13 de junio de 1869: alzamiento indígena en Chiapas

Una rebelión indígena en Chamula, Chiapas resulta en el asesinato de numerosos criollos y mestizos.

Templo católico de San Juan Chomula, Chiapas. El cura párroco de la localidad fue asesinado por indígenas alzados en 1869. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una de las razones por las que se impuso el capitán general Rafael Carrera ante los criollos aristócratas guatemaltecos fue que estableció pactos con los líderes indígenas del occidente guatemalteco cuando regresó al poder en 1849,1 lo que evitó sangrientos alzamientos indígenas como los que ocurrieron en Yucatán en 18472 y en Chiapas en 1869, y que eran producto de las abusivas leyes económicas de los criollos yucatecos y mexicanos en contra de ellos.

Tras la consolidación de la independencia de México en 1821 gracias al triunfo del ejército trigarante de Agustín de Iturbide, se iniciaron los conflictos entre los criollos conservadores y los criolos liberales, tal y como ocurrió en Centroamérica. Por un lado, los criollos conservadores —que incluían al clero— querían mantener el estado tal y como se encontraba durante la colonia, ya que les representaba numerosos privilegios, y por el otro, los criollos liberales que abrazaron el pensamiento de la ilustración y la masonería a fin de obtener una separación de Iglesia y Estado y acceder ellos al poder y a los privilegios que hasta entonces habían gozado los conservadores.3

Al igual que ocurrió en Centroamérica durante el siglo XIX, la lucha entre los criollos mexicanos eran despiadada, y no les importaba incluso llegar a entregarle el país a potencias extranjeras con tal de mantener o arrebatar los privilegios económicos. Fué así como, tras perder la guerra de Reforma contra el presidente republicano liberal Benito Juárez, los conservadores consiguieron entregar la corona imperial de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo, quien llegó al país en 1864, y quien se mantuvo en constante guerra contra las autoridades republicanas de Juárez, quien contaba con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Maximiliano fue finalmente derrotado y fusilado en el Cerro de las Campanas en Querétaro en 1867. A partir de se momento, Juárez, retomó el poder absoluto y consolidó las Leyes de Reforma, con lo cual se separaba definitivamente a la Iglesia Católica del Estado mexicano, y se le expropiaban todas sus propiedades a las órdenes religiosas.4

Esto produjo un vacío de poder en Chiapas, ya que como los curas párrocos eran los encargado de mantener sosegados a los indígenas, el debilitamiento del clero permitió a éstos retornar a sus creencias ancestrales. Entonces, en 1867 aparecieron tres piedras en el paraje Tzajalhemel, en Chamula, descubiertas por Agustina Gómez Checheb, alias «la Leona» quien las llevó a Pedro Díaz Cuscat quien dijo ser sacerdote y entender lo que le decían piedras. Esto inició un culto por dichas piedras que resultó en que los indígenas tzotziles dejaran de asistir a las celebraciones religiosas en San Cristóbal de las Casas, y al mercado de la ciudad. Esto, aunado a que se sabía que se reunían en en los parajes, puso en alerta a las élites criollas deSan Cristóbal, ya que eso significaba que ya no podrían controlar a los indígenas que necesitaban para cultivas sus haciendas.3,4

Por esta razón la élite criolla no solamente intentó deshacer el culto, sino que hizo correr el rumor de que los tzotziles planeaban atacar la ciudad, algo que en esa época era muy posible, ya que ya había ocurrido en Yucatán. Para frenar el nuevo culto, las autoridades civiles y eclesiásticas confiscaron las piedras e hicieron prisioneros a sus líderes, Cuscat y Gómez Checheb a quienes llevaron a San Cristóbal.3,4

En aquella ciudad el anarquista Ignacio Fernández de Galindo se había unido a los indígenas, y los entrenó militarmente con el fin de rescatar a Díaz Cuscate y a «la Leona«. El 13 de junio de 1869 se supo en Ciudad Real de Chiapas que los indígenas del poblado de Chamula se estaban reuniendo en actitud sospechosa y amenazante, y los criollos locales pidieron ayuda al gobierno chiapaneco del general José Pantaleón Domínguez ante la amenaza de que se iba a desatar la violencia. Y es que Fernández de Galindo, ayudado ayudado por el matemático pasante de ingeniería Benigno Trejo, llegaron a los límites de San Cristóbal de las Casas con 7000 indígenas armados y exigieron la libertad de Cuscat y de «la Leona«.5

La violencia estalló cuando el cura Martínez, el maestro de escuela Luciano Velasco y a otros dos vecinos se apoderaron de uno de los tres ídolos.5 Los indígenas alzados los buscaron y asesinaron, mientras que el resto se vecinos se encerraron y defendieron como pudieron hasta que llegó una fuerza del gobierno de Domínguez, a cargo del general Crescencio Rosas al mando de un ejército de 90 hombres, y desalojó la plaza de los indígenas amotinados.3,4

Pero al día siguiente, se presentó una fuerza indígena aún mayor, portando picas, lanzas, machetes, hachas y escopetas cuyo jefe mandó emisarios y le dijo a los pobladores que lo único que querían era que les devolvieran al gran sacerdote indígena y a «la Leona«.5 Rosas firmó el Convenio de Esquipulas con Fernández de Galindo, por medio del cual se estipuló que Luisa Quevedo, Benigno Trejo y Fernández de Galindo quedarían detenidos en lugar de Cuscate, Agustina y Manuela, quienes serían puestos en libertad.4

Aceptado el intercambio, y cuando ya se habían retirado los indígenas, Galindo y Trejo fueron enviados a un consejo judicial, pero lograron enviar mensajeros a los indígenas antes de ser hechos prisioneros. Los indígenas, al enterarse, se arremolinaron alrededor de la población y a la atacaron con fiereza. Afortunadamente para los pobladores de Chamula un joven logró escapar e ir hasta San Cristóbal de las Casas donde pidió ayuda para que enviaran otro fuerza militar para repeler a los alzados. Mientras tanto, a pesar del ataque de los indígenas, la autoridad de militar de Chamula logró reunir a un consejo de guerra, que juzgó y condenó a muerte a Galindo y a Trejo quienes fueron fusilados inmediatamente.5

Aquella rebelión se extendió hasta que llegó un ejército de mil soldados desde San Cristóbal de las Casas, quienes finalmente repelieron a los indígenas, que dejaron tras de sí a cinco sacerdotes católicos muertos, y a cientos de criollos y mestizos asesinados. Además, durante varios meses escuadrones de indígenas estuvieron rondando el poblado, los que fueron finalmente sometidos cuando el general Domínguez ordenó una serie de incursiones en las comunidades indígenas para detener a las “gavillas” que todavía se mantenían insurrectas.4

Mientras tanto, en Guatemala, el poder del partido conservador se iba debilitando, pues el presidente Vicente Cerna y Cerna no tenía el mismo don de mando ni la inteligencia de Carrera y fue fácilmente manipulado por los criollos conservadores, lo cual fue aprovechado por los criollos liberales para hacerse con el poder en 1871, apoyados por Benito Juárez con armas que le habían proporcionado a su vez los Estados Unidos para luchar contra Maximiliano. Es más, con el antecedente de la guerra de Reforma en México y de la rebelión en Chiapas, los liberales guatemaltecos expropiaron las propiedades de la Iglesia y de los indígenas, para luego establecer leyes que los obligaba a trabajar de jornaleros en las fincas cafetaleras que se formaron, reduciendo la posibilidad de que se organizaran y alzaran en armas.1

Finalmente, es importante destacar que la situación de los indígenas chiapanecos no ha mejorado , pues a pesar de haber sido apaciguados en 1870, pelearon a las órdenes de Emliano Zapata en la revolución mexicana en 1911 y se alzaron en 1994 con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. González Roblero, Vladimir (s.f.) La prensa y el mito de la guerra de castas en Chiapas. El caso de La Brújula. México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. pp. 2-5.
  4. Moscoso Pastrana, Prudencio (1992). Rebeliones Indígenas en los Altos de Chiapas. México: Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México . ISBN 968-36-2399-9.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 467-468.

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18 de febrero de 1869: mariscal Serapio Cruz «Tata Lapo» se rebela nuevamente

El mariscal Serapio Cruz invade Huehuetenango rebelándose una vez más contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.

18febrero1869
Región montañosa en el municipio de Nentón, en el departamento de Huehuetenango. Este poblado fue el primero que tomaron los hombres del mariscal Cruz en 1869. En el recuadro: el Mariscal Cruz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Aprende Guatemala.

El mariscal Serapio Cruz, más conocido por los guatemaltecos como «Tatalapo«, fue un militar que siempre estuvo intentando hacerse con el poder bajo la bandera liberal.  Durante el breve exilio del general Rafael Carrera en 1848-49, Cruz y su hermano Vicente se levantaron en armas e intentaron hacerse con el control del país y lucharon por la independencia de Los Altos.1  Pero durante el período de anarquía que se vivió durante la ausencia de Carrera el general Vicente Cruz fue asesinado y cuando Carrera regresó a hacerse cargo de la situación, Cruz comprendió que era mejor aliarse con él y así lo hizo.2

Durante la presiencia vitalicia de Carrera el mariscal Cruz fue incondicional del presidente e incluso se hizo su compadre, ya que la hermana de Cruz era una de las amantes de Carrera y tuvo varios hijos con él.2  Pero tras la muerte del caudillo el 14 de abril de 1865, Cruz pensó que se le abría nuevamente la oportunidad para hacerse con el poder.3

Su primer levantamiento contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna fue en marzo de 1867, siendo derrotado por su compradre y compañero, el mariscal Antonino Solares, quien le perdonó la vida y le permitió que se retirara a El Salvador, no sin antes firmar un compromiso en Sanguayabá, por el que se comprometía a no retornar a Guatemala sin permiso del gobierno.4

Inicialmente, Cruz estuvo en El Salvador y Honduras y luego se trasladó a Comitán, desde donde empezó a planear una nueva revolución, aunque tenía el problema de que se le veía como a un guerrillero sin talento que intentaba imitiar a Carrera sin éxito.  Cerna, por su parte, vivía tranquilamente pensando que todos sus aduladores eran sinceros y no se preocupaba de movimientos rebeldes.4

Finalmente, el 18 de febrero de 1869, Cruz y sus hombres entraron a caballo a Guatemala después de la feria de Chiantla, y se apropiaron del poblado de Nentón, aprovechando que el jefe de la guardia, el capitá Máximo Ruiz, huyó del lugar junto con sus soldados al enterarse de la acometida de los rebeldes.   Cruz confiscó todo lo que pudo, reclutó algunos hombres más y partió con dirección a Quiché, pero a medio camino se enteró de que lo estaban persiguiendo los hombres de los corregidores de Huehuetenango y de Totonicapán, por lo que prefirió internarse en las selvas al norte de los Cuchumatanes.5

En Guatemala, el gobierno suspendió las garantías constitucionales y puso precio a la cabeza del mariscal Cruz, mientras éste utilizaba sus habilidades de guerrillero para hacer de las suyas en Huehuetenango y Quiché.  En todos los poblados en donde aparecía trató de hacer lo mismo que hizo Carrera en 1849, es decir, intentó acercarse a los indígenas y conseguir adeptos entre ellos.  Pero Cruz no tenía el mismo carisma que el caudillo y no consiguió mucho.5

Finalmente, luego de tres meses de estarlo persiguiendo, las fuerzas gubernamentales lograron expulsarlo hacia México.  Pero Cruz se reforzó en ese país y siguió entrando a territorio guatemalteco, llegando hasta Baja Verapaz, acción en la que contó con la ayuda de un nuevo revolucionario: J. Rufino Barrios.6 Pero su levantamiento nunca se consolidó, quedando solamente como acciones asiladas de bandidos, hasta que finalmente encontró la muerte en enero de 1870 en Palencia, a manos de un soldado y de un sargento que estaban a las órdenes de su compadre, el mariscal Solares.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 147-150.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 284.
  5. Ibid., p. 285.
  6. Ibid., p. 287.
  7. La Ilustración Española y Americana (1870). «Revolución de Guatemala. Muerte del mariscal don Serapio Cruz»Fundación Joaquín Díaz 14 (12).

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1 de diciembre de 1869: insurrección en Los Altos

La Cámara de Representantes suspende sus sesiones ante petición del mariscal presidente Vicente Cerna, tras la insurrección en Los Altos

1diciembre1869
Mapa del Estado de Guatemala en 1838. Se aprecia el Estado de Los Altos, que se componía de todo el occidente del país, y el enclave de Belice al norte de la Verapaz, que databa desde antes de la Independencia. Esta misma región se alzó contra el gobierno de Vicente Cerna en 1869, haciendo que el presidente pidiera a la Cámara de Representantes que cesara sus reuniones ordinarias. Imagen de HoyHistoriaGT.

Luego de la muerte del capitán general Rafael Carrera el 14 de abril de 1865, los conservadores se mantuvieron en el poder, eligiendo como presidente de la República al hasta entonces Corregidor de Chiquimula, mariscal Vicente Cerna. Cerna había sido correligionario de Carrera desde la revolución de 1838 y había estado al mando de la región oriental durante todo el gobierno del fallecido ex-presidente.1

Cerna, pues, no conocía el manejo de la situación en la ciudad de Guatemala y pronto cayó en la red de los criollos aristócratas y de los jerarcas de la Iglesia Católica, tanto secular como regular, y simplemente dejó que éstos controlaran la situación del país. Los criollos liberales, por su parte, comprendiendo que la fuerte presencia del capitán general Carrera ya no se interponía en su camino para recuperar el poder, empezaron a promover revueltas contra el gobierno de Cerna.2 De esta forma, el nuevo presidente tuvo que combatir varias revoluciones, especilamente en la región de Los Altos —es decir, todo el occidente guatemalteco—, que era en donde estaba el núcleo de los criollos liberales, quienes ya habían intentado separarse de Guatemala en 1838 y en 1848. El gobierno conservador empleó medidas represivas en contra de los insurrectos, llegando al extremo de trasladar poblados enteros en la región en conflicto a nuevas ubicaciones para que los líderes rebeldes perdieran sus bases.3

Una de tantas revueltas estuvo al mando de Francisco Cruz, quien inició su revolución desde la hacienda que tenía J. Rufino Barrios en Malacatán, San Marcos, aunque fue derrotado y capturado junto con otros treinta y siete individuos, entre los que estaba el padre de Barrios, quien fue trasladado a la ciudad de Guatemala en donde, de acuerdo a los historiadores liberales, fue encarcelado y torturado. Barrios, por su parte, logró huir a Chiapas, en donde aprovechó para obtener el apoyo del presidente anticlerical mexicano Benito Juárez.3

Para calmar los ánimos en la capital, Cerna no mencionó estas revueltas en sus mensajes presidenciales de 1867 y 1868, en los que solamente dijo que Guatemala disfrutaba de paz, estabilidad y crecimiento económico. Pero la Cámara de Representantes, por su parte, sí mencionó en sus respuesta oficiales al presidente que había «revoluciones contrarias al progreso» que se originaban en «la negación de la ley del progreso, que era una iniciativa que la Providencia había encomendado a los sectores más iluminados del país«.3

Para intentar calmar la situación, el 8 de enero de 1869 Cerna dijo que iba a convocar a elecciones presidenciales ya que iba a entregar el poder el 23 de mayo. Se convocó entonces a una Asamblea General el 17 de enero para que eligiera al nuevo presidente, cuyo período iba a terminar a finales de 1872. Los criollos liberales se organizaron como pudieron, y presentaron como candidato al mariscal José Víctor Zavala, a pesar de que había sido amigo personal de Carrera y era de familia aristócrata; de hecho, los liberales lo escogieron porque era muy popular, no se llevaba bien con Cerna,3 y, sobre todo, porque era primo hermano de Miguel García-Granados y Zavala.4

Cerna cometió el grave error de conseguir que la Asamblea General lo eligiera como presidente nuevamente, lo que provocó mucho malestar entre los liberales y les dió nuevos ánimos para continuar con sus revueltas luego de la segunda inauguración del presidente el 24 de mayo.5 De esta cuenta, cuando llegó el momento de convocar a la Cámara de Representantes para que iniciara sus sesiones ordinarias, envió un mensaje muy distinto al de los años anteriores, y ahora decía que era mejor que no se reunieran los diputados, ya que el gobierno estaba enfocado en repeler las insurrecciones en Los Altos:6

Para cumplir con lo prevenido en el articulo 11°. del Acta Constitutiva, he convocado la Cámara, con el objeto de que pueda iniciar sus importantes trabajos del último año del tercer período constitucional.

Las circunstancias en que se encuentra una parte de la República, perturbada por una faccion que sin proclamar principios políticos, intenta promover un cambio favorable solamente a intereses individuales, ha exigido y exige aún que la atencion del Gobierno se consagre a restablecer el orden y la tranquilidad. La experiencia, tan costosamente adquirida en épocas anteriores, y el conocimiento de nuestra condición social, nos han enseñado lo que los pueblos pueden esperar de revoluciones como la que se ha intentado promover últimamente en Los Altos. Retroceso en todos los ramos, desolación y ruina de familias enteras, sacrificadas a las malas pasiones de unos cuantos caudillos de revueltas, abandono de la agricultura, del comercio y de las artes útiles, y las calamidades más dolorosas afligiendo a inocentes y a culpables, he aqui, en breves rasgos, el cuadro desconsolador que la guerra civil ofrece en un pais como el nuestro. Se comprenderá, pues, fácilmente, que el Gobierno se ocupe de toda preferencia en hacer cesar ese mal, que si bien no ha tornado aun proporciones alarmantes, gracias al buen sentido de los pueblos, no deja de inquietar los ánimos, creando ese malestar y esa desconfianza que son obstáculos graves al adelanto social y a la marcha regular de la administracion pública.

En estas circunstancias, en que el interés grande y primordial de la conservación de la paz, exige toda la atención de la autoridad, no debe extrañarse que no se hayan preparado ciertos trabajos en que la representación nacional no podría ocuparse ahora con la calma y el detenimiento indispensables para el acierto.

En esta virtud, y no habiendo entre los asuntos que quedaron pendientes al aplazarse las sesiones en Enero último, ninguno cuyo despacho pueda considerarse de urgente necesidad, juzgo conveniente a los intereses públicos que despues de practicarse la elección de los ocho Consejeros de Estado que deben nombrarse ahora segun lo dispuesto en el articulo 11°. del Acta Constitutiva, queden aplazadas las sesiones de la Cámara para el día 4 de abril de 1870, pudiendo regir provisionalmente el presupuesto decretado para el corriente año, en tanto se discute y aprueba el que se prepara para el próximo entrante.

Abrigo la confianza de que, favorecidos por la Providencia, que ha dispensado siempre una proteccion especial a la República, y secundado el Gobierno por todos los buenos ciudadanos, podréis, Señores Representantes, restablecida ya la paz en las poblaciones en donde ha sido alterada, continuar vuestros importantes trabajos, encaminados siempre al bienestar ya la prosperidad del pais.

Palacio del Gobierno: Guatemala, Noviembre 25 de 1869.6

Así pues, la Cámara de Representantes se reunió solamente para elegir a los ocho miembros del Consejo de Estado, y luego de que lo hizo, se disolvió el 1 de diciembre de 1869.3

Empezaba el final del régimen conservador de los 30 años.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward Jr., Ralph Lee (1993) Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871. (en inglés) Georgia, EEUU: The University of Georgia Press. p. 335.
  2. Ibid., p. 336.
  3. Ibid., p. 337.
  4. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. p. 146.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  6. Cerna y Cerna, Vicente (1869). Mensaje dirigido por el Excelentísimo Señr Presidente, Mariscal de Campo, don Vicente Cerna, a la Cámara de Representantes en la apertura de las últimas sesiones del tercer período constitucional. Guatemala: Imprenta de La Paz.

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24 de mayo de 1869: Cerna inaugura su segundo período presidencial

Tras vencer en las elecciones en la Cámara de Representantes al Mariscal José Víctor Zavala, el Mariscal Vicente Cerna inicia su segundo período presidencial

24mayo1869
Iglesia del Cerrito del Carmen hacia principios del siglo XX.  El área seguía muy similar a la época en que Cerna juró para su segundo período presidencial.  Fotografía de Juan José de Jesús Yas.

Cuando el capitán general Rafael Carrera fue nombrado presidente vitalicio en 1854, tuvo la prerrogativa de elegir a su sucesor, y Carrera eligió al Mariscal Vicente Cerna con quien había sido compañero de armas desde su época de guerrillero.1

Tras la muerte de Carrera en 1865, el primer período del Mariscal Cerna había sido una continuación del gobierno del extinto presidente vitalicio, pero las circunstancias imperantes exigían un cambio de gobierno, ya que si bien Cerna era muy honrado y muy moralista, no tenia la capacidad suficiente para enfrentarse a los criollos liberales que poco a poco fueron reforzando sus posiciones.  Por eso, cuando se convocaron a elecciones para su sucesor, los miembros de la Cámara de Representantes —como se le llamaba al Congreso de la República en aquellos años— tenían la opción de elegir al Mariscal José Víctor Zavala, quien también había sido correligionario de Carrera, pero quien además había estudiado en la Universidad y en el extranjero y había retornado de Nicaragua cubierto de gloria tras vencer al filibustero William Walker.1 Aunque muchos daban ya por vencedor a Zavala, el 17 de enero de 1859, luego de asistir a una misa para recibir la «inspiración del Espíritu Santo«, los diputados votaron y eligieron al Mariscal Cerna con 31 votos contra 21 que recibió Zavala dando así, sin querer, la estocada final al régimen conservador en Guatemala.2

La ceremonia de juramentación se llevó a cabo el 24 de mayo en la sede la Cámara de Representantes, cuyo presidente era el señor Juan Matheu, un ciudadano español radicado en Guatemala y quien había estado en el puesto desde la época del general Carrera. Además de los diputados, estaban los miembros del Consejo de Estado, la Corte de Justicia, el Ayuntamiento, el Claustro de la Universidad, y el Consulado de Comercio.  Y también estaban las autoridades eclesiásticas, principiando por el arzobispo metropolitano, y su corte que incluía a los estudiantes del Seminario, y  los colegios de Infantes y Clerical; y los frailes de las órdenes regulares. Por su parte, Cerna hizo su ingreso al recinto acompañado del Corregidor del departamento, del Mayor General del Ejército y de los miembros de su Estado Mayor.3

De acuerdo a lo indicado por la constitución vigente en la época, el arzobispo tomó el juramento al presidente y luego de los discursos de ley, salieron en comitiva hacia la Catedral en donde se celebró un Te Deum con motivo del magno acontecimiento.4

Aquella sería la última gran celebración de los conservadores guatemaltecos, ya que un poco más de dos años después, Cerna caería derrotado por la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871 y se tenía que ir huyendo del país en lomo de mula y con solamente veinte pesos en el bolsillo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 343.
  2. Ibid., p. 344.
  3. Ibid., p. 345.
  4. Ibid., p. 346.

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