2 de mayo de 1832: los liberales decretan la tolerancia de cultos

A fin de debilitar aun más a los miembros del clero secular, los miembros del partido liberal en el gobierno decretan la libertad de cultos en el Estado de Guatemala.

Púlpito de la iglesia de La Merced en la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el jefe de Estado de Guatemala de 1831 a 1838, Dr. Mariano Gálvez. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Nuestro Diario.

La influencia de los religiosos en los gobiernos de Guatemala ha sido una constante desde la época colonial. Originalmente, la Iglesia Católica tenía el dominio absoluto de la situación, hasta que se produjeron las reformas borbónicas en la segunda mitad del siglo XVIII en la que las órdenes regulares perdieron gran parte de su poder,1 e incluso expulsaron a la otrora intocable orden de la Compañía de Jesús de todos los territorios del Imperio Español en 1767.2

A pesar de haber quedado debilitados, los frailes regulares mantuvieron su influencia en el gobierno, y por ello sus vicarios y comendadores estuvieron presentes en la firma de la Independencia el 15 de septiembre de 1821, juntamente con los miembros del cabildo eclesiástico y claustro de la Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo, todos ellos líderes del clero secular.3 A partir de ese momento, los clérigos intervinieron en los asuntos políticos de la región y fueron los principales aliados de los criollos aristócratas en el partido conservador; de hecho, varios de los principales líderes eclesiásticos eran familiares de los aristócratas.4 No es casualidad, pues, que la misma acta de Independencia incluya el siguiente párrafo:

10.°— Que la religión católica, que hemos profesado en los siglos anteriores y profesaremos en los siglos sucesivos, se conserve pura é inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala, respetando a los ministros eclesiásticos seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades.3

En contraposición, los criollos hacendados crearon el partido liberal y abrazaron la causa del libre pensamiento y de la Ilustración para atacar sistemáticamente a los miembros de partido conservador, minando poco a poco sus privilegios.  Esto llevó a la Guerra Civil Centroamericana de 1826-29, que se inició cuando los conservadores, hartos de todos los decretos anticlericales y anti-aristócratas que se estaban emitiendo en el Estado de Guatemala, aconsejaron al presidente Manuel José Arce a que hiciera prisionero al jefe de Estado, Juan Barrundia.4

En aquella guerra resultaron triunfadores los liberales, dirigidos por el general Francisco Morazán, quien no solamente destituyó a los aristócratas de los gobiernos federal y estatal en Guatemala, sino que expulsó a los líderes conservadores y a los frailes regulares de toda la región centroamericana en septiembre de 1829.5  Con el camino libre, Morazán llegó a la presidencia de la República Federal y en Guatemala eligieron como jefe de Estado al líder liberal Mariano Gálvez, quien otrora fuera conservador, secretario del Gabino Gaínza e incluso secretario de la Junta Provisional Consultiva que se formó tras la independencia.6

Aunque los liberales expulsaron a los frailes regulares, perimitieron que se quedaran los curas párrocos, exceptuando al líder del cabildo eclesiástico y jefe del clero secular, el arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien tuvo que salir al exilio a Cuba.7  Y aunque los liberales toleraron la presencia de los párrocos, los siguientes atacando, quitándoles el diezmo obligatorio y haciendo la siguiente declaración terminante en el Congreso Federal de Centro América el 2 de mayo de 1832: «todos los habitantes de la República son libres para adorar a Dios según su conciencia, y el Gobierno Nacional les protege en el ejercicio de esta libertad«.8

Esto sería a la larga una de las causas por las que cayó estrepitósamente el gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838, y por las que se fracturó irremediablemente la República Federal el 18 de mayo de ese mismo año:9 los liberales empezaron a hacer muchos negocios con los británicos protestantes de Belice, cuya religión era ahora protegida por la ley federal.10

Los liberales olvidaron que en el Acta de la Independencia también había quedado plasmado el papel del clero secular:

11.°— Que se pase oficio a los dignos prelados de las comunidades religiosas para que cooperando á la paz y sosiego, que son la primera necesidad de los pueblos, cuando pasan de un gobierno a otro, dispongan que sus individuos exhorten á la fraternidad y concordia á los que estando unidos en el sentimiento general de la Independencia, deben estarlo también en todo lo demás, sofocando pasiones individuales que dividen los ánimos y que producen funestas consecuencias.3

Este párrafo quiere decir que los curas párrocos eran los encargados de indoctrinar a sus fieles.  Sólo que después de la declaración de 1832, en lugar de exhortar a la fraternidad y concordia, los curas párrocos hicieron labor de hormiga entre sus feligreses campesinos diciéndoles que los liberales eran «herejes» y enemigos de la «santa religión«.  Tras cinco años de estar inculcando estas creencias, los campesinos eran totalmente antiliberales, y no ayudó a la causa de Gálvez el que hubiera establecido un impuesto individual abusivo en contra del campesinado.11

La gota que colmó el vaso fueron los códigos de Livingston que se establecieron el 1 de enero de 1837, ya que parte de ellos eran las leyes laicas que permitían el matrimonio civil y el divorcio.  Esto reforzó la creencia de que los liberales eran heréticos y bastó con que llegara la epidemia del cólera para que los campesinos estallaran y se rebelaran contra el gobierno, cantando el «Salve Regina» en todas las batallas.  De hecho, el comandante guerrillero Rafael Carrera fue ungido por los curas párrocos como el «ungido por la Santísima Virgen María» para salir de los herejes.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 135-140.
  2. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  6. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 5.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 132-133.
  8. — (1963) [1944]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional.  pp. 132-133.
  9. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  10. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise.  pp. 17-50.
  11. Woodward, Ralph Lee Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

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16 de octubre de 1832: primera clase de historia en la Academia de Estudios

Se inauguran las clases de historia universal en la Academia de Estudios de Guatemala, a cargo del licenciado Alejandro Marure

16octubre1832
Vista del complejo arquitectónico de San Francisco desde el antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala a principios de siglo 10. En el antiguo convento de esta iglesia funcionó la Academia de Ciencias y Estudios. En el recuadro: el historiador Alejandro Marure. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En abril de 1829, tras el derrocamiento del gobierno católico conservador de Mariano de Aycinena en Guatemala y del presidente federal interino Mariano de Beltranena —quien había asumido el cargo tras la separación del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga—,1 los criollos liberales tomaron el poder en Guatemala e introdujeron una serie de reformas que incluyeron el cierre de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en marzo de 1832.2

En lugar de la centenaria universidad, el gobierno liberal instituyó la Academia de Estudios, una institución completamente laica e influida por las ideas de la Ilustración, la cual estuvo a cargo del doctor Pedro Molina Mazariegos.  El 16 de octubre de 1832, la Academia inauguró sus clases de Historia Universal, cátedra que estuvo a cargo del historiador oficial Alejandro Marure.

Reproducimos a continuación partes del discurso que pronunciara Marure en aquella importante ocasión para los historiadores guatemaltecos, el cual resalta las razones por las que la Historia no se había enseñado en Guatemala, y en el que ataca directamente a los gobiernos colonial y conservador y a la religión católica, y advierte de no dejarse deslumbrar por las fábulas fantásticas con que todos los pueblos han adornado sus orígenes:3

«El Jefe Supremo del Estado se ha servido poner bajo mi dirección la Clase de Historia cuya apertura tengo hoy el honor de verificar por primera vez.

Un estudio tan interesante fue enteramente desconocido entre nosotros en la época triste de nuestra abyección y esclavitud. Debía serlo.  No era posible que un Gobierno, cuyo poderío y dominación se apoyaban en nuestra imbecilidad diese protección a la enseñanza de la más útil de las ciencias.  Mas este período funesto ha pasado ya, y sólo nos quedan de él recuerdos desagradables. Hemos comenzado a existir y bajo la influencia de un gobierno eminentemente liberal, el genio de la civilización va establecerse entre nosotros.[…]

Yo he tenido el honor de ser asociado a tan noble empresa; mas esta gloria no me deslumbra ni me oculta mi pequeñez. Conozco demasiado mi incapacidad; veo en toda su extensión las grandes dificultades que deben oponerse al establecimiento de una enseñanza enteramente nueva; sé cuando se require y cuantas circunstancias deben reunirse en el individuo encargado de llevar tan arduo empeño; y no tengo la presunción de creer que en mí concurran tantas prendas.

Muy raro sería tenerlas a los veintiséis años de edad en un país que, hasta ahora, no había existido sino para las preocupaciones.[…]

El interés del trono y del sacerdocio y una política cruel, se han levantado contra la razón naciente; han procurado exterminar las verdades que combatían sus usurpaciones y sus crímenes y ahogar entonces en sangre el genio que intentaba trastornar su dominación espantosa.  La superstición, este monstruo que como dice un sabio, fija su apoyo en los cielos para conmover toda la tierra: ese engaño de los pueblos que ha vuelto de la moral un caos y de la verdad pura y sencilla un ser fantástico y oscuro en medio del terror y de las prohibiciones, y propaganda de los abusos más humillantes, consiguió el abatimiento de los hombres y el triunfo de sus errores.[…]

Más si la Historia nos sirve para conocer el verdadero estado y progresos de las ciencias, en sus distintas época, también nos sirve para conocer el origen de todos los errores, de todas las preocupaciones que han engañado tanto tiempo a los hombres y han fatigado tanto al entendimiento humano.  Hallaremos en los tiempos primitivos y en las naciones más remotas, la semilla de todos los absurdos que transformados de mil maneras diferentes han penetrado hasta nuestro siglo a través de todas las revoluciones. Veremos en las orillas del Ganges y en las del Antiguo Egipto, la cuna de la religión y el origen de esa multitud de sistemas que se han difundido por toda la tierra y han dividido a sus habitantes en mil sectas que se combaten las unas con las otras. El estudo de esta sección de la Historia ha servido a los filósofos modernos para manifestar a los pueblos que es un mismo el fundamento de todos los cultos, y mostrarles, como con el dedo, la fuente de todos los absurdos religiosos.[…]

El estudio de la historia ha servido también a muchos sabios para componer sus obras inmoratles. Montesquieu, Voltaire, Condorcet y otros escritos eminentes han ilustrado a los pueblos y destruido las preocupaciones de su siglo por medio de la historia y la filosofía.[…] Ultimamente, el Conde de las Casas parece que compila todas estas sentencias célebres cuando dice en último Atlas: ‘La Historia es la más útil de las ciencias: su estudio nos ofrece la experiencia de lo pasado y nos suministra datos para presagiar lo venidero: es el libro universal en que cada uno haciendo uso de su discernimiento, puede, con seguridad, encontrar la lección que le concierta; ella ilustra al militar y al comerciante aplicado; prepara al hombre de Estado, y manifiesta al filósofo los progresos interesantes y vaciados del espíritu humano; en una palabra, vigoriza el juicio y ameniza el trato de todos los individuos de la sociedad’.[…]

Pero es preciso estudiar la historia con mucha crítica y reflexión; es preciso no dejarnos alucinar.  Los fastos de todas las naciones están sobrecargados de milagros y de hechos portentosos con que seha procurado hacer venerables a la posteridad, las ficciones más extravagantes.  El origen de todos los pueblos está oculto en las sombras de la fábula y de la quimera.  Algunos descienden por línea recta de los mismos dioses, otros han celebrado alianzas y vivido en íntimo contacto con ellos, muchas han sido gobernados por la Divinidad en todo el cursos de sus revoluciones y sus legisladores han recibido de manos del mismo Dios todas las leyes que deberán regirlos.  También los dioses han tomado parte en las guerras y disfrutado de las delicias del amor en el seno de las hijas de los hombres.  Son innumerables las ficciones de esta especia que se hallan consignadas en los anales sagrados de todas las naciones.  Pero lejos de dejarnos engañar por las apariencias misteriosas y servir de velo al artificio, procuremos descubrir los designos que oculta, penetremos en las miras y combinaciones del legislador para no tomar por santo y milagroso, lo que solamente ha sido un recurso que han empleado los hombres hábiles para goernar a sus semejantes y dominarlos a su arbitrio.  Es preciso, igualmente, prevenirnos contra los prejuicos e interpretaciones con que algunos autores respetables han querido hacer creer lo mismo que ellos no creen o que si han creído, no han sido guiados en su creencia por sus luces, sino por respetos a la opinión establecida, o por la influencia de tal. […] No nos dejemos tampoco deslumbrar por la hazañas brillantes de algunos personajes que celebra la historia: distingamos la verdadera gloria de la falsa.»3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Marure, Alejandro (enero de 1925) [16 de ocutbre de 1832]. Discurso que pronunció el famoso historiador Alejandro Marure, al inaugurar las clases de Historia Universal en la Academia de Estudios.  Guatemala: Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. I (3). pp. 226-232.

4 de septiembre de 1832: rematan la Hacienda San José de Palencia

Se remata en subasta pública la Hacienda San José de Palencia, la que eventualmente se convertiría en el municipio de Palencia en el departamento de Guatemala

4septiembre1832
La Iglesia de Santo Domingo en 1859.  Para ese año, los dominicos eran los propietarios de la Hacienda de Palencia, la cual habían adquirido del general Rafael Carrera, cuando éste tuvo que salir al exilio en 1848.  En el recuadro: el Dr. Mariano Gálvez, Jefe del Estado de Guatemala en 1832. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la conquista de Guatemala, el lugar que actualmente ocupa el municpio de Palencia era la Hacienda San José, la cual fue adquirida por Mathías de Palencia en 1624, por lo que fue conocida como la “Hacienda de Palencia”.1

Tras la Independencia en 1821 y la Guerra Civil Centroamericana que resultó en la expulsión de las órdenes regulares más influyentes y de los miembros de la familia Aycinena, la Hacienda de Palencia fue rematada el 4 de septiembre de 1832 a solicitud de Juan José Guerra. En la subasta fue adquirida por Manuel José Jáuregui y Juan Nepomuceno Asturias, por un valor de $200.00 pesos por cada caballería. Poco después en 1836 fue adjudicada a uno de los distritos de la Nueva Guatemala de la Asunción para la administración de justicia por medio de los juicios de jurados que implentó el Jefe de Estado Mariano Gálvez, y en 1837 apareció en la división administrativa oficial, con 2,245 habitantes.1

Tras el derrocamiento de Gálvez y el triunfo de la revolución campesino-católica liderada por Rafael Carrera, tanto las órdenes regulares como algunos de los Aycinena retornaron a Guatemala y poco a poco fueron recuperando o adquiriendo nuevas propiedades.2 El propio general Carrera, ya siendo Jefe de Estado desde 1844 y presidente de la República desde 1847 adquirió la Hacienda de Palencia. Pero en 1848, cuando los criollos le pidieron la renuncia por la inestabilidad en que vivía Guatemala y tuvo que salir al exilio, el ex-jefe de Estado Mariano Rivera y Paz, en representación de la Orden de Predicadores, se presentó ante el general Carrera y le solicitó que la vendiera al Gobierno de Guatemala, para que la Asamblea Legislativa se las cediera a los dominicos en propiedad para su “fomento y adelanto”. Para entonces, la Hacienda de Palencia contaba con los anexos de Agua Caliente, Plan Grande, Los Cubes, el Cangrejito y Lo de Silva, y Carrera la vendió por la suma de $15,000 pesos, pagados $10,000 al contado y el resto en el término de cinco  meses, con la sugerencia de no venderla a terceros y reunir a la población dispersa para formar un pueblo. Cuando Carrera regresó al poder en 1849 los dominicos conservaron la hacienda que le habían comprado.1

Tras la revolución liberal de 1871, J. Rufino Barrios confiscó todas las propiedades de las órdenes regulares,3 entre ellas la Hacienda de Palencia que expropió en mayo de 1872 y que por medio de un Decreto del 19 de marzo de 1873, adjudicó al municipio de Palencia.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Diario La Hora (5 de enero de 2018) Datos históricos del municipio de Palencia. La Hora, Guatemala.
  2. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  4. Martínez Gallardo, Libia Elina (2005). El Municipio de Palencia. Tesis. Guatemala: Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Archivado desde el original el 24 de enero de 2014.

1 de marzo de 1832: los liberales crean la Academia de Ciencias y Estudios

El gobierno liberal crea la Academia de Ciencias y Estudios en sustitución de la Pontificia Universidad de San Carlos

Invitación an acto de graduación de la Universidad de San Carlos del bachiller Francisco de Paula García y Peláez (futuro arzobispo de Guatemala) en 1817. La invitación estaba escrita en latín y tenía una oración para el santo al que estaba dedicado el acto.  Imagen tomada de la invitación de García Peláez.

La Universidad de San Carlos de Guatemala, única institución pública de educación superior en Guatemala, ha pasado por varias transformaciones durante su existencia. Dejando por un lado la discusión de que si se trata o no de la misma institución que fue originalmente fundada en 1676, existe una breve etapa que es la menos conocidas de la historia de la educación superior en Guatemala: la Academia de Ciencias y Estudios, que existió entre 1832 y 1840.

En 1832, luego de triunfar en la Guerra Civil Centroamericana, los criollos liberales se habían hecho con el poder en Centroamérica, aprovechando su poder para expulsar a los criollos conservadores aristocráticos de la región y saqueado los tesoros privados y religiosos de la ciudad de Guatemala.1 El nuevo gobierno liberal del Estado de Guatemala consiguió cierta tranquilidad y decidió restablecer la educación pública.

Para que el lector se de una idea de lo escaso de la preparación de la población  guatemalteca de la época, he aquí un listado de las instituciones disposibles para la educación primaria en la ciudad capital:

Para varones:

    • La escuela normal creada el 8 de marzo de 1831.
    • Tres escuelas de primeras letras fundadas en 1829.
    • Dos escuelas de primeras letras creadas por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy a finales del siglo XVIII
    • La escuela de primeras letras del convento de Belén2

Para niñas:

    • Escuela del beaterio de Santa Rosa
    • Escuela del beaterio de Indias
    • Escuela del convento de Belén
    • Colegio «La Presentación«
    • La escuela de la parroquia de San Sebastián
    • La escuela en la parroquia de Candelaria3

Fuera de la capital solamente había escuelas para varones en la cabecera de cada uno de los seis departamentos que existían en ese entonces, y una más para niñas en las cuatro cabeceras que tenían título de ciudades.

La educación secundaria estaba en peores condiciones, ya que estaba concentrada en su totalidad en la ciudad de Guatemala, y era solamente para varones. Existían dos instituciones:

    • El Colegio y Seminario Tridentino, el cual estaba enfocadao a la liturgia, práctica pastoral y ejercicios de predicación.
    • El Colegio de Infantes, el cual estaba encargado del resto de la educación secundaria.4

Para afrontar la educación superior, que había quedado a la deriva durante la Guerra Civil, el gobierno creó una Academia de Ciencias y Estudios la cual quedó a cargo del gobierno del Estado, y para que contara con las mejores posibilidades de éxito se estipuló incorporar a:

    • Todos los doctores, maestros y licenciados de la antigua Universidad de San Carlos.
    • Todos los abogados de los tribunals del estado, esten o no matriculados en su respectivo colegio.
    • Todos los licenciados y habilitados por el protomedicato para el ejercicio de la medicina y cirugía, y profesores de farmacia.
    • Todos lo que en adelante obtuvieran alguno de estos títulos conforme al nuevo arreglo de la instrucción pública.

Además se estipuló que una vez establecida la Academia, se consideraría suprimida la antigua Universidad y el colegio de abogados, que de hecho estaban casi disueltos debido a los desastres causados por la Guerra Civil Centroamericana y se refundieron en la misma los fondos y pertenencias de ambos cuerpos y sus obligaciones respectivas, en especial la que le tocaba al colegio de abogados, de dirigir la academia de derecho teórico-práctico que convirtieron en esa oportunidad en la cátedra de práctica forense.5

La Academia de Ciencias y Estudios funcionó únicamente por cinco años, ya que la revuelta católico-campesina que estalló en 1838 contra las autoridades liberales anticlericales alteró nuevamente la vida del Estado.6

La Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos fue restablecida con sus estatutos y privilegios originales el 5 de noviembre de 1840, ya cuando el regimen liberal había colapsado, aunque ya solamente funcionaba en el Estado de Guatemala.7 Por su parte, el colegio de abogados fue restablecido por decretos del 23 de diciembre de 1851 y del 30 de octubre de 1852.


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 60.
  3. Ibid., p. 61.
  4. Ibid., p. 65.
  5. Ibid., pp. 66-69.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-50.
  7. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala., pp. 171-175.

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24 de febrero de 1832: Raoult derrota al ex-presidente Arce en Soconusco

Tropas guatemaltecas al mando del general francés Nicolás Raoult derrotan al ex-presidente de Centro América Manuel José Arce en Escuintla de Soconusco

24febrero1832
Mapa de Guatemala que todavía incluye a la region de Soconusco como parte del departamento de Quetzaltenango.  El poblado de Escuintla del Soconusco aparece en el mapa como «Santo Domingo Escuintlo» a poca distancia del río Sintilapa, entonces frontera entre México y Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Manuel José Arce y Fagoaga había sido el primer presidente de la República Federal de Centro América, pero tras haber colaborado con los conservadores aristócratas guatemaltecos para perpetrar el golpe de estado contra Juan Barrundia en septiembre de 1826, su autoridad en el Istmo se vió resquebrajada, ya que los criollos rurales lo acusaron de haber traicionado al partido liberal.1

Se inició entonces la Guerra Civil Centroamericana contra el gobierno federal y el guatemalteco —donde los aristócratas se habían hecho con el poder y restablecido parte de los privilegios que Barrundia les había retirado—, y Arce tuvo que salir a combatir contra sus paisanos en El Salvador donde fue categóricamente derrotado en la batalla de Milingo.2  Debido a esto, fue diplomáticamente relevado de sus funciones en 1827, ya que los diputados tomaron en consideración que Arce había sido el héroe que había comandado las fuerzas salvadorenas que intentaron hacer frente a Vicente Filísola cuando éste tomó El Salvador cuando aquel estado se oponía a la Anexión a México en 1822.3

Posteriormente, fue exiliado de la región por las fuerzas liberales del general Francisco Morazán cuando éste invadió a Guatemala y derrocó al gobierno del jefe de estado Mariano de Aycinena en abril de 1829.4,5

Radicado primero en Estados Unidos, Arce se trasladó posteriormente a México en donde publicó en su defensa una memoria de su gobierno y rechazó las acusaciones que le hicieron los liberales centroamericanos.  Gracias esto, obtuvo el apoyo del gobierno mexicano para retomar el control de Centro América.  Sin embargo, sus esfuerzos pronto fueron derrotados por las fuerzas guatemaltecas comandadas por el general francés Nicolás Raoul, quienes habían sido enviados a la frontera entre México y Guatemala para detener la invasión que intentaba realizar Arce.  Tras férreos combates en el poblado de Escuintla de Soconusco -región que en ese entonces todavía pertenecía al estado de Guatemala-, Arce fue vencido y su invasión fue abortada, lo que significó un importante triunfo para el régimen del presidente federal Francisco Morazán, aunque ya para entonces la integridad de la República de Centro América se estaba resquebrajando y el propio Morazán estaba ocupado en restablecer el orden en El Salvador y Honduras.6

Arce se mantuvo en el exilio hasta que regresó a El Salvador, su tierra natal, en 1842 luego del fin de la carrera política y militar de Morazán a manos de Rafael Carrera.7  Vivió en su patria el resto de su vida, hasta que murió el 14 de febrero de 1847; sus exequias fueron celebrada en el templo de San Francisco, y su féretro fue sepultado en la Iglesia de La Merced con los honores que les correspondían por haber sido presidente de Centro América.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  2. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides; capítulos de la historia de la América Central. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 229-232.
  4. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta publica y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  5. «Manuel José Arce y Fagoaga». La Prensa Gráfica. 12 de agosto de 2003.
  6. Gaceta de El Salvador (17 de diciembre de 1847). «Necrología». Gaceta del Gobierno Supremo del Estado del Salvador 1, (38) p. 152.
  7. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.