28 de agosto de 1890: muere a manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José el general Juan M. Barrundia

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Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M.  Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala.  Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2  Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3  Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui.  Este último relata el encuentro de esta forma:5

Averigüé que estaban en el hotel Windsor.  Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’.  [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel.  Esto es muy delicado, en este país.  Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado.  Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela.  Aquí no son las cosas como allá.’  Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase”.5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó.  Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6  La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas.  Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense “Acapulco” con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí.  Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto.  Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el “Acapulco” tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

  • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
  • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016)Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

28 de agosto de 1871: solicitan la expulsion de los Jesuitas de toda la República

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Vista general de Quetzaltenango en 1896.  En esta ciudad fue en donde se exigió inicialmente la expulsión de los jesuitas. Imagen publicada por “La Ilustración Guatemalteca

Tras la Reforma Liberal de 1871 aparecieron numerosos clubes liberales en favor de una reforma radical y rápida, entre los que sobresalían los de la Ciudad de Guatemala y los de Amatitlán. Estos clubes, que se autodenominaban “Junta Patriótica”, eran imitaciones de los iniciados durante el movimiento de la independencia en la década de 1810, aunque las juntas de 1871 eran anticlericales y, de acuerdo a algunos historiadores, dominadas por los masones. Entre los miembros de la junta de la capital se contaban figuras políticas como las de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes luego desmempeñarían papeles politicos prominentes después de que J. Rufino Barrios llegara a la presidencia en 1873. Rosa, por su parte, alcanzó gran notoriedad a través de sus escritos anticlericales. De hecho, todos los miembros de estos grupos eran figuras políticas sobresalientes en la comunidad y ardientes partidarios de Barrios,  que opinaban que con el liderazgo moderado de Miguel García Granados no podría llegarse a la reforma radical que exigían.

Cuando la Junta de Quetzaltenango empezó a exigir la expulsión de los jesuitas de su localidad, algunos escritores respaldaron la expulsión de la compañía de toda la república; por ejemplo, el 28 de agosto de 1871 Inés Ramírez, uno de los miembros de las juntas, acusó a la Compañía de Jesús de acoger “miembros hipócritas, vanidosos, orgullosos y fanáticos empeñados en impedir el progreso y en matener al mundo entero en la ignorancia”. La demanda de Ramírez seguía la de la Junta Patriótica en la capital, la cual había hecho circular un escrito en el que enfatizaba el hecho de que la demanda de expulsión de la república “no implicaba que se considerara un destino similar para las otras sociedades religiosas”; de hecho, la Junta “encontraba mucho que alabar en estas últimas, ya que a través de sus enseñanzas de principios morales ayudaban significativamente a la civilización del pueblo”.

Las Juntas consideraban, que los jesuitas “ponían en peligro la estabilidad política a causa de su riqueza, porque pervertían la inteligencia de la juventud; oprimían al clero religioso nacional, cuya misión evangélica era la caridad y la paz, y desviaban a través del fanatismo a los elementos más débiles e inocentes de la sociedad, a quienes los jesuitas habían convencido que religión y jesuita tenían el mismo significado”.  Se llegó a decir que esta acción había sido reconocida en todos los países civilizados y aun por el Papa Clemente XIV y se urgía a los superiores religiosos a “apaciguar las mentes perturbadas de los ciudadanos quienes habían sido agitados por los jesuitas para evitar su exilio”.

Como quedó demostrado apenas un año más tarde, lo que a las Juntas les interesaba no era el bienestar de los ciudadanos y evitar el fanatismo, sino salir del más incómodo de sus rivales: las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por ser ellos los propietarios de las mejores haciendas, trapiches e ingenious de la República.  Los jesuitas fueron los primeros en ser expulsados, seguidos de las demás órdenes en 1872.  Acto seguido, los liberales fueron tras las propiedades comunales de los indígenas, a quienes les despojaron de éstas por medio de hábiles ardides legales en los que hizo una subasta de los ejidos y tierras comunales y no se le permitió ofertar a las comunidades indígenas.  De esta forma, surgieron los grandes latifundios cafetaleros y ganaderos que caracterizaron a la economía guatemalteca del período liberal.


BIBLIOGRAFIA:

 


28 de agosto de 1968: la Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) asesinan al embajador de los Estados Unidos, John Gordon Mein, luego de que este saliera de una reunión con el canciller, Emilio Arenales Catalán

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Monumento al doctor Lorenzo Montúfar en 1925.  El embajador estadounidense Gordon Mein falleció a los pies de éste en 1968. Imagen tomada de Wikimeda Commons.

La Guerra Civil de Guatemala (llamada ahora “Conflicto Armado Interno” por razones de derecho internacional luego de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera firmados en 1996) tuvo dos períodos álgidos, ambos con diferentes protagonistas.  En la década de 1960, los principales frentes estaban en al Oriente de Guatemala, en donde el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13) y las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) fueron derrotados por el ejército guatemalteco en ese entonces al mando del coronel Carlos Arana Osorio, y con el asesoramiento del ejército de los Estados Unidos en la Escuela de las Américas que estaba en Panamá.  El otro, se inició en la década de 1970 y tuvo como escenario la Franja Transversal del Norte, en especial el departamento de Quiché y las áreas en donde se encontraron yacimientos petroleros com Chisec en Alta Verapaz y Rubelsanto en Petén.  Los principals grupos guerrilleros fueron en ese momento la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y el brazo armado del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), quienes luego se agruparían en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

Durante la primera fase guerrillera, el principal grupo lo formaron las Fuerzas Armadas Rebeldes, las cuales se caracterizaron por intentar dar golpes de gran magnitud. Uno de ellos fue intentar secuestrar el embajador de los Estados Unidos, John Gordon Mein durante el gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro.

De acuerdo a un sucesor suyo, el embajador  John Hamilton, el asesinato Gordon Mein ocurrió de la siguiente manera: “Eran las 3:30 de la tarde. El embajador, de 54 años, iba de regreso a la Embajada después de participar en un almuerzo ofrecido por el entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Emilio Arenales Catalán. Estaba a sólo unas diez calles de la Embajada. En lo que parece haber sido un frustrado intento de secuestro, su carro fue detenido sobre la Avenida de la Reforma por dos autos que le bloquearon el paso. Dos hombres salieron del carro que paró frente al suyo, y le ordenaron que saliera y que subiera a uno de los vehículos. El Embajador empezó a correr y le dispararon, cayendo a los pies del monumento a Lorenzo Montúfar en la Avenida La Reforma. Los atacantes huyeron del lugar.”

De acuerdo a los reportes de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas, en ese entonces en la Ciudad de Guatemala el capitán guerrillero que dirigía la “Resistencia de la Ciudad”, Ramiro Díaz, tenía las posiciones más radicales dentro de las FAR. Cuando el comandante Camilo Sánchez fue capturado por las fuerzas de seguridad, Ramiro Díaz quiso aprovechar el momento no solamente para liberarlo, sino que también para dar un golpe espectacular y demostrarle a los altos mandos de las FAR que era en la ciudad en donde debería estar la directiva de las fuerzas rebeldes.

Aquello fue solamente el inicio de un endurecimiento de la política anticomunista en Guatemala, ya que el coronel Carlos Arana Osorio fue electo presidente para el período 1970-1974 y durante su gobierno prácticamente se erradicó a la guerrilla.  El movimiento comunista, antes que desfallecer esperó el momento oportuno y lo encontró durante el gobierno del general Kjell Eugenio Laugerud Garcia.   Aunque Laugerud no era débil, sí era mucho más tolerante que su predecesor, lo cual fue aprovechado por los intelectuales comunistas guatemaltecos para establecer diversos frentes en las principales instituciones académicas y sociales, entre ellas la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Asociación de Estudiantes Universitarios, los principales sindicatos y la Coordinadora de Estudiantes de Educación Media.

La gran coordinación de la izquierda en esos años obligó al sucesor de Laugerud, el general Romeo Lucas Garcia, a implementar una represión sin precedentes que acabó no sólo con las fuerzas armadas guerrilleras, sino que con la gran mayoría de los intelectuales de izquierda en los años más cruentos de la Guerra Civil.


BIBLIOGRAFIA: