmente:  “Por la presente mi Real Cédula creo y exijo en la Ciudad y Reino de Guatemala, para que desde ahora en adelante, el Tribunal de Protomedicato, bajo de las reglas que quedan expresadas y de lo dispuesto por las leyes que se citan; nombro al doctor don José Flores por primer Protomédico; y en su consecuencia ordeno y mando al Gobernador y Capitán General del mismo Reino, a mi Real Audiencia de él al Consejo de justicio y Regimiento de su Capital, al Rector y Claustro de la Universidad, y a las demás personas de cualquier estado, calidad y condición que sean , a quienes en toda parte toquen o tocar pueda lo determinado en este particular, lo obdezcan, guarden, cumplen y ejecuten y hagan guardar, cumplir y ejecutar sin impedir ni permitir se impida el referido establecimiento de Protomedicato; por ser así mi voluntad, y que de esta cédula se tome razón en la Contaduría General del enunciado mi Consejo“.


BIBLIOGRAFIA: