13 de septiembre de 1543: por Real Cedula se establece la Audiencia de los Confines con sede en la Nueva Valladolid de Comayagua

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Comayagua, Honduras, durante la epoca colonial. En el recuadro: retrato del emperador Carlos V. Imagenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros por el deslave del Volcán de Agua el 11 de septiembre de 1541, acaecida pocos meses despues de la muerte del adelantado Pedro de Alvarado, el emperador Carlos V decidió trasladar la Real Audiencia de Guatemala a una nueva sede. Por Real Cédula del 13 de septiembre de 1543 se decidió que la Real Audiencia se llamaría “de Los Confines” y estaría ubicada en la Nueva Valladolid de Comayagua, actualmente en Honduras.1

Aquella nueva Audiencia comprendía las provincias de Guatemala, Nicaragua, Chiapa, Yucatan y Cozumel, Higueras Honduras, y “cualquier provincia e isla que estuviere en la costa y parajes de las dichas provincias“.  De acuerdo a lo estipulado en la ordenanza XI de las Leyes Nuevas, aquella fue una Audiencia Gobernadora, en sustitución de un gobernador provincial de provisión real;  de esta forma, en el distrito de los Confines ya no iba a haber más gobernadores en cada una de las diferentes provincias, sino que la Audiencia iba a gobernar sobre todas ellas.1

El licenciado Alonso de Maldonado fue nombrado presidente de la primera Audiencia y Cancillería Real de los Confines el 1 de marzo de 1543.  El ya habia sido nombrado gobernador interino de Guatemala por el Virrey de Mexico en 1542,2 y junto con él fueron designados como oidores los licenciados Diego de Herrera, Pedro Ramírez de Quinones y Juan Rogel. Herrera y Rogel desembarcaron en Puerto de Caballos, procedentes de Castilla, el 16 de marzo de 1544, mientras que Ramirez de Quinones zarpó de Sanlucar de Barrameda el 3 de noviembre de 1543, llegando al puerto de Nombre de Dios el 9 de enero de 1544.  Inicialmente llego a Panamá, en donde procedió a sustanciar y sentenciar el juicio de residencia de los oidores de la extinta Audiencia Real de Panamá.  Herrera y Rogel, por su parte, se trasladaron de Puerto de Caballos a la villa de San Pedro de Puerto de Caballos (actualmente San Pedro Sula) para esperar la llegada de Alonso de Maldonado, quien tenía que llegar procedente de Santiago de los Caballeros en Guatemala.3

Maldonado les envió una carta informándoles que se iban a reunir en la población de Gracias a Dios, y ante el cabildo del 13 de mayo de 1544, los tres tomaron posesión de sus cargos y celebraron el primer Real Acuerdo, abriendo la primera sesión publica de la Audiencia y Real Cancillería de los Confines el 15 de mayo de 1544.  En esa oportunidad, acordaron que la sede audiencial fuera la población de Gracias a Dios y no la villa de la Nueva Valladolid de Comayagua, como decía la Real Cédula del 13 de septiembre de 1543, amparados en la facultad regia de la que disponían de elección final de sede; tal y como informaron al emperador Carlos V el 30 de diciembre de 1544, eligieron a Gracias a Dios porque “estaba en mejor comarca y más abundante de mantenimientos que las villas de San Pedro y de Comayagua“.3


BIBLIOGRAFIA

  1. Vallejo Garcia-Hevia, Jose Maria (2008). Juicio a un conquistador. Pedro de Alvarado. Su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)  I. Castilla-La Mancha: Marcial Pons Historia. p. 222
  2. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Vallejo Garcia-Hevia., Juicio a un conquistador, p. 223.

 

31 de agosto de 1544: la audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

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Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: “estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas” y querían que el rey les compensara por esto, diciendo “páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran “acabados de conquistar, indomables y contumaces“.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque “si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe.”4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales (es decir, indígenas que comunes que no eran esclavos) como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región “no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido“, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que “todos eran muertos“; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala “asola y destruye“.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: “por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son“. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.