24 de enero de 1918: se produce el tercero de los fuertes terremotos de 1917-18 que destruyeron la Ciudad de Guatemala

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Ruinas del Cerrito del Carmen.  En los recuadros: las ruinas del Cementerio General y el campamento de la Cruz Roja “Manuel Estrada Cabrera”.  Todas las fotografías fueron publicadas en la revista National Geographic en 1919; es de notar que la del Cerrito del Carmen fue tomada por el fotógrafo guatemalteco Alberto G. Valdeavellano.

Luego de los fuertes sismos registrados entre el 25 de diciembre de 1917 y el 3 de enero de 1918, llegaron a la Ciudad de Guatemala varios geólogos, entre quienes estuvieron Herbert Spinden de la “National Geographic Magazine” y Marshal Saville. Ambos estaban en la ciudad cuando ocurrió el fuerte sismo del 24 de enero de 1918 y reportaron su experiencia con lujo de detalles.

Reproducimos a continuación lo relatado por Spinden:

“Fui lo suficientemente afortunado para llegar a la Ciudad de Guatemala veinte minutos antes del terremoto del 24 de enero de 1918. […] Otros sismos habían destruido la ciudad y albergues temporales en chozas habían sido construidos en los parques. Todos los hoteles estaban destruidos, y conseguí una habitación en el nuevo Hotel Roma, que estaba construido con las puertas del derruido hotel original en el antiguo patio de carruajes frente a la estación del ferrocarril.”

“El sol se acababa de ocultar y una luna llena estaba saliendo en un cielo completamente despejado. No percibí nada, a diferencia de otras ocasiones en que había sentido las vibraciones por un breve instante, como cuando uno percibe que se aproxima una tormenta. En eso, los platos de la mesa empezaron a saltar y las paredes y techo de lámina a crujir y a oscilar. Nos abalanzamos por las paredes hacia la calle, tropezando y cayendo. Desde cerca y lejos llegaba el rugido de paredes que se derrumbaban. Un polvo amarillento se elevó, oscureciendo la luna. Y luego el temblor empezó a ceder y finalmente terminó, pero el polvo se mantuvo en el ambiente sobre la dañada ciudad.”

“Estos últimos sismos aparentemente se centraron en la Ciudad de Guatemala, con un radio de destrucción de treinta millas. Se temía que la tierra cediera por los sismos y que surgiera un nuevo volcán en la misma ciudad. Las enormes fisuras que aparecieron en la línea férrea hacia Puerto Barrios se rellenaron una y otra vez, y solamente una labor incansable permitió que el tren operara por períodos lo suficientemente largos para traer suministros a la ciudad.

No solamente las casas fueron arruinadas, sino que las tuberías de agua se rompieron y la gente se vio expuesta a las potenciales enfermedades que surgen cuando se utiliza agua que nace por las fisuras de la calles. En los cementerios los esqueletos fueron expulsados de sus tumbas y muchos restos humanos tuvieron que ser cremados posteriormente. La pérdida de vidas humanas en la Ciudad de Guatemala probablemente no pasó de los doscientos.”

Por su parte, Marshal Saville había salido en tren por la línea del Ferrocarril del Norte hacia Quiriguá y se encontraba en su travesía de retorno cuando se produjo el sismo. He aquí su relato:

“El […] gran sismo llegó con la luna llena en la noche del 24 de enero. Estaba viajando de Quiriguá a Guatemala por tren, y este se había retrasado en Agua Caliente debido a un pequeño derrumbe. Así pues, en lugar de llegar a la ciudad a las 6:30 p.m. estaba atrasado más de una hora. Exactamente a las 7:20 p.m., cuando estábamos a unas cinco millas de llegar y estabamos saliendo de un profundo barranco entre las montañas, una piedra del tamaño de una pelota de béisbol cayó desde lo alto de una montaña y se estrelló contra el marco de la ventana donde yo iba sentado. Al instante se escuchó un gran estruendo, acompañado de un fuerte halón hacia el lado sur del tren. Y esto fue inmediatamente seguido de un fuerte temblor en el otro lado. El tren iba avanzando muy lentamente, quizá a tres kilómetros por hora, así que el maquinista lo pudo detener en cuestión de cinco metros”.

“Mi primera impresión, debido a la piedra que había chocado contra la ventana, fue que había ocurrido un alud de una montaña y que las enormes rocas habían golpeado al tren. Pero cuando nos dimos cuenta que el tren estaba intacto, todos supimos lo que había ocurrido. Pocos minutos después empezamos a sentir los temblores de tierra, y desde ese momento hasta las 4:30 a. m. la tierra no se estuvo quieta. Sentíamos los sismos de cuando en cuando, y posteriormente supimos que se habían registrado cuarenta y tres temblores diferentes esa noche”.

“El tren continuó su marcha lentamente, pero se tuvo que detener en tres ocasiones para que limpiaran los derrumbes que le interrumpían el paso. Por fin llegamos al último y más grande de los pasos entre las montañas; pero este estaba totalmente bloqueado y se tardaron una semana en limpiarlo porque tan pronto como removían parte de la tierra se producían nuevos aludes. Nosotros pasamos la noche del 24 de enero en el tren y terminamos nuestro viaje a pie a la mañana siguiente. El camino estaba bloqueado en muchos lugares, y especialmente en donde la vía férrea descendía por el barranco más próximo a la ciudad. Durante la caminata yo conté aproximadamente doscientas grietas, con dirección aproximada de sur a norte, aunque vi algunas perpendiculares a estas. La dirección de las grietas puede ser relevante, pues parecían provenir del volcán de Pacaya. Que las grietas van de la región del volcán hacia el norte, y no de norte a sur quedó demostrado por una gran grieta que ví que provenía del sur y que después se separaba en cuatro grietas más pequeñas hacia el norte.

Como los terremotos del 25 de diciembre y del 24 de enero ocurrieron en noche de luna llena, la población se alarmó por lo que podría ocurrir en la siguiente. En efecto, supimos que el 26 de febrero el servicio telegráfico se interrumpió por un fuerte sismo.”


BIBLIOGRAFIA:


Febrero de 1918: tras los terremotos de diciembre de 1917 y primeros meses de 1918, empieza el declive del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

 

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Una calle de la Ciudad de Guatemala en 1919.  Nótese que los escombros todavía no se habían limpiado a un año de los fuertes terremotos que asolaron la ciudad. En el recuadro: retrato del presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante mucho tiempo, la Ciudad de Guatemala no había padecido de fuertes terremotos, y los abuelos creían que por su lejanía del Volcán de Fuego y su ubicación en lo alto de un cerro aislado de la cordillera, la ciudad era inmune a los sismos de gran magnitud.  Esta fantasía fue violentamente destruida por los terremotos de 1917-18 junto con numerosas estructuras que habían sido construidas en los gobiernos del general José María Reina Barrios (por ejemplo, el pabellón de la Exposición Centroamericana, y el palacio del bulevar “30 de Junio”) y del licenciado Manuel Estrada Cabrera (por ejemplo, el asilo para damas “Doña Joaquina”).

Pero fue la respuesta del gobierno del licenciado Estrada Cabrera lo que empezó a indignar a los guatemaltecos.  El Diario de Centro América (que entonces no era el periódico oficial, pero sí pertenecía a Estrada Cabrera) después de publicar dos ediciones diarias reportando los desastres, pasó a criticar al Gobierno por la lenta e ineficiente respuesta al desastre.​ En uno de los artículos de opinión de este periódico oficial se llegó a decir que las imágenes religiosas de algunos templos católicos de la ciudad se habían salvado porque, al momento del primer terremoto, “ya no quisieron seguir en una ciudad en donde imperaba el lujo excesivo, la impunidad y el terror“. Por otra parte, se dijo que existían leyes “excelentes” para la reconstrucción, las cuales, sin embargo, “no se cumplían“; de hecho se criticó que, como ocurría siempre en caso de cataclismos, “se emiten leyes y reglamentos a diario, pero lo que se necesita es de su correcta ejecución diaria, y no de tantos reglamentos“.​ Además, se publicó en primera plana, tres meses después de los terremotos, que “todavía hay escombros por toda la ciudad“.​ El propio Diario de Centro América era editado entre escombros, pese a lo cual logró tirajes de ejemplares de media hoja, a veces hasta dos al día, durante la crisis.​

La comisión de Hacienda encargada de la reconstrucción de la ciudad, después del terremoto, por fin decidió crear un Banco Nacional Privilegiado con un capital de 30 millones de pesos (que provendrían de un préstamo a bancos extranjeros), lo cual hundió la economía nacional. Debe destacarse que uno de los miembros directivos de esta comisión fue Carlos Herrera y Luna, quien luego sería presidente de Guatemala.

En 1920, el príncipe Guillermo de Suecia llegó a Guatemala durante una travesía que hacía por Centroamérica; su viaje lo llevó a Antigua Guatemala y a la Ciudad de Guatemala en donde pudo ser testigo presencial de que no se había efectuado ningún trabajo de descombramiento y la ciudad estaba todavía en ruinas. Además, se levantaban remolinos de polvo que dejaban gruesas nubes, que hacían que penetrara el polvo por todos lados (en la ropa, en la boca y nariz, ojos y hasta en los poros de la piel); los visitantes se enfermaban de los pulmones hasta que su cuerpo se acostumbraba al polvo. Las calles no estaban pavimentadas y sólo una de cada tres casas estaba ocupada, ya que las otras estaban ruinas.​

Los edificios públicos, escuelas, iglesias, el teatro Carrera y los museos estaban todavía en la misma condición paupérrima en que quedaron en 1918. Trozos de techo colgaban de las paredes y los pisos estaban llenos de ripio y trozos de antiguos adornos y cornisas. Bastaba un pago de algunos cientos de dólares estadounidenses para que el dueño de una casa tuviera el visto bueno de las autoridades sobre su propiedad, garantizando que la misma ya no necesitaba reparaciones y de esa forma había muchas casas abandonadas sin reparar. Pero era en el cementerio general de la ciudad en donde se apreciaba la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas y no se había hecho ningún intento por repararlas para 1920.

Por último, el Príncipe Guillermo hace mención en su libro que Guatemala había recibido muchísima ayuda internacional tras el terremoto, pero que el efectivo fue a dar a la fortuna personal del presidente, Manuel Estrada Cabrera, mientras que los bienes fueron vendidos en Honduras por algunos ministros de Estado, quienes percibieron una ganancia considerable. Esto generó un descontento no solamente en la población sino que en el gobierno de los Estados, principal apoyo de Estrada Cabrera, lo que fue aprovechado por los criollos conservadores para aglutinarse en el Partido Unionista que eventualmente derrocó al presidente en abril de 1920.


BIBLIOGRAFIA:


 

2 de mayo de 1918: las Escuelas Facultativas son incorporadas en la Universidad “Estrada Cabrera” de Guatemala

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Retrato oficial del licenciado Manuel Estrada Cabrera en cuyo honor fue nombrada la Universidad “Estrada Cabrera” el 2 de mayo de 1918.  Imagen tomada del Libro Azul de Guatemala.

La Universidad de San Carlos de Guatemala ha tenido varias etapas durante su existencia, desde su fundación como una institución católica hasta convertirse en una universidad autónoma con tendencias de izquierda.  Inicialmente la “Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo” estuvo bajo el control del clero regular y su enseñanza era netamente eclesiástica.  Los estudios de medicina se iniciaron hasta en el siglo XVIII y hasta la Independencia de Centroamérica en 1821 fueron muy pocos los médicos que habían egresado de sus aulas.

Tras la Independencia la Universidad continuó, pero ya fue solamente la “Pontificia Universidad de San Carlos“.  Y cuando el general Francisco Morazán expulsó a los criollos conservadores de la familia Aycinena y a la mayoría de los miembros del clero regular, la Pontificia Universidad fue clausurada y sustituida por la “Academia de Ciencias y Estudios”, una entidad con orientación laica que desechó el derecho eclesiástico por completo. El rector de la nueva Academia fue el doctor Pedro Molina, el máximo líder liberal, contrapuesto a la antigua Pontificia Universidad en la que los miembros de la familia Aycinena habían sido rectores.

Pero la inestabilidad política que se vivió en Centroamérica entre 1829 y 1840 mantuvo a la Academia de Ciencias completamente abandonada. Finalmente, en 1840, los conservadores retomaron el control de Guatemala, y ya con la Federación de Centroamérica desmembrada, restituyeron la Pontificia Univesidad, pero ya solamente con jurisdicción en el Estado de Guatemala.   El rector de la Pontifica Univesidad fue el marqués y obispo Juan José de Aycinena.

Los acontecimientos politicos continuaron afectado a la Universidad guatemalteca.  En 1871, tras el triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio, la Pontificia fue definitivamente clausurada y en su lugar se instituyeron las Escuelas Facultativas de Medicina y Farmacia del Centro, la de Derecho del Centro, y la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, en Quetzaltenango.  Estas nuevas escuelas fueron parte del Ministerio de Instrucción Pública y era el presidente de la República el que designaba a los rectores, decanos y profesores.

El gobierno conservador de Rafael Carrera y luego los de los liberales desde J. Rufino Barrios hasta el general Jorge Ubico se caracterizaron por el servilismo desmedido hacia el gobernante.  Pero fue en el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera que llegaron a un nivel desmedido.  A tal punto, que hubo poblados, ríos, y barrios de la ciudad que fueron nombrados como “Estrada Cabrera” o “Joaquina” en honor a la madre del gobernante.  Le tocó el turno a la Universidad el 2 de mayo de 1918, cuando el proyecto de integrar a todas las facultades en una sola entidad pasó de llamarse “Universidad de Guatemala” a “Universidad Estrada Cabrera” y el acto ceremonial del cambio de nombre incluyó el grado de Doctor para el presidente.

El cambio no duró mucho tiempo, pues uno de los primeros actos del gobierno del señor Carlos Herrera luego de que la Asamblea Legislativa declaró mentalmente incapaz para gobernar al presidente Estrada Cabrera en abril de 1920, fue el de desmantelar la Universidad “Estrada Cabrera” y regresar al sistema de Escuelas Facultativas, pero con autonomía para que éstas eligieran a sus autoridades.  Esta autonomía no duró mucho: el general Jorge Ubico la derogó en 1931.


BIBLIOGRAFIA: