20 de mayo de 1877: se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria “El Porvenir” de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

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Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura “La Ilustración Guatemalteca” en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria “El Porvenir” se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. “El Porvenir” se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una “literatura nacional”.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,<sup>1</sup> había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólgo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • “Sombras protectoras”: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    • Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de EStado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    • Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    • Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    • Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    • Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    • Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    • Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    • Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del Diario de Centro América, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    • Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    • Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    • Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico “El Porvenir“.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de “Dr. Torrente“.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.”7“No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave“.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo “nacional” era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García Granados se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad (Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío), dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir“. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid, p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid, pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

 

3 de abril de 1877: el gobierno de J. Rufino Barrios implementa el Reglamento de Jornaleros autorizando a los cafetaleros a pagar salarios ínfimos a los campesinos indígenas

3abril1877
Una niña indígena recoge la cosecha de café en una finca cafetalera propiedad de alemanes en Alta Verapaz en Guatemala en 1934.  En el recuadro: la familia alemana propietaria de la finca.  El reglamento de jornaleros y la expropiación de tierras comunales indígenas que realizó Barrios en 1877 permitieron la formación de grandes latifundios cafetaleros a expensas de la propiedad y trabajo indígenas.  Fotogramas tomados del documental fílmico “Guatemala Expedition (1933-1934)“. 

La Reforma Liberal fue en realidad una profunda Reforma Agraria que favoreció a los criollos liberales, iniciando en 1877, cuando el general presidente J. Rufino Barrios vió que la expansión del cultivo del café sería la base financiera que iba a permitirle a él y a sus correligionarios convertirse en potentados que podían rivalizar con los “nobles” aristócratas.1

Solamente había un problema para los planes de Barrios:  la población indígena.  Para salir de ese problema, Barrios implementó dos programas de Reforma Agraria:

  1. Abolición de la propiedad comunal indígena para que las tierras pudieran ser compradas a precios de ganga por inversionistas extranjeros
  2. Reglamento de Jornaleros, que estableció el mandamiento gracias a lo que el gobierno autorizó a los dueños de las grandes fincas que se formaron a dar salarios miserables a los campesinos indígenas que trabajaran para ellos.1

Gracias a estos dos programas, el desarrollo del café en Guatemala fue considerable.1 De hecho, por medio del Reglamento de Jornaleros se trataba a los trabajadores casi como esclavos, teniéndolos en una situación de servidumbre similar a la de la época de la colonia. Y es que como el reglamento señalaba que el patrono podía adelantarle parte de su sueldo al trabajador, los patronos idearon un sistema por el cual muchos campesinos poco a poco se fueron endeudado con el dueño de la finca hasta que dicho endeudamiento era ya impagable y tenían que mantenerse a perpetuidad en dichas tierras ya que no podían dejar su trabajo sin haber saldado completamente la deuda adquirida. A esto se sumaba que las deudas eran heredadas de padres a hijos, por lo que estos último ya estaban obligados a permanecer en la finca en que habían trabajados sus padres. Y, por si esto no fuera poco, la mayoría de las fincas pagaban con su moneda propia, la cual podían intercambiar únicamente en la tienda de la finca por los productos que allí se encontraban, los cuales eran vendidos a altos precios.2

Reproducimos a continuación aquel reglamento emitido el 3 de abril de 1877, redactado en su mayoría por el Ministro de Hacienda, Manuel Herrera, con algunos comentarios para ponerlo en su debido contexto histórico:3

Decreto Número 177

J. Rufino Barrrios, general de División y Presidente de la República de Guatemala.

En uso de las amplias facultades de que se halla investido,

(Nota de HoyHistoriaGT:  Barrios no tenía ninguna facultad constitucional en lo absoluto, pues estaba gobernando en base al Acta de Patzicía, el cual fue el documento que los liberales revolucionarios firmaron el 3 de junio de 1871 desconociendo al presidente constitucional Vicente Cerna).

DECRETA:

El siguiente REGLAMENTO DE JORNALEROS

De los patrones y jornaleros

Sección primera: de los patrones

Artículo 1°. Se entiende por patrón el dueño o arrendatario de una finca rural y para los efectos de este Reglamento el que a su nombre la administra o gobierna.

Artículo 2°. Agente del patrón, es el individuo autorizado para concertar trabajadores y representarlo ante las autoridades en los contratos o reclamaciones por el mismo motivo.  Para ser reconocido como agente, basta presentar una carta poder extendida en papel simple y firmada por el patrón u otro individuo de su familia o de sus dependientes.

(Nota de HoyHistoriaGT: nótese cómo se facilita la identificación de quien representara a los patrones).

Artículo 3°. El agente obliga al patrón a estar y pasar por los conciertos o contratos que celebre con los jornaleros, lo mismo que por las gestiones que haga  conforme al artículo anterior.

Artículo 4°. El patrón y sus agentes o dependientes están obligados:

  1. A mantener el buen orden en su respectiva finca;
  2. A exigir al jornalero que trate de acomodarse en su finca, que exprese su nombre y apellido, lugar de su vecindario, última finca donde haya trabajado y la exhibición del libreto o boleta de solvencia con su anterior patrón; (Nota de HoyHistoriaGT: es decir, el campesino indígena tenía que dejar su lugar de residencia para trasladarse a la finca, y soportar el trato y la vivienda que le proporcionaran)
  3. A dar parte a la autoridad inmediata si el jornalero que se presenta fuere colono de otra finca y no llevare autorización para concertarse, o si fuese habilitado por otro partón, con quien no esté solvente;2
  4. A llevar un registro o matrícula de cuentas corrientes en donde asentará semanalmente el debe y el haber de cada jornalero, haciéndoselo saber cada semana y anotándolo en el libreto del mismo jornalero.2
  5.  A proporcionar a los colonos habitaciones de teja o pajizas, y ocupación a ellos y sus familias para que puedan ganar un jornal, y no habiendo trabajo en la finca designarle una área de terreno, sin gravamen alguno, para labrarlo por su propia cuenta; (Nota de HoyHistoriaGT:  las familias completas se iban a trabajar de jornaleros, incluyendo a mujeres y niños, y tenían que abandonar sus lugares de origen para ir de finca en finca).4
  6. A permitir a los colonos, buscar trabajo en otra finca, cuando lo haya en la que habitan, dándoles el permiso por escrito, indiando el tiempo por el cual pueden concertarse;
  7. A no hacer anticipo alguno al colono de otra finca, que trabaja con permiso escrito, de su patrón, bajo la pena de perder la cantidad anticipada que ingresará al fondo de caminos;
  8. A dar al colono o jornalero un libreto que éste conservará en su poder, y asentar en él semanariamente el debe y haber de su cuenta; (Nota de HoyHistoriaGT: este documento se prestaba a todo tipo de abusos, pues los campesinos indígenas eran analfabetos).  En la primera hoja del libreto se pondrá el contrato que se hubiese celebrado con el colono o jornalero, con todas sus circunstancias y condiciones.
  9. A dar a los colonos o jorganerlos una alimentación sana y abundante, cuando en virtud del contrato esté obligado a suministrarla;
  10. A establecer gratis una escuela de primera letras, dominical o nocturna, en las fincas donde hubiera más de diez familias para los niños que trabajan en ellas, y diaria para los pequeños de ambos sexos, si no hubierse población inmediata, o ésta carezca de escuela; (Nota de HoyHistoriaGT: es decir, había mano de obra infantil de ambos sexos).
  11. A pasar al fin de cada año a la autoridad más próxima, una nómina de los nuevos jornaleros habilitados y de los colonos admitidos en el año con razón de su procedencia y de los cambios habidos en los que existían anteriormente.

Artículo 5°. La falta de cumplimiento de cualquiera de las obligaciones que establece el artículo anterior, será penada con una multa de diez a cincuenta pesos, segun los casos.  Las autoridades locales son las competentes para imponer esas multas.

Artículo 6°. En el caso del inciso 7°. del artículo 4°., el colono o jornalero queda obligado a enterar al respectivo fondo el anticipo que hubiere recibido. No pudiendo hacer el entero, descontará su valor en trabajos públicos, salvo el primer patrón la cantidad, para que el jornero o colono se lo abone en trabajos propios. (Nota de HoyHistoriaGT: por supuesto, los patrones nunca abonar esto; los indígenas eran enviados a trabajar en caminos rurales o a hacer el servicio militar si no eran traslados a otra finca).

Artículo 7°. El patrón que a sabiendas seduzca a un colono o jornalero de otra finca, incurrirá en una multa de veinte a cien pesos, sin perjuicio de devolver al mozo, quedando responsable de lo que adeuda a su anterior patrón y a perder la habilitación que le haya dado en favor del fondo de caminos, en cuyo caso se procederá como se dispone en el artículo anterior.

Artículo 8°. Ningun patrón tiene derecho de castigar al colono o jornalero por faltas cometidas en la finca, y en cualquier caso que ocurra, deberá dar parte a la autoridad local más inmediata para que conozca de la falta y la castigue.

Artículo 9°. Es obligación estricta de los patrones tratar bien a los colonos o jornaleros, lo mismo que darles la boleta de solvencia cuando soliciten trasladarse a otro punto.4

Artículo 10°. Cuando el patrón se negare sin motivo a dar al colono o jornalero boleta de solvencia, éste podrá ocurrir a la autoridad local, para que en vista del respectivo libreto se la mande dar, imponiente al patrón una multa de diez pesos.

Artículo 11°. En caso de epidemia local que amenace la vida de los habitantes de una finca, no podrá retenerse en ella a los colonos y jornaleros, debiendo pasado el peligro, volver a la finca a cumplir sus compromisos.4

Artículo 12°. En el caso del anterior artículo, el patrón extenderá por escrito al colono ó jornalero, la respectiva licencia, expresando en ella la cantidad que adeuda y el tiempo que le falta para cumplir su concierto. (Nota de HoyHistoriaGT: el sistema de la libreta se corrompió de tal modo, que aun y cuando los salarios que se pagaban eran miserables, los patrones se las ingeniaron para que los campesinos siempre les estuvieran debiendo).5

Artículo 13°. El patrón que no lleve el libro de cuentas corrientes de que habla el inciso 4°. del artículo 4°., además de pagar la multa que corresponda, quedará sujeto, respecto a cuentas, a estar y pasar por lo que conste en el libro del colono o jornalero.

Artículo 14°. A cualquiera clase de jornaleros el patrón deberá darles habilitación diaria ó cada ocho dias si así lo exigieren para sus alimentos.

SECCIÓN SEGUNDA: Jornaleros

Artículo 15°. Hay tres especies de jornaleros: colonos, jornaleros habilitados para trabajar por tarea, por dia ó por mes, y jornaleros no habilitados.

§ I De los colonos

Artículo 16°. Se entiende por colono el jornalero que se compromete á residir y trabajar en una finca rural o que de hecho trabaja y reside en ella. Los arrendantes de las fincas de campo, están comprendidos en la clase de los colonos y obligados á trabajar en la propia linea si en el contrato de arrendamiento no se hubiere estipulado lo contrario. El mismo carácter y la misma obligación tienen los poseedores de terrenos en precario, comprendidos en los de otra finca rural.

Artículo 17°. El tiempo por el cual puede concertarse un colono será convencional, pero no podrá exceder de cuatro años. Sin embargo, no se retirará de la finca sin estar solvente con su patrón aunque haya pasado el término. (Nota de HoyHistoriaGT: como ya se indicó en la nota del artículo 12, los patrones se las ingenieron para que los colonos estuvieran siempre endeudados con ellos).

Artículo 18°. Son obligaciones del colono:

  1. Prestar su trabajo en la finca por el salario convenido siempre que hubiere ocupación en ella;
  2. Estar sometido al patrón y sus agentes, en todo lo relativo al buen orden y ejecución de los trabajos de la finca;
  3. Conservar el libreto de su cuenta corriente, cuidando de que el patrón asiente semanariamente el estado de ella en dicho libreto;
  4. No recibir de otro patrón anticipo alguno por cuenta de trabajo, que deba verificarse antes de concluirse el término porque se concertó como colono ó aunque se haya concluido, sino está solvente con el patrón;
  5. Enviar á sus hijos a la escuela de primeras letras establecida en la misma finca;
  6. Permanecer en la finca todo el tiempo concertado y no retirarse de ella antes que termine, aun cuando estuviere solvente con su patrón.4

Artículo 19°. El patrón calculará la suma, que pueda anticipar al colono según los trabajos que haya de ejecutar cutar y el tiempo del compromiso. (Nota de HoyHistoriaGT: he aquí una de las principales fuentes de fraude para endeudar a los trabajadores).5

Artículo 20°. Cuando no esté obligado el patrón á suministrar alimentos al colono y éste no pueda procurárselos por consecuencia de suma escasez de granos, o sólo pueda obtenerlos a un precio tal que no baste su salario para proveer a su subsistencia, podrá retirarse de la finca aun cuando no se haya terminado el tiempo de su concierto, a no ser que el patrón se los proporcione a precios cómodos. (Nota de HoyHistoriaGT: he aquí otra de las principales fuentes de fraude para endeudar a los trabajadores).6

Artículo 21°. Si el colono en virtud de los dispuesto en el artículo anterior, hubiere de retirarse de la finca, deberá hacerlo con permiso escrito del patrón en el cual conste la cantidad que adeuda y el tiempo dentro del cual debe volver á cumplir sus compromisos.

Artículo 22°. El colono que extraviare su libreto, deberá estar y pasar por las constancias que respecto á su cuenta existan en los libros del patrón.

§ II De los jornaleros habilitados.

Artículo 23°. Jornalero habilitado es el que recibe dinero anticipado, obligándose a pagarlo con su trabajo personal en una linea rústica. (Nota de HoyHistoriaGT: esta fue fuente de usura para los patronos).5  Para la anticipación se tendrá presente lo dispuesto en el articulo 19.

Artículo 24°. El jornalero habilitado tiene las mismas obligaciones que el colono y cuando no esté concertado por tiempo determinado, puede retirarse de la finca, una vez pagado el anticipo.

Artículo 25°. Son comunes a los jornaleros habilitados las disposiciones de los artículos l8 a 22.

§ III. De los jornaleros no habilitados

Artículo 26°. Son jornaleros no habilitados los que se comprometen á trabajar en una finca rústica sin recibir anticipación alguna y se han de observar respecto de ellos las disiciones contenidas en el inciso 3°. del artículo 4°.

Artículo 27°. El jornalero que no haya recibido habilitación, deberá cumplir el tiempo porque se obligó a trabajar; si no se hubiese fijado ese tiempo se entenderá de una semana.

Artículo 28°. A esta clase de jornaleros deberá pagárseles jornal semanariamente, sino se hubiere estipulado otra cosa, sin perjuicio de la habilitación diaria de que habla el artículo 14.

Artículo 29°. Los jornaleros no habilitados están sujetos a las obligaciones prescritas en los incisos 1°. y 2°. del artículo 18.

Disposiciones generales

Artículo 30°. Son autoridades competentes para los efectos de este reglamento, las siguientes: Jefes políticos, Gobernadores de los pueblos, Alcaldes Municipales o Jueces de Paz y Preventivos y Alcaldes auxiliares.

Artículo 31°. Cuando algún particular desee para sus trabajos un mandamiento de jornaleros, deberá solicitarlo del Jefe político del departamento, cuya autoridad designará el pueblo que deba proporcionarla. (Nota de HoyHistoriaGT: a los indígenas no se les pedía permiso sino que se les obligaba a ir a donde y cuando dijera el Jefe Político). En ningún caso excederá de sesenta el número de jornaleros de cada mandamiento.6

Artículo 32°. Cuando sean comprendidos en un mandamiento jornaleros habilitados por otro patrón, este tiene el derecho de reclamarlos y la autoridad está en la obligación de tragarlos. El patrón que de propia autoridad sustrajere de un mandamiento o tomare por la fuerza a un jornalero habilitado por él, perderá el derecho que le concede este artículo y la cantidad que le adeude el jornalero, a favor del fondo de caminos, procediendo de la manera determinada en los artículos 6°. y 7°.7

Artículo 33°. El jornalero habilitado que sea separado de un mandamiento para entregarlo a su patrón, deberá devolver á la autoridad la habilitación que hubiere recibido, ya sea para habilitar con ella otro jornalero en su lugar ó ya para devolverla al dueño del mandamiento.

Artículo 34°. Podrán pedirse mandamientos y la autoridad darlos por ocho o quince dias, si los jornaleros fueren del mismo departamento donde se halla la finca, y por un mes si fueren de otro departamento. En el primer caso el patrón no abonará a los jornaleros gasto de viaje y en el segundo les pagará á razón de dos reales por cada diez leguas de ida y nada por el regreso. (Nota de HoyHistoriaGT: éstas ínfimas cantidades se aprecian mejor si se comparan con la fortuna que amasó el general Barrios durante su gobierno y que fue publicada el 3 de agosto de 1885).8

Artículo 35°. Todo el que solicite mandamiento de jornaleros deberá pagar el derecho  siguiente:

  • Si el mandamiento lucre por ocho ó quince dias, se pagará medio real por cada jornalero;
  • Si fuere por mas de quince dias UD real por cada uno. Estas sumas formarán parte de los fondos de propios de cada Municipalidad.

Artículo 36°.A los jornaleros de un mandamiento deberá dárseles habilitación antes de salir del lugar de su domicilio, pero la autoridad cuidará bajo su responsabilidad, que dicha habilitación no exceda de la mitad de lo que deba ganar cada uno en el tiempo convenido.

Artículo 37°. En toda Secretaria Municipal se llevará un libro para anotar los mandamientos que se den en lista nominal, expresando el tiempo por que sale, la finca á donde van a trabajar los jornaleros y la cantidad pagada por derechos, conforme al artículo 35. Dicho libro servirá para la revisión y aprobación de las cuentas de cada municipio, y el Secretario Municipal que no cumpla con esta prevención, será destituido de su destino, pagando además una multa no menor de veinte pesos.

Artículo 38°. Las autoridades a que se refiere el artículo 30, tienen las obligaciones siguientes:

  1. Intervenir en los contrati enganche ya sea como jornaleros habilitados o no habilitados, siempre que sean requeridas por cualquiera de las partes, cuidando de que el Secretario cumpla con lo dispuesto en el artículo 37.
  2. Administrar pronta y cumplida justicia, en caso de contención o desacuerdo entre el patrón y el colono ó jornalero y hacer que cada uno por su parte cumpla con sus respectivas obligaciones;
  3. Cumplir con prontitud las prevenciones de los Jefes políticos sobre mandamiento de jornaleros, sujetándose a las prescripciones de este Reglamento;
  4. Facilitar a los patrones o agentes el enganche de jornaleros;
  5. Autorizar a los dueños de fincas que ofrezcan las garantías convenientes para que tengan una pieza de encierro para asegurar á cualquiera que cometa un delito ó falta, mientras se pone a disposición de la autoridad. A falta de un local a propósito, deberán ser conducidos inmediatamente al pueblo mas próximo;7
  6. Perseguirá los deudores fraudulentos por habilitaciones recibidas de diversos patrones, remitiéndolos con seguridad a la finca cuyo patrón se haya presentado á la autoridad. En caso de adeudar el jornalero anticipos a varias fincas se les remitirá a los patrones por el orden en que hayan presentado su reclamo: excepto que uno quiera pagar por todos y los demás convengan en el pago;9
  7. Autorizar las boletas de solvencia cuando asi lo solicite algun jornalero para cambiar de domicilio y extendérsela cuando el patrón se niegue á hacerlo, si del libreto resulta su solvencia;
  8. Cuidar de que se hagan efectivas las multas que se impongan por infracción de este Reglamento;
  9. Cumplir por su parte y hacer cumplir el presente Reglamento.

Artículo 39°. Todos los gastos que se originen para obligar al jornalero al cumplir sus compromisos,serán pagados por el patrón, a cargo del jornalero, anotándolo así en su libreto y en su cuenta.

Artículo 40°. Las funciones de los alcaldes auxiliares están determinadas en la ley y las ejercerán siempre con sujeción a ella como agentes ó comisionados de las autoridades superiores como Jefes políticos, Jueces de Paz, Alcaldes Municipales, etc.

Artículo 41°. Cuando hubiere desacuerdo entre el patrón y el trabajador respecto a tareas, alimentación, jornales ú horas de trabajo, la autoridad que conozca del reclamo, se arreglará á los términos del contrato consignado en el libreto; y á falta de esa constancia, á la costumbre establecida en el lugar donde estuviere situada la finca.

Artículo 42°. Es obligación de los jornaleros que salen a trabajar fuera de su domicilio y que sean militares, dar aviso al Comandante local para que no les considere como faltistas. Los Comandantes no podrán oponerse a su enganche siempre que no estén en servicio activo.

Artículo 46°. Las demandas y reclamos entre patrones y jornaleros se ventilaran siempre ante los alcaldes Municipales ó Jueces de paz. sino sucediere de la suna determinada por la ley como límite de la competencia de esas autoridades y aun cuando los contendientes sean militares, si no estuvieren en servicio activo: cuando pasen de esa suma corresponde conocer a los Jefes Políticos y determinaciones no habrá otro recurso que el de responsabilidad.

Artículo 47°. Los Gobernadores, Alcaldes Municipales, Jueces preventivos ó de paz y Alcaldes auxiliares, que infringieren cualquiera de las obligaciones que este Reglamento determina, incurrirán en una multa desde cinco á veinticinco pesos, según los casos. Estas multas serán impuestas por los Jefes políticos ó Jueces de Paz en su caso.9

Artículo 48°. Todas las multas que se impongan á las autoridades, patrones ó jornaleros por razón de este Reglamento, ingresarán al fondo de caminos. Al efecto, las autoridades locales de la República remitirán mensualmente á la Jefatura Política dichas multas con cuenta y razón.

Artículo 49°. En cada Jefatura política se llevará un libro exclusivo para esta cuenta con sus comprobantes, en donde se asentarán los ingresos de cada pueblo por razón de multas. Cada tres meses se formará un estado de ella que se remitirá al Ministerio de Fomento, trasladándose tambien a la Administración de Rentas la existencia que resulte y haciendo constar el traslado al pié del mismo estado.

Artículo 50°. En todo el mes de mayo próximo, están obligados los patrones á presentar á la autoridad local más inmediata, la lista de los colonos de su finca y mozos habilitados por cuenta de trabajo, estén o no trabajando: y desde el mes de diciembre próximo entrante se hará según lo previene el inciso 11 del artículo 4.° de este Reglamento. Las habilitaciones que hasta la publicación de este Reglamento, hubiesen recibido los jornaleros, por cuenta de trabajo, de diversos patrones, serán pagadas contra el orden de antigüedad.

Artículo 51°. El .Ministro de Fomento queda encargado del cumplimiento del presente Reglamento y de resolver las Consultas que se hagan por las autoridades sobre su inteligencia,oscuridad é interpretación.

Dado en el Palacio Nacional en Guatemala, a tres de abril de mil ochocientos setenta y siete.

J. Rufino Barrios.

El Ministro de Fomento: Manuel Herrera.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Caso Barrera, Laura (Diciembre 2014). Viajeros alemanes en Alta Verapaz en el siglo XIX. Su aportación al conocimiento de las lenguas y cultura mayas. Revista Brasileria de Lingüística Antropológica. 6 2. p. 414.
  2. Chacón Córdova, Carolina (2018). La figura del general Jorge Ubico Castañeda: dictador o tirano. En: 200 años en camino, Bicentenario de la Independencia – 2021. Guatemala: Autorictas Prudentium. pp. 5-7.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.
  4. Ibid, p. 70.
  5. Ibid, p. 71.
  6. Ibid, p. 72.
  7. Ibid, p. 73.
  8. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 26.
  9. Gobierno de Guatemala, Recopilación de Leyes, p. 74.

1 de noviembre de 1877: se descubre la “conspiración Kopesky” que pretendía asesinar al presidente J. Rufino Barrios

1noviembre1877
Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala en la época en que los conjurados fueron fusilados frente a la fuente de Carlos III.  Al fondo se aprecia el Palacio Colonial.  La casa del general Barrios estaba  en la esquina opuesta del Palacio y desde allí pudo ver los fusilamientos.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de noviembre de 1877 se descubrió una conspiración cuyo objetivo era asesinar al general presidente J. Rufino Barrios y a otros importantes personajes del gobierno liberal.  Las personas implicadas, incluído el aventurero polaco Antonio Kopesky quien era comandante del Cuartel de Artillería, fueron juzgadas por una Corte Marcial, convictas y confesas, y diecisiete de los implicados fueron sentenciados a la pena capital y a condenas de cárcel.  Los principales conjurados fueron fusilados el 5 y el 7 de noviembre frente a la fuente de Carlos III, entonces en la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala, y el resto fue indultado al cabo de poco tiempo.1  Las personas fusiladas al pie de la fuente fueron:

  • El 5 de noviembre:
    • José María Guzmán (carpintero)
    • Macario Santa María
    • Tomás González
    • Francisco Carrera Limón
    • Jesús Batres (comerciante, caficultor y ganadero; se mantenía en estado de embriaguez)
  • El 7 de noviembre:
    • Manual (o Gabriel) Aguilar (presbítero)
    • Antonio Kopesky (militar polaco)
    • Francisco de León Rodas (militar conservador guatemalteco)
    • Rafael Segura (poeta y escritor; empleado público)
    • José Lara Pavón (catedrático universitario, miembro de la familia Aycinena; ya era anciano)
    • Lorenzo Leal (conservador, pintor miniaturista)
    • Rafael Gramajo
    • Carlos Alegría
    • Cipriano Montenegro
    • Abraham Carmona
    • Enrique Guzmán (destilador de aguardiente)
    • Desiderio Montenegro2

La conspiración fue organizada por dos militares, el ya mencionado Kopesky y el Capitán Francisco de León Rodas. Kopesky había llegado a México con las tropas del emperador Maximiliano y luego de quedar inválido trabajó como mercenario en Centroamérica, donde había cometido una doble traición en Omoa en 1873 y a quien el presidente Joaquín Chamorro de Nicaragua había expulsado de ese país por conspitar contra su gobierno en 1875. A pesar de esto, había sido reclutado por Barrios para que colaborara en su ejército debido a su especialización en artillería. De León Rodas, por su parte, odiaba a Barrios desde una vez que lo había humillado públicamente. El resto de conspiradores eran dos militares, un grupo de civiles conservadores, otros que eran liberales de oposición y un cura párroco.

¿Cómo fueron los hechos?  El 23 de octubtre de 1877 la Asamblea Nacional Legislativa había cerrado sus sesiones después de declarar que el tiempo propio para hacer la Constitución de la República no había llegado.  Esto significaba que el presidente Barrios podría seguir gobernando con las amplias facultades discrecionales que le concedía el Acta de Patzicía, y extendiendo su período por cuatro años a partir de la emisión de aquel decreto.1 Esto creó mucho descontento entre los opositores de Barrios pues se daban cuenta que el presidente era en realidad un dictador con carta abierta para gobernar como mejor le pareciera.

De acuerdo a la versión oficial, los conspiradores querían emborrachar y narcotizar a los guardias del presidente, para luego entrar a la casa y acabar con todo aquel que se les cruzara por enfrente hasta llegar a Barrios y su familia y matarlos a todos.3  Pero el 31 de octubre de 1877, una anciana tocó insistentemente a la puerta de la casa de Barrios, hasta que fue recibida, y le aseguró al general presidente que era la madre de un soldado de artillería y que a la noche siguiente, un grupo se alzaría para matarlo a él y a su familia.  Barrios mandó a traer un grupo de cincuenta soldados de la Guardia de Honor y los colocó de guardia en el despacho presidencial, que estaba frente a la puerta de su casa (en donde en el siglo XXI se encuenta el Parque Centenerio), para que en caso de un atentado abriran fuego desde la ventana de su oficina.4

He aquí lo que le contró Barrios al presidente de Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro en una carga del 10 de noviembre de ese año:

“[…] he cortado aquí una conspiración de carácter muy grave para toda la sociedad, por el abominable plan de asesinatos en que se basaba. Era dirigda por una sociedad organizada a estilo de los carbonarios, y sus indivuos ligados como aquellos con juramentos terribles para la guarda del secreto. Debía ejecutarse en la noche del 1 de noviembre y darle principio un aventurero inválido llamado Antonio Kopesky, a quien por consideración tenía empleado yo como Comandante de una Brigada de Artillería. Entre los conspiradores figuraban algún individuo de la nobleza y algunos del clero, lo cual pudo colegirse desde que se tomaron los puñales, las mordazas y el veneno preparados para la matanza y demás lances de pillaje y violencia en que pensaban cebarse. Por supuesto, éramos yo y las personas de mi familia las primeras víctimas que debían inmolarse por medio de asesinos contratados para el efecto. Los detalles de ese plan causan horror: no se concibe cómo ha podido germinar en la mente de seres humanos.”5

 

Cuando el complot se descubrió los esbirros del gobierno capturaron a muchas personas, a quienes los juzgaron y sentenciaron a muerte en Corte Marcial como escarmiento para todos los enemigos del general Barrios de acuerdo al siguiente decreto:

“J. Rufino Barrios, General de División y Presidnete de la República de GuatemalaConsiderando: que uno de los más estrictos deberes es conservar la tranquilidad pública.

Que la lenidad de la actual Administración en vez de contener a los sediciosos ha servido para alentarlos en la vía de nuevos crímenes.

Y que los monstruosos atentados que en estos últimos días se proyectaron y comenzaban a ponerse en ejecución son una prueba flagrante de que no han bastado las disposiciones preexistentes para garantizar el honor, la vida y los intereses de los ciudadanos.  Con la mira de prevenir que en lo sucesivo se repitan crímenes de esta naturaleza, en uso de las facultades de que estoy investido,

Decreto:

Artículo 1°. Serán juzgados militarmente todos los reos de sedición, rebelión o conspiración.

Artículo 2°. De la misma manera serán juzgados sus cómplices, auxiliadores o encubridores.

Artículo 3°. Los delincuentes de que hablan los dos artículos anteriores, a más de las penas corporales que les corresponden, conforme a las leyes militares y de las indemnizaciones civiles a que están sujetos todos los reos, sufrirán una multa de la mitad a las dos terceras partes de sus bienes, segun las circunstancias.

Dado en Guatemala, en el Palacio de Gobierno a cinco de noviembre de mil ochocientos setenta y siete.  J. Rufino Barrios.  (Nota de HoyHistoriaGT: entre los firmantes estaban el ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, doctor Lorenzo Montúfar, y el subsecretario encargado del Ministerio de la Guerra, Arturo Ubico).6

 

En virtud del decreto anterior, a todos los implicados los torturaron a palos en los calabozos de las cárceles, un método que era muy utilizado en aquella época.4  Si bien algunos sí estaban implicados, varios autores coinciden en que no todos los fusilados fueron realmente conspiradores, sino simples chivos expiatorios que Barrios utilizó para aterrorizar a la población y hacerle ver que no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera en su camino.Por ejemplo, he aquí lo que dice al respecto Santos Soto, un perseguido político de Barrios, al respecto de Jesús Batres, quien fuera fusilado el 5 de noviembre:

[…] después de la conspiración y fusilaciones de Noviembre de 1877.  Esa conspiración sirvió de pretexto, sin que yo haya tomado en ella ninguna participación.  Jesús Batres, uno de los que fueron entonces fusilados, era primo, compadre e íntimo amigo mío.  Hacíamos en sociedad varios negocios de compras de ganado y otros, en los cuales me daba la tercera parte de las utilidades.  Yo siempre he creído que Batres tampoco tuvo parte en la conspiración de 1877, porque yo conocía muy bien su modo de pensar, y porque siendo tanta la confianza y amistad que conmigo tenía, algo me habría comunicado.  Creo que su muerte debió ser motivada por algunas otras causas, y que Barrios aprovechó aquella oportunidad para matarlo.”7

 

Barrios, por su parte, lo relató así en su carta a Chamorro:

“Descubierto providencialmente a tiempo, pudo prenderse a casi todos los conspiradores principales y cómplices asesinos. Una parte de ellos recibió ya el castigo debido, ejecutándoseles en la Plaza Mayor, entre éstos un sacerdote, y un individuo de la nobleza, el Lcdo. don José Lara Pavón. Es satisfactorio ver que el Ejército compuesto de la clase sencilla y honrada del pueblo, no pudo ser contaminada para aquel funesto plan. Nuestra sociedad, pues, ha pasado días de espanto, imaginando la magnitud del peligro, los desastres sin cuento que debieron tener lugar ejecutados por una turba de ladrones y asesinos desbordada con puñal en mano, y ha presenciado impasible el tremendo castigo de los que tales escenas de barbarie meditaron y se proponían poner por obra. Esta es una lección que debe servirnos para ser aun más vigilantes contra el fanatismo”.4

 

El presidente vió los fusilamientos desde el balcón de su casa, que estaba ubicada en la esquina suroeste de la 6a. avenida y 8a. calle, frente al Palacio de Gobierno.2 Se cuenta que los parientes y amigos que quisieron recoger los cadáveres de los fusilados fueron hechos prisioneros y torturados a palos en las cárceles y cuarteles de la ciudad,8 y que “tan pronto como el paso por las entradas de la plaza quedó libre, una multitud de curiosos de todas las clases y condiciones, entre ellos muchas señoritas elegantemente vestidas, se precipitaron en un tumulto y con avidez para contemplar los sangrientos despojos de aquellos desgraciados“.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 202.
  2. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III.  Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  3. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela “Sueño de los justos”. Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  4. Palma, Claudia (1 de noviembre de 2015) Los conjurados. Guatemala: Prensa Libre.
  5. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  6. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 156.
  7. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales. p. 50.
  8. Alonso, América; Vela, Julia; Zurita, Cecilia (2017) Vida y obra, Lorenzo Leal y Miguel Leal.  Guatemala: Instituto de Investigación en Diseño y Arquitectura, Universidad Rafael Landívar. pp. 11-12.

21 de abril de 1877: durante su exilio en Guatemala, el héroe y poeta cubano José Martí conoce a María García Granados y Saborío, La Niña de Guatemala

21abril1877
La 8a. avenida de la Ciudad de Guatemala en la época en que José Martí era profesor de la Escuela Normal para Varones y catedrático de la Escuela de Derecho y Notariado.  En los recuadros: el poeta en 1876 y la joven María García Granados y Zavala, “La Niña de Guatemala”.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El poeta y prócer cubano José Martí llegó a Guatemala invitado por el profesor José  María Izaguirre y atraído por el tinte liberal del gobierno del general J. Rufino Barrios.  El recién llegado fue invitado a las tertulias de las familias más acomodadas del país y en una de ellas conoció a María García Granados, el 21 de abril de 1877: una hermosa adolescente, siete años menor que él. El padre de ella, el general Miguel García Granados, había sido presidente provisorio entre 1871 y 1873, tras el triunfo de la Revolución Liberal que él mismo encabezó.1

Debido a su carácter diplomático, y a sus estrechos lazos con muchos de los conservadores, los criollos liberales apoyaron inicialmente a García Granandos, pero cuando se dieron cuenta de que se estaba tomando mucho tiempo para emprender las reformas agrarias y económicas que tanto ansiaban, lo obligaron a aceptar a que J. Rufino Barrios se hiciera cargo del gobierno, logrando que Barrios ascendiera al poder en 1873.   A pesar de ello, el anciano general García Granados gozaba de mucho prestigio en la sociedad guatemalteca del gobierno de Barrios y su tertulia era de las más concurridas por los líderes liberales.2

El poeta cubano José Martí llegó a Guatemala exiliado, por recomendación de su coterráneo José María Izaguirre, quien consiguió para él el puesto de profesor en la entonces prestigiosa y exclusiva Escuela Normal Central para Varones, y el de catedrático en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado. Gracias al prestigio de Izaguirre, Martí pronto se hizo pronto amigo del general García Granados, quien lo invitaba a su residencia a jugar al ajedrez con frecuencia, y tras conocer a María, aprovechaba las visitas para charlar con ella.3, 4

Desafortunadamente, Martí estaba comprometido para casarse con Carmen Zayas Bazán y  no pudo corresponder a la hija del expresidente como hubiera querido; de hecho, en noviembre se fue a México, en donde se casó con Carmen el 20 de diciembre, y tras algunos días de descanso, finalmente regresó a Guatemala el 15 de enero de 1878 a dar clases a la Escuela Normal, tras un largo y penoso viaje.2

Al enterarse de su retorno, María envió la siguiente nota al recién llegado:

“Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto.

—Tu Niña3

Pero Martí ya no regresó a ver a María debido a los celos de su nueva esposa, aunque debe decirse que la bella joven guatemalteca era lo menos que le preocupaba a Martí en esos momentos pues la situación política en Guatemala y en Cuba había cambiado mucho durante su viaje.2

Tras descubrir la Conspiración Kopesky el 1 de noviembre, y de fusilar a los conjurados (y a más de alguno que no lo era) el 5 y el 7 de ese mismo mes, el presidente Barrios se había convertido en un auténtico tirano paranoico, viendo enemigos hasta en sus antiguos aliados y aprovechando la circunstancia para salir de todos los que le incomodaban.2 Y, por si no eso no bastara, Martí quedó muy decepcionado cuando se enteró del final de guerra civil independentista en Cuba el 11 de febrero de 1878, que había causado casi cincuenta mil fallecidos desde 1868 y que había terminado con el Tratado del Zanjón en el que España daba amnistía a los rebeldes, pero obligaba a Cuba, que ya tenía sus ingenios azucareros destruidos por la guerra, a pagarle a España una indemnización millonaria que la dejó en quiebra.2

La situación económica del recién casado Martí se vió muy afectada cuando perdió su cátedra en la Escuela de Derecho y Notariado debido al ambiente político imperante y además, cuando tras el Tratado del Zanjón quedó truncado su proyecto de publicar su “Revista Guatemalteca” en el que planeaba no solo contar sus experiencias en Guatemala sino promocionar la revolución cubana.2 Finalmente, en marzo de 1878, su amigo protector Izaguirre fue obligado a renunciar como director de la Escuela Normal cuando el presidente Barrios empezó a desconfiar de él, y Martí decidió renunciar a su puesto como profesor, en solidaridad a su amigo lo que lo dejó en una situación por demás precaria.5

Sorpresivamente, el 10 de mayo de 1878 falleció María de una tuberculosis fulminante, agravada tras una excursión de recreo y por la tristeza y depresión por el silencio del poeta; siendo la hija del expresidente García Granados, su sepelio fue multitudinario y un devastado Martí asistió junto con José Joaquín Palma y José María Izaguirre (aunque sin su esposa), quedándose hasta el final de la ceremonia para despedir a la bella joven.2,5 

El héroe cubano abandonó Guatemala, pero esta romántica historia quedó inmortalizada en el poema “La Niña de Guatemala”, que escribió años después cuando consiguió publicar los Versos Sencillos, en 1891, ya cuando su esposa Carmen lo había abandonado embarcando hacia La Habana con la colaboración de las autoridades españolas y llevándose a su hijo Ismael para siempre. Martí le escribió a un amigo acerca de su terrible experiencia matrimonial y remató dicendo: “Y pensar que sacrifiqué a la pobrecita, a María, por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado español para pedir protección de mí“.​1

He aquí el poema de “La Niña de Guatemala”:6

Poema IX

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez, M.B. (s.f.). “Viejos datos reverdecen la leyenda: Martí y la Niña”. La Jiribilla. Archivado desde el original el 14 de julio de 2014.
  2. López, Alfred J. (2014): “José Martí: A revolutionary life” (en inglés). Latin America and Latino Art and Culture. Austin: University of Texas
  3. Ripoll, C. (s.f.). La Niña de Guatemala, la vida íntima y secreta de José Martí. Nueva York: Dos Ríos. Archivado desde el original el 16 de julio de 2001.
  4. CubaMinRex (2013). «Embajada de Cuba en Guatemala rinde tributo a María García Granados». Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Cuba. Archivado desde el original el 4 de enero de 2015.
  5. Izaguirre, José María (1953). «Homenaje a José Martí en el Centenario de su Nacimiento». Revista Cubana (La Habana, Cuba: Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección General de Cultura). Archivado desde el original el 15 de julio de 2014.
  6. Martí, José (2010). «La América Central». Obras completas 13 (La Habana: Centro de Estudios Martianos).