2 de enero de 1948: inauguran el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social

El gobierno del Dr. Juan José Arévalo Bermejo inaugura el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, basado en la Social Security Act de 1935 del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt.

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La sede actual del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) en la Ciudad de Guatemala. En el recuadro: el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, firmando el Acta de Seguridad Social en 1935, en la cual está basado el IGSS. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno del Dr. Juan José Arévalo Bermejo es considerado el pionero en la implementación de medidas sociales que benefician a los trabajadores en Guatemala, y por ello, es visto por algunos grupos de la élite nacional como un régimen comunista.  Sin embargo, las innovaciones introducidas por el gobierno arevalista no tenían su fundamento en las políticas marxistas-leninistas del Kremlin, sino en las políticas sociales del “New Deal” que el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt había implementado para contrarrestar los devastadores efectos económicos de la Gran Depresión que se inició en 1929 y que se extendió hasta principios de la década de 1940.1

La Seguridad Social fue parte de este “New Deal” de Roosevelt, y fue introducida en la Social Security Act firmada por el presidente estadounidense el 14 de agosto de 1935 ya que los Estados Unidos eran el único país industrializado de ese entonces que no contaba con ningún tipo de ayuda para los trabajadores. Durante los debates legislativos sobre la Seguridad Social, se incluyeron beneficios para los trabajadores, sus viudas y sus dependientes; incluyendo numerosos tipos de trabajo desde los burócratas hasta los maestros. El entonces nuevo programa fue financiado mediante un nuevo impuesto que fue llamado Impuesto de Contribución para Seguro Federal, el cual era recolectado por cada estado y para el que contribuían tanto el patrono como el trabajador a partes iguales. Ahora bien, la Seguridad Social estadounidense cubría mucho menos que su homóloga en los países europeos, pero fue la primera vez que el Gobierno Federal se hizo cargo de la seguridad económica de los ancianos, de los desempleados, de los dependientes y de los incapacitados.2,3

Los regímenes dictatoriales apoyados por la United Fruit Company en Guatemala y en El Salvador habían sido derrocados a mediados de 1944 por movimientos civiles similares en sus respectivos países debido a la debilidad que tenía la internacional frutera por los hundimientos de sus vapores durante la Segunda Guerra Mundial.  Esto permitió que subieran al poder regímenes que implementaron las medidas del “New Deal” de Roosevelt, y de allí los cambios sociales que implementó el gobierno arevalista.4,5 De esta forma, el 2 de enero de 1948 el presidente Arévalo inauguró oficialmente el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, en un acto en el que participaron el licenciado José Rolz Bennett, primer presidente de la Junta Directiva del IGSS, y el licenciado Oscar Barahona Streber, primer gerente del Instituto.6

A principios de la década de 1950, con la llegada al poder del presidente Dwight Eisenhower la política estadounidense empezó a perseguir la supuesta amenaza comunista tanto dentro de los Estados Unidos como en los países de América Latina.  Y como en Guatemala el gobierno del Dr. Arévalo apoyó la formación de la Legión Caribe que perseguía derrocar a los gobiernos militares del área7 y luego el gobierno del coronel Jacobo Arbenz atacó frontalmene los intereses de la compañías estadounidenses en el país,8 el gobierno estadounidense favoreció el establecimiento de regímenes militares como el de Carlos Castillo Armas en Guatemala que apoyaron los intereses de las grandes corporaciones transnacionales norteamericanas.9

Ahora bien, es importante indicar que aunque los regímenes militares hicieron precisamente lo que les instruyó el gobierno estadounidense, y protegieron siempre los intereses patronales frente a los laborales, mantuvieron vigentes a la mayoría de los beneficios sociales introducidos durante el gobierno del Dr. Arévalo


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bierman, Harold (2004). “The 1929 Stock Market Crash“. (en inglés) EH.Net Encyclopedia, editado por Robert Whaples.
  2. Kennedy, David M. (1999). Freedom from Fear: The American People in Depression and War, 1929-1945. (en inglés) Oxford University Press. ISBN 978-0195038347. pp.: 257-271.
  3. McJimsey, George (2000). The Presidency of Franklin Delano Roosevelt. (en inglés) University Press of Kansas. ISBN 978-0-7006-1012-9. pp.: 107-108.
  4. Bucheli, Marcelo (2008). «Multinational Corporations, Totalitarian Regimes, and Economic Nationalism: United Fruit Company in Central America, 1899-1975». Business History (en inglés) 50 (4): 433-454. doi:10.1080/00076790802106315.
  5. —; Jones, Geoffrey (2005). «The Octopus and the Generals: the United Fruit Company in Guatemala»Harvard Business School Case (en inglés) (9–805–146). Archivado desde el original el 10 de diciembre de 2012.
  6. Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (2021) Inauguración del IGSS. Guatemala: Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
  7. Rabe, Stephen G. (s.f.). Eisenhower and Latin America: The Foreign Policy of Anticommunism (en inglés). Chapel Hill: University of North Carolina Press.
  8. Rovira Mas, Jorge (2017). José Figueres Ferrer. En Enciclopedia Latinoamericana. 
  9. Schlesinger, Stephen; Kinzer, Stephen (1982). «Bitter Fruit: The Untold Story of the American Coup in Guatemala»The David Rockefeller Center Series on Latin American Studies (en inglés) (Cambridge, EE. UU.: Harvard University Press): 1-331. ISBN 0-385-14861-

2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción

Se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir,

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La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  En los recuadros: el arzobispo Pedro Cortés y Larraz y el capitán general Martín de Mayorga, principales protagonistas en el traslado de la ciudad. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pudo ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitud en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.

Luego de los terremotos de «Santa Marta» en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y porqueéste era el tercer terremoto de magnitud considerable en el menos de un siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad (es decir, las autoridades civiles y militares) impusieron su opinión y partieron rumbo al “Valle de la Ermita“, mientras que la oposición (es decir, el clero secular y parte de la población) se quedó en Santiago de los Caballeros a intentar reconstruir la ciudad.

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de “la Culebra“, había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la nueva ciudad empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de “la Culebra” para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado “Loma de Talpetate” y dividía el llano de “la Culebra” con el de “la Ermita“. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos (como en efecto ocurrió en 1917-18). Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en “El Cambray” en Santa Catarina Pinula y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona (conocida como “bulevar Liberación” a partir de 1954). Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del “Valle de la Ermita” era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido;  y, para colmo de males, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad, situación que se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.

El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, quien no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y huyó hacia El Salvador.   Ese sería el fin de su férrea resistencia al traslado de la capital.

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la “Tacita de Plata“, aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.


BIBLIOGRAFIA: