8 de abril de 1840: Morazán se embarca para el Perú

Tras ser categóricamente derrotado por el teniente coronel Rafael Carrera en la ciudad de Guatemala, el caudillo Francisco Morazán renuncia a la jefatura de estado de El Salvador y se

Muelle del puerto de «La Libertad» a principios del siglo XX. De aquí se embarcaron Morazán y sus allegados para Perú. En el recuadro: el caudillo Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras ser categóricamente derrotado en la Ciudad de Guatemala por las fuerzas del teniente coronel Rafael Carrera en la madrugada del 19 de marzo de 1840, el general Francisco Morazán, jefe de Estado de El Salvador, tuvo que salir huyendo con sus más allegados correligionarios y gritando «¡Que viva Carrera!«.  Tomó rumbo para el barranco del Incienso y de allí siguió para la Antigua Guatemala, a donde llegó a las once de la mañana.  Después de descansar cuatro horas, partió para El Salvador.1

Morazán iba sumamente apesadumbrado, no solamente porque comprendía que aquella derrota significaba el fin de su carrera política, sino porque había sido derrotado por un «indio salvaje» que de la noche a la mañana se había convertido en un genial estratega y militar.  El ex-presidente federal tenía que enfrentar ahora la situación que él mismo había creado: descontento en su contra en El Salvador, odiado en Nicaragua y Costa Rica y con los conservadores en el poder en Honduras y Guatemala.2

Cuando llegó a El Salvador encontró una panorama desolador: muchos de sus soldados habían desertado y Guatemala, Honduras y Nicaragua estan preparándose para invadirlo. Entonces Morazán se dio cuenta que lo mejor era entregar el mando.  Así pues, convocó a una reunión a sus correligionarios y principales vecinos y les dijo: «Vendrá Guatemala por el occidente con sus tropas de fanáticos, talando siembras e incenciando poblaciones; por el norte Honduras nos invadirá y tropas aliadas hondureñas y nicaragüenses, nos impondrán un cerco que habremos de resistir, sabiendo de antemano que vamos a perecer.  ¿No consideráis más pertinente que deposite el mando en persona de abono político y me retire, a la expectativa de tiempos mejores?»3

Todos aprobaron la propuesta del caudillo liberal, quien entregó el poder a José Antonio Cañas, por ser el consejero más antiguo, y se fue al puerto de La Libertad, en donde se embarcó para el Perú el 8 de abril de 1840.  Junto con é iban el Dr. Pedro Molina, los hijos de éste Felipe y José Molina, Manuel Irungaray, Miguel Alvarez Castro, el ex-jefe de estado salvadoreño Diego Vigil, José Miguel Saravia, el presbítero Isidro Menéndez, Carlos Salazar, Máximo Orellana, Nicolás Angulo, el general Trinidad Cabañas , Enrique Rivas, el futuro presidente de El Salvador Gerardo Barrios, Antonio y Bernardo Rivera, y José María Silva, entre otros.4

Los exiliados abordaron la goleta «Izalco» que Morazán había fletado y partieron hacia Costa Rica. Sin embargo, cuando llegaron a Puntarenas el presidente costarricense Braulio Carillo no les permitió desembarcar y finalmente llegaron a Colombia, en donde Morazán hizo circular el «Manifiesto de David» en el que carga con imprecaciones y amenazas a la familia Aycinena y a Carrera.4 Después partió para Perú en donde el presidente Gamarra lo acogió y le ofreció puestos públicos y el mando de algunas de sus tropas, pero Morazán lo rechazó ya que su en su mente solamente había un objetivo: regresar a Centroamérica para vengarse de Carrera.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 159-161.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 62.
  3. Ibid., p. 63
  4. Ibid., p. 64
  5. Ibid., p. 65

26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro,  pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos.  Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual.  Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°. — El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°. — En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°. — No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°. — Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°. — El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°. — El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió.  El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala.  Uno de sus primeros actos fue sacar  al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!»  Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

24 de diciembre de 1840: nace Delfino Sánchez

Nace en Totonicapán Delfino Sánchez, Ministro de Estado del gobierno del general presidente J. Rufino Barrios

24diciembre1840
Tumba de Agripita Coutiño, vda. de Sánchez en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, la cual es una de las mejor conservadas del otrora majestuoso camposanto.  La Sra. Sánchez era la madre de Delfino Sánchez, quien aparece en el recuadro.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Manuel Delfino Sánchez Coutiño nació en Totonicapán el 24 de diciembre de 1840 y junto con su familia salió al destierro tras la derrota del Estado de Los Altos en 1849.1 Era hijo de Francisco y Agripita Sánchez, hermano de Dolores, Guillermo y Urbano, con quienes tuvo una enorme influencia económica y política no solamente en Quetzaltenango sino que entodo el país durante el gobierno de Barrios. Francisco Sánchez expandió su negocio de aguardiente en Totonicapán en 1853 y adquirió vastas extensiones de tierra en la cosa, traslandando a su familia a Quetzaltenango, en donde estableció su casa de comercio, en la que vendía artículos para artesanos y granjeros, así como ropa, instrumentos musicales, artículos de lujo, bombas de agua y similares.2

Salieron al exilio durante el segundo período de gobierno del mariscal Vicente Cerna, pero tras la victoria de la Revolución Liberal —a la que Francisco Sánchez patrocinó con 60,000 pesos— la familia tuvo gran auge, especialmente durante el gobierno del general J. Rufino Barrios que se inició en 1873. Francisco Sánchez fundó el primer periódico liberal tras el gobierno conservador, y su hijo Delfino tuvo numerosos cargos públicos de gran importancia; es más, su otro hijo, Urbano Sánchez, se casó con Clotilde Barrios, hija del presidente en 1883.2

Delfino Sánchez dirigió la construcción de la Penitenciaría de Totonicapán y la reconstrucción de la Iglesia de Totonicapán que se había incendiado en 1878 y ya siendo Ministro de Fomento, fue diputado por San Marcos a la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1879 luego de ocho años de que los presidentes de Guatemala estaban gobernando basados en los «amplios poderes» del Acta de Patzicía.3 Aquella consitución fue hecha a la medida de los deseos del general presidente J. Rufino Barrios de tal modo que, cuando éste murió en 1885, tuvo que ser modificada para restringir el poder de su sucesor, el general Manuel Lisandro Barillas quien era conocido de Sánchez ya que fue Jefe Político de Quetzaltenango.4

Ya durante la expropiación eclesiástica de 1872 y 73,5 Delfino Sánchez había adquirido a muy bajo costo el antiguo convento de Santa Clara, que convirtió en su casa de habitación en la Ciudad de Guatemala, y en 1880, cuando éste ya era Ministro de Fomento, la famila Sánchez consiguió de parte del gobierno de Barrios una concesión para construir una fábrica de textiles en el poblado de Cantel, dada la proximidad de este municipio tanto de Quetzaltenango como de Totonicapán.  Para ayudar a la construcción de esta fábrica, a partir de 1882 el Jefe Político de Quetzaltenango, el general Barillas, obligó a los jornaleros de la región a trabajar en la construcción de la infraestructura de la planta transportando materiales desde las canteras de Totonicapán y equipo de producción desde los puertos en el Pacífico, así como trabajando de albañiles.  Las autoridades municipales de la región se quejaron con Barillas de que el trato de los jornaleros era inhumano y muy mal pagado, pero no lograron cambiar la situación.5 Y por si fuera poco, el Ministerio de Fomento, dirigido por Delfino Sánchez, confiscó los ingresos municipales de la región para la construcción de dos puentes que se necesitaban para comunicar a Cantel con Quetzaltenango.2 

En 1881, Sánchez fue embajador de Guatemala ante el gobierno de Francia por la cuestión de Pilet, y en 1882 fue el embajador ante las naciones centroamericanas cuando el presidente J. Rufino Barrios había dejado el poder temporalmente en manos del presidente interino José María Orantes, mientras el estaba en Estados Unidos finalizando el tratado de límites con México.2,6

Sánchez falleció en la ciudad de Guatemala en 1885, y aunque sus restos fueron trasladados a Quetzaltenango, en el Cementerio General se encuentra la tumba de su madre, la Sra. Agripita de Sánchez, la cual es un monumento artístico de gran calidad que ha sido de los pocos que se han conservado intactos desde 1882.  He aquí cómo lo describió Ramón Salazar, también ex-Ministro de Estado y constituyente de 1879, en su revista cultural «La Ilustración Guatemalteca«:7

«[…] Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación es el sepulcro de Doña Agripita de Sánchez.  La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan Don Delfino Sánchez, notable Ministro de Instrucción Pública del General Don. J. Rufino Barrios, muerto ya, y Don Guillermo Sánchez, honrado industrial que aún vive.  Ella era la viuda de Don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo, a quien conocí y quise por sus virtudes republicanas.  Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripita; esposa de este último dewen haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monumento que hay en el Cementerio erigido por la piedad filial. La matrona yace tendida en su féretro y a sus pies hay un ángel que señala para lo alto.

Al examinar aquellas facciones no se nota ninguna contracción nerviosa ni ningún signo que denote que se ha temido la muerte; al contrario, el rostro de la matrona indica que ha aguardado a la pálida tranquilidad, esperanzada y aguardano un mundo mejor.  Arriba hay un catafalco de mármol negro, que será su sepulcro en la tierra, y que está adornado con una multitud de angelitos, que dicen que son sus nietos. En lo alto del monumento hay la figura de una mujer que surge de la tumba, transfigurada, ideal y hermosa y que está en actitud de elevar su vuelo hacia lo alto y hacia lo hermoso. Nuestro bello cielo azul forma el fondo de esa esplendente concepción artística, que mientras más se estudia y contempla más gusta y entusiasma».7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Locomotora (1906). Don Delfino Sánchez. Guatemala: La Locomotora. p. 6.
  2. Grandin, Greg (1997). The Strange Case of «La Mancha Negra»: Maya-State relations in Nineteenth Century Guatemala. Hispanic American Historical Review. 77 (2). pp. 211-243.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 345.
  4. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp.721-726.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-120.
  6. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 444.
  7. Salazar, Ramón (1 de noviembre de 1896) «Una excursion al país de los Muertos«. La Ilustración Guatemalteca 1 (7). Síguere, Guirola y Cía. Guatemala. p. 98.

17 de marzo de 1838: Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos

El distrito de Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos tras expulsar a las autoridades de Guatemala.

17marzo1838
El poblado de Mazatenango en 1875.  Junto con Cuyotenango y Retalhuleu, Mazatenango fue una de las tres poblaciones principales del distrito de Suchitepéquez que se unió al Estado de Los Altos en 1838.  Fotografía de Eadweard Muybdrige.

Contrario a la opinión generalizada, el Estado de los Altos no solamente estuvo formado por la ciudad de Quetzaltenango, sino que con todos los departamentos del occidente (es decir, con casi la mitad del Estado de Guatemala) cuando se separó del mismo en 1838. Allí se aglutinaron todos los criollos liberales que no estaban de acuerdo con el gobierno conservador que se estableció en Guatemala tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez en febrero de ese año.  Aquella región tenía dos grandes ventajas para los liberales:  la frontera comercial con México y la posibilidad de construir puertos de salida al Pacífico en Champerico y en Ocós.

El 17 de marzo de 1838, el funcionario del estado de Guatemala en el distrito de Suchitpéquez, Felipe Pedrosa, envió al gobierno la siguiente carta explicando los hechos que rodearon la sedición de aquel distrito:

Como en enero próximo pasado se circuló órden de ese ministerio a los jueces de distrito, para que sin mando del Gobierno no saliesen del que les correspondiese, aún concluídos los términos de audiencias, y que fué comunicada al que suscribe como juez del distrito de Suchitepéquez; creo de mi deber informar al Supremo Gobierno por conducto del ministerio de su cargo, del motivo que ocasionó mi egreso de aquel sin mando acuerdo, y fue un desorden criminal, introducido a los pueblos pacíficos del mismo distrito, sin que los miembros de una autoridad legítima, celosa del orden y del cumplimiento dela ley pudieran evitarlo; igualmente cual fuese mi  conducta como funcionario judicial.

Abiertas las audiencias de la corte del 11°. distrito del 1 de enero último en el circuito de Cuyotenango, en principios del siguiente febrero aún se ocupaba aquella en el despacho de muchos asuntos criminales y civiles que para dicho término se le presentaban.  En tales circunstancias y al anunciarse la venida de dos comisionados de la Ciudad de Quetzaltenango venían con el objeto indebido de excitar a las municipalidad y vecindario del distrito para separarse del supremo Gobierno general del Estado y unirse a Quetzaltenango, proclamado independiente con afán de constituir un nuevo Estado, el fiscal público se marchó al pueblo de su vecindario, pretextando enfermedad y yo llamé al magistrado ejecutor residente en Mazatenango para que viniese a ejercer las funciones de agente del ministerio y se excusó con las mismas insuficientes razones, que lo hizo para no ocurrir a las mismas diligencias, en concepto de ejecutor.  A uno y otro le presenté en diversas cartas oficiales, la urgencia de los asuntos pendientes, y las circunstancias de desorden que amenazaban la paz del distrito; pero nada pudo hacerlos venir al cumplimiento de sus debereres: esto consta de las comunicaciones que en copia adjunto en los número 1.° a 5.

En este estado dos inviduos que los fueron los ciudadanos Manuel Arellano y José Antonio Paniagua, titulándose comisionados del Gobierno de Quetzaltenango,  me hablaron personalmente sobre el objeto de su misión que no era otro que el excitar a los PP.MM. sobre la segregación del Gobierno general del Estado.  Di orden a aquellos para que no diesen un paso en su tal comisión, y la repetí por escrito en los términos que expresa la copia número 8, y a consecuencia de su causa criminal que inicié contra los referidos, pedí auxilio al magistrado ejecutor para proceder a su captura, quien me lo negó como se vé en los números 6 y 7.  Cometí la orden de prisión al mismo ejecutor por hallarse éste y aquellos en Mazatenango, pero no fue cumplida ni retornada por dicho funcionario.

Circulé, dirigida a los gobernadores, la comunicación adjunta en la copia con el número 9.  Obtuve varias contestaciones de enterado, y del de Mazatenango, en donde ya se había verificado el pronunciamiento a virtud de intriga de los mismos y de la cooperación decidida del mismo magistrado ejecutor, ciudadano  Mariano Rodríguez y el juez del circuito, subdiácono, José María Figueroa, recibí el oficio número 10 que contiene el acta acordada.  Más como los término de este pronunciamiento no fuesen a la satisfacción de los agentes de Quetzaltenango y las provincias que había yo tomado con el buen sentido de la generalidad en aquellos pueblos, atentos aun a la voz de la justicia y de la razón, fueran un obstáculo para que la empresa de aquellos tuviera el mejor éxito, vino de aquella ciudad una fuerza armada y por comisionados el mismo señor Antonio Paniagua y el presbítero regular José María Chacón, y al influjo de esta fuerza, de la intriga y de hechos violentos, fueron debidos los pronunciamientos verificados en Retalhuleu y Cuyotenango, en cuyo lugar llegó al punto la exaltación de varios intrigantes y zánganos más desmoralizados, puso en peligro hasta mi existencia, amenazada por manos asesinas, y me hizo salir rápidamente a otro punto del distrito.

Como el último de los comisionados referidos contaba con la fuerza armada y sostenido por la desmoralización de otros perversos, continuáse ejecutando con mayores excesos, removiendo autoridades legítimas, rompiendo el sistema judicial establecido y dirigiendo sus miras a un completo desorden que la autoridad central no pudo contener por su aislamiento y falta de auxilio y de recursos, yo me vi violentada por estas circunstancias a salir del distrito después de ver el desorden y de oir el grito de segregación de la autoridad legítima y general del Estado en los tres pueblos principales del mismo distrito.

Si la cooperación de los funcionarios de quienes hice mérito, no hubiese sido tan manifiesta y declarada sobre el particular, faltando así criminalmente a sus deberes, si el ejecutor hubiese cumplido con las órdenes repetidas del Ejecutivo sobre formación de la milicia cívica, si él no hubiera remitido a la comandancia de Quetzaltenango las armas que tenía el distrito para cuya reunión dió sus órdenes a los gobernadores y anduvo personalmente los pueblos donde estaban para despojarlos de ellas, sino hubiese trabajado infinito en preparar la opinión a favor de la segregación, en convocar personalmente las municipalidad y desconociendo en sus hechos a la corte, cuyos hechos son notorios; el distrito de Suchitepéquez no se había manchado con el crimen de la sedición, perdiendo sus derechos políticos, su seguridad y garantías; y el Estado una parte que legítimamente le corresponde.

Las providencias indicadas y otras del mismo tenor, fueron las únicas que en el mayor aislamiento y falta de auxilio y de recursos pude tomar, y aquel el motivo de mi vuelta del distrito de Suchitepéquez.

Con el objeto de esclarecer mi conducta, hago de Ud., C.M., esta manifestación, para que se digne ponerlo en noticia del supremo Gobierno, a quien protesto mis respetos y a Ud. mi singular consideración.

Guatemala, marzo 17 de 1838

        • Felipe Pedrosa

Llama aquí la atención que entre los agentes sediciosos que menciona Pedrosa en su carta menciona al sacerdote regular José María Chacón.  Debe recordarse que en esa época, los miembros del clero regular todavía no habían retornado del exilio que les impuso Francisco Morazán en 1829, por lo que es suponerse que Chacón había sido fraile pero renunció a los hábitos para poder seguir en Guatemala.

Lejos estaba Pedrosa de imaginar que aquella sedición iba a terminar de forma sangrienta justamente dos años después de su informa al gobierno sobre los sucesos en Suchitepéquez; el 17 de marzo de 1840, el general Rafael Carrera derrotaba de forma definitiva al ejército invasor salvadoreño dirigido por Francisco Morazán y no solamente terminaba con el Estado de Los Altos, sino que con la Federación Centroamericana de los liberales y con la carrera del caudillo hondureño.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 17 de marzo de 1837: Suchitepéquez y Los Altos. Guatemla: Nuestro Diario.

13 de marzo de 1840: Morazán parte de San Salvador para invadir Guatemala

El ex-presidente de la República Federal de Centro América y jefe de Estado de El Salvador, Francisco Morazán, parte de San Salvador para invadir Guatemala.

13marzo1840
Instalaciones del Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala.  Aquí se atrincheraron las fuerzas salvadoreñas con que Morazán intentó hacerse del control en Guatemala.  En los recuadros:  el general liberal Francisco Morazán y el general conservador Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los generales Francisco Morazán y Rafael Carrera fueron enemigos formidables, enfrentados por diferencias irreconliliables.  Morazán era descendiente de criollos de la región de Honduras, que había abrazado la causa liberal debido a que consideraba que los criollos aristocrátas y los jerarcas de la Iglesia Católica —todos ellos asentados en la Ciudad de Guatemala— les habían estado explotando durante la época colonial.  Carrera, por su parte, era mestizo y había sido educado por los curas párrocos que lo ungieron como el elegido de la Santa Virgen María para salvar la verdadera religión frente a la amenaza de los liberales herejes durante el gobierno liberal del Jefe de Estado Dr. Mariano Gálvez.1

Morazán llegó a ser presidente de la República Federal de Centro América por haber derrotado con su «ejército protecto de la ley» al gobierno federal conservador de Mariano de Beltranena y al gobierno estatal conservador de Mariano de Aycinena, luego de invadir Guatemala en 1829.2 Carrera, mientras tanto, se inició como jefe de guerrilleros, atacando las fuerzas del gobierno liberal de Mariano Gálvez, y gracias a su genio militar llegó a convertirse en el hombre fuerte de Guatemala, tras la caída de Gálvez y la llegada al poder del Jefe de Estado Mariano Rivera Paz.3,4

Después del derrocamiento de Gálvez, los criollos liberales de Guatemala se refugiaron en el occidente del Estado o huyeron a El Salvador.  En el occidente formaron su propio estado con la venia del presidente Federal, Morazán;5 así nació el Estado de Los Altos, pero éste tenía dos graves problemas: el primero, era que mantuvo las leyes que tenía el Estado de Guatemala y que incluían las leyes laicas y, sobre todo, el excesivo impuesto individual a los campesinos; y el segundo, era que se había quedado con el 50% del territorio y con el 75% de la capacidad productiva de Guatemala.6 Por eso, bastó con que una comisión de indígenas se quejara con el general Rafael Carrera de los impuestos abusivos luego de la masacre de indígenas en Santa Catarina Ixtahuacán el 1 de octubre de 1839,7 para que Carrera usara eso como pretexto para invadir Los Altos y recuperarlos para Guatemala a sangre y fuego el 29 de enero de 1840.8

Ese fue el detonante de la inevitable confrontación entre Morazán y Carrera. Dice de esto el licenciado Federico Hernández de León: «Aparentemente, Morazán vió con un operetesco desprecio a Carrera; las leyendas que corrían alrededor del guerrillero chapín, lo hacían ridículo. Sobre todo su analfabetismo era inconcebible.  Un hombre que no sabía leer ni escribir, no podía servir, sino para causar lástima.  Aquel ‘indio’ rechoncho, de mirada desconfiada, de gesto evasivo, era puesto en solfa y había un empeño en propalar toda suerte de historietas que ayudaran al ridículo, para matar al caudillo a golpes de desaire.  Algo se lograba; pero Carrera iba a lo que iba, y a golpes de machete, como si se tratara de los días en que el hombre se disputaba con las fieras la posesión de alimento, Carrera batió las voluntades y destruyó a sus enemigos.»9

Para entonces ya se había roto el pacto federal, pues Morazán no había querido convocar a elecciones para su sucesor en la presidencia federal y en respuesta a esto los Estados de Costa Rica, Honduras y Nicaragua habían abandonado la federación.10 Por eso, Morazán pasó a ser el Jefe de Estado de El Salvador.

Dice de esto Hernández de León: «Morazán era el Jefe de Estado de El Salvador, cuando Carrera destruyó el Estado de Los Altos.  Los altenses fueron víctimas primero, del azuzamiento llegado de El Salvador; después de que las fuerzas de Guatemala derrotaron a los independientes en las tierras de Sololá, y Carrera pudo subir hasta las crestas altivas del Zunil y Almolonga y, como en siglos pretéritos realizara el conquistador [Pedro de Alvarado], empapar el suelo con la sangre inocente de muchos quetzaltecos.  Quetzaltenango sucumbía con el mayor de los desamparos y sus jefes y sus directores caían unos, los menos desgraciados, con el pecho atravezado por las balas y, los otros, en manos del enemigo que más habrían de servir de cortejo al vencedor y de irrisión a la plebe que se solazaba con su martirio y la desgracia…»9

Ante esto Morazán, el líder de los liberales, decidió tomar por la fuerza a Guatemala para vengar lo hecho por Carrera contra sus correligionarios. Continúa Hernández de León:

«Mientras tanto, en El Salvador se resolvían las órdenes contra el régimen de Guatemala, que así mataba una nacionalidad y se incorporaba su personalidad.  Las amenazas llovían a diario.  La prensa salvadoreña agotaba los cargos.  En un manifiesto que tengo a la vista, dirigiéndose los salvadoreños a los de Los Altos les decían: «Esperad en el venturoso día de nuestra nueva vida política, ese gran día de regeneración y de gloria.  Y vosotros, ¡infames! que por tanto tiempo habéis abusado de la credulidad de los pueblos, empapándolos de sangre y lágrimas para recobrar vuestros antiguos timbles, ¡¡¡Temblad!!!»

Lo cierto del caso es que a Morazán, se le subió el Chico [Ganzúa] a la cabeza y dispuso poner en cintura a los de Guatemala y al indio que los dirigía.  Morazán sabía qe no podía tolerar tanto avance. Lo malo resultaba en que sus determinaciones las adoptaba en los momentos en que las tropas guatemaltecas ya estaban descansadas de las fatigas de Occidente; que sus jefes se encontraban dispuestos a las nuevas luchas y Carrera toma sus disposiciones de defensa, para el caso de un seguro ataque: se levantaban emprésticos, se fabricaba armadura, se construían balas de piedra y de plomo, se apuntaban las lanzas y se tejían las hondas… En tanto, la prensa libraba las primeras escaramuzas.

Morazán leventó una columna de mil cuatrocientos hombres.  El sería el redendor del pueblo sacrificado.  Primero tomaría la capital del estado; después pondría al jefe que se le antojase; inmediante el Estado de Los Altos tomaría de nuevo su personalidad y, llegado el caso, si se quería formar otro estado con el Petén y Verapaz, también se podía hacer. ¡No nos habíamos de quedar por estado de más o estado de menos!

El 13 de marzo de 1840 Morazán dejaba el Estado de El Salvador y entraba en el de Guatemala.  El gobierno quedaba en manos de don Antonio J. Cañas.  Morazán avanzaba sobre nuestras tierras con la firma seguridad de un triunfo definitivo y ruidoso.  Algo le preocupaba la presencia del analfabeto que mandaba las tropas enemigas.  Se decían muchas cosas de él y el hondureño no las tenías todas consigo.  Pero seguía avanzando con paso firme, en tanto que por el camino  se le unían algunos descontentos y gentes que tuvieron agravios que vengar y daños que reparar.»9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press
  2. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta pública y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-17.
  4. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-América Desde el año de 1821 hasta el de 1842. Tipografía Nacional. pp. 97-100.
  5. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  6. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.
  7. García Elgueta, Un pueblo de Los Altos, p. 100.
  8. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 165-167.
  9. —(13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  10. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.

17 de febrero de 1840: entrada triunfal de Carrera tras reincoporar a Los Altos

Entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, «la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala».1  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales – o  la de comunistas o de anticomunistas -; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan de planes definidos y programas coherentes de gobierno, como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822.2  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya el pacto de la República Federal de Centro América estaba disuelto, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena y Juan José de Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  de hecho, nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal anti-aristócrata que ya no soportaba «el rancio abolengo» de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.1

En 1840 era Jefe del Estado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como «bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años«. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general campesino Rafael Carrera, quien defendía la religión católica y a los intereses del campesinado a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.1

En ese momento el Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838,3 los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio y llevándose consigo el 75% de la capacidad productiva.4  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.5  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la «insubordinación de los bárbaros«, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quien confiaban por ser mestizo.4,5

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, «los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.»  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento criollo quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.1

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como «el día más feliz de la Patria«.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y daban vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.1

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomarían represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829,6 cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.7

Y tal y como lo temían los aristócratas de «las familias«, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuvieron la desgracia de saber quién era realmente el «caudillo adorado de los pueblos» después que éste fuera derecho a Quetzaltenango tras derrotar categóricamente a Morazán en la Ciudad de Guatemala el 19 de marzo.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera». Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaRXVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-5998-9541 
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-25.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular.
  5. Solís, Memorias de Carrera, 1837 a 1840. p. 25-70.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871»Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X. Archivado desde el original el 1 de marzo de 2019.
  8. Solís, Memorias de Carrera, 1837 a 1840. p. 70-90.

17 de marzo de 1840: fuerzas de Morazán llegan a la Ciudad de Guatemala

Francisco Morazán, ex-presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

17marzo1840.jpg
Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870 en un cuadro de Augusto De Succa.  Por este camino ingresaron las tropas de Morazán el 18 de marzo de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras partir hacia Guatemala al mando de mil ochocientos soldados salvadoreños el 13 de marzo de 1840, el jefe de Estado de El Salvador, general Francisco Morazán, ingresó al territorio del Estado de Guatemala y llegó a la capital el 17 de marzo,  aplicando luego de aplicar la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde había pasado, tal y como se acostumbraba en esa época.1  De hecho, cuando la invasión ocurrió al revés en 1828, y las fuerzas guatemaltecas al mando del brigadier Arzú llegaron hasta San Salvador, habían hecho los mismo.  En esa oportunidad dijo Arzú:

“Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.”2

El gobierno de Guatemala tenía distruidos en toda la línea hasta la frontera con El Salvador un cordón de vigilantes que transmitían los mensajes corriendo por montes y cañadas.  Así, cuando se supo que Morazán y sus fuerzas habían llegado al Corral de Piedra el 16 de marzo, el terror se apoderó de los habitantes de la ciudad.3 Teniendo todavía presente los recuerdos de 1829, los ciudadanos gritaban: «¡Vuelven los pirujos, los herejes, los malditos de Dios, vienen a atentar conra nuestra sagrada religión, a arrasar nuestros conventos, a saquear nuestras iglesias, a violar a nuestras vírgenes, a asesinar a nuestros hombres!3

Y mientras las campanas doblaban, algunos vecinos improvisaron su propia defensa, y los aristócratas enterraban sus monedas en los patios de sus casas, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, encomendó al general Rafael Carrera que organizara la defensa de la ciudad, sabiendo que a Morazán lo acompañaban soldados experimentados y militares de la talla de los general franceses Isidoro Saget y Nicolás Raoul, ambos ex-soldados de las fuerzas de Napoleón en Europa.4 

He aquí el decreto de Rivera Paz:

Habiendo invadido alevosamente el Estado por las fuerzas del general Morazán, para proveer a su defensa, decreta:

Todo hombre desde la edad de 14 años a 50, se presentará en el término de seis horas a tomar las armas en la casa municipal.[…] Todo el que, pasado el término señalado en este decreto, no se presentare, será considerado como sospechoso y aprehendido como tal. 

Se declara la ciudad en estado de sitio.

El Comandante general queda encargado de la ejecución de este decreto.

Guatemala, 16 de marzo de 1840.

        • Mariano Rivera Paz5

Carrera le había dado licencia a sus tropas tras la campaña de Los Altos en enero, pero tuvo que enviar a varios agentes para reunir a los más cercanos, para que dejaran el azadón por un lado y se aprestaran a tomar las armas.6  Y mientras él se encarga de reunir a sus hombres, Rivera Paz lanzó la siguiente proclama:

Guatemaltecos, en la ceguedad y en el delirio de la desesperación, el enemigo antiguo de Guatemala, ha tenido la temeridad de invadir el Estado, y se dirige a la capital.  Ya sabéis, valientes guatemaltecos, todo lo que nos interesa defender: la santa religión, un gobierno de equidad y justicia, cual deseaban los pueblos y heroicamente acaban de establecer.  ¡A las armas, guatemaltecos! El esforzado general Carrera dirige las operaciones. Yo confío en su pericia y en el valor que os es común. El triunfo será cierto con el favor de Dios que visiblemente nos protege.

Guatemala, marzo 16 de 1840.

        • Mariano Rivera Paz6

Las tropas de Morazán llegaron con su fuerza arrolladora hasta las afueras de la ciudad, sintiendo que ya habían triunfado.  El historiador Federico Hernández de León dice al respecto: «Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.»2

Pero las fuerzas de Morazán no esperaban que, al contrario de lo que se acostumbraba en esa época — y de lo que hicieran los aristócratas que comandaban las fuerzas guatemaltecas en 1829—, Carrera decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Aceituno, dejándole la plaza en bandeja de plata a los invasores.  Alguien le recriminó diciéndole: «¿Pero Su Excelencia nos abandona en un trance tan cruel?», a lo que Carrera replicó terminantemente: «No tema nadie nada. Tengo un plan que no falla; ya volveré.  Yo sé cuales son mis deberes.»3,4

Antes de retirarse de la ciudad, Carrera exigió que le entregaran todos los caballos, fusiles y municiones que hubiera disponibles, y cuando los obtuvo organizó a sus hombres.  Dejó a Vicente Cruz a cargo de la defensa de la ciudad, ya que allí había suficientes municiones y una regular cantidad de soldados.  Carrera, con quinientos hombres se retió al Aceituno —en donde muchos años más tarde se establecería la zona militar «Mariscal Zavala«— y esperó.  Su plan era simple:  no dejarse sitiar y contar con fuerzas frescas para poder pelear sobre los sitiadores, o defenderse y escapar a la montaña donde era prácticamente invencible si era repelido.5

Las fuerzas de Vicente Cruz, que no llegaban a ochocientos hombres, pusieron vigías en los campanarios de la Catedral, de Santo Domingo, de La Merced y de San Francisco esperando la llegada de Morazán y sus tropas.  El 17 de marzo se supo que éstos estaban en Fraijanes y a las cuatro de la tarde ya estaban en la cuesta de Pinula.3

El ejército invasor entró a la ciudad el 18 de marzo por el Guarda de Buena Vista —conocido también como Santa Cecilia—, que era el único acceso en ese entonces, y se apoderó del Hospital San Juan de Dios, en donde instaló una cocina con las cien vivanderas salvadoreñas que traía, y dispuso su cuartel con municiones y tropa.  Mientras tanto los salvadoreños Rivas y Malespín tomaron la ciudad, junto con los hermanos guatemaltecos Rivera Cabezas, tomaron la parte occidental de la ciudad y llegaron a tomar el Palacio Colonial, desde donde atacaron a las fuerzas de Vicente Cruz que se replegaron al atrio de la Catedral, donde resistieron como pudieron las tres horas que duró el combate.7

Aquell certero ataque dió sus frutos y Morazán se vió dueño de la plaza ese mismo día. En el Palacio encontró suficientes municiones, pólvora y varios novillos gordos con los que podría alimentar a su tropa. Rivera Paz y las tropas de Cruz, por su parte, tuvieron que salir huyendo hacia el Aceituno, en donde se pusieron a la orden de Carrera.7

Algunos criollos liberales, entre ellos Dolores Bedoya de Molina, enviaron correos expresos a Quetzaltenango comunicando a los criollos altenses que Carrera había sido derrotado, y que los criollos «serviles» habían caído.  Al saber la noticia, los quetzaltecos hicieron repicar las campanas y la Municipalidad se reunió de inmediato para anunciar públicamente la noticia y para atacar al destacamento del Corregidor guatemalteco, que fue fácilmente vencido.   Luego, declararon nuevamente la independencia del Estado de Los Altos.8

Así pues, todo estaba listo para que el destino de Guatemala, El Salvador y Los Altos se decidiera en la batalla definitiva el 19 de marzo de 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 412.
  2. —(13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 439-442.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1965) El general Rafael Carrera ante la Historia. En: Publicaciones del Servicio de Relaciones Públicas, Cultura y Acción Cívica del Ejército.  I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 20.
  5. Marroquín Rojas, Clemente (1965). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta Marroquín, Hnos. p. 195.
  6. ibid., p. 196.
  7. Ibid., p. 200.

 

29 de enero de 1840: Carrera reincorpora el Estado de Los Altos a Guatemala

El general Rafael Carrera toma Quetzaltenango y reincorpora al territorio del Estado de Los Altos a Guatemala

29enero1840
Catedral de Quetzaltenango en 1887.  Fotografía del libro «Guatemala, The Land of Quetzal«.

Guatemala sufrió varios intentos de secesión durante las décadas de 1830 y 1840.  El principal fue la formación del Estado de Los Altos conformado por el territorio de los actuales departamentos de Soconusco (en México), Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Sololá, Suchitepéquez, Totonicapán, y Retalhuleu.  Los criollos liberales viendo como habían perdido el poder en Guatemala tras el triunfo de la revolución campesina liderada por Rafael Carrera en 1838, se aglutinaron en el occidente del Estado y aprovechando que el general Francisco Morazán se aferraba todavía a la presidencia de la República Federal de Centroamérica formaron su propio Estado.1

El nuevo estado fue reconocido por el entonces débil gobierno de Guatemala, presidido por Mariano Rivera Paz, y luego por la Asamblea del Estado y por el Congreso Federal.  Aprovechando que los criollos conservadores se estaban reorganizando en Guatemala, los criollos liberales altenses se organizaron primero en la ciudad de Totonicapán, y luego en la ciudad de Quetzaltenango, con el fin de exportar sus bienes en los puertos en la costa de Retalhuleu y hacerle presión al gobierno de Guatemala desde la frontera occidental, junto con la presión que estaba haciendo Morazán desde El Salvador y Honduras.  Y aprovecharon para formular su constitución, dividir su territorio en cuatro departamentos (Quetzaltenango, Totonicapán, Suchitepéquez y Sololá) y nombrar miembros del cuerpo diplomático ante los demás estados.1

Pero cuando el gobierno guatemalteco se afianzó, y advirtió que los liberales ya no se iban a El Salvador sino a Quetzaltenango, y que desde allí empezaron a lanzar duras críticas en la prensa local en contra del general Rafael Carrera, y los líderes criollos aristócratas Luis Batres Juarros , Manuel Francisco Pavón y la familia Aycinena.  Si bien esto era muy molesto para los conservadores que acababan de regresar con sus fortunas muy mermadas del exilio impuesto por Morazán en 1829, el verdadero motivo para la fricción entre los altenses y los guatemaltecos era que sin la región occidental, Guatemala había perdido el 75% de su capacidad productiva, lo que hacía fueran Los Altos y no Guatemala, el estado hegemónico de la ya reducido República Federal de Centro América.2

El problema que tenía el estado de Los Altos era que había conservado la capitación (impuesto individual para la población indígena), lo que tenía muy molestos a sus campesinos hasta que ocurrió la sublevación del 1 de octubre de 1839 en Santa Caraina Ixtahuacán en donde el ejército de Los Altos masacró a numerosos  indígenas que se negaban a pagar el impuesto. No solamente los jefes departamentales de Sololá y Totonicapán estuvieron a punto de morir, sino que un indígenas que perdió a uno de sus hijos, le cortó la cabeza al cadáver y la llevó al palacio de Gobierno, como prueba de la crueldad del jefe de Estado de Los Altos.3

Aquella fue la excusa perfecta para romper hostilidades. Al enterarse de la masacre de indígenas, el general Rafael Carrera emprendió camino para Los Altos al mando de las tropas guatemaltecas, cruzando la frontera entre ambos estados el 24 de enero de 1840, ocupando San Andrés Semetabaj el 26 de enero y entrando en combate con las fuerzas altentes dirigidas por el general Agustín Guzmán el 28 de enero.  El combate fue violento y Guzmán cayó herido de tres sablazos y luego lo pateraron y le arrancaron la barba a tirones, solamente para llevarlo como trofeo de guerra a Guatemala pocos días después.4

Al enterarse de que las fuerzas de los criollos habían sido derrotadas, los indígenas se unieron a las fuerzas guatemaltecas y celebraron triunfalmente el ingreso de Carrera a la ciudad de Quetzaltenango el 29 de enero.  Carrera llamó a aquella acción militar «la pacificación de Los Altos«, hizo prisionero al expresidente Marcelo Molina y sustituyó a las autoridades locales por personas de su confianza que hicieron un gobierno duro en la región.  Por último,  le advirtió a los dirigentes quetzaltecos que los había tratado con consideración porque era la primera vez que lo retaban, pero que la siguiente vez que ocurriera algo semejante, iban a ser quién era él.5

Carrera regresó a Guatemala llevando a Guzmán y otros generales derrotados en andrajos, con las heridas sangrantes y a lomos de mula como trofeos de guerra y engrilletados de pies y manos.  Ingresó triunfante el 17 de febrero y fue recibido por un gran gentío que lo vitoreaba y que se burlaba de los vencidos.5

Pero la situación no había concluido.  Al enterarse de todo lo ocurrido, Morazán ahora convertido en jefe de estado de El Salvador, invadió a Guatemala con la intención de terminar con Carrera de una vez por todas, arrasando con los civiles campesinos en el oriente del Estado a su paso.  Carrera esperó con su ejército en la finca el Aceituno y desde allí le tendió una trampa al invasor liberal y lo derrotó de forma aplastante en la Ciudad de Guatemala.  Sería el fin de los liberales en Los Altos y de la carrera política de Morazán.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 165.
  2. Ibid, p. 166.
  3. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  4. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 167.
  5. Ibid, p. 168.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.

7 de noviembre de 1840: establecen la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad de San Carlos

La Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala establece la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad de San Carlos

7noviembre1840
Laboratorio de Anatomía en la Escuela Facultativa de Medicina y Farmacia en 1896.  Para entonces, la facultad contaba con casi 75 estudiantes en total, muchos de ellos del resto de Centroamérica y del sur de México.  Fotografía publica por «La Ilustración Guatemalteca«.

Tras la violenta revolución entre campesinos católicos y el ejército de los liberales, el gobierno del Estado de Guatemala pasó de nombre a Mariano Rivera Paz y de hecho al general Rafael Carrera el 13 de abril de 1839.1 A pesar de que en ese momento todavía era analfabeto, Carrera era ya un hábil militar y manejaba muy bien la política, al punto que supo aliarse con los criollos conservadores católicos, quienes restablecieron las instituciones que existían durante la época colonial, entre ellas, la Pontificia Universidad.2

Los liberales habían clausurado la casa de estudios superiores por ser de orientación católica y la habían sustituido por la institución laica que llamaron Academia de Ciencias y Estudios en 1832; originalmente su rector fue el doctor Pedro Molina, pero la guerra civil que se extendió de 1838 a 1840 hizo que la Academia quedara en el olvido.3

Los conservadores restituyerón la antigua Pontificia Universidad tal y como estaba establecida originalmente, aunque ahora solamente con jurisdicción en el Estado de Guatemala y el 7 de noviembre de 1840 la Asamblea Constituyente estableció la Facultad de Medicina.  Hasta entonces, si bien había habido estudios de las Ciencias Médicas, Químicas y Farmacia en el Estado, estos habían estado a cargo del Protomedicato y de los muy escasos médicos que había en el país.

Fue hasta ese momento que se estableció formalmente la Facultad, la cual estaba directamente reglamentada por el gobierno conservador, aunque la Universidad quedaba encargada de los estudios teóricos y los exámenes de grado. El decreto de creación de la facultad se transcribe a continuación:

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE 7 DE NOVIEMBRE DE 1840, ESTABLECIENDO LA FACULTAD DE MEDICINA

      1. Se establecerá en el estado una sociedad compuesta de los doctores y licenciados médicos, cirujanos y farmaceutas, que se denominará Faculta de Medicina de Guatemala.
      2. Su objeto será el arreglo del ejercicio de la medicina, cirugía y farmacia, y el progreso y perfección de estos ramos.
      3. El gobierno informado por los doctores médicos, reglamentará la facultad médica, bajo las bases que expresan los proyectos presentados por la junta de doctores médicos en 19 de agosto ultimo; pero sin separar de la Universidad el estudio teórico de esta ciencia, ni privarla de la intervención que le da su estatuto en los exámenes de grados de bachilleres, licenciados y doctores.4

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la RepúblicaIII. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 60-66.
  4. Ibid. pp. 171-180.

28 de octubre de 1840: Rivera Paz restablece la Pontificia Universidad de San Carlos

El jefe de Estado Mariano Rivera Paz restablece la antigua Universidad de San Carlos, que había sido clausurada por los liberales en 1831

28octubre1840
Escudo de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.

Alrededor de la Universidad de San Carlos de Guatemala existen varios mitos que con el paso de los años se han convertido en dogmas para los estudiantes universitarios.  Muchos creen que la Universidad, fundada originalmente en 1676 es, en efecto, tricentenaria, que siempre ha estado comprometida con las clases populares, y que ha sido siempre autónoma.  Por otra parte, existe también la creencia que la Huelga de Dolores que celebran los estudiantes durante la cuaresma es una tradición que tiene ciento veinte años ininterrumpidos de existencia.  Pero, en realidad, tanto la Universidad como la Huelga de Dolores han sido clausuradas por ciertos períodos de tiempos tras los cuales han vuelto a emerger con profundas transformaciones.

Originalmente, la Real y Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo era una institución totalmente dedicada a la enseñanza de teología católica, estando dirigida por los dominicos o por los más altos cargos del clero secular.  Su facultad de Derecho era especializada en el derecho canónico, mientras que su facultad de Medicina -que se inició hasta en el siglo XVIII – y durante sus primeros cien años de existencia, apenas graduó a un puñado de estudiantes.1  En esa época, únicamente aquellos que pertenecían a las más altas capas sociales podían acceder a los estudios universitarios y sus graduaciones eran celebradas con grandes ceremonias que incluían un Te Deum en la Catedral Primada de Santiago.2

La primera transformación de la Universidad ocurrió durante las reformas borbónicas en el siglo XVIII:  en ese momento se transformó la educación religiosa y empezó a introducirse poco a poco el pensamiento de la Ilustración que se iba adentrando en Europa.2  Además, los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios del monarca español en 1767, lo que dejó a la órdenes regulares advertidas e inició un cambio en la orientación educativa.3

A pesar de todo, estos cambios no fueron tan radicales como lo serían los ocurridos luego de la Independencia de Centroamérica en 1821. Aquel 15 de septiembre de 1821, la Universidad dejó de ser real y pasó a ser únicamente la «Pontificia Universidad de San Carlos«, quedando así hasta la invasión de Francisco Morazán en 1829.4

El triunfo del general liberal significó la expulsion de los frailes de las órdenes regulares y de los altos jerarcas del clero secular, seguido del cierre de la Universidad.5,6 Los liberales confiscaron todos los volúmenes que se almacenaban en las bibliotecas de los conventos y crearon su propia institución de estudios superiores: La Academia de Ciencias y Estudios.  Esta nueva Academia se estableció el 1 de marzo de 1832 y estuvo dirigida por el doctor Pedro Molina, quien desechó por completo la educación religiosa de las aulas universitarias.7

Las guerras en el Estado de Guatemala continuaron y tras el triunfo del general Rafael Carrera en 1838, la Academia de Ciencias quedó prácticamente abandonada.  Finalmente, los conservadores restablecieron la Pontificia Universidad de San Carlos el 26 de febrero de 1840, con unos nuevos estatuos que le otorgaban los privilegios y prerrogativas con que fue creada originalmente durante el Imperio Español.  Pero ahora la situación era diferente:  los conservadores gobernaban únicamente en el Estado de Guatemala, y por esta razón, la Universidad ya no tenía jurisdicción en todo el antiguo territorio de la Capitanía General.  De hecho, cada Estado fundó su propia Universidad.8

La Pontificia Universidad se mantuvo como tal hasta la caída del regimen conservador en 1871.  Entonces, fue definitivamente clausurada y sustituidas por varias Escuelas Facultativas que eran totalmente dependientes del Ministerio de Instrucción Púbica.  Inicialmente estaban solamente en la Ciudad de Guatemala, pero luego la Facultad de Derecho tuvo sede en Quetzaltenango.  Estas facultades totalmente laicas fueron:

Las facultades seguían siendo exclusivamente para la élite de la sociedad guatemalteca.  En un artículo publicado en el diario oficial sobre el número de estudiantes matriculados a principios del siglo XX el total reportado no llega ni a doscientos alumnos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria. ISBN 9789993967583.
  2. Paganini, Ricardo (1947). Historia De La Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala, C.A.: Tipografía Nacional. pp. 49-197.
  3. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Cazali Ávila, Augusto (1997). Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, época republicana: (1821-1994). Guatemala: Universitaria. 
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 61-65.
  8. Ibid, pp. 167-171.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 460-461.