1 de junio de 1839: los liberales protestan tras golpe de estado de Carrera

Tras el golpe de estado de Carrera del 13 de abril de 1839, los diputados liberales que habían de tomar posesión de sus curules en la Asamblea Constituyente convocada para el 1 de junio, publican una enérgica protesta desde Los Altos

Ciudad de Quetzaltenango en la segunda mitad del siglo XIX. Desde aquí protestaron los diputados liberales el no poder participar en la Asamblea constituyente por temor por sus vidas. En el recuadro: el diputado y líder liberal José Francisco Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del Dr. Mariano Gálvez, los criollos liberales encabezados por José Francisco Barrundia pensaron que iban a hacerse con el poder fácilmente pero no lo consiguieron, en parte por sus propios errores y en parte por la oposición de la huestes de Mita, comandadas por el teniente coronel Rafael Carrera.

Y la realidad les cayó como balde de agua fría con el golpe de estado que perpetró Carrera el 13 de abril de 1839, por medio del cual forzó a huir al jefe de Estado Carlos Salazar,1 a quien el presidente federal Francisco Morazán había colocado en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.2  Tras el golpe de estado, para el 1 de junio se convocó a una asamblea constituyente en la Nueva Guatemala de la Asunción, pero varios los diputados liberales tuvieron que huir al Estado de Los Altos y desde Quetzaltenango, encabezados por Barrundia, lanzaron la siguiente proclama el 1 de junio:3

Elegidos los que suscribimos, por los distritos que se expresan a continuación de nuestro nombres, para representarlos en la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala; creemos que faltaríamos a los deberos anexos a la alta confianza que hemos merecido de los pueblos, si callásemos en medio de los acontecimientos que han hecho desaparecer el orden público en nuestra afligida patria y sometido sus destinos al imperio brutal de las bayonetas, si consintiésemos por un silencio culpable y deshonroso a la reunión de la Asamblea, cuando se nos ha estorbado y estorba aun por la violencia, llevar a ella la voluntad de nuestro comitentes.

Axioma muy trivial es, del derecho político, el que require la libertad en las deliberaciones para que sea legal la existencia y valederos los acuerods de culaquiera Asamblea representativa. Cuerpos deliberantes y la no intervención de las armas, remota ni inmediata en ellos, son dos idea inseparables; porque sin esto los actos de una Asamblea no serían la expresión del sentimiento general, sino el mandato de lpoder.  Y si en los cuerpos constituidos se considera precisa la libertad, lo es aun mucho más en los constituyentes, cuya misión es incomparablemente de mayor latitud y trascendencia que la de los primeros.

La ocupación de la plaza de Guatemala, verificada por Carrera el día 13 de abril, con escandalosa infracción de los convenios de paz y en desprecio de todas las reglas sociales, ha sustituido en todo el Estado la ley de la Espada y el capricho de aquel caudillo, al orden constitucional.  Desde entonces sus habitantes no tienen derechos ni garantías; pues si bien el enemigo del reposo público, ha querido proclamar la restauración de un Gobierno regularizado, éste, a más de no tener una autoridad incuestionable, solo existe de nombre, no ejerciendo otras funciones que las de echar una sombre de legitimidad sobre los atentados y dominación arbitraria del bandido.  El testimonio, los sentimientos, la exasperación de todas las gentes acreditan nuestra aserción. ¡Verdad amarga pero bien notoria!  El único orden que existe hoy en Guatemala, es el placer de Carrera y de sus colaboradores.  Sujetas las poblaciones a su rapacidad y rabia carnicera; no ha sido este estado de cosas la situación de una hora, de un día ni de una semana; es el régimen permanente, la agonía de todos los momentos desde el infausto trece de abril, hasta la actualidad, que continúa y se prolonga sin un término fijo.  Dígalo sino, el mismo gobernante Rivera Paz, que ha sido repetidas veces insultado personalmente por soldados de Carera, al intentar contener infructuosamente los excesos de los salvajes.

Y, ¿en semejantes circunstancias se pretende aun instalar la Asamblea que ha de producir la regeneración de la sociedad?

Varios de los que suscribimos hemos sido arrojados de nuestros horages por la saña de Carrera y sus hordas; se nos ha dado caza como a fieras, se han profanado hasta los lugares sagrados en pesquisa nuestra, y apenas hemos podido escapar por medio de la fuga, a la persecusión, después de haber visto nuestros cortos haberes hecho presa de los bárbaros y sufrido en el asilo doméstico atropellamientos sin número.  Estamos, al fin, refugiados en un territorio extraño. ¿Podremos concurrir a la sesiones? Es claro que no; y mucho menos cuando el dictador Carrera ha dicho ya ser su irrevocable voluntad que tales y tales diputados no lo sean.  Y cuando habiendo uno de tantos (el ciudadano José Barrundia) reclamado la protección de la ley, como ciudadano y como representante, al que se llama Gobierno, por medio de una protesta que obra en su secretaría, lejos de dispensársele, continuaron los bárbaros persiguiéndole con más encarnizamiento que nunca.  Algunos otros que no hemos estado en los lugares al tiempo del último desastre, nos abstenemos también de partir al desempeño de nuestra comisión, por no exponernos a iguales ultrajes y por no ir a tomar el degradante papel de instrumentos o por lo menos de expectadores pasivos.

Todos los infrascritos tenemos la decidida intención de no concurrir a la Asamblea. La fuerza brutal nos impide que lo hagamos. Entre tanto, los distritos que nos hicieron el honor de elegirnos, no pueden ser privados de sus votos en la formación de la carta constitutiva, no deben carecer de uno o más de sus delegados cuando estos quieren prestarles sus servicios; y ninguna causa justa, ningún obstáculo legal se presenta en contrario.  Tampoco podemos ser reemplazados a virtud de nuevas elecciones, no habiendo renunciado, como no lo hemos hecho, a nuestros nombramientos.  Luego la instalación de la Asamblea constituyente, mutilada como se halla, en cualquier tiempo que se verifique mientras sea el terror, está, por el mismo hecho, viciada, y los acuerdos que emitiere serán nulos y de ningun valor.

Lo son igualmente los actos de las juntas preparatorias y todos los procedimientos de la administración erigida por Carrera. Esta última convicción nos obliga a protestar solemnemente a esa junta de diputados, ante los pueblos del Estado de Guatemala, ante la nación y a la faz del universo civilizado, que tendremos por nulo cuanto se halla acordado o acordare a nombre de la Asamblea constituyente o de las juntas preparatorias, mientras las bandas de Carrera no hayan evacuado la capital y demás poblaciones principales, reduciéndose dichas hordas a sus hogares, y quedando a cubierto de sus ataques la misma corte y el resto del Estado.

Protestamos tambien de nulidad de las autoridades y funcionarios puestos por Carrera, y les hacemos cargos con la responsabilidad a que sean acreedores por haber impedido así la reunión legar de la Constituyente, secundando los actos de Carrera y ejerciendo facultades y poderes que indebidamente se abrogan. 

Estado de los Altos, junio 1 de 1839.

Por supuesto, aquella protesta no prosperó; antes bien, los acontecimientos que se sucedieron los próximos meses dieron fin con el Estado de Los Altos, obligando a Gálvez a partir al exilio a México y a Barrundia a El Salvador.4 Guzmán, por su parte, como era era el jefe de las fuerzas armadas de Los Altos, fue derrotado por Carrera el 29 de enero de 1840 y luego exhibido como trofeo de guerra tanto en Quetzaltenango como en la Nueva Guatemala.5  Esta situación llevó al final definitivo de la República Federal de Centro América cuando Morazán intentó vengar a los Altos y unir a Guatemala con El Salvador por la fuerza, pero fue categóricamente derrotado por Carrera el 19 de marzo de 1840, teniendo que salir exiliado de la región.6

En cuanto a la Asamblea constituyente, ésta nunca presentó su propuesta de constitución y fue sustituida por un Consejo Constituyente tras el convenio de Guadalupe por el que Carrera consiguió que los clérigos salieran del gabinete de Rivera Paz en 1844.7  Carrera se hizo con el poder absoluto en diciembre de 1844 y no aprobó la constitución propuesta en 1845 sobreviviendo a un atentado en su contra perpetrado por estudiantes universitarios en 1846, que querían que se redactara la constitución de una buena vez.8

Carrera fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847 sin que el Consejo Constituyente hubiera emitido una nueva constitución,9 y luego renunció al poder en agosto de 1848 a petición de los criollos de ambos partidos cuando la inestabilidad en el país se hizo insostenible.10 Los liberales se hicieron con el poder, pero no pudieron tomar el control de la situación y Carrera regresó al poder definitivamente en 1849.

Los liberales centroamericanos, liderados por el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, se aliaron en contra del gobierno guatemalteco e invadieron el país, enfrentando a Carrera en la batalla decisiva en La Arada, el 2 de febrero de 1851.11  No fue sino hasta después del contundente triunfo de Carrera en la Arada que finalmente se aprobó la constitución de 1851, la cual fue redactada para facilitarle gobernar como dictador absoluto.12 De hecho, en 1854 fue nombrado presidente vitalicio y gobernó dictatorialmente hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  2. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  3. — (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central.VI.  Guatemala: Tipografía Nacional.  p. 375-379.
  4. Ibid., p. 360.
  5. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 166-168.
  6. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  7. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 397-402.
  8. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión Tipográfica.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  10. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  11. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  12. Asamblea Constituyente de Guatemala (19 de octubre de 1851). Acta Constitutiva de la República de Guatemala, Guatemala.

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26 de mayo de 1839: el Estado de Los Altos decreta su demarcación territorial

El nuevo estado de Los altos delimita sus departamentos y consigna los derechos y garantías de sus habitantes

Mapa que muestra el área aproximada que tenía el Estado de Los Altos. En ese momento las fronteras con México no estaban bien definidas y Soconusco pertenecía al departamento de Quetzaltenango. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 26 de mayo de 1839, la Asamblea Constituyente de los Altos decretó la demarcación territorial del nuevo Estado, dividiéndolo en cuatro departamentos: Quezaltenango —como se llamaba en ese entonces, y que incluía a lo territorios de Soconusco, Retalhuleu y San Marcos—, Totonicapam — como se llamaban entonces, y que incluía a Huehuetenango y Quiché—, Solóla y Suchitepéquez. En el mismo decreto consignó los derechos y garantías que correspondían a todos sus habitantes y declaraba que el nuevo Estado era uno de los que componían la moribunda Federación Centroamericana, ya que los diputados altenses tenían la esperanza de a enviar a sus representantes al nuevo pacto de confederación que esperaban que se celebrara luego del rompimiento de 1838.1,2

Ese mismo día la Asamblea de Los Altos emitió sus bases constitucionales, mientras se emitía la ley fundamental, cuyo proyecto se encomendó a José Antonio Azmitia, José Matías Quiñones y Francisco Quiñones Sunsín. La intención de los diputadores era que la Constitución de los Altos se basara en el cuadro sinóptico aprobado por la Asamblea el 29 de abril y que contenía los derechos y garantías ya mencionados, basados principios liberales de derecho público, además de que no hacía mención en él de la religión en lo absoluto, y estaba fuertemente influida por la constitución de los Estados Unidos y las primeras enmiendas que se le habían hecho a ésta.1,2

He aquí el cuadro sinóptico:3

Derechos Libertad Libertad personal
Libertad de opinión
Libertad de escribir y publicar sus pensamientos sin previa censura; pero con responabilidad.
Seguridad Nadie puede acusar, arrestar ni detener a un habitante de los Altos, sino con las formalidades y en los casos establecidos previamente por ley.
La casa de un habitante de los Altos es un asilo sagrado, que no puede ser violado, sin crimen.
Propiedad El habitante de los Altos tendrá siempre expedito el libre uso de sus bienes. El poder público del Estado garantiza las propiedades: se compromete a no exigir jamás empréstitos forzosos, a indemnizar previamente el valor de aquella propiedad que exige con urgencia la necesidad pública; y a protegerle en el ejercicio libre de su industria, sin más restricción que la que demande el interés público calificada por su representación popular.
Igualdad Todos los habitantes de los Altos son iguales ante la ley, ya premie ya castigue. La obligación de defender el Estado con las armas y de sostenerle, contribuyendo en proporción a sus haberes es igual.
Garantías Poder electoral Lo ejerce el Pueblo por medio de sus inmediatos elegidos, y éstos eligen diputados, sufragan para magistrados y el jefe de Estado
Poder constituyente Siempre es diverso del legislativo. Es convocado en los casos y de la manera prevenida en la Constitución.
Poder legislativo Lo ejercen las cámaras de Diputadores y Senadores con el veto suspensivo del Ejecutivo, y en un caso del Supremo Tribunal.
Poder ejecutivo Unipersonal, periódico, irrelegible y responsable.
Poder judicial Lo ejercen magistrados electos por el pueblo. Es independiente porque la elección de estos magistrados es para mientras dura su buena conducta, porque no hay translaciones ni promociones, y porque sus sueldos no pueden ser alterados durante la permanence de los electos en el destino.
Poder municipal Lo ejercen las Juntas Departamentales y las Municipalidades: unas y otras encargadas de la Educación Pública.
Excentricidad del P.E. Para este efecto tendrán las Juntas Departamentales la repartición de las contribuciones que decrete la Asamblea y la propuesta de los empleados del departamento.
Derecho de petición
Milicia cívica por toda fuerza pública En caso de estimarse conveniente otra fuerza que no sea cívica, nunca excederá la que se organiza de la quinta parte de la cívica que exista organizada.

En ese momento un grupo considerable de criollos liberales había emigrado a Quetzaltenango, y entre ellos estaban los antiguos líderes del derrocado gobierno del Dr. Mariano Gálvez: José Francisco Barrundia, Juan Barrundia —exjefe de Estado—, el propio Gálvez, Antonio Rivera Cabezas, Simón Vasconcelos, Juan Frem, José Bernardo Escobar, y Gregorio Márquez entre otros, quienes no solamente apoyaron la creación del Estado de Los Altos, con vana la esperanza de que junto con El Salvador —que en ese momento era gobernado por Francisco Morazán, pudieran recuperar el poder en Guatemala— sino que aconsejaron al jefe de Estado Marcelo Molina a que desoyera las invitaciones de los delegados de Guatemala para hacer la guerra a Morazán y El Salvador.4

Debido a que el Estado de los Altos se había formado con el 50% del territorio de Guatemala y contenía el 75% de la capacidad productiva de ésta, además de la importante frontera comercial con México, y salida al mar, era solamente cuestión de tiempo para que estallara la guerra entre ambos estados, como efectivamente ocurrió tras la matanza de indígenas que protestaban contra el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán el 1 de octubre de ese mismo año.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Alejandro Marure (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 115.
  2. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 99.
  3. Ibid., p. 279.
  4. Ibid., pp. 96-97.
  5. Ibid., p. 100.

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20 de mayo de 1879: muere Marcelo Molina

Fachada de la catedral colonial de la ciudad de Quetzaltenango, destruida por el terremoto de San Perfecto y la erupción del volcán Santa María en 1902. En el recuadro: el jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia del efímero Estado de Los Altos hay dos nombres que se distinguen sobre los demás: el del general Agustín Guzmán, quien fuera vice-Jefe de Estado y comandante general de armas, y el del licenciado Marcelo Molina, quien fuera el Jefe de Estado de 1838 a 1840.  Ambos lucharon por la independencia de la región altense, y ambos se estrellaron contra un rival que les resultó imposible derrotar: el general Rafael Carrera.

Molina llegó a la jefatura de Estado el 28 de diciembre de 1838, cuando tenía 38 años de edad, y siendo bachiller en Filosfía y abogado de los Tribunales, ya había servido como juez en Quetzaltenango, Suchitepéquez y San Marcos, por lo que los criollos liberales altenses confiaron en su persona para dirigirlos.  El 2 de febrero de ese año la región se había separado de Guatemala, luego de la estrepitosa caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez a manos de las huestes de Mita dirigidas por el comandante campesino Rafael Carrera.1

Tras la separación de Los Altos, el Estado de Guatemala quedó reducido a los departamentos de Verapaz, Chiquimula, Guatemala y Escuintla, y con solamente el 25% de su capacidad productiva.2 El Estado de Guatemala estaba controlado a medias por Mariano Rivera Paz, y el presidente federal, general Francisco Morazán, tuvo que intervenir para reducir a las fuerzas de Carrera a la región de Mita, y luego sustituyó a Rivera Paz por el salvadoreño Carlos Salazar en la jefatura del Estado el 30 de enero de 1839.3

Sabiendo que la autoridad de Morazán se tambaleaba, a pesar de su triunfo en la batalla del Espíritu Santo sobre las fuerzas de Honduras y Nicaragua, Carrera perpetró un golpe de estado contra Salazar el 13 de abril de 1839, restituyendo a Rivera Paz y a sus asesores aristócratas y de inmediato empezó a pensar en recuperar el territorio del Estado de Los Altos, ya que este comprendía el 75% de la capacidad productiva de Guatemala y tenía la importante frontera con México, aparte de salida al mar en Champerico.4 A partir de ese momento, Guatemala intentó negociar con los altenses, enviando como comisionados a Luis Batres Juarros y a Manuel Piñol, a quienes recibió Molina con toda cortesía, pero sin doblegarse a sus peticiones.  Para entonces, el Estado de Los Altos tenía un serio problema: las revueltas indígenas en contra de la capitación, que era un impuesto individual abusivo que dejaba a los campesinos sin poder cubrir con sus necesidades básicas.  El 1 de octubre de 1839, tras una revuelta indígena en Santa Catarina Ixtahuacán, los indígenas acudieron a Carrera para quejarse de la masacre perpetrada en su contra por el ejército de Los Altos, y esta fue la chispa que desató la guerra entre ambos estados.5

A pesar de la habilidad militar de Agustín Guzmán, sus fuerzas fueron derrotadas por Carrera en Sololá, y él mismo fue desnudado, engrilletado, y colocado sobre una mula con una manta antes de entrarlo a la ciudad de Quetzaltenango como trofeo de guerra. Al saber esto, Molina no quiso huir y se dispuso a entregar la vida por sus ideales liberales.  He aquí cómo relató lo ocurrido:

Aproximándose a la capital del Estado [de Los Altos], se pidió por mi gobierno al comandante Carrera que admitiese comisionados y ajustase con ellos un convenio, en el cual no se le exigía otra cosa que el reconocimiento de la independencia, liberal y soberanía del Estado y las autoridades constituidas y la garantía de las vidas y propiedades.6

Los presos y presidiarios se escaparon de la cárcel, y apoderándose de las armas, amenazaron al vecindario; y no hallándose por conveniente aumentar la fuerza compuesta de los pocos vecinos que se habían reunido  para conservar el orden, a tiempo que se aproximaba la de Carrera, de acuerdo con la corporación municipal, le escribí significándole la situación de la capital exigía que apresurase sus marchas.7

Su entrada a Quetzaltenango la hizo el 29 de enero, conduciendo en triunfo al comandante general [Agustín Guzmán], atravesado en el aparejo de una mula, con dos pares de enormes grillos, y cubierto con una frazada de jerga, pues se l había despojado hasta del sombrero.  Veía y no creía esta conducta bárbara del agresor, porque no me había asegurado que venía guardando otra muy diferente; pero a pesar de esto, y de la manera incivil y desatenta con que recibió a los comisionados, a quienes ni aún ni audiencia dio, yo me decidí a permanecer en el puesto para que no se tomase por motivo de la destrucción del Estado [de Los Altos] el desaparecimiento del gobierno, y porque había ofrecido solemnemente en mis proclamas, perecer antes que abandonar la silla del gobierno en los momentos de peligro. 

En mi casa me encontró el ayudante de Carrera que fué a llamarme de su orden, y en cuya presencia, en la del párroco y en la de varios individuos que me acompañaron, temerosos del objeto de aquel llamamiento, me recibió en el cuartel de la plaza en medio de su tropa, y su saludo fue llamarme a gritos pícaro y orgulloso, diciéndome que: ¿por qué no me lo había presentado, teniéndome bajo la suela de su zapato?  Me amenazó enseguida de que me haría fusilar dentro de tres horas, y luego en ademán de llevarme a que viese al general Guzmán, a quien tenía con grillos e incomunicado en una de las piezas del cuartel, medijo que me iba a mandar conducir mancornado con él para fusilarnos juntos.  Me cubrió de todo género de injurias y amenzas manifestándome sumamente resentido de que no hubiese salido a encontrarlo, ni me lo hubiese presentado en el momento de su llegada, y concluyó despidiéndome.

En Guatemala, sin embargo, se publicó por la prensa que «yo libre ya del influjo de los facciosos, había salido a la cabeza de la municipalidad y vecindario a recibir al general Carrera».

Aunque éste había comenzado de hecho a gobernar mudando a los jefes políticos, el principal objeto de aquel indigno e inaudito tratamiento, era el de amedrentarme para que huyese.  Yo no dudaba que al fin sería sacrificado; pero mi sacrificio a la independencia del Estado, fue una resolución en que no titubeé en la prolongada ansiedad del peligro. Permanecí en mi puesto, y todavía el jefe [Mariano] Rivera Paz, para justificar la usurpación, dice en su referido mensaje: «Toda autoridad había desaparecido», y luego sin pudor añade a pocas líneas contradiciéndose torpemente: «El encargado del gobierno había quedado solo».8

Carrera le perdonó la vida a Molina quien salió al exilio a México junto su familia, en donde junto con el ex-jefe de Estado de Guatemala Mariano Gálvez abrieron un prestigioso bufete de abogados.8

Cuando ya Carrera era presidente vitalicio, Molina regresó a Guatemala, y el presidente lo llamó para que desempeñara importantes puestos en el Organismo Judicial, ya dejando las rivalidades de antaño por un lado.9

Molina vivió hasta la edad de 79 años de edad, muriendo el 20 d emayo de 1879 en la ciudad de Quetzaltengo, su tierra natal.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulos de las Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 313.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  4. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  5. Elgueta, Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán),  p. 100.
  6. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI. p. 314.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 316.
  9. Ibid., p. 317.

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26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro, pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos. Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual. Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°.— El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°.— En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°.— No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°.— Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°.— El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°.— El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió. El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala. Uno de sus primeros actos fue sacar al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!» Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

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2 de febrero de 1838: Quetzaltenango invita a Los Altos a segregarse de Guatemala

Ante la caída del gobierno del liberal Mariano Gálvez a manos de la revuelta católico-campesina, los criollos liberales de Los Altos optan por segregarse del Estado de Guatemala

2febrero1838
El interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala antes de los terremotos de 1917-18. Las hordas campesinas de Carrera exigieron a las autoridades eclesiásticas que abrieran la Catedral tras derrocar a Gálvez en 1838, ya que ésta había estado cerrada desde la expulsión del arzobispo Casaus y Torres en 1829. En el recuadro: José Francisco Barrundia, líder liberal que provocó la caída de Gálvez primero al aconsejarle decretar los Códigos de Livingston y luego al aliarse con Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez debido a la revolución católico-campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera contra el impuesto personal a los campesinos, contra las medidas anticlericales y contra las leyes del nefasto Código de Livingston,1 se desató la anarquía en el Estado y los criollos aristócratas retornaron a Guatemala para tratar de hacerse con el poder, por lo que los criollos liberales de la región de Los Altos, —que comprendía todos los departamentos del occidente guatemalteco incluyendo el Soconusco (que actualmente es parte de México)— decidieron separarse de Guatemala y formar su propio estado. El 2 de febrero de 1838, desde Quetzaltenango se nombraron comisionados que pasaron a todos los poblados de la región para pedirle a los criollos que se pronunciaran al respecto, y se estableció un gobierno provisorio integrado por el Lic. Marcelo Molina, José María Gálvez y el Lic. José Antonio Aguilar.2

Debido a las rencillas que había habido entre los criollos de QuetzaltenangoNota ay de TotonicapánNota b tras la caída del gobierno de Juan Barrundia en 1826, ambas cabeceras firmaron un tratado de amistad y paz el 22 de agosto de 1830, por lo que ambas participaron activamente en la formación del Estado de Los Altos.  Por esa razón, al recibir las noticias desde Quetzaltenango, los criollos de Totonicapán la acuerparon inmediatamente, y el 7 de febrero la municipalidad emitió el acta siguiente para invitar a la municipalidad de SololáNota c a hacer lo mismo:3

En la ciudad de Totonicapán, a siete de febrero de mil ochocientos treinta y ocho, en sesión ordinaria de este día concurrieron los ciudadanos, que al margen se anotan: se dió principio a la sesión con la lectura del acta anterior y fué aprobada. En seguida la Municipalidad nombró á los ciudadanos Vicente Hernández, Párroco encargado de esta ciudad, Anastasio González y Nicanor Dubón para que en comisión pasen á la villa de Solóla cerca de aquella Corporación Municipal á proponer tratado de alianza y unión para la formación de un Sexto Estado en la Federación de Centro-América, el mismo que han jurado ya formar los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán,Nota d quienes se han pronunciado independientes del Estado y Gobierno de Guatemala a consecuencia de hallarse aquel Estado en la actualidad en la más espantosa anarquía, a causa de haber sido depuesto del mando el Jefe de Estado ciudadano Dr. Mariano Gálvez por una facción sostenida por el capricho y ambición de varios partidarios desnaturalizados de la misma capital de Guatemala;Nota e y que en esta virtud la comisión nombrada haga ver a aquella Municipalidad las desgracias á que quedarían sujetos los pueblos de los Altos y los grandes bienes de que se privarían si no se lograse la oportunidad de segregarse en la ocasión;Nota f no dudando el pueblo totonicapeño que los del departamento de Solóla secundarán tan interesante proyecto, pues aun prescindiendo de las ventajas que las circunstancias actuales y políticas del Estado reportarán, demandan con urgencia una medida eficaz para salvarnos de los grandes é infinitos males que despedazan los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez; y para lograr tan interesante empresa se dio á los indicados comisionados la correspondiente certificación del pronunciamiento.

Se acordó: que del ramo de Comunidad se tomen en calidad de reintegro treinta y un pesos cinco reales para celebrar el loable pronunciamiento de segregación del Estado de Guatemala y formación de un Sexto en la República de Centro-América; con lo que se dio por concluido el presente acto, de que certifico.

        • José María Amézquita
        • Manuel Enríquez
        • Norberto Córdova
        • Felipe Say
        • Por mí y por los que no saben, Nicanor Dubón3

Por su parte, un día después de que la Asamblea del Estado de Guatemala delegó en la Asamblea Federal decidir si autorizaba la formación del Sexto Estado o no,4 el 16 de febrero de 1838 el general Agustín Guzmán -un oficial mexicano que había llegado a la región junto con las tropas de Vicente Filísola, pero que prefirió quedarse antes que regresar a México- dió a los criollos altenses el siguiente manifiesto en el que explicaba por qué era necesario desligarse de Guatemala:5

«Un funcionario republicano, cualquiera que sea su categoría, pertenece al pueblo, de él origina su poder y para él fue creado. Al pueblo debe dar cuenta de sus operaciones y su conducta pública, mucho más en las crisis políticas.

Profesando esos principios, estoy en el caso de manifestar a mis conciudadanos cual ha sido mi situación, cual mi conducta en el tiempo difícil que me ha tocado, y si he cumplido con mi primer deber, que es conservar la tranquiliad y el buen orden en los departamentos cuyas armas he mandado.

No es la elocuencia, de que carece mi pluma, la que debe trazar el cuadro que me propongo pintar; son los hechos, tales cual han pasado en estos días de consternación, de que todos son testigos. Ajeno de las afecciones que los partidos políticos dejan cuando desenfrenadas las pasiones se apoderan del corazón; mi narración será sencilla, verdadera, también imparcial, cuanto se posible en esta clase de documentos.[…]

La alarma crecía, los amagos eran terribles, la efervescencia se generalizaba, los momentos eran críticos y yo logado a un Gobierno cuya existencia ignoraba, vacilaba porque siendo un subalterno tenía que deliberar en órbita superior a mi autoridad, a mis luces y a mis fuerzas.  En lo privado y como particular conjuré algo la tempestad: la anarquía, el azote mayor para los pueblos se presentaba á mis ojos con todos los horrores de la guerra fratricida, de que la Capital estaba siendo el teatro más sangriento por un enigma inexplicable, sino se atribuye á la desesperación de un partido que no se cree suficiente para triunfar de su contrario: hablo de la unión de fuerzas que parecieron heterogénas, hicieron causa común.Nota g

[…] Mas todo parece que conspiraba á dar un corte ventajoso, pues era pacífico. Llegan las primeras noticias de la Capital, y el grito general y uniforme de ‘No existe el Gobierno á quien reconcíamos’ resuena por todos los Altos: La Capital es presa de las facciones armadas: el Vice-Presidente de la República es víctima de ellas y otras personas más han sido inmoladas por el desenfreno de las vergonzosas pasiones: la anarquía es segura, pues la fuerza que para el triunfo parecía compacta al momento, ya sea por la diferencia de principios, sea por el desorden y el pillaje, lo cierto es que se halla divergente.

Nuestros compromisos han cesado, no porque fuesen personales, sino porque la Constitución y las leyes no existen. Nadie quiere depender del desorden, en que las vidas y las propiedades carecen de las garantías que nos unen en sociedad. […]

Si en algún caso puede ser aplicable la teoría de recuperar una sociedad sus derechos primitivos, ésto es de creérsele en el estado natural, es ciertamente el presente, en que por cuestiones secundarias y confundiendo la existencia de un Gobierno con la responsabilidad de la persona que lo ejerce; estando próxima la reunión del Cuerpo soberano ante quien debía comparecer nada se aguarda, y de hecho la fuerza decide. En tales acontecimientos, cada ciudadano tiene un voto libre; si una gran parte del Estado pronuncia su separación, lo hace legítimamente, sin que pueda con justicia decirse que rompe los vínculos que lo ligaban, porque éstos disueltos por las manos que rasgaron el pacto fundamental del Estado, carecen de fuerza y valor, mientras explícitamente no sean ratificados.»5, Nota h


NOTAS:

    • a: en ese entonces, el Departamento de Quetzaltenango incluía a los modernos departamentos de San Marcos y de Retalhuleu que solamente eran provincias)
    • b: el Departamento de Totonicapán incluía a los modernos departamentos de Huehuetenango y el norte de Quiché)
    • c: el Departamento de Sololá incluía al moderno departamento de Suchitepéquez
    • d: entiéndese aquí que quienes tomaron esa decisión fueron los criollos locales
    • e: los criollos altenses no reconocen que fueron las medidas anticlericales y los impuestos abusivos sobre los campesinos los que originaron la caída de Gálvez, y prefieren acusar a los criollos aristócratas de haber instigado la rebelión contra el gobernante.
    • f: los criollos altenses sabían que el 75% de la producción del Estado provenía de su región y preferían aprovecharla ellos antes que compartirla con los aristócratas y campesinos que habían derrotado a Gálvez
    • g: aquí Guzmán acusa a los criollos aristócratas de haber coludido con los campesinos de Carrera, sin reconocer que fueron los propios criollos liberales con José Francisco Barrundia a la cabeza quienes se aliaron con Carrera para terminar con el gobierno de Gálvez.
    • h: aquí Guzmán se refiere a que estaban por iniciarse la reuniones de la Asamblea Legislativa de la Federación Centroamericana, y confiaba en que allí autorizarían la formación del Sexto Estado, como finalmente ocurrió.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Ibid., pp. 92-93
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de Orden Especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. García Elgueta, Un pueblo de Los altos, pp. 93-94.
  6. Ibid., pp. 96-97.

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31 de enero de 1823: el Acta de «Casa-Mata»

Pronunciamiento de Casa-Mata en México provoca la caída de Iturbide y permite a Centroamérica recuperar su soberanía

Entrada triunfal de Agustín de Iturbide en México, en 1821. Luego de ser proclamado emperador, su ambición desmedida provocó el rechazo del pueblo que antes lo aclamara. En el recuadro: el general italiano Vicente Filísola, quien gobernó Centroamérica bajo las órdenes de Iturbide. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Entrada triunfal de Agustín de Iturbide en México, en 1821. Luego de ser proclamado emperador, su ambición desmedida provocó el rechazo del pueblo que antes lo aclamara. En el recuadro: el general italiano Vincenzo Filísola, quien gobernó Centroamérica bajo las órdenes de Iturbide. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El proceso de independencia en México fue muy largo y complejo, y costó mucha sangre y dinero. Finalemente, el Plan de Iguala y los tratados de Córdova permitieron al oscuro sargento Agustín de Iturbide llegar a convertirse en el emperador de México en 1821.1 Poco después, el 15 de septiembre, Centroamérica declaró su independencia de España2 e Iturbide presionó a sus nuevas autoridades, hasta que finalmente se firmó la Anexión de Centroamérica al Imperio de Iturbide el 5 de enero de 1822.3

Con esta anexión las provincias centroamericanas empezaron a pagar impuestos para el Emperador, quien envió al general Vincenzo Filísola a hacerse cargo de la región en lugar de Gaínza. Por cierto que Filísola era un ciudadano de Italia que formaba parte del ejército español y terminó sirviendo al emperador mexicano debido al giro que habían tomado los acontecimientos.4

Aquella anexión tardó poco más de un año, que fue verdaderamente desastroso para la región centroamericana; aparte de los elevados impuestos que hubo que pagar, hubo los levantamientos en El Salvador que fueron sofocados a sangre y fuego por Filísola.

Los desatinos del Emperador Iturbide provocaron su inevitable caída ya que en lugar de preocuparse por una administración eficiente de su enorme imperio, Iturbide se ocupó en su propia coronación, en la creación de honores y distinciones para sus cortesanos y en la de la Orden Guadalupana, para lo que gestionó un préstamo con Inglaterra, pues las arcas nacionales habían quedado vacías tras la guerra de independencia.5

Ante esta situación, los diputados se opusieron a los designios del emperador, y éste disolvió el Congreso el 31 de octubre de 1822 pretextando que había una conjuración de diputados, he hizo prisioneros a varios de ellos. Entre los que estuvieron en prisión estuvieron los diputados por Centroamérica, José Cecilio del Valle, Juan de Dios Mayorga, Marcial Zebadúa y Santiago Milla.6,Nota

En respuesta a esto, el general López de Santa Anna se rebeló y proclamó la república mexicana aunque sus fuerzas fueron derrotadas en Xalapa. La situación se tornó insostenible para el Emperador y entonce se produjo el pronunciamiento militar conocido como «Acta de Casa-Mata«, que dice así:7

Acta de Casa-Mata

Los señores general de división, jefes de cuerpos sueltos y oficiales del Estado Mayor, y uno por clase del ejército, reunidos en el alojamiento del general en jefe para tratar sobre la toma de Veracruz, y de los peligros que amenazan a la patria por falta de representación nacional, único baluarte que sostiene la libertad civil; después de haber discutido extremadamente sobre su felicidad con presencia del voto general, acordamos en este día lo siguiente:

Artículo 1°.— Siendo inconcuso que la soberanía reside exclusivamente en la nación, se instalará el Congreso a la mayor posible brevedad.

Artículo 2°.— La convocatoria se hará bajo las bases prescritas para las primeras.

Artículo 3°.— Respecto a que entren los señores diputados que formaron el extinguido Congreso, hubo algunos que por sus ideas liberales y firmea de carácter se hicieron acreedores al aprecio público, al paso que otros no correspondieron debidamente a la confianza que en ellos se depositó, tendrán las provincias la libre facultad de reelegir los primeros, y sustituir a los segundos con sujetos más idóneos para el desempeño de sus arduas obligaciones.

Artículo 4°.— Luego que se reunan los representantes de la nación, fijarán su residencia en la ciudad o pueblo que estimen por más conveniente, para dar principio a sus sesiones.

Artículo 5°.— Los cuerpos que componen este ejército y los que sucesivamente se adhieran a este plan, ratificarán el solemne juramento de sostener a toda costa a la representación nacional y todas sus decisiones fundamentales.

Artículo 6°.— Los jefes, oficiales y tropa, que no estén conformes con sacrificarse por el bien de la patria, podrán trasladarse donde les convenga.

Artículo 7°.— Se nombrará una comisión con igual copia en la plaza de Veracruz, a proponer al gobernador y corporaciones de ella lo acordado por el ejército, para ver si se adhieren a él o no.

Artículo 8°.— Obra a los jefes de los cuerpos dependientes de este ejérctio, que se hallan sitiando el puente y las villas.

Artículo 9°.— En el interín contesta el supremo gobierno de lo acordado por el ejército, la diputación provincial de esta provincia será la que delibere en la parte administrativa, si aquella resolución fuese de acuerdo con su opinión.

Artículo 10°.— El ejército nunca atentará contra la persona del Emperador, pues lo contempla decidido por la representación nacional.

Artículo 11°.— Aquél se situará en las villas o en donde las circunstancias lo exijan y no se desmembrará por pretexto alguno hasta que lo disponga el soberano Congreso, atendiendo a que será el que los sostenga en sus deliberaciones.

Casa-Mata. 1°. de febrero de 1823.

    • José Antonio Echávarri
    • [Siguen las firmas de los oficiales]7

Esta acta fue prácticamente un golpe militar contra el Emperador, quien tuvo que abdicar y salír huyendo de Tacubaya, perseguido por la plebe que lo insultaba y finalmente se embarcó hacia Italia. Cuando Filísola se enteró de la caída de Iturbide poco después de haber sometido a El Salvador, se dio cuenta de que lo mejor era convocar a una Asamblea Constituyente en Centro América para que ésta recuperara su soberanía,8 lo que se hizo por medio del acta del 1 de julio de 1823, en la que se estipula que Centro América era independiente de España, de México y de cualquiera otra potencia, y que no era el patrimonio de persona ni de familia alguna. Por su parte, la región de Chiapas aprovechó la recién recuperada independencia para unirse a México definitivamente.9

Una vez reunida la Asamblea y redactada el Acta de Independencia de las Provincias Unidas del Centro de América, Filísola abandonó la región para siempre, dejándola en manos de los criollos conservadores y de los criollos liberales, que terminaron por desmembrarla debido a su mutua animadversión.10


NOTAS:

  • a: el licenciado José Cecilio del Valle logró salir de prisión y llegó ser el Primer Ministro de Iturbide

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 178.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Irisarri, Antonio José (1862). Refutacion de la refutacion que Don Lorenzo Montufar ha publicado en Paris de las que él llama Aserciones Erróneas publicadas por el Monitor Universal del 16 de mayo último sobre la guerra de Guatemala contra San Salvador I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 18.
  4. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541.
  5. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 179.
  6. Ibid., p. 229.
  7. Ibid., pp. 179-180.
  8. Hernández de León, Federico (12 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 12 de febrero de 1823, Filísola recibe copia del Acta de Casa de Mata”. Guatemala: Nuestro Diario.
  9. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 24-30.
  10. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 181.

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1 de octubre de 1839: el ejército de Los Altos masacra a 39 indígenas

El ejército del Estado de Los Altos masacra a 39 indígenas que se negaban a pagar el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán; principio del fin del Estado de Los Altos

1octubre1839
Ruinas del poblado de Santa Catarina Ixtahuacán en el departamento de Sololá, Guatemala. En el recuadro: el capitán general Rafael Carrera, quien invadió Los Altos y lo retomó para Guatemala tras la masacre del 1 de octubre. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un asunto que se ha dejado por un lado del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez ha sido el papel que jugó el impuesto individual que se impuso a los campesinos en su derrocamiento. He aquí como describe el general Rafael Carrera en sus memorias aquel infortunado tributo:

«Muchas causas habían preparado de antemano el disgusto de los habitantes del Estado: una de ella fue la contribución personal que se había asignado por aquel Gobierno a cada uno de los habitantes, a quienes se les señaló dos pesos por persona que pagaban anualmente. Sufrieron este gravamen con resignación, sustituyendo le tributo antes abolido desde que se hizo la Independencia del Gobierno Español.«1

Carrera era originario de la Ciudad de Guatemala, pero se mudó a Mataquescuintla, entonces parte del distrito de Santa Rosa. En 1821, con la Independencia, los indígenas de Mataquescuintla solicitaron ser exentados del tributo individual (llamado también capitación) y el año siguiente no lo pagaron. Luego, en 1824, recharzaron nuevamente pagar el tributo a pesar de que todos los demás poblados del departamento de Chiquimula lo pagaron. Y ya para 1834, las autoridades del departamento de Chiquimula informaron al gobierno de Gálvez que los pueblos ignoraban el pago del impuesto.2

La capitación fue solamente uno de los elementos que alteraron a la población y la llevaron a la rebelión. Nuevamente reproducimos las memorias del general Carrera:

«En seguidas jefes militares, no de muy buena conducta fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrariedades con que obraban, echándose la odiosidad de sus Gobernados. Otras de las causas que contribuyeron no menos que las primeras, fue el establecimiento de [los Códigos de Livingston] en que se variaba enteramente la administración Judicial y la Religiosa, autorizando a los jueces a casar y descasar a su antojo echando por tierra de un golpe a la Religión y a sus ministros, y variando el sistema, estableciendo solamente por influencia de unos pocos a quienes parecía bueno el Código, que ellos mismos no entendían; esto causó una alarma general en todo el país, en que por naturaleza las gentes son religiosas. Todavía sufrieron tal providencia; pero en seguidas la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epimedia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dio el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboleda de dentro de ellos y sus inmediaciones, y cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, subió […] la agitación general3

Esto provocó el estallido de la rebelión católico-campesina contra Gálvez, quien tomó podedes excepcionales en junio de 1837, y en agosto de ese mismo año suspendió definitivamente la contribución individual. A pesar de eso, los tropas de Carrera ganaban terrirtorio en el oriente del país, y Gálvez perdió el apoyo de los criollos liberales quienes se aglutinaron en el occidente del Estado y decidieron independizarse de Guatemala, formando el Estado de Los Altos. En diciembre de 1837, Gálvez formó un nuevo gabinete con criollos conservadores recientemente retornados del exilio, pero a finales de enero de 1838 no pudo evitar que las fuerzas campesinas de Carrera entraran en la ciudad. Aquel fue el final del impuesto de capitación en el Estado de Guatemala, pues el 17 de marzo de 1838 el periódico oficial publicó que dicho impuesto no se podía cobrar porque pesaba sobre las clases más pobres y éstas se resistían a pagarla.2

Sin embargo, en Los Altos, las nuevas autoridades criollas establecieron nuevamente la capitación, y ésta fue la causa de su caída. El rechazo al cobro de dicho impuesto en Santa Catarina Ixtahuacán llevó a la masacre de 39 indígenas de ese poblado el 1 de octubre de 1839, a manos de las tropas de Los Altos. Pero no sólo era en Santa Catarina donde se negaban a pagar; muchos de los poblados no querían pagar el impuesto individual en parte porque no querían ser parte de Los Altos, y en parte porque se oponían a que las autoridades del nuevo estado los obligaron a construir un camino de Quetzaltenango a la costa sur en Suchitepéquez usando las tierras y la mano de obra de los indígenas de la región.2 Aquel episodio es narrado en forma muy diferente por los historiadores liberales; he aquí un ejemplo:

«Con motivo de una contribución impuesta por el Gobierno del Estado, los indios de Santa Catarina Ixtahuacán se sublevaron. Los jefes departamentales de Sololá y Totonicapán estuvieron a punto de perecer en la sublevación. Un indio de Santa Catarina perdió un hijo en el combate de 1 de octubre, y tuvo la salvaje ocurrencia de cortar la cabeza al cadáver de su hijo y llevarla en exhibición al palacio de Gobierno, como una prueba de la tiranía y de la crueldad de[l jefe de Estado de Los Altos].«4

El resultado fue que cuando el general Rafael Carrera se enteró de la masacre, decidió invadir el Estado de Los Altos con un ejército de 2000 hombres; para entonces las relaciones entre Guatemala y Los Altos estaban demasiado tirantes y el resultado no podía ser otro que llegar a la lucha armada.2

Aquella invasión no solamente sería el fin del Estado altense, sino también de la carrera política del general Francisco Morazán, quien invadió a Guatemala en marzo de 1840 para vengar la acción de Carrera, pero fue rotundamente vencido por las fuerzas guatemaltecas en la capital del Estado.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de documentos Históricos y biográficos. 1 Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 15.
  2. Pollack, Aaron (2019) La contribución directa y la capitación en Chiapas y Guatemala en las décadas republicanas. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 45. Costa Rica: Universidad de Costa Rica.
  3. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 16-17.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  5. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 80-90.

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5 de agosto de 1848: Carrera anuncia que va a renunciar

Tras vencer a los alzados altenses en Patzún, el general presidente Rafael Carrera lanza una proclama anunciando su próxima renuncia, la cual le habían pedido los criollos de ambos partidos.

5agosto1848
Mapa del Estado de Guatemala en 1826. Los límites en negro muestran la separación entre Guatemala y el Estado de Los Altos, tras la creación de este último en 1838 y 1848.  Nótese la enorme área que ocupaba Totonicapán y que ya en 1826 existía el enclave británico de Belice (llamados Walys en el mapa) pero que llegaba solamente hasta el río Belice. Y nótese que la punta de Manabique pertenecía al Estado de Honduras. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La situación del país en 1848 era caótica, con numerosos alzados en las montañas y ladrones en los caminos, y se llegó al punto en que los criollos de ambos partidos le pidieron al general presidente Rafael Carrera que presentara su renuncia al cargo, pensando que podrían hacerse cargo de la situación.  Aquel estado de cosas era promovido por los criollos liberales y su principal aliado, el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos.1

Aprovechando aquella situación, los criollos liberales del Estado de Los Altos intentaron independizarse nuevamente.  Roberto Reyes, uno de los jefes de los alzados montañeses emitió la siguiente proclama para los criollos altenses:

«Quetzaltecos y pueblos de todos Los Altos: Yo os saludo con el olivo de vuestra libertad.  Esta preciosa joya que perdisteis tan ignomiosamente y que quedó sembrada y fecunda con la sangre de vuestros iluestra y más distinguidos ciudadanos, es la que hoy venimos a brindaros floreciente.

Recibid este pequeño servicio de los héroes de las montañas, que no han perdonado trabajos de todas clases por conquistarla.  Sabedla apreciar, depositándola en manos puras y diestras que la sepan conservar.  La única recompensa que  os pedimos es que, unidos a nosotros cooperéis con vuestros brazos a consumar la obra grande que tenemos emprendida y es ya casi concluida.

Guatemala, nuestra hermana, está en conflicto; corramos a defenderla, y unidos todos en sentimientos no nos detengamos hasta recobrar completamente nuestras libertades y derechos: «¡VIVAN LOS ALTOS LIBRES!» ¡Viva Guatemala! ¡Vivan las libertades públicas! ¡Muera el déspota y sus tenaces defensores!…«2, Nota

Poco después, el general Serapio Cruz («Tata Lapo») llegó a Quetzaltenango y se hizo anunciar como «protector de la independencia.»  Para el 10 de julio, todos los pueblos altenses se alzaron y Carrera tuvo que salir a enfrentarlos con su ejército.  El 14 de julio se produjo la batalla de Patzún, donde Carrera salió triunfador y luego se dirigió a Quetzaltenago para pacificar la región.  De acuerdo al escritor liberal Carranza: «afortunadamente, no se repitieron las horrorosas escenas de 1840″, cuando Carrera hizo pasar por las armas a los principales criollos de la ciudad.2

No obstante este triunfo, Carrera sabía que sus días en la presidencia estaban contados, pues hasta los criollos conservadores le estaban pidiendo la renuncia.  Así pues, emitió la siguiente proclama el 5 de agosto:

«Compatriotas: restablecido el orden en Totonicapán y Quetzaltenango, he regresado con la valiente división que defendió a la capital en Patzún, dispuesto a consagrar mi existencia al mantenimiento del orden en los pocos días que debe pesar sobre mi el cargo de la Presidencia de la República».3

Dijo también:

«Guatemaltecos: está próximo el término de mi carrera pública. El día que se halle reunido el cuerpo de representantes, mi nombre cesará de ser ocasión de desgracias. Ese día terminará mi deber de sostener una lucha fratricida. El sosiego y quieted de los pueblos; la seguridad de las personas y de las propiedades; el bienestar de las gentes honradas y pacíficas de las poblaciones y de los campos, y la conservación de la hermosa ciudad, estaban a micargo y he debido defenderlas.  El día que yo sea relevado del Gobierno sustituirá el deber de conservar estos intereses sagrados de la sociedad; que ya no podrá decirse que se combate por sostener a un hombre. A vosotros tocará entonces la noble empresa de salvar la República.»4

El 16 de agosto se reunió la Asamblea y admitió la renuncia de Carrera, quien salió al exilio voluntario en Chiapas, mientras que el gobierno guatemalteco quedaba en manos de Juan Antonio Martínez,3 quien al saber que había sido nombrado presidente dijo: «¡No señores! ¡Conmigo se hunde la patria!» y salió huyendo en su mula hasta que lo alcanzaron los miembros de la guardia y lo obligaron a regresar a la ciudad.

Ya sin Carrera, Los Altos se envalentonaron y proclamaron nuevamente su independencia, solamente para ser nuevamente reducidos cuando el general regresó del exilio en 1849.5,6 Eventualmente, tras la muerte de Carrera en 1865 los criollos liberales altenses lograron triunfar con la revolución liberal de 1871, y finalmente se hicieron con el poder en todo el país.


NOTAS:

  • Nótese cómo los criollos liberales altenses se consideraban como una nación aparte que tenía que ayudar a su «hermana» Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  2. Ibid., p. 113.
  3. Ibid., p. 115.
  4. Hernández de León, Federico (1966) El libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. VII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  5. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  6. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.

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18 de mayo de 1838: se rompe el Pacto de la Federación Centroamericana

Luego de que Francisco Morazán se negara a convocar a elecciones, el Congreso Federal autoriza a los estados a organizar como mejor les parezca rompiendo el Pacto de la Federación Centroamericana

18mayo1838
Palacio Nacional de San Salvador, en la época en que allí funcionaba la capital federal de Centro América.  En el recuadro: el presidente de la República Federal, Francisco Morazán, quien se había negado a convocar a elecciones en 1839, provocando así el rompimiento del Pacto Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Ruptura del Pacto Federal Centroamericano ocurrió de hecho el 18 de mayo de 1838, cuando se reunió el Congreso Federal en San Salvador, entonces la capital federal, en vista de que el presidente, el general liberal Francisco Morazán, no había convocado a las elecciones generales que debían realizarse ese mismo año, ya que su período presidencial y el del vicepresidente terminaba el 1 de marzo de 1839.1 En aquella sesión del Congreso se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales. Los Estados de Nicaragua, Honduras y Costa Rica no lo pensaron dos veces y se separaron del pacto federal, constituyéndose en naciones soberanas, libres e independientes, dejando a la República Federal formada únicamente por Guatemala, El Salvador y El Estado de Los Altos.1

El 7 de julio de 1838, el Congreso Federal emitió su último decreto, indicando que «los estados federados de Centro América son, y por derecho deben ser, cuerpos políticos, soberanos, libres e independientes«.2  Ante esto, la Asamblea Legislativa del estado de Guatemala, que estaba sumergido en una guerra civil que ya había derrocado al gobierno del Jefe de Estado, Dr. Mariano Gálvez y provocado la pérdida de la mitad de su territorio por la segregación del Estado de Los Altos, emitió el siguiente decreto:3

«La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando: que el decreto del congreso de 30 de mayo último que deja en libertad a los estados para reconstituirse libremente sin las restricciones del título 12.° de la constitución federal, y su aclaratoria de 9 de junio que deja vigentes las partes 2a. y 3a. del artículo 178 del mismo título, relativas a las contribuciones y fuerzas permanentes que corresponden a la federación, envuelven una reforma conveniente y necesarioa: que los estados deben recobrar el poder que les corresponde en su capacidad política; y ha llegado el momento de que se constituyan por sí mismos segun sus aptitudes; y que este paso clásico de la libertad, no debe darse, por el interés mismo de la paz pública, relajando el lazo que une los estados a la federación, y anulando indirectamente el poder nacional, mientras éste se reforma y se establece mas en armonía con los principios de los gobiernos populares; ha tenido a bien decretar y decreta:Admítese por el estado de Guatemala el decreto del congreso de 30 de mayo del corriente año, que reforma el título 12.° de la constitución federal, con las explicaciones hechas por el mismo congreso en su resolución de 9 de junio último.»3

Y poco después, emitió un nuevo decreto convocando a la elección de una Asamblea Constituyente para que se emitiera una constitución para el Estado, que para entonces estaba sumido en la anarquía y con un territorio muy reducido:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando:

Que la constitución dispone convocar una asamblea constituyente cuando el título 12.° de la constitución federal fuere alterado por la República, como se ha verificado ya por un decreto del congreso, admitido por la mayoría de los estados;

Que el pacto social se ha disuelto por la creación de un nuevo estado en Los Altos, acordada también por el congreso, y establecídose de hecho un gobierno independiente al de Guatemala;

Que es necesario, además, restablecer la calma y majestad del estado, por una medida pronta y salvadora, hallándose actualmente su poder legislativo sin la basa y propiedad de representación que le corresponde; agitado en lo interior por las facciones; empeñado en una guerra de los bárbaros contra la civilización; y sin vigor ni eficacia la ley fundamental que lo ha regido, ni los poderes supremos que lo constituyen:

Considerando sobre todo, que es indispensable reconstruir la la sociedad por ella misma y convocar al soberano cuando su ley primordial no se escucha, o se ha alterado por la discordia civil; y que cualquiera que sea la razón suprema de reunir al pueblo para que restablezca el pacto, el medio de verificarlo debe ser el más claro y directo, a fin de que expida su voz soberana por el órgano de sus representantes inmediatos; que la sociedad tiene siempre un derecho inconcuso e inenagenable de examinar, de admitir o reprobar la ley, que, en uso de los poderes supremos que ha conferido, le hayan dado sus representantes al constituirla;

No pudiendo hacer un poder superior a la sociedad, y siendo la elección directa y la sanción inmediata del pueblo, los dos únicos medios de pronunciarse, al restablecer su pacto y crear los poderes supremos y los derechos primordiales de la ley fundamental;

Teniendo el cuerpo legislativo el mayor respeto a los derechos del pueblo de Guatemala, y a los principios democráticos que profesa y que constituyen desde la independencia nuestra organización social, dispone consignarlos especialmente en la acción directa del pueblo para el nombramiento de sus mandatarios; en la revisión por él mismo de su ley fundamental; y en la creación de un cuerpo constituyente numeroso, en que puedan ser bien representados los diversos intereses sociales, deliberadas sabiamente las leyes y presentada con majestad la imagen del pueblo en un cuerpo nacional; por tanto ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1.°— es convocado el pueblo del estado de Guatemala para formar por elección directa una grande asamblea constituyente que no bajará de cincuenta representantes, revestida de todo el poder supremo para reformar, adicionar o conservar en todo o en parte la constitución actual de Guatemala.

Artículo 2.°— Un reglamente para las elecciones será dado por el cuerpo legislativo; y a la asamblea constituyente será reunida el 1 de noviembre.

Artículo 3.°— La constitución o la reforma que hiciera la asamblea constituyente, con cualquier alteración que tenga la constitución actual, será revisada inmediatamente, por el pueblo, y los ciudadanos votarán individualmente por su admisión o desaprobación, segun la ley reglamentaria que la misma asamblea constituyente emitiera para esta última expresión de la voluntad pública, a que deberá arreglarse todo el estado.

Comuníquese al consejo representativo para su sanción.4

A pesar de los rimbombantes términos en que el decreto anterior fue redactado, aquella constituyente se reunió pero nunca emitió una constitución, debido a que la anarquía se mantuvo en Guatemala hasta 1851 a pesar de la mano dura que empleó el general Rafael Carrera.  El mismo Carrera fue víctima de un atentado contra su vida cuando un grupo radical se cansó de esperar que se emitiera una constitución, e incluso otras asambleas se reunieron después para ese efecto pero no consiguieron emitir la carta magna sino hasta que, después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada, por fin se emitió la constitución de 1851, la cual favorecía al general victorioso y a los miembros del clero.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 49.
  3. Ibid, pp. 43-44.
  4. Ibid, pp. 44-45.
  5. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 282-286.

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12 de septiembre de 1839: el Estado de Guatemala reorganiza su división administrativa

Tras la separación del Estado de Los Altos, el estado de Guatemala se ve obligado a reorganizar su división administrativa

12septiembre1839
Costado este de la Catedral de la Ciudad de Guatemala y del Palacio Arzobispal a finales del siglo XIX. En el recuadro: versión estilizada del escudo del Estado de Los Altos, mostrando el Volcán Santa María y un Quetzal.  Actualmente es utilizado como escudo de Quetzaltenango. Imágenes tomada de Wikimedia Commons.

El 16 de agosto de 1838, luego de que Quetzaltenango invitara al resto de la región a separarse de Guatemala tras la caída del régimen liberal de Mariano Gálvez,1 el presidente Federal Francisco Morazán autorizó el decreto del Congreso Federal del 5 de junio, por medio del cual se creó el sexto estado de la República Federal de Centro América, el Estado de Los Altos.2 Aquel nuevo estado tuvo como capital la ciudad de Quetzaltenango, y comprendía los territorios del occidente de Guatemala y el territorio de Soconusco —que eventualmente pasó a ser parte del estado de Chiapas, en México—.

Desde un principio el Estado de Los Altos tenía dos prioridades importantes:

    1. Construir su propio puerto en Champerico con miras a establecer una economía completamente independiente de Guatemala.
    2. Organizar su propio ejército, el cual estaba a cargo del general mexicano Agustín Guzmán, un oficial mexicano que había llegado a la región con las tropas del general Vincenzo Filísola durante la breve anexión de Centroamérica al Primer Imperio Mexicano.3

Desde el principio el Estado tenía la intención de impulsar su propia economía y de mejorar las relaciones con el gobierno del Estado de San Salvador, lo que quiere decir, con el régimen liberal del general Francisco Morazán en ese Estado.  Pero poco después de la formación del nuevo Estado, Honduras, Nicaragua y Costa Rica se declararon independentes dejando a la Federación Centroamericana reducida solamente a El Salvador, Guatemala y Los Altos.4 Los criollos liberales altenses, dándose cuenta de que quedaban muy debilitados se interesaron por conseguir esta alianza con Morazán a fin de dejar a la Guatemala conservadora en medio de dos gobiernos liberales.3

Por su parte, el Estado de Guatemala estaba muy débil luego de la guerra civil contra Mariano Gálvez y las guerras y anarquía que le siguieron, por lo que luego de la separación del Estado de Los Altos, la Asamblea Constituyente de Guatemala tuvo que dividir al Estado en siete departamentos y dos distritos, de acuerdo al siguiente decreto del 12 de septiembre de 1839:5

La Asamblea Nacional Constituyente del Estado de Guatemala:

Habiendo tomado en consideración la necesidad que hay de hacer una nueva y conveniente división del territorio, después de la separación de los departamentos que componen el Estado de Los Altos. Con presencia de los datos e informes que ha presentado el gobierno sobre el particular, ha decretado:

      1. El estado de Guatemala se divide en siete Departamentos: ChimaltenangoChiquimula, Escuintla, Guatemala, Mita, Sacatepéquez, y Verapaz.
      2. También componen dos Distritos: Izabal y Petén.
      3. Los departamentos y distritos referidos, comprenden las poblaciones y lugares que se señalan en la tabla que acompaña a esta ley.
      4. Mientras se reúnan datos más exactos, con presencia de los padrones que deben formarse para hacer por otra ley la división permanente del territorio, el gobierno queda autorizado para poder agregar o segregar de unos a otros, los pueblos o lugares que lo soliciten, con causa fundada en el mejor servicio y bien de los mismos pueblos, previo al informe de los jefes respectivos.
      5. El mismo gobierno, en las providencias que tome, para la demarcación del territorio de los departamentos, procurará en lo que sea posible, que sea la misma la de los curatos y sus comprensiones, a fin de evitar embarazos y facilitar en todo el mejor servicio público.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93
  2. Ibid, pp. 96-97.
  3. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.
  4. Marure, Alejandro. (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 105, 110.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 471-473.

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