28 de abril de 1844: Malespín rechaza la invasión de Arce desde Guatemala

El Salvador rechaza una invasión a su territorio realizada por el ex-presidente federal Manuel José Arce y patrocinada por el comandante de las fuerzas armadas de Guatemala, general Rafael Carrera.

La plaza central de San Salvador, donde se observa la parroquia que sirvió de primera catedral. En los recuadros: el obispo Jorge Viteri y Ungo y el jefe de Estado Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los historiadores liberales, encabezados por el licenciado Lorenzo Montúfar, pintaron a la figura del capitán general Rafael Carrera como la de un ignorante analfabeto criador de cerdos a las órdenes de los intereses de los criollos aristócratas, diciendo que era «un caite» al servicio de los «serviles«.1-7 Como la historia oficial del Guatemala se ha basado en la obra de Montúfar, esa es la imagen con que el general Carrera es mostrado en las escuelas.8 Sin embargo, estudios más a fondo demuestran que Carrera no estaba al servicio de nadie y que era él quien imponía sus condiciones.

He aquí un ejemplo.

Cuando el general conservador Francisco Malespín llegó al poder en El Salvador, Carrera se dió cuenta de que no le convenía, ya que éste podía llegar a ser un caudillo tan fuerte como él en el vecino país. Malespín había sido electo en enero de 1844 para gobernar El Salvador de 1844 a 1845 y para celebrar su toma de posesión, tres días después de la misma el obispo de El Salvador, Viteri y Ungo, consagró al nuevo arzobispo de Guatemala, el doctor Francisco de Paula García y Peláez en una ceremonia que se extendió por dos días de celebraciones.9

Mientras tanto en Guatemala, estaba de vuelta el general Manuel José Arce, ex-presidente de la República Federal de Centro América, a quien Carrera apreciaba mucho ya que le reconocía sus méritos militares y había sido corneta de órdenes suyo durante la Guerra Civil Centroamericana. Pero entonces, el anciano Arce estaba obsesionado con recuperar el poder que perdió en 1827 por lo que Carrera se aprovechó de su ambición de poder.9 Además Carrera estaba asesorado por Alejandro Marure y Manuel Pineda de Mont, y sabía que los líderes aristócratas querían sacurdirse de su molesta presencia para hacerse definitivamente con el poder en Guatemala.10

Malespín estaba organizando su gobierno, convocando a una asamblea legislativa, cuando se enteró que Arce se dirigía El Salvador al mando de un ejército. Y es que, como ya se ha dicho, a Carrera no le gustaba la presencia de Malespín a pesar de que era conservador, y decidió apoyar a Arce para derrocarlo. Aunque Malespín y el obispo Viteri se sorprendieron con la actitud de Carrera, rápidamente se organizaron para la defensa, y el 28 de abril de 1844, cuando Arce ya estaba en Atiquizaya, en territorio salvadoreño —con suficientes armas y dinero tratando de formar un ejército—, Malespín envió la siguiente proclama:11

En perfecta paz interior, y en las mejores condiciones con los Estados confederados, y aun con el Estado de Guatemala, se hallaba El Salvador, ocupándose de proyectar algunas mejoras y hacer otras de fácil ejecución, en todos los ramos de la administración pública, cuando el señor Manuel José Arce se presentó al pueblo de Atiquizaya, excitando a la municipalidad y vecindario al desconocimiento de las autoridades supremas del Estado, ofreciendo apoyarlo con una partida de tropa que traía armada de Guatemala, con las armas que también conducía empaquetadas y con iguales pronunciamientos que aseguró se verificarían en todo el Estado. Al propio tiempo en Guatemala se presentó el enviado de aquel gobierno, cerca de éste, dimitiendo su comisión, porque siendo vecino del último, no quería se pensase de que él tomaba parte o aprobaba la invasión que allá se intentaba hacer en el El Salvador.12

Y es que el representante de Guatemala en El Salvador, Juan Antonio Alvarado, supo de antemano lo que intentaba Carrera, y renunció antes de quedar involucrado en un asunto tan grave. Por su parte, Malespín envió a su ejército comandado por Pedro Escalón, quien hizo huir a los hombres de Arce y capturó un lote de armas todavía empacadas y un lote de documentos que demostraban la relación de Carrera y Arce.12

En ese entonces existía el Pacto de Chinandega, que formaba las Repúblicas Confederadas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala. Mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, Malespín llegara a Jutiapa.13

El jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».14 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión.13

Malespín tomó la plaza de Jutiapa y la hacienda de Quesada el 21 de mayo, pero antes de que llegaran las fuerzas guatemaltecas que iban a enfrentarlo, regresó a El Salvador, aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor. Malespín no era un cobarde en lo absoluto, pero se enteró por el mercenario francés Isodoro Saget de que Trinidad Cabañas y Gerardo Barrios —líderes liberales a quienes había acogido tras su exilio con Francisco Morazán en 1840— podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.13

Con todo esto, el ex-presidente Arce quedó sumamente abatido y murió dos años después, cuando se le permitió regresar a El Salvador, casi en la miseria y cuando ya Malespín había caído y el pacto de Chinandega se había roto por la guerra de El Salvador y Honduras contra Nicaragua.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. I
  2. (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. II
  3. (1879). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. III
  4. (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. IV
  5. (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. V
  6. (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VI
  7. (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VII
  8. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 182.
  10. Marroquín Rojas, Clemente (1971). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  11. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 184.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera, p. 253.
  14. Ibid., p. 254.

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18 de agosto de 1838: el Estado de Guatemala declara estado de sitio

Debido a la anarquía producida por el levantamiento católico-campesino dirigido por el general mestizo Rafael Carrera, el Estado de Guatemala declara estado de sitio

18agosto1838
Mapa de los Estados de Guatemala y de Los Altos en 1838.  Nóte el área considerable de Los Altos, que se separaron de Guatemala el 3 de mayo de ese año.  La situación de anaquía que se vivía tras el alzamiento campesino católico, hizo que las autoridades del estado declararan estado de sitio en todo el territorio.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El papel del clero secular en el levantamiento del campesinado dirigido por el general Rafael Carrera en 1837-38 ha sido minimizado por los historiadores oficiales.  Toda la revolución ha sido presentada como un alzamiento contra el moderno gobierno del Dr. Mariano Gálvez, debido a la ignorancia de la población campesina que creyó que el gobierno estaba envenenando los pozos de agua con el cólera.1  Ahora bien, si bien es cierto que la creencia de que estaban envenenando los pozos fue el detonante de la violencia, las causas del levantamiento son mucho más profundas y están enraizadas en las costumbres coloniales que se impusieron a los indígenas y mestizos, ya fuera que estuvieran reducidos en encomiendas por los criollos hacendados o en las doctrinas de los poderosos frailes regulares. A la larga, los indígenas crearon su propia religión, por medio del sincretismo de sus creencias ancentrales con la imaginería católica española, y alcanzaron un punto en que utilizaban las imágenes de santos únicamente para representar a sus verdaderas deidades; por su parte, los campesinos mestizos del oriente guatemalteco tenían una profunda y arraigada fe católica.

De esta esta cuenta, la expulsión de los frailes y del arzobispo Ramón Casaus y Torres tras la victoria de Francisco Morazán en 1829, puede considerarse como el punto de partida de la revolución que llevó a Rafael Carrera al poder. Cuando los frailes fueron expulsados, sus bienes y haciendas fueron confiscados, incluyendo a todos los indígenas y esclavos negros liberados que trabajaban en ellas.  Varias de esas haciendas, como por ejemplo la Hacienda de San Jerónimo que tenían los dominicos en la Verapaz, fueron entregadas a ciudadanos británicos en pago a su ayuda logística para vencer al régimen de Mariano de Aycinena en 1829.  Los frailes salieron del país, pero los curas párrocos del clero secular se quedaron, y empezaron a hacer trabajo de hormiga entre los indígenas de sus parroquias diciéndoles que los liberales que estaban ahora en el poder estaban aliados con los «herejes» protestantes, enemigos de la «verdadera religión«.2

El descontento de los campesinos rurales empezó a crecer cuando el gobierno liberal estableció un impuesto individual, el cual era tan abusivo que apenas les dejaba recursos para subsistir; además, había «gentes militares, no de muy buena conducta que fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrriedades con que obraban«.3 Si bien resistieron resignadamente, como ya estaban acostumbrados tras varios siglos de colonización, la situación empeoró en 1837 cuando el líder liberal José Francisco Barrundia convenció al Jefe de Estado Mariano Gálvez para que se hiciera oficial la traducción que Barrundia había hecho de los Códigos de Livingston, los cuales se utilizaban en el estado norteamericano de Luisiana y, a su vez, estaban basados en el Código Legal de Napoleón.  Estos códigos introdujeron leyes demasiado novedosas para la población guatemalteca, que no estaba acostumbrada a juicios de jurados, matriminio civil y divorcio.4  De más está decir que los curas párrocos aprovecharon estas desatinadas leyes liberales para atacar al régimen y acusarlo de herético entre sus feligreses.

Fue en medio de esta situación cuando llegó a Guatemala la epidemia del cólera morbus, y el gobierno de Gálvez intentó utilizar sus métodos novedosos para reducir los efectos de la epidemia.  Y cuando intentó establecer medidas sanitarias que evitaban que los pobladores tuvieran acceso a sus fuentes de agua, el descontento acumulado y fomendato por los curas párrocos estalló y se inició la revolución campesino-católica que terminaría con el gobierno de Gálvez, no sin antes crear un rompimiento entre los liberales y obligar al gobernante a emplear medidas de tierra arrasada contra los poblados del oriente del Estado, que era en donde estaban los principales focos de revolucionarios. De acuerdo al propio general Carrera: «pero en seguida la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epidemia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dió el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboledad de dentro de ellos y sus inmediaciones, cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, y de establecer cordones satinarios par aevitar la comunicación de unos pueblos con otros, subió de punto la agitación general».5

El historiador Alejandro Marure resume la situación que se vivía en el Estado al final del gobierno de Gálvez de la siguiente forma: «[El 16 de enero de 1838], por decreto del Gobierno de Guatemala, expedido en esta fecha, se declaró en estado de rebelión a los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez.  Otras declaratorias semejantes a ésta, repetidas con frecuencia en todo el curso del año de 38, y muy especialmente la que hizo por la Comandancia general en 18 de agosto, comprensiva de todo el Estado, mantuvieron a sus habitantes sometidos al régimen militar y privados de todas sus garantías hasta el 31 de enero de 839 en que se declaró por la Asamblea solemnemente restablecido el régimen constitucional.»6

La situación del Estado en agosto de 1838 era caótica.  Gálvez había sido obligado a renunciar a finales de enero, y los criollos liberales de los departamentos del occidente se habían segregado de Guatemala y habían formado su propio Estado de Los Altos el 3 de mayo.7 Mariano Rivera Paz llegó al poder el 22 de julio, y las Huestes de Mita, encabezadas por Rafael Carrera y conformadas por dos mil campesionos católicos, habían vencido categoricamente a las fuerzas liberales en los llanos de Jalapa el 15 de agosto, haciendo que la Comandancia general del Jefe de Estado Rivera Paz decretara el estado de sitio en todos los departamentos que todavía le quedaban al Estado de Guatemala.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-14.
  3. Ibid., pp. 15-16.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 99.
  7. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1869).Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 471-473.

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7 de febrero de 1835: San Salvador es convertida en Distrito Federal

La ciudad de San Salvador es convertida en el Distrito Federal de la debilitada República Federal de Centro América en sustitución de Sonsonate

7febrero1835
La ciudad de San Salvador en 1840.  Allí estuvo el Distrito Federal de la Federación Centroamericana hasta su colapso en 1839.  En el recuadro: el general liberal Francisco Morazán, presidente de la Federación cuando la capital estuvo en San Salvador.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Debido a los conflictos personales entre el presidente federal Francisco Morazán y el jefe del Estado de Guatemala, Mariano Gálvez, la capital de la República Federal de Centro América había sido trasladada de la Ciudad de Guatemala al poblado de Sonsonate el 6 de febrero de 1834.1  Pero los conflictos que se estaban viviendo ya en todos los estados de la República provocaron su rápido debilitamiento.

Ante esta situación, el presidente federal Morazán consiguió que el 28 de enero la legislatura del estado de El Salvador cediera la ciudad de San Salvador y algunos pueblos aledaños para que en ella se erigiera el Distrito Federal, quedando así elevada al rango de capital de la República con residencia de las principales autoridades de la Federación.2  Por su parte, la capital del estado salvadoreño se trasladó a San Vicente.2

El 9 de marzo de 1836 se extendió el territorio del Distrito Federal a Zacatecoluca, y así se mantuvo hasta el 3 de mayo de 1839, cuando la Asamblea de El Salvador ordenó reincorporar al territorio de aquel Estado todo el que había cedido para distrito federal luego de que la capital de San Vicente hubiera sido tomada por los invasores nicaragüenses pocos días antes de ser derrotados por Morazán en la Batalla del Espíritu Santo el 6 de abril.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (6 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 6 de febrero de 1834, las autoridades federales se trasladan a Sonsonate». Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 49-52.

23 de junio de 1851: muere Alejandro Marure

Muere el licenciado Alejandro Marure, primer historiador oficial y primer catedrático de Geografía e Historia en Guatemala

23junio1851
Retrato del historiador Alejandro Marure, tomado de Wikimedia Commons.

La documentación de la historia de Guatemala se inició con el gobierno del doctor Mariano Gálvez, quien nombró al licenciado Alejandro Marure como historiador oficial de su gobierno con el fin de mostrar todas las bondades del régimen liberal y de denostrar en todo lo posible al partido conservador.1,2

Marure había sido educado en el Seminario Tridentino, como se acostumbraba en la época colonial para los varones de las élites sociales.  Era hijo de Mateo Antonio Marure, quien murió cuando su hijo solamente contaba con seis años de edad durante el gobierno del capitán general José de Bustamante y Guerra. El padre de Marure había estado dos años en prisión tras ser acusado de independentista y murió cuando fue enviado a España, pues había una epidemia de fiebre amarilla en el puerto de La Habana, a donde llegó en una de las escalas de su viaje a la Península.1,2

Por el resentimiento que tenía contra las autoridades españolas, tras la Independencia de Centroamérica se identificó con el partido liberal y por esto, fue llamado por el gobiero del Dr. Gálvez para fungir como juez y para escribir el bosquejo de las revoluciones de independentistas de 1811 y de la Guerra Civil Centroamericana. Además fue nombrado como catedrático de Geografía e Historia de la recién fundada Academia de Ciencias y Estudios, entidad que sustituyó a la Pontificia Universidad de San Carlos durante el régimen de Gálvez, y cuya imprenta publicó las primeras obras de Marure.1,2

Tras el derrocamiento de los liberales en 1838, Marure escribió su obra de «Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América» la cual tiene un marcado sesgo liberal. Sin embargo, el general Rafael Carrera no lo persiguió por ello, sino que lo distinguió con su amistad y mantuvo su prestigio, además de proporcionarle las facilidades para que siguiera desarrollando su actividad historiadora. De hecho, fue Marure quien escribió la proclama por la cual Carrera y Mariano Rivera Paz declararon al Estado de Guatemala desglosado de la Federación Centroamericana.1,2

Para 1841 su relación con Carrera era excelente, al punto que junto con éste, y con el licenciado José Venancio López y el aristócrata Luis Batres Juarros, fueron nombrados por la Asamblea como miembros del consejo de Gobierno, para «sustituir al presidiente del Estado» en caso necesario.  En febrero de 1842 se presentó esta situación por la renuncia de Mariano Rivera Paz a la jefatura del gobierno, aunque Marure no pudo asumir la presidencia debido a que en ese momento fungía como presidente de la Asamblea Legislativa.  Marure, en cambio, ratificó a José Venancio López en el gobierno con carta abierta para solicitar todos los recursos militares que fueran necesarios para contrarrestar la muy posible invasión de Francisco Morazán, quien había retornado a Centroamérica tras ser derrotado por Carrera en Guatemala en 1840.  López no soportó la presión del cargo y renunció a las pocas semanas, devolviendo el poder a Rivera Paz.1,2

Desafortunadamente, Marure era un hombre enfermizo, quien tenía una constitución endeble y padecía de problemas intestinales.  Aunque muy disciplinado en su trabajo, no logró terminar el segundo tomo de la Historia de Centroamérica ni la Recopilación de Leyes, obras que le encomendara el gobierno, ya que la muerte lo sorprendió cuando contaba apenas con cuarenta y seis años de edad.1,2

El lector interesado encontrará aquí algunas de las obras de Marure:3-6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chinchilla Aguilar, Ernesto (1966). Alejandro Marure. México: Cultura.
  2. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Peláez Almengor, Oscar Guillermo (febrero de 1993). «Los «Marure Papers» y la Disertación segunda sobre la Historia del Derecho». Estudios.
  4. — (enero de 1993). «Alejandro Marure, su itinerario intelectual». Estudios.
  5. — (1989). Alejandro Marure, la historia y el proyecto político. Guatemala: Universidad de San Carlos.
  6. — (noviembre de 1988). «Dos modos de ver, dos historiadores». Apuntes sobre Historia y Sociedad (Guatemala).
  7. — (23 de octubre de 1988). «156 años de la primera cátedra de historia universal a nivel universitario». Prensa Libre (Guatemala).

1 de marzo de 1832: los liberales crean la Academia de Ciencias y Estudios

El gobierno liberal crea la Academia de Ciencias y Estudios en sustitución de la Pontificia Universidad de San Carlos

Invitación an acto de graduación de la Universidad de San Carlos del bachiller Francisco de Paula García y Peláez (futuro arzobispo de Guatemala) en 1817. La invitación estaba escrita en latín y tenía una oración para el santo al que estaba dedicado el acto.  Imagen tomada de la invitación de García Peláez.

La Universidad de San Carlos de Guatemala, única institución pública de educación superior en Guatemala, ha pasado por varias transformaciones durante su existencia. Dejando por un lado la discusión de que si se trata o no de la misma institución que fue originalmente fundada en 1676, existe una breve etapa que es la menos conocidas de la historia de la educación superior en Guatemala: la Academia de Ciencias y Estudios, que existió entre 1832 y 1840.

En 1832, luego de triunfar en la Guerra Civil Centroamericana, los criollos liberales se habían hecho con el poder en Centroamérica, aprovechando su poder para expulsar a los criollos conservadores aristocráticos de la región y saqueado los tesoros privados y religiosos de la ciudad de Guatemala.1 El nuevo gobierno liberal del Estado de Guatemala consiguió cierta tranquilidad y decidió restablecer la educación pública.

Para que el lector se de una idea de lo escaso de la preparación de la población  guatemalteca de la época, he aquí un listado de las instituciones disposibles para la educación primaria en la ciudad capital:

Para varones:

    • La escuela normal creada el 8 de marzo de 1831.
    • Tres escuelas de primeras letras fundadas en 1829.
    • Dos escuelas de primeras letras creadas por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy a finales del siglo XVIII
    • La escuela de primeras letras del convento de Belén2

Para niñas:

    • Escuela del beaterio de Santa Rosa
    • Escuela del beaterio de Indias
    • Escuela del convento de Belén
    • Colegio «La Presentación«
    • La escuela de la parroquia de San Sebastián
    • La escuela en la parroquia de Candelaria3

Fuera de la capital solamente había escuelas para varones en la cabecera de cada uno de los seis departamentos que existían en ese entonces, y una más para niñas en las cuatro cabeceras que tenían título de ciudades.

La educación secundaria estaba en peores condiciones, ya que estaba concentrada en su totalidad en la ciudad de Guatemala, y era solamente para varones. Existían dos instituciones:

    • El Colegio y Seminario Tridentino, el cual estaba enfocadao a la liturgia, práctica pastoral y ejercicios de predicación.
    • El Colegio de Infantes, el cual estaba encargado del resto de la educación secundaria.4

Para afrontar la educación superior, que había quedado a la deriva durante la Guerra Civil, el gobierno creó una Academia de Ciencias y Estudios la cual quedó a cargo del gobierno del Estado, y para que contara con las mejores posibilidades de éxito se estipuló incorporar a:

    • Todos los doctores, maestros y licenciados de la antigua Universidad de San Carlos.
    • Todos los abogados de los tribunals del estado, esten o no matriculados en su respectivo colegio.
    • Todos los licenciados y habilitados por el protomedicato para el ejercicio de la medicina y cirugía, y profesores de farmacia.
    • Todos lo que en adelante obtuvieran alguno de estos títulos conforme al nuevo arreglo de la instrucción pública.

Además se estipuló que una vez establecida la Academia, se consideraría suprimida la antigua Universidad y el colegio de abogados, que de hecho estaban casi disueltos debido a los desastres causados por la Guerra Civil Centroamericana y se refundieron en la misma los fondos y pertenencias de ambos cuerpos y sus obligaciones respectivas, en especial la que le tocaba al colegio de abogados, de dirigir la academia de derecho teórico-práctico que convirtieron en esa oportunidad en la cátedra de práctica forense.5

La Academia de Ciencias y Estudios funcionó únicamente por cinco años, ya que la revuelta católico-campesina que estalló en 1838 contra las autoridades liberales anticlericales alteró nuevamente la vida del Estado.6

La Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos fue restablecida con sus estatutos y privilegios originales el 5 de noviembre de 1840, ya cuando el regimen liberal había colapsado, aunque ya solamente funcionaba en el Estado de Guatemala.7 Por su parte, el colegio de abogados fue restablecido por decretos del 23 de diciembre de 1851 y del 30 de octubre de 1852.


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 60.
  3. Ibid., p. 61.
  4. Ibid., p. 65.
  5. Ibid., pp. 66-69.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-50.
  7. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala., pp. 171-175.

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