19 de noviembre de 1896: se coloca la primera piedra del edificio de la “Unión Ciclista Guatemalteca”

19noviembre1896
Miembros de la Unión Ciclista de Guatemala posan para el fotógrafo Alberto G. Valdeallano, luego de la colocación de la primera piedra de su nuevo edificio el 19 de noviembre de 1896. En el recuadro: el joven Jorge Ubico, cuando era campeón de ciclismo en 1896. Imágenes tomadas de La Ilustración Guatemalteca.

En 1896, durante el gobierno del general presidente José María Reina Barrios, Guatemala disfrutaba de una bonanza económica sin precedentes, gracias al auge del precio internacional del café derivado de la crisis política que se vivía en Brasil, principal productor del grano.  Aprovechando aquella situación, muchas familias cafetaleras se enriquecieron considerablemente y empezaron a dedicarse a actividades sociales y deportivas; y entre las actividades novedosas estaba el ciclismo, que entonces era exclusivo para las personas más pudientes de la sociedad.1

El 19 de noviembre de 1896, los miembros de la Unión Ciclista Guatemalteca, se reunieron para celebrar la ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio de su asociación.  Luego de dicha ceremonia, salieron a pasear en sus respectivas bicicletas por el boulevard “30 de Junio” (que en el siglo XXI es la Avenida de la Reforma). y cuando un grupo de ellos llegó al extremo sur del boulevard, en donde estaba el Palacio en donde se encontraba el Museo de Historia Natural, fueron retratados por el célebre fotógrafo Alberto G. Valdevellano, que se encontraba casualmente en el lugar.1 (Nota de HoyHistoriaGT: en 1896, tomarse una foto en grupo era toda una novedad para la población y por ello los ciclistas aprovecharon la oportunidad para hacerse seis fotografías.  Además, gracias a sus influencias, pidieron a la prestigiosa revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” que publicara una de sus fotografías, la cual apareció en el número del 15 de de 1897. De más está decir que aquella publicación fue toda una novedad en su época, cuando muy pocas revistas publicaban fotografías debido a lo costoso tanto del papel como del proceso de impresión).

Para que el lector se dé una idea de lo diferente que era la vida de los guatemaltecos de finales del siglo XIX con respecto a los del siglo XXI, relataremos la corrida de cintas y toretes en la Plaza de Toros colonial que estaba en donde en el siglo XXI se encuentra la Plazuela Barrios, junto al Museo del Ferrocarril en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Aquel evento fue organizado por la Unión Ciclista, y he aquí como relatan los redactores de La Ilustración Guatemalteca cómo se desarrolló el mismo:1

“El espectáculo primero, las cintas en bicicleta, era del todo nuevo entre nosotros y alcanzó un ruidoso y merecido éxito, por cuando dejó compacidísimos a los concurrentes.  Los cincuentiún pacols del semicirco de sombra estuvieron ocupados por otras tantas familias de lo más selecto de nuestra sociedad, y en los tendidos hubo una concurencia tan numerosa y distinguida, como jamás habíamos visto en aquel lugar.

Se dieron cita para esta tarde muchas de las más bellas guatemaltecas, que son gala de este espléndido jardín de hermosura y donaire; y el lujo deslumbrador que desplegaron en sus excelentes trajes, son una prueba del buento gusto que tanto abunda en ellas, así como del bienestar general de que por fortuna disfruta el país desde hace algún tiempo. 

[…] Penetraron al redondel en una pequeña y simpática formación, de dos en fondo, y sobre sus airosas y bien adornadas máquinas, los trece ciclistas que iban a disputar con su destreza los premios que ganasen; y éstos consistían en hermosos listones de seda, rica y elegantemente bordados en oro por varias señoritas, que pusieron sus nombres y la fecha de esta festividad.

[…] El resultado fue brillantísimo, y como un acto de merecida justicia, consignaremos en seguida los nombres de esos simpáticos campeones, especificando los nombres que contenían las cintas que respectivamente alcanzaron:1

Participante Club Cinta de:
Pedro Gavarrete Unión Ciclista Sra. Algeria de Reyna Barrios
Jorge Romaña Raquel Vásquez
Jorge Goubaud María Camacho
Carlos Tinoco Jesús Monteros
Alfredo S. Klée Julia Novella y
María Ubico
Antonio del Valle Luisa Coloma
Gustavo Novella Olimpic Club Amalia y Ester Tinoco
José Coloma Aída Carrera
José V. Urruela Julia Coloma
Rafael Uribe María y Jesús Goubaud
Walterio Rosenthal Amalia Larraondo y
María Carrera
Ricardo Vásquez Sin club Elvira Rodríguez
Jorge Ubico Antonia y Clara Aycinena

(Nota de HoyHistoriaGT: Jorge Ubico, de diecisiete años de edad, participó en la carrera.  Ubico por ese entonces había dejado de asistir a la Escuela Politécnica, donde solo cursó tres semestres, y era un empleado bancario.  Su oportunidad llegó tras la muerte del presidente Reina Barrios en 1898, ya que su padre, el licenciado Arturo Ubico Urruela, fue el presidente de la Asamblea Legislativa, y gracias a sus influencias consiguió un despacho militar para él.2)

Así aprovechaban los guatemaltecos de la época la prosperidad que se vivía en el país a principios de 1897.  Pero todo aquel bienestar acabó de súbito cuando Brasil resolvió su situación en 1897, provocando con su masiva producción que se desplomara el precio internacional del café, llevándose consigo la economía guatemalteca, la estabilidad del gobierno y hasta la vida del general presidente Reina Barrios, que murió asesinado el 8 de febrero de 1898 luego de haber repelidos graves revoluciones en el occidente y oriente de la República en septiembre de 1897.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (15 de enero de 1897). Notas Ciclistas. En: La Ilustración Guatemalteca I (12). Guatemala: Siguere, Guirola y Cía. p. 186.
  2. Samayoa Chinchilla, Carlos (1950) El dictador yo. Guatemala: Imprenta Iberia. pp. 43-45.
  3. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.

24 de julio de 1896: concurso para un Himno Nacional

Como parte de la Exposición Centroamericana, el general presidente José María Reina Barrios convoca a un concurso para dotar a Guatemala de un Himno Nacional

24julio1896
Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera), en donde se estrenó el Himno Nacional en marzo de 1897.  En el recuadro: el general presidente José María Reina Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de las actividades para preparar la Exposición Centroamericana, el gobierno del general José María Reina Barrios no escatimó en gastos.  Y eso fue lo que al final lo llevó al desastre tras el fracaso de dicho evento, que se realizó justo en la época en que la economía del país se derrumbó por caída internacional del precio del café.1,2

A pesar de que el objetivo económico de la Exposición no se logró y que, al contrario de lo esperado por el gobierno, fue uno de los detonantes de las revoluciones de 1897,3 sí dejó varios logros académicos, arquitectónicos e históricos, entre los que se encuentra el Himno Nacional de Guatemala.

En ese entonces, había un canto que se entonaba y que se utilizaba como Himno, pero no era oficial, por lo que el gobierno hizo un concurso para que se hiciera un mucho más adecuado y que pudiera utilizarse en la ceremonia de inauguración de la Exposición. De esta cuenta, el 24 de julio de 1896 se emitió el siguiente decreto:4

Concurso para un himno

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 24 de julio de 1896

Considerando:

Que se carece en Guatemala de un “Himno Nacional”, pues el que hasta hoy se conoce con ese nombre, no sólo adolece de notables defectos, sino que no ha sido declarado oficialmente como tal; y

Que es conveniente dotar al país de un himno que por su letra y música responda a los elevados fines que en todo pueblo culto presta esa clase de composiciones.

El Presidente de la República

Acuerda:

  1. Se convoca un concurso para premiar en público certamen el mejor himno nacional que se escriba y la mejor música que a él se adapte.  Para el efecto, el plazo para la presentación de las obras al Ministerio de Instrucción Pública, en pliego cerrado y con la contraseña que en tales casos se estila, temrinará el día 15 de octubre próximo.  Un Jurado compuesto de personas competentes calificará las obras presentadas, en los quince días siguientes a la citada fecha; y designada que sea la que definitivamente deba adoptarse como himno nacional, se hará circular impresa, a fin de que sea conocida por los filarmónicos que quieran tomar parte en el concurso musical.  Este se cerrará el 1 de febrero de 1897, y otro Jurado de iguales condiciones que el anterior, calificará las obras y designará la que merezca el premio.
  2. El premio consistirá en una medalla de oro con su correspondiente diploma para los autores de la letra y música que fueren designadas por los jurados respectivos, premios que se adjudicarán de una manera solemne y en la forma que se establezca, el día 15 de marzo de 1897, día en que se romperán las plicas que contengan las firmas de los concurrentes.
  3. En este concurso sólo podrán tomar parte los guatemaltecos.

Comuníquese.

      • Reina Barrios
      • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Manuel Cabral4

BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (1 de mayo de 1897). «Ecos de la Prensa»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (19).
  2. — (15 de mayo de 1897). «Resumen quincenal»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (20).
  3. La Ilustración del Pacífico (15 de marzo de 1898). «La revolución de septiembre»La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) II (38).
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1896-1897 XV. Guatemala: Tipografía Nacional.

28 de octubre de 1896: decretan la letra del Himno Nacional

El general presidente José María Reina Barrios decreta que el poema “Guatemala, feliz…” se la letra del Himno Nacional de Guatemala

28octubre1896
Facsímil de la letra original del poema “Guatemala feliz” que se convirtió en el Himno Nacional de Guatemala en 1896.  Inserto: el poeta cubano José Joaquín Palma, quien fue al autor del poema, pero que lo firmó “Anónimo” por ser miembro del Jurado Calificador.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación los documentos del 27 y 28 de octubre de 1896, en los que se autoriza que el poema “Guatemala feliz…” se convierta en el Himno Nacional de Guatemala.  Queremos hacer notar, no obstante, algunas cosas antes de reproducirlos:

  1. El Himno Nacional iba a ser estrenado en la apertura de la Exposición Centoramericana, en la que el gobierno del general Reina Barrios había puesto todas sus esperanza para promocionar internacional el Ferrocarril del Norte.
  2. El poeta cubano José Joaquín Palma fue el autor del poema “¡Guatemala, feliz…!” pero como era miembro del jurado calificador establecido por el gobierno, remitió su poema como “Anónimo”.
  3. La letra original de “¡Guatemala, feliz…!” era sumamente guerrerista y sangrienta, pues Palma la escribió pensando más en la realidad cubana del momento, que en la que vivía Guatemala durante el gobierno del general José María Reina Barrios.

“Señor Ministro de Instrucción Pública.

“Presente.

“En cumplimiento de la honrosa comisión con que Ud. se sirvió favorecernos, encargándonos de la calificación de los “:himnos nacionales” presentados a esa Secretaría, en virtud del concurso abierto por el acuerdo de 24 de julio último, hemos examinado las doce composiciones que con tal objeto tuvo Ud. a bien enviarnos con fecha 15 del actual.

“Animados de los mejores deseos y con la mira de hacer la designación requerida por el mencionado acuerdo, nos hemos reunido varias veces y después de largo y y detenido examen, tenemos la honra de manifestar a Ud. que, a nuestro juicio, el himno que empieza con las palabras “Guatemala feliz” y lleva al pie la de “Anónimo”, entre paréntesis, es el que mejor responde a las condiciones de la convocatoria y merece, por lo tanto, el premio ofrecido.

“Así tenemos la honra de emitir el informa que la Secretaría de su digno cargo nos pidió, subscribiéndonos con toda consideración y aprecio, del señor Ministro, muy atentos y SS.SS.

      • José Leonard
      • J.J. Palma
      • F. Castañeda

En vista de esta aprobación del jurado calificador, el ministro Manuel Cabral y el presidente Reina Barrios emitieron el siguiente decreto el 28 de octubre:

Palacio del Poder Ejecutivo:

Guatemala, 28 de octubre de 1896

Visto el informe emitido por el jurado se designó para examinar las composiciones presentadas al concurso abierto por acuerdo de 24 de julio del corriente año,

El Presidente de la República

ACUERDA:

Que sea tenido como Himno Nacional el siguiente, que mereció la primacía en la calificación:

HIMNO

Guatemala feliz… ya tus aras
no ensangrienta feroz el verdugo;
ni hay cobardes que laman el yugo,
ni tiranos que escupan tu faz.

Si mañana tu suelo sagrado
lo profana invasión extranjera,
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá.

CORO

Tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá,
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será.

De tus viejas y duras cadenas
tú fundiste con mano iracunda,
el arado que el suelo fecunda,
y la espada que salva el honor.

Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento,
te arrearon del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor.

CORO

Te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor,
que de patria al enérgico acento
muere el crimen y se honde el error.

Es tu enseña pedazo de cielo
entre nubes de nítida albura,
y ¡ay! de aquel que con mano perjura
sus colores se atrave a manchar.

Que tus hijos valientes y altivos
ven con gozo en la ruda pelea,
el torrento de sangre que humea
del acero al vibrante chocar.

CORO

El torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar,
que es tan sólo el honor su presea
y el altar de la patria, su altar.

Recostada en el Ande soberbio,
de dos mares al ruido sonoro
bajo el ala de grana y de oro
te adormeces del bellos quetzal.

Ave indiana que vive en tu escudo,
paladión que proteje tu suelo,
¡ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real!

CORO

¡Ojalá que remonte su vuelo
Más que el cóndor y el águila,
y en sus alas levante hasta el cielo,
Guatemala, tu nombre inmortal!

(Anónimo)

Publíquese.

      • Reina Barrios
      • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Manuel Cabral

BIBLIOGRAFIA:


24 de diciembre de 1896: inauguran la nueva Casa Presidencial

Para celebrar su cumpleaños, el general presidente José María Reina Barrios inaugura la nueva Casa Presidencial

24diciembre1896
El Palacio Presidencial construido por el general José María Reina Barrios entre 1895 y 1896.  Fue destruido por los terremotos de 1917-18.  En el recuadro: el general presidente José María Reina Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El año de 1896 sería el último de bonanza económica del gobierno liberal del general José María Reina Barrios.  Hasta ese momento, todos sus planes iban viento en popa:  el Ferrocarril del Norte ya había llegado hasta el Rancho de San Agustín Acasagustlán1, el puerto de Iztapa estaba construyéndose2, y los planes de embellecimiento de la Ciudad de Guatemala para la celebración de la Exposición Centroamericana de 1897 estaban avanzando conforme a lo planeado3.

En medio de aquella situación inmejorable, el presidente ordenó que se construyera una nueva casa presidencial en la huerta del Palacio Colonial que había sido la sede del Ejecutivo desde la declaración de la Independencia.

El 8 de febrero de 1895, el presidente Reina Barrios aprobó el contrato celebrado entre José de Bustamante y el licenciado Manuel Estrada Cabrera , Ministro de Gobernación, mediante el siguiente decreto:4

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 8 de febrero de 1895

Encontrando conforme con las instrucciones dadas al efecto, el contrato que sobre dirección de un edificio destinada a casa presidencial celebró el Ministro de Gobernación y Justitcia con el arquite to don José de Bustamante, el 18 de diciembre del año próximo pasado, el Presidente de la República tiene a bien condederle su aprobación.

Comuníquese,

      • Reina Barrios
      • Por impedimiento del Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Justicia, el de la Guerra, Próspero Morales4

La obra dió inicio el 1 de enero de 1895 y fue inaugurada con todo esplendor el 24 de diciembre de 1896, con motivo del cumpleaños del presidente. (Nota de HoyHistoriaGT: El antiguo Palacio Colonial estaba donde ahora se encuentra el Parque Centenario, la Biblioteca Nacional y el Instituto de Previsión Militar en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.)

He aquí cómo describió la celebración en el nuevo palacio la revista cultura “La Ilustración Guatemalteca“, cuyo cuerpo editorial estaba conformado por amigos y ex-ministros del general Reina Barrios:5

Ciertas fechas de la vida, sirven de hábil pretexto para demostrar afectos del corazón o signos de respeto a ciertas personalidades, y como esas manifestaciones han de ser recíprocas, exigen reconocimiento de las mismas.

El onomástico del Presidente de la República, fue festejado en su nuevo palacio con una recepción seguida de un banquete de 250 cubiertos. 

Claro está, que tratándose de una fiesta dada por el primer Magistrado de la Nación, y a la cual estaba convocado el Cuerpo Diplomático, había de revistar la solemnidad debida.

Aquellos localistas que aman a su patria, en el fondo y en los detalles, debían ser los primeros en felicitarle de la esplendidez con que se dió la reunión.

Conviene aprovechar ciertas oportunidades para poner en evidencia, que el Presidente de la República es admirador de todo aquel que vale, ya en las ciencias, ya en las artes, ya en la literatura, sin distinción de partidos políticos, procurando siempre atraer todas aquellas energías útiles al bien común.

Solamente la ignorancia y mala fe pueden censurar ciertas manifestaciones.  (Nota de HoyHistoriaGT: en esta párrafo se hace referencia a las críticas por los detractores del gobierno que lo acusaban de estar despilfarrando el erario nacional.  El plan de Reina Barrios era convertir a Guatemala en un destino para los inversionistas internacionales que se interesaran en el Ferrocarril Interoceánico que estaba en construcción).

Con especial delicadeza hicieron los honores de la casa el General Reina y su Señora, prodigando a todos frases oportunas y cumplidos corteses. 

Animación grande tuvo el baile y el interés de la velada no decayó un instante en toda la noche. 

Cuantos fueron honrados con la invitación a la fiesta conservarán por mucho tiempo grato recuerdo de la misma.

Poner una lista de asistentes a la fiesta, sería por un lado extenso y por otro inoportuno.

El estreno de la residencia presidencia, fue, pues, espléndido.  Este edificio es digno de la cultura del país […] hoy objeto de la curiosidad pública y que por su elegancia y corrección es justamente apreciada por todos los amantes del arte.”5

Eran los últimos días felices del gobierno del general Reina Barrios ya que el colapso económico de 1897 derrumbó todos los planes del gobernante, y llevó al país a la anarquía y a un endeudamiento sin precedentes, dando como resultado en revueltas y rebeliones que tuvieron que ser reprimidas por la fuerza y, eventualmente, provocando el asesinato del presidente el 8 de febrero de 1898.6

Tras la muerte de Reina Barrios subió a la presidencia el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien tuvo que recuperar al país de la debacle que le dejara su antecesor.  En 1899 el embajador mexicano Federico Gamboa llegó a Guatemala a presentar sus credenciales en nombre del gobierno del general Porfirio Díaz, y relató lo siguiente sobre cómo encontró lo que quedaba de los sueños de Reina Barrios:7

31 de enero. Visito el paseo nuevo de la Reforma, bellísimo, como bello es en este país privilegiado todo lo que la naturaleza ha hecho por sí misma. La vegetación, los horizontes y la luz son únicos en esta comarca que de poco necesitaría para ser una tierra de promisión. El paseo, en sí mismo, trazado a la europea, ofrece dos defectos: no se descubre alma viviente y adviértese, en
cambio, descuido notorio. Al lento rodar del landeau descubierto en que vamos
charlando Luis Ricoy y yo, miro tres ó cuatro edificios buenos, en cuenta el hospital militar, que ya era mi conocido; veo también los restos mutilados de lo que fué Exposición Centroamericana, uno de tantos rasgos de la manía de grandezas que padeció el infortunado General Reyna Barrios durante su presidencia.7

Por su parte, la magnífica Casa Presidencial fue la sede del Ejecutivo hasta diciembre de 1917, cuando fue destruido por los terremotos que asolaron la Ciudad en aquellos años.8 Prácticamente el único presidente que la disfrutó fue el sucesor de Reina Barrios, el licenciado Manuel Estrada Cabrera y solamente por un tiempo, ya que tras los atentados en su contra en 1907 y 1908, se aisló de la población yéndose a vivir a la finca La Palma entonces en las afueras de la ciudad.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (15 de diciembre de 1896). «La Línea del Norte»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (10). pp. 154-157
  2. Macías del Real, A. (15 de julio de 1897). «Puerto de Iztapa»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (24). pp. 340-341.
  3. Gobierno de Guatemala (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1895-96 XIV. Guatemala: Tipografía Nacional.  pp.: 186-189.
  4. Gobierno de Guatemala (1895). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1894-95 XIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp.: 195-196.
  5. La Ilustración Guatemalteca (1 de enero de 1897). «Sociedad Elegante»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (11). p. 172.
  6. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  7. Gamboa, Federico (1910). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie. México: La Europea. Archivado desde el original el 4 de junio de 2015. p. 103.
  8. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.
  9. Somoza Vivas, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana.

13 de noviembre de 1896: se remata una finca baldía de 25 caballerías a favor de un ciudadano alemán en San Pedro Carchá, a razón de 36 pesos por caballería

13noviembre1896
Recolecció del café en 1875.  Nótese como todas las trabajadoras son mujeres indígenas.  Fotografía de Eadweard Muybridge.

El 13 de noviembre de 1896 se publicó el siguiente decreto, como era muy común durante los gobiernos liberales:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 13 de noviembre de 1896.

Visto el expediente de enajenación de un lote de terreno baldío denominado Sarrasquiché y Saquec Chut, situado en jurisdicción de San Pedro Carchá, departamento de la Alta Verapaz, compuesto de veinticinco caballerías, cuatro manzanas y mil setecientas cincuentidós varas cuadradas; y 

Apareciendo que verificada la venta en pública subasta, fincó el remate en don Julio Hartmann, a razón de treinta y seis pesos por caballería;

Por tanto,

el Presidente de la República,

Acuerda:

Que previo el pago del precio, la Escribanía del Gobierno extienda a favor del señor Hartmann el título de propiedad correspondiente.

Repóngase el papel.

Analizando el decreto se desprenden numerosos aspectos importantes:

  1. El lote que se enajenó no era un terreno baldío como dice el decreto, sino que había sido expropiado mediante subterfugios legales a las comunidades indígenas de la región y por ello se encontraba en el abandono.  Esta fue una política de la Reforma Agraria impulsada por el gobierno de J. Rufino Barrios (1873-1885).
  2. Todos tenían derecho a participar en la subasta de terrenos baldíos, incluídos los indígenas que habían sido sus propietarios originalmente.  Pero por una razón u otra, siempre resultaba favorecido un cafetalero o un extranjero, que compraban una considerable extensión de tierra sumamente productiva por precios irrisorios.
  3. Los extranjeros de la Verapaz eran alemanes, quienes habían llegado al país aprovechando la por demás generosa ley de Inmigración que emitió el gobierno de J. Rufino Barrios el 27 de febrero de 1879.  Gracias a estas ventajas, a la enajenación de terrenos, al Reglamento de Jornaleros y a la disciplina teutona, amasaron grandes fortunas derivadas del cultivo del café en la región.

He aquí algunos aspectos de la ley de Inmigración de 1879, los cuales se reproducen textualmente para que el lector aprecie las grandes ventajas que tuvieron los inmigrantes durante los gobiernos liberales:

Se considera inmigrante para los efectos de esta ley a todo extranjero que, siendo jornalero, artesano, industrial, agricultor, profesor o apto para el servicio domestico y menor de cincuenta años y acreditando su moralidad y aptitudes, venga a la República espontáneamente, ó por cuenta de la Sociedad de Inmigración ó de particulares.

Todo inmigrante que hubiese obtenido cédula de inmigración, disfrutará de las siguientes ventajas generales:

  1. Ser embarcado en los buques fletados al efecto.
  2. Desembarcar gratis en los puertos de la República.
  3. Introducir libres de derechos las prendas de uso, muebles de servico doméstico que sean precisos, máquinas, instrumentos de agricultura, semillas, casas portátiles para su habitación, herramientas, animales, carros destinados á su servício y comestibles para seis meses y por una sola vez.

Para gozar de otras ventajas exclusivas a cada una de las clases de inmigrantes, que por ahora podrán esperarse lleguen a la República, se dividirán estas en tres:

  1. Inmigrantes que vengan espontáneamente y por su cuenta propia
  2. Inmigrantes pedidos por particulares, o por la Sociedad.
  3. Inmigrantes contratados por la Sociedad con el objeto de que formen reducciones agrícolas o aldeas, en puntos determinados.

Los de la primera clases, tendrán derecho a la mediación de la Sociedad, para facilitarles la cómoda adquisición de tierras, en el mejor lugar posible, así como la de los materiales, semillas y animales que necesiten.

Los de la segunda clases, cuando fueren pedidos por medio de la Sociedad, tendrán derecho a la intervención y apoyo de la Sociedad, en el cumplimiento de las oferta hechas por los particulares que los hayan pedido. Tendrán asimismo derecho a que se les facilite su traslación al interior, a ser alojados por los agentes de la Sociedad,durante los primeros quince días.

Los de la tercera clase, tendrán derecho a exigir uno o más lotes en el terreno que la Sociedad haya destinado a este fin, gratuitamente, si fuere en terrenos baldís, o pagadero en los términos que en el contrato se fijen, si el terreno fuese de los que la Sociedad adquiere por cualquier otro título.

Finalmente, otras ventajas eran:

El Estado proteje el establecimiento de estas reducciones agrícolas ó nuevas poblaciones, a efecto de hacer cultivar los terrenos baldíos y los particulares ó de introducir mejores sistemas en los ya cultivados.

Las aldeas ó reducciones agrícolas podran establecerse en terrenos baldíos, concedidos gratuitamente y en terrenos de particulares, ó adquiridos por la Sociedad á título oneroso ó gratuito, mediante contratos especiales en cada caso.

El primer inmigrante alemán fue Rodolfo Dieseldoff, todavía durante el régimen conservador de Rafael Carrera en 1863, y fue quien se benefició de mayor manera con las ventajas otorgadas a los inmigrantes por los gobiernos liberales, que de esta manera realizaron la segunda colonización de Alta Verapaz.


BIBLIOGRAFIA:


 

14 de mayo de 1896: se crea la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Limitada”

14mayo1896
El vapor del Ferrocarril Verapaz durante su travesía en el río Polochic en 1897.  Imagen tomada de La Ilustración del Pacífico.

Durante el gobierno del general J. Rufino Barrios, una parte de la Verapaz fue entregada en concesión a colonos alemanes para que cultivaran café a gran escala.  Esta segunda colonia prosperó considerablemente gracias a las ventajas otorgadas por los gobiernos liberales y el 14 de mayo 1896 constituyeron la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Ltda.”, mediante la firma de un contrato por noventa años entre el estado de Guatemala, entonces presidido por el general José María Reina Barrios, y el señor Walter Dauch, representante de la compañía mencionada. Dicho contrato preveía la construcción, mantenimiento y explotación de un tramo de ferrocarril entre el puerto pluvial de Panzós y el paraje de Pancajché, de treinta millas de extensión y cuyo principal objetivo era el transporte de la producción cafetalera.

Si bien la compañía obtuvo su personería jurídica el 14 de mayo de 1896, el contrato se estableció a noventa años, por lo que se contó su fecha de creación como el 15 de enero de ese año, tal y como lo especifica el siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 14 de mayo de 1896.

Con presencia de la escritura constitutiva y de los Estatutos de la “Compañía del Ferrocarril Verapaz y Agencias del Norte, Limitada”,

El Presidente de la República acuerda:

Darle su aprobación a ambos documentos, quedando reconocida como entidad jurídica dicha Compañía, y con la salvedad de que, al tratarse de los noventa años de la duración de la expresada Compañía, de que habla el artículo 5 de los Estatutos, se contará desde el día 15 de enero de 1894, fecha del contrato; debiéndose extender por el escribano de Cámara la certificación correspondiente.

Comuniqúese.

Reina Barrios.

El Secretario de Estado en el tespacho de Fomento, Manuel Morales T.

Como ya se indicó, su principal objetivo era transportar café a la Costa Atlántica, llegando hasta el puerto fluvial de Panzós, y de allí en vapores hasta Río Dulce por el río Polochic. El tren también ofrecía servicio de pasajeros dos veces a la semana, los días lunes y jueves; y además los días miércoles llegaba a Panzós un vapor de correos con pasajeros y carga procedente de Livingston, Izabal. Además de las terminales en Panzós y Pancajché, había estaciones en Santa Rosita, La Tinta, y Papalhá.

En 1898, se reportó que dada la riqueza del café producido en Cobán, que en ese entonces era la tercera ciudad más grande de Guatemala, se amplió el ferrocarril desde Panzós hasta esa ciudad.


BIBLIOGRAFIA:


14 de marzo de 1896: el general presidente José María Reina Barrios ordena a sus jefes politicos suministrar todo lo necesario a los subcomités de la Exposición Centroamericana

14marzo1896
Edificio principal de la Exposición Centroamericana en su fase final de construcción en 1897. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano tomada de “La Ilustración del Pacífico“.  En el recuadro: retrato del general presidente Reina Barrios.

Los planes del gobierno del general presidente José María Reina Barrios eran grandiosos.  La bonanza económica que vivió durante sus primeros años de gobierno lo llevaron a emprender proyectos faraónicos, entre los que destacó finalizar la línea del Ferrocarril del Norte entre Puerto Barrios y la ciudad de Guatemala.

A fin de promover la línea férrea que convertiría a Guatemala en un estratégico canal seco entre los océanos Atlántico y Pacífico, organizó una Exposición Centroamericana en la que pretendía mostrar a los inversionistas extranjeros los productos y servicios que ofrecía Guatemala.  El plan iba de mil maravillas, hasta que ocurrió el desplome del precio internacional del café justo cuando el gobierno estaba por inaugurar la exposición, lo que dejó inconcluso el ferrocarril y llevó al país al abismo.

Pero en 1896, todo era muy prometedor, y el general presidente emitó el siguiente decreto para que los subcomités encargados de organizar la Exposición tuvieran todo el apoyo necesario:

Palacio del Poder Ejecutivo:

Guatemala, 14 de marzo de 1896.

A fin de que los Sub-comités que se establezcan en la República para trabajar en pro de la Exposición Centro-Americana, tengan todas las facilidades que su misión requiere;

El General Presidente

acuerda :

Prevenir á todos los Jefes Políticos de los departamentos de la República, Comisionados y Alcaldes, presten á los referidos Sub- comités todo el apoyo material y moral que necesiten para el desempeño de sus funciones, en tanto como ellos lo demanden.

Comuniqúese. Reina Barrios.

El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento,  Manuel Morales T.


BIBLIOGRAFIA:


10 de diciembre de 1896: se perciben los primeros efectos de la crisis económica que acabaría con el gobierno y la vida del general presidente José María Reina Barrios

10diciembre1896
Estación de ferrocarril de segunda clase, recién construida en 1896.  Imagen tomada de “La Ilustración Guatemalteca“.

En diciembre de 1896 en una pequeña nota en una esquina escondida en la página 144, el redactor español Antonio Macías del Real de la revista quincenal La Ilustración Guatemalteca“, comentó que la situación económica que atravesaba el país era difícil:1

Difícil es la situación económica porque atravesamos. Los bancos se niegan a hacer descuentos y a prolongar los plazos, por la proximidad del balance. Aun no ha llegado la plata acuñada que con tanta impaciencia se espera. Dos puntos más han subido los giros, en momentos que se suponía aconteciera lo contrario.
El interés del dinero se ha elevado. Se han convenido hipotecas, sobre fincas rústicas, bien garantizadas al dos por ciento mensual. A tanto obliga la necesidad de pagar sabatinas planillas. Las cotizaciones que figuran en la tabla, no son las más de las veces, el trasunto de las operaciones realizadas á cambio de numerario, sino por saldos de deudas, ó forma de pago por adquisición de propiedad.”1

Macías del Real, en la misma sección, deja entrever que hay problemas con la construcción del Ferrocarril Interoceánico, uno de los grandes proyectos de infraestructura que el gobierno del general presidente José María Reina Barrios había emprendido, junto con el acueducto de Acatán, que sería complementario para surtir de agua a dicha ciudad junto al acueducto de Pinula.2 Macías del Real, en con su particular estilo, dice así:

La construcción de un tramo más del ferrocarril nacional, que ha de unir el Atlántico y el Pacífico, no puede ser asunto que deje de preocupar profundamente la atención pública. Ya no vivimos los años de los patriarcas bíblicos, ya no tenemos las fuerzas de los constructores de egipcias pirámides, ya no gozamos de la correcta belleza de los griegos, pero en cambio por ingeniosos mecanismos realizamos en un año lo que ellos necesitaban una década ; por medio de la dinamita, se ejecutan hazañas superiores a la de Hércules, y gracias a la imprenta, damos al ser, goces intelectuales trasmisibles, que hacen olvidar si el ángulo facial le falta algo para llegar a ser recto.”1

Para entonces, además de esas obras faraónicas, el gobierno había construido varios edificios suntuosos para sus oficinas y una nueva Casa Presidencial en uno de los patios del antiguo Palacio Colonial en el Centro Histórico.3 Y, por su no fuera poco, se había propuesto realizar una Exposición Centroamericana en 1897 al estilo de la exposición internacional de Paris, con la esperanza de que fuera el marco perfecto para inaugurar el Ferrocarril del Norte y comunicar asía Puerto Barrios con Puerto de San José y colocar a Guatemala a la vanguardia de las líneas comerciales mundiales en una época en que Cuba todavía era de España y no existía el Canal de Panamá.4 Por cierto, que en esa misma sección de “La Ilustración Guatemalteca“, Macías del Real relata que el presidente del Comité Organizador de la Exposición había fallecido: “El Presidente del Comité de la Exposición Centro-Americana Dr. Gustavo E. Guzmán, ha muerto. Por separado publicamos su biografía cuya extensión le hace salir de los limites de una crónica. Reciba su distinguida familia, el testimonio de nuestro sincero dolor.”1

Desafortunadamente para Reina Barrios y para todo el país, el fallecimiento del presidente del comité de la Exposición fue un pésimo augurio de la terrible crisis que se avecinaba.  Los problemas económicos para el gobierno de Reina Barrios se acumularon debido de una situación totalmente fuera de su control: hasta ese momento, la bonanza económica que vivía Guatemala se debía al alto precio de exportación del grano de café el cual se había disparado cuando Brasil dejó de producir debido a una revolución, pero en 1896 dicha revolución terminó y Brasil volvió a producir café en enormes cantidades, al punto que el precio del grano se desmoronó y el mismo Brasil tuvo que cortar su producción en las décadas siguientes porque la producción ya no era rentable.5

Los efectos de la producción brasileña se empezaron a sentir en Guatemala diciembre y desgraciadamente, y para agosto de 1897 la situación del país se había salido de control.  Para entonces el Ferrocarril del Norte quedó inconcluso por falta de financiamiento, la Exposición Centroamericana había fracasado rotundamente y el presidente había dado un autogolpe de estado disolviendo la asamblea legislativa y convocando a una Asamblea Constituyente que extendió su mandato presidencial hasta 1902.6 La reacción del pueblo fue violenta, y el presidente tuvo que reprimir dos fuerte revoluciones en su contra, hasta que, finalmente, murió asesinado el 8 de febrero de 1898 murió asesinado el presidente.7

Tras el colapso económico, todos acusaban a Reina Barrios de haber iniciado un ferrocarril que no terminó, de dejar un acueducto a medias y de organizar una Exposición que fue un rotundo fracaso, además de despilfarrar las escasas rentas del país en embellecimiento inútil de la ciudad y en operaciones poco transparentes que solamente lo beneficiaban a él; pero un análisis objetivo de la situación muestra que todo ello hubiera resultado en una gran inversión para Guatemala si tan solo Brasil hubiera salido de su crisis un año después.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Macías del Real, Antonio (1 de diciembre de 1896). «Resumen quincenal». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (9). p. 144.
  2. La Ilustración Guatemalteca (15 de diciembre de 1896). «La Línea del Norte»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (10). pp. 154-157
  3. — (1 de enero de 1897). «Sociedad Elegante»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) I (11). p. 172.
  4. Gobierno de Guatemala (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1895-96 XIV. Guatemala: Tipografía Nacional.  pp.: 186-189.
  5. de Sousa Destro, José Augusto (2006) Café e Pecuária em Juiz de Fora – 1896-1930 (en portugués) En: Revista de Historia Económica & Economía Aplicada. 1 (1). pp. 35-65.
  6. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  7. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Disparos en la Obscuridad. El Asesinato del General José María Reina Barrios». Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación (Guatemala).

1 de noviembre de 1896: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” publica un reportaje sobre el entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala

1noviembre1896
Fotografía de la Alameda Central del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896.  Imagen de Alberto G. Valdeavellano.

Reproducimos a continuación el reportaje publicado por “La Ilustración Guatemalteca” el 1 de noviembre de 1896, el cual contiene importantes datos históricos de las personas sepultadas en el Cementerio General por ese entonces y de la marcada segregación social que caraterizaba a la sociedad guatemalteca de la época.

UNA EXCURSION AL PAIS DE LOS MUERTOS

Hace pocos días que el señor Síguere, dueño de este periódico, y mis amigos los señores Joaquín Méndez y Rafael Spínola, tuvimos la idea de emprender una peregrinación curioso-artística al Cementerio General de esta ciudad.  Al efecto, tomando un landó nos dirigimos hacia donde se pone el sol, que es el lugar en donde reposan nuestros muertos queridos.

El grupo viajero tiene más o menos el mismo temperament; somos los últimos unos neurópatas.  El señor Síguere, teniendo nuestro mismo temperamento, nos lleva la ventaja de que en la ocasión sabe dominar sus nervios y encerrarlos bajo una coraza de acero que debe haber comprador en los bordes del Támesis.

En fin, el automedonte nos llevó, de esta ciudad de fiestas y alegrías a las puertas de lo que ha dado en llamarse la Cita Dolente.  Y hemos llegado allí ante el hermoso portico estilo Renacimiento puro, que separa la ciudad de los vivos, de los muertos.  Se lee en el fronstispicio una inscripción latina, en estilo lapidario, que a mí me deja sin cuidado siempre que la leo.  Traspasamos el umbral y henos allí frente a frente con aquel bosque de ángeles alados, cruces solitarias, ojivas airosas que forman el vértice de los innumerables monumentos en cuyo seno reposan los muertos.

La vista que el conjunto produce es agradable.  Los tibios rayos del sol poniente lo envuelven todo en suave melancolía.  Se conoce que allí de verdad hay paz y calma.  Hasta el viento respeta aquel santuario.  Por allí no pasan pájaros ni aves cantoras.  El olfato percibe olores de tierra removida, y si el oído se aguza adivinará que allí ha habido cánticos, plegarias, ayes y desesperaciones.

Los cuatro estábamos serios, sin saber por dónde dirigirnos; por fin nos decidimos por el camino de la derecho para comenzar por lo más modesto.  En el lado opuesto está el barrio de los ricos con sus capillas suntuosas, con sus templetes griegos, con sus monumentos costosos, con sus alegorías de mayor o menor gusto.

Comenzamos nuestra peregrinación.  Una de las primeras capillas que se encuentran es la de Herrera, familia de las más acomodadas del país y que tuvo por jefe a don Manuel, Ministro de Fomento del general don J. Rufino Barrios, y que ha dejado recuerdos en el país, de haber sido una persona amable, inteligente y de las más emprendedoras de la República.

A pocos pasos se encuentra el monumento de un guerrero.  Un general de aspecto joven yace en tierra, muerto por bala enemiga. El ángel de la Gloria con un rostro airado mira hacia el infinito, cobijando bajo sus brazos al héroe y al mártir. 

El que ve aquel grupo heróico no llora; llora sí, de ira y de patriotismo; y del fondo de su corazón se exhala esta plegaria: “Felices de los que mueren luchando por un gran ideal”. El muerto allí enterrado se llamó en vida Venancio Barrios.

Caminando más, y hacia el lado de la derecho, se encuentra una aglomeración artística de piedras tocas, carcomidas por el tiempo y ya invadidas por la yedra.  En una place de mármol se lee esta autógrafa: “Julio Rosignon”.  Ese es el nombre de un sabio naturalista francés que vino a Guatemala en días en que la ignorancia se cernía sobre nuestro país; que abrió cátedras, que difundió luces, que fue activo miembro de la Sociedad Económica, que inició la idea de rodear la ciudad de parques, que creó nuestros squares, sembró varias alamedas, introdujo el cultivo de plantas  útiles y murió pobre y olvidado.

Siguiendo el camino se encuentra hacia la izquierda un monumento muy modesto, ennegrecido por el agua y con una lápida con caracteres borrosos.  Ese monumento encierra a dos de los más grandes médicos que ha tenido el país.  Allí reposan las cenizas de los doctores Esparragoza y Pérez, los cuales fueron trasladados del antiguo cementerio al lugar donde hoy se hallan por disposición de la Junta Directiva de la Facultad de Medicina y Farmacia.

Seguimos adelante, y dando la vuelta nos diriginos hacia el panteón modesto en donde se entierra a los pobres. ¡Cuántos nombres, cuántos nombres de personas conocidas o amadas!  Allí un antiguo compañero de infancia; allí una virgen arrebatada de la tierra en sus mejores años; allí un hombre malo a quien el sepulcro le ha hecho perdonar sus faltas, ¡ay! pero todos conocidos, algunos amados.  Pasando a orillas de sus tumbas se les saluda y se les envidia; ellos descansan ya, nosotros vamos solitarios y mudos deletreando los enigmas que se encierran tras los epitafios que ocultan sus nombres.  Y así llegamos allá en donde terminan los monumentos y comienza la llanura de los pobres.  Amplia es ella, hasta perderse de vista.  Para llegar a donde reposan los miserables hay que pasar un puente de hermosas arcadias tendidas de uno al otro lado del barranco. Si golpéais duro aquel pavimento, tendréis aquelarre de cráneos, porque el vientre de aquel Puente contiene el “Osario” de aquel cementerio, y allí están confundidos, mientras no se vuelvan polvo, la multitud de huesos de las generaciones de la gente sin familia o de la familia olvidadiza que dejó caer a los restos de los suyos en aquel abismo espantoso.

Nosotros no nos atrevimos a atravezar el puente fatal, contentándonos en contemplar desde lejos las tumbas de los pobres, todas uniformes y pequeñas, sin más que nombres ignorados para el mundo y que hacen el efecto, vistas desde lejos, de batallones que se aprestaran desde este mundo al combate de la muerte contra lo desconocido.

El grupo hizo allí reflexiones que llegaron hasta tener colorido filosófico. Atrás, los ricos con sus suntuosas capillas; y sus inscripciones más o menos mentirosas; adelante y hasta perderse en el lejano confín, la muerte niveladora que se ha tragado en su sepulcro a multitud de generaciones que no han dejado rastro ni huella; y todos más o menos tristes, agachamos la cabeza, influenciados, yo no sé por qué pensamiento, siguiendo nuestro camino agobiados por la idea triste de que es mentira que existe la igualdad ni aun en la tumba. 

Regresamos por la calle que conduce al punto céntrico del cementerio, donde se encuentra el monumento de García Granados, que encierra sus restos, y ya al pie de él nos dimos a contemplar la puesta del sol que, precisamente en ese momento, ocultaba su faz tras la majestuosa y azulada mole del Volcán de Agua.  Los celajes de amarillo pálido que llenaban la inmensa extension del horizonte, semejaban un océano de oro en fusión, sobre el cual se iban a precipitar parvadas de nubecillas en formas de cirrus que se disolvían al contacto de aquel líquido hirviente.  Naturaleza estaba callada y triste; no se oía ni un ¡ay! ni un gemido. Nosotros no sabíamos qué admirar más, si la ida del sol, o la tristeza y semioscuridad en que estaban envueltos los teocalis lejanos, cementerio también de los indios anteriores a la conquista y que forman tan especial contraste con el cementerio de los cristianos; o la tristeza de nuestros propios corazones que también ¡ay! son otros tantos cementerios sangrientos en donde están enterradas tantas y tantas ilusiones y esperanzas.

Embebidos estábamos ante aquel paisaje férico, cuando nos despertó una voz plañidera.  Era la voz de la campana del cementerio, que tocaba a muerto; y uno más se deslizó bajo las arcadas del pórtico en carro mortuorio y acompañado de deudos y amigos que le conducían a su última morada.

La noche se nos venía encima; nosotros estábamos tristes y cavilosos y nos decidios a terminar la jornada sin punto determinado.

Lo que queríamos era saludos a nuestros muertos ilustres, que en el nuevo cementerio son pocos por contar. 

Atraídos por el arte, para estudiar los monumentos que la riqueza y el amor han levantado a los muertos de la gente privilegiada por el dinero.  En un templete griego vimos que reposaba don Angel Peña, ex-Ministro de Hacienda del general Rufino Barrios; más adelante el general don José Orantes, ex-presidente de la República. Estos han dejado capital suficiente, y sus familias les han elevado monumentos suntuosos.

Cerca de de esa tumba está la de un filántropo; don Luis Asturias, director del Asilo de Dementes y fundador de otros institutos de beneficencia. Su familia le ha erigido un monumento en mármol de muy buen gusto artístico.

Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación, es el sepulcro de doña Agripina de Sánchez.  La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan don Delfino Sánchez, notable Ministro de Instrucción Pública del general Barrios, muerto ya, y don Guillermo Sánchez, honrado industrial.  Ella era viuda de don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo.  Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripina; esposa de éste último, deben haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monumento que hay en el cementerio erigido por la piedad filial.

El monumento del general Barrios es bien conocido, es en su género lo más hermoso y heróico que tenemos en Centro América. La cripta en que reposan los restos del guerero; la oscuridad que rodea el catafalco; las leyendas de las paredes; las coronas que sus fieles le depositan de año en año al pie de aquella tumba. Basta decir que en Centro América no hay monumento de mayor costo.  No fue la Nación, fue su viuda la que le consagró ese recuerdo en mármoles y bronces.


BIBLIOGRAFIA:


 

16 de septiembre de 1896: inauguran el Registro de la Propiedad Inmueble

El gobierno del general presidente José María Reina Barrios inaugura el nuevo edificio del Registro de la Propiedad Inmueble, hoy convertido en Museo Nacional de Historia.

16septiembre1896
Fotografía del edificio del Registro de la Propiedad Inmueble tras su construcción.  Tomada por Alberto G. Valdeavellano y publicada en “La Ilustración Guatemalteca“.

El 16 de septiembre de 1896 fue inaugurado el edificio del Registro de la Propiedad​ de la Ciudad de Guatemala— obra del arquitecto José de Bustamante— y construido por orden del gobierno del general José María Reina Barrios. La institución del Registro es una de las reformas implantadas por la legislación civil guatemalteca de 1877 y ya para 1896 había un promedio mensual de novecientas inscripciones en la ciudad las que que incluían enajenaciones de fincas rústicas, enajenaciones de fincas urbanas, hipotecas sobre fincas rústicas, hipotecas sobre fincas urbanas y cancelaciones hipotecarias.1

El edificio tiene una planta de setecientos cuarenta y dos metros cuadrados y una altura de catorce metros, con dos plantas y una bóveda para el archivo; es de estilo renacimiento francés y costó doscientos mil pesos guatemaltecos en su época. Está fabricado de ladrillo y hierro y decorado con cemento y mármol y contiene veintidós piezas para oficinas y un sótano que está protegido por rejas y tela metálica.1

Reina Barrios gobernó durante el período económico más próspero de los regímenes liberales, y aprovechó la bonanza para realizar obras de infraestructura majestuosas, que incluyeron el Palacio de Gobierno, el Pabellón de la Exposición Centroamericana, el Museo de la Avenida de la Reforma, entre otros.  El presidente también contrató al arquitecto José de Bustamante, para la construcción de la nueva Casa Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, tres años exactamente antes del asesinato del Presidente, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada, en el ala suroeste del antiguo Palacio Colonial sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra dio inicio el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896, funcionando desde entonces como la sede de gobierno de Reina Barrios y de su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera,2 hasta que fue destruido por los terremotos de 1917-18, al igual que la mayoría de los edificios construidos durante esta época.3

El Registro de la Propiedad Inmueble fue uno de los pocos edificios construidos por el gobierno del general José María Reina Barrios que sobrevivieron el terremoto de 1917-18 aunque posteriormente fue convertido en el Museo Nacional de Historia de Guatemala, ya que una evaluación estructural determinó que ya no era lo suficientemente robusto para su propósito original.


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (15 de septiembre de 1896). «Nuestros grabados: Registro de la Propiedad». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.) 1 (3).
  2. Gobierno de Guatemala (1895). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1894-95 XIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp.: 195-196.
  3. Saville, Marshal H. The Guatemala earthquake of December, 1917, p. 463.