17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota_a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota_b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

2 de febrero de 1838: Quetzaltenango invita a Los Altos a segregarse de Guatemala

Ante la caída del gobierno del liberal Mariano Gálvez a manos de la revuelta católico-campesina, los criollos liberales de Los Altos optan por segregarse del Estado de Guatemala

2febrero1838
El interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala antes de los terremotos de 1917-18. Las hordas campesinas de Carrera exigieron a las autoridades eclesiásticas que abrieran la Catedral tras derrocar a Gálvez en 1838, ya que ésta había estado cerrada desde la expulsión del arzobispo Casaus y Torres en 1829. En el recuadro: José Francisco Barrundia, líder liberal que provocó la caída de Gálvez primero al aconsejarle decretar los Códigos de Livingston y luego al aliarse con Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez debido a la revolución católico-campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera contra el impuesto personal a los campesinos, contra las medidas anticlericales y contra las leyes del nefasto Código de Livingston,1 se desató la anarquía en el Estado y los criollos aristócratas retornaron a Guatemala para tratar de hacerse con el poder, por lo que los criollos liberales de la región de Los Altos, —que comprendía todos los departamentos del occidente guatemalteco incluyendo el Soconusco (que actualmente es parte de México)— decidieron separarse de Guatemala y formar su propio estado.  El 2 de febrero de 1838, desde Quetzaltenango se nombraron comisionados que pasaron a todos los poblados de la región para pedirle a los criollos que se pronunciaran al respecto, y se estableció un gobierno provisorio integrado por el Lic. Marcelo Molina, José María Gálvez y el Lic. José Antonio Aguilar.2

Debido a las rencillas que había habido entre los criollos de QuetzaltenangoNota_a y de TotonicapánNota_b tras la caída del gobierno de Juan Barrundia en 1826, ambas cabeceras firmaron un tratado de amistad y paz el 22 de agosto de 1830, por lo que ambas participaron activamente en la formación del Estado de Los Altos.  Por esa razón, al recibir las noticias desde Quetzaltenango, los criollos de Totonicapán la acuerparon inmediatamente, y el 7 de febrero la municipalidad emitió el acta siguiente para invitar a la municipalidad de SololáNota_c a hacer lo mismo:3

En la ciudad de Totonicapán, a siete de febrero de mil ochocientos treinta y ocho, en sesión ordinaria de este día concurrieron los ciudadanos, que al margen se anotan: se dió principio a la sesión con la lectura del acta anterior y fué aprobada. En seguida la Municipalidad nombró á los ciudadanos Vicente Hernández, Párroco encargado de esta ciudad, Anastasio González y Nicanor Dubón para que en comisión pasen á la villa de Solóla cerca de aquella Corporación Municipal á proponer tratado de alianza y unión para la formación de un Sexto Estado en la Federación de Centro-América, el mismo que han jurado ya formar los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán,Nota_d quienes se han pronunciado independientes del Estado y Gobierno de Guatemala a consecuencia de hallarse aquel Estado en la actualidad en la más espantosa anarquía, a causa de haber sido depuesto del mando el Jefe de Estado ciudadano Dr. Mariano Gálvez por una facción sostenida por el capricho y ambición de varios partidarios desnaturalizados de la misma capital de Guatemala;Nota_e y que en esta virtud la comisión nombrada haga ver a aquella Municipalidad las desgracias á que quedarían sujetos los pueblos de los Altos y los grandes bienes de que se privarían si no se lograse la oportunidad de segregarse en la ocasión;Nota_f no dudando el pueblo totonicapeño que los del departamento de Solóla secundarán tan interesante proyecto, pues aun prescindiendo de las ventajas que las circunstancias actuales y políticas del Estado reportarán, demandan con urgencia una medida eficaz para salvarnos de los grandes é infinitos males que despedazan los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez;  y para lograr tan interesante empresa se dio á los indicados comisionados la correspondiente certificación del pronunciamiento.

Se acordó: que del ramo de Comunidad se tomen en calidad de reintegro treinta y un pesos cinco reales para celebrar el loable pronunciamiento de segregación del Estado de Guatemala y formación de un Sexto en la República de Centro-América; con lo que se dio por concluido el presente acto, de que certifico.

        • José María Amézquita
        • Manuel Enríquez
        • Norberto Córdova
        • Felipe Say
        • Por mí y por los que no saben, Nicanor Dubón3

Por su parte, un día después de que la Asamblea del Estado de Guatemala delegó en la Asamblea Federal decidir si autorizaba la formación del Sexto Estado o no,4 el 16 de febrero de 1838 el general Agustín Guzmán -un oficial mexicano que había llegado a la región junto con las tropas de Vicente Filísola, pero que prefirió quedarse antes que regresar a México- dió a los criollos altenses el siguiente manifiesto en el que explicaba por qué era necesario desligarse de Guatemala:5

«Un funcionario republicano, cualquiera que sea su categoría, pertenece al pueblo, de él origina su poder y para él fue creado. Al pueblo debe dar cuenta de sus operaciones y su conducta pública, mucho más en las crisis políticas.

Profesando esos principios, estoy en el caso de manifestar a mis conciudadanos cual ha sido mi situación, cual mi conducta en el tiempo difícil que me ha tocado, y si he cumplido con mi primer deber, que es conservar la tranquiliad y el buen orden en los departamentos cuyas armas he mandado.

No es la elocuencia, de que carece mi pluma, la que debe trazar el cuadro que me propongo pintar; son los hechos, tales cual han pasado en estos días de consternación, de que todos son testigos. Ajeno de las afecciones que los partidos políticos dejan cuando desenfrenadas las pasiones se apoderan del corazón; mi narración será sencilla, verdadera, también imparcial, cuanto se posible en esta clase de documentos.[…]

La alarma crecía, los amagos eran terribles, la efervescencia se generalizaba, los momentos eran críticos y yo logado a un Gobierno cuya existencia ignoraba, vacilaba porque siendo un subalterno tenía que deliberar en órbita superior a mi autoridad, a mis luces y a mis fuerzas.  En lo privado y como particular conjuré algo la tempestad: la anarquía, el azote mayor para los pueblos se presentaba á mis ojos con todos los horrores de la guerra fratricida, de que la Capital estaba siendo el teatro más sangriento por un enigma inexplicable, sino se atribuye á la desesperación de un partido que no se cree suficiente para triunfar de su contrario: hablo de la unión de fuerzas que parecieron heterogénas, hicieron causa común.Nota_g

[…] Mas todo parece que conspiraba á dar un corte ventajoso, pues era pacífico. Llegan las primeras noticias de la Capital, y el grito general y uniforme de ‘No existe el Gobierno á quien reconcíamos’ resuena por todos los Altos: La Capital es presa de las facciones armadas: el Vice-Presidente de la República es víctima de ellas y otras personas más han sido inmoladas por el desenfreno de las vergonzosas pasiones: la anarquía es segura, pues la fuerza que para el triunfo parecía compacta al momento, ya sea por la diferencia de principios, sea por el desorden y el pillaje, lo cierto es que se halla divergente.

Nuestros compromisos han cesado, no porque fuesen personales, sino porque la Constitución y las leyes no existen. Nadie quiere depender del desorden, en que las vidas y las propiedades carecen de las garantías que nos unen en sociedad. […]

Si en algún caso puede ser aplicable la teoría de recuperar una sociedad sus derechos primitivos, ésto es de creérsele en el estado natural, es ciertamente el presente, en que por cuestiones secundarias y confundiendo la existencia de un Gobierno con la responsabilidad de la persona que lo ejerce; estando próxima la reunión del Cuerpo soberano ante quien debía comparecer nada se aguarda, y de hecho la fuerza decide. En tales acontecimientos, cada ciudadano tiene un voto libre; si una gran parte del Estado pronuncia su separación, lo hace legítimamente, sin que pueda con justicia decirse que rompe los vínculos que lo ligaban, porque éstos disueltos por las manos que rasgaron el pacto fundamental del Estado, carecen de fuerza y valor, mientras explícitamente no sean ratificados.»5, Nota_h


NOTAS:

    • a: en se entonces, el Departamento de Quetzaltenango incluía a los modernos departamentos de San Marcos y de Retalhuleu que solamente eran provincias)
    • b: el Departamento de Totonicapán incluía a los modernos departamentos de Huehuetenango y el norte de Quiché)
    • c: el Departamento de Sololá incluía al moderno departamento de Suchitepéquez
    • d: entiéndese aquí que quienes tomaron esa decisión fueron los criollos locales
    • e: los criollos altenses no reconocen que fueron las medidas anticlericales y los impuestos abusivos sobre los campesinos los que originaron la caída de Gálvez, y prefieren acusar a los criollos aristócratas de haber instigado la rebelión contra el gobernante.
    • f: los criollos altenses sabían que el 75% de la producción del Estado provenía de su región y preferían aprovecharla ellos antes que compartirla con los aristócratas y campesinos que habían derrotado a Gálvez
    • g: aquí Guzmán acusa a los criollos aristócratas de haber coludido con los campesinos de Carrera, sin reconocer que fueron los propios criollos liberales con José Francisco Barrundia a la cabeza quienes se aliaron con Carrera para terminar con el gobierno de Gálvez.
    • h: aquí Guzmán se refiere a que estaban por iniciarse la reuniones de la Asamblea Legislativa de la Federació Centroamericana, y confiaba en que allí autorizarían la formación del Sexto Estado, como finalmente ocurrió.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Ibid., pp. 92-93
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de Orden Especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. García Elgueta, Un pueblo de Los altos, pp. 93-94
  6. Ibid., pp. 96-97

18 de agosto de 1838: el Estado de Guatemala declara estado de sitio

Debido a la anarquía producida por el levantamiento católico-campesino dirigido por el general mestizo Rafael Carrera, el Estado de Guatemala declara estado de sitio

18agosto1838
Mapa de los Estados de Guatemala y de Los Altos en 1838.  Nóte el área considerable de Los Altos, que se separaron de Guatemala el 3 de mayo de ese año.  La situación de anaquía que se vivía tras el alzamiento campesino católico, hizo que las autoridades del estado declararan estado de sitio en todo el territorio.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El papel del clero secular en el levantamiento del campesinado dirigido por el general Rafael Carrera en 1837-38 ha sido minimizado por los historiadores oficiales.  Toda la revolución ha sido presentada como un alzamiento contra el moderno gobierno del Dr. Mariano Gálvez, debido a la ignorancia de la población campesina que creyó que el gobierno estaba envenenando los pozos de agua con el cólera.1  Ahora bien, si bien es cierto que la creencia de que estaban envenenando los pozos fue el detonante de la violencia, las causas del levantamiento son mucho más profundas y están enraizadas en las costumbres coloniales que se impusieron a los indígenas y mestizos, ya fuera que estuvieran reducidos en encomiendas por los criollos hacendados o en las doctrinas de los poderosos frailes regulares.  A la larga, los indígenas crearon su propia religión, por medio del sincretismo de sus creencias ancentrales con la imaginería católica española, y alcanzaron un punto en que utilizaban las imágenes de santos únicamente para representar a sus verdaderas deidades.

De esta esta cuenta, la expulsión de los frailes y del arzobispo Ramón Casaus y Torres tras la victoria de Francisco Morazán en 1829, puede considerarse como el punto de partida de la revolución que llevó a Rafael Carrera al poder. Cuando los frailes fueron expulsados, sus bienes y haciendas fueron confiscados, incluyendo a todos los indígenas y esclavos negros liberados que trabajaban en ellas.  Varias de esas haciendas, como por ejemplo la Hacienda de San Jerónimo que tenían los dominicos en la Verapaz, fueron entregadas a ciudadanos británicos en pago a su ayuda logística para vencer al régimen de Mariano de Aycinena en 1829.  Los frailes salieron del país, pero los curas párrocos del clero secular se quedaron, y empezaron a hacer trabajo de hormiga entre los indígenas de sus parroquias diciéndoles que los liberales que estaban ahora en el poder estaban aliados con los «herejes» protestantes, enemigos de la «verdadera religión«.2

El descontento de los campesinos rurales empezó a crecer cuando el gobierno liberal estableció un impuesto individual, el cual era tan abusivo que apenas les dejaba recursos para subsistir; además, había «gentes militares, no de muy buena conducta que fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrriedades con que obraban«.3  Si bien resistieron resignadamente, como ya estaban acostumbrados tras varios siglos de colonización, la situación empeoró en 1837 cuando el líder liberal José Francisco Barrundia convenció al Jefe de Estado Mariano Gálvez para que se hiciera oficial la traducción que Barrundia había hecho de los Códigos de Livingston, los cuales se utilizaban en el estado norteamericano de Luisiana y, a su vez, estaban basados en el Código Legal de Napoleón.  Estos códigos introdujeron leyes demasiado novedosas para la población guatemalteca, que no estaba acostumbrada a juicios de jurados, matriminio civil y divorcio.4  De más está decir que los curas párrocos aprovecharon estas desatinadas leyes liberales para atacar al régimen y acusarlo de herético entre sus feligreses.

Fue en medio de esta situación cuando llegó a Guatemala la epidemia del cólera morbus, y el gobierno de Gálvez intentó utilizar sus métodos novedosos para reducir los efectos de la epidemia.  Y cuando intentó establecer medidas sanitarias que evitaban que los pobladores tuvieran acceso a sus fuentes de agua, el descontento acumulado y fomendato por los curas párrocos estalló y se inició la revolución campesino-católica que terminaría con el gobierno de Gálvez, no sin antes crear un rompimiento entre los liberales y obligar al gobernante a emplear medidas de tierra arrasada contra los poblados del oriente del Estado, que era en donde estaban los principales focos de revolucionarios. De acuerdo al propio general Carrera: «pero en seguida la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epidemia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dió el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboledad de dentro de ellos y sus inmediaciones, cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, y de establecer cordones satinarios par aevitar la comunicación de unos pueblos con otros, subió de punto la agitación general».5

El historiador Alejandro Marure resume la situación que se vivía en el Estado al final del gobierno de Gálvez de la siguiente forma: «[El 16 de enero de 1838], por decreto del Gobierno de Guatemala, expedido en esta fecha, se declaró en estado de rebelión a los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez.  Otras declaratorias semejantes a ésta, repetidas con frecuencia en todo el curso del año de 38, y muy especialmente la que hizo por la Comandancia general en 18 de agosto, comprensiva de todo el Estado, mantuvieron a sus habitantes sometidos al régimen militar y privados de todas sus garantías hasta el 31 de enero de 839 en que se declaró por la Asamblea solemnemente restablecido el régimen constitucional.»6

La situación del Estado en agosto de 1838 era caótica.  Gálvez había sido obligado a renunciar a finales de enero, y los criollos liberales de los departamentos del occidente se habían segregado de Guatemala y habían formado su propio Estado de Los Altos el 3 de mayo.7  Mariano Rivera Paz llegó al poder el 22 de julio, pero fue removido por el presidente federal, general Francisco Morazán, quien lo sustituyó por Carlos Salazar.8  Y las Huestes de Mita, encabezadas por Rafael Carrera y conformadas por dos mil campesionos católicos, habían vencido categoricamente a las fuerzas liberales en los llanos de Jalapa el 15 de agosto, haciendo que Salazar decretara el estado de sitio en todos los departamentos que todavía le quedaban a Guatemala.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-14.
  3. Ibid., pp. 15-16.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 99.
  7. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular.
  8. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  9. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871»Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

18 de mayo de 1838: se rompe el Pacto de la Federación Centroamericana

Luego de que Francisco Morazán se negara a convocar a elecciones, el Congreso Federal autoriza a los estados a organizar como mejor les parezca rompiendo el Pacto de la Federación Centroamericana

18mayo1838
Palacio Nacional de San Salvador, en la época en que allí funcionaba la capital federal de Centro América.  En el recuadro: el presidente de la República Federal, Francisco Morazán, quien se había negado a convocar a elecciones en 1839, provocando así el rompimiento del Pacto Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Ruptura del Pacto Federal Centroamericano ocurrió de hecho el 18 de mayo de 1838, cuando se reunió el Congreso Federal en San Salvador, entonces la capital federal, en vista de que el presidente, el general liberal Francisco Morazán, no había convocado a las elecciones generales que debían realizarse ese mismo año, ya que su período presidencial y el del vicepresidente terminaba el 1 de marzo de 1839.1 En aquella sesión del Congreso se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales. Los Estados de Nicaragua, Honduras y Costa Rica no lo pensaron dos veces y se separaron del pacto federal, constituyéndose en naciones soberanas, libres e independientes, dejando a la República Federal formada únicamente por Guatemala, El Salvador y El Estado de Los Altos.1

El 7 de julio de 1838, el Congreso Federal emitió su último decreto, indicando que «los estados federados de Centro América son, y por derecho deben ser, cuerpos políticos, soberanos, libres e independientes«.2  Ante esto, la Asamblea Legislativa del estado de Guatemala, que estaba sumergido en una guerra civil que ya había derrocado al gobierno del Jefe de Estado, Dr. Mariano Gálvez y provocado la pérdida de la mitad de su territorio por la segregación del Estado de Los Altos, emitió el siguiente decreto:3

«La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando: que el decreto del congreso de 30 de mayo último que deja en libertad a los estados para reconstituirse libremente sin las restricciones del título 12.° de la constitución federal, y su aclaratoria de 9 de junio que deja vigentes las partes 2a. y 3a. del artículo 178 del mismo título, relativas a las contribuciones y fuerzas permanentes que corresponden a la federación, envuelven una reforma conveniente y necesarioa: que los estados deben recobrar el poder que les corresponde en su capacidad política; y ha llegado el momento de que se constituyan por sí mismos segun sus aptitudes; y que este paso clásico de la libertad, no debe darse, por el interés mismo de la paz pública, relajando el lazo que une los estados a la federación, y anulando indirectamente el poder nacional, mientras éste se reforma y se establece mas en armonía con los principios de los gobiernos populares; ha tenido a bien decretar y decreta:Admítese por el estado de Guatemala el decreto del congreso de 30 de mayo del corriente año, que reforma el título 12.° de la constitución federal, con las explicaciones hechas por el mismo congreso en su resolución de 9 de junio último.»3

Y poco después, emitió un nuevo decreto convocando a la elección de una Asamblea Constituyente para que se emitiera una constitución para el Estado, que para entonces estaba sumido en la anarquía y con un territorio muy reducido:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando:

Que la constitución dispone convocar una asamblea constituyente cuando el título 12.° de la constitución federal fuere alterado por la República, como se ha verificado ya por un decreto del congreso, admitido por la mayoría de los estados;

Que el pacto social se ha disuelto por la creación de un nuevo estado en Los Altos, acordada también por el congreso, y establecídose de hecho un gobierno independiente al de Guatemala;

Que es necesario, además, restablecer la calma y majestad del estado, por una medida pronta y salvadora, hallándose actualmente su poder legislativo sin la basa y propiedad de representación que le corresponde; agitado en lo interior por las facciones; empeñado en una guerra de los bárbaros contra la civilización; y sin vigor ni eficacia la ley fundamental que lo ha regido, ni los poderes supremos que lo constituyen:

Considerando sobre todo, que es indispensable reconstruir la la sociedad por ella misma y convocar al soberano cuando su ley primordial no se escucha, o se ha alterado por la discordia civil; y que cualquiera que sea la razón suprema de reunir al pueblo para que restablezca el pacto, el medio de verificarlo debe ser el más claro y directo, a fin de que expida su voz soberana por el órgano de sus representantes inmediatos; que la sociedad tiene siempre un derecho inconcuso e inenagenable de examinar, de admitir o reprobar la ley, que, en uso de los poderes supremos que ha conferido, le hayan dado sus representantes al constituirla;

No pudiendo hacer un poder superior a la sociedad, y siendo la elección directa y la sanción inmediata del pueblo, los dos únicos medios de pronunciarse, al restablecer su pacto y crear los poderes supremos y los derechos primordiales de la ley fundamental;

Teniendo el cuerpo legislativo el mayor respeto a los derechos del pueblo de Guatemala, y a los principios democráticos que profesa y que constituyen desde la independencia nuestra organización social, dispone consignarlos especialmente en la acción directa del pueblo para el nombramiento de sus mandatarios; en la revisión por él mismo de su ley fundamental; y en la creación de un cuerpo constituyente numeroso, en que puedan ser bien representados los diversos intereses sociales, deliberadas sabiamente las leyes y presentada con majestad la imagen del pueblo en un cuerpo nacional; por tanto ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1.°: es convocado el pueblo del estado de Guatemala para formar por elección directa una grande asamblea constituyente que no bajará de cincuenta representantes, revestida de todo el poder supremo para reformar, adicionar o conservar en todo o en parte la constitución actual de Guatemala.

Artículo 2.°: Un reglamente para las elecciones será dado por el cuerpo legislativo; y a la asamblea constituyente será reunida el 1 de noviembre.

Artículo 3.°: La constitución o la reforma que hiciera la asamblea constituyente, con cualquier alteración que tenga la constitución actual, será revisada inmediatamente, por el pueblo, y los ciudadanos votarán individualmente por su admisión o desaprobación, segun la ley reglamentaria que la misma asamblea constituyente emitiera para esta última expresión de la voluntad pública, a que deberá arreglarse todo el estado.

Comuníquese al consejo representativo para su sanción.4

A pesar de los rimbombantes términos en que el decreto anterior fue redactado, aquella constituyente se reunió pero nunca emitió una constitución, debido a que la anarquía se mantuvo en Guatemala hasta 1851 a pesar de la mano dura que empleó el general Rafael Carrera.  El mismo Carrera fue víctima de un atentado contra su vida cuando un grupo radical se cansó de esperar que se emitiera una constitución, e incluso otras asambleas se reunieron después para ese efecto pero no consiguieron emitir la carta magna sino hasta que, después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada, por fin se emitió la constitución de 1851, la cual favorecía al general victorioso y a los miembros del clero.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 49.
  3. Ibid, pp. 43-44.
  4. Ibid, pp. 44-45.
  5. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 282-286.

24 de marzo de 1838: Conferencias de Mataquescuintla

En Mataquescuintla, bastión de Rafael Carrera, se realizan las conferencias entre el gobierno federal y las fuerzas campesinas rebeldes

24marzo1838
El poblado de Mataquescuintla, visto desde Miramundo y Pino Dulce.  En el recuadro:  el comandante campesino Rafael Carrera y el líder criollo liberal José Francisco Barrundia.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez, las fuerzas campesinas comandadas por «el indio» Rafael Carrera (como le llamaban los criollos locales), no depusieron las armas y el gobierno de Francisco Morazán encomendó a José Francisco Barrundia, quien había pactado anteriormente con Carrera para derrocar a Gálvez, para que conferenciara con el líder campesino y lo convenciera a entregarlas.  La reunión ocurrió en el campamento de las fuerzas rebeldes en Mataquescuintla y el mismo Barrundia mandó un informe a Morazán tras el fracaso de la misma, el cual reproducimos a continuación, con algunas notas de nuestra autoría para aclarar algunos puntos:1

«Ciudadano presidente de la República.

«Los comisionados para la pacificación de las fuerzas de Carrera debemos informar a Ud. brevemente todo lo ocurrido en el desempeño de nuestro encargo.»

«Llegamos el mismo día de nuestra salida, que fue el 24 a la plaza de Mataquescuintla después de medio día.  Se nos presentaron cuatro encargados del comandante Carrera para conferenciar.  Nosotros exigíamos que llegase él mismo como lo había ofrecido antes para el punto de Cruz-Alta.  Más habiéndolo rehusado tratamos ligeramente con sus encargados de nuestro asunto; y desde luego encontramos la mayor resistencia al punto principal de entregar las armas. A teimpo que sus encargados iban a llamarle, le vimos a la puerta rodeado de su fuerza militar.  Se le instó a que entrase y rehusó con aspereza habiendo empezado allí mismo una contienda con nosotros de reproches a la conducta del Gobierno de Guatemala, y del Presidente que nosotros contestamos a la vista de toda la tropa, y aún tomando parte en ella algunos de sus soldados. Él manifestó que no tenía ya que hacer en nuestro negocio puesto que ya habíamos hablado con sus encargados y que jamás podría convenirse, y era un agravio proponérselo, que entregara las armas, manifestando la mayor desconfianza y desabrimiento.»Nota a

«Como esta entrevista en cierta manera tumultuaria entre la mismo tropa no ofrecía, regularidad, sino más bien malos resultados, instamos a Carrera para que se presentase el día siguiente a terminar este negocio y nos lo ofreció formarlmente a pesar de la ligereza con que lo trataba. En esta noche fuimos inquietados por el incendio de dos casas que consideramos verificado a propósito por algún mal designio, pues no podía ser accidental, no hallándose persona alguna en todo el pueblo.  Mas no hubo resultado alguno.»

«A la mañana siguiente, a las 9 remitimos una nota a Carrera llamándole a la conferencia.  Se presentó cerca del medio día en la plaza con una fuerza como de 300 hombres.  Entró a conferenciar rodeado de sus jefes y a presencia de toda su fuerza que escuchaba a puerta abierta desde afuera.  Los princiaples motivos de su obstinación para la entrega de las armas, eran o se descubrían en una suma desconfianza del Gobierno, no hallándose suficientes las garantía posibles para desvanecerla. Decían que el Gobierno de Guatemala no había cambiado en nada en cuanto a las vejaciones y mala fé que siempre lo animaron.  Preguntaron cual era el origen de la agresión que suponía de nuestras tropas. Y desconocía en cierta manera la obediencia que se debe al Gobierno y a la necesidad de que este regularice todas las fuerzas y disponga de ellas conforme a las leyes y según convenga al orden público.»Nota b

«Él y sus jefes reprochaban las leyes de libertad de comercio; de libertad de concienca y todo el espíritu de nuestras instituciones, afectando el de religión hasta un exceso de fanatismo.  La comisión se ocupaba en desvanecer sus falsas nociones, en inspirarle confianza en los prinicpios libres de nuestra legislación y en el Gobierno actual, tanto del Estado como de la República.  Mas conocíamos la dificultad de safisfacer sus desos y los nuestros, oponiéndose a todo por falta de principios y la irregularidad de sus miras, principalmnete en una conferencia tumulturaria y del momento. La simple idea de distinguir entre la administración pasada que había violado todos sus derechos y la actual que los respetaba, no podía inspirárseles ni satisfacérseles.»Nota c

«En estas circunstancias ellos han presentado unas proposiciones que adjuntamos a esta nota. Se advierte en ellas claramente la influencia de alguna personalidad muy superior a las luces cortísimas y simplicidad de estas masas con designios tal vez muy siniestros. Nosotros recibimos en este acto la nota del Presidente acompañándonos la muy safistactoria de Chiquimula en contra de los planes y pretensiones de Carrera para contraerse aquel departamento; pero no quisimos hacer uso de ella por la exaltación desagradable con que eran recibidas todas nuestras manifestaciones sobre los recursos y superioridad del poder del Gobierno, a la vista de una masa armada y conferenciando con nosotros mismos sobre asuntos tan delicados. Nuestra posición era, por tanto, sumamente crítica y expuesta.»Nota d

«Entre tanto, el comandante Carrera se separó a hablar conmigo aparte: ocurrió el cura Aqueche y juntos tratamos de otro nuevo medio de conciliación.  Este consistía en los artículos siguientes:

«Primero: que las armas se reuniesen y almacenasen en Mataquescuintla con una guarnición de 50 hombres de aquella misma tropa, que no pasaría nunca de este número.»

«Segundo: que cuando se ofreciese perseguir a aquellas partidas o ladrones que inquietasen a los pueblos, no saldría fuerza alguna a verificarlo sin permiso del gobierno.»

«Tercero: que el mismo cura Aqueche respondía de la inviolabilidad de este arreglo yse hacía él mismo un guarda almacén o depositario de las armas.»

«Cuarto: que desde el momento que tuviesen ya los pueblos un obispo americano, una rebaja suficiente de contribuciones y una administración interior de confianza, pondrían estas armas a disposición del Gobierno.»Nota e

«Ofrecimos presentar estas propuestas, junto con las que hemos acompañado para que el Presidente se informase y en vista de todo resolviese lo conveniente.»

«Nosotros consideramos muy difícil la subsistencia de cualquier convenio, y mucho menos la coordinación de ideas o de un sistema político entre masas agitadas a la vez por el fanatismo, por los males aun existentes de una persecución a muerte que acaban de sufrir y por las falsas ideas que se les han infundido sobre nuestra legislación.  Al mismo tiempo que habituadas ya a una vida salvaje y dura y al solo ejercicio de las armas, sus tendencias no pueden ser ya a los trabajos del campo ni a la vida regular de la sociedad.  Y este espíritu se manifiesta más altamente en el carácter de su jefe Carrera, que es intrépido, independiente y resulto al paso que decidido y propenso a la vida inculta y militar a la que se halla habituado.  De suerte que ni el interés ni los empleos pueden obrar en su corazón sobre los halagos de esta independencia salvaje y de la ambición de superioridad sobre los muchos pueblos que ya le rodean y le presentan sus masas.  Con tristados por este choque que parece indefectible entre la parte civilizada y las masas incultas de la nación (pues que va extendiéndose a todos los Estados de la República) hacemos esta exposición al Presidente para que medite la gran dificultad e interés de este negocio que descarga sobre sus hombros, y con el fin de que exista este documento interesante del primer paso que ha dado para su arreglo; el cual va a abrir una campaña acaso muy dilatada y de resultados más extensos de los que pueden alcanzarse actualmente en nuestra posición política.»

«Ofrecemos, pues, al Presidente de la República todas nuestras consideraciones y respetos, siendo sus afectísimos servidos que B.S.M.»

        • José Francisco Barrundia
        • José María Castilla
        • Matías Quiñónez
        • Basilio Zeceña1

Aquellos criollos liberales tenían razón: no se logró ningun acuerdo y Morazán y Carrera llegaron al punto al que tenían que llegar: la confrontación directa que se dió en la Ciudad de Guatemala del 17 al 19 de marzo de 1840, resultando en la aplastante derrota de Morazán y el desmembramiento absoluto de la República Federal.2


NOTAS:

  • a. en Guatemala los criollos y la élite económica no está acostumbrada a que un indígena o mestizo le hable de tú a tú y mucho menos que se oponga a sus designios.  Esta actitud prepotente de Carrera frente a los enviados criollos de Morazán los desarmó por completo.
  • b. En otras palabras, a Carrera no le importaban las leyes del gobierno de Morazán ni del Estado de Guatemala, porque no confiaba en ellos ya que consideraba que el gobierno no había hecho nada por los campesinos tras el derrocamiento de Gálvez.
  • c. En Guatemala las élites económicas están acostumbradas a que la población inculta del área rural del país acepte sus complejas leyes y reglamentos sin analizarlos, y nunca se habían encontrado con un líder campesino que los retara y les expusiera las graves fallas de dichas leyes.  Nuevamente, la comisión de Morazán quedó desarmada.
  • d. por un lado, Barrundia no quería creer que fuera Carrera, a quien consideraba como un indígena analfabeto, el que hubiera tenido la idea de las contra-proposiciones que le presentaron a la comisión del gobierno y, por otro, no se atrevió a intentar sobornarlo con la gobernación de Chiquimula que le había autorizado Morazán al ver la determinación del general campesino.  Finalmente, maniesta que él y los otros representantes estaban aterrorizado durante las conferencias.
  • e. Este es el punto medular del conflicto entre Carrera y los criollos liberales:  los ataques contra al religión Católica y la desproporcionada carga tributaria impuesta a los campesinos2.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.

20 de febrero de 1838: derogan las disposiciones anticlericales

Tras la caída del gobierno del Dr. Mariano Gálvez se emite un decreto que deroga las disposiciones anticlericales y anticonservadoras que emitió Francisco Morazán en 1829

20febrero1838
Mapa del Estado de Guatemala en 1832 sobre el que gobernó el Dr. Mariano Gálvez.  Sombreado a la izquierda aparece el territorio de lo que sería el Estado de Los Altos entre 1838 y 1840 (incluyendo parte del actual México) y sombreado a la izquierda el enclave británico en Belice que existía desde antes de la Independencia en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Aún mucho antes de la caída del gobierno del Dr. Mariano Gálvez, los criollos liberales que habían sido su apoyo estaban divididos y tenían problemas para enfrentar a su enemigo común: los campesinos católicos que se habían alzado contra el gobierno.  Los liberales no lograron ponerse de acuerdo a la hora de hacer gobierno y cometieron un grave error legal que, a la larga, les costó el poder durante 30 años.

El Dr. Pedro Molina —uno de los principales líderes liberales— se dió cuenta de que existían numerosas leyes que se habían establecido durante el gobierno de los 7 años de Gálvez que iban en contra de lo estipulado en la Constitución del Estado, y que estaban vigentes; entonces, elevó una solicitud a la Asamblea Legislativa para que se emitiera una resolución declarándolas inconstitucionales y, por lo tanto, automáticamente derogadas.1

La Asamblea analizó la petición y viendo que el Dr. Molina tenía toda la razón, emitió el siguiente decreto el 20 de febrero de 1838:

    1. Ninguna ley evidentemente contraria a la Constitución, puede ni debe subsistir.
    2. Cuando se presente alguna ley notoriamente contraria a la Constitución, los tribunales deberán arreglarse en sus juicios, al sentido claro de la fundamental, informando en seguida al cuerpo legislativo.
    3. Con respecto a los casos dudosos de contradicciones, los tribunales y cualquier ciudadano pueden pedir a la Asamblea la declaratorio correspondiente, sin perjuicio de que dichos tribunales resuelvan desde luego, según entiendan de justicia y por su propio convencimiento.
    4. La declaratoria que haga el Cuerpo Legislativo solamente podrá aplicarse a los casos posteriores al que motivó la duda; y sin que pueda tener jamás efecto retroactivo.1

En la práctica, el decreto se traducía en que se daba carta abierta a los criollos conservadores para que solicitaran que se derogaran las disposiciones que había dictado Francisco Morazán en 1829 cuando después de invadir guatemala, y que incluían:

    1. Confiscación de los bienes de los criollos aristócratas (especialmente de la familia Aycinena)
    2. Deportación de los criollos conservadores
    3. Expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres
    4. Clausura de conventos
    5. Reforma social amparada en la separación de Iglesia y Estado1

Es decir, los liberales destruyeron la obra reformadora de su propio líder, el general Morazán, quizá sin querer.  Pero el decreto del 20 de febrero ya estaba emitido y los conservadores, amparándose en él, pidieron a la Asamblea que derogara los siguientes decretos:

    1. Decreto del 4 de junio de 1829:  en éste se establecía claramente el nombre de las personas que no podían disfrutar de la gracia de un indulto que daba el gobierno liberal, mostrando una parcialidad atentatoria, claramente opuesta a los estipulado en la Constitución.
    2. Decreto del 22 de agosto de 1829: en éste el general Morazán, actuando como Jefe de Estado de Guatemala sin estar debidamente autorizado para ello, daba una larga lista de personas que serían deportadas, después de una injusta prisión.1

Los conservadores se dieron cuenta del alcance del decreto del 20 de febrero, tal y como queda claro en el mensaje que le mandaron a la Asamblea:  «[…] usando del derecho de petición y con el debido respeto ocurrimos al cuerpo legislativo, no para implorar gracia, ni solicitar favor, sino para reclamar el cumplimiento de las garantías, violadas en nuestras personas, así como en las de otros muchos de nuestros conciudadanos que también han sido víctimas de medidas de circunstancias, que redujeron a completa nulidad las leyes fundamentales del estado y de la república«.1

A pesar de ser una Asamblea liberal, y de que la petición fue analizada por doctores también liberales, la respuesta fue la siguiente: «Los legisladores que las dieron se olvidaron no sólo de que no tenían facultades para ello porque ninguna autoridad del estado es superior a la ley, sino hasta de su propia dignidad y delicadeza.  Ellos habían sido perseguidos y a su vez se convirtieron en enemigos facultados para autorizar la persecución, las prescripciones, la confiscación de bienes… Los mismos que con las armas habían recobrado sus destinos perdidos eran lo que erigiéndose en jueces de su propia causa, declararon nulos e intrusos a los que entraron a ocuparlos por su deserción vergonzosa, olvidándose de que ellos eran los verdaderos autores de ese desorden.»1

La Asamblea, pues declaró nulos los decretos de Morazán y le envió a este el fuerte mensaje de que se había tomado atribuciones que no le correspondían.  De este punto ocurrieron dos cosas que llevarían a la caída de los liberales:  los conservadores exiliados pudieron retornar y se aliaron junto con los que ya residían en Guatemala con los campesinos católicos dirigidos por el comandante mestizo Rafael Carrera y, encencieron la cólera de Morazán, que llegó al Estado y destituyó a Mariano Rivera Paz, sustituyéndolo por Carlos Salazar.2 Estos dos hechos llevarían al encuentro final entre Carrera y Morazán en marzo de 1840, en donde se selló el destino de ambos líderes.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria». Guatemala: Nuestro Diario.
  2. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 87-90.

26 de enero de 1838: se subleva la guarnición de «La Concordia»

En medio de la rebelión católico-campesina contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez, se subleva la guarnición de «La Concordia» en la Ciudad de Guatemala

26enero1838
El antiguo Calvario, situado en el entonces extremo sur de la Ciudad de Guatemala; por esa área ingresaron tropas provenientes de Antigua Guatemala para reprimir la sublevación del Batallón «La Concordia».  En el recuadro: el jefe de estado, doctor Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno del del Jefe del Estado de Guatemala, doctor Mariano Gálvez, colapsó gradualmente debido a sus fallidas políticas económicas y sociales.  En primer lugar restituyó el impuesto individual a los campesinos, que había existido en la época colonial, y que los dejó práticamente en la miseria; luego, se asoció con los ingleses, a quienes los curas párrocos se encargaron de difamar diciéndole a los indígenas de sus parroquias que eran herejes y que el gobierno también. Y, por último, impuso leyes laicas inspiradas en el código de Livingston, que se había establecido con éxito en el estado de Luisiana, en los Estados Unidos, pero que no se pudo aplicar en Guatemala, ya que los conceptos de juicios con jurados, matrimonio laico y divorcio eran ajenos a la idiosincracia nacional.1

Acostumbrados s soportar vejámenes e injusticias desde la conquista, los pobladores indígenas y campesinos no protestaron por todo esto, pero como no estaban para nada conformes, un grupo se alzó en armas en Mataquescuintla cuando el gobierno les prohibió acceder a sus fuentes de agua como medida de prevención sanitaria contra la epidemia de cólera morbus a mediados de mayo de 1837.  Se regó el rumor de que era el mismo gobierno el que estaba envenando las fuentes de agua y el descontento estalló en una rebelión armada.2

Inicialmente, las fuerzas gubernamentales prevalecieron en Mataquescuintla el 15 de junio de 1837, derrotando a los sublevados dirigidos por el entonces desconocido Rafael Carrera,3 pero se extralimitaron tras someter a los alzados, cometiendo contra ellos todo tipo de vejámenes, dando como resultado que ya no se pudiera resolver la situación por la vía pacífica.4

A partir de ese momento, el gobierno del doctor Gálvez empezó a desmoronarse. El 16 de junio de ese año se reunió en una sesión extraordinaria la Asamblea Legislativa, y durante esa agitada jornada se formaron los partidos «Ministerial» y «Opositor» los cuales se enfrentaron violentamente en los siguientes meses.5 Como no podían ponerse de acuerdo, y la amenaza de la rebelión aumentaba entre los campesinos, Gálvez dió cabida en su gabinete a dos miembros del partido Opositor, Juan José de Aycinena y Marcial Zebadúa, para intentar calmar los ánimos, pero luego de solo un mes, tuvo que pedirles la renuncia y sustituirlos por un Ministro Imparcial el 13 de diciembre, debido a la gran cantidad de insultos que los mencionados ministros recibieron en la prensa local.  Aquel ministro también duró poco, y el gobierno quedó prácticamente desmantelado, con el partido Opositor y los campesinos alzados exigiendo la salida de Gálvez.6

Y la situación empeoró aún más.  El 13 de enero el gobierno tuvo que declarar a los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez en estado de rebelión lo que mantuvo a todos los poblados bajo el régimen militar y sin ninguna garantía constitucional;7 como respuesta, la ciudad de Antigua Guatemala desconoció al Jefe del Estado y nombró a un gobierno provisorio el 18 de ese mes, seguida de Chiquimula el 25 y de Salamá el 30;  esto, aunado a la rebelión campesina, dejó a todo el estado sumido en la anarquía.8

El 26 de enero, el batallón «La Concordia» se alzó en armas contra las autoridades del estado exigiendo que se restituyera el Ministerio Imparcial y que se mantuviera al doctor Gálvez en la jefatura del Estado, contra los deseos de los Opositores. Aquel alzamiento no hizo más provocar el ataque a la ciudad de Guatemala por parte de las fuerzas de Antigua Guatemala, que la invadieron entrando por el Calvario en la noche del 29 al 30 de enero.  Tras una batalla que se prolongó por cuatro días, los soldados de «La Concordia» se rindieron, y con ello terminó el gobierno de Gálvez quien renunció dejando el poder en manos del vice-jefe de Estado, Pedro Valenzuela, en una situación por demás precaria.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-16
  2. Ibid, pp. 17-18
  3. Ibid, pp. 31-33
  4. Ibid, pp. 38-39
  5. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-América Desde el año de 1821 hasta el de 1842. Tipografía Nacional. p. 97.
  6. Ibid, pp. 98-99.
  7. Ibid, p. 99.
  8. Ibid, p. 100.

22 de julio de 1838: Valenzuela entrega el poder a Mariano Rivera Paz

El jefe de Estado Interino, Pedro Valenzuela, se ve obligado a entregar el poder a Mariano Rivera Paz

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde el Colegio de Infantes. En el recuadro: Mariano Rivera Paz, cuando era Jefe de Estado de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde el Colegio de Infantes. En el recuadro: Mariano Rivera Paz, cuando era Jefe de Estado de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras el fracaso de la política de restituir el impuesto personal para la población indígena y el desastre que provocó la implementación de los Códigos de Livingston con sus juicios de jurados y el matrimonio civil, el gobierno del Dr. Mariano Gálvez estaba en una situación difícil. Pero cuando se presentó la epidemia de cólera en 1837 y el gobierno intentó establecer cordones sanitarios que impedían a los pobladores llegar a sus fuentes de agua, la situación estalló.1

La guerra civil entre los campesinos alzados liderados por Rafael Carrera y las fuerzas del gobierno de Gálvez fueron cruentas y llevaron al jefe del Estado a renunciar el 2 de febrero de 1838 siendo sustituido provisionalmente por Pedro Valenzuela. Ese día, hubo una acometida de las fuerzas de Sacatepéquez y las auxiliares de Mita, que derrotó a la pequeña guarnición que existía en la plaza de Guatemala, dando final a la contienda que se había desatado entre el partido Ministerial de los criollos liberales y el Opositor de los recién retornados criollos aristócratas, y que había minado por completo al ya debilitado gobierno de Gálvez.2

Ese mismo 2 de febrero, ante la caída de los criollos liberales en el poder en el EStado de Guatemala, los departamentos de los Altos se segregaron del Estado de Guatemala con el objeto de formar un sexto Estado en la Federación de Centro-América, y establecieron un Gobierno provisorio compuesto por el Lic. Marcelo Molina, José M. Gálvez y el Lic. José A. Aguilar.   Con esto no solamente se llevaban el 50% del territorio del Estado, sino que el 75% de la capacidad productiva del mismo, dejándolo en su situación por demás precaria.2

Valenzuela pasó la tormenta lo mejor que pudo hasta que el 22 de julio de ese año, los criollos de ambos partidos en la ciudad de Guatemala, atemorizados por el avance de las fuerzas de Carrera en la región del distrito de Mita, y desconfiando totalmente de Valenzuela y sus ministros, se reunieron en las casas consistoriales y levantaron un acta en la que le pedían la renuncia al gobierno y que depositara el mando en el Piesidente de la República Federal, y que por estar éste ausente por el momento, que lo dejara en el General en Jefe del ejército y que se convocara a una Asamblea Constituyente.3 Valenzuela no puso resistencia, y entregó el poder a Mariano Rivera Paz, quien para entonces era el presidente del Consejo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-América Desde el año de 1821 hasta el de 1842. Tipografía Nacional. p. 101.
  3. Ibid., p. 105.
  4. Ibid., p. 106.

29 de marzo de 1838: mantienen el Habeas Corpus tras derogar Códigos de Livingston

Tras derogar los códigos de Livingston por sus desastrosos resultados, se decreta que se mantenga la garantia del Habeas Corpus que estos estipulaban

29marzo1838
Juicio en el poblado de Livingston, Izabal en 1885, aproximadamente. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tal y como ya había ocurrido en España en 1823, cuando luego de que los liberales intentaron imponer leyes que no eran bien vistas por el campesinado católico analfabeto fueron expulsados del gobierno por el rey Fernando VII,1 en Guatemala la aplicación de los códigos de Livingston resultó desastrosa para el gobierno liberal de Mariano Gálvez, ya que la población indígena era profundamente católica —aunque con un elevado sincretismo con las tradiciones ancentrales de los pueblos nativos— y veía con recelo que hubiera casamiento civil, divorcio y juicios de jurados. Además, para ser efectiva, necesitaba que los ciudadanos tuvieran cierta preparación, algo por lo que las autoridades españolas nunca se habían preocupado ni siquiera en la peninsula ibérica.2

He aquí como relata la malhadada implementación el renombrado historiador guatemalteco Federico Hernández de León en su obra «El Libro de las Efemérides»:

El primero de enero de […] 1837 se promulgaron los códigos de Lívingston, cuya traducción presentara [José Francisco] Barrundia a su amigo el doctor [Mariano] Gálvez, jefe del Estado de Guatemala. Los trabajos por imponer esas leyes, inadaptables a nuestros medios y a nuestras costumbres, se realizaron desde el año 1832, al poco tiempo de tener la jefatura el doctor Gálvez. El señor Barrundia era un iluso, en el sentido pleno de la palabra; hombre que vivía con los pies en la tierra, y con la cabeza en la luna. Su prestigio de patricio le daba ejecutorias para imponer su voluntad y, en los días que se siguieron a la caída del régimen aristócrata, Barrundia fué un oráculo, un mentor, un guía, un punto convergente de todas las miradas y de todas las aspiraciones del partido liberal.2

La manera de ser austera de Barrundia, su palabra sentenciosa, su manera de caminar, reposada y prosopopéyica, le daban cartel de super hombre. Nadie se atrevía a meterse en sú vida privada, que pasaba por un modelo de compostura y seriedad. De modo que, cuando en las asambleas de 1834 y 35, su palabra se levantó abogando por el establecimiento de los jurados y por la promulgación de los códigos de Lívingston no hubo más que atenderle y pasar por lo que pedía. Alguna resistencia razonada se opuso a la acerada voluntad del prócer ; pero al cabo, la debilidad dió paso a las innovaciones y, el patriarca de los liberales se salió con la suya, capricho que costó a la patria las más crueles desventuras.3

Era imposible que nuestros pueblos pudieran aceptar, apenas salidos de un régimen de trescientos años, lleno de prejuicios y reservas, el sistema de organización social que suponía una obligada preparación. No quiso considerar Barrundia que el [indígena] estaba distanciado del cuákero, como el sol de la luna ; y la hecatombe hubo de sobrevenirse ruinosa, envolvente, mortal. El 6 de marzo el pueblo de San Juan Ostuncalco. en la región de Los Altos, compuesto en su totalidad de [indígenas], se levantó contra las autoridades que lo acoquinaban. Hubo asesinatos y una bullanga de todos los diablos. El gobierno ratificó sus temores y el doctor Gálvez comprendió que había pecado de dúctil y complaciente.3

Así entonces, tras el derrocamiento del régimen de Gálvez el 2 de febrero de 1838 se decidió derogar los citados aunque se mantuvo el derecho de la exhibición personal, o «habeas corpus«, dado que mantenerlo era muy importante, pues especificaba que ningun habitante del Estado de Guatemala podía ser ilegalmente detenido en prisión, y todos tenían derecho a ser presentados ante juez competente, quien en el caso debía dictar el auto de exhibición de la persona.

El decreto en mención fue publicado el 29 de marzo de 1838 y dice así:

Artículo 14: se conserva la garantía del habeas corpus tal cual está consignada en los códigos. Las cámaras de apelaciones y súplica, los magistrados de ellas, y los jueces de primera instancia tendrán las facultades que los mismos códigos daban sobre el particular, a las cortes de distrito y de apelaciones, y a los jueces de ellas. Cuando el auto de exhibición personal fuere negado por el juez de un distrito, o cuando este se halle impedido para concederlo, podrá ocurrirse al del distrito inmediato y esto lo expedirá.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Payne, Stanley G. (1977). Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936). Madrid: Akal. ISBN 84-7339-215-9OCLC 637325133.
  2. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 442.
  3. Ibid,. p. 443.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 229.

15 de febrero de 1838: Guatemala delega al Congreso Federal decidir la creación de Los Altos

La Asamblea del Estado de Guatemala decide que sea el Congreso Federal de Centro América el que resuelva aceptar o no la creación del Estado de Los Altos

15febrero1838
Vista general de la ciudad de Quetzaltenango a mediados de la década de 1880.  En el recuadro: Escudo del Estado de Los Altos, tallado en Piedra en una de las tumbas de los Héroes Altenses en el Cementerio de Quetzaltenango.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 2 de febrero de 1838, luego del colapso del gobierno del Dr. Mariano Gálvez,1 los criollos liberales se reunieron en la ciudad de Quetzaltenango y se declararon independientes del Estado de Guatemala, debido al inminente retorno de los criollos conservadores y autoridades eclesiásticas al poder.2 Los liberales altenses se autodenominaron «Estado de Los Altos» y contaban con un territorio nada despreciable:  ocupaban Soconusco —actualmente en México— y los departamentos de Quetzaltenango, Totonicapán y Sololá, que en esa época eran enormes y comprendían a los modernos departamentos de Huehuetenango, Quiché, Suchitepéquez, San Marcos y Retalhuleu, además de los ya mencionados.   Además, con la creación de este estado, los liberales se levaban el 75% de la capacidad productiva de Guatemala y contaban con salida al Océano Pacífico en las costas de San Marcos, Retalhuleu y Suchitepéquez para poder exportar sus productos.3

El 15 de febrero de ese año, el gobierno del Estado de Guatemala conoció el asunto y lo trasladó al ya muy debilitado Congreso Federal de Centro América en San Salvador (donde estaba el Distrito Federal de Centroamérica desde 18354) para que éste resolviera. He aquí la orden la asamblea legislativa:

El jefe del Estado de Guatemala: 

por cuanto la Asamblea Legislativa se ha servido emitir y el consejo representativo sancionar la orden que sigue:

En la ciudad de Quezaltenango el día 2 del presente, se reunió el pueblo, y se declaró independiente del supremo gobierno del estado de Guatemala, con el objeto de formar un nuevo estado en la Federación Centro-Americana, reuniéndose al efecto los departamentos de Solóla y Totonicapam, con el referido de Quezaltenango. Se erigió un gobierno provisional, quien dió cuenta de estas ocurrencias al supremo del estado, que pasó todos los documentos del caso al cuerpo legislativo.

Sobre tan importante y grave ocurrencia oyó la asamblea a su comisión de gobernación, y de conformidad con lo que ella le propuso, se sirvió acordar:

1°. — Que la resolución de este negocio se reserve al Congreso Federal, a quien corresponde con arreglo a la constitución.
2°. — Que mientras aquel alto cuerpo determine sobre las pretensiones de Los Altos, el gobierno de Guatemala observe con ellos una conducta amistosa y pacífica, que fomente la mutua confianza de estos con aquellos pueblos.5

El gobierno federal todavía era presidido por Francisco Morazán, y el Congreso Congreso legitimó al nuevo Estado el 5 de junio de ese mismo año.6 Sin embargo, la República Federal se estaba desmoronando, debido a que Morazán no había querido convocar a elecciones presidenciales, y los estados empezaron a desmembrarse; el 30 de abril se separó Nicaragua,7 el 5 de noviembre lo hizo Honduras, y el 14 de noviembre, Costa Rica.8 Así pues, quedaban solamente El Salvador —donde Morazán era Jefe de Estado—, Los Altos y Guatemala en la Federación.  Además, a pesar de la autorización federal y del apoyo de Morazán, las relaciones entre Guatemala y Los Altos nunca fueron cordiales y ambos estados se armaron hasta los dientes con la ayuda del cónsul británico Frederick Chatfield, quien había abandonado la capital federal y se había mudado a la Ciudad de Guatemala por sus desaveniencias con el presidente Morazán.  Chatfield no estaba de acuerdo con la formación de un estado fuerte e Centroamérica e hizo cuanto pudo para que se desmembrara en los pequeños estados que actualmente ocupan la región, para que así Inglaterra pudiera controlarlos más fácilmente.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Taracena, Arturo (1997). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. 
  4. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p.86.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 43.
  6. Marure, Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro-América, pp. 101-102.
  7. Ibid, p. 103.
  8. Ibid, p. 110.
  9. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.