26 de mayo de 1839: el Estado de Los Altos decreta su demarcación territorial

El nuevo estado de Los altos delimita sus departamentos y consigna los derechos y garantías de sus habitantes

Mapa que muestra el área aproximada que tenía el Estado de Los Altos. En ese momento las fronteras con México no estaban bien definidas y Soconusco pertenecía al departamento de Quetzaltenango. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 26 de mayo de 1839, la Asamblea Constituyente de los Altos decretó la demarcación territorial del nuevo Estado, dividiéndolo en cuatro departamentos: Quezaltenango —como se llamaba en ese entonces, y que incluía a lo territorios de Soconusco, Retalhuleu y San Marcos—, Totonicapam — como se llamaban entonces, y que incluía a Huehuetenango y Quiché—, Solóla y Suchitepéquez. En el mismo decreto consignó los derechos y garantías que correspondían a todos sus habitantes y declaraba que el nuevo Estado era uno de los que componían la moribunda Federación Centroamericana, ya que los diputados altenses tenían la esperanza de a enviar a sus representantes al nuevo pacto de confederación que esperaban que se celebrara luego del rompimiento de 1838.1,2

Ese mismo día la Asamblea de Los Altos emitió sus bases constitucionales, mientras se emitía la ley fundamental, cuyo proyecto se encomendó a José Antonio Azmitia, José Matías Quiñones y Francisco Quiñones Sunsín. La intención de los diputadores era que la Constitución de los Altos se basara en el cuadro sinóptico aprobado por la Asamblea el 29 de abril y que contenía los derechos y garantías ya mencionados, basados principios liberales de derecho público, además de que no hacía mención en él de la religión en lo absoluto, y estaba fuertemente influida por la constitución de los Estados Unidos y las primeras enmiendas que se le habían hecho a ésta.1,2

He aquí el cuadro sinóptico:3

Derechos Libertad Libertad personal
Libertad de opinión
Libertad de escribir y publicar sus pensamientos sin previa censura; pero con responabilidad.
Seguridad Nadie puede acusar, arrestar ni detener a un habitante de los Altos, sino con las formalidades y en los casos establecidos previamente por ley.
La casa de un habitante de los Altos es un asilo sagrado, que no puede ser violado, sin crimen.
Propiedad El habitante de los Altos tendrá siempre expedito el libre uso de sus bienes. El poder público del Estado garantiza las propiedades: se compromete a no exigir jamás empréstitos forzosos, a indemnizar previamente el valor de aquella propiedad que exige con urgencia la necesidad pública; y a protegerle en el ejercicio libre de su industria, sin más restricción que la que demande el interés público calificada por su representación popular.
Igualdad Todos los habitantes de los Altos son iguales ante la ley, ya premie ya castigue. La obligación de defender el Estado con las armas y de sostenerle, contribuyendo en proporción a sus haberes es igual.
Garantías Poder electoral Lo ejerce el Pueblo por medio de sus inmediatos elegidos, y éstos eligen diputados, sufragan para magistrados y el jefe de Estado
Poder constituyente Siempre es diverso del legislativo. Es convocado en los casos y de la manera prevenida en la Constitución.
Poder legislativo Lo ejercen las cámaras de Diputadores y Senadores con el veto suspensivo del Ejecutivo, y en un caso del Supremo Tribunal.
Poder ejecutivo Unipersonal, periódico, irrelegible y responsable.
Poder judicial Lo ejercen magistrados electos por el pueblo. Es independiente porque la elección de estos magistrados es para mientras dura su buena conducta, porque no hay translaciones ni promociones, y porque sus sueldos no pueden ser alterados durante la permanence de los electos en el destino.
Poder municipal Lo ejercen las Juntas Departamentales y las Municipalidades: unas y otras encargadas de la Educación Pública.
Excentricidad del P.E. Para este efecto tendrán las Juntas Departamentales la repartición de las contribuciones que decrete la Asamblea y la propuesta de los empleados del departamento.
Derecho de petición
Milicia cívica por toda fuerza pública En caso de estimarse conveniente otra fuerza que no sea cívica, nunca excederá la que se organiza de la quinta parte de la cívica que exista organizada.

En ese momento un grupo considerable de criollos liberales había emigrado a Quetzaltenango, y entre ellos estaban los antiguos líderes del derrocado gobierno del Dr. Mariano Gálvez: José Francisco Barrundia, Juan Barrundia —exjefe de Estado—, el propio Gálvez, Antonio Rivera Cabezas, Simón Vasconcelos, Juan Frem, José Bernardo Escobar, y Gregorio Márquez entre otros, quienes no solamente apoyaron la creación del Estado de Los Altos, con vana la esperanza de que junto con El Salvador —que en ese momento era gobernado por Francisco Morazán, pudieran recuperar el poder en Guatemala— sino que aconsejaron al jefe de Estado Marcelo Molina a que desoyera las invitaciones de los delegados de Guatemala para hacer la guerra a Morazán y El Salvador.4

Debido a que el Estado de los Altos se había formado con el 50% del territorio de Guatemala y contenía el 75% de la capacidad productiva de ésta, además de la importante frontera comercial con México, y salida al mar, era solamente cuestión de tiempo para que estallara la guerra entre ambos estados, como efectivamente ocurrió tras la matanza de indígenas que protestaban contra el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán el 1 de octubre de ese mismo año.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Alejandro Marure (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 115.
  2. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 99.
  3. Ibid., p. 279.
  4. Ibid., pp. 96-97.
  5. Ibid., p. 100.

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26 de mayo de 1973: masacre en Sansirisay, Jalapa

Tras un confuso incidente debido a un conflicto de tierras, el ejército perpetra una masacre en Sansirisay, Jalapa.

26mayo1973
Montaña de Santa María Xalapán, en Jalapa.  En el recuadro: el escudo del municipio de Sansare, El Progreso, que conlinda con la comunidad de indígena de Santa María Xalapán.  Imágenes tomadas de «Somos Xincas» y de Wikimedia Commons.

Una de las primeras masacres que ocurrieron en Guatemala en la época de la Guerra Civil de 1960-96 —ahora llamada «Conflicto Armado Interno» por cuestiones legales tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1996— fue la que se produjo el 26 de mayo de 1973 en Sansirisay, un caserío de la aldea en Jalapa, contiguo a la Comunidad Indígena de Santa María Xalapán durante el gobierno del general Carlos Arana Osorio.1 En esa ocasión murieron entre 14 y 19 personas, en un confuso incidente relacionado con la disputa de tierras que la Comunidad Indígena de Santa María Xalapán y el poblado de Sansare, en El Progreso, reclamaban como suyas.1

Debido al conflicto en Sansirisay, por medio del Decreto Legislativo 23-1974 se autorizó al Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) para que comprara las fincas rústicas Sansirisay y Amoltepeque, en Sanarate, municipio del departamento de El Progreso, con un área total de 14 caballerías para que le fueran adjudicadas a la comunidad indígena a título gratuito.1 Aquellas fincas que compró el INTA eran parte de la finca Sansirisay y Amoltepeque que fue remedida en 1910 por el Ing. Luis Samayoa y que en ese momento fue reportada con 32 caballerías, 36 manzanas y 2385 varas cuadradas.1 Finalmente, el INTA declaró que el problema agrario había quedado finalmente resuelto el 20 de agosto de 1981, cuando fueron medidas y unificadas las fincas Alutate, Tatasirire, Pontezuelas, Sanchico y Arloroma, propiedad de la Comunidad Indígena de Santa María Xalapán y que tenían una extensión de 395 caballerías en total.2

Pero, ¿cómo se originó aquel conflicto entre la Comunidad de Santa María y el poblado de Sansare?

Durante la época colonial se adjudicaron a la Comunidad Indígena de Santa María Xalapán los siguientes terrenos:

    1. Ejidos de Alutate: adjudicados en 1712 en calidad de ejidos y confirmado por Real Cédula del Rey Felipe V.  Tiene una extensión de 41 caballerías.
    2. Tatasirire, Pontezuelas y Sanchico: pagada en 1757 con una extensión de 278 caballerías.
    3. Arloroma: comprada en 1757, con una extensión de 8 caballerías.3

Estos terrenos originalmente tenían 327 caballerías pero cuando fueron remedidos después de la Independencia se encontraron varias discrepancias:

    1. Ejidos de Alutate: en 1889 tenían una extensión de 204.12 caballerías.
    2. Tatasirire, Pontezuleas y Sanchico: en 1899 tenían 185,65 caballerías.
    3. Arloroma: una medición de 1920 reportó una extensión de 4.55 caballerías.3

Ahora bien, hubo fuertes disputas por las tierras que correspondían al poblado y sus alrededores, denominados «Llanos de Jalapa» o «La Circunvalación«, entre el común de ladinos, el común de indígenas y otras personas individuales.  Este terreno había sido adjudicado inicialmente en el Registro de la Propiedad Inmueble a nombre de «Comunidad de Jalapa»  con base a una medida de 1826 y un título emitido por el gobierno del Jefe de Estado Mariano Gálvez.3 Pero por nuevos Acuerdo Gubernativos y procesos de Titulación Supletoria se emitieron posteriormente otros títulos a favor de personas individuales, generando problemas por las posiciones y, sobre todo, por los  traslapes.4

Por su parte, en 1575 le otorgaron las tierras del pueblo de Sansare a Alonso de Hidalgo, quien las heredó a Isabel Escobar, su viuda, al morir en 1600. Cuando la viuda midió la extensión del terreno, determinó que tenía 154 caballerías. Tiempo después, las tierras pasaron a ser propiedad de Lorenzo Marroquín de Mendoza, y finalmente, en 1904, las tierras fueron inscritas en el Registro del Propiedad a favor de los herederos de Marroquín Mendoza. El poblado de Sansare ha solicitado que el terreno de la finca de los Marroquín Mendoza les fuera otorgado como ejidos, pero no fue posible por ya tener propietarios particulares, aunque eso no ha impedido que las autoridades ediles han realizado titulaciones supletorias de algunos predios de dicha finca a su favor.4

Esta maraña de reclamos sobre la misma tierra desencadenó el conflicto que resultó en la muerte de al menos quince personas en Sansirisay el 26 de mayo de 1973. El incidente fue tan confuso y censurado que algunas fuentes indican que los fallecidos eran de origen xinca, mientras que otras señalan que eran campesinos ladinos,5 y hasta hay otros grupos que dudan de la versión oficial y llegan a señalar que hubo cientos de fallecidos, pero sin contar con pruebas o evidencias.  En lo que sí están todos de acuerdo, es que la masacre ocurrió cuando miembros de la Policía Militar Ambulante intentaron poner orden, y que el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Efraín Ríos Mont, llegó en helicóptero al lugar de los hechos y verificó que la situación ya estaba bajo control después de haber sobrevolado el área.5 Y es importante mencionar que ese mismo mes, ya habían sido asesinados unos comuneros de Santa María Xalapán y su abogado Gregorio Fuentes.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Secretaría de Asuntos Agrarios (31 de marzo de 2015). Investigación histórico-catastral de los conflictos territoriales entre la comunidad indígena de Santa María Xalapán, Jalapa, con vecinos de la cabecera y aldeas de Sansare, El Progreso. Guatemala: Presidencia de la República. p. 33.
  2. Ibid, p. 37.
  3. Ibid., p. 41
  4. Figueroa Ibarra, Carlos (7 de febrero de 2013). Ríos Mont, el ocaso del centauro. En Albedrío. 9. Guatemala: Albedrío.
  5. Arcón Puzul, María Catalina (noviembre de 2008). Situación Socioeconómica de los desplazados internos, víctimas del Conflicto Armado Interno. Guatemala: Escuela de Trabajo Social, Universidad de San Carlos. p. 18.

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26 de mayo de 1794: nace Mariano Gálvez

Nace el doctor Mariano Galvez, quien fuera prócer de la Independencia y Jefe de Estado de Guatemala de 1831 a 1838

Escuela Facultatitva de Derecho y Notariado del Centro en 1907. Actualmente es el Museo de la Universidad de San Carlos. En este edificio están sepultados los restos del Dr. Mariano Gálvez (en el inserto). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando el doctor Mariano Gálvez estaba recién nacido fue abandonado en una canasta frente a la casa del sacerdote Toribio Carvajal, quien lo llevó a entregó en la casa de Gertrudis de Gálvez, cuya familia familia lo adoptó, y le dio su apellido y educación. El nacimiento del Dr. Gálvez pudo haber ocurrido ya sea el 29 de agosto de 1790 o el 26 de mayo de 1794, pero no se ha determinado con exactitud.1

Gálvez estudió en el Colegio San José de los Infantes y luego en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, en donde obtuvo su doctorado en leyes el 16 de diciembre de 1819.1 Su nombre principió a mencionarse en las reuniones políticas previas a la firma del acta de independencia el 15 de septiembre de 1821, cuando era consejero del Capitan General Gabino Gaínza.2 Durante los primeros años de la vida independiente, estuvo más ligado al Partido Conservador, e incluso fue de los entusiastas propulsores de la Anexión de Centroamérica a México luego de la independencia, siendo el secretario de la Junta Provisional Consultiva que aprobó el acta de Anexión el 5 de enero de 1822.3

En 1825 se instaló el primer Congreso Federal, y Gálvez fue nombrado como su primer presidente; era tal su prestigio, que el presidente federal Manuel José Arce lo miraba con recelo, e intentó enviarlo a comisiones diplomáticas en el extranjero, pero Gálvez siempre logró evitar el destierro indirecto.  Para entonces, Gálvez se cambió al bando liberal, aunque los criollos liberales fiebres de la época le tuvieron aversión y desconfianza, y siempre lo consideraron, como un acomodaticio que había dejaba el «bando de los serviles«, en donde mejor encajaba, según ellos.4

Gálvez se mudó a Antigua Guatemala, a donde fue el ex-presidente Arce a pedirle ayuda para reconciliarse con los criollos liberales luego que el golpe de estado contra Juan Barrundia y el desastre militar de Milingo le habían costado la presidencia federal.5 Después de rechazar diplomáticamente a Arce, Gálvez fue uno de los líderes liberales que organizaron la rebelión en Antigua Guatemala contra el Jefe de Estado Mariano de Aycinena en enero de 1829, la cual fracasó pero fue la excusa que Francisco Morazán estaba esperando para invadir Guatemala.4

Posteriormente, cuando ya Arce y los Aycinena habían sido desterrados de Centroamérica por el general Francisco Morazán,6 la Asamblea Nacional de Guatemala convocó a elecciones para el Estado de Guatemala, resultando electo José Francisco Barrundia. Sin embargo, éste no aceptó la elección por ya estar comprometido como Senador en la Asamblea. Tras darse esta situación, el 24 de agosto de 1831 la Asamblea eligió al Dr. Gálvez como Jefe del Estado de Guatemala y éste también declinó la elección pero, no teniendo cargo alguno en el gobierno, la Asamblea lo obligó a tomar el cargo.7

Gálvez gobernó el Estado de Guatemala a la sombra de la influencia de José Francisco Barrundia, quien se consideraba el adalid de los liberales y nunca confió en Gálvez. De hecho, Barrundia tuvo numerosos desaciertos que llevaron al partido liberal al colapso, siendo los principales la institución del tributo personal de los indígenas, y la implementación del Código de Livingston que enardeció a los campesinos indígenas en contra del gobierno, tal y como ocurrió en la España con sus campesinos analfabetos en 1823 cuando los liberales intentaron implementar leyes utópicas cuando co-gobernaban con Fernando VII.8 Pero quizá su mayor desacierto fue pedirle ayuda al general guerrillero Rafael Carrera para derrocar a Gálvez cuando éste empezó a tomar medidas drásticas como la política de tierra arrasada para contrarrestar los avances de los campesinos alzados.9

Gálvez dejó el país tras ser derrocado el 2 de febrero de 1838 y vivió tranquilamente en México hasta su muerte. En Guatemala, su familia pasó penurias, e incluso uno de sus hijos murió en la más absoluta miseria siendo portero de una de las salas de apelaciones en la Ciudad de Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gómez Carrillo, Agustín (1900). Elementos de la historia de Centroamérica. Madrid, España: Imprenta de Hernando y Compañía.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Ibid., pp. 14-16.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 128-131.
  5. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-38.
  6. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  7. Gómez Carrillo, Elementos de la historia de Centroamérica, p. 86.
  8. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 97.
  9. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala. pp. 14-70.
  10. Marure, Efemérides de los hechos notables, p. 100.

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26 de mayo de 1774: epidemia de tifo tras terremotos de Santa Marta

Lenta reacción de autoridades coloniales tras terremotos de Santa Marta, resulta en gran mortandad por epidemia de tifo

26mayo1774
Ruinas de la Iglesia de La Recolección, tal como quedaron tras los terremotos de Santa Marta y el saqueo realizado por los mismo sacerdotes para construir el nuevo templo en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Las ruinas fueron destruidas aún más por los terremotos de 1874 y 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La recuperación de los poblados luego de los desastres naturales siempre ha sido problemática para las autoridades de turno; pero ha dependido de la firmeza del gobierno mantenerse en el poder a pesar de la lentitud de su respuesta al desastre.

Durante el siglo XVIII, cuando ocurrieron los terremotos de Santa Marta, el poder del Capitán General era indiscutible, mientras que el de las otrora poderosas órdenes regulares y del arzobispo (líder del clero secular) se habían debilitado considerablemente.  De esta cuenta, cuando el Capitán General Martín de Mayorga se hizo cargo de la recuperación de la ciudad y sus resultados no fueron los esperados, no hubo quien se atreviera a hacer críticas al respecto, más que el debilitado arzobispo Pedro Cortés y Larraz.1

El caos se apoderó de la ciudad tras los terremotos, y una epidemia de tifo exantemático provocó más muertes entre la población mestiza e indígena que los propios movimientos telúricos. Para combatir la peste, Mayorga, Cortés y Larraz, los miembros del Ayuntamiento y el puñado de médicos que había en la ciudad unieron esfuerzos y colaboraron tan armoniosamente como pudieron.​ La epidemia empezó cuando los pobladores pobres retornaron a la ciudad, luego de que habían emigrado a las montañas que la rodeaban huyendo de los sismos, en donde tuvieron que subsistir en condiciones sanitarias pésimas durante largo tiempo. Ante esta situación, Mayorga estableció una «Junta de Salud Pública» para que elaborara el plan para erradicar la epidemia, pero esto no ocurrió de inmediato, porque el plan original no había sido aproblado.  Y es que, originalmente, los miembros del Ayuntamiento criollo habían requirido los servicios del doctor Avalos y Porres -entonces octogenario y catedrático de la Cátedra Prima de Medicina– para que elaborara un plan para contrarrestar los efectos del tifo, el cual fue revisado por otros doctores de la ciudad y finalmente enviado a Mayorga, quien no lo aprobó por considerarlo muy precipitado y poco prudente.2, Nota a

En realidad, Mayorga no aprobó el plan propuesto por Avalos y Porres porque dicho plan estaba influenciado por las creencias y prejuicios de la época; he aquí un extracto de lo que decía el venerable medico: «el tifo se debe a las influencias de los astros, que deslíen vitriolo en las aguas y hacen humo todas las materias metálicas, las cuales, libres en la atmósfera, envenenan y coagulan la sangre. El tratamiento debe hacerse con medicamentos que disuelvan los humores viscosos y no puede ser igual para indios y nobles, pues es conocida la resistencia que oponen los aborígenes a toda terapéutica nueva«.​2

Por su parte, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz no abandonó a sus feligreses y visitó en persona los lugares infectados.  Como había hecho una meticulosa visita de su diócesis entre 1768 y 1770, el arzobispo​ dedujo las causas de la peste y rápidamente propuso un plan preventivo que era sumamente avanzado para su época;​ además, por no haber estudiado medicina en la Universidad, no estaba influido por las ideas erróneas de su tiempo. Por sus conocimientos de la región determinó que la peste se había originado en el occidente de Guatemala y que la habían llevado a la ciudad los pobladores pobres que habían emigrado precipitadamente tras los terremotos de julio.3

Ya con el lugar de origen identificado, Cortés y Larraz investigó por qué se estaba propagando con tanta rapidez -al punto de provocar hasta cien muertes diarias- y encontró que esto ocurría por las pésimas condiciones sanitarias de los hospitales improvisados, en donde los pacientes eran amontonados y comían en los mismos platos. Recomendó entonces que se construyeran galeras de aislamiento y que se mejorara la alimentación de los pacientes.​ El plan del arzobispo era simple y efectivo, pero se topó con la burocracia colonial y pasaron varios meses antes de que se pudiera implementar debidamente.​3

Tras muchas deliberaciones, y ya cuando la peste iba mermando, el cirujano Alonso de Carriolla emitió un dictamen que resume lo aprendido por los médicos de la ciudad en esos días:​3

Medidas preventivas para evitar la peste de tifo

      1. Buscar los lugares donde el aire corra con más liberatad, y si fuese posible, huir de los lugares contagiados.
      2. Que las habitaciones miren al Norte o al Oriente, a no ser que haya cementerio.
      3. Huir de lugares cenagosos y cerrados.
      4. Que se mantenga fuego en las casas.
      5. Que se enciendan grandes fuegos en las plazas de la ciudad.
      6. Que se eviten los concursos de gentes
      7. Que se rieguen las habitaciones con vinagre
      8. Que se huya de la inmoderada bebida de licores, en particular de los que fácilmente se corrompen o fermentan
      9. Que se modere la cantidad de alimentos
      10. Que las pasiones violentas se moderen
      11. Que el acto prolífico se evite todo lo que se pueda, y debe por lo tanto sacarse a las mujeres públicas, desterrándolas
      12. Que se entierren pronto los cadáveres
      13. Que se limpien calles y plazas
      14. Que los vestidos y muebles se quemen o bien se usen después de algun tiempo, ahumándoles con hierbas olorosas
      15. Que se impidan los baños públicos
        • Alonso de Carriola, 26 de mayo de 17743

NOTAS:

    • a: Es importante destacar aquí que solamente había cinco medicos y un puñado de estudiantes de medicina en toda la ciudad en ese entonces.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  2. Comisión del presidente de la Real Audiencia de este Reino de Guatemala (1774). Extracto o Relación Methodologógica de los autos de reconocimiento. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  3. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala. ISBN 9789993967583.

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