18 de abril de 1902: terremoto de San Perfecto

Fuerte terremoto provocado por el volcán Santa María destruye la ciudad de Quetzaltenango.

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Ruinas de la ciudad de Quetzaltenango tras el terremoto de 1902.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El año de 1902, hacia el final del primer período presidencial del licenciado Manuel Estrada Cabrera, fue devastador para la región occidental de Guatemala.  Primero fue el terremoto de San Perfecto el 18 de abril, y luego la devastadora erupción del Volcán Santa María el 24 de octubre.  El sismo tuvo una magnitud estimada de Mw 7,5 y se produjo a las 20:53:50 en el departamento de Quetzaltenango.1​ El terremoto tuvo una duración de casi dos minutos y fue precedido de varios sismos premonitores y seguido de muchas réplicas, siendo los departamentos de Quetzaltenango y Sololá los más afectados. Entre ochocientas y novecientas personas fallecieron por el terremoto y hubo daños materiales importantes en la extensa zona afectada. Todas las iglesias en el oeste de Guatemala y el este de Chiapas sufrieron daños severos o fueron destruidas.23

El escritor Federico Gamboa, quie era el embajador del gobierno mexicano del general Porfirio Díaz en Guatemala de 1899 a 1902, se encontraba en la Ciudad de Guatemala al momento del terremoto y lo relata detalladamente en su obra Mi Diario.4

“18 de abril [de 1902].- Noche horrenda, un verdadero cataclismo del que por milagro escapamos. A eso de las 5 de la tarde, que leía yo en una mecedora, en la terraza, alcé casualmente los ojos al cielo, todo él plomizo, cual si se avecinara alguna tormenta de las que por aquí abundan cuando como en este año la temporada de lluvias se adelanta. Anocheció a poco, y despejóse el firmamento.4​ Minutos después de las 7, inopinadamente, debió de caer muy cerca de casa una formidable descarga eléctrica, cuyo estruendo nos ensordeció y cuya luz vivísima y cárdena nos dejó medio ciegos. Y de las nubes, se dejó venir un diluvio que mal año para el del abuelo Noé…»5​ De súbito, comenzó un terremoto espantoso, que sacudía la casa y la ciudad entera, con reconcentrada extrahumana fuerza devastadora; algo horrible y nunca antes sentido… Mi mujer cae de hinojos; la perra Diana aulla fatídicamente… Al pronto, quédome inmóvil con mi hijo entre mis brazos, sus grandes ojos de criatura inteligente, mirándome despavorido… Sin dismuinuir en su intensidad espantable, el terremoto continúa… Al cabo de siniestros parpadeos, la luz eléctrica se apaga; estamos en piso alto, en tinieblas, sin esperanza de salvación… Repican las arañas de cristal, crujen muebles, puertas y techos… Continúa el terremoto.”5

Siempre con mi hijo en los brazos, trabajosamente me levanto de la silla, vacilo como un beodo o atacado de vértigo; a tientas y con no menores trabajos, abro la puerta, y en sus umbrales coloco a mi mujer arrodillada; Diana, sin dejar de aullar, me planta sus manos en mis espadas, que yo hinco en la jamba… El terremoto continúa sacudiéndonos en la tiniebla. Reza mi mujer en voz alta y trémula, entreverada de sollozos; mi hijito, cual si a mí me fuese dable atajar el fenómeno, susúrrame de vez en cuando muy quedó en su infantil media lengua que tiene miedo. Rezo a mi vez; pero en vista de que el temblor no cesa, pienso en que las resistencias tienen su límite, y en que, si dios no nos salva, estamos perdidos, irremisiblemente perdidos… Entonces, no por tranquilizar a mi mujer, sino por propia y honrada convicción, la exhorto a que se resigne.6

Al fin, el sismo se aplaca lentamente, y para… En los primeros instantes de respiro, mi mujer no me permite ni que vaya yo a encender una luz… Nuevo temblor rápido… La repetición me alarma, y resuelvo nuestro traslado al piso bajo, a oscuras todavía… En el resto de la noche, que nos pasamos en vela, siete sacudidas más.6​ Narración que me hace mi cuñado, del pánico que en cafés y calles originó el descomunal terremoto…6

El 21 de abril continuaban los sismos y los ciudadanos de la capital estaban sumamente nerviosos; ese día empezaban a llegar las noticias de los departamentos: Quetzaltenango estaba casi totalmente destruida y con aproximadamente novecientos fallecidos; Escuintla y Amatitlán quedaron medio arrasadas; todo el occidente quedó muy perjudicado y centenares de fincas de café y de caña quedaron por los suelos.​ El gobierno declaró calamidad nacional.7​ Para entonces se habían producido numerosas réplicas y rumores que provocaban el pánico de los guatemaltecos; uno de esos rumores aseguraba que el presidente Manuel Estrada Cabrera y el embajador mexicano Federico Gamboa eran los únicos que habían sido informados por el Observatorio de San Francisco de que un inminente cataclismo amenazaba a Guatemala.”7


BIBLIOGRAFIA:

  1. INSIVUMEH (s.f.). «Principales eventos sísmicos del siglo XX en Guatemala». Archivado desde el original el 1 de agosto de 2008.
  2. Rose, William Ingersol (s.f.). «Natural Hazards in El Salvador»Geological Society of America (en inglés). p. 394.
  3. Rockstroh, Edwin (1902). «1902 Earthquake in Guatemala»Nature (en inglés) 66: 150. doi:10.1038/066150a0. p. 150.
  4. Gamboa, Federico (1920). Gómez de la Puente, Eusebio (ed.), ed. Mi diario, primera serie III. México: Hispano Americana.
  5. Ibid, p. 148.
  6. Ibid, p. 149-150
  7. Ibid, p. 151

 

18 de abril de 1563: fallece el obispo Francisco Marroquín

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Detalle de una fachada barroca en la ciudad de Antigua Guatemala, la cual fue fundada por Francisco Marroquín y Francisco de la Cueva tras la destrucción de la antigua capital.  En el recuadro: sello postal conmemorando el cuarto centenario del fallecimiento del obispo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Francisco Marroquín fue el primer obispo de Guatemala y el primer obispo consagrado en las colonias americanas el 7 de abril de 1537 en la Ciudad de México.1

Marroquín era Maestro de Sagrada Teología y egresado de la Universidad de Osma y llegó a Guatemala traído por Pedro de Alvarado después de que ambos se conocieron en Valladolid, , en Castilla.  Una vez en Guatemala, Marroquín se hizo cargo de la parroquia local y luego fue nombrado vicario de Guatemala, Chiapas y Honduras, hasta que finalmente obtuvo la mitra gracias a la bula del 18 de diciembre de 1534 del papa Paulo III.1

El 11 de septiembre de 1541, la ciudad de Santiago de Guatemala fue destruida por un deslave que bajó del volcán, matando a la mayoría de sus habitantes entre ellos los jefes de gobierno.  Quedaron a cargo del gobierno interino el obispo Francisco Marroquín y el licenciado Francisco de la Cueva, quienes se encargaron de encontrar un nuevo lugar a donde trasladar la destruida ciudad.2

El 2 de marzo de 1542 el Virrey de Nueva España (México) nombró al licenciado Alonso de Maldonado como gobernador del Reino de Guatemala, a donde llegó el 17 de mayo y de inmediato empezó a trabajar en el trazo de la nueva capital, Santiago de los Caballeros, asentada ahora en el Valle de Panchoy.  Por esa época, el obispo Marroquín hacía frecuentes viajes dentro de su diócesis, a lomo de mula y enfrentando las más difíciles condiciones pues todavía no había caminos en Guatemala; durante uno de esos viajes, se enteró de que lo estaban difamando en la ciudad por acusar a los encomenderos de estar explotando a los indígenas de sus encomiendas, y por ello envió una enérgica protesta a los miembros del Cabildo, quienes eran los promotores de las infamias, diciéndoles “palabras feas y desvergonzadas se sicen contra mí; pero aunque yo sea ruin, soy vuestro pastos y vuestro padre y habéisme de tener mucho respeto, como lo shijos deben manifestarlo a los padres“.  No era la primera vez que Marroquín se veía envuelto en un escándalo, pues ya había tenía enfrentamientos con el obispo de Chiapas, Bartolomé de Las Casas por las encomiendas de indígenas que tenía Marroquín.3

El 9 de septiembre de 1542, el obispo Francisco Marroquín solicitó al ayuntamiento criollo que se hiciera una procesión cada 11 de septiembre para recordar la destrucción de la ciudad.  El ayuntamiento aceptó, y aquella primera procesión se hizo en las ruinas de la antigua capital, ya que no se había hecho el traslado oficial a la nueva ciudad por estar ésta todavía en el construcción.4

El 25 de julio de 1557, en su calidad de obispo, Marroquín asistió junto con el presidente, oidores, miembros del cabildo ecleasiástico, del ayuntamiento criollo y de los vecinos importantes, a la ceremonia de juramentación del monarca Felipe II, de acuerdo a lo estipulado en cédula de 16 de enero de 1556. 5 Luego, el 1 de noviembre de 1559, Marroquín instituyó la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, y el 9 de agosto de 1561 recibió la respuesta negativa del rey respecto al establecimiento de los padres de la Compañía de Jesús en la ciudad de Santiago.6

El 5 de abril de 1563, ya sintiéndose morir, Marroquín extendió su testamento ante el escribano Juan de Guevara.  En una de las cláusulas de dicho testamento indica que legaba las tierras en Jocotenango que había comprado a Catalina Hurtado y al licenciado Caballón además de dos mil pesos, para la dotación del colegio que había instituido por escritura el 9 de marzo de 1562.  En aquella fecha, Marroquín había presentado una escritura ante el escribano Alonso Rodríguez para un colegio para los hijos de españoles pobres, donde serían impartidas las cátedras de artes, filosofía, teología y gramática. (Nota de HoyHistoriaGT: aquel colegio fue llamado “Colegio de Santo Tomás” y no fue en ningún momento la intención de Marroquín la de funda una universidad en Guatemala.  Lo que ocurrió es que el colegio de Santo Tomás fue convertido en la Universidad cuando ésta por fin fue autorizada en 1676).  En otra de las cláusulas del testamento, Marroquín cedió las casas que había comprado a Miguel de Aguirre por dos mil pesos para la fundación de una casa o convento para doncellas pobres y huérfanas. (Nota de HoyHistoriaGT: al igual que lo ocurrido con la Universidad, la intención de Marroquín ha sido tergiversada con el paso de los siglos.  El obispo no dejó dinero para fundar un convento, sino para que la casa de doncellas pobres fuera convertida en el convento de la Inmaculada Concepción de María años más tarde).7

Al agravarse su enfermedad, Marroquín falleció en su fastuosa residencia en San Juan del Obispo el 18 de abril de 1563, y fue sepultado “frente a la lámpara del Santísimo” en la catedral de la ciudad de Santiago el 20 del mismo mes.7  Existe una leyenda sobre el hecho de que la entonces nueva imagen de Jesús Nazareno de Candelaria lloró al momento de la muerte del obispo dejando asombrados a lo que estaban presentas en la iglesia.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de abril de 1926) “El capítulo de las efemérides: 7 de abril de 1537, Consagración del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Ignacio Beteta. pp. 262-263.
  3. Hernández de León, Federico (27 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 27 de marzo de 1542, Una carta del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. p. 3.
  5. Ibid, p. 8.
  6. Ibid, p. 9.
  7. Ibid, p. 11.

18 de abril de 1885: tras el fracaso de la Unificación de Centroamérica emprendida por J. Rufino Barrios, se firma el tratado de paz con los estados vecinos gracias a la intervención del cuerpo diplomático

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Así lucía la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la época de la muerte de J. Rufino Barrios en 1885. Fotografía de Eadweard Muybridge.

Muerto el general presidente J. Rufino Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885, se desmoronaron todos los planes de conseguir una unificación centoramericana por la fuerza.  Le tocó al general Manuel Lisandro Barillas hacerse cargo de la situación y estabilizar no solamente la crisis interna en que se encontraba Guatemala, sino la crisis militar que había con los otros etados centoramericanos.

Fue gracias a la intervención del cuerpo diplomático que se alcanzó la paz en la región, tal como queda registrado en el acta de la Asamblea Legislativa de Guatemala que fue ratificada por el entonces presidente interino Barillas el 18 de abril de 1885:

DECRETO NUM.101.

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA de la República de Guatemala

Considerando: que por el órgano de la Secretaría de Relaciones Exteriores se ha comunicado á la Asamblea el Decreto que el Ejecutivo, en uso de las facultades de que está investido, emitió el 15 del actual, declarando que desde la fecha expresada la República de Guatemala vuelve al estado de paz con la del Salvador y sus aliadas Nicaragua y Costa-Rica:

Que á tan plausible acontecimiento ha contribuido efícazmente con su amistosa intervención el Honorable Cuerpo Diplomático, acreditado en Centio-América:

Que el citado decreto denota los verdaderos intereses de la Nación, asegurando una paz honrosa, á cuya sombra puedan continuar desarrollándose los múltiples elementos de la prosperidad pública;

DECRETA:

Artículo único. -Se aprueba el Decreto que el Ejecutivo, en uso de las facultades de que está investido, emitió el 15 del presente mes; y se consigna un voto de gracias al Excelentísimo Señor Don Enrique C. Hall, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos de América, al Excelentísimo Señor Don Werner von Bergen, Ministro Residente del Imperio Alemán, al Excelentísimo Señor Don J- P. Harris Gastrell, Ministro Residente de S. M. Británica, al Excelentísimo Señor Don Melchor Ordoñez, Ministro Residente de S. M. el Rey de España, al Honorable Señor Don J. F. A. Le Brun. Encargado de Negocios de la República Francesa y al Honorable Señor Don Angel Muttini. encargado de la Legación de Italia.

Pase, al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Salón de Sesiones, en Guatemala, á diez y ocho de Abril de mil ochocientos ochenta y cinco. 

  • José Salazar. Presidente
  • Manuel Cabral, Secretario
  • Palacio del Gobierno: Guatemala. 18 de Abril de 1885.

Cúmplase

  • M.L. Barillas

BIBLIOGRAFIA:


19 de abril de 1855: muere Manuel Francisco Pavón y Aycinena

Muere el líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena, uno de los principales ideólogos del gobierno del general Rafael Carrera.

Iglesia de La Merced, en donde fue sepultado Pavón y Aycinena.  La foto es de 1906. En el recuadro: retratro de Pavón y Aycinena. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes del régimen conservador más desprestigiado por los historiadores liberales que reescribieron la historia de Guatemala luego de la Revolución Liberal de 1871, fue Manuel Francisco Pavón, de quien  dice el historiador Federico Hernández de León: “ha sido pararrayos de las iras liberales y sobre su figura, cuando yo era muchacho, tejí una leyenda en la que aparecía don Manuel Francisco con todas las características del Tenebroso de mis antepasados los quiches”.1

La figura de Pavón empezó a destacar cuando su primo, Mariano de Aycinena se convirtió en el gobernador del Estado de Guatemala, luego del golpe de estado en contra del gobierno liberal de Juan Barrundia en 1826.2 Cuando Francisco Morazán y su ejército liberal invadió Guatemala en represalia por el golpe de Estado, Pavón ideó ofrecerla la dictadura del Estado a Morazán a fin de mantener la integridad de la Federación Centroamericana, algo que el invasor rechazó pues desconfiaba y aborrecía a los criollos conservadores guatemaltecos.  Dice Hernández de León al respecto:  “Morazán – hay que decirlo rotundamente – no tuvo una vision elevada y, desconfiado, rechazó la oferta. Aquella dictadura habría salvado la Federación, habría impuesto la paz y los destinos de la nacionalidad fueran muy otros”.3

Una vez triunfaron los guerrilleros católicos al mando del general campesino Rafael Carrera en 1838,4 Pavón trabajó incansablemente para que su familia recuperara el poder que había tenido antes de que Morazán les embargara todos sus bienes y los expulsara de Centroamérica en 1829.5 Y cuando los criollos pensaron que Carrera no podría resolver el caos que se vivía en Guatemala por las bandas de forajidos e invasiones liberales desde El Salvador, fue el propio Pavón el que le pidió la renuncia al general presidente.6

Cuando Carrera regresó al país definitivamente en 1848, Pavón fue su principal aliado.  Era un trabajador incansable: fue ministro de Estado, diplomático y diputado, entre otras cosas.  Redactó varias leyes, entre ellas la Ley de Pavón de educación pública y colaboró con el Ministro Plenipotenciario Británico, Frederick Chatsfield, entonces de gran influencia en el gobierno guatemalteco.5

Pero por este régimen de trabajo, Pavón enfermó de gastritis y luego de unas vacaciones en Costa Rica y las Antillas con Chatsfield, regresó a Guatemala con molestias estomacales de las que ya no se recuperó, pero aun así siguió trabajando.  Dice Hernández de León: “en cuanto tornó a la capital, volvió a las actividades. Hizo modificaciones en todos los ramos administrativos. Como se le diera el ministerio de relaciones exteriores, se hizo traspasar las dependencias de correos, caminos, colonizaciones y lo que hoy está a cargo de fomento y agricultura.  Luego se metió a dirigir la enseñanza y el cultivo de las artes.  Era muy mal escritor, pero tenía las iniciativas a montones.  Estableció legaciones, celebró un concordato y el hombre se multiplicaba atendiendo un inmenso radio de actividades.  El estómago, sin embargo, era un verdugo y le daba unos mordiscos que le hacían ver las estrellas“.5

En 1853 se enfermó gravemente, pero eso no le impidió trabajar decidídamente en las reformas a la constitución de 1851 para que ésta fuera alterada de froma que estuviera en armonía con el sistema de Presidente Vitalicio que se estableció cuando se proclamó a Carrera como tal en 1854.  Este fue su último gran proyecto, dejando completo el sistema político con las facultades y prerrogativas que correspondían al jefe de Estado vitalicio.7

Tras terminar el proyecto se tomó unas largas vacaciones en Escuintla para tratar de recuperar su salud, pero éstas fueron contraproducentes.  El 17 de marzo regresó a la ciudad de Guatemala, ya muy debilitado por la enfermedad. El Dr. Abella, su médico de cabecera, intentó salvarlo, pero sin éxito.  La nota fúnebre que se publicó en 1855 dice lo siguiente sobre sus últimos momentos: “El 15 de abril, como el mal se hiciese más y más intenso, el Sr. Pavón recibió el Sagrado Viático en la visita general de enfermos, administrándoselo el Cura Rector de la parroquia del Sagrario.  Desde entonces, varios de los padres jesuitas, y especialmente Luis Amoros, su confesor, no le abandonaron, proporcionándole los consuelos de la religión, al mismo tiempo que su esposa, hermanas y todas las demás personas de su familia y amigos íntimos, le prodigaban los cuidados más esmerados y afectuosos.  Con anticipación había hecho sus disposiciones testamentarias, nombrando por albaceas y ejecutores de su última voluntad, además de sus hermanos, a los señores Pedro de Aycinena, Ministro de Gobernación, Luis Batres, Consejero de Estado y licenciado Lázaro Galdames.  Tranquilo después de haberse preparado a la muerte y viéndola acercarse con la resignación del cristiano y la serenidad del filósofo, el día 18 se agravó el mal que padecía, y por la noche, después de haber caído en algunos parasismo, volvió en sí y pidió llamasen al Sr. Dean y Provisor del Arzobispado y al Sr. Canónigo Puertas, eclesiásticos a quienes tenía mucho afecto. Ausente de la ciudad el Sr. Barrutia, solo el Sr. Puertas pudo acudir al llamamiento hacia las dos de la madrugada del 19; y poco después a las cinco menos cuarto, rodeado de eclesiásticos y de las personas de su familia, Manuel F. Pavón entregó su alma al Señor, sin grandes padecimientos físicos y con mucha traquilidad de espíritu.  Contaba 57 años, dos meses diez y nueve días de edad“.7, Nota_a

Carrera y sus ministros no estaban en la ciudad, sino que se encontra en Chimaltenango, y desde allí emitieron un acuerdo por el cual estipulaban la forma en que se iban a realizar los funerales de Pavón en la bódeva de la Iglesia de la Merced, y ordenaba que los empleados públicos llevaran luto por tres días. La ceremonia luctuosa fue espléndida, con una misa fúnebre en la Catedral presidida por el arzobispo y con la presencia del cabildo criollo, el clero secular, los doctores de la Universidad, los ministros de Estado, el cuerpo diplomático, el Consejo de Estado, y muchos otros empleados del gobierno.  Posteriormente, el féretro fue transportado a la iglesia de La Merced, en hombros del Ministro de Gobernación, del Embajador de México (que era el decano del cuerpo diplomático en Guatemala), del Regente de la Corte de Justicia, del Consejo más antiguo, del Mayor general del Ejército y del Prior del Consulado de Comercio.8

Carrera se encontraba de gira por Los Altos, pero cuando regresó a la ciudad el 7 de mayo, emitió un decreto por el cual ordenaba que se colocara el retrato de Pavón en la sala de sesiones del Consejo de Estado y dispuso que a la viuda se le asignara una pensión vitalicia equivalente a la mitad del salario que devengaba el difunto Ministro.8


NOTAS:

a: nótese como, al contrario de lo que ocurría en los gobiernos liberales, la prensa oficial enaltecía a la Iglesia Católica durante el gobierno de Carrera. Además, nótese la influencia de los jesuitas en el gobierno guatemalteco de la época.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. II. Sánchez y de Guise. p. 111.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 113.
  4. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 114.
  6. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112-115.
  7. Gobierno de Guatemala  (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62). p. 21.
  8. Ibid., p. 22.