29 de octubre de 1930: se incendia almacén en el Pasaje Aycinena

En medio de una grave crisis económica, se incendia el almacén «El Barato» en el Pasaje Aycinena, destruyendo los archivos de la Casa de Aycinena.

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El Portal del Comercio de la Ciudad de Guatemala visto desde la Catedral en 1923.  Detrás de dicho portal se encontraba el edificio en donde se produjo el incendio del almacén «El Barato».  En el recuadro: general Lázaro Chacón, presidente de Guatemala en esa época.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En octubre de 1930 el gobierno del general Lázaro Chacón atravezaba por una terrible situación, derivada de la Gran Depresión que se había iniciado el año anterior en los Estados Unidos con la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York.1  El gobierno había intentando paliar la situación otorgando un contrato para la construcción de un moderno puerto en el Pacífico a la United Fruit Company2 y otro a una compañía sueca para otorgarle el monopolio de la fabricación de fóstoros,3 pero ambos contratos no se materializaron debido a que la cosecha de café de ese ano no fue suficiente para cubrir el colateral. La crisis se extendió a los agricultores y hubo numerosas críticas a la política agraria de ponerle énfasis únicamente al café, pues la caída del precio de este grano era la principal causa de la situación del país.

Por otro lado, los estudiantes de la Universidad Nacional estaban inconformes con la junta directiva de la institución y un grupo de estudiantes autodenominados «Revolucionarios» habían desconocido al rector y a los decanos, provocando que el gobierno cerrara la universidad.  Ahora bien, la actividad del grupo de los «Revolucionarios» había sido mermada cuando el gobierno de Chacón restringió las garantías constitucionales luego de un alzamiento indígena en Totonicapán ocurrido el 28 de julio.4

Y para colmo, el 19 de julio se había perpetrado un horrible crimen contra la señora Mercedes Estrada viuda de Blanco y dos damas de su servicio en la novena avenida de la ciudad, por el que habían sido capturados Eduardo Felice, Juan Emilio Blanco y Cayetano Asturias el 25 de juio de ese año, y contra quienes se habían alzado voces exigiendo la aplicación de la pena de muerte.5

En medio de esta crisis, los comerciantes desesperados preferían prenderle fuego a sus negocios y cobrar el seguro.  Reproducimos a continuación la nota que apareció en «Nuestro Diario» sobre el incendio del almacén » El Barato» en la Ciudad de Guatemala, que tuvo como daño colateral la destrucción de los archivos de la Casa de Aycinena y en el que uno de los afectados dice claramente que se trató de un incendio provocado:6

Anoche como a las doce principió un incendio en uno de los puntos más céntricos de la ciudad, que alarmó al vecindario.  Regresaba de uno de los teatros el señor don Domingo Sierra Salazar, cuando en la novena calle y sexta avenida se encontró con el doctor don Juan Beltranena, quien le preguntó si no sentí un olor a humo.  Se encaminaron con dirección al Pasaje de Aycinena, donde el señor Salazar tiene establecido el Instituto Comercial Moderno, y vieron que del almacén El Barato provenía el humo. Alarmados dieron aviso al agente que hacía su turno en la sexta avenida y novena calle, quien dió la voz de alarma, sonado repetidas veces su silbato para pedir auxilio.

Mientras llegaban más agentes los tres antes mencionados procedieron a abrir el almacén donde salía el humo, para ver en qué consistía. Las llamas ya habían abrazado los estandos y toda la mercadería que había dentro. Fueron llamados inmediatemente todos los propietarios que tenían almacenes y oficinas en el Pasaje de Aycinena, para que las desocuparan inmediatamente, porque el fuego amenazaba con destruir la manzana entera.

Llegaron los señores José García, propietario del almacén El Barato, donde principió el fuego, el licenciado R. Valdés Calderón, Domingo Sierra Salazar que fue el que dió la voz de alarma, el licenciado Héctor Polanco, Alberto Lazzari, propietario de la joyería que está situada contiguo al almacén El Barato, y algunos otros propietarios.

Las llamas siguieron devorando los demás establecimientos cercanos, incendiándose el segundo piso, y luego propagándose el fuego al Instituto Comercial Moderno, que está en el segundo piso, quemándose también gran parte de las oficinas de los abogados que estaban en el primer piso.

La policía ayudada por los vecinos que llegaron a presenciar el desarrollo del voraz incendio, procedió a desocupar todas las habitaciones, pero con poca cautela, desde el segundo piso se dejaban caer las cajas de seguridad, máquinas de escribir y toda clase de muebles, que al caer se rompían.

Varias personas nos dicen que tal vez hubiera sido posible sofocar el incendio si contáramos con un cuerpo de bomberos, pero como en el lugar donde se desarrolló no había ni agua suficiente, la labor de los que querían apagarlo era completamente estéril, por eso en su mayoría se concretaron a desocupar las oficinas y procurar cortar el fuego.

El señor H. Rogzinsky, que tenía establecida su oficina en la parte superior del edificio cerca al portal del comercio, y donde el fuego ya no llegó, nos dijo esta mañana, que la pérdida que él tenía era muy considerable.  La pérdida mía, – dice – no consiste precisamente en que se haya quemado nada de mi oficina, sino por la barbaridad que se cometió, de tirármelo todo por la ventana, con el pretexto de cortar el fuego, y en este lugar no había ningún peligro pues el fuego había sido sofocado desde el local que ocupa el Instituto Comercial Moderno.  Además,  – nos dice – que los encargados de desocupar la pieza que él tenía en alquiler, no se concretaron a ese trabajo, sino que le abrieron todas las gabetas, y cuando él llegó no se encontró sino con una regazón de papeles por todos lados.  Aquí perdí documentos valiosos – continúa – todos mis pedidos.  Un muestrario completo que yo tenía de café de las principales fincas de café de Guatemala, se lo llevaron no dejándome más que unos botes.

El señor Sierra Salazar, director del Instituto Moderno, nos dijo que él tenía también una gran pérdida, de todo el mobiliario de su establecimiento, no logró salvar casi nada, únicamente unas cuantas máquinas de escribir.  Todos sus objetos de uso personal se le quemaron.  Calcula que su pérdida no baja de tres mil quetzales.

Las oficinas de los abogados de la planta baja también fueron desocupadas inmediatamente, pero sin embargo, muchas de ellas sufrieron los estragos del incendio. Todos los muebles se arruinaron.  Con la lluvia que cayó durante la noche los papeles y documentos se arruinaron casi por completo.  La pérdida sufrida por los profesionales también es considerable.

Aparte de las pérdidas materiales ocasionadas por el incendio, hay otro cuyo valor es verdaderamente incalculable, y es la del archivo de la Casa Aycinena, que contenía verdaderos tesoros históricos. Todos los documentos conservadores a través de los años y a costa de grandes esfuerzos, fueron convertidos en cenizas en unas pocas horas.  Si todo lo demás se puede reponer, todos esos documentos puede decirse que pasaron a la historia para siempre. 

En la mañana de hoy se nos informó que de las personas que sufrieron a consecuencia de este siniestro, está asegurado el dueño del Almacén El Barato, por la suma de veinte mil pesos oro americano.  El edificio incenciado lo estaba por la suma de veinticinco mil pesos de la misma moneda, suma bien modesta si se considera el valor del edificio destruido por las llamas.  Se dice que también el señor Lazzari está asegurado.  […], las pérdidas materiales son bastante crecidas, principalmente las de las personas que no tenían ningún seguro.  […] El señor Domingo Salazar, nos dice que sus pérdidas son mayores que las de los demás, si se toma en consideración que él dormía en el mismo establecimiento y que ahí conservaba todos sus artículos de uso personal.  El señor Rogozinsky, nos dijo […] que si hubiera estado asegurado, a estas horas se encontraría muy tranquilo… pero en la cárcel.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bierman, Harold. (11 de agosto de 2004) The 1929 Stock Market Crash. EH.Net Encyclopedia. Ed. Whaples, Robert. 
  2. Asturias Morales, M. (21 de julio de 1930) “El puerto del Pacífico”. Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, Federico (14 de agosto de 1930). Sesiones Extraordinarias de la Asamblea Legislativa; décimoquinta de la tanda. Guatemala: Nuestro Diario, Muñoz Plaza & Cía. p. 1.
  4. Cano, Manuel S. et. al. (16 de octubre de 1930) “Manifiesto de los indígenas de Totonicapán al Presidente” Guatemala: El Imparcial.
  5. Asturas Morales, M. (25 de julio de 1930) «En manos de la justicia los verdaderos autores del espantoso asesinato de la 9a.» Guatemala: Nuestro Diario.
  6. – (30 de octubre de 1930) «Se registra el primer incendio de la temporada de lluvias«. Guatemala: Nuestro Diario, Muñoz Plaza y Cía.

29 de octubre de 1824: la Asamblea Constituyente prohibe la publicación de pastorales y edictos eclesiásticos sin la aprobación del gobierno civil

29octubre1824
El desaparecido Calvario de la Nueva Guatemala de La Asunción.  Era una de las numerosas parroquias que había en la ciudad dada la influencia de la Iglesia Católica.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Al igual que como estaba ocurriendo en España con el régimen de Fernando VII y en el resto de las naciones americanas, los criollos liberales centroamericanos estaban tratando por todos los medios de restringir los privilegios del clero, que hasta ese momento era el ente más poderoso de la sociedad.  Tras la separación de Centroamérica del efímero Primer Imperio Mexicano, la fuerza de los liberales se hizo sentir en la Asamblea Constituyente que convocó Vicente Filísola antes de regresar a México en 1823.

La Asamblea llamó a la región Provincias Unidas del Centro de América en lo que se promulgaba la constitución con el nombre definitivo, y emitió varios decretos intentando limitar el poder del clero, entre ellos el siguiente:

DECRETO DEL CONGRESO CONSTITUYENTE DE 29 DE OCTUBRE DE 1824

Prohibiendo la publicación de pastorales o edictos, sin el pase del gobierno civil

  1. No podrán expedirse ni circularse las pastorales, edictos y cualesquiera otras circulares del gobierno eclesiástico, sin que hayan obtenido el pase del jefe del estado; que deberá darlo ó negarlo en los mismos casos en que por las leyes vigentes debia darse dicho pase, ó mandarse retener, las bulas pontificias.
  2. Para dar ó negar el pase procederá el jefe con consulta del consejo representativo; y mientras éste no se halle instalado, con la del congreso.

Los criollos aristócratas y los religiosos fueron pacientes con estas medidas, hasta que llegó el momento en que sus intereses económicos fueron afectados cuando se restringió la edad para ingresar a los conventos y monasterios. En ese momento, se alzaron contra el gobierno de Juan Barrundia, sustituyéndolo por Mariano de Aycinena, el líder de esa familia aristocrática, y aliándose con el presidente Manuel José Arce, quien había sido liberal hasta entonces.

Estas pugnas por los aspectos religiosos y la injerencia de la Iglesia en los asuntos de estado se prolongó durante todo el siglo XIX y parte del XX, al punto que los religiosos regulares fueron expulsados del país en 1829, y luego nuevamente en 1871 y 1872. Igual suerte corrieron los arzobispos (líderes del clero secular) quienes fueron expulsados junto con las órdenes regulares en las fechas indicadas, y también en 1887 y 1922.

La Iglesia recuperó parte de su antigua prosperidad y privilegios en Guatemala hasta que el arzobispo Mariano Rossell y Arellano se alió con los Estados Unidos para derrocar al gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán en 1954.  Pero poco después, ocurrió un cisma entre los religiosos y las élites económicas cuando el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín de 1968 promulgaron la «Teología de la Liberación» que considera que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres y recurre a las ciencias humanas y sociales lograrlo. Esta nueva orientación social de la Iglesia no fue bien vista por sus antiguos aliados, que abrazaron los cultos protestantes o los movimientos más radicales de la Iglesia Católica, específicamente el Opus Dei.


BIBLIOGRAFIA: