7 de septiembre de 1897: estalla la Revolución Quetzalteca en contra del intento del presidente José María Reina Barrios de extender su mandato hasta 1902

La calle del Hospital en Quetzaltenango luego de los combates de septiembre de 1897.  Obsérvese las paredes acribilladas a tiros.  Imagen de la revista “La Ilustración del Pacífico

En diciembre de 1896, “La Ilustración Guatemalteca” decía que en Quetzaltenango el comercio estaba muy desarrollado, y el lujo y la riqueza se iban acentuando entre los habitantes; el comercio al por menor estaba en manos de inmigrantes chinos y judíos, mientras que el alto comercio estaba representado por las casa de Ascoli, Meyer, Maegli, Stahl, Zadik y Vizcaíno, entre otras. Ya existían el Banco de Occidente, y agencia del banco de Guatemala, del Agrícola Hipotecario y del Internacional. Por otra parte, toda la ciudad y muchos edificios públicos y particulares estaban alumbrados con luz eléctrica y la población contaba con doscientos cincuenta teléfonos; ambos servicios eran eficientes y habían sido introducidos por la casa de Juan Aparicio.  El Hospital de San Juan de Dios era, después del de la Ciudad de Guatemala, el mejor de la República por su amplitud.

Pero la prosperidad se vió alterada en 1897, cuando el precio internacional del café se desplomó luego de que Brasil saliera de una cruenta guerra civil y empezara a producir el grano en enormes cantidades. Poco a poco se fue propaganda un gran descontento en el país por el despilfarro que el gobierno había hecho tratando de promocionar el ferrocarril interoceánico mediante la Exposición Centroamericana de 1897, la cual fue un rotundo fracaso porque debido al colapso económico, el ferrocarril no fue concluido a tiempo y la exposición quebró aún más la ya endeble economía del país, obligando al presidente a tomar medidas de austeridad, como cerrar las escuelas públicas.

Un grupo de revolucionarios (entre quienes estaba el ex ministro de la Guerra del general Reina Barrios, Próspero Morales) tomó las amas con el fin de apoderarse de varias instituciones y evitar que el gobernante siguiera en el poder. El 7 de septiembre  estalló la revolución y los alzados avanzaron contra San Marcos, en donde tomaron el cuartel militar, la cárcel, las oficinas de rentas y las de telégrafos de esa ciudad. El 8 de septiembre, se registraron los primeros combates en San Juan Ostuncalco y varios revolucionarios murieron bajo las balas de los militares leales al presidente. Ese día en Quetzaltenango los militares detuvieron a Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, quienes fueron delatados y traicionados por unos supuestos amigos.

El 11 de septiembre, las fuerzas revolucionarias llegan a la ciudad de Quetzaltenango.  In grupo dejó sus caballos  en el ingreso principal de la ciudad, para así atacar en puntos estratégicos a los leales al gobierno de Reina Barrios mientras que otro grupo atacó desde el parque central a las fuerzas militares atrincheradas en La Pedrera y tomaron el antiguo edificio de rentas.

El 15 de septiembre las fuerzas revolucionarias proclamaron su victoria sobre las fuerzas militares y las autoridades quetzaltecas desconocieron al gobierno del presidente José María Reina Barrios. Posteriormente los revolucionarios tomaron Ocós, Colomba Costa Cuca y Coatepeque.

El 4 de octubre del mismo año el ejército, al mando del general de división Calixto Mendizábal, quien retomó el control y dio fin a la revolución.​  Pero la situación no terminó allí; el presidente Reina Barrios, ordenó fusilar a los ex alcaldes quetzaltecos, Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, por ser supuestamente los líderes revolucionarios. La sociedad quetzalteca mandó una petición urgente al presidente para que no se llevará a cabo la ejecución, ya que Aparicio era un filántropo muy apreciado en la region.  Reina Barrios accedió, pero su ministro de Gobernación, el licenciado quetzalteco Manuel Estrada Cabrera tenía una problema personal con Aparicio por las concesiones de la empresa eléctrica de Quetzaltenango y se demoró en enviar el telegrama con el indulto a Quetzaltenango hasta cuando estuvo seguro que la ejecución se había realizado.

Aquello sería el principio del fin del gobierno de Reina Barrios, quien murió asesinado en la ciudad de Guatemala el 8 de febrero de 1898, a manos de Edgar Zolinger, antiguo trabajador de Aparicio.  Irónicamente, fue el principio del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el cual se prolongaría hasta 1920.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

16 de agosto de 1897: una Asamblea Legislativa hecha a la medida del presidente José María Reyna Barrios deja en suspenso la constitución de 1879 y avala la extensión del mandato presidencial hasta 1902

Las fuerzas revolucionarias en Quetzaltenango luego de tomar el control de la ciudad.  El ejército leal a Reina Barrios recuperaría la plaza pocos días después.  Imagen tomada de “La Ilustración del Pacífico” de 1897.

A mediados de 1897 Guatemala había pasado prácticamente del Paraíso al Infierno por el colapso internacional del precio del café, que dejó al gobierno en bancarrota y con una enorme deuda con bancos ingleses. El hecho de haber intentado hacer una Exposición Centroamericana que promoviera el Ferrocarril Interoceánico que el régimen había estado construyendo antes del derrumbe de la economía solamente exacerbó la crisis, pues el gobierno ya nadie quería los bonos que se habían emitido para financiar los trabajos.

Ante el descontento popular, el general presidente José María Reina Barrios ordenó a los diputados a la Asamblea Nacional Legislativa que modificaran la Constitución que había mandado a hacer el general J. Rufino Barrios en 1879 a fin de que el mandato presidencial se extendiera por cuatro años.  Cuando los diputados se opusieron, el presidente impidió que se reunieran y por ello el 31 de mayo de 1897 la Asamblea fue declarada cerrada por consunción.

Con la Asamblea disuelta, y los candidatos presidenciales clamando porque se adelanaran las elecciones, Reina Barrios organizó otra Asamblea entre sus partidarios y consiguió que dicho cuerpo declarara en suspenso la Constitución de 1879 y que extendiera su mandato presidencial hasta 1902.

Fue entonces cuando ardió Troya:  el candidato Próspero Morales, hasta entonces ministro del gobierno de Reina Barrios se levantó en armas en San Marcos iniciando la llamada Revolución Quetzalteca, mientras que otro candidato, José León Castillo, alborotó los ánimos en el Oriente del país.  Reina Barrios sofocó ambas revoluciones a sangre y fuego, pero los ánimos no se calmaron.  De hecho, toda esta situación desembocó el 8 de febrero de 1898, cuando Edgar Zollinger asesinó a Reina Barrios en la ciudad de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

 

1 de agosto de 1897: la revista cultural La Ilustración Guatemalteca cambia su nombre por el de La Ilustración del Pacífico

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Composición fotográfica de la Costa Sur de Guatemala, realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicado en “La Ilustración del Pacífico” el 1 de agosto de 1897.

Reproducimos a continuación el editorial de la revista “La Ilustración del Pacífico“, el cual describe la situación que vivieron los editores de “La Ilustración Guatemalteca” tras su primer año de vida.  La nueva revista dudaría solamente un año, pero en sus páginas se recogen los eventos que describen la destrucción de la economía guatemalteca, el fracaso rotundo de la Exposición Centroamericana y las revoluciones contra el gobierno del general José María Reina Barrios. Es más, a partir del 8 de febrero de 1898, fecha del asesinato del general Reina Barrios, la revista pierde contenido politico y se dedica a publicar artículos superficiales hasta su desaparación; aunque no lo describe, queda como reflejo del autoritarismo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien eliminó de un tajo la libertad de expresión de la que se gozaba durante el gobierno de Reina Barrios.

“Confirmado:

La fundación de un periódico ilustrado, fué acogida en Guatemala con entusiasmo, y todos prometían su cooperación : los comerciantes dando avisos, las personas amantes de la poesía subscribiéndose, los literatos mandando sus más originales composiciones.

Pero al cabo de poco tiempo, era la inversa, los anuncios parecían caros en comparación á los que se publicaban en otros periódicos, quizá subvencionados ; los lectores se disgustaban, ora porque las composiciones no eran de hijos del país, ora porque si lo eran tenían los defectos propios de la juventud ; los literatos no remitían sino trabajos encomiásticos referentes á ellos, ó elogios mutuos.

Un día aparece el retrato de un obispo : unos abonados se disgustan porque nos hacíamos clericales, éstos últimos se enfadan porque en el mismo número se retrataba á un ilustre abogado libre-pensador.

Publicamos notaciones financieras, no falta entonces quien confundiendo el patriotismo
con la oposición sistemática, nos acusan de soñadores de tristezas para la Nación.

El Fisco erróneamente cree que el papel satinado en el cual se tiran los fotograbados
es papel de escribir y carga fuertes derechos aduaneros.

De la Exposición Centro-Americana se negaron las fotografías, por haber hecho de éstas
una concesión á un artista.

Y en medio de tantos disgustos, el desaliento se apodera de nosotros, y cuando creíamos imposible la existencia de un periódico ilustrado, viene, ya el cablegrama de felicitación por nuestra tabla bursátil, ya la manifestación de respeto de un diplomático, por el hecho de la publicación del mapa de límites con Méjico, ya mil cartas de aliento, de americanos separados de aquí por la distancia y no por el corazón, que no encontraban palabras suficientemente loables para señalar lo que les agradaba poner en evidencia las condiciones políticas, económicas y literarias del país donde nacieron ; sus hombres de talento, sus éxitos, sus progresos. Cuando hubiere atrevido ó ignorante, que les dijere procedían de una república medio civilizada, ellos enseñaban el periódico ilustrado, allí se verán sus Universidades, Bancos, Teatros y Catedrales, todo esto descrito no con la pasión localista, sino por el fotograbado que no permite ni la mentira ni la adulación.

Puesta en la balanza las miserias y críticas de los primeros, en contraposición con las verdaderas manifestaciones del cariño de los segundos, entre los cuales privaba la idea de la union de los intereses americanos, ampliamos nuestro programa, para ligar con lazos estrechos de afecto á pueblos á quienes la naturaleza les dio una vía de comunicación tan amplia como in océano.

He aquí los nobles motivos por los cuales nuestra REVISTA, al cumplir un año y tomar
el nombre de confirmación, adopta el de ‘La Ilustración del Pacífico’.”

BIBLIOGRAFIA:

 

 

31 de mayo de 1897: se disuelve la Asamblea Legislativa por renuncia masiva de representates; inicio del fin del general presidente José María Reina Barrios

 

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Inauguración del monumento a Miguel García Granados en el paseo de La Reforma en 1896, frente al entonces recién construido Cuartel de Artillería (luego Escuela Politécnica).  Eran los años de bonanza del gobierno del general Reina Barrios. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano, tomada de Wikimedia Commons.

 

Los primeros años del gobierno del general José María Reina Barrios fueron los de mayor bonanza en la historia de Guatemala. Aprovechando el sistema creado por el fallecido general J. Rufino Barrios para favorecer la producción de café en las grandes fincas que se establecieron durante su gobierno, que incluía el uso casi forzoso de mozos colonos, y la revolución que ensangrentaba a Brasil, la economía guatemalteca tuvo un crecimiento sin precedentes.

El precio del café estaba por las nubes y las ganancias del país eran mayúsculas.  Ante esta situación, Reina Barrios emprendió muchos programas sociales y educativos; abrió escuelas y tipografías, e incluso llegó a derogar el Reglamento de Jornaleros en beneficio de la población indígena.  En cuanto a infraestructura, el gobierno reinista emprendió construcciones faraónicas que fueron desde el Ferrocarril del Norte, y un nuevo acueducto, hasta la construcción de un nuevo Palacio Presidencial y otro al final de la Avenida de La Reforma.  Incluso, se construyó un palaciego Instituto Agrícola de Indígenas, para educar a los estudiantes nativos más aventajados de todos los municipios del país.

Reina Barrios tenía planes ambiciosos: cuando estuviera concluido el Ferrocarril del Norte, iba a promocionarlo por medio de la Exposición Centroamericana, un gran evento internacional al mejor estilo de la Exposición de París y que serviría de plataforma para que el gobierno guatemalteco promocionara su nuevo canar seco, que sería un importante eje comercial para el país.  De hecho, cuando el arzobispo exiliado en Costa Rica, Ricardo Casanova y Estrada dio  su beneplácito para la Exposición, Reina Barrios le levantó el exilio y le permitió regresar a Guatemala.

Pero el presidente guatemalteco no contaba con algo:  la paz en Brasil.  Cuando el gigante sudamericano dio por terminada su revolución, inició la producción de café a gran escala, con lo que el precio del grano se desplomó en los mercados internacionales, justo cuando Reina Barrios preparaba su Exposición.  Con la caída de ingresos, todos los bonos que había emitido el gobierno guatemalteco para la Exposición, el Ferrocarril del Norte y el acueducto ya no tuvieron respaldo y la economía se vino abajo como un castillo de naipes.

Ante tal situación, los diputados de la Asamblea Legistalativa renunciaron a sus curules y para el 31 de mayo de 1897, la Asamblea tuvo que declarase disuelta.  Y cuando Reina Barrios anunció que iba a extender su mandato presidencial hasta 1902, sus otrora oponentes a la presidencia en las canceladas elecciones de 1897, Próspero Morales y José León Castillo lideraron alzamientos revolucionarios contra el presidente en el occidente y en el oriente del país, respectivamente.   Era el principio del fin de un gobierno que podría haber llegado muy lejos, de no haberse logrado la paz en Brasil.

BIBLIOGRAFIA:

14 de mayo de 1897: muere el licenciado Pedro de Aycinena, expresidente de Guatemala y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del general Rafael Carrera

 

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Retrato de Pedro de Aycinena. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Pedro de Aycinena fue uno de los líderes más prominentes del partido conservador de Guatemala durante el siglo XIX, no solo como miembro de la familia aristocrática Aycinena sino por su papel como Ministro de Relaciones Exteriores durante el largo gobierno del capitán general Rafael Carrera.

La familia Aycinena se opuso a la Independencia de Centroamérica dadas las grandes conexiones comerciales y políticas que tenía con las autoridades españolas; pero cuando la Independencia se hizo inevitable, se esforzó porque las condiciones sociales, políticas y religiosas no cambiaran en lo absoluto, razón por la que fueron llamados “conservadores” o “cachurecos” por sus rivales, los criollos liberales.

Cuando Morazán invadió Guatemala en 1829 para acabar con el gobierno federal que controlaban los Aycinena en ese momento, no solamente les expropió todos sus bienes sino que los expulsó de Centroamérica.  Junto con los Aycinena, salieron sus principales aliados: los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, dueños de importantes haciendas y edificios en las principales ciudades de la región.

Los conservadores, liderados por el marqués y obispo Juan José de Aycinena, estuvieron en el exilio, esperando el momento justo para retornar a su antigua patria.  Pasaron diez años, pero el trabajo que hicieron los curas párrocos entre el campesinado guatemalteco rindió sus frutos:  lograron convencer a sus feligreses que los liberales eran herejes que se habían aliado con los ingleses para combatir la Santa Religión Católica.  Se inició entonces una guerra de guerrillas de parte de los campesinos contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez al que derrotaron en 1838, dirigidos por el general mestizo Rafael Carrera.

Sabiendo que Carrera era mestizo, los Aycinena decidieron regresar a Guatemala para utilizarlo como su hombre fuerte, pero se encontraron con un hombre de gran carisma y de férrea voluntad con quien tuvieron que pactar.  Así surgió una alianza que se prolongó hasta el 14 de abril de 1865, cuando murió Carrera siendo presidente vitalicio de Guatemala.

Cuando Carrera fue presidente sus principales ministros fueron aristócratas de la familia Aycinena:  Manuel Francisco Pavón, Juan José de Aycinena y Pedro de Aycinena.  Este último fungió como Ministro de Relaciones Exteriores y durante su gestión se realizaron dos tratados muy importantes:

  1. El Concordato con la Santa Sede: por medio de este se le entregó a la Iglesia la educación del país, a cambio de la aprobación de indulgencias para todo aquel que matara a un liberal en combate.
  2. El Tratado Wyke-Aycinena:  por medio de este tratado, Guatemala le cedió a la Corona Británica el territorio comprendido desde el río Belice hasta el río Sartún en usufructo a cambio de la construcción de una carretera que uniera a la ciudad de Guatemala con la ciudad de Belice.  La carretera no se construyó porque el general Carrera murió en 1865.

Cuando el general Carrera falleció ya habían muerto sus principales aliados: Manuel Francisco Pavón y Juan José de Aycinena, por lo que fue Pedro de Aycinena el nombrado como presidente interino, cargo que desempeño hasta que el mariscal Vicente Cerna y Cerna fue designado como presidente de Guatemala el 24 de mayo de 1865.

Luego de la Reforma Liberal de 1871, el partido conservador cayó en desgracia y es poco lo que se menciona a Pedro de Aycinena.  Solamente se sabe que murió el 14 de mayo de 1897, por una escueta publicación que apareció en la revista cultural liberal “La Ilustración Guatemalteca“.

BIBLIOGRAFIA:

28 de abril de 1897: la Asamblea Legislativa extiende el período presidencial del Gral. José María Reyna Barrios y nombra al Lic. Manuel Estrada Cabrera como primer designado a la presidencia

 

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La Ciudad de Guatemala en tiempos de Reina Barrios. Arriba: el Cuartel de Artillería, Instituto Agrícola de Indígenas, Parque Central y Escuela Politénica.  Al centro: la ciudad vista desde el Cerrito del Carmen.  Abajo:  Catedral Metropolitana, Instituto Nacional Central para Varones, Hipódromo del Norte, Teatro Colón y el Fuerte de San José.  Composición de Alberto G. Valdeavellano, publicado en “La Ilustración Guatemalteca“.

 

Los guatemaltecos conocen muy poco del general José María Reina Barrios y de su gobierno.  Algunos saben que embelleció a la Ciudad de Guatemala y que quería convertirla en un “pequeño París” adornando la “Avenida de La Reforma”.  Y hay quienes que conocen la historia de su asesinato, el 8 de febrero de 1898.

Pero, ¿cuáles fueron las razones para que el ciudadano suizo británico Edgar Zolinger asesinara al presidente guatemalteco, si éste se había preocupado por embellecer a la ciudad?

La situación del país durante el gobierno de Reina Barrios era muy compleja.  Tras la Revolución Liberal de 1871, los gobiernos de Miguel Garcia Granados y de J. Rufino Barrios emprendieron una amplia reforma agrarian, que resultó en la eliminación de las tierras comunales de las comunidades indígenas y el embargo de todas las grandes haciendas que tenían las órdenes regulares de la Iglesia Católica.  Todas estas extensiones de tierra pasaron a los correligionarios de los generales liberales quienes las utilizaron para sembrar café, un cultivo novedoso en esos años.  Adicionalmente, para poder cultivar café se necesita de grandes cantidades de mano de obra y, para ello, el gobierno de Barrios estableció el Reglamento de Jornaleros, por medio del cual mediante artimañas legales, se obligaba a las poblaciones indígenas a trabajar en la fincas cafetaleras y a hacer jornales de una a otra.

Como resultado de esta política económica, los grandes caficultores y el gobierno liberal vieron un incremento considerable en sus ingresos.  Para cuando Reina Barrios asumió la presidencia en 1892, Guatemala disfrutaba de una bonanza económica sin precedentes.  Aprovechando esto, Reina Barrios emprendió numerosos proyectos faraónicos que incluyeron:

  • El Ferrocarril que comunicaba a Puerto Barrios con la Ciudad de Guatemala
  • La construcción de un nuevo Palacio Presidencial
  • La construcción de un nuevo acueducto para el suministro de agua para la Ciudad de Guatemala, para complementar el suministro que venía en el acueducto de Pinula
  • Numerosas construcciones de palacios y edificios públicos
  • Embellecimiento de la Avenida de la Reforma con estatuas traídas del extranjero
  • Remodelación de la Plaza de Armas
  • La Exposición Centroamericana, al mejor estilo de la Exposición de París.

Fue tal el auge económico que su gobierno fue el único de todos los gobiernos liberales que permitió la libertad de prensa y derogó el reglamento de jornaleros.  De hecho, se preocupó por la educación de los indígenas y estableció la Escuela Agricola de Indígenas en la ciudad de Guatemala, en donde llegaban becados los estudiantes más aventajados.

¿Qué pasó entonces?  Ocurrió que concluyó una larga revolución en Brasil, enorme país que empezó a producir café, con lo que el precio del grano se desplomó en 1897, y con él, el gobierno del general Reina Barrios.  Aprovechando la libertad de prensa que existía en ese entonces, se hicieron serias acusaciones contra el gobierno, llamándolo inepto y hasta corrupto.

La situación era desesperada, y por ello, Reina Barrios disolvió la Asamblea Legislativa y con unos cuantos representates que le favorecían consiguió que extendieran su mandato presidencial de 1898 hasta 1902, y que le confirieran atribuciones dictatoriales.  Y el 28 de abril de 1897, nombró al Lic. Manuel Estrada Cabrera (entonces Ministro de Gobernación y Justicia) como Primer Designado a la Presidencia. Al saber esto, hubo grupos de poderosos caficultores que se levantaron en armas, tanto en Occidente como en Oriente de Guatemala.

La Revolución Quetzalteca de 1897, dirigida por los paisanos del presidente, quien era originario de San Marcos, fue sumamente violenta y fue reprimida a sangre y fuego por el gobierno.  Reina Barrios estaba muy decepcionado de que sus propios paisanos se alzaran en armas y estuvo dispuesto a dar un escarmiento ejemplar.  Hizo mandar a fusilar a los supuestos líderes de la revolución, Juan Aparicio, hijo y Sinforoso Aguilar algo a lo que los quetzaltecos se opusieron y mandaron un telegrama rogando al presidente que reconsiderara.   Reina Barrios accedió y dió orden a Estrada Cabrera de que notificara la suspension de la sentencia, pero Estrada Cabrera era quetzalteco y tenía una vieja rencilla contra Aparicio, por lo que mandó el telegrama pasada la hora de la ejecución.  Por cierto, Edgar Zollinger era un ciudadano inglés que trabajaba para los Aparicio y decidió vengar este atropello en contra de su benefactor con los resultados arriba mencionados.

A Reina Barrios no le dio tiempo de cambiar el nombre del Primer Designado a la Presidencia en caso de muerte del gobernante, y por ello, al morir, fue sucedido por el licenciado Estrada Cabrera.  Y su obra física no fue duradera: el ferrocarril quedó inconcluso, la Exposición fue un fracaso rotundo y los terremotos de 1917-1918 destruyeron la mayor parte de los edificios que fueron construidos durante su gestión.  Irónicamente, cuando ocurrieron los terremotos todavía gobernaba Guatemala el licenciado Estrada Cabrera.

BIBLIOGRAFIA: