18 de julio de 1935: Ubico inaugura la Plazuela Barrios

Como parte de las celebraciones del centenario del general J. Rufino Barrios, el presidente Jorge Ubico inaugura la Plazuela Barrios en la Ciudad de Guatemala

18julio1935
En la imagen: la Plazuela Barrios en 1935, con el monumento al fallecido general J. Rufino Barrios que originalmente estaba en el Palacio de la Reforma en donde en el siglo XIX se encuentra el Obelisco a Los Próceres, y que fue derribado por los terremotos de 1917-18. En el recuadro: los líderes de la Reforma Liberal. Aparte de Barrios y García-Granados y Zavala, están en primera fila: los mariscales José Víctor Zavala y Serapio Cruz (ambos incondicionales del gobierno conservador del general Rafael Carrera). Imagenes tomadas de La Gaceta de 1935.

Los gobiernos liberales, a partir del régimen del general Manuel Lisandro Barillas se dedicaron a impulsar el mito heróico del general J. Rufino Barrios por encima de otras figuras históricas guatemaltecas, en especial las de los regímenes conservadores, particularmente la del capitán general Rafael Carrera, fundador de la Repúbica de Guatemala y presidente vitalicio de la misma de 1854 a 1865.1

Gracias al triunfo de la Revolución de 1871, dirigida por Miguel García Granados y J. Rufino Barrios, se logró retomar las reformas iniciadas por el gobierno liberal del Jefe de Estado Mariano Gálvez junto con la del presidente federal, el general Francisco Morazán, quien había invadido a Guatemala y expulsado a las autoridades conservadoras y principales miembros del clero secular y de las órdenes religiosas en 1829.2 Desafortunadamente para los criollos liberales, aquellas reformas habían terminado abruptamente luego de la nefasta implementación de los Códigos de Livingston, que impulsaban el matrimonio civil, el divorcio y los juicios de jurados.3,4 De aquellas modificaciones legales, únicamente sobrevió el Habeas Corpus tras la revolución campesino-católica de 1837-38, por ser lo único que se adaptaba a la realidad del campesinado guatemalteco en ese momento, y que se había alzado contra los «herejes liberales«.4,5

Barrios ha sido llamado «Reformador» y «héroe» por los historiadores liberales, encabezados por el Dr. Lorenzo Montúfar, debido a que Francisco Morazán no era de Guatemala, y que el Dr. Mariano Gálvez no solamente fue derrotado por las fuerzas de los campesinos encabezadas por Rafael Carrera, sino que sus métodos militares de tierra arrasada contra las posiciones de los alzados no fueron aprobados por muchos de sus correligionarios liberales en su época, provocando una fractura entre ellos en medio de la guerra civil.6 Además, Barrios murió en el campo de batalla, algo que han mitificado los liberales diciendo que «[…] el Caudillo de la Unión rindió tributo a la tierra en los campos de Chalchuapa, […] y todavía llega a nosotros el eco de aquella tragedia que, como los esquilianas, envuelve a los héroes en un temblor sagrado, por la grandeza de sus propósitos y porque, en sus páginas, los héroes desfilan envueltos en un halo de fatalidad. […] a estas horas, Barrios ya no sólo es héroe y caudillo del liberalismo, sino un símbolo nacional, una gloria de la Patria«.7

Los historiadores liberales han creado un mito alrededor de Barrios, dejando por un lado la tiranía que impulsó éste durante su gobierno, la cruel persecución contras sus enemigos8 el terrible tratado Herrera-Mariscal que resultó en una pérdida considerable de territorio guatemalteco cuando se finiquitaron los límites con México,9 el despojo de terrenos de los indígenas y de los religiosos para favorecer a su cúpula de allegados, la entrega de la Verapaz a inmigrantes alemanes,10 el uso de los indígenas como mano de obra gratuita y como miembros de la milicia,11 y el uso de los fondos nacionales como sus finanzas personales.12-15 Esta mitificación fue hecha a propósito, a fin de legitimar las transformaciones sociales, económicas y políticas impulsadas por las políticas liberales desde 1871, en especial el concepto de ciudadanía que más les convenía y que dejaba a los indígenas por un lado.1

El concepto de ciudadanía apareció por primera vez en la Constitución de 1879, escrita a la medida de Barrios, y consiste en un perfil de ciudadano alfabeto, consciente de sus derechos y obligaciones.16 De esta forma, iniclamente eran ciudadanos los varones mayores de 21 años que sabían leer y escribir o tenían renta, industria, oficio o profesión; luego, la reforma de 1887 impulsada por Manuel Lisandro Barillas tras su golpe de estado para modificar la constitución para que no le restringiera el uso del poder,17 amplió el concepto hacia los miembros del ejército y a los mayores de 18 años que poseían un grado o título literario.16 Barillas utilizaría esta nueva definición de ciudadanos para permitir que los soldados analfabetos votaran y elegir así a un sucesor que le conviniera, como ocurrió en la elección del general José María Reina Barrios en 1892.

Aprovechando el centenerario del nacimiento del héroe liberal que se celebraba en 1935, el general Jorge Ubico, quien era ahijado de Barrios e hijo de uno de sus cercanos colaboradores —el poderoso político y cafetalero, licenciado Arturo Ubico Urruela—,18 se legitimó ante la población como sucesor del héroe mediante celebraciones en honor al fallecido gobernante, con inauguraciones de monumentos como la Plazuela Barrios el 18 de julio de ese año, y de la Torre del Reformador,1 y afianzó su liderazgo como heredero del régimen liberal mediante la modificación a la constitución que se hizo en mayo de 1935 y que permitió, entre otras cosas, la reelección del gobernante.19


BIBLIOGRAFIA:

  1. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016). Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. García Laguardia, Jorge Mario (2011). La Reforma Liberal en Guatemala. Guatemala: TipografíaNacional. p. 26.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  7. Anzueto Vielman (14 de febrero de 1935). Datos biográficos del General Barrios. Guatemala: en La Gaceta, revista de Policía y Variedades III (27). p. 131-138.
  8. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales.
  9. Comisión Guatemalte de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 164-170.
  10. Caso Barrera, Laura (Diciembre 2014). Viajeros alemanes en Alta Verapaz en el siglo XIX. Su aportación al conocimiento de las lenguas y cultura mayas. Revista Brasileria de Lingüística Antropológica. 2. p. 414.
  11. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69-73.
  12. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 3 y siguientes.
  13. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 413.
  14. Wagner, Regina (2001). The History of Coffee in Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p.125.
  15. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  16. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  17. Caballeros, Adrián F. (1887). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1887 VI. Guatemala: Tipografía La Unión.
  18. Samayoa Chinchilla, Carlos (1950). El dictador yo. Guatemala: Imprenta Iberia.
  19. Valladares de Ruiz, Mayra (Agosto de 1995). Los gobiernos liberales y sus fuerzas políticas 1871-1944. En Estudios del IIHAA, 2 (95). Guatemala: Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas, Universidad de San Carlos. p. 106.

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18 de julio de 1949: asesinato del coronel Francisco Javier Arana

Asesinato del coronel Francisco Javier Arana en el Puente «La Gloria» en Amatitlán, punto de inflexión en los gobiernos revolucionarios

18julio1949
Vistas de Amatitlán a principios del siglo XX.  En la primera imagen se observa el Puente «La Gloria», que es donde asesinaron el coronel Arana en 1949.  Fotografía de Hamilton M. Weight.

La muerte del coronel Francisco Javier Arana, entonces Jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, fue el hecho que marcó un antes y un después en los gobiernos revolucionarios ya que a partir de ese momento se consolidó la candidatura presidencial del teniente coronel Jacobo Arbenz Guzman, entonces Ministro de la Defensa Nacional del gobierno del doctor Juan José Arévalo.

De acuerdo al historiador Piero Gleijeses, el viernes 15 de julio de 1949, el coronel Francisco Javier Arana, desoyendo a sus consejeros y amigos que le habían aconsejado dar un golpe de estado de una vez en lugar de estar jugando al gato y al ratón con el presidente Juan José Arévalo,  había presentado un ultimatum al gobernante: sustituir a todos los ministros por colaboradores de Arana antes del 18 de julio a las diez de la noche, lo que constituía en golpe de estado técnico.  Arana optó por este método porque no solamente estaba seguro de su triunfo, sino que no quería pasar a la historia como un golpista, sino presidente constitucional; su plan era que Arévalo capitulara a sus demandas y que Arbenz, quien contaba con la lealtad de oficiales pero no de tropas, dejara el cargo de Ministro de la Defensa, con lo que Arana se haría con el control absoluto del Ejército.  De esta forma, el congreso se acobardaría y Arana tendría al presidente Arévalo donde quería: sin poder oponerse a las ambiciones presidenciales del Jefe de las Fuerzas Armadas.1

Pero Arana no contaba con la sagacidad del presidente Arévalo.  Tan pronto como Arana salió de su despacho, el presidente llamó a Arbenz y a otros colaboradores imporantes y les dijo todo acerca del ultimatum que le había dado el Jefe de las Fuerzas Armas y todos estuvieron de acuerdo en que lo que procedía era enviar a Arana al exilio. Por ello, el 16 de julio, mientras Arana estaba en la propiedad de Barrios Pena, la Comisión Permanente del Congreso de Guatemala, que había sido convocada para analizar modificaciones a la ley del licores,  se reunió en una sesión secreta en la que sus miembros votaron por unanimidad que el Jefe de las Fuerzas Armadas fuera destituido.1

Ya estaba todo listo para enviar al exilio a Arana, aunque faltaba lo más importante: capturar a Arana desprevenido y evitar que sus correligionarios se alzaran en armas al enterarse de que había sido enviado al exilio.  La oportunidad la puso el mismo Arana en bandeja de plata, ya que cuando el plazo estaba por vencerse, el lunes 18 de julio por la mañana, él se presentó sin previo aviso en el palacio presidencial seguro del triunfo de su estrategia y le dijo al presidente Arévalo que iba a «El Morlón«, la residencia presidencial a orillas del Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas que Arévalo había escondido allí luego de que las autoridades mexicanas las confiscaran a un grupo de exiliados dominicanos miembros de la Legión Caribe que patrocinaba el gobierno arevalista, a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrocar al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Las armas habían sido sustraídas de la base militar del Puerto de San José y ahora iba a confiscarlas en la residencia presidencial. Esto puso sobre aviso a Arévalo, quien supo en donde iba a encontrarse Arana.2

Hábilmente, Arévalo le sugirió a Arana que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón (jefe de la guardia presidencial) lo que confirmó a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Árbenz jamás se atreverían a enfrentase con él.  Pero en cuanto salió Arana, Arévalo llamó a Árbenz , y le dijo que Arana le había dicho en tono «insolente y amenazante» que iba a ir a Amatitlán a confiscar las armas, por lo que le ordenó que se hiciera cargo de la situación.  Por esta razón, el Ministro de la Defensa envió a varios hombres armados, quienes salieron desde la capital en dos carros e iban bajo las órdenes del jefe de la policía, teniente coronel Enrique Blanco y por el diputador del PAR Alfonso Martínez, un oficial retirado y amigo de Árbenz.3

En «El Morlón» todo fue rápido.  Al llegar Arana con sus hombres se encontraron con la residencia presidencial cerrada con candado, pero tras bocinar un par de veces salió el encargado y los llevó al embarcadero, en donde estaba un camión rojo con las armas.  Poco después llegó el coronel Juan José de León, a quien Arana había ordenado hacerse cargo del armamento. Viendo que todo estaba en orden, Arana y sus hombres emprendieron el regreso a la Ciudad de Guatemala, pero cuando llegaron al puente «La Gloria» en Amatitlán, un Dodge gris estaba parado allí obstruyéndole el paso.3 Después de una corta balacera quedaron tres fallecidos: Arana, su asistente el mayor Absalón Peralta y el teniente coronel Blanco. Los testigos presenciales nunca confirmaron cual fue el detonante de los disparos y si la intención había sido capturar a Arana como estaba previsto.4

Al conocerse la noticia de su muerte, la Guardia de Honor (que era leal al fallecido Jefe de las Fuerzas Armadas) se alzó en armas y se iniciaron Fuertes combates en la ciudad, que tardaron veinticuatro horas. Por un momento pareció que los aranistas iban a triunfar aquél 18 de julio, pero no lograron su objetivo porque carecían de un líder que los dirigiera contra las escasas fuerzas leales al presidente que estaban dirigidas por Árbenz, quien demostró mucha sangre fría y habilidad militar.   Por cierto, que el coronel Carlos Castillo Armas, uno de los principales colaboradores de Arana, estaba en Mazatenango observando las elecciones para el Consejo Superior de la Defensa (entidad que iba a proponer al sustituo de Arana cuando éste renunciara a la jefatura de las Fuerzas Armadas para participar en las elecciones presidenciales) y no regresó a la capital a tiempo para hacerse cargo de los alzados, que habían sido tomados por sorpresa por la muerte de su caudillo.4

La versión oficial – propuesta por Arévalo e impuesta por éste a sus ministros, entre los que no se encontraba  Árbenz por estar a cargo de la defensa del gobierno – era que los miembros reaccionarios de la sociedad guatemalteca habían sido los culpables de la muerte del coronel Arana, algo que muchos guatemaltecos vieron con incredulidad desde el principio, pues se sabía que Martínez estaba herido y que éste era incondicional de Árbenz.  Esta versión quedó plasmada en el decreto número 19, por medio del cual se estableció el estado de sitio y en el que firmó el subsecretario de la Defensa Nacional en lugar del Ministro Árbenz:5

Decreto Número 19

El Presidente Constitucional de la República, 

Considerando: que el día de hoy el Coronel Francisco Javier Arana, Jefe de las Fuerzas Armadas y dos oficiales del Ejército, fueron atacados y mortalmente heridos por un grupo sedicioso de asaltantes, lo cual constituye una perturbación grave de la paz y una amenaza para las instituciones del Estado; que es deber del Gobierno de la República tomar todas las medidas y precauciones que las circunstancias demandan para preservar la paz, la seguridad de las personas y los bienes y el orden público gravemente amenazados por actos subversivos como el doloroso episodio acaecido el día de hoy que, presuntamente forma parte de un vasto plan conspirativo; por tanto:

De acuerdo con el Consejo de Ministros y en uso de las facultades que le confieren los artículos 138 y 160 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°.— A partir del día de hoy se restringen las garantías constitucionales a que se refieron los artículos 25, 27, 31, 33, 34, 35, 36, 37, 43 y 48 de la Constitución de la República; la restricción afecta todo el territorio nacional y durará treinta días.

Artículo 2°.— De conformidad con el artículo 160 de la Constitución de la República, se hará cargo interinamente de la Jefatura de las Fuerzas Armadas el Ministro de la Defensa Nacional, Teniente Coronel Jacobo Árbenz Guzmán.

Artículo 3°.— Del presente decreto entrará a conocer el Congreso inmediatamente. 

Dado en el Palacio Nacional: a los diez y ocho días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y nueve.

Publíquese y cúmplase.

      • Juan José Arévalo
      • [Siguen las firmas de los ministros de Estado, aunque el teniente coronel Árbenz no firmó, por estas ocupado con la defensa de las posiciones gubernamentales.  En su lugar firmó el subsecretario de la Defensa Nacional, Rafael O’Meany].5

Este decreto presidencial fue ratificado por la Comisión Permanente del  Congreso mediante el decreto siguiente:6

Decreto Número 644

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: que son atendibles las razones expuestas por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, para restringir las garantías constitucionales que expresa el Decreto número 19 del Organismo Ejecutivo;

Considerando: que dada la gravedad de la situación y la alteración de la paz pública es necesario declarar de urgencia nacional el presente decreto; por tanto, decreta:

Artículo 1°. Se ratifica el articulo 1°. del Decreto número 19, emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros.

Articulo 2°. El presente decreto se declara de urgencia nacional, es parobado de conformidad con la segunda parte del artículo 123 de la Constitución de la República y entrará en vigor el día de su publicación en el Diario Oficial.

Pase al Organismo Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Organismo Legislativo; en Guatemala, a los diez y ocho días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y nueve, ano quinto de la Revolución.

      • Mario Monteforte Toledo, presidente
      • Franco. José Silva, secretario
      • Héctor Morgan, secretario6

Los leales al gobierno, engrosados por obreros a quienes se les dió armas recuperaron el control del Palacio Nacional y de la Policía Nacional, y luego  sitiaron la Guardia de Honor, que también fue atacada por la Fuerza Aérea —pero con bombas obsoletas que muchas veces no estallaron— hasta que dicho cuartel finalmente se rindió.  La lucha se dio por concluida con un saldo de ciento cincuenta muertos y más de doscientos heridos.7

A partir de ese momento —y dado que no se hizo una investigación del hecho ni se encontró a los culpables—, se originaron los rumores de un complot par asesinar al coronel Arana, los cuales han persisitido hasta la actualidad y que inculpan directamente a Árbenz de ser el responsable de la muerte de un rival que habría estado robándole protagonismo y seguramente la presidencia en 1951. Y también se ha especulado que Arévalo dio esta orden para traspasar toda la responsabilidad de la muerte del coronel Arana a Árbenz .


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 542.
  2. Ibid., p. 543.
  3. Ibid., p. 544.
  4. Ibid., p. 545.
  5. Morales Urrutia, Mateo; Azurdia Alfaro, Roberto (1958). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1949-1950.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 197.
  6. Ibid., pp. 111-112.
  7. Gleijeses, Piero, The death of Francisco Arana, p. 547.

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