7 de agosto de 1830: el Congreso de la República Federal de Centro América decreta la ley de responsabilidad de los servidores públicos

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Escudo de la República de Guatemala que estuvo vigente entre 1858 y 1871, año en que se public la Recopilación de Leyes de donde se extrajo esta información.  Imagen tomada de la obra de Manuel Pineda de Mont.

Ya desde sus orígenes, los gobernantes de la región centroamericana intentaron poner en orden los asuntos internos por medio de leyes que tipificaran los delitos incurridos por los empleados públicos.  El 7 de agosto de 1830, cuando la Guerra Civil Centroamericana había terminado y los conservadores y eclesiásticos regulares habían sido expulsados de la región, el congreso liberal dispuso emitir la ley de responsabilidad de los empleados públicos.

Dicha ley dice textualmente sobre el presidente, ministros y senadores:

Artículo 6.°: El presidente y vicepresidente de la república; los senadores; ministros de la suprema corte de justicia y jefes militares y de rentas serán habidos y tratados como prevaricadores, siempre que se les compruebe cohecho o soborno en la provisión o presentación para los empleos, aun cuando la propuesta haya tenido efecto en los aspirantes y aun cuando no hubiersen recibido por si mismos, sino por medio de otro, alguna dádiva de estos, o en nombre suyo.  La aceptación de la promesa es por si sola motive bastante para incurrir en la pena de privación del empleo.

No es de extrañar que con semejante rigor, para 1840, los diferentes estados de la región se habían ido separando uno a uno de ls República Federal, en la que ya solamente quedaban los estados de El Salvador (donde vivía el president liberal Francisco Morazán), Guatemala (en donde los conservadores habían arrebatado el poder a Mariano Galvez) y Los Altos (a donde se habían ido a refugiar los liberales guatemaltecos).

En abril de 1840 Morazán fue categóricamente derrotado por Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala cuando intentaba mantener por la fuerza lo poco que quedaba de la Federación, dando por finalizada de hecho la República Federal de Centro América.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

13 de junio de 1830: la Asamblea Legislativa de Guatemala, controlada por los criollos liberales, declara traidor a la patria al arzobispo Ramón Casaus y Torres y lo expulsa del territorio

Tras el triunfo de Francisco Morazán contra Mariano de Aycinena y Manuel José Arce en 1829, los criollos liberales dispusieron de la antigua capital de la Capitanía General de Guatemala a su sabor y antojo.  Morazán expulsó a la familia Aycinena y a los miembros de las órdenes regulares de todo el territorio centroamericano y sus aliados liberales saquearon cuanto pudieron de las casas y monasterios de los expulsados.  Además, las enormes haciendas de los religiosos fueron entregadas a los socios ingleses del caudillo liberal.  En cuanto al clero secular, dirigido por el arzobispo Casaus y Torres, éste fue marginado por la eliminación del diezmo obligatorio y la expulsión del arzobispo el 13 de junio de 1830.

En ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos abrazaban causas idealistas para esconder sus verdaderos fines.  Por su lado, los criollos liberales decían que defendían el progreso y las ideas avanzadas del siglo XIX contra el oscurantismo católico colonial, mientras que los criollos conservadores decían defender la verdadera religión y las buenas costumbres.  En realidad, ambos perseguían el poder político y económico, y cuando lo perdían, luchaban sin cesar por recuperarlo.  Así fue como el país se vio envuelto en una guerra civil hasta 1851.

Volviendo a Casaus y Torres, cuando el campesinado católico al mando de Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1839, la Asamblea Constituyente declaró nula e inconsistente la expulsión del arzobispo, y lo reconoció de nuevo.  La Catedral, que había estado cerrada desde la partida del prelado en 1830, volvió a abrir sus puertas en espera del pastor.  Pero éste nunca regresó, de hecho, tras dos años de que el gobierno le estuvo rogando que dejara La Habana y regresa a Guatemala, se decidió que lo mejor era dirigirse al Vaticano directamente.

Finalmente, en 1843 fue reconocido como arzobispo metropolitano de Guatemala el presbítero Francisco de Paulo García y Peláez, quien sería un de los baluartes del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera.

BIBLIOGRAFIA: