19 de agosto de 1919: el presidente en funciones de los Estados Unidos Joseph Patrick Tumulty emite un comunicado indicando que los Estados Unidos no permitarán una cuarta reelección del licenciado Manuel Estrada Cabrera

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Cuadro alegórico al derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrea que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El siguiente episodio está documentado con todo detalle en la segunda parte del libro “¡Ecce Pericles”!” de Rafael Arévalo Martinez (llamada “Cantar de Gesta“) sobre el gobierno y derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera, pero omitiendo algunos detalles muy importantes.  A pesar de que Arévalo Martínez puso una nota al principio de su obra indicando que fue lo más imparcial posible, la verdad es que el libro es un documento sesgado hacia los miembros del partido conservador, en especial a la familia Aycinena.  Y es por esto que Arévalo Martínez no menciona lo siguiente:

  1. El Obispo Piñol y Batres era descendiente directo de la familia Aycinena.  Debe recordarse que los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera fueron Juan José de Aycinena y Piñol (Obispo de Trajanópolis, marqués de Aycinena, rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos) y Pedro de Aycinena y Piñol (Ministro de Relaciones Exteriores).
  2. Entre quienes colaboraron para proteger al Obispo de Faselli de la persecusión de Estrada Cabrera estaba la familia de Manuel Cobos Batres, descendiente de José Batres Juarros, quien era primo de los Aycinena, además del más importante legislador conservador   Como cosa curiosa, Batres Juarros estaba casado con Adela Garcia Granados y Zavala, quien era hermana del líder liberal Miguel Garcia Granados.

He aquí lo que ocurrió:

El presbítero y doctor José Piñol y Batres, miembro del clan Aycinena, fue electo obispo de Granada en 1913, pero renunció a esa prelatura y entonces obtuvo el título de obispo de Faselli. ​ En nueve conferencias pronunciadas en el templo de San Francisco durante el mes de mayo de 1919​ (las cuales fueron redactadas por su primo Manuel Cobos Batres), realizó la primera parte del programa que le había encomendado el resto del clan, ahora aglutinado en el llamado Partido Unionista, y cuyo principal fin era terminar con el gobierno de más de veinte años del licenciado Manuel Estrada Cabrera.​ Cobos Batres, por su parte, era un líder conservador, que acababa de retornar a Guatemala luego de concluir sus estudios en el extranjero y vio en el servilismo y sometimiento social guatemalteco imperante la situación adecuada para que su partido recuperara el poder, que había perdido en 1871.

Los temas de las conferencias fueron:

  1. La religión falsificada de ignorancia, la hipocresía y el interés, criticando así veladamente al presidente Estrada Cabrera, pues se rumoraba que este practicaba brujería.
  2. El pésimo estado de la educación pública y privada (otra fuerte crítica al Gobierno, que se vanagloriaba de atender a la “juventud estudiosa” y hasta celebraba anualmente las Fiestas Minervalias en honor a los estudiantes)
  3. En Guatemala no había civilización, pues no había respeto a la vida humana.
  4. La libertad de que no gozaban los guatemaltecos, ya que entrar y salir del país no era siempre posible, ni lo era tampoco negociar con los propios bienes; otras libertades de las que se había privado a los guatemaltecos eran la de hacer valer sus derechos ante los tribunales, disponer del trabajo personal, elegir sin coacción a sus gobernantes y emitir libremente el pensamiento.​
  5. Los males del libertinaje fueron tratados por el obispo en su quinta conferencia
  6. Acusó a los administradores de rentas internas de corrupción y dejó claro que después de año y medio de los terremotos de 1917-18 que habían destruido la Ciudad de Guatemala, esta seguía en ruinas y no se había rendido ningún informe de los subsidios donados por Gobiernos extranjeros; además acusó a los aduladores del presidente de ser responsables de la corrupción del carácter de este.

A partir de la cuarta y sexta conferencias sus fieles empezaron a perder el miedo a los agentes de la policía secreta del presidente.​ Al final de esta conferencia fue saludado con aplausos y José Azmitia, uno de los principales dirigentes conservadores y católicos (reconocido por su patriotismo pero también por su excelsa arrogancia), le besó respetuosamente la mano.

Después de la séptima conferencia, los agentes de la policía secreta desinflaron uno de los neumáticos del automóvil de la familia Ibargüen, que el obispo utilizaba para llegar al templo; pero logró movilizarse en otro automóvil y regresar a su casa tras impartir la conferencia.​ Sus conferencias terminaron con una conmovedora oración: “Señor de las naciones, acoge mi plegaria por este pueblo; es pequeño; ha sido pecador; pero Tú haces fecundar sus campos de manera admirable. Condúcelo, Señor, por la senda del bien y detén su decadencia moral. Yo te pido para él, con lágrimas en los ojos, como ciudadano e indigno prelado, estas tres cosas: verdad, justicia y libertad“.

Curiosamente, estas conferencias organizadas por los dirigentes del grupo conservador guatemalteco estaban en concordancia con la política liberal que había derrocado al propio partido conservador y al clan Aycinena en 1829​ y luego en 1871, caracterizada por la defensa de la unidad de Centroamérica, la democracia como la entendían los criollos liberales y el progreso económico de los criollos de la región,​ alejado de la rígida doctrina política y religiosa.

Estrada Cabrera estuvo muy molesto con las primeras críticas abiertas que recibía en mucho tiempo y quiso sancionar al obispo;​ ya otros políticos y presidentes liberales como Francisco Morazán, J. Rufino Barrios​ y Manuel Lisandro Barillas​ habían expulsado al arzobispo de turno en Guatemala y a los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia católica por desavenencias políticas, y con esos precedentes se decidió a enviarlo a prisión,

El obispo fue llevado a la cárcel de Escuintla, pero, cuando los guardias del penal se arrodillaron ante él, las autoridades se dieron cuenta de que no podrían retenerlo en prisión por su alta posición en la jerarquía eclesiástica. Entonces Estrada Cabrera recurrió al arzobispo metropolitano, Julio Ramón Riveiro y Jacinto, O.P. (quien había sido nombrado a la mitra guatemalteca tras la muerte de Ricardo Casanova y Estrada en 1913 gracias a las influencias del presidente) y este confinó al obispo conservador en prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal;​ además, el presidente dio orden de que quienes se atrevieran a visitarlo en dicho palacio, quedarían en prisión.​ Al cumplirse tales órdenes, muchas damas y niños de las familias conservadoras del clan Aycinena fueron hechos prisioneros, haciendo que los hombres no se animaran a visitar al obispo; pero el clan Aycinera era influyente y logró que autoridades eclesiásticas de varias partes del mundo solicitaran al presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson que sancionara al Gobierno de Estrada Cabrera por la prisión del obispo.

Gracias al cabildeo de los Aycinena, el secretario privado de Wilson, Joseph Patrick Tumulty (quien gobernaba de hecho en Estados Unidos porque Wilson ya sufría de parálisis para entonces) emitió un comunicado el 19 de agosto de 1919 en que aseguraba que el Gobierno de los Estados Unidos no permitiría una nueva reelección del presidente guatemalteco. De esta forma, utilizando el pretexto del maltrato al obispo, el Gobierno estadounidense castigaba a Estrada Cabrera por no haber conseguido formar la República Suroriental en 1914 y que le hubiera permitido al gobierno de los Estados Unidos controlar el territorio mexicano del estrecho de Oaxaca.

Esta prohibición no preocupó demasiado al presidente guatemalteco: su período constitucional finalizaba en 1923, mientras que el de Wilson lo hacía en 1921 y le bastaba con hacer lo que siempre hacía: contribuir con un millón de dólares a la campaña del candidato republicano y con un monto igual a la del demócrata para que el nuevo gobernante estadounidesne lo dejara en paz. Eso sí, dejó en libertad al obispo para evitar polémicas mayores el 21 de agosto de 1919; este salió de su prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal directamente hacia el exilio a los Estados Unidos.


BIBLIOGRAFIA: