29 de abril de 1907: el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje (segunda parte)

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Croquis de la casa que sirvio de centro de operaciones para el “Atentado de La Bomba” el 29 de abril de 1907. Dibudo del ingeniero Enrique Invernizzio tomada de la revista oficial “La Locomotora“.

Continuación:

Segunda parte: Datos técnicos

El ingeniero en Minas Enrique Invernizzio, de la revista gubernamental “La Locomotora”, publicó los detalles técnicos del artefacto explosivo en el número del 10 de mayo de 1907. Invernizzio estuvo presente en el lugar de los hechos, la 7.ª avenida sur, frente a la casa número 56 poco después de la explosión y a su juicio preliminar la misma fue provocada por una carga de dinamita.​ Luego realizó un estudio detallado de las dos casas vecinas sobre la 17 calle oriente y la 7.ª avenida sur, del cráter de la explosión y de los olores que emanaban del sitio horas después del hecho.

El ingeniero describió que antes de la explosión la casa número 58 de la 7.ª avenida sur daba la impresión de estar abandonada o en ruinas, mientras que la número 56 sí estaba habitada y tenía una buena entrada; sobre la base de sus observaciones, dedujo que los trabajos de preparación fueron prolongados, pues los perpetradores tuvieron que recabar todo el material necesario y contar con un vigilante que lo tuviera a buen resguardo mientras lo conseguía.​ Además, dedujo que quien dirigió la instalación era un experto en la materia, pues todas los detalles fueron cubiertos a cabalidad.

De acuerdo a su análisis, Invernizzio determinó que los autores del atentado “empezaron excavando el frente interno de la pared exterior de la casa número 58 de la 7.ª avenida sur, en donde estaba una ventana cerrada con viejas hojas de madera, clausurando las otras ventanas y la puerta de la casa abandonada“; así pues, se valieron de las puertas de la casa número 3 de la 17 calle oriente. Invernizzio calculó que la profundidad de la excavación fue de aproximadamente un metro por debajo del nivel del suelo de la casa, que ya no tenía piso, y de cerca de cuarenta centímetros de espesor; la misma se prolongaba como cuatro metros hacia adentro de la casa, lo que permitía maniobrar las herramientas que se usaron para excavar por debajo de la acera y el adoquinado, a una profundidad que permitiera que la explosión fuera efectiva y que, al mismo tiempo, evitara que se dañara la calle y delatara la excavación.

De acuerdo a su experiencia con excavaciones, Invernizzio determinó que la excavación fue realizada de noche y con mucho cuidado, utilizando varillas de hierro con punta para abrir la tierra y luego arrastrarla hacia la casa; la cámara ya terminada tenía aproximadamente dos pies cuadrados de ancho, y en ella colocaron los explosivos en contacto con alambres de cobre conectados con un fulminante de mercurio, los que salían de la cámara hasta llegar al detonador, protegidos mediante el uso de unos tubos de cañería revestidos de caucho. Fue tal el cuidado que se realizó en la construcción, que incluso rellenaron la excavación con piedras, para evitar el efecto de cañón cuando ocurriera la explosión.

Los cables pasaron por una puerta y una ventana y seguían hasta el centro de la casa número 3 de la 17 calle poniente, en donde estaban conectados con el detonador eléctrico; este detonador estaba en una caseta de madera robusta, construida para proteger a quien operara el detonador de la caída de piedras o rocas tras la explosión.El detonador, o “blasting device” estaba activado por un dínamo eléctrico que estaba instalado en una casa contigua.


BIBLIOGRAFIA:


29 de abril de 1907: el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje (primera parte)

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Así quedó el carruaje presidencial tras la detonación del artefacto explosivo.  Imagen tomada de la revista oficial “La Locomotora“.

Primera parte: Los Hechos

Desde mediados de 1906, el abogado Enrique Ávila Echeverría y su hermano, el médico Jorge Ávila Echeverría, junto con el también médico Julio Valdés Blanco y el ingeniero eléctrico Baltasar Rodil, (todos ellos miembros del Partido Conservador) planearon un atentado contra Estrada Cabrera, que se ejecutó el 29 de abril de 1907 y que se conoció en su época simplemente como “La Bomba”. Los hermanos Echeverría y sus compañeros eran de posición económica solvente, egresados del entonces prestigioso Instituto Nacional Central para Varones en 1890 y habían estudiado en universidades extranjeras; sin embargo, al regresar al país se encontraron con un estado de cosas en el cual predominaban el servilismo y el abuso de poder, lo cual afectaba los intereses economicos de sus familias. Cuando decidieron atentar contra la vida del presidente, planearon con todo detalle un atentado con explosivos; todo fue meticulosamente preparado: los explosivos, los detonadores de hierro, la caja de hierro macizo, la complicidad del cochero del presidente, Patrocinio Monterroso, así como la hora y el punto precisos.

El escritor liberal Fernando Somoza Vivas, en su obra “El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco” refiere que el atentado ocurrió en dos fases; primero, los atacantes cavaron un túnel por debajo de la novena avenida de la Ciudad de Guatemala para que hacer estallar allí una bomba cuando el presidente fuera a presentar su informe anual a la Asamblea Nacional Legislativa. Para entonces ya tenían comprado al cochero del presidente, a quien habían sobornado con cincuenta mil pesos; éste, al llegar a lugar indicado, fingió que se le rompió una rienda y se detuvo justo sobre el artefacto explosivo mientras los conjurados interaron detonar la bomba sin éxito.​ Un cable había hecho corto circuito y a pesar de que intentaron detonar el artefacto explosivo diecisiete veces, no lo lograron.

Al fallar en el primer intento, cambiaron de plan; los conjurados cavaron un nuevo túnel, esta vez debajo de la séptima avenida sur, una vía por la que el coche del mandatario circulaba con frecuencia. La conspiración trascendía: ya había muchos conjurados y muchos ciudadanos más sabían vagamente que en aquellos días iba a ocurrir un atentado en contra del presidente; el espía de la conjura (un médico de renombre) montaba guardia a poca distancia de la mansión presidencial a la espera de que Estrada Cabrera se dirigiera hacia el sur de la ciudad, pero pasaban los días y esto no ocurría.

El 29 de abril de 1907 por la mañana el licenciado Manuel Estrada Cabrera estaba de buen humor (algo raro en su carácter y que sembraba el temor entre sus oficiales) y quiso que su hijo Joaquín se sentara a su lado (algo también extraño, pues el presidente no era dado a expresar afecto para los suyos). Los ayudantes rodearon el carro y emprendieron la marcha. Cerca de la casa donde estaban los conjurados (ubicada frente a la Correccional de Menores) había una taberna y en la puerta algunos borrachos escandalizaban; el cochero atento sabía que estaba cerca del lugar indicado y que una línea en la pared de la calle le indicaría el sitio exacto en que tendría que detenerse. Pero los caballos no le obedecieron, y el carro se acercó a la acera de tal forma que el Jefe del Estado Mayor (el entonces brigadier José María Orellana) tuvo que subir su caballo a la acera para proteger al presidente de los que escandalizaban en la vía pública. El carruaje se detuvo a unas pulgadas más allá de donde debía haberlo hecho.

A las siete y media de la mañana estalló la bomba, destrozando el asiento del cochero y el que estaba frente al presidente (asiento que su hijo Joaquín, de 13 años, había estado momentos antes);​ el cochero murió despedazado por una bomba que no sabía iba a estar en el camino ya que le habían hecho creer que francotiradores se encargarían de Estrada Cabrera.​ Los dos viajeros y la mayoría de sus acompañantes rodaron por el suelo tras la explosión, siendo el presidente el primero en levantarse y ayudar a su jefe de Estado Mayor a hacer lo mismo; el presidente, revólver en mano, aparecía sereno sin saber que uno de los conspiradores pasaba a su lado en ese instante con un arma amartillada dentro de su saco para matarlo. Pero al ver la fisonomía decidida del presidente, el hombre se acobardó y no le disparó (de hecho, hay quien dice que no paró sino hasta que estuvo fuera de las fronteras de Guatemala).

Continuará…


BIBLIOGRAFIA: