28 de agosto de 1890: muere a manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José el general Juan M. Barrundia

28agosto1890
Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M.  Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala.  Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2  Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3  Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui.  Este último relata el encuentro de esta forma:5

Averigüé que estaban en el hotel Windsor.  Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’.  [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel.  Esto es muy delicado, en este país.  Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado.  Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela.  Aquí no son las cosas como allá.’  Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase”.5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó.  Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6  La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas.  Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense “Acapulco” con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí.  Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto.  Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el “Acapulco” tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

  • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
  • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016)Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

3 de abril de 1885: debido a la muerte del general J. Rufino Barrios, el empresario Alejandro M. Sinibaldi, primer designado a la presidencia, asume el mando como Presidente Provisorio

 

3abril1885
La tristemente célebre Penitenciaría Central de la ciudad de Guatemala, a donde el general J. Rufino Barrios enviaba a sus enemigos políticos.  En el recuadro: Alejandro M. Sinibaldi, quien asumió como presidente interino el 3 de abril de 1885. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los presidentes menos conocidos de Guatemala es el empresario Alejandro M. Sinibaldi, quien fuera diputado y consejero de Estado en los últimos años del gobierno del general J. Rufino Barrios.

Sinibaldi era una persona muy inteligente y de reconocida honradez, por lo que fue nombrado como Consejero de Estado en 1882 cuando ya era diputado ante al Asamblea Legislativo, y luego como representante del gobierno de Guatemala ante la Junta del Ferrocarril del Norte para velar por los intereses de la nación durante la construcción de ese proyecto en 1883 y como Primer Designado a la presidencia en 1884.  Por otra parte, su familia de ascendencia italiana se dedicaba a la industria y tenia fuertes nexos con el gobierno de Barrios. He aquí algunos ejemplos de esto:

  • Rafael Sinibaldi: en 1882 obtuvo una concesión de parte del gobierno del general Barrios para importar material prima para la fabricación de fósforos sin ningun gravamen fiscal.  Esta extension fue extendida por cuatro años más en 1884.
  • Julián Sinibaldi: en 1884 obtuvo en concesión el uso gratuito de la Plaza de Toros por un plazo de veinte años para organizer eventos taurinos y de entrenemiento.

Estando en funciones de Primer Designado cuando murió el general Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885, Sinibaldi fue llamado a hacer cargo del Ejecutivo por el siguiente decreto de la Asamblea Legislativa del 3 de abril:

DECRETO Número 95

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA de la República de Guatemala,

Considerando: que el infausto acontecimiento de la muerte del general J. Rufino Barrios Presidente de la República, hace necesaria la aplicación del artículo 69 de la ley Constitutiva,

DECRETA:

Artículo Unico: se declara que el Primer Designado, Don Alejandro M. Sinibaldi, en ejercicio de la Presdiencia de la República, hará una de todas las facultades que la Constitución concde al Jefe del Ejecutivo. 

Dado en el Salón de Sesiones, en Guatemala, a tres de abril de mil ochocientos ochenta y cinco.

  • Angel María Arroyo, presidente
  • E. Martinez Sobral, secretario
  • Antonio de Aguirre, secretario3

La presión que tuvo Sinibaldi era enorme, pues Guatemala había quedado a la deriva sin el caudillo que la había gobernado por casi quince años y era presa fácil de la ambición del Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, a quien todos le temían.  He aquí cómo describe Santos Soto, (un perseguido político del fallecido general Barrios a quien habían involucrado en la Conspiración Kopesky de 1877 y en el atentado de la bomba contra Barrios y Barrundia en 1884), cómo se vivió en Guatemala la noticia del fallecimiento del presidente aquel Jueves Santo 2 de abril de 1885:2

“Llegó a esta ciudad el Jueves Santo por la tarde la noticia de que Barrios había muerto.  Toda mi familia y varios vecinos me obligaron a fuerza de instancias a salir de mi casa y a ocultarme en una de enfrente, donde me alojaron unos mexicanos. Ya estaba acostado por la noche, cuando oí gran ruido de gente y policías tirando tiros y entrando a todas las casas inmediatas.  Comprendí que me buscaban para asesinarme y me estuve quieto, hasta que como a la una de la mañana tocaron a la puerta de la casa en que me había ocultado. Saltando por encima de las paredes, me pasé a la casa contigua.  No habiéndome encontrado, pasaron a registrar la casa en donde yo estaba, y al oir yo que llamaban a la puerta, volví a pasarme a la casa que ya había sido registrada.

El Viernas Santo pasé a mi casa por ver cmo se encontraba mi mujer y mis hijos, principalmente uno de estos que estaba enfermo.  Permanecí allí algunas horas, durnate las cuales llegó de espía una señora llamada Benita Rodríguez, que fue a dar aviso a Vicente Guzmán.  Queriendo poner término a aquella situación, por el peligro que corría mi familia y las personas que me habían hecho el servicio de ocultarme en su casa, me resolví a salir.  En el acto me capturaron, conduciéndome a la sección de la Merced, donde fui registrado: me quitaron hasta las cintas de los calzones, insultándome al mismo tiempo varios de los policías. Apenas me vió Guzmán me dió de bofetadas hasta cnasarse, me tiró de las orejas y me golpeó la cara contra una cómodo hasta romperme un ojo, la boca y las narices.  En seguida me preguntó que qué hacía yo solo por las calles gritando vivas a Zaldívar y mueras a Barrios, y por qué me había ido a esconder donde Najarro.  Repliqué que todo eso era falso, pero me dijo que me fuera a mi calabozo y que yo merecía más que la muerte, pero que había de morir como ellos querían y como yo lo merecía”.2

 

Los primeros dos decretos del gobierno de Sinibaldi evidencian que ya estaba bajo la influencia de Barrundia.  En el primero, le da carta blanca al ministro de al Guerra:

Palacio del gobierno de Guatemala, Abril 3 de 1885:

El Primer Designado Encargado de la Presidencia, de acuerdo con el Consejo de Ministros

Considerando:  que en asl difíciles circunstancias que atraviesa la República se hace necesario que el Ministro de la Guerra tenga toda la libertad de acción indispensable para atender a su defensa; acuerda: se faculta al Ministro de la Guerra para que obre en el sentido que reclamen los intereses nacionales.

Comuníquese.

Sinibaldi3

Y en el segundo, suspende las garantías constitucionales, lo que permitía al general Barrundia hacer lo que quisiera con quien quisiera:

Decreto Num. 319Alejandro M. Sinibaldi, Primer Designado Encargado de la Presidencia de la República de Guatemala,

Considerando: que en las circunstancias que atraviesa el país debe conceptuarse amenazada la tranquilidad pública, y que en consecuencia se está en uno de los casos previstos por el artículo 39 de la ley Constitutiva; por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros:

Decreto:

  • Art. 1°.: Se declaran suspensas en toda la República las garantías individuales de que habla el Título 2.° de la Constitución.
  • Art. 2°.: Dése cuenta a la Asamblea Legislativa del presente decreto.

Dado en el Palacio del Gobierno, a 3 de abrl de mil ochocientos ochenta y cinco.

  • Alejandro M. Sinibaldi
  • J. Martín Barrundia, Ministro de la Guerra
  • Delfino Sánchez, Ministro de Hacienda
  • Fernando Cruz, Ministro de Relaciones Exteriores
  • Cayetano Díaz Mérida, Ministro de Gobernación y Justicia
  • Francisco Lainfiesta, Ministro de Fomento
  • Ramón Murga, Ministro de Instrucción Pública3

Ante esta situación, los miembros de la Asamblea Legislativa movieron sus influencias y convencieron a Sinibaldi de que renunciara en favor del Segundo Designado a la Presidencia, el general Manuel Lisandro Barillas, quien sí tenia suficiente carácter para enfrentar a Barrundia y quedarse con el poder.


BIBLIOGRAFIA:


6 de marzo de 1886: la Asamblea Legislativa declara popularmente electo Presidente de la República al general Manuel Lisando Barillas, presidente interino, tras obtener el 99.8% del voto popular

El Teatro Colón tras su remodelación en 1892 para la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América ordenada por el presidente Manuel Lisandro Barillas.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno dictatorial del general J. Rufino Barrios fue muy similar al de su antecesor, el general Rafael Carrera y al de sus sucesores Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico, en el sentido de que no había libertad de prensa y sus enemigos politicos eran perseguidos duramente.  Pero en el caso de Barrios, su figura fue idealizada tras su muerte y todos los errores de su gobierno fueron atribuidos al general Juan Martín Barrundia, su Ministro de la Guerra.

Era tal la animadversion que le tenían a Barrundia, que los mismos liberales se confabularon para evitar que éste se hiciera con el poder y lograron que fuera el general Manuel Lisandro Barillas, segundo designado a la presidencia quien se hiciera cargo del gobierno con la anuencia del presidente interino, Alejandro M. Sinibaldi, tan solo tres días después de la muerte de Barrios.

Ya en el poder, Barillas convocó a elecciones el 26 de octubre de 1885, e hizo modificar la constitución para poder participar en la contienda y resultar triunfador.

Reproducimos a continuación el decreto de la Asamblea Legislativa que lo declara ganador, para que el lector se de cuenta de que los fraudes electorales han estado de la mano de las elecciones generales en Guatemala.

Decreto Número 127:

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala

Considerando:

Que la Secretaría de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia remitió a este asamblea las copias certificadas de las actas de elecciones para president y Vice-Presidente Constitucional, practicadas en todos los Distritos electorales de la República en conformidad al decreto de convocatoria de 26 de octubre de 1885 y al reglamento de la misma fecha;

Que una comisión del seno de la Asamblea procedió a la abertura de los pliegos y al examen de las actas, encontrando que en las elecciones fueron observados los requisites esenciales y de forma que prescribe el reglamento de la material y la parte final del artículo 64 de la Constitución:

Que hecha la regulación respectiva resultó que votaron para Presidente 99424 ciudadanos y que de esos votos obtuvo el general Manuel Lisandro Barillas 99286, o sea mas de la mayoría absoluta que require el inceso 2.° del artículo de reforma al 52 de la ley constitutiva: que para Vice-Presidente sufragaron 99423 personas y que de esos sufragios obtuvo el Coronel D. Vicente Castañeda 79796, o sea más de la mayoría absoluta que exige el artículo citado.

Considerando: que concurren en los ciudadanos favorecidos por el voto popular las condiciones exigidas por los artículos 65 y 69 reformado de la ley fundamental, para ejercer el señor Barillas la Presidencia y el señor Castañeda la Vice-Presidencia de la República; y que en ese virtud y en observancia del ya citado artículo 52 es el caso de hacer la declaratoria respectiva.

Por tanto:

DECRETA:

  • Artículo 1. °: Declárase popularmente electos Presidente de la República al General de División Manuel Lisandro Barillas y Vice-Presidente al coronel Vicente Castañeda, para el período constitucional que comenzará el 15 de marzo corriente y terminará en igual fecha del año 1890.
  • Artículo 2.°: Los ciudadanos electos tomarán posesión de sus cargos el mismo día 15 del mes en curso.

Pase al Ejecutivo para su publicación.

Dado en el Salón de Sesiones en Guatemala, a 6 de marzo de 1886.

Algunas observaciones pertinentes:

  1. El señor Castañeda no es mencionado nuevamente en los libros de historia y no era el llamado a sustituir al general Barillas en caso este falleciera o ya no pudiera hacerse cargo de la presidencia.
  2. Los únicos ciudadanos que podían votar eran los varones mayores de 18 años que supieran leer y escribir y tuvieran un oficio reconocido, y los mayores de 18 años que estuvieran prestando servicio militar. De esta cuenta, la inmensa mayoría de los votos que recibió Barillas fueron los de los soldados analfabetos que fueron acarreados a las urnas por los oficiales del ejército.

Esta misma política se utilize en varias de las elecciones y reeleciones posteriores de los gobernantes liberales que siguieron a Barillas.


BIBLIOGRAFIA:


6 de abril de 1885: mediante un hábil ardid el general Manuel Lisandro Barillas se erige en presidente provisorio

6abril1885
Vista del Cementerio General en la época en que ocurrieron estos hechos. Imagen publicada por “La Ilustración Guatemalteca” en 1896. Imagen tomada de Wikimedia Commons

Cuando se supo de la muerte del presidente Barrios en Chalchualpa el 2 de abril de 1885, inmediatamente asumió como nuevo presidente el primer designado a la Presidencia, el señor Alejandro M. Sinibaldi,1 (bisabuelo del conocido politico guatemalteco homónimo del siglo XXI).

Sabiendo que Sinibaldi era una persona inteligente pero muy tranquila, varios grupos intentaron aprovechar la inestabilidad para hacerse del poder. Entre quienes quisieron tomar ventaja de la situación estaba el Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, quien consiguió que Sinibaldi declarara estado de sitio y le confiriera poderes dictatoriales para calmar la situación.2

He aquí los decretos que emitió Sinibaldi el 3 de abril y que evidencian que ya estaba siendo víctima de la presión de Barrundia:

Palacio del Gobierno: Guatemala Abril 2 de 1885.El Primer Designado Encargado de la Presidencia, de acuerdo con el Consejo de Ministros,

Considerando: que en las difíciles circunstancias que atraviesa la República, se hace necesario que el Ministro de la Guerra tenga toda la libertad de acción indispensable para atender a su defensa; acuerda:

Se faculta al Ministro de la Guerra para que obre en el sentido que reclamen los intereses nacionales.

Comuníquese,

  • Primer Designado en el ejercicio del Poder Ejecutivo, Sinibaldi
  • Díaz Mérida3

Y éste es el otro decreto:

Alejandro M. Sinibaldi, Primer Designado Encargado de la Presidencia de la República de Guatemala,Considerando: que en las circunstancias que atraviesa el país, debe conceptuarse amenazada la tranquilidad pública, y que en consecuencia, se está en uno de los casos previstos por el artículo 39 de la ley Constitutiva; por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros,

DECRETO:

Artículo 1.°: Se declaran suspensas en toda la República las garantías individuales de que habla el Título 2.° de la Constitución.
Artículo 2.°: Dése cuenta a la Asamblea Legislativa del presente Decreto.

Dado en el Palacio del Gobinero, a 3 de abril de mil ochocientos ochenta y cinco.

Alejandro M. Sinibaldi

El Secretario de Estado en el Despacho de la Guerra, J. Martín Barrundia
El Secretario de Estado en el Despacho de Hacienda, Delfino Sánchez
El Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores, Fernando Cruz
El Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Justicia, Cayetano Díaz Mérida
El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, Francisco Lainfiesta
El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Ramón Murga4

 

Barrundia era considerado como el responsable de numerosos atropellos y de la represión que ocurrieron durante el gobierno de Barrios, así que muchos ciudadanos se movilizaron ante la Asamblea Nacional Legislativa y el cuerpo diplomático para detenerlo. Una comisión se presentó ane el presidente de la Asamblea Legislativa (entonces presidida por el ex sacerdote Ángel María Arroyo) y, tras varias deliberaciones, el presidente Sinibaldi y su gabinete presentaron su renuncia, y la Asamblea decidió mandar a llamar al segundo designado a la Presidencia, el general Manuel Lisandro Barillas, para que se hiciera cargo del gobierno interino.​4

Barillas era el jefe político de Quetzaltenango, así que para que se presentara lo antes posible se dispusieron numerosos caballos de posta y salieron varias personalidades inmediatamente para mandarlo a traer; Barillas salió rápidamente y llegó al Cementerio General el 6 de abril, en traje de viaje y completamente empolvado por el largo el camino. Se dirigió hasta el lugar en donde estaban sepultando al general Barrios, y al ver a Barrundia (que estaba montado en un corcel blanco dando instrucciones a sus subalternos) le dijo: “Vengo a hacerme cargo de la presidencia, pues a mí me corresponde. Además, necesito que me prepare hospedaje y alimentación para la tropa de cinco mil hombres que tengo acantonada en el Guarda Viejo”.​ Barrundia se asustó al ver que Barillas no había llegado solo e inmediatamente entregó el poder; para cuando se dio cuenta de la treta, Barillas no solamente ya era el presidente interino sino que además se había adjudicado para sí la Secretaría de la Guerra.5

He aquí la declaratoria que hizo Barillas a los habitantes de la República cuando asumió el poder el 6 de abril:

Manuel Lisandro Barillas, General de Brigada y Designado a la Presidencia de la República, en ejercicio del Ejecutivo.A los habitantes de la República:

La Asamblea Nacional Legislativa, en la observancia de lo dispusto en la ley Constitucional, me ha llamado para ponerme al frente del Gobierno en mi carácter de designado. Inmediatamente he correspondido al llamamiento, porque si siempre he querido seguir respetuosamente la ley fundamental y servir a mi Patria, ese deber es mucho más imperioso y sagrado en cualesquiera circunstancias difíciles para ella.

Las que atraviesa la República en la actualidad serían verdaderamente tales, si no se contara con el concurso y la abnegación de los buenos patriotas, para sostener el orden y la tranquilidad interior y para mantener honradamente la dignidad del país. Debemos ser grandes ante la desgracia que la ha abrumado con la pérdida del ilustre Jefe que tantos años rigió brillantemente sus destinos, y cuya pérdida ha sido causa de universal consternación. Debemos ser grandes ante los males que son consecuencia de esa pérdida, y colocados en el terreno de la legalidad y la justicia, debemos unir los esfuerzos y el trabajo de todos para defender la honra y el territorio Nacional, contra cualquiera facción y contra la invasión, si acaso la hiciera el gobierno de El Salvador.

Removida está dignamente por la Asamblea la única causa que podía alegarse hoy contra Guatemala; y hecho esto de parte de la República, la hostilidad que se le haga y la agresión que se intentara contra ella, serían una prueba de que se quería ejercer en realidad, contra este pueblo, el derecho de conquista que antes injustamente se le atribuía para legitimar la resistencia. Puestos en esa posición, debemos contar con el apoyo de todos los hijos de Guatemala, que no han de querer para su Patria el oprobio ni el envilecimiento, y contaremos, no lo dudo, con la influencia moral y con las simpatías de todos los Gobiernos civilizados que no han podido menos de aprobar y favorecer la conducta de los que nos proponemos mantener, hasta con nuestras vidas, el honor y los derechos de nuestra tierra.

La Patria exige, en los momentos de prueba especialmente la cooperación de todos. Soy el primero en ofrecer gustoso la mía, y al contribuir con el contingente de lo que depende de mi, he de esperar que todos me secunden y sigan mi ejemplo. Sin pretensiones de ninguna especia para ocupar, ni aún temporal y transitoriamente el puesto que las circunstancias me han traído a ocupar, si ellas fueran del todo prósperas y bonacibles, habría esquivado por todos los medios razonables venir a colocarme en él. Mas desde el momento en que ese puesto es puesto de deber, no he podido vacilar ni he vacilado un solo instante en aceptarlo con decida voluntad y firme resolución de llenar cumplidamente las gravísimas obligaciones que él impone. Ofrezco respecto y seguridad a todos los extranjeros y a todos los hombres honrados sin distinción, porque así como me propongo ser inflexible en todos los casos en que la necesidad y la justicia lo requieran, me propongo ser inflexible en todos los casos en que la necesidad y la justicia lo requieran, me propongo con igual firmeza que mi autoridad sea la protectora más enérgica y decidida de la razón y del derecho. Antes que mi persona y antes que todo, está la salvación de la Patria y para conjurar cualquier peligro y para rechazar cualquier atentado contra ella, estoy resuelto a todo sin detenerme en llegar hasta al sacrificio si fuere necesario, primero que ver holladas la honra y la dignidad Nacional. Unámonos todos pues: unidos todos alrededor de la bandera de la Patria, no hemos de tener otro móvil ni otra ambición que deshacer cualquier tentativa contra ella, y asegurar el orden y la tranquilidadpara que en medio de estos pueda hacerse legal y pacíficamente la elección del aquel a quien los pueblos designen con sus votos para ejercer la Presidencia.

Fuertes, porque hemos de estar unidos: fuertes porque sostenemos la causa de la justicia y de la dignidad, fuertes porque denfendemos el orden, la tranquilidad, el territorio Nacional y la independencia de la Patria, nada tenemos que temer. Y si en defensa de tan sagrados derechos e intereses fuera preciso sucumbir, no habrá guatemalteco que no estponto a ello antes que consentir en la humillación y a la vergüenza de su Patria, y que el nombre de ésta se borre del catálogo de los pueblos dignos y honrados que cuando el caso lo reclama, perezcan antes que abdicar su honra y su dignidad.

Jefes y soldados del Ejército: guardianos sois del territorio y del honor Nacional: vosotros y yo seremos dignos de la misión que nos incumbe: de vuestro valor y fidelidad depende muy especialmente que se salve el país, y puedo así asegurar que el país está salvado porque no se desmentirán vuestra honra y vuestra fidelidad, ni faltará un punto el respeto, de que habeis dado tan gloriosos ejemplos y testimonios al régimen de la legalidad.

¡Guatemaltecos todos! De poca significación es mi persona y pobres son mis dotes; pero inspirado en mi deber y en el amor de la Patrio, si no puedo expresar con numerososas y elocuentes palabras mis sentimientos y propósitos, con los hechos veréis que no omito esfuerzo ni sacrificio de ningun género por hacerme digno del puesto que entro a ocupar, y por cumplir fiel y valerosamente los deberes que me impone, los compromisos que contraigo, y los solemnes ofrecimientos que hago.

Guatemala, Abril 6 de 1885.

Vuestro conciudadano y amigo.

M.L. Barillas


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. — (1930). El Libro de las efemérides. Tomo III. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales, p. 340
  4. Ibid. p.341
  5. Hernández de León, El Libro de las Efemérides. Tomo III.
  6. Guerra, Viviano. Recopilación: Las leyes emitidas por el Gobierno de Guatemala, 1883-1885, p. 341
  7. Ibid. pp. 342-344

2 de abril de 1885: muere el general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, en una de las primeras batallas de su campaña militar para reunificar Centroamérica

2abril1885
Lugar histórico en donde falleció el general J. Rufino Barrios en Chalchuapa.  Imagen tomada de El Porvenir de Centro-América.

El general J. Rufino Barrios murió el 2 de abril de 1885 tratando de unificar Centroamérica bajo su filosofía liberal.  La historia oficial refiere que Barrios murió peleando al frente de sus tropas, y hay algunas versiones de sus allegados que sugieren que las balas que lo mataron fueron las de los mismo soldados guatemaltecos a quienes habrían sobornado los salvadoreños.

Pero existe tambien una tercera version, relatada por el renombrado historiador e intelectual guatemalteco Antonio Batres Jáuregui en su obra “La América Central ante la Historia, volumen III” que dice asi:

“Yo poseo datos verídicos sobre cómo acaecio la muerte del general Barrios; datos que me fueron suministrados por su asistente, el coronel José Angel Jolón, que se encontraba con él, cuando fue mortalmente herido. Estaba yo en Nueva York, algun tiempo después, para recibir en esa gran ciudad, a la esposa de don Rufino, con sus hijos, todavía pequeños.  La acompañaban, Luciano Barrios, el coronel Jolón y la señorita Luz Ruiz.  Doña Paca Aparicio v. de Barrios, ocupó una casa en la 5a. avenida, frente al Parque Central.  Esa mansión lujosa y bien situada la había comprado don Rufino, pero como la señora no sabía las prácticas domésticas de la gente rica de allá, puso al coronel Jolón de portero, […].  Ya en vísperas de regresar yo a Guatemala, fui, una de tantas veces, a visitar a doña Paca, a quien procure servir, haciendo que entrase, sin pagar derechos, que importaban diez mil dólares, un gran equipaje, varios caballos, y otras muchas cosas, que de aquí se llevo a los Estados Unidos.  En esa oportunidad, el portero Jolón, me suplicó que, si era possible, le consiguiera permiso para volver a Guatemala, ya que no quería continuar llevando aquella vida, en país extraño.  Hice ver a la señora viuda de Barrios, que no le convenía tener a un porter que no hablaba inglés; […]; que Jolón deseaba regresar a Guatemala, aprovechando mi viaje; […].  Quedé convenido que le pagaría ella el pasaje, en primera, y se iría conmigo dicho coronel.

En la larga travesia, […], platicaba yo con Jolón; y el me contó, que una tarde, como a las seis, llegó un viejecito salvadoreño, con un joven, hijo suyo, a hablar con el general Barrios, cuando estaba la batalla de Chalchuapa ya para ganarse, por las tropas unionistas.  Que al ver Barrios, a aquellos mensajeros, dijo a Jolón: “Dejame solo con ellos, aquí en mi tienda de campaña, y volves despues”.  Temeroso el ayudante Jolón, de que sucediese algo a su jefe, se puso, por fuera, a espiar lo que pasaba; y pudo oir claro que el general dijo a aquellos salvadorenos: “Los cincuenta mil pesos están listos, para que ustedes, en las dos mulas que traen, los lleven; pero me explican bien el camino que debo tomar para mi entrada, puesto que todo esta convenido”.  Que entonces, el viejo y el muchacho le contestaron: “Que entrara, con su Estado Mayor, por una vereda, que indicaron; y que ya [Rafael] Zaldívar podría salir, y dejar la plaza, en poder de los guatemaltecos; porque tenía un buque listo para huir, pues quedaría El Salvador revuelto”.  Jolón me aseguró que él, con algunos soldados, ayudaron a dichos mensajeros, a cargar el dinero sobre las mulas.

Esto pasó la víspera de que acaeciese la ocurrencia de los jalapas; y el general Barrios, en compañía de Andrés Téllez, Urbano Sánchez, Jolón y dos militares cuyos nombres no recuerdo, se dirigió el 2 de abril, como a las 7 de la mañana, por un espeso bosque que tenia un camino estrecho; que sobre los árboles, muy ocultos, estaban unos tiradores; y que de repente dispararon, sobre la comitiva, hiriendo en el lado derecho del hombro al general Barrios, y atravesándolo la bala por el corazón dejándolo instantáneamente muerto. […] Sus acompañantes fueron heridos y cayeron muertos por balazos verticales. La herida que sufrió Barrios, por su dirección, indica claramente que fue resultado de un tiro disparado de muy arriba hacia abajo; lo mismo que lo otros disparos, que se han descrito. Viéndose perdido el ejército salvadoreño, es muy verosímil que se valiera su jefe de una estratagema, como la que corrió, por muy válida, a raíz del fallecimiento del Presidente de Guatemala.”

Desde su muerte, los gobiernos liberales que le siguieron se dedicaron a engrandecer su memoria, llamándolo “El Reformador”, culpando a su Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, de todas las atrocidades que ocurrían en contra de los opositores al régimen en las ergástulas de la Penitenciaría Central e ignorando el enriquecimiento ilícito de Barrios durante su largo gobierno.  Por cierto, que Barrundia murió en 1890, tratando de derrocar al gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, a bordo del buque estadounidense “Acapulco” que los transportaba de México a El Salvador para unirse a la revuerta de los Ezeta en ese vecino país y que amenazaba con invader Guatemala y derrocar a Barillas.  Desde ese momento, la demonización del personaje de Barrundia fue completa.

A su muerte, Barrios dejó una cuantiosa fortuna acumulada durante su gobierno, la cual fue heredada por su esposa, Francisca Aparicio de Barrios, quien la disfrutó en Nueva York y España.  El documento original del inventario de los bienes de Barrios fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, a quien le pagaron seis mil pesos por sus servicios. Al respecto dijo el reputado historiador liberal Federico Hernández De León en 1924:

“Algo se han aquietado las pasiones y los espíritus serenos demarcan el valor legítimo de Barrios. En las responsabilidades que deben deducirse, saldrán los procedimientos crueles, que más tarde perpetuaron como si se tratase de un sistema. Y también se significará el poco escrúpulo en el manejo de la hacienda, que en los días del gobierno conservador, se mantuviera con respeto.  Los presidentes Carrera y Cerna murieron sin dejar mayores bienes de fortuna, en tanto que la testamentaría de don Rufino, alcanzó los millones…”


BIBLIOGRAFIA: