24 de abril de 1827: liberales salvadoreños proponen la paz a Aycinena y a Arce

Los autoridades del Estado de El Salvador proponen un acuerdo de paz al presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce, pero éste no lo acepta.

El Palacio Nacional de San Salvador en 1912. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano Prado. Imágenes tomadas de Stephen Grant y de Wikimedia Commons.

La marcada división entre los criollos centroamericanos que se produjo tras la independencia en 1821 fue producto de resentimientos acumulados durante los útimos cincuenta años de la la época colonial, en la que los aristócratas guatemaltecos se aliaron con las autoridades españolas, con quienes hacían lucrativos negocios a costa de la producción agrícola a cargo de los criollos hacendados. Por supuesto, todo el trabajo era hecho por los campesinos indígenas de la región, pero esto estaba fuera de discusión entre los criollos.

Cuando los aristócratas guatemaltecos se hartaron de los decretos estatales del liberal Juan Barrundia que sistemáticamente atacaban sus privilegios,1 lograron que el presidente federal Manuel José Arce lo hiciera prisionero y que convocara a una nueva elección de jefe de estado.2 En esta elección realizada en noviembre de 1826 fue elegido el líder aristócrata Mariano de Aycinena, lo cual fue el chispazo que inició la rebelión del jefe de estado de El Salvador, el liberal Mariano Prado, quien desconoció la autoridad del presidente Arce y convocó a un congreso en su territorio.3

Luego del inicio de la Guerra Civil Centroamericana y del «Decreto Fatal» de Aycinena que declaró enemigos de la patria a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, los criollos conservadores salieron de tierras salvadoreñas para irse a Guatemala, y los criollos liberales dejaron Guatemala.4

Aquel fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana, ya que Prado envió sus fuerzas militares a invadir Guatemala, aunque éstas fueron rechazadas por el presidente federal Arce en la batalla de Arrazola, aunque los salvadoreños lograron replegarse y rehacerse tras la derrota. Arce, entonces al mando del ejército federal y de las armas guatemalteca, invadió a El Salvador en represalia. Este fue un punto determinante en la guerra, ya que el presidente federal era salvadoreño y había llegado al poder gracias a los liberales en el Congreso Federal, por lo que iba muy apesadumbrado a atacar a sus coterráneos.4

Prado comprendió la situación y envió al mercenario francés Nicolás Raoult para que conferenciara con el coronel Manuel Montúfar, el enviado de Arce en el poblado de Nejapa, muy cerca de San Salvador, en donde ya estaba concentrado el ejército federal. El documento que envió Prado el 24 de abril de 1827 decía así:5,6

Proyecto de concordia entre las autoridades de Centro América

Ha habido un trastorno en la República. Es indudable. No hay Congreso ni Senado federal. Ambos partidos convienen en la permanencia de la Constitución. ¿Por qué, pues, se hacen la guerra?

El restablecimiento de las autoridades de la Federación es necesario para que sigamos gobernándonos constitucionalmente. Al efecto, el Presidente, o Vicepresidente de la República intimarán a los senadores y diputados existentes en Guatemala, y demás puntos de la República, que se reunen en este punto; en falta de ellos concurrirán sus suplentes, compeliéndolos, si fuera necesario, del modo que la Junta Preparatoria estime conveniente.6

Los diputados y senadores que debieron renovarse, o sus suplentes, deberán concurrir también, a efecto de que se vea lo más pronto reunida la representación nacional, y ésta dé el decreto de elecciones de los que deban subrogarlos, no abandonando sus asientos hasta que no vengan a ocuparlos sus sucesores; pero el Congreso, entretaton, no podrá tratar sobre acusaciones a los funcionarios públicos, que se versaren acerca de procedimientos en el actual trastorno, hasta que su mitad no sea renovada. Podrá sí, en virtud de sus atribuciones, si a bien lo tuviere, publicar una amnistía general.

El Estado de El Salvador se abstendrá de toda intervención en los negocios de Guatemala. Las autoridades de éste deberán convenir en su propia renovación, si el Congreso pronunciare haber sido nula la elección.

Reunidas las autoridades federales en el Estado de El Salvador, o donde el Congreso decidiere, la fuerza permanente se retirará a los puntos avanzados de su destino, o a donde deban organizarse y completarse: distante treinta leguas de las autoridades federales, volviendo al Estado de Guatemala las que con motivo de los presentes acaecimientos, se hubieren leantado provisoamente en él.

Las tropas residentes de Opica se retirarán inmediatamente, y con noticia de su llegada a Guatemala, se licenciará la guarnición de El Salvador. Las tropas que existanen Honduras, a las órdenes del comandante Milla, se retirarán también; y en habiendo llegado a Chiquimula, hará lo mismo la división auxiliar de El Salvador, a las órdenes del coronel Ordóñez.

No se intentará jamás por la fuerza la reforma del Código Federal, sino por los medios que el mismo Código previene. El Estado de El Salvador mediará gustosamente las diferencias con el de Nicaragua, a fin de conseguir el restablecimiento del orden. Las autoridades de los Estados se abstendrán de todo procedimiento contra las personas que hubieren tomada partido en las presentes circunstancias dejando su derecho a salvo a las personas que hubieren recibido dado para reclamarlo en juicio.6

El presidente federal Arce leyó la petición, pero la rechazó mediante este comunidado al día siguiente:7

Eso es pedir como si no se hubiese peleado; siempre por la expresión de las pasiones y de los intereses privados. Mi elemento es la paz; mi martirio derramar sangre centroamericana; se agrava si ella es salvadoreña.

Pidan en razón que estoy pronto a convenir; pero pídase luego porque no permitiré que se pierda tiempo. La base principal de todo acomodamiento debe ser que haya un nuevo Congreso y un Senado en que la Nación esté representada. Los pueblos deben elegir con presencia de los sucesos ocurridos desde septiembre: sólo así se conseguirá legitimidad. Yo no aspiro a continuar en el Gobierno: he dicho que reunida la representación dimitiré el mando; pero lo he de cumplir.7

El gobierno de El Salvador juzgó como arrogante la respuesta de Arce e hizo prisionero a Raoult, por considerarlo traidor a la causa. Después Prado se preparó para la defensa y lanzó una proclama en la que dijo: «el presidente pide como un conquistador, que hace sentir en el platillo de la balanza, el peso de los triunfos«.8

Arce se arrepentiría de no haber aceptado aquella propuesta de paz, pues fue derrotado categóricamente en la batalla de Milingo, en donde no solamente perdió ante El Salvador, sino que por esa derrota fue obligado a separarse de a la presidencia, en la que fue sustituido por el aristócrata Mariano de Beltranena.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 158.
  5. Ibid., p. 159.
  6. Ibid., p. 160.
  7. Ibid., p. 161.
  8. Ibid., p. 162.
  9. García-Granados y Zavala, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. 1. Guatemala. Tipografia Nacional.

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24 de abril de 1944: muere Elena Barrios y Aparicio

Muere Elena III, marquesa de Vistabella, cuyo nombre era Elena Barrios y Aparicio, hija del general J. Rufino Barrios

24abril1944
Una noche lluviosa en la «Avenida Elena» del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Esta avenida fue llamada así en honor a Elena Barrios y Aparicio, que nació en 1875 y quien llegó a ser Elena, III marquesa de Vistabella. En el recuadro: Elena y María de la Luz Barrios y Aparicio en 1885, aproximadamente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Elena Barrios y Aparicio fue la primogénita del matrimonio del general presidente J. Rufino Barrios con la jovencita Francisca Aparicio, y nació el 22 de junio de 1875. Barrios ya tenía otros hijos (por ejemplo, el general Venancio Barrios), pero su primer matrimonio fue el 24 de julio de 1874, con la joven Francisca de 14 años de edad, cuando él ya tenía 37.1 De acuerdo al historiador y diplomático conservador guatemalteco Antonio Batres Jáuregui —quien a pesar de ser conservador trabajó para todos los presidentes liberales desde Barrios hasta el licenciado Manuel Estrada Cabrera— cuenta en sus memorias publicadas en el volumen III de su obra «La América Central ante la Historia«, las circunstancias en que se dió aquel matrimonio:2

«Voy a reseñar brevemente algo del carácter y de la vida doméstica del general J. Rufino Barrios, a quien conocí y traté antes de que fuera Presidente, porque vivía, […], en una casa de huéspedes situada en la 8a. calle oriente N°. 26, contigua a la N°. 24, que yo habitaba. Barrios siempre tuvo carácter tempestuoso, violento, decidido y firme. Era desde muy joven, fuerte, ligero y audaz. No concluyó su carrera de abogado, sólo se recibió de escribano, como llamaban entonces a los notarios. Conoció a la señorita Francisca Aparicio, cuando todavía era una niña, y se prendó de ella. A la familia Aparicio le disgustaba tal afición amoroso, y mandaron a la jovencita distiguida al colegio de las monjas ursulinas, en esta capital. En este establecimiento se educaban las jóvenes de las familias principales. Cuando triunfó la revolución de 1871, don Rufino siguió insistiendo en sus pretensiones amorosas, y con algún trabajo, y más por temor que por otra cosa, al fin consintieron los padres de doña Paca, que era muy bella, en que se casara con el Presidente de la República. […] Siempre, hasta que murió Barrios, trató con cariño a su esposa.»2

Elena fue bautizada el 19 de julio de 1875, en la parroquia El Sagrario, de la Ciudad de Guatemala. Su padrino fue Francisco Quezada, quien fue escogido por Barrios porque, de acuerdo a Quezada «durante muchos años a contar del 71 mi casa y mi taller fueron puntos de reunión de varios patriotas y otras personas que también mostraban interés por las cosas del país«.1

Gracias a su relación con Barrios, Quezada ocupaba el cargo de Regidor de la Municipalidad desde 1874 y, en la época en que nación Elena Barrios, presentó una propuesta para dar nuevos nombres y nomenclaturas a las calles. 1 De allí surgió el nombre de «Avenida Elena» para la 0 avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.1

En 1877, el presidente y su familia se mudaron a la casa de José Tomás Larraondo, la cual estaba enfrente del Palacio de Gobierno, esquina suroriental de la Plaza de Armas.3 Ese mismo año, Barrios descubrió la «conspiración Kopesky» que planeaba asesinarlo a él y a su familia el 1 de noviembre luego de que la Asamblea Constituyente dijera que no era necesario redactar una Constitución para el país y le dió carta libre para seguir gobernando como mejor le pareciera basado en los amplios poderes que le proporcionaba el Acta de Patzicía.4 Barrios persiguió con sadismo a los conspiradores (algunos reales y muchos supuestos) y vió desde su nueva casa como los fusilaban en la Fuente de Carlos III que antes estaba en el centro de la Plaza Central, y luego fue instalada en la Plazuela España.5,6

Tras la muerte del general presidente J. Rufino Barrios el 2 de abril de 1885 en Chalchuapa, su viuda —a quien los guatemaltecos de la época llamaban «doña Paca«— recibió una millonaria herencia, producto de las prebendas y negocios que realizó Barrios durante su gobierno.7 Dice al respeto el historiador Batres Jáuregui:2

La víspera de salir para la campaña de la Unión Centroamericana, hizo testamento ológrafo, dejando a doña Paca, como heredera de todos sus bienes, menos una finca «Los Tarros», que legó a su sobrino Luciano Barrios, que le había servido en sus fincas de campo, con todo empeño. La señora recibió más de diez millones de pesos, fuera de otro millón en alhajas, que ya tenía».2

Doña Paca decidió abandonar Guatemala pues temía que los numerosos enemigos de su fallecido esposo atentaran contra su familia.1 Batres Jáuregui también relata como ocurrió aquel viaje de la vda. de Barrios a Nueva York en su obra ya indicada:

«Doña Paca se fué a los Estados Unidos, en donde Barrios había comprado una hermosa casa en Nueva York, en la calle del Central Park. Yo estaba de Ministro de Guatemala entonces cuando llegó la señora del presidente Barrios, y procuré servilar en cuanto pude».2

Y continúa Batres Járegui en otra parte de sus memorias:8

«Estaba yo en Nueva York, algún tiempo después, para recibir en esa gran ciudad, a la esposa de don Rufino, con sus hijos, todavía pequeños. La acompañaban, Luciano Barrios, el coronel [José Angel] Jolón y la señorita Luz Ruiz. Doña Paca Aparicio v. de Barrios, ocupó una casa en la 5a. avenida, frente al Central Park. Esa mansión lujosa y bien situada la había comprado don Rufino pero, como la señora no sabía de prácticas domésticas de gente rica de allá, puso al coronel Jolón de portero, sin duda, por la seguridad que dicho guatemalteco ofrecía, como honrado y leal. Ya en vísperas de regresar yo a Guatemala fui, una de tantas veces, a visitar a doña Paca, a quien procuré servir, haciendo que entrase, sin pagar derechos, que importaban diez mil dólares, un gran equipaje, varios caballos, y otras muchas cosas, que de aquí llevó a los Estados Unidos8

Parte de la familia de los Aparicio ya residía en Nueva York, dedicándose a la exportación de café al igual que Barrios, industria tuvo un fuerte auge durante el gobierno del fallecido presidente gracias a la consolidación de los bienes eclesiásticos expropiados a los frailes, al reglamento de jornaleros que proporcionaba mano de obra indígena prácticamente gratuita9 y a la expropiación de las tierras comunales de los indígenas.

En Nueva York, «doña Paca» llevó una vida lujosa, en la que «sus bailes fueron siempre un acontecimiento. Ella se presentaba lujosamente vestida acompañada de su mamá y las señoritas Aparicio… Los salones estaban adornados con plantas raras, en un escenario decorado por un tramoyista de la Metropolitan Ópera House y se servían cenas suculentas«.1

Posteriormente, ella y su familia se trasladaron a España, en donde el ministro liberal Antonio Cánovas del Castillo fue su enlace con la nobleza española y en 1892, doña Paca se casó en segundas nupcias, en Nueva York, con José Martínez de Roda, Marqués de Vistabella y quien representaba a Granada en la cámara de diputados. A partir de ese momento, la casa de los Vistabella se convirtió en «la primera en Madrid» a donde las jóvenes de la época acudían solas a fiestas que organizaba doña Paca, quien solía dedicar los martes por la tarde a sus hijas y a las amigas de estas.1

Doña Paca enviudó nuevamente en 1899, y como el marqués de Vistabella, no tuvo hijos, designó a Justo Rufino, el único varón sobreviviente de los Barrios y Aparicio, como su sucesor, y cuando este murió en 1909 Elena se convirtió en «Elena III, marquesa de Vistabella«.1

Elena vivió entre Madrid y Suiza, nunca se casó, y no hay registro histórico de que haya tenido algún amor. Falleció por causas naturales el 24 de abril de 1944.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Palma, Clauda (26 de abril de 2015). Elena III, la marquesa triste. Guatemala: Prensa Libre.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 412-413.
  3. Palma, Claudia (17 de mayo de 2015). La niña Elena. Guatemala: Prensa Libre.
  4. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  5. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  6. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela «Sueño de los justos». Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  7. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 1-26.
  8. Batres Jáuregui, La América Central Ante la Historia. pp. 499-500.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.

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