30 de agosto de 1567: por Real Cédula, el rey Felipe II ordena al arzobispo de México enviar a un visitador para investigar supuestos delitos del Obispo de Guatemala, Bernardino de Villalpando

mazatevillalpando
Plaza central de Mazatenango, Suchitepéquez con el templo franciscano a la izquierda.  Esta fue la única provincial que el Obispo Villalpando (en el recuadro) logró quitar a las órdenes monásticas.  La fotografía es una composición: Mazatenango en 1875 de Eadweard Muybridge y el retrato del Obispo de una composición realizada por Juan José de Jesús Yas a finales del siglo XIX.

El poder las órdenes regulares de la Iglesia Católica durante la época colonial casi no tuvo oposición ni por las autoridades españolas, ni por los representantes del poder criollo, ni por los miembros del clero secular, con el Obispo o arzobispo a la cabeza.  Fue hasta en 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles que dicha influencia se rompió.

Antes de que se cumpliera la Pragmática Sanción que expulsó a los jesuitas, hubo un obispo que intentó oponerse a las órdenes religiosas, pero no por su animadversion hacia ellas, sino por cumplir con lo dispuesto en el Concilio de Trento, que había indicado que las doctrinas indígenas tenían que pasar al control del clero secular, y ya no estar controladas por los frailes (conocidos también como religiosos regulares).

Este proceso de secularización fue emprendido por el Obispo Villalpando con todo rigor, logrando despojar a la orden de San Francisco de su provincial en Suchitepéquez, y luego intentó hacer lo mismo con las provincias que éstos tenían en Totonicapán y Quetzaltenango.

Pero de nada valieron sus edictos para evitar que los frailes fungieran como curas párrocos, pues para éstos, las doctrinas (o poblados de indígenas) eran sumamente rentables y les reportan generosos ingresos en sus haciendas, ingenios y trapiches.  Los religiosos regulares, principalmente los dominicos y los franciscanos gozaban de gran influencia en la corte del rey Felipe II (quien prácticamente vivía enclaustrado en un monasterio) y se quejaron con el gobernante, quien emitió  una Real Cédula el 30 de agosto de 1567 por medio de la cual solicitaba al arzobispo de México que enviara un visitador a Guatemala para investigar los “abusos” que estaba cometiendo el Obispo Villalpando.    Asimismo, el papa Pío V envió dos bulas en las que ratifica a las órdenes religiosas su privilegio de fungir como curas.

Al dares cuenta de que estaba remando contra la corriente, el Obispo guatemalteco, salió de la ciudad y empezó a recorrer su diócesis, hasta que lo encontraron muerto en su casa en el actual El Salvador, en agosto de 1569.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

27 de abril de 1718: el Cabildo de Santiago de los Caballeros de Guatemala solicita al rey de España un alivio a los impuestos tras el terremoto de San Miguel de 1717

 

catedralantigua1676
a Catedral de Antigua Guatemala durante su construcción a finales del siglo XVII, pocos años antes del terremoto de San Miguel de 1717.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Debido a lo interesante de los datos en él expuestos, reproducimos a continuación el artículo que escribiera el licenciado Federico Hernández de León el 27 de abril de 1924 sobre la solicitud que hizo el cabildo de la ciudad de Santiago de los Caballeros a la Corona Española para que les aliviera la carga impositiva luego del terremoto de San Miguel, que ocurrió el 27 de Agosto de 1717, día de San Miguel Arcángel.

Dice el licenciado Hernández de León:

“Los vecinos de la capital del reino de Guatemala no dijeron propiamente seísmico, que la palabrita estaba todavía entre las cosas por hacerse; pero sí dijeron al rey que los temblores de tierra llamados de San Miguel, los habían dejado en peores condiciones de como se mantiene el ángel que el susodicho santo tiene a sus plantas.  El lector recordará que por los días de septiembre, precisamente por donde cae la celebración del arcángel, de 1717, la tierra se había encalabrinado en formas poco decentes y aparte las viviendas humanas que derribara o cuarteara, las casas de Dios estaban para venirse por los suelos.  A mayor abundamiento, unos huracanes devastaban la campiña.

Debemos, aunque sea a la distancia, manifestar nuestra piedad, para aqeullos primeros pobladores de la ciudad señorial, que constantemente se veían atormentados por los temblores de tierra; y los fenómenos volcánicos, después del torrente que se despeñara de la cumbre del Volcán de Agua, se manifestaban por erupciones de los otros atalayas, que ponían el espanto dentro de gentes venidas de lejanas tierras y agobiadas por escrúpulos espirituales y preocupaciones de todo linaje.  El 27 de Agosto del citado año 17, a eso de las 11 de la noche, cuando los vecinos de la ciudad estaban en el goce del sueño, se despertaron al mandato de unos ruidos que tenían los alcances de alaridos de gigante.  Salieron a los patios y a las calles y vieron con espanto que, sobre la cresta del Volcán de Fuego se levantaba una inmensa columna, como si se tratase de una válvula de escape de los infiernos.

Aquello era obra de Satanás.  De pronto, cuando se estaba en lo major de las discusiones, una sacudida violenta, anunció el arribo de un cataclismo.  Los infelices vecinos, castañeteaban de puro pavor y la noche se desenvolvió, en medio de las más crueles zozobras.  Así pasaron noches y días que en el día de San Miguel, el terremoto fue algo de tomarse en consideración.  Las autoridades levantaron la plaza y los vecinos ricos se ausentaron de aquellos lugares, dispuestos a no volver más.  Pero como al cabo pasaran algunos días, sin que los fenómenos se repitieran, poo a poco se entró en confianza y la ciudad volvió a tomar el tinte de animación que en sus mejores días.

Sin embargo, los quebrantos sufridos, suponían Fuertes pérdidas y todos se dieron a buscar la manera de resarcirse de los daños.  Se celebraron varias juntas para dirigirse al rey, en demanda de amparos que, si no eran con aprestos de dinero, por lo menos que se acordara la merma de las contribuciones y tributos.  Las solicitudes fueron presentadas el 27 de abril de 1718 reforzadas por inúmeros memorials que se acompañaron al pedimento dirigido a la real persona.

El Cabildo decía algo así:

“Señor. La Ciudad de Santiago de Guatemala, puesta a los reales pies de V.M., pone en su real consideración los lamentables estragos, que ha padecido en la repetición de los formidables terremotos, que sobrevinieron en ella; de forma que la arruinaron enteramente, como tiene dado cuenta a V.M. difusamente en los autos que se remitieron. Para que pueda repararse aquella Ciudad, y continuar el real servicio como lo han hecho hasta aquí, propone a V.M. los medios que pueden ser de alivio común, sin perjuicio del patrimonio de V.M.

  1. Que la plata y oro que se sacare de las minas y se marcare sea pagando el diezmo en lugar del quinto, como ya se ha concedido repetidas veces.
  2. Que hallándose la Ciduad totalmente sin propios algunos y sin poder reedificar las oficinas necesarias y estando gravados los vecinos con ochocientos pesos anuales sobre el abasto de la carne, se ha de servir V.M. mandar cese esta gabela en la carne a beneficio común.
  3. Siendo constant que el único fruto que mantiene las provincias de Guatemala es la tinta añil, que copiosamente producen, teniendo V.M. prohibido no trabajen los indios en estas haciendas por haberse informado peligraban mucho en ellas; se ha de servir V.M. permitir que los indios que voluntariamente quisieren trabajar en ellas lo puedan hacer, y los dueñs de las haciendas permitirlo, sin car en pena ni condenación alguna.
  4. Atendiendo a la gran ruina que la Ciudad y sus contornos padeció con los huracanes, se pide la piedad de V.M. para que perdone las alcabalas por veinte años y que se aplicasen los frutos de todas las encomiendas que vacasen hasta conseguir la reedificación.

Espera la Ciudad de la benigna y piadosa propensión de V.M. le honre y favorezca, concediéndola los pontos que van tocados, para alivio de las desgracias que ha padecido; y que puedan sus habitadores y los de sus provincios repararse de tan especiosas ruinas, y contratiempos como han experimentado”.

Acá termina el relato del licenciado Hernández de León.  Como la ciudad se mantuvo en este sitio hasta 1773 e incluso fue reedificada tras los terremotos de San Casimiro en 1751, es de suponer que el rey aprobó lo solicitado por los vecinos de la Ciudad de Santiago.

BIBLIOGRAFIA:

 

25 de abril de 1667: fallece el Hermano Pedro San José de Betancur en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

calvario1900yas
Ermita de El Calvario en Antigua Guatemala.  Fue construida por el entusiasmo del Hermano Pedro en el siglo XVII.  Fotografía de Juan José de Jesús Yas a principios del siglo XX.  Imagen tomada de Wikimeda Commons.

Pedro de San José Betancur nació en Tenerife, entonces parte del Imperio Español, el 21 de marzo de 1626 y es conocido entre los guatemaltecos simplemente como el “Hermano Pedro” o “santo Hermano Pedro”. Entre muchas cosas, fue un religioso terciario franciscano y misionero español, fundador de la Orden de los Betlemitas.

Betancur era descendiente de guanches y canarii, es decir los antiguos aborígenes de las islas de Tenerife y Gran Canaria respectivamente así como de repobladores castellanos en el Tenerife del siglo XVI. El apellido Betancur era originalmente Bethancourt, de origen normando, sufriendo cambios a Bethancur, Betancurt, Bethancuourt y Betancur.

De su vida en Tenerife se cuenta que solía permanecer en la ahora famosa cueva que lleva su nombre, que está situada en El Médano en el sur de la isla, y que utilizaba Betancur como refugio con su ganado durante el invierno, como lugar de oración y como escondite para resguardarse de los piratas.

A los 23 años abandonó su tierra natal, se embarcó hacia América saliendo desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife y llegó a La Habana en Cuba en donde estuvo acogido por más de un año en la casa de un clérigo natural de Tenerife. Al año siguiente, embarcó hacia Honduras, y de ahí se trasladó a Guatemala.

Apenas desembarcar en Guatemala sufrió una grave enfermedad, durante la cuál tuvo la primera oportunidad de estar con los más pobres y desheredados. Tras su recuperación inició estudios eclesiásticos en el Colegio de San Lucas de la Compañía de Jesús pero acabó profesando como terciario franciscano en el Convento de San Francisco en la Ciudad de Santiago de Los Caballeros de Guatemala.

Fundó centros de acogida para pobres, indígenas y vagabundos. Otros terciarios lo imitaron, y fundó la Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem en 1656, con el fin de servir a los pobres. El hermano Pedro es considerado el gran evangelizador de las Indias Occidentales, del mismo modo que san Francisco Javier lo es de las Indias Orientales. El santo atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, y fue un precursor de los Derechos Humanos.

Uno de sus mayores deseos fue el volver a su tierra y hacer una peregrinación al Santuario de la Virgen de Candelaria, patrona de las Islas Canarias. Sin embargo, el hermano Pedro no vería cumplido su deseo debido a su muerte repentina el 25 de abril de 1667, apenas a los 41 años de edad. Sus restos se encuentran en la Iglesia de San Francisco en la Antigua Guatemala donde es visitado por miles de fieles todos los años.

Betancur ha estado sepultado en la iglesia de San Francisco en la Antigua Guatemala desde su muerte, pero en diferentes ubicaciones:

  1. 1667-1684: sacristía Antigua
  2. 1684-1692: transeto sur
  3. 1703-1817: alacena inmediata al altar mayor, pared sur
  4. 1817-1990: capilla de la Tercera Orden
  5. 1990- : capilla Vera Cruz (remodelada para el efecto con tallas de José Nicolás).

Por la presencia de los restos mortales del Hermano Pedro, la iglesia de San Francisco fue elevada a la calidad de santuario arquidiocesano por el arzobispo de Guatemala, cardenal Rodolfo Quezada Toruño, el 30 de julio de 2003.

BIBLIOGRAFIA:

 

16 de marzo de 1956: los periodistas David Vela y Rigoberto Bran Azmitia fundan el Museo del Libro Antiguo

AyuntamientoAntigua1880
Palacio del Ayuntamiento de Antigua Guatemala, aproximadamente en 1880. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Dos de los más grandes exponentes del periodismo guatemalteco fueron Rigoberto Bran Azmitia y David Vela.  Ambos tuvieron una gran trayectoria, siendo el primero el eterno director de la Hemeroteca Nacional, y el segundo el director del periódico “El Imparcial” hasta que éste cerró en 1984. Vela estudió en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro junto con otros importantes literatos de la llamada “Generación del Veinte”, entre los que estaba Miguel Angel Asturias.

El 16 de marzo de 1956, ambos intelectuales fundaron en el Palacio del Ayuntamiento de la Antigua Guatemala, precisamente donde estuvo la Primera Imprenta del Reino de Guatemala a cargo de José de Pineda Ibarra en 1660.

El museo cuenta con tres salas y posee una colección calculada en dos mil quinientos documentos.  El edificio, por su parte, fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII y estaba recién estrenado cuando los terremotos de Santa Marta de 1773 destruyeron parcialmente la ciudad.  Debido a su diseño, el edificio soportó los sismos y fue utilizado como municipalidad del nuevo poblado que fue establecido entre las ruinas de la Antigua ciudad, la cual fue abandonada en favor de la Nueva Guatemala de la Asunción.

BIBLIOGRAFIA: