24 de enero de 1899: arriba a la Ciudad de Guatemala el escritor y diplomático mexicano Federico Gamboa en representación del gobierno de Porfirio Díaz

El Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala en la época en que Federico Gamboa llegó al país.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 24 de enero de 1899 arribó a la Ciudad de Guatemala el embajador de México y escritor Federico Gamboa, en representación del gobierno del general Porfirio Díaz.  Eran momentos difíciles para México con el auge de la influencia de los Estados Unidos luego de derrotar a España y quedarse con Cuba y Puerto Rico.  Díaz miraba con preocupación el acercamiento que el licenciado Manuel Estrada Cabrera había mostrado hacia los estadounidenses desde que inició su gestion en febrero de 1898.

Gamboa dejó registrado en su obra “Mi Diario” su paso por las tierras guastemaltecas, y en ellas se deja ver la animadversión hacia el gobierno cabrerista.  De hecho, desde el principio dejó constancia de su rechazo al gobierno guatemalteco; pocos días después fue invitado al palacio del ejecutivo por el presidente Manuel Estrada Cabrera para intercambiar impresiones; Gamboa describió el palacio de gobierno de ese entonces como “un caserón destartalado y feo de los antiguos tiempos coloniales que no era agradable a la vista, aunque en su interior la decoración lo hacía un tanto más agradable”.

Luego, Gamboa recorrió la ciudad y la describió su diario, indicando que el paseo de La Reforma -o Bulevar «30 de junio»- “era bellísimo, pero que tenía dos problemas: no había nadie en él y estaba completamente descuidado“.​ Al circular en su carruaje por el paseo “de trazado a la europea“, logró ver tres o cuatro edificios de buena manufactura, los restos derruidos del salón de la Exposición Centroamericana de 1897, el monumento al general Miguel García Granados y el museo del Palacio de La Reforma con el monumento a J. Rufino Barrios, que se encontraba donde hoy en día está el Obelisco.

Conforme pasaron los años fue registrando en su diario los hechos que ocurrían en Guatemala durante el regimen de Estrada Cabrera, incluyendo el terremoto de Quetzaltenango de 1902 y el atentado de la Bomba en 1907​.  Muchos de estos hechos fueron referidos textualmente en la obra “¡Ecce Pericles!” del escritor conservador Rafael Arevalo Martínez, quien no indica al lector que Gamboa tenia un fuerte sesgo anti-cabrerista por la política del gobierno de Porfirio Díaz.

Cuando Díaz fue derrocado en México por la Revolución Mexicana en 1911, el legado y memoria de Gamboa fueron casi olvidados aunque en años recientes ha habido un resurgimiento de su obra.

BIBLIOGRAFIA:

 

29 de octubre de 1899: el gobierno liberal del licenciado Manuel Estrada Cabrera establece las Fiestas Minervalias en honor a la juventud estudiosa

El Hipódromo del Norte durante la época del licenciado Estrada Cabrera.  Al centro se encuentra el Templo de Minerva y a la derecho el Mapa en Relieve.  A la izquierda de la imagen está el diamante de béisbol, que luego se convertiría en el estadio “Enrique Torrebiarte”.  Imagen publicada en “El Libro Azul de Guatemala” en 1915.

El licenciado Manuel Estrada Cabrera se autoproclamó impulsor de la educación y la propaganda de ésta fue una de sus principales políticas de gobierno, cuyo ideal era originalmente alcanzar a toda costa el progreso y ponerse al nivel de los países más desarrollados.  Con esto en mente, impulsó una educación laica para preparar al ciudadano acorde con los ideales liberales y en clara oposición a la educación católica que había existido en  Guatemala hasta 1871.

El decreto 604 del 29 de octubre de 1899 y escrito por el mismo Estrada Cabrera, estipula la celebración de las Fiestas de Minerva con el propósito de clausurar el ciclo escolar. Las celebraciones tendrían lugar el último domingo de octubre de cada año.​ Las fiestas incluían un desfile escolar donde participaban las escuelas nacionales y privadas, enseguida había una ceremonia en un lugar abierto, al inicio, y luego en templos construidos especialmente para esta actividad. Luego del discurso oficial y de pequeños actos de baile a cargo de escolares, tenía lugar una merienda para los niños ofrecida por las damas de la sociedad guatemalteca. Finalmente, la tarde terminaba con juegos infantiles, presentaciones de esgrima y en la noche, las fiestas infantiles cedían a los bailes para adultos.​

Las fiestas no fueron inspiración original del president liberal, sino que de uno de sus más ítimos colaboradores, el licenciado Rafael Spínola, un connotado literato y orador que fungía como Ministro de Fomento de la administración cabrerista y quien murió tras una breve enfermedad en 1901. Spínola era el padre de la escritora guatemalteca Magdalena Spínola.

En las primeras fiestas, a un lado de la pista del Hipódromo del Norte, frente a la amplia tribuna oficial para presenciar las carreras de caballos se edificó un templo helénico temporal para celebrar los festivales infantiles.​ Las autoridades escogieron el hipódromo por lo espacioso del lugar y porque la vista desde la tribuna era espléndida.

Durante la primera fiesta de Minerva se desplomó el templo helénico temporal que se había construido para la escenografía de la actividad; luego de un vendaval, el templo cayó sobre la dama que interpretaba a la diosa Minerva y las muchachas que representaban a sus vestales. La población de inmensa mayoría católica comentó que esto había sido un castigo de Dios, por estar celebrando fiestas paganas en detrimento de las celebraciones y creencias católicas.​ No se reportaron heridos de gravedad pero sí la ira de Estrada Cabrera, quien propuso la amonestación a los constructores del templo y prometió mandar a construir un templo sólido imperecedero, que fuera digno de las recién inauguradas celebraciones estudiantiles.

El templo definitivo estuvo listo para las terceras minervalias en 1901; la estructura fue monumental, de construcción muy sólida y con frisos con alegorías griegas. Se le llamó el Palacio de la Ciencia y se convirtió en el principal escenario de las minervalias, localizado en el Hipódromo del Norte de la ciudad de Guatemala. Siguiendo este ejemplo, las cabeceras departamentales y otros pueblos del país se propusieron construir su propio templo, presionados por los Jefes Políticos de la localidad y utilizando sus porpios aportes.14

Las fiestas minervalias contaban con contribuciones de los mejores poetas y escritores nacionales y extranjeros. En 1902, el poeta peruano José Santos Chocano escribió un poema llamado Pro-Minerva y el nicaragüense Ruben Darío otro llamado Pallas Athenea, ambos dedicados a Estrada Cabrera. Por su parte, el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo escribió un artículo celebrando como, mientras otros países celebran fiestas en honor a Marte, en Guatemala se hacían en honor a Minerva y la educación.

ALBUMES DE MINERVA:

BIBLIOGRAFIA: