18 de febrero de 1835: el Dr. Mariano Gálvez rechaza la reelección al cargo de Jefe de Estado de Guatemala

18febrero1835
Escuintla en la época en que Gálvez estuvo allí de vacaciones mientras los diputados le rogaban que aceptara la reelección como Jefe de Estado.  Grabado de Frederick Caterwood.  En el recuadro: retrato del Dr. Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia de Guatemala, muy pocos han sido los gobernantes que no se han corrompido en el poder y han extendido, o intentado extender, su mandato presidencial.  Durante el gobierno de los conservadores pro-católicos el general Rafael Carrera fue declarado presidente vitalicio y durante los regímenes liberales anticlericales, solamente el general Manuel Lisandro Barillas entregó la presidencia a su sucedor, el también general José María Reina Barrios; todos los demás gobernantes murieron en el poder o fueron derrocados por revoluciones tras largos años de dictadura, siendo reelectos varias veces por “voluntad de los pueblos“.   Tras la época revolucionaria, que fue truncada por la revolución del Movimiento de Liberación Nacional, los gobernantes no corrieron mejor suerte: Carlos Castillo Armas murió en el poder, y el general Miguel Ydígoras Fuentes fue derrocado por un golpe de estado.  Finalmente, los militares establecieron un sistema por medio del cual, el ministro de la Defensa llegaba a la presidencia y, de esta forma, una camarilla se perpetuaba en el poder.  Esta sistema tambén fue eliminado por un golpe de estado en 1982, y luego cambiado por el sistema supuestamente democrático que impera en el siglo XXI, y en que, como diría un político de la época del presidente Carlos Herrera, “el presidente tiene menos poder que un alcalde de pueblo”.

En la Primera Época Liberal, conocida también como el “Gobierno de los 7 Años“, se destacó la figura del Dr. Mariano Gálvez, quien tomó acertadas medidas cuando fungió como Jefe de Estado entre 1831 y 1835.  Pero, a partir de ese momento, el poder hizo de las suyas y Gálvez empezó a tomar medidas que desembocaron en una terrible guerra civil en que los campesinos católicos se alzaron contra el gobierno antlicerical y terminaron por derrocarlo en 1838.  Y la primera medida equivocada que tomó Gálvez fue la de fingir que no aceptaba su reelección como Jefe de Estado el 18 de febrero de 1835, como un ardid para que sus aduladores llegaran a extremos serviles para rogarle que siguiera en el poder.

Su plan fue el siguiente: poco antes de las elecciones se retiró a disfrutar de unas vacaciones en Escuintla dejando encargado del gobierno al comerciante Juan Antonio Martínez, y desde allí manejó los hilos de la situación, pues contaba con gran apoyo entre la sociedad de la Ciudad de Guatemala pues era muy localista y defendía los intereses de Guatemala ante el resto de Centroamérica, al que los guatemaltecos llamaban despectivamente “guanacos“.  (Esto quedó demostrado cuando forzó a las autoridades federales a dejar la Ciudad de Guatemala y trasladarse a Sonsonate en 1834).  Y como Gálvez esperaba, su triunfo en las elecciones de la Asamblea fue rotundo.

Los diputados que le eran parciales, se regocijaron por el triunfo y a Escuintla, en donde se movía toda la intriga del doctor Gálvez, llegó la notificación de que había sido electo nuevamente como Jefe de Estado.  Y aquí fue donde Gálvez quiso hacerse el indispensable, enviando la siguiente respuesta:

“Escuintla, 18 de febrero de 1835.

A los ciudadanos diputados y secretarios de la Asamblea.  Tuve el honor de recibir la comunicación de ustedes, datada el 9 del corriente, acompañándome el decreto de la misma fecha, que menciona la elección de primero y segundo jefe del Estado.  En mi mensaje dirigido a la Asamblea en la apertura de sus sesiones yo he manisfestado mi reconocimiento por lo honra de la reelección para primer jefe, así como la decisión que tenía y que tengo de retirarme a la vida privada; ahora reitero esto mismo, porque así entiendo que está en los intereses públicos. La ley no me obliga a servir en un segundo período, y la voz de mi conciencia me habla en este concepto.  Debo seguirla, y esto decido a pesar de mis deseos de oir la de los patriotas que me exigen la continuación de mi gobierno. Tengan ustedes ciudadanos secretarios, la dignación de poner esta mi respuesta en el alto conocimiento de la Asamblea, que no dudo servirá admitir la renuncia que hago de la primera magistratura del Estado.  Yo ofrezco a ustedes mis respetos y la perfecta consideración con que soy de ustedes atento servidor.

Mariano Gálvez”

El jefe de Estado sabía de antemano que los diputados, a quienes controlaba no le iban a aceptar la renuncia, y así fue.  Los diputados unánimamente pidieron al doctor Gálvez que continuara en el poder y “que se sacrificara en aras de la patria ante la voluntad manifiesta de los pueblos“.  Y aquí la situación se puso más teatral:  Gálvez se dió el lujo de rechazar la elección dos veces más, encantando de que los diputados le rogaran y suplicaran que siguiera al frente del gobierno enviándole correos hasta Escuintla, en donde seguía de vacaciones.  Y llegó al colmo de intentar darle largas al asunto, viajando a Amatitlán y luego a Antigua Guatemala, pero debía tomar posesión el 25 de marzo de 1835 y allí terminó el teatro.

¡Qué lejos estaba Gálvez de imaginar que su segundo gobierno sería un completo desastre y que tres años después, en lugar de que le rogaran que siguiera en el gobierno, tendría que salir huyendo del país, odiado y despreciado por sus enemigos y sus antiguos aliados en medio de una sangrienta guerra civil!


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (18 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 18 de febrero de 1835 el Dr. Gálvez rechaza la Reelección”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

4 de febrero de 1976: catastrófico terremoto asola a Guatemala, causando veintitres mil muertos y setentisiete mil heridos

4febrero1976
Derrumbe de una  residencia a la orilla de un barranco en la zona 2 de la Ciudad de Guatemala.  En el recuadro: una vivienda de adobe derrumbada en el Centro Histórico de la ciiudad.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 4 de febrero de 1976 a las 3:03:33 am, un poderoso terremoto azotó a Guatemala. La zona más afectada cubría alrededor de 30.000 km², y comprendía a varios departamentos del país. Al igual que como ocurrió durantes los terremotos de 1917-18, aparecieron grietas en el suelo en muchos lugares del país, y algunas llegaron a medir hasta un metro de ancho; también la cima de algunos cerros se agrietó y luego los cerros se desmoronaron, soterrando poblados enteros y vías de acceso. Numerosos derrumbes en los taludes de relleno y en los taludes de corte en las carreteras​ dejaron numerosas comunidades incomunicadas, especialmente en la carretera al Atlántico, la carretera entre San Lucas Sacatepéquez y Antigua Guatemala y la carretera CA-I entre Patzún y Panajachel. Muchos puentes, torres de alta tensión, postes de luz y de teléfonos colapsaron o se destruyeron. Los rieles de las líneas de los ferrocarriles se retorcieron como culebras.

El sismo dañó prácticamente a todo el país, aunque los lugares más afectados fueron:

  • Chimaltenango: fue el departamento más afectado, registrando la mayoría de decesos.
    • San Martín Jilotepeque: quedó completamente en ruinas y únicamente sobrevivió la fuente colonial de la plaza central.​
    • Carretera CA-I (carretera Interamericana): sufrió severos daños entre Patzicía, Patzún, Godínez y Panajachel. En el punto intermedio entre Godínez y Patzún, en el lugar conocido como Los Chocoyos, hubo un derrumbe de tal magnitud que sepultó a varias casas con todo y sus habitantes.
    • Mixco Viejo: estas ruinas precolombinas sufrieron serios daños estructurales.
  • Departamento de Guatemala:
    • Ciudad de Guatemala: la ciudad y sus alrededores sufrieron graves daños, debido a la sobrepoblación y a lo precario de las viviendas, a pesar de estar lejos del epicentro del terremoto. La periferia de la ciudad quedó más destruida que el centro debido a que las casas estaban hechas de adobe. Al igual y como ocurrió con los terremotos de 1917-18 los templos católicos resultaron seriamente afectados: en la Catedral Metropolitana colapsó la cúpula elíptica que tenía,​ la Iglesia la Recolección y la Ermita del Carmen en el cerro del mismo nombre sufrieron daños considerables. Los centros de salud se quedaron pronto sin medicinas de primeros auxilios y sin alimentos, pues el sismo cortó el suministro de agua potable​ y los alimentos se agotaron rápidamente pues tanto las tiendas de abarrotes como las panaderías permanecieron cerradas. Los damnificados tuvieron que permanecer en las calles ya que hasta los hospitales dejaron afuera a sus pacientes, pues los edificios estaban en malas condiciones​ y se percibía el olor nauseabundo que provenía de desagües rotos.
    • San Juan Sacatepéquez, la municipalidad se derrumbó parcialmente.
    • Mixco: la estación de policía quedó inhabitable pero continuó operando; los agentes de la policía en las primeras horas que siguieron al terremoto encontraron ciento cincuenta muertos y doscientos heridos. Ante la gravedad de la situación y que la estructura del recinto estaba colapsada, el juez de la localidad autorizó a que los detenidos que tuvieran faltas leves fueran liberados.
  • El Progreso:
    • Carretera al Atlántico, la principal vía de comunicación del país, sufrió daños principalmente entre el kilómetro cero en el palacio Nacional y el kilómetro 80 -en El Rancho de San Agustín dejando incomunicados a Sanarate, Guastatoya y los poblados intermedios con la ciudad de Guatemala.​
  • Sacatepéquez :
    • Antigua Guatemala: el Palacio de los Capitanes Generales (que había sido reconstruido a finales de la década de 1880) resistió el temblor con algunos daños y únicamente hubo que demoler el muro de la fachada oriental. También hubo destrozos en la Parroquia de San José Catedral, el palacio del Ayuntamiento, las iglesias del Carmen, La Compañía de Jesús(que entonces albergaba un mercado), San Francisco y San Sebastián, así como casas de valor arquitectónico.
    • La carretera entre San Lucas Sacatepéquez y Antigua Guatemala también resultó seriamente dañada.
  • Izabal:
    • Puerto Barrios: las instalaciones de la portuaria quedaron seriamente dañadas
    • Los Amates: varias estelas mayas de Quiriguá se cayeron.

Aunque inicialmente el gobierno del general Kjell Eugenio Laugerud García reportó que las pérdidas de vidas humanas eran mínimas para calmar a la población, a medida que se recuperaban los cuerpos de las víctimas la verdadera magnitud del desastre quedaba al descubierto. El gobierno tuvo que enterrar a numerosas víctimas como XX en fosas comunes, debido a la enorme cantidad de muertos y era la única forma de evitar una epidemia. El resultado final, indicó que hubo veintitrés mil personas fallecidas, setentisiete mil gravemente heridas, mientras que alrededor de doscientos cincuenta y ocho mil casas fueron destruidas, dejando a cerca de 1,2 millones de personas desplazadas. Y es que, a diferencia de lo ocurrido en 1917-18, no hubo un sismo inicial que advirtiera a la población y muchos murieron soterrados por sus propias viviendas; los sobrevivientes armaron albergues temporales en las calles junto a paredes inestables, que cedieron con las fuertes réplicas del sismo, provocando aún más víctimas mortales, cuando les cayeron paredes de edificios dañados. Después de eso las personas movieron sus albergues al centro de las calles, a parques o al primer terreno baldío que pudieron encontrar.

El riesgo de una epidemia de fiebre tifoidea se logró evitar porque cuando se suspendió el servicio de agua potable, el gobierno emitió boletines radiales de información sobre como prevenir enfermedades derivadas del consumo de agua sin tratamiento.​ Tampoco hubo un incremento en problemas psicosomáticos entre los sobrevivientes, a pesar de la experiencia traumática que padecieron. Los problemas que sí hubo fueron: diarrea, problemas pulmonares y oculares, estos últimos por la cantidad de polvo que se levantó de los escombros debido a las frecuentes réplicas.

El pillaje también se desató, y ante la falta de elementos de seguridad pues éstos estaban ocupados con las labores de ayuda, se organizaron patrullas civiles para evitarlo;. Los miembros de las patrullas eran vecinos voluntarios que estaban armados como podían y no llevaban a los capturados a las autoridades sino que ellos mismos se encargaban de escarmentarlos.

A diferencia del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera que fue totalmente inepto para afrontar la catástrofe de 1917-18, el gobierno del general Laugerud García afrontó la situación eficientemente y recuperó al país en cuestión de dos años.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


3 de febrero de 1640: los frailes hospitalarios de San Juan de Dios se hacen cargo del primer lazareto en Santiago de los Caballeros

3febrero1640
Composición fotográfica realizada por Juan José de Jesús Yas de las ruinas de Antigua Guatemala a principios del siglo XX.  Se reconocen: La Recolección, el cementerio de San Lázaro, San Francisco el Grande, Tanque La Unión, Templo de Minerva (desaparecido), Parroquia San  José Catedral, La Merced, San Agustín, El Carmen, Arco de Santa Catalina, Palacio de los Capitanes Generales, Hospital de San Pedro y Ayuntamiento. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando el presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Alvaro de Quiñonez y Osorio, marqués de Lorenzana, se dió cuenta de que habí varios leprosos deambulando por las calles de la ciudad de Santiago de los Caballeros, dispuso que se construyera un lazareto en los poblados situados en las afueras de la ciudad, específicamene a dos kilómetros al este de la misma.

El rey aprobó la construcción por medio de una Real Cédula de 1639 y donó 4000 ducados para la misma; luego de construído, se lo entregaron a los religiosos de San Juan de Dios para su administración, siendo el prior del convento de la orden en Guatemala y vicario provincial en ese entonces Carlos Cívico de la Cerda.

El 29 de de septiembre de 1717el lazareto fue arruinado por el terremoto de San Miguel, y el 17 de febrero de 1719 el prior del convento de San Juan de Dios, Agustín de Sotomayor, pidió que se le donase agua para la reconstrucción del edificio, ya que existía mucho peligro de que los lazarinos contagiaran a los pacientes que los religiosos tenían en su hospital de Santiago si eran admitidos allí por falta de hospital apropiado.

El Ayuntamiento aprobó la solicitud, pero debido a la escacez de recursos, no se pudo construir. Desafortunadamente, el terremoto de San Casimiro en 1751 dañó lo poco que se había avanzado hasta entonces, y con el de Santa Marta en 1773 se extinguió por completo el hospital.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


28 de enero de 1776: arriba la Real Cédula que establece la forma de traslado de la capital desde la arruinada Santiago a la Nueva Guatemala de la Asunción

28enero1776
Mapa del Llano de la Virgen, antes de la fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción.  En el recuadro: Martín de Mayorga, capitán general de Guatemala durante la época en que se trasladó la capital a la nueva ciudad.

La Real Cédula en la que se regula la forma en que se haría el traslado de la capital del Reino de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción fue emitida el 15 de septiembre de 1775 y llegó a la provincia americana el 28 de enero de 1776, casi un mes después de que ya se hubieran trasladado oficialmente las autoridades coloniales a la nueva capital.

En aquella Cédula se explicaban ochenta y seis puntos que había que tener en cuenta para el traslado de la ciudad, de los cuales los más relevantes eran los siguientes:

  • “Se comprará el terreno de dos, tres o cuatro leguas cuadradas, por cuenta de la caja real, para emplazar la nueva ciudad.”
  • “La plaza mayor, plazuela y calles tendrán más extensión y capacidad, especialmente las últimas, según lo permita el terreno, y que tirándose a cordel como lo estaban las más en la destruida ciudad, tenga un ancho de diez y seis varas cuando menos, previendo por este medio cualquier inopinado suceso.”
  • “Se concederán gratuitamente los terrenos a las comunidades, iglesias matrices y filiales, los mismos que lograban en la asolada Guatemala, y en los propios sitios o parajes con corta diferencia, pero con la limitación o exclusión que propondremos de algunas de estas últimas, por no necesarias y por evitar los inconvenientes y ofensas de Dios que se cometían con la profanación; con advertencia de que, hallándose el terreno de alguna comunidad, iglesia, palacio arzobispal y cualquiera otra semejante, responsable a gravamen o censo consignativo, reservativo, haya de gobernarse este punto por las mismas reglas que se prescribirán para los fondos de los particulares.”(Nota de HoyHistoriaGT: lo de profanación se refiere a la Compañía de Jesús, la cual había sido expulsada el 1767 y sus propiedades habían sido traspasadas a los mercedarios; en cuanto a la disposición de los templos, esta es la razón por la que la disposición de iglesias y conventos en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala guarda cierta semejanza con el de la Antigua Guatemala).
  • “A todos los vecinos de la capital se concederá gratuitamente el propio idéntico terreno, y en el mismo lugar, con corta diferencia del que en ella lograban; sujetándose al proporcional y correspondiente gravamen que legal y prudencialmente corresponda al valor intrínseco que se considere tenga o pueda tener algún paraje o sitio donde se señale, cuya pensión deberán reconocerla a favor de aquellas comunidades, capellanías, u obras pías, con que hubiesen estado afectas sus casas, como continuaría en el valor o estimación del suelo, sin embargo de haberse destruido los edificios, teniendo igualmente consideración en este caso al valor de los fragmentos útiles que hubieren quedado y se puedan aprovechar, vender o conducir a la nueva población, deducidos los costos, cuando menos, de su extracción.”
  • “La demarcación, o delineación de la ciudad sea sustancialmente la misma que tenía en Guatemala, con la circunstancia de dar alguna más extensión a la plaza mayor, plazuelas y calles y aun a algunas manzanas y cuadras, como aquí se les nombra; pues aunque la plaza principal es bastante capaz, según se expresa en el número 1o. de la razón de los templos, juzgamos que, no debiéndose pensar en fábricas altas, ni en lo demás que ha sido objeto de las mayores y considerables ruinas, como son bóvedas y demás semejantes, se hace forzoso dar una más capacidad al ángulo que ocupara el real palacio, al de la catedral, con que se halla habido el del arzobispo, como también al del cabildo, pues los conventos y comunidades lograban comunmente suficientísimo terreno, y en cualquier evento será fácil de aumentársele por la parte que no ofrezca perjuicio a tercero.”
  • “Para fabricar en la nueva ciudad se ha de guardar precisamente la debida proporción e igualdad en la altura de las casas, la que no deberá pasar de cuatro y media varas, dando al piso, o entresuelo, un poco más o menos, sobre lo cual deberá estar a la mira el Gobierno, la Audiencia, o sus Ministros, y el Ayuntamiento para su puntual observancia, publicándose por bando, de tiempo en tiempo, con la pena de demolición de la obra.  Y por este medio se consultaba al decoro y hermosura de la ciudad, y a la mayor seguridad de los edificios, mediante la unión y enlace que mutuamente deben tener entre sí.”
  • “Que pagado el importe del sitio y terreno para la nueva ciudad, del producto de alcabalas destinado por mí a obras públicas se construyan seis casas iguales, con la posible inmediación al palacio de la Audiencia, para la habitación de los ministros de ella, y se les de sin otro gravamen que el de los reparos menos en atención a su corto sueldo y a la general necesidad de edificios.”
  • “La Iglesia Catedral es otro edificio, y muy principal, cuya fábrica nos persuadimos corra por cuenta del gobierno español, siempre y cuando no exceda en elevación de la competente y prudentemente regulada por los inteligentes de la Arquitectura Civil, con reflexión a lo expuestas que se hallan todas las Américas, Septentrional y Meridional, a los estragos que causan los temblores, con más repetición y fuerza en algunas partes, como se ha experimentado en la desgraciada Guatemala; pues, aunque discurrimos y tenemos por cierto y lo convencen los efectos, que en este valle no se han sentido con violencia y extraña fortaleza que llevamos dicho, se hace forzoso poner toda atención y posible cuidado en precaver las fábricas de cualquier inopinado suceso, sin que deba permitirse ni tolerarse, con pretexto alguno, arbitrio para lo contrario; estando, por consiguiente, a la mira la potestad secular, Presidente, Oidores, Fiscal y aun el Ayuntamiento, sobre el cumplimiento puntual y exacto de este punto tan importante al beneficio común y particular, como que el golpe y estrépito que causa la destrucción de estos edificios hace, sin la menor duda, notable daño a los de los vecinos, especialmente a los más inmediatos.” (Nota de HoyHistoriaGT: se expresa aquí la antigua creencia que tenían los pobladores originales de la ciudad de Guatemala, de que la misma no era tan propensa a los terremotos como la antigua capital; aquella creencia fue desvanecida con el terremoto de 1830).
  • Las iglesias matrices o parroquiales, como son la de San Sebastián, la de Candelaria y los Remedios, tienen la aplicación que disponen la municipal y reales cédulas que tratan del asunto, para el caso de su reedificación, fuera del arbitrio o arbitrios que propondremos para con algunos pueblos que deben seguir a la capital y su traslación. (Nota de HoyHistoriaGT: pueblos como Jocotenango, por ejemplo;  estas parroquias, a cargo del arzobispo Pedro Cortés y Larraz, se resistieron al traslado a la nueva ciudad hasta que el arzobispo fue expulsado de la mitra en 1778).
  • Siguiendo el orden observado de los templos, y pasando al capítulo de iglesias filiales, tenemos dicho lo conveniente en cuanto a la de San Pedro y su Hospital, según se advierte en los números 30 y 31 de este proyecto, y no debiendo quedar otras que la de los terceros del Carmen, la de San Lázaro, y con el tiempo, la del oratorio de Espinosa, fundada por un particular, la del Calvario, las ermitas de la Víacrucis y la de Santa Lucía, no nos parece necesario ni hallamos en la actualidad arbitros para consultar sus reedificios; pero les deberán quedar señalados los propios lugares que tenían en la destruída ciudad, para cuando llegue el caso de hallarse con fodo cada una de ellas con que poder atender a su correspondiente fábrica.” 

BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (28 de enero de 1926). “El Capítulo de las Efemérides. 1776, 28 de enero: llega la Real Cédula que estable la forma de traslado de la ciudad“.  Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.

 

26 de enero de 1838: en medio de la guerra civil contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez, se subleva la guarnición de “La Concordia” en la Ciudad de Guatemala

26enero1838
El antiguo Calvario, situado en el entonces extremo sur de la Ciudad de Guatemala; por esa área ingresaron tropas provenientes de Antigua Guatemala para reprimir la sublevación del Batallón “La Concordia”.  En el recuadro: el jefe de estado, doctor Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno del del Jefe del Estado de Guatemala, doctor Mariano Gálvez, colapsó gradualmente debido a sus fallidas políticas económicas y sociales.  En primer lugar restituyó el impuesto individual a los indígenas, que había existido en la época colonial, y que los dejó práticamente en la miseria; luego, se asoció con los ingleses, a quienes los curas párrocos se encargaron de difamar diciéndole a los indígenas de sus parroquias que eran herejes y que el gobierno también. Y, por último, impuso leyes laices inspiradas en el código de Livingston, que se había establecido con éxito en el estado de Luisiana, en los Estados Unidos, pero que no se pudo aplicar en Guatemala, ya que los conceptos de juicios con jurados, matrimonio laico y divorcio eran ajenos a la idiosincracia nacional.

Acostumbrados s soportar vejámenes e injusticias desde la conquista, los pobladores indígenas no protestaron por todo esto, pero como no estaban para nada conformes, un grupo se alzó en armas en Mataquescuintla cuando el gobierno les prohibió acceder a sus fuentes de agua como medida de prevención sanitaria contra la epidemia de cólera morbus a mediados de mayo de 1837.  Se regó el rumor de que era el mismo gobierno el que estaba envenando las fuentes de agua y el descontento estalló en una rebelión armada.

Inicialmente, las fuerzas gubernamentales prevalecieron en Mataquescuintla el 15 de junio de 1837, derrotando a los sublevados dirigidos por el entonces desconocido Rafael Carrera, pero se extralimitaron tras someter a los alzados, cometiendo contra ellos todo tipo de vejámenes, dando como resultado que ya no se pudiera resolver la situación por la vía pacífica.

A partir de ese momento, el gobierno del doctor Gálvez empezó a desmoronarse. El 16 de junio de ese año se reunió en una sesión extraordinaria la Asamblea Legislativa, y durante esa agitada jornada se formaron los partidos “Ministerial” y “Opositor” los cuales se enfrentaron violentamente en los siguientes meses. Como no podían ponerse de acuerdo, y la amenaza de la rebelión aumentaba entre los campesinos, Gálvez dió cabida en su gabinete a dos miembros del partido Opositor, Juan José de Aycinena y Marcial Zebadúa, para intentar calmar los ánimos, pero luego de solo un mes, tuvo que pedirles la renuncia y sustituirlos por un Ministro Imparcial el 13 de diciembre, debido a la gran cantidad de insultos que los mencionados ministros recibieron en la prensa local.  Aquel ministerio también duró poco, y el gobierno quedó prácticamente desmantelado, con el partido Opositor y los campesinos alzados exigiendo la salida de Gálvez.

Y la situación empeoró aún más.  El 13 de enero el gobierno tuvo que declarar a los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez en estado de rebelión lo que mantuvo a todos los poblados bajo el régimen militar y sin ninguna garantía constitucional; como respuesta, la ciudad de Antigua Guatemala desconoció al Jefe del Estado y nombró a un gobierno provisorio el 18 de ese mes, seguida de Chiquimula el 25 y de Salamá el 30.  Esto, aunado a la rebelión campesina, dejó a todo el estado sumido en la anarquía.

El 26 de enero, el batallón “La Concordia” se alzó en armas contra las autoridades del estado exigiendo que se restituyera el Ministerio Imparcial y que se mantuviera al doctor Gálvez en la jefatura del Estado, contra los deseos de los Opositores. Aquel alzamiento no hizo más provocar el ataque a la ciudad de Guatemala por parte de las fuerzas de Antigua Guatemala, que la invadieron entrando por el Calvario en la noche del 29 al 30 de enero.  Tras una batalla que se prolongó por cuatro días, los soldados de “La Concordia” se rindieron, y con ello terminó el gobierno de Gálvez quien renunció dejando el poder en manos del vice-jefe de Estado, Pedro Valenzuela, en una situación por demás precaria.


BIBLIOGRAFIA:


11 de enero de 1602: la municipalidad de Santiago de Guatemala entrega la población de Jocotenango a los dominicos para establecer un convento

11enero1602
Mapa aproximado de la región que ocuparon los poblados de indígenas (o “doctrinas”) adjudicados a la Orden de Predicadores durante la época colonial.  Los poblados indicados son aquellos en que había conventos principales de la orden.  En el recuadro: el escudo dominico.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 4 de enero de 1602, la Real Audiencia de Guatemala, entonces presidida por Alonso Criado de Castilla, en calidad de vicepatrono real, otorgó la licencia civil para que la Orden de Predicadores (es decir, la de los dominicos) estableciera un convento en el poblado indígena de Jocotenango, con jurisdicción en los poblados de San Felipe de Jesús, San Luis de las Carretas, San Miguel y San Lorenzo El Tejar.

Luego, el 11 de enero, el obispo Juan Ramírez de Arellano otorgó la licencia eclesiástica para que se fundara el convento, y autoriza a que se utilice la infraestructura ya existente.   Así pues, ante los oficios del escribano Cristóbal Aceituno de Guzmán del alcalde ordinario de la ciudad de Santiago, Diego de Herrera, el reverendo padre provincial de la Orden de Predicadores, fray García de Loayza, O.D.P., tomó posesión del poblado de Jocotenango el 21 de enero, para establecer en él una vicaría y un convento de su orden.  En esa misma fecha, el obispado le dió formalmente posesión del templo y de la casa conventual.

Aquellos fueron los primeros poblados indígenas (llamados también “doctrinas”) que pertenecieron a los dominicos en el valle de la ciudad de Santiago de Guatemala.

Si bien para 1620 el convento principal de la Orden en la Ciudad de Santiago estaba en condiciones miserables, con apenas una iglesia de cañas tapadas con barro y tejado de heno, y un cerco de maderos atravesados con celdas que más parecían chozas, para 1635 la situación había mejorado considerablemente y ya el priorato tenía una renta proveniente de varias “doctrinas” que le pertenecían, un molino de agua, una hacienda de trigo, otra hacienda con caballos y mulas, un ingenio de azúcar y una mina de plata que obtuvo en 1633 y cuya renta anual ascendía por lo menos treintal mil ducados. Con semejantes ingresos, los dominicos pudieron costear varias joyas para su iglesia, entre ellas una lámpara de plata que estaba frente al altar mayor y una imagen de la Virgen del Rosario hecha también de plata.​

En 1638, para mejorar la administración, los dominicos separaron a sus grandes doctrinas en grupos centrados en sus seis conventos:

Doctrinas de los dominicos en la Capitanía General de Guatemala en 163848
Convento Doctrinas Convento Doctrinas
Guatemala
  • Chimaltenango
  • Jocotenango
  • Sumpango
  • San Juan Sacatepéquez
  • San Pedro Sacatepéquez
  • Santiago Sacatepéquez
  • Rabinal
  • San Martín Jilotepeque
  • Escuintla
  • Milpas Altas
  • Milpas Bajas
  • San Lucas Sacatepéquez
  • Barrio de Santo Domingo
Amatitlán
  • Amatitlán
  • Petapa
  • Mixco
  • San Cristóbal
Verapaz
  • Cahabón
  • Cobán
  • Chamelco
  • San Cristóbal
  • Tactic
Sonsonate
  • Nahuizalco
  • Tacuxcalco
San Salvador
  • Apastepeque
  • Chontales
  • Cojutepeque
  • Cuscatlán
  • Milpas Bajas
  • Tonacatepeque
Sacapulas
  • Sacapulas
  • Cunén
  • Nebaj
  • Santa Cruz
  • San Andrés Sajcabajá
  • Zacualpa
  • Chichicastenango

BIBLIOGRAFIA:


 

14 de enero de 1646: el correo mayor y alguacil del Santo Oficio, Pedro Crespo Juárez, dota con fuerte suma para el establecimiento de varias cátedras

14enero1646
Retrato de Pedro Crespo y Suárez que fue mandado a hacer por la Facultad de Derecho y Notariado el 25 de abril de 1882, para que fuera colocado en el Salón de Actos de dicha facultad en homanje de gratitud.  Actualmente se conserva en el museo del Palacio de los Capitanes Generales de Antigua Guatemala.  Imagen de HoyHistoriaGT.

Si bien es al obispo Francisco Marroquín a quien se le atribuye dejar una cuantiosa donación para la fundación de la Universidad en Guatemala, en realidad fue la dotación que dejó el alguacil mayor Pedro Crespo Juárez la que determinó la fundación de la institución de educación superior en el Reino de Guatemala.

La dotación, autorizada por elescribano Felipe Díaz, dice:  “que teniendo el colegio de Santo Tomás de Aquino renta anual de 2,400 tostones y que su majestad no había permitido la erección de universidad por facta de capital suficiente, a pesar de que Sancho de Barahona y su esposa legaron cien ducados de renta anual; que existiendo en la ciudad de Santiago de Guatemala, una audiencia, un obispado, seis centros conventuales para hombres y dos para mujres; que la población es numerosa y que en atención a todo, cedía la cantidad de mil tostones de cuatro reales para el sostenimiento de las cátedras siguientes:

  • dos de sagrada teología (una de vísperas y otra de prima)
  • dos de cánones y leyes (una de prima y otra de vísperas), y
  • una de medicina”.

Además, de los fondos donados para sostenimiento de cátedras, cedía otra cantidad para alimento de colegiales y reconstrucción o edificación de casas de estudios.  E indicaba que la universidad que se erigiera, debería tener las mismas prerrogativas que las universidad de Valladolid, Salamanca y Alcalá “[…] e que por ello e para ello dejaba la donación de cuarenta mil tostones de a cuatro reales cada uno…

Finalmente decía que la advocación tendría que ser a la Santísima Virgen María, a San Pedro Mártir y a Santo Tomás de Aquino.

Crespo Suárez otorgó su testamento ante el escribano Juan de Palomino el 7 de febrero de ese año y en la segunda clausula confirmó la dotación y fundación de las cinco cátedras de la universidad.

El cargo de correo mayor fue tomada por el capitán Francisco de Lira y Cárcamo, quien fue recibido en el ayuntamiento criollo el 12 de junio de 1646.


BIBLIOGRAFIA:


 

2 de octubre de 1926: tras reiniciar sus labores ese mes, el periódico “El Imparcial” publica la autopsia del general José María Orellana realizada por el doctor Federico Mora

2octubre1926
El Hotel Manchén en Antigua Guatemala, en donde falleció el general Orellana el 26 de septiembre de 1926.  En el recuadro, el útimo retrato del general presidente.  Imágenes tomadas del “Diario de Centro América”.

El 2 de octubre de 1926, es decir, al día siguiente de haber empezado nuevamente a operar normalmente luego de la restricción a las garantías constitucionales, el periódico “El Imparcial” publicó la autopsia del general José María Orellana, fallecido en el Hotel Manchén en la Antigua Guatemal el 26 de septiembre, la cual reproducimos a continuación:

El veintiséis de este mes en curso a las cuatro y media de la mañana, ayudado por el doctor Ramón Calderón y en presencia de los doctores Juan J. Ortega, Mario J. Wunderlich, Ricardo Alvarez, Rodolfo Robles, Alfonso Castellanos, Jorge E. Alvarado y Leopoldo Aschkel y del juez secto de primera instancia de este departamento, así como de dos oficiales de la Plana Mayor practiqué la autopsia al cadáver del general José María Orellana, en una de las habitaciones de la casa número uno de la octava calle poniente. Por el reconocimiento exterior se pudo ver que se trataba de una persona de buena constitución esquelética y bien nutrida, aunque con el panículo adiposo muy desarrollado en algunas partes del cuerpo.  Como signos que confirmaron la realidad de la muerte se comprobó que ya había manchas lívidas de hipostasis cadavérica en el dorso y que la reigidez comenzaba a establecerse en las cuatro extremidades.

Los legumentos tenían una coloración y un aspecto normales,pero había en las dos regiones maleolares un edema fácilmente visible y que se dejaba deprimir por la presión del dedo.  Además, se encontró una esquimosis rojiza en la cara anterior y tercio medio de la pierna derecha y la picadura de una aguja (¿hipodérmica?) en la fosa ilíaca derecha.  Por los orificios de las aberturas bucal y nasal se escapaba, al mover el cadáver, una abundante cantidad de espuma blanca y espesa.  En las otras cavidades naturales no se encontró nada de anormal. Abierta la cavidad del cráneo que el pericráneo, la bóveda ósea, el seno longitudinal superior y las meninges no presentaban ninguna alteración. El cerebro bien conformado, pesaba un mil trescientos gramos; se notaba al examinarlo exteriormente que los vasos superficiales estaban congestionados, principalmente en la región occipital, lo que indica que se trataba de una congestión pasiva y seguramente agónica o post-mortem.

Por el examen interno del propio cerebro se vió que estaba completamente normal y que los ventrículos laterales estaban libres.  El cerebelo, la protuberancia anular y el bulbo tampoco ofrecían ninguna alteración; la base del cráneo estaba intacta; los senos de la base se hallaban congestionados, aunque no en exceso y la hipófisis estaba completamente sana.

Fue abierta la cavidad toráxica, comprobándose, en primer lugar, que el esqueleto no tenía nada de extraordinario; que los órganos se encontraban en su posición anatómica normal y que las dos cavidades pleurales se encontraban vacías y no presentaban adherencias de ninguna clase.  El pericardio estaba muy recargado de grasa en su cara anterior y contenía en su cavidad unos treinta gramos de líquido, es decir una cantidad normal. El corazón se presentó muy aumentado de tamaño, sobre todo en la mitad izquierda, y con alguna torción sobre su eje vertical a causa del predominio del corazón izquierdo sobre el derecho.

La hoa visceral del pericardio estaba muy sobrecargada de grasa.  El órgano vaciado de la sangre que contenía sus cavidades, pesó quinientos cincuenta gramos, es decir mucho más de lo normal.  La sangre que se le extrajo era fluida y abundante; no se encontraron coágulos de ninguna clase.  El miocardio estaba muy hipertrofiado en la pared del ventrículo izquierdo en donde alcanzaba un espesor de dos centímetros, no observándose en él ninguna degeneración macroscópica.  El endocardio no presentaba ninguna modificación patológica, así como tampoco las válvulas auriculovenriculares y las pulmonares. Las válvulas aórticas, en cambio, presentaban las siguientes lesiones:

  • Retracción consecutiva a una esclerosis muy marcada que se extendía a todo el contorno del orificio aórtico y nódulos endurecidos en el espesor de las propias válvulas.
  • A consecuencia de la retracción valvular el mencionado orificio aórtico se había ensanchado considerablemente, como pudo comprobarse poniendo agua en el tronco de la aorta y asegurándose que pasaba inmediatamente a la cavidad del ventrículo.
  • Dicha cavidad estaba dilatada lo que, con el engrosamiento considerable de la pared del ventrículo demuesta que había una hipertrofia excéntrica, como son las que se observan en la insuficiencia aórtica.

El examen del cayado de la aorta permitió descubrir grandes placas de ateroma, algunas de las cuales tenían una consistencia ósea; esta degeneración de la pared arterial se extendía a toda la aorta toráxica y a causa de ella el vaso daba una sensación de dureza y tenía numerosas nudosidades.  El calibre de la arteria no estaba alterado en ninguna parte de su trayecto, es decir, que no había estrecheces, ni dilatación, ni aneurismas.

Las dos arterias coronarias estaban permeables, sus paredes estaban sanas y no había en el controno de su desembocadura ninguna formación patológica que la estrechara; tampoco había coágulos en el interior de las mencionadas arterias.

Examinados a continuación los órganos de la cavidad bucal y del cuello y los pulmones se pudo anotar lo siguiente:

La lengua tenía un tamaño, una coloración y un aspecto normales, sucediendo otro tanto con las paredes de la cavidad, en el itsmo de las fauces no había  más que un poco de espuma, la que también sse encontraba en la faringe; la laringe estaba normal y no contenía cuerpos extraños; el esófago tenía una mucosa de coloración y aspecto normales; la tráquea y los grandes bronquios estaban llenos de espuma blanca y consistente; el tiroides y las parótidas se hallaban sanas; las venas yugulares estaban muy dilatadas y repletas de sangre; en las parótidas no había nada extraordinario.

Los pulmones se presentaban, al examinarlos por fuera, con un tamaño, un color y una consistencia normales; al hacer corte sobre ellos se notaba que el parénquima no llevaba vestigios de lesiones antiguas, pero que estaba invadido de espuma, siempre blanca y espesa, que brotaba en abundancia al ejercer presiones. No había equimosis subpleurales en ningún lugar; los vasos pulmonares estaban completamente sanos y no se había obstruido ni habían formado focos de infarto pulmonar.

Haciendo la autopsia de la cavidad abdominal se realizaron las siguientes observaciones:

  • El diafragma se encontraba a la altura normal
  • En la cavidad no había ningun líquido o producto patológico de otra clase
  • Los órganos etaban situados en su posición anatómica
  • El hígado pesaba un mil ochocientos gramos y tenía algunas adherencias al diafragma en la cara superior de su lóbulo derecho, hallándose completamente sano en su interior
  • El vaso pesaba doscientos gramos y era normal
  • La vesícula biliar, sana, contenía unos veinte gramos de biis y los conductos biliares estaban permeables
  • El páncreas no tenía nada de anormal, así como tampoco las glándulas suprarenales.
  • El meenterio estaba muy recargado de grasa
  • El estómago, cuyo tamaño, forma y apareicnia externa e interna eran normales contenía en su cavidad unos ciento cincuenta gramos de materias alimenticias en vías de digestión, sin ningun olor especial.
  • Los riñones se hallaban sumergidos entre un exceso de grasa perirenal, pero estaban completamente sanos, hasta donde pudo comprobarse por el examen a simple vista
  • La vejiga contenía cincuenta gramos de orina amarillenta, sin nada en particular, en su aspecto
  • Los intestinos tampoco presentaban ninguna alteración patológica
  • El apéndice estaba atrofiado y adherido al mesenterio
  • Los órganos genitales no tenían nada de anormal.

Por considerarse innecesario no se practicó la apertura de la cavidad raquídea.

Como resumen de los resultados obtenidos por la autopsia de la diversas cavidades puede decirse que únicamente había lesiones graves en el corazón y en la aorta, por lo que es posible afirmar las siguientes conclusiones:

  1. El general José María Orellana falleció a consecuencia de un síncope cardíaco
  2. Dicho síncope fue originado por una insuficiencia aórtica y una aortitis crónica
  3. No se encontrón ninguna lesión traumática
  4. Tampoco se encontró ningún indicio que hiciera sospechar un envenenamiento.

Soy de usted atentamente.

Federico Mora


BIBLIOGRAFIA:

  • Mora, Federico (2 de octubre de 1926) “Autopsia al cadáver del general Orellana”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.

 

5 de enero de 1671: concluye la investigación contra el presidente y capitán general Sebastián Alfonso Rosica de Caldas por abuso de autoridad

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Pintura llamada “El triunfo de la Iglesia” realizada en 1673 por Pedro Ramírez “el Mozo” por encargo del obispo Juan Sáenz de Santo Matía de Mañosca y Murillo para la nueva catedral que se estaba construyendo en la ciudad de Santiago de los Caballeros.  Actualmente se encuentra en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala.  Imagen de HoyHistoriaGT.

El 6 de mayo de 1670 arriba la Real cédula en la que el rey llamó la atención y separó del cargo al capitán general y presidente Sebastián Alfonso Rosica de Caldas por los abusos de autoridad que había cometido, entre ellos los que incurrió durante un viaje que había hecho a Nicaragua con la excusa de repeler los ataques de piratas, y por enviar al fiscal licenciado Pedro de Santillán a la prisión del castillo de San Felipe en el Golfo Dulce y donde murió el 9 de diciembre de 1669.

En la Real cédula se indicaba que el obispo Juan Sáenz de Santo Matía de Mañosca y Murillo debía tomar la presidencia interina e iniciar un juicio contra Rosica de Caldas. El obispo cumplió con la orden el 29 de octubre de ese año, y envió a Rosica de Caldas al poblado de Patulul en Suchitepéquez mientras se realizaba el juicio de residencia.  Posteriormente, el ahora presidencia y juez de residencia, nombró al doctor Jacinto Roldán de la Cueva el 11 de diciembre para que investiga el viaje de Rosica de Caldas a Nicaragua, a donde el doctor partió el 14 de diciembre.

El 5 de enero de 1671, en la villa de San Miguel el doctor Roldán de la Cueva terminó con la investigación de la conducta observada por el capitán general Rosica de Caldas durante su viaje a Nicaragua, y concluyó que el presidente se había servido de indígenas sin cubrirles el salario correspondiente, proveyó de ciertos puestos sin tener la autorización para hacerlo y que jugaba al dado y a los naipes en su propia residencia.  Roldán de la Cueva elaboró así un informe final, el cual terminó en la Villa de Jerez de la Choluteca el 15 de enero para después pregonar en Granada que estaba abriendo el juicio de residencia contra el capitán general el 3 de marzo.

El 7 de febrero de 1672, Rosica de Caldas reportó que estaba enfermo en Patulul, y pidió que lo trasladaran a Panajachel, lo cual fue autorizado por el juez de residencia y presidente interino, Mañosca y Murillo.  No obstante, la salud del capitán general no mejoró y el 6 de marzo el bachiller en medicina Juan de Alarcón certificó que era tal la gravedad de la enfermedad, que era necesario que Rosica de Caldas permaneciera en la capital del Reino de Guatemala recluido en la enfermería de Belén durante el trámite del juicio de residencia.

Poco después, el 10 de marzo de 1672, el oidor Roldán de la Cueva cerró la información de los testigos en Granada y determinó que los cargos contra el ahora expresidente eran graves.  Pero ya de nada sirvió puesto que Rosica de Caldas falleció en la enfermería de Belén en la ciudad de Santiago de Guatemala el 31 de enero de 1673.


BIBLIOGRAFIA:


 

9 de junio de 1686: el rey de España emite una Real Cédula organizando al claustro y personal administrativo de la Real Universidad de San Carlos

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Edificio de la Universidad de San Carlos en la Antigua Guatemala en 2019.  En los recuadros: el escudo de Castilla y León, y el de los Estados Pontificios, indican que la universidad era Real y Pontifica. Imagen de HoyHistoriaGT.

La autorización para crear una universidad en la provincia de Guatemala fue un camino tortuoso y difícil que tardó más de cien años a partir del momento en que se fundó el colegio de Santo Tomás con la herencia que dejó para el efecto el obispo Francisco Marroquín al morir en 1563.

Aunque la universidad empezó a impartir clases el 7 de enero de 1681, no fue sino hasta el 20 de febrero de 1686 que el rey de España emitió la real cédula en que aparece el auto del consejo de Indias, aprobando los estatutos y constituciones de la Real Universidad de San Carlos. Unos meses más tarde, para poner orden en la administración de la institución que hasta ese momento había estado funcionando con profesores interinos, el 9 de junio de ese mismo año emitió una real cédula en la que nombró como primer rector de la universidad al Dr. José de Baños y Soto Mayor, e hizo los siguientes nombramientos de profesores propietarios de las cátedras primas:

  1. Teología: Dr. José de Baños y Soto Mayor
  2. Cánones: Lic. Pedro de Ozaeta y Oro
  3. Leyes: Dr. Bartolomé de Amézquita
  4. Medicina: Dr. Miguel Fernández

Asimismo, en dicha real cédula permitió que los frailes de San Francisco pudiera servir una cátedra ad honorem de la doctrina de Escoto en la universidad y prometió al doctor en medicina Miguel Fernández egresado del colegio médico, que pasados cinco años en la cátedra de medicina de la universidad, se le conferiría el título de protomédico general del Reino de Guatemala.

Por otro lado, el rey informó que había solicitado al papa Inocencio IX que se otorgara una bula confirmando la erección de la universidad de San Carlos con privilegio de otorgar grados mayores en la facultad de sagrada teología y cánones y que el rector y maestrescuela tuvieran la misma jurisdicción que la que gozaban los de las universidades de México y Lima.  Esta bula fue emitida el 18 de junio de 1687, y por lo mismo a partir de ese momento pasó a ser la Real y Pontificia Universidad de San Carlos.

Por útimo, el rey ordenó que los capitales pertenencientes al fondo de la dotación de la universidad fueran recogidos y depositados en la caja real.

El 3 de enero de 1688 el doctor José de Baños y Soto Mayor fue confirmado en el cargo de rector y ese mismo día encargó al bachiller presbítero José de Lara, cura rector de la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, que tradujera al español la bula del papa Inocencio XI, en la que éste confirmaba la erección de la universidad guatemalteca.  Lara trabajó en dicho encargo y a las tres de la tarde del 15 de febrero de ese año, en el salón mayor de la universidad en la ciudad de Santiago de Guatemala, el presbítero Ignacio de Mármol leyó la bula en presencia del recién llegado presidente Jacinto de Barrios Leal, de los oidores, del cabildo eclesiástico, capiturales, miembros del clero regular y secular, y vecinos distinguidos.


BIBLIOGRAFIA: