26 de febrero de 1848: la expedición de Modesto Méndez llega a Tikal

Una expedición al mando del Corregidor y Comandante de Petén, Modesto Méndez descrube la ciudad maya de Tikal en la selva petenera.

26febrero1848
El templo II de Tikal en 1902, parcialmente descombrado. El templo se encontraba totalmente invadido por la selva cuando lo visitaron Modesto Méndez y sus hombres en 1848. En el recuadro: el corregidor y comandante de Petén, Modesto Méndez en un retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1848,  el gobernador Ambrosio Tut informó de la existencia de unas estructuras en la selva del Petén al Corregidor de ese departamento, el comandante y coronel Modesto Méndez, quien organizó una expedición para certificar que efectivamente éstas existían y así reclamarlas para la República de Guatemala.1

Méndez -cuya expedición estaba compuesta de dos comisiones, una de las cuales era comandaba por el gobernador Tut y había partido unos días antes- salió de la ciudad de Flores el 23 de febrero de 1848 con destino a la cercana población de San José, que está en la orilla norte del lago de Petén-Itzá. Al día siguiente, a las 3 de la mañana, se fueron en canoa al oeste del Lago rumbo hasta que atracaron e iniciaron el recorrido a pie.  A partir de ese momento, estaban en una región completamente inhóspita y a la merced de los indígenas que la habitaban, que en ese tiempo estaban en comunicación con los indígenas alzados que estaban masacrando europeos y criollos en Yucatán.2

Afortunadamente no tuvieron contratiempos y caminaron  cuatro leguas al norte, hasta llegara a la laguna El Tintal, el cual consideraban que era el punto más adecuado para dirigirse a las estructuras de la selva porque la vegetación era menos espesa.   Allí se quedaron a descansar en sus hamacas bajo la sombra de los árboles, y por la tarde llegó el gobernador Tut y su comisión, quien les informó que estaban rectificando el camino, cazando animales y buscando agua.  Al día siguiente, de madrugada, los miembros de la comisión de Tut siguieron su camino hacia San José, mientras que éste se sumó al grupo de Méndez para guiarlos hasta los edificios.  Los exploradores avanzaron bajo la lluvia todo el día, deteniéndose para acampar a las cuatro de la tarde.1

El 26 de febrero estaba lloviendo otra vez, pero continuaron su camino.  Méndez describe así lo que ocurrió después:

«Volvió de nuevo la lluvia con muchos truenos y rayos no comunes en el presente mes, y así, mojados como estábamos, siendo las tres de la tarde, empezamos a observar fragmentos de loza antigua y un monte algo más claro, lo cual vino a despertar la ansiedad natural de aproximarnos al objeto que buscábamos.»

«Poco después, estando en un cerro de regular elevación, se descubrió en otra altura superior el primer palacio, cuya soberbia perspectiva no hubo uno solo de mis compañeros que no quisiese disfrutar. Desde entonces, empezé a sentir un noble orgullo al ver logrados en tan cortos días nuestros trabajos, los deseos de tantos años, con notable oprobio de mis antecesores. Nos aproximamos con mayor entusiasmo, hasta ponernos al pié de una hermosa escalera, cuyo paso nos disputábamos, subiendo por precipicios y escombros, originados tal vez por los temblores y elevados árboles […]»1

Los expedicionarios subieron a un edificio y desde su cima lanzaron una cuerda para toma la primeras mediciones: la pirámide mide cincuenta varas de altura y veinticinco de ancho. Miden las paredes, ingresan al recinto y entonces Méndez les ordena que copien en papel un esbozo del edificio. Desde allí, escribió:

«No es posible hallar expresiones propias para significar el inmenso espacio que se presenta a la vista desde esta altura, en todas direcciones, ofreciéndose el más pintoresco panorama al Oriente del palacio; es preciso verlo para sentir los efectos que inspira una perspectiva tan encantadora […]»1

Sus trabajos de medición terminaron a las cinco de la tarde, y bajaron del edificio para pasar la noche. Al día siguiente, continuaron explorando y descubrieron inscripciones: con «caracteres escritos, caras y animales desconocidos…”. También  encontraron estelas – que Méndez llamó «lápidas» – y varios altares ceremoniales a los que describió como «ruedas de una calesa».  Para entonces, los mozos indígenas que los acompañaban, y que se habían encargado del desbrozamiento desde que llegaron, ya no podían más con el cansancio y Méndez decidió suspender la exploración por ese día.

Finalmente, el 28 intentaron continuar con la exploración, pero la espesura de la selva les dificultó el trabajo considerablemente.  En ese momento ya todos estaban agotados, como deja dicho Méndez en su reporte:

«Fatigados de subir y bajar tantos precipicios, y hundidos en tristes y melancólicas reflexiones, al ver tantos escombros y ruinas, siendo la hora de retirarnos, lo hicimos, mejorando de ideas al encontrar en nuestro dormitorio los garrafones de agua que habíamos pedido; con lo cual quedaron desocupados los mozos destinados a conducir los bejucos…»1

Tras emprender el regreso el 2 de marzo, Méndez escribió un detallado reporte para el gobierno del general presidente Rafael Carrera, el 6 de ese mismo mes, en el que indicó:

«Vengan en hora buena esos viajeros con mayores posibles y facultades intelectuales, hagan excavaciones al pie de las estatuas, rompan los palacios y saquen curiosidades y tesoros que no podrán llevar sin el debido permiso; jamás podrán nulificar ni eclipsar el lugar que me corresponde al haber sido el primero que sin gravar a los fondos públicos, les abrí el camino.»1

Desafortunadamente, el gobierno del general Rafael Carrera estaba en una crisis de gobernabilidad, debido a los alzamientos de «los lucios» en el oriente del país, y el resurgimiento del sentimiento independentista en Los Altos -todo  patrocinado por el gobierno liberal de Doroteo Vasconcelos en El Salvador3– y no pudo prestarle mayor atención al importante descubrimiento realizado por Méndez y Tut.  De hecho, Carrera renunció a la presidencia y salió al exilio en agosto de ese mismo año, y durante su ausencia la anarquía llegó a niveles insostenibles, con numeros crímenes políticos y rebeliones.4

Carrera regresó al país en 1849 y con la colaboración del nuevo presidente, el coronel Mariano Paredes, logró sofocar las rebeliones y estabilizar al país, pero ahora se enfrentaba a una inminente invasión de los criollos liberales desde Honduras y El Salvador, la que finalmente ocurrió el 2 de febrero de 1851, en donde los derrotó categóricamente en la Batalla de La Arada.5

A partir de entonces se inició el desarrollo de Guatemala, pero las arcas estaban vacías y el gobierno tenía otras prioridades distintas a explorar ruinas de la civilización maya en medio de la selva petenera.  Por esta razón, cuando los viajeros extranjeros que mencionó Méndez finalmente llegaron a Tikal en la década de 1870, se dedicaron a sacar del país muchos tesoros mayas, los cuales ahora se exhiben en los museos alrededor del mundo.  De hecho, los dinteles puertas de los templos de Tikal se exhiben en el Museo de las Culturas de Basilea, Suiza, gracias a que el ciudadano suizo Gustav Bernoulli las embarcó con la autorización del gobierno del general J. Rufino Barrios, a quien también le aconsejó que creara la Ley de Vagancia para utilizar la inmensa mayoría indígena del país en la producción de café a gran escala.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Modesto (18 de abril de 1848). «Informe del Corregidor del Petén Modesto Méndez de 6 de marzo de 1848». Guatemala: La Gaceta de Guatemala, Imprenta de la Paz.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 160-163.
  4. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  5. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  6. Schmölz-Häberlein, Michaela (2005).  Carl Gustav Bernoulli. En: Germany and the Americas: Culture, politics and history. (Adam, Thomas, ed.) I. Santa Barbara, California: ABC CLIO. (en inglés) p. 142.

5 de agosto de 1848: Carrera anuncia que va a renunciar

Tras vencer a los alzados altenses en Patzún, el general presidente Rafael Carrera lanza una proclama anunciando su próxima renuncia, la cual le habían pedido los criollos de ambos partidos.

5agosto1848
Mapa del Estado de Guatemala en 1826. Los límites en negro muestran la separación entre Guatemala y el Estado de Los Altos, tras la creación de este último en 1838 y 1848.  Nótese la enorme área que ocupaba Totonicapán y que ya en 1826 existía el enclave británico de Belice (llamados Walys en el mapa) pero que llegaba solamente hasta el río Belice. Y nótese que la punta de Manabique pertenecía al Estado de Honduras. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La situación del país en 1848 era caótica, con numerosos alzados en las montañas y ladrones en los caminos, y se llegó al punto en que los criollos de ambos partidos le pidieron al general presidente Rafael Carrera que presentara su renuncia al cargo, pensando que podrían hacerse cargo de la situación.  Aquel estado de cosas era promovido por los criollos liberales y su principal aliado, el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos.1

Aprovechando aquella situación, los criollos liberales del Estado de Los Altos intentaron independizarse nuevamente.  Roberto Reyes, uno de los jefes de los alzados montañeses emitió la siguiente proclama para los criollos altenses:

«Quetzaltecos y pueblos de todos Los Altos: Yo os saludo con el olivo de vuestra libertad.  Esta preciosa joya que perdisteis tan ignomiosamente y que quedó sembrada y fecunda con la sangre de vuestros iluestra y más distinguidos ciudadanos, es la que hoy venimos a brindaros floreciente.

Recibid este pequeño servicio de los héroes de las montañas, que no han perdonado trabajos de todas clases por conquistarla.  Sabedla apreciar, depositándola en manos puras y diestras que la sepan conservar.  La única recompensa que  os pedimos es que, unidos a nosotros cooperéis con vuestros brazos a consumar la obra grande que tenemos emprendida y es ya casi concluida.

Guatemala, nuestra hermana, está en conflicto; corramos a defenderla, y unidos todos en sentimientos no nos detengamos hasta recobrar completamente nuestras libertades y derechos: «¡VIVAN LOS ALTOS LIBRES!» ¡Viva Guatemala! ¡Vivan las libertades públicas! ¡Muera el déspota y sus tenaces defensores!…«2, Nota

Poco después, el general Serapio Cruz («Tata Lapo») llegó a Quetzaltenango y se hizo anunciar como «protector de la independencia.»  Para el 10 de julio, todos los pueblos altenses se alzaron y Carrera tuvo que salir a enfrentarlos con su ejército.  El 14 de julio se produjo la batalla de Patzún, donde Carrera salió triunfador y luego se dirigió a Quetzaltenago para pacificar la región.  De acuerdo al escritor liberal Carranza: «afortunadamente, no se repitieron las horrorosas escenas de 1840″, cuando Carrera hizo pasar por las armas a los principales criollos de la ciudad.2

No obstante este triunfo, Carrera sabía que sus días en la presidencia estaban contados, pues hasta los criollos conservadores le estaban pidiendo la renuncia.  Así pues, emitió la siguiente proclama el 5 de agosto:

«Compatriotas: restablecido el orden en Totonicapán y Quetzaltenango, he regresado con la valiente división que defendió a la capital en Patzún, dispuesto a consagrar mi existencia al mantenimiento del orden en los pocos días que debe pesar sobre mi el cargo de la Presidencia de la República».3

Dijo también:

«Guatemaltecos: está próximo el término de mi carrera pública. El día que se halle reunido el cuerpo de representantes, mi nombre cesará de ser ocasión de desgracias. Ese día terminará mi deber de sostener una lucha fratricida. El sosiego y quieted de los pueblos; la seguridad de las personas y de las propiedades; el bienestar de las gentes honradas y pacíficas de las poblaciones y de los campos, y la conservación de la hermosa ciudad, estaban a micargo y he debido defenderlas.  El día que yo sea relevado del Gobierno sustituirá el deber de conservar estos intereses sagrados de la sociedad; que ya no podrá decirse que se combate por sostener a un hombre. A vosotros tocará entonces la noble empresa de salvar la República.»4

El 16 de agosto se reunió la Asamblea y admitió la renuncia de Carrera, quien salió al exilio voluntario en Chiapas, mientras que el gobierno guatemalteco quedaba en manos de Juan Antonio Martínez,3 quien al saber que había sido nombrado presidente dijo: «¡No señores! ¡Conmigo se hunde la patria!» y salió huyendo en su mula hasta que lo alcanzaron los miembros de la guardia y lo obligaron a regresar a la ciudad.

Ya sin Carrera, Los Altos se envalentonaron y proclamaron nuevamente su independencia, solamente para ser nuevamente reducidos cuando el general regresó del exilio en 1849.5,6 Eventualmente, tras la muerte de Carrera en 1865 los criollos liberales altenses lograron triunfar con la revolución liberal de 1871, y finalmente se hicieron con el poder en todo el país.


NOTAS:

  • Nótese cómo los criollos liberales altenses se consideraban como una nación aparte que tenía que ayudar a su «hermana» Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  2. Ibid., p. 113.
  3. Ibid., p. 115.
  4. Hernández de León, Federico (1966) El libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  5. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  6. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.

5 de septiembre de 1848: el Estado de Los Altos se forma nuevamente

Aprovechando la renuncia del general Rafael Carrera, los representantes de las municipalidades de Los Altos se reunen en Quetzaltenango y acuerdan crear un nuevo gobierno para el Estado de Los Altos

5septiembre1848
Valle de Totonicapán en 1887.  Así se encontraba en la época en que Los Altos intentaron separarse de Guatemala por segunda vez.  Imagen tomada de «Guatemala, Land of Quetzal«.

Tras la renuncia forzada del general Rafael Carrera a la presidencia de Guatemala el 16 de agosto de 1848 debido a la inestabilidad del país,1 el ahora expresidente salió al exilio a Chiapas, y en Los Altos recuperaron la esperanza de formar su Estado independiente.  Los criollos liberales estaban en el poder en Guatemala y eso no podía significar un mejor ambiente para la formación del estado altense.

Ante esta situación, la Municipalidad de Totonicapán expresó:2

«Sesión extraordinaria del día lunes veinticinco de agosto de mil ochocientos cuarenta y ocho, a que concurrieron los individuos municipales que se expresan al margen, las municipalidades de los pueblos de San Cristóbal, San Francisco El Alto, Santa María Chiquimula, San Andrés Xecul y San Carlos Sija, y un numero concurso de las personas más notables de esta ciudad. 

Reunidas estas corporaciones con el importante objeto de la libertad e independencia de Los Altos, a que ha sido invitada esta Municipalidad por la de Quetzaltenango, oídos los votos de los concurrentes y bien meditado y discutido el asunto, y en consideración a que si en el año 1838 por decreto del 5 de junio del mismo año se declaró erigidos en nuevo Estado los pueblos de Los Altos, atendiendo que reunen para serlo el número de habitantes y los demás elementos y suficiencia que previene el artículo 198 de la Ley Constitutiva de la República de Centro América; ahora que se han multiplicado estos elementos es más necesaria que nunca la libertad de Los Altos. 

Considerando vigentes los efectos del citado decreto de 5 de junio de 1838; que si por un hecho de armas hostil y prevalido el general Carrera de su poder, abusó de él, invadiendo los pueblos de Los Altos, arrebatándole sus más sacrosantos derechos y anonadando su dignidad y soberanía: que ninguno de estos pueblos ha desistido ni renunciado del rango a que fue llamado; que antes bien, en distintas épocas han reclamado sus augustos derechos ahollados por la fuerza; que ninguna ley, ninguna autoridad competente ha declarado hasta ahora justa y legal la ocupación de Carrera ni el estado humillante a que redujo por la fuerza a estos pueblos aquel hombre; que al fin llegó el día feliz en que los Altos recobraran su liberad, soberanía y dignidad a merced de sus nobles esfuerzos, de la ausencia de su opresor, del restablecimiento del Gobierno libre de Guatemala, a la cooperación de las fuerzas de la montaña y poderoso valimento del señor general de Brigada don Vicente Cruz. 

Tomado en consideración lo expuesto por la municipalidad de Quetzaltenango, el general entusiasmo y vehementes deseos de esta población y el de las demás municipalidades que componen esta Junta por la recuperación y la soberanía, se declara solemnemente:

      1. Que por parte del departamento de Totonicapán se secunda en todas las partes el glorioso pronunciamiento de la independencia de los pueblos de Los Altos al Gobierno de Guatemala, como lo verificó la Ciudad de Quetzaltenango;
      2. Protesta esta Junta que observará con las autoridades y los pueblos de Guatemala la más estrecha y fiel armonía;
      3. Que el ánimo de estos pueblos al pronunciarse por la reorganización del Sexto Estado, no es para excitar conmociones sino para estrechar más y más estos pueblos con los demás inmediatos y procurar su felicidad y bienestar.

Sáquense copias de esta acta para remitir una con el correspondiente oficio al Supremo Gobierno Provisorio de Los Altos y una a cada uno de los pueblos de este departamento; con lo que se conluyó el al acta que firman los señores Antonio López y Felipe Zavala.«2

Los otros poblados mandaron actas similares y el líder guerrillero José Dolores Nufio se manifestó a favor desde Chiquimula, demostrando que había partidarios de la independencia de Los Altos en el Oriente de Guatemala y en El Salvador.  Así pues, el 4 de septiembre se reunieron en Quetzaltenango los representantes de las municipalidades de Los Altos y el 5 de septiembre acordaron en primer lugar que los señores presbítero Fernando Antonio Dávila, Rafael dela Torre y el licenciado José Velasco se hicieran cargo del gobierno,2 el cual fue aceptado pasivamente por el endeble gobierno liberal de Guatemala el 21 de septiembre de ese año.3

Este sería el inicio del segundo y último intento de Los Altos por conseguir su deseada independencia de Guatemala, ya que Carrera regresó al poder en 1849 y de inmediato los anexó.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús E. (1897) Totonicapán. Un pueblo de Los Altos, Apuntamientos para su Historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango: Establecimiento Tipográfico Popular. pp. 112-113.
  2. Ibid., pp. 115-116.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p.50.
  4. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.

23 de febrero de 1848: segregan al departamento de Mita del de Chiquimula

El gobierno de Guatemala segrega al departamento de Mita del de Chiquimula y lo divide en los de distritos de Jutiapa, Santa Rosa y Jalapa para una mejor administración

23febrero1848
Mapa del curato de Jutiapa, según lo describe el arzobispo Pedro Cortés y Larraz en su reporte pastoral de 1768.  El poblado no había cambiado mucho para 1848 debido a las constants guerras en la region centroamericana.  Imagen tomada del Archivo General de Indias.

La organización territorial de la República Federal de Centro América estuvo ligada directamente a la division eclesiástica que las autoridades de la Iglesia Católica habían hecho de los curatos que existían en la región durante la época colonial.1 Estos curatos estaban agrupados en grandes regiones que habían sido asignadas a determinadas órdenes de frailes y, dado que esta división administrativa estaba ya prácticamente hecha al momento de la Independencia en 1821, los diputados del primer congreso federal la utilizaron para definir la división administrativa del nuevo país.2

Uno de los departamentos originales en el Estado de Guatemala era el de Chiquimula, el cual abarcaba prácticamente todo el oriente guatemalteco.   A fin de simplificar su administración y enfrentar mejor las constantes revueltas en la región, el 23 de febrero de 1848 el gobierno del capitán general Rafael Carrera lo separó en dos, formando el departamento de Mita, el cual, a su vez, fue dividido en tres distritos (o corregimientos), de acuerdo al decreto que se reproduce a continuación:3

    1. El departamento de Mita se divide para su mejor administración en tres distritos que se denominarán, el 1.° de Jutiapa; el 2.° de Santa Rosa; y el 3.° de Jalapa.
    2. El distrito de Jalapa se compondrá de las poblaciones siguientes: Jutiapa, como cabecera; Yupiltepeque, las dos Mitas y sus valles que son Suchitán, San Antonio, Achuapa, Atescatempa, Sapotitlán, Contepeque, Chingo, Quequesque, Limones y Tempisque; Comapa, Jalpatagua, Asulco, Conguatco y Moyuta.
    3. El distrito de Santa Rosa se compondrá de las poblaciones siguientes: Santa Rosa como cabecera; Cuaginiquilapa, Chiquimulilla, Guazacapan, Taxisco, Pasaco, Nancinta, Tecuaco, Sinacantán, Ixguatán, Zacualpa, la Leona, Jumay y Mataquescuintla.
    4. El distrito de Jalapa se compondrá de las poblaciones siguientes: Jalapa, cabecera; Sanarate, Sansaria, San Pedro Pinula, Santo Domingo, Agua Blanca, Espinal, Alzatate y Jutiaplilla; y para mayor claridad se entenderá este distrito dividido del de Jutiapa por el río que sale del Ingenio hasta la laguna de Atescatempa.
    5. Para los distritos de Jutiapa y Jalapa se nombrarán corregidores y jueces de primera instancia que correspondan continuando en el de Santa Rosa los funcionarios que existen.3

El departamento y sus distritos fueron de corta duración debido a la anarquía que se vivía en el país en esa época, y fueron suprimidos el 9 de octubre de 1850, por medio de este decreto:4

Artículo 1°. Las poblaciones que se segregaron del departamento de Chiquimula por decreto de 9 de setiembre de 1839, 19 de noviembre de 1844, y 23 de febrero de 1848 para formar los distritos separados de Jutiapa y Jalapa, quedan desde luego reincorporadas á aquel departamento, á cuya cabecera se pasarán los expedientes que existan en las de los distritos expresados, quedando sin efecto las disposiciones referidas. Asi mismo queda agregado al propio departamento el distrito de Gualán, que fué reunido á Izabal por decreto de 1 de noviembre de 1844, el cual se deroga.4

Tras ser disuelto el departamento, todos los poblados regresaron a sus antiguas jurisdicciones, pero en su breve historia tuvieron un legado sangriento: en agosto de 1848, debido a la anarquía imperante, el general presidente Rafael Carrera presentó su renuncia y salió al exilio en México y tras varios cambios de presidente, fue finalmente elegido el general Mariano Paredes.  El 26 de febrero de 1849, el ex-jefe de estado Mariano Rivera Paz y Gregorio Orantes fueron asesinados luego de que el presidente Paredes los nombrara como corregidores de Jutiapa y de Jalapa, respectivamente, e iban en camino a tomar posesión de su cargo.  Fueron asesinados por los «lucios»  Roberto Reyes y Agustín PérezNota en la aldea Sampaquisoy cercana a Mataquescuintla y de hecho, la escolta que los iba protegiendo, en lugar de ayudarlos, se alió con los asaltantes y terminó ejecutándolos. Y el sucesor de Rivera Paz no corrió con mejor suerte: Paredes nombró al general Vicente Cruz como corregidor, y lo primero que éste hizo al llegar fue salir en persecución de Agustín Pérez, a cuyas fuerzas derrotó el 22 de marzo de 1849, pero cuando Pérez huyó, Cruz salió a perseguirlo sin más armas que su espada y fue víctima fácil de un francotirador que lo mató de un tiro en el pecho.5


NOTAS:

BIBLIOGRAFIA:

  1. Cortés y Larraz, Pedro (2001) [1770]. García, Jesús María; Blasco, Julio Martín, ed. Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala. Corpus Hispanorum de Pace. Segunda Serie. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN 9788400080013ISSN 0589-8056.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 42, 69, 201, 222-224, 
  3. Ibid,  p. 475.
  4. Ibid,  p. 476.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 160-162.
  6. Woodward, Ralph Lee, Jr.  (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871  (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. pp. 230-240.

15 de diciembre de 1848: restablecen milicia cívica en la Ciudad de Guatemala

En medio de una gran crisis de gobernabilidad e invasiones, el gobierno restablece a milicia cívica en la Ciudad de Guatemala

15diciembre1848
Una excursion en las faldas del Cerrito del Carmen.  Al fondo, la Iglesia de La Candelaria. En este barrio nació el general Rafael Carrera. Imagen de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

En 1848, los criollos de ambos partidos consideraron que Rafael Carrera había servido a sus fines y le pidieron la renuncia a la presidencia.  Carrera, a quien los historiadores liberales describieron como un ignorante analfabeto que firmaba «Raca Carraca«, en realidad era un genio militar y además un hábil politico que conocía a los criollos mejor que nadie.  Así que renunció sin protestar pues sabía que más temprano que tarde estarían rogando por su retorno al país.

Tal y como Carrera había imaginado, tan pronto como él salió al exilio Guatemala cayó en una grave crisis de ingobernabilidad, que se manifesto con invasiones de liberales desde El Salvador y Honduras, formación de bandas de forajidos que asaltaban en los caminos y un intento del Estado de Los Altos por independizarse nuevamente.

En diciembre de 1848, la situación llegó a tal punto, que el gobierno del Estado restableció la milicia cívica en la Ciudad de Guatemala, y reproducimos a continuación el decreto completo para que el lector se de una idea del caos que se vivía:

Artículo 1.°: se restablece en todo su vigor y fuerza el decreto de 23 de agosto de 1823 sobre organización de la fuera cívica, dado por la asamblea nacional constituyente, con las modificaciones que contiene el presente decreto. 

Artículo 2.°: en el día de hoy y el de mañana, quedarán formados en esta capital cuatro batallones:

        • El primero se compondrá de los varones que habitan en las parroquias del Sagrario y Santo Domingo
        • El segundo de los de Los Remedios
        • El tercero de los de San Sebastián; y
        • El cuarto de los de la Merced y Candelaria

Artículo 3.°: para facilitar la pronta organización de estos cuerpos el gobierno nombra comandantes de ellos; 

        • Para el primero al coronel don José Piloña
        • Para el Segundo al coronel don Manuel Abarca
        • Para el tercero al señor Arcadio Gatica; y 
        • El cuarto al señor Cristino Irías

pero luego que estén organizados dichos cuerpos, nombrarán ellos sus comandantes en la forma que previene el reglamento citado.

Artículo 4°. Por ahora, la fuerza cívica será destinada a defender la ciudad de la invasion actual: pasado el peligro, quedará en el pie en que la constituye el reglamento referido, y recibirán sueldo únicamente los que presten servicio de guardias y lo necesiten.

Artículo 5°. Los comandantes nombrados, emplearán toda su energía para reunir en el término, prefinido, todos los individuos de que ha de componerse su respectivo cuerpo, que son los llamados al alistamiento en el último bando publicado.

Artículo 6°. Los individuos que hoy component la guardia urbana y la de Minerva, se alistarán en sus respectivos cantones en la que hoy se demonina guardia cívica; mas no se disolverán aquellos dos cuerpos hasta no estar organizados los cívicos; y con el objeto de dar al alistamiento más respetabilidad, los señores curas exhortarán a sus feligreses para que llenen este deber; cuyo servicio será considerado por el gobierno como corresponde.

Artículo 7°. El ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Poco o nada pudo hacer la guardia cívica frente a los avances de las revoluciones que se enfrentaban al gobierno criollo y a finales de 1849, Carrera había regresado de México estableciendo pactos con todos los líderes indígenas del occidente guatemalteco, y era nuevamente el hombre fuerte de Guatemala.  De hecho, lo sería hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:


28 de noviembre de 1848: nombran a José Bernardo Escobar como presidente

Designan al ciudadano José Bernardo Escobar para la presidencia interina de la República de Guatemala

28noviembre1848
Plaza Central de Quetzaltenango en 1840. Bosquejo realizado por Frederick Catherwood y publicado en 1854 en el libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan de John Lloyd Stephens.

Tras llegar a la Jefatura del Estado de Guatemala en 1844,1,2 el General Rafael Carrera decretó la creación de la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847.3 Y agradada en su patriotismo por las medidas del «Caudillo Adorado de los Pueblos«, como le llamaban en ese tiempo a Carrera, el 14 de septiembre de 1848 la Asamblea Legislativa emitió el Decreto que ratifica que «Guatemala es una nación soberana, una república libre é independiente«.

Pero la Guatemala de 1848 ya no era la de 1847.  Había muchas rebeliones e inseguridad y los criollos (tanto conservadores como liberales) le exigieron exigido al presidente Carrera que dejara el poder.  Carrera conocía muy bien a los criollos y había aceptado irse al exilio a México, sabiendo que no iba a pasar mucho tiempo antes de que lo llamaran de vuelta.4,5

Y tal como él vaticinó, ocurrió: a los pocos días de la firma del decreto arriba mencionado se inició la rebelión armada del general Vicente Cruz, en Antigua Guatemala que aprovechó que Carrera esta exiliado y el hecho de que el general Mariano Paredes, jefe del Ejército, estuviera sometiendo insurrecciones liberales en Los Altos. Es decir, aprovechó que la Ciudad de Guatemala estaba prácticamente abandonada ya que los dos jefes militares más calificados del momento nada podían hacer por ella.6

Cruz y sus hombres dejaron la Antigua Guatemala y, dando un rodeo, llegaron a Villa Nueva. Ante tal actitud, el gobierno convocó a la Asamblea, la cual se reunió el 27 de noviembre y ante ella presentó su renuncia el Presidente interino licenciado Juan Antonio Martínez. En el mismo acto la Asamblea aceptó la renuncia y designó presidente interino al liberal José Bernardo Escobar, personaje culto y diputado a la misma Asamblea, de quién «no se podía decir que fuera un pelele en manos de nadie«.

Era el peor momento posible para asumir la presidencia de la República: el ejército de Cruz avanzaba casi sin encontrar resistencia y el primero de diciembre, desde San José Pinula, dirigió una nota al presidente Escobar intimidándole a entregar la plaza, ofreciendo respetar vidas y haciendas, menos las de los Molina, los Arrivillaga, Vidaurre, Manuel Dardón, el expresidente Juan Antonio Martínez, los Zepeda y José Francisco Barrundia, todos ellos, importantes criollos liberales a quienes Cruz consideraba traidores a la causa. A pesar de la situación crítica, haciendo gala de energía y patriotismo Escobar rechazó la petición de los alzados, lo que resultó en que siguieran las hostilidades. Y para colmo de males, en Palencia se encontraba ya el general Serapio Cruz (el famoso «Tata Lapo«), hermano de Vicente Cruz.

El general Cruz repitió su oferta el 12 de diciembre y Escobar sin dinero ni tropas envió varias embajadas a parlamentar, en una de las cuales iba el propio Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez. Por fin Cruz, admitió celebrar conversaciones, pero uno de los puntos que propuso era que se restableciera el Estado de Los Altos diciendo: «El gobierno retirará de Los Altos las fuerzas de Ocupación, para que aquellos pueblos puedan libremente decidir su futuro, para lo cual no se les molestará en nada«. A pesar de ser liberal, Escobar rechazó lo que se le proponía respecto de Los Altos, por el daño que ocasionaría a la integridad territorial de la Guatemala.6-8

Tras el fracaso de la negociación, Escobar buscó un arreglo político: quitó a Basilio Porras del Ministerio de la Guerra y lo colocó en el de Relaciones Exteriores, y entregó la cartera militar al Teniente Coronel de Ingenieros Manuel José Narciso de Jonama y Belsolar, que estaba retirado de la vida pública desde 1829, pero conservaba simpatías entre los liberales y era además amigo personal de Carrera. Pero esta medida tampoco solucionó nada y la rebelión continuó, obligando entonces a Escobar a presentar formalmente su renuncia a la presidencia el 30 de diciembre de 1848. La Asamblea eligió a Manuel Tejada, quién renunció al día siguiente por lo que Escobar tuvo que seguir en el mando.6-8

A principios de 1849 se reunió la Asamblea para elegir sustituto a Escobar y decidió nombrar al general Mariano Paredes quien había logrado la pacificación de Los Altos y detener la revuelta de los Cruz.  Finamente, Escobar pudo entregar la Primera Magistratura el 18 de enero de 1849 y con el fin de evitarse ofensas o represalias se exiló voluntariamente en El Salvador. Pero hasta allí lo siguieron sus enemigos: los hermanos Cruz ordenaron su envenenamiento por haber rechazado sus exigencias.6-8

En cuanto a Carrera, en agosto de 1849 regresó a Guatemala y se convirtió en el verdadero poder tras el presidente Paredes pues se aseguró de conseguir todas las alianzas que pudo entre los indígenas del Occidente guatemalteco, férreos opositores al Estado de Los Altos que pretendían establecer los criollos liberales y obligó a pactar a los criollos conservadores para evitar que los indígenas los lincharan.6-8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía nacional. p.123.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.
  3. Ibid., pp. 73-76.
  4. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  6. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  7. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  8. — (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. Tomo III. Sánchez y de Guise.

13 de octubre de 1848: imponen pena de muerte a ex-presidente Carrera

Tras presentar su renuncia en agosto de ese año, la Asamblea Legislativa prohibe al teniente general Rafael Carrera regresar a Guatemala so pena de muerte

13octubre1848
El capitán general Rafael Carrera y su amigo y aliado, el Mariscal José Víctor Zavala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 21 de marzo de 1847 el teniente general Rafael Carrera firmó un decreto proclamando a Guatemala como República soberana e independiente, separándola definitivamente de la patria federada centroamericana, y se hizo llamar «fundador de la Nueva República«.1 Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos al frente del gobierno, para agosto de 1848 la situación de Guatemala era caótica: el presidente liberal de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, estaba patrocinando revueltas contra el gobierno conservador, y así fue como Serapio Cruz (conocido como «Tata Lapo«) asaltaba Totonicapán, y había revueltas en el oriente del país dirigidas por el grupo de «Los Lucios«.2 En la capital, los criollos liberales y conservadores se mantenían en constante pugna, y Carrera se dio cuenta que su prestigio se esfumaba y que era conveniente renunciar, lo que anunció en agosto luego de pacificar a Los Altos,3 y posteriormente con el siguiente manifiesto a la Asamblea Legislativa:

«Estoy resuelto a no permanecer más tiempo en la capital y a trasladarme a un país extranjero.  Suplico a los señores representantes que, en recompensa por mis cortos servicios, se sirvan hacer el sacrificio de mantenerse en sesión permanente hasta admitir mi renuncia y nombrar a quien me suceda.  Yo permaneceré en el despacho, mientras este respetable cuerpo se halle reunido». 

La Asamblea aceptó encantada la renuncia de Carrera pues los criollos —tanto liberales como conservadores— estaban hartos de que un mestizo los estuviera gobernando y pasaron de inmediato a deliberar quién debería sustituirle.4 Al final, escogieron al señor Juan Antonio Martínez porque pasaba de los sesenta años, había mantenido una posición prudente con todos los gobiernos, había acrecentado su capital honradamente, su firma gozaba del mejor crédito y era liberal moderado, ejemplar padre de familia, sin vicios y con poca ambición de mando pública.5

Carrera decidió vender sus propiades de Palencia, junto a otras que tenía en Agua Caliente, Plan Grande, Los Cubes, El Cangrejito y Lo de Silva y la Asamblea Legislativa cedió las tierras de Palencia a la Orden de Predicadores, a quienes solicitó Carrera que las tierras no fueran comprometidas y que se reuniera a los habitantes pacíficamente para educarlos.6

El ahora expresidente partió a México; en su ausencia, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó el 13 de octubre de 1848 una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.  Al enterarse de la bravuconada de la Asamblea, Carrera se rió de buena gana, pues sabía que no iba a pasar mucho tiempo para que lo llamaran nuevamente a hacerse cargo de la situación.  De hecho, dijo: «estos desventurados tendrán que llamarme y entonces impondré mis condiciones; y si no me llaman, vendré y de todas suertes yo seré el que imponga las condiciones«.6

Desesperada, y olvidando el general Serapio Cruz había sido categóricamente vencido por Carrera en la acción de Patzún en agosto de 1848,3 la Asamblea comisionó a Cruz en febrero de 1849 para que preparara la reacción militar en caso de que Carrera quisiera regresar a Guatemala.  Era tal el desbarajuste, que Cruz emitió el siguiente decreto en el que, contrario a los principios liberales que supuestamente defendía, invoca a la divina Providencia:

«El señor Rafael Carrera trabaja por volver a Guatemala y por restaurarse en el mando de la presidencia… Los pueblos conocen ya sus verdaderos intereses: y no se les engaña con la facilidad que en 1837.  El engañado esta vez será Carrera; la Divina Providencia, justa como es, no permite que sus crímenes queden sin castigo…»

¡Soldados de la división expedicionaria! Yo no tengo que recomendaros la disciplina y subordinación a vuestros jefes. Lo que ellos os manden, es lo que manda el Gobierno, y lo que mande el Gobierno, es lo que únicamente debe obedecerse, porque es la autoridad legítimamente constituida.«6

La proclama de Tata Lapo no tuvo efecto alguno.  Es más, ese mismo mes Carrera envió abiertamente a sus emisarios a la capital de Guatemala, para predisponer a los liberales contra los mismos liberales e infundir esperanzas a los aristócratas.  Y cuando el 5 de junio de 1849 el nuevo presidente, general Mariano Paredes, levantó la proscripción que pesaba sobre Carrera, muchos criollos liberales huyeron hacia El Salvador,7 mientras que los conservadores decidieron aliarse con Carrera para evitar un alzamiento indígena similar a la Guerra de Castas que estaba ocurriendo en Yucatán y en donde estaban ocurriendo masacres de pobladores criollos.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 160-163.
  3. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 115.
  4. Hernández de León, Federico (1966). El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 233.
  5. — (1966). El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 31.
  6. Martínez Gallardo, Libia Elina (2005). El Municipio de Palencia. Tesis. Guatemala: Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Archivado desde el original el 24 de enero de 2014. p. 3.
  7. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, VII., p. 235.
  8. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.

21 de septiembre de 1848: Guatemala reconoce la formación del Estado de los Altos

Tras la renuncia del general Rafael Carrera, el gobierno de Guatemala reconoce pasivamente la formación del Estado de los Altos

21septiembre1848
Teatro de la Ciudad de Quetzaltenango en 2020. En el recuadro: el escudo del Estado de Los Altos, que estuvo vigente efímeramente de 1838 a 1840 y de 1848 a 1849. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

A mediados de 1848 el presidente Rafael Carrera veía su gobierno tan debilitado que fue obligado a renunciar y abandonar Guatemala por sus mismos partidarios, los criollos conservadores.  Carrera no había logrado pacificar el país y eran constantes los crímenes políticos, los asesinatos en las carreteras, las invasiones de forajidos desde Honduras y El Salvador y los intentos de invasión de exiliados guatemaltecos desde esos países.1

Los criollos, tanto liberales como conservadores, no miraban con buenos ojos que un mestizo como Carrera dirigiera los destinos del país y encontraron en la situación imperante la oportunidad perfecta para salir de él.  Carrera fue obligado a renunciar y se fue a exiliar a México, hasta donde le llegó la noticia de que iba a ser fusilado sin previo juicio si osaba poner nuevamente un pié en Guatemala.2

Para el 5 de septiembre de 1848, el Estado de Los Altos ya había vuelto a formar, de la mano de su líder militar y político, el general Agustín Guzmán y con el apoyo de los criollos liberales que residían al oeste de las Verapaces y de Escuintla, además de los que residían en El Salvador.1  La respuesta del gobierno guatemalteco ante esta situación fue muy timorata, y da una idea de por qué Carrera simplemente esperó el momento oportuno para retornar a hacerse cargo del país en 1849:3

«Habiendo tomado en consideración la asamblea constituyente la consulta que el gobierno dirigió con fecha 31 de agosto ultimo, con motivo del pronunciamiento de la municipalidad de Quetzaltenango, erigiendo a los departamentos de Los Altos en estado independiente de Guatemala: oídos los dictámenes de varias comisiones que entendieron en el asunto con presencia de los demás pronunciamientos que posteriormente fueron remitidos; tuvo a bien acordar este alto cuerpo se diga al gobierno:

    1. Que los pronunciamientos indicados, se consideran perjudiciales a la causa misma que por ellos se quiso establecer.
    2. Que la voluntad general, libremente expresada por los pueblos de Los Altos, será respetada y decidirá de su suerte cuando se obtenga legalmente.
    3. Que para reglamentar la manera de lograrlo como corresponde, es muy urgente la concurrencia de los diputados de todos los distritos de Los Altos.
    4. Que el gobierno proteja eficazmente a los pueblos que no hayan secundado el pronunciamiento, o tengan manifestada su voluntad de continuar unidos a esta república.
    5. Que explore la voluntad de aquellos pueblos, ya manifestada en muchos documentos, trayéndonos a la vista y dictando otras medidas, si lo tiene por conveniente.
    6. Y en fin, que emplée todos los medios suaves que dicta la prudencia para atraer al orden a los pronunciados en aquellos departamentos, y si no fueren bastante para obtener el resultado que se desea, que use de sus facultades ordinarias conforme previente las leyes vigentes.»3

El Estado de Los Altos se formó y empezó a intentar formar relaciones internacionales para ser reconocido, pero sus autoridades no contaban con que el general Carrera regresaría en cuestión de unos pocos meses, y que retomar Los Altos por la fuerza sería solamente el primero de una larga serie de triunfos políticos y militares que se extendieron hasta su muerte, en 1865.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p.50.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.

26 de agosto de 1848: Los Altos se separan nuevamente de Guatemala

Aprovechando que el general Rafael Carrera estaba en el exilio tras renuncia a la presidencia, el Estado de Los Altos se separa nuevamente de Guatemala.

Edificio en el que estuvo el gobierno del Estado de los Altos.  Imagen de la Appleton’s Guide to Mexico and Guatemala publicada en 1884. En el recuadro: el general Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas de Los Altos.

El 26 de agosto de 1848, luego de la renuncia del presidente de Guatemala, capitán general Rafael Carrera los capitulares altenses, con el apoyo del Presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, y de la facción anticarrerista de Vicente y Serapio Cruz  proclamaron, una vez más, su segregación de Guatemala, y nombraron al general mexicano Agustín Guzmán como presidente interino, creyendo que Carrera jamás regresaría al poder.  Y luego, el 5 de septiembre, los criollos altenses eligieron un gobierno interino dirigido por Fernando Antonio Martínez.1

La existencia del Estado Independiente de Los Altos se prolongó hasta el 8 de mayo de 1849, cuando el general Guzmán fue a entrevistarse con representantes del presidente guatemalteco Mariano Paredes a la Antigua Guatemala para planear la estrategia a seguir para la reincorporación a Guatemala.2  Para ese momento, el panorama político de Guatemala y de Yucatán era crítico:  los criollos liberales guatemaltecos no pudieron controlar la situación de anarquía que vivía el país,3 mientras que el gobierno yucateco se enfrentaba a un sangriento alzamiento de indígenas que masacraron a numerosos criollos y europeos.4

Carrera, quien había estado siguiendo el curso de los acontecimientos desde su exilio en México, ingresó a Guatemala por Huehuetenango, y fue estableciendo alianzas con todos los caudillos indígenas con quienes se encontró.  Además, cuando llegó a Suchitepéquez,  encontró el apoyo militar del Corregidor José Víctor Zavala, a quien  el presidente Paredes había nombrado como Corregidor para detener a Carrera.

Al saber que Carrera se encontraba ya en Suchitepéquez, y al enterarse del masivo apoyo de las diferentes etnias indígenas al general Carrera, el presidente Mariano Paredes, tras mucho deliberar con los criollos liberales y aristócratass, finalmente tomó el consejo del conservador Luis Batres Juarros, quien le hizo ver que combatir a Carrera era abrir un frente en el occidente del país, y dispuso revocar el decreto de pena de muerte que pesaba sobre Carrera y nombrarlo Comandante General de las Armas, con autorización para atender a la pacificación de los pueblos conmovidos en el oriente del país, y para dirigir las operaciones militares de la manera que lo creyere conveniente. Ante este decreto, los principales líderes liberales huyeron hacia El Salvador, donde les dio asilo el presidente Doroteo Vasconcelos. Finalmente, Carrera entró triunfalmente en la Ciudad de Guatemala el 8 de agosto de 1849.5

El general Guzmán salió huyendo de Guatemala con sus jefes y oficiales a las 11 de la mañana del 1 de junio de 1849, mientras que el resto de sus tropas quedó abandonada a su suerte. Paredes con trescientos hombres salió tras él, pero no pudo darle alcance.6

Aquel sería el final definitivo del Estado de Los Altos.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112-115.
  2. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  3. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 256-258.
  6. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  7. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indigena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.