23 de agosto de 1882: crean el municipio El Adelanto, Jutiapa

El general José María Orantes, encargado de la presidencia por viaje del general J. Rufino Barrios a los Estados Unidos, eleva a la aldeal «El Sitio» a categoría de municipio en el departamento de Jutiapa con el nombre de «El Adelanto».

23agosto1882
Paisaje del departamento de Jutiapa en 2010. En el recuadro: el general José María Orantes, encargado de la presidencia en lugar de J. Rufino Barrios en 1882. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Originalmente, la región que ocupa actualmente el municipio «El Adelanto» era habitada por indígenas de la raza pipil, que hablaban la lengua xinca. Luego de la conquista en la década de 1520, se convirtió en la aldea «El Sitio» del municipio de Zapotitlán. Éste tenía una extensión de 22 caballerías y contaba con aproximadamente 400 habitantes.1

En 1882, cuando el general presidente J. Rufino Barrios viajó a Nueva York y a Washington, D.C. para terminar el Convenio de Límites con México, dejó encargado de la presidencia al general José María Orantes en el papel, aunque en realidad quien decidía era el Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia.2 Así, el 23 de agosto de 1882, Orantes y Barrundia aprobaron que «El Sitio» se convirtiera en municipio de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio Nacional, Guatemala, 23 de agosto de 1882.

Examinadas las diligencias relativas a la solicitud que han formulado los habitantes de «El Sitio», para que se erija dicho lugar en municipio independiente, y atendiendo a las circunstancias especiales de la expresada aldea, el General encargado de la Presidencia, con vista del informe que emitió la Jefatura política de Jutiapa, de lo pedido por el Ministerio Fiscal, y en uso de la facultad concedida al Gobierno en el artículo 5.° del decreto de 30 de septiembre de 1879, tiene a bien acordar la creación que se pide, en el concepto de que, el jefe político del departamento expresado, con asistencia de los municipios vecinos, demarcará con claridad los límites jurisdiccionales del nuevo distrito que se denominará «El Adelanto» haciéndose constar todo en una acta, de la cual deberá remitirse copia certificada a la Secretaría de Gobernación y Justicia.

Comuníquese.

        • Orantes3

En 1892, el gobierno del general José María Reina Barrios aprobó un presupuesto de quinientos pesos para construir escuelas en el municipio, de acuerdo al siguiente decreto:

Jutiapa, 23 de noviembre de 1892.

Con el mérito de las razones presentadas respectivamente por las municipalidades de El Adelanto, Moyuta y Agua Blanca, correspondientes al departamento de Jutiapa.

El Presidente Constitucional de la República, Acuerda:

Que por la Administración de Rentas departamental, se entregue a cada una de dichas corporaciones, la suma de quinientos pesos, para la construcción de edificios de escuelas, entregándose, además a la última cien pesos, para iniciar la introducción del agua potable, erogaciones que se harán de la partida de gastos extraordinarios de los respectivos ramos.

Comuníquese,

Para 1955 la situación del municipio era precaria. Información estadística de ese año muestra que en la cabecera municipal vivían 1,265 habitantes, y en todo el municipio había 2,957 personas. El idioma predominante era el español, había 56% de población indígena y el analfabestimo alcanzaba el 70%. En cuanto a infraestructura, los pobladores carecían de luz eléctrica, agua potable, asistencia médica y hospitalaria.5

Un estudio de la Universidad de San Carlos realizado en 2006 mostró que la mayoría de la población estaba comprendida entre los 0 y 14 años de edad, y que la principal fuente de trabajo era la actividad agrícola, aunque ésta no tenía teconología adeciada y solamente ofrecía bajos salarios sin prestaciones laborales. Como resultado de esto, y del hecho de que el analfabetismo era todavía alto, había numerosos habitantes dedicados al empleo informal, e incluso muchos niños menores de 10 años de edad que tenían que laborar para ayudar al sustento familiar.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. López Rosito, Mario René (2006). Municipio de El Adelanto, Jutiapa. Costos y rentabilidad de unidades pecuarias (crianza y engorde de ganado bovino). Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Ciencias Económicas. p. 1.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  3. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 252-253.
  4. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1892-93 XI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  5. López Rosito, Municipio de El Adelanto, p. 3.
  6. Ibid., p. 5.

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28 de agosto de 1890: muerte de Juan M. Barrundia

A manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José, muere el general Juan M. Barrundia

28agosto1890
Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M. Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala. Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2 Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3 Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui. Este último relata el encuentro de esta forma:5

«Averigüé que estaban en el hotel Windsor. Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’. [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel. Esto es muy delicado, en este país. Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado. Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela. Aquí no son las cosas como allá.’ Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase».5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó. Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6 La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas. Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense «Acapulco» con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí. Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto. Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el «Acapulco» tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

    • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
    • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016). Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

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20 de mayo de 1877: primer número del periódico «El Porvenir»

Se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria «El Porvenir» de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

20mayo1877
Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura «La Ilustración Guatemalteca» en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria «El Porvenir» se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. «El Porvenir» se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una «literatura nacional«.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,1 había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólogo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • «Sombras protectoras»: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    1. Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de Estado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    2. Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    3. Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    4. Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    5. Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    1. Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    2. Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    3. Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural «La Ilustración Guatemalteca» durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del «Diario de Centro América«, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    4. Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    5. Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    6. Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico «El Porvenir«.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de «Dr. Torrente«.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

«El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.»7

«No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave«.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo «nacional» era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García-Granados y Zavala se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad —Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío—, dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid., p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid., pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

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29 de abril de 1927: muere Arturo Ubico Urruela

Muere Arturo Ubico Urruela, poderoso cafetalero y funcionario de los gobiernos liberales desde Barrios hasta Estrada Cabrera y quien era el padre del general Jorge Ubico.

29abril1927
Composición de grabados en madera de la producción cafetalera en Guatemala junto con el acueducto de Pinula, las cuales fueron muy importantes en la vida de Arturo Ubico, quien poseía la importante finca cafetalera «San Agustín Las Minas» y proporcionó 1500 pajas de agua al acueducto de Pinula desde su presa «Pinula» en el río «Las Minas».  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Arturo Ubico y Urruela nació en la Ciudad de Guatemala en 1848, y era hijo de Manuel Ubico,1 quien fue un respetado jurisconsulto que era miembro del Tribunal Supremo del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera.2

Ubico Urruela se graduó de bachiller a los 17 años y trabajó en los bufetes de Manuel Ramírez y Javier Valenzuela hasta que se graduó en 1872, en la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos.1,2 Entre sus compañeros en la Universidad hubo varios abogados que, al igual que Ubico, luego serían importantes funcionarios del gobierno de J. Rufino Barrios o personajes relevantes de la vida nacional:

Tras graduarse, Ubico Urruela fue nombrado secretario de Legación y posteriormente Juez de 1a. Instancia, Jefe Político y Comandante de Armas del Departamento de Escuintla. Posteriormente también tuvo esos mismos puestos en Santa Rosa, Huehuetenango y Sacatepéquez.  Y luego de estos puestos, pasó a ser Ministro de la Guerra interino del gobierno de J. Rufino Barrios en junio de 1877,1 cuando el general Juan Martín Barrundia, tuvo que irse a Europa en 1877 para curarse la herida en un brazo que sufrió en Escuintla en 1873.3

Al retorno del general Barrundia a principios de 1878,4 Ubico dejó el Ministerio de la Guerra interino, en que lo más destacado fue su participación en los procesos y fusilamientos relacionados con la conspiración Kopesky del 1 de noviembre de 1877,5 y fue nombrado Ministro de Instrucción Pública y luego de Gobernación y Justicia.1,6,7  Siendo Ministro de Estado, fue también miembro de la Asamblea Constituyente que emitió en 1879 la Constitución que legitimó el gobierno de J. Rufino Barrios, que hasta entonces había gobernado con poder absoluto amparándose en el Acta de Patzicía, y que le permitió al gobernante guatemalteco tener ahora un mandato constitucional hasta 1886.1,8 Otro de los diputados constituyentes de 1879 fue Manuel Herrera Moreno,8  quien a la vez era el Ministro de Fomento que redactó el Reglamento de Jornaleros que le proporcionó mano de obra gratuita a las fincas de cafetaleros y que además era cuñado de Ubico, pues estaba casado con Ernestina Ubico Urruela. Por cierto que Herrera Moreno era también medio hermano de Carlos Herrera, quien sería presidente de Guatemala en sustitución de Manuel Estrada Cabrera en 1920.9

A finales de 1879, Barrios nombró a Ubico Urruela como Embajador de Guatemala en los Estados Unidos, en donde empezó a trabajar con el gobierno del presidente James Garfield, con quien trabajó en un proyecto para la Unión Centroamericana con el patrocinio estadounidense.1,10  Sin embargo, cuando el Dr. Lorenzo Montúfar y Rivera, Ministro de Relaciones Exteriores, llegó a Washington, no estuvo de acuerdo con lo realizado por Ubico y lo envió a la embajada de Italia.7 Montúfar estableció una buena relación con el Secretario de Estado James Blaine para el tratado de límites con México y la Unión Centroamericana, pero luego tuvo que renunciar tras el fiasco que resultó cuando el Secretario de Estado del presidente Chester Arthur, ya no apoyó ninguno de los proyectos.1013

En 1882, Ubico fue llamado por Barrios a Nueva York cuando se estuvo tratando el asunto de límites con México. Como aquella gestión fuera un fracaso para la diplomacia guatemalteca, Barrios primero lo trató muy bien en Estados Unidos, pero cuando llegaron a Europa, lo trató de traidor e incompetente y le quitó las credenciales de embajador dejándolo casi en el abandono en París, con todo y su familia y sin recursos inmediatos.14

En 1884, cuando ya Ubico Urruela estaba en España, fue perdonado por el general Barrios a pesar de ser «un noblete» y «un traidor» y por intermedio del ministro Delfino Sánchez le hizo llegar un giro de 100 mil reales vellón a España para que regresara a Guatemala, a donde llegó en noviembre de ese año.  Al día siguiente, Barrios lo mandó a llamar para almorzar en su despacho, y allí lo tuvo para que todos sus subalternos se sorprendieran del regreso del «traidor».  Para entonces, Barrios se había compadecido de él porque «a pesar de ser un traidor, se había mantenido con sus labios sellados en la desgracia» y luego le mandó a entregar una suma considerable de dinero como reparación d elos daños que le había ocasionado».15

De acuerdo al «Libro Azul de Guatemala«, cuando Ubico regresó al país, fue nombrado Secretario General del Gobierno de la Unión, que había proclamado unilateralmente Barrios el 28 de febrero de 1885.1  Pero lo que ocurrió en realidad fue que cuando estalló la guerra contra El Salvador, Nicaragua y Costa Rica por la Unificación Centroamericana, Ubico fue enviado en una comisión para entregarle 12 mil pesos de plata al presidente hondureño Luis Bográn pero no pudo desembarcar ni en El Salvador ni en Costa Rica por estar en guerra. Ubico tuvo que dar el dinero al licenciado Antonio Batres Jáuregui, quien iba con él en el mismo vapor, pero se dirigía hacia los hacia los Estados Unidos.  Según cuenta Batres Jáuregui en su obra «La América Central ante la Historia«, «los doce mil pesos fueron a parar a San Francisco California, y por influencias de don Florentín Souza, llegaron a poder de doña Francisca Aparicio de Barrios, que era quien menos los necesitaba, y que ningún derecho tenía sobre los fondos nacionales».16

En 1888 Ubico retornó a la política nacional.  En enero fungió como Ministro Plenipotenciario de Guatemala ante el Canciller mexicano Ignacio Mariscal para trabajar en el tratado sobre reclamaciones con esa nación, para evitar que México siguiera avanzando sobre territorio guatemalteco en las márgenes del río Chixoy1 el cual fue presentado el 26 de enero de ese año17 En marzo de ese mismo año fue electo diputado y Presidente de la Asamblea Legislativa18 y en abril el general presidente Manuel Lisandro Barillas lo nombró junto con Francisco Lainfiesta y otros personajes de la época como miembro del Comité de Exposición a cargo del Ministerio de Fomento para representar a Guatemala en la Exposición de París de 1889.19

Fue presidente de la Asamblea Legislativa durante todo el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera,1 y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1903 que extendió el mandato presidencial de 4 a 6 años,20 lo que ayudó sobremanera a la meteórica carrera de su hijo, el general Jorge Ubico, quien en ese período pasó de ser un empleado bancario a ser general en el Ejército,21 Jefe Político de Retalhuleu y de Alta Verapaz, diputado y Ministro de Estado.  Y también ayudó a que su fortuna creciera exponencialmente; aparte de poseer una hacienda cafetalera llamada «Hacienda San Agustín de Las Minas«,22 la cual le reportaba grandes ganancias gracias a las leyes cafetaleras imperantes en el país, he aquí algunos decretos que fueron emitidos durante el régimen cabrerista que lo beneficiaban considerablemente:

    • 1900: se le adjudicó en propiedad la mina «Pretoria» jurisdicción de Santa Catarina Pinula, en el departamento de Guatemala, que fue encontrada dentro su propiedad en la Hacienda «San Agustín Las Minas»23
    • 1905: contrato con el gobierno para introducir 1500 pajas de agua en el Acueducto Colonial de Pinula, provenientes de la presa de Pinula en el río «Las Minas», que pasaba por su Hacienda, para surtir agua hasta el Paseo de La Reforma y de allí al Hipódromo del Norte.  También le autorizaron a vender cada paja de agua a 1500 pesos cada una.24
    • 1911: se ajustó el valor de su hacienda «San Agustín Las Minas», ahora en jurisdicción de San Miguel Petapa, en el departamento de Amatitlán por un valor de quinientos cincuenta pesos por caballería, cuando una nueva medida encontró un faltante de una caballería, cuarenta y dos manzanas, 1849 varas cuadradas.25

A principios de 1920, cuando iba con Batres Jáuregui, como presidentes de la Asamblea Legislativa y del Organismo Judicial, respectivamente, flanquando al presidente de la República, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, fueron testigos de primera línea de un desvanecimiento que sufrió el presidente cuando estaban inaugurando el nuevo edificio de la Academia Militar, en el reconstruido Cuartel de Artillería que está frente al monumento a Miguel García -Granados y Zavala en la Avenida La Reforma.  De acuerdo a Batres Jáuregui, aquello fue algo premonitorio, ya que Estrada Cabrera quedó preso en aquel cuartel tras ser derrocado el 15 de abril de ese año.26


BIBLIOGRAFIA:

  1. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. p. 118
  2. Facultad de Derecho y Notariado de Guatemala (31 de enero de 1902). La Escuela de Derecho. Guatemala: Facultad de Derecho y notariado de Guatemala. 12 (1) p. 4.
  3. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 203.
  4. Ibid., p. 225.
  5. Ibid., p. 215.
  6. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 310.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 345.
  9. Geni (2020). Manuel María Herrera y Moreno. Geni.com
  10. Lainfiesta, Apuntamientos para la historia de Guatemala, p. 265.
  11. Cruz, Felipe (1888). La verdad Histórica acerca del Tratado de Límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía La Unión. pp. 3-30.
  12. Comisión Guatemalte de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 164-170
  13. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-438.
  14. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 281.
  15. Ibid, pp. 376-377.
  16. Batres Jáuregui, La América Central Ante la Historia. pp. 484-485.
  17. Gómez Carrillo, Agustín (1891). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1889 VIII. Guatemala: Tipografía La Unión. pp. 262-267
  18. Caballeros, Adrián F. (1888). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1888 VII. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 261.
  19. Ibid, p. 58.
  20. Estrada Paniagua, Felipe (1909). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1903-1904 XXII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. 328.
  21. Samayoa Chinchilla, Carlos (1950) El dictador yo. Guatemala: Imprenta Iberia. p. 45.
  22. Estrada Paniagua, Felipe (1 de febrero de 1907) Votos por la educación popular. Guatemala: La Locomotora. II (24). p. 1.
  23. — (1908). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1900-1901XIX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 124-125.
  24. — (1909). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1905-1906. XX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 4-6.
  25. Matta, Juan (1912). Recopilación de las leyes de la República de Guatemala, 1910-1911 XXIX. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  26. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia. p. 672.

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24 de enero de 1918: tercer terremoto de 1917-18

Se produce el tercero de los fuertes terremotos de 1917-18 que destruyeron la Ciudad de Guatemala

24enero1918
Ruinas del Cerrito del Carmen.  En los recuadros: las ruinas del Cementerio General y el campamento de la Cruz Roja «Manuel Estrada Cabrera».  Todas las fotografías fueron publicadas en la revista National Geographic en 1919; es de notar que la del Cerrito del Carmen fue tomada por el fotógrafo guatemalteco Alberto G. Valdeavellano.

Luego de los fuertes sismos registrados entre el 25 de diciembre de 1917 y el 3 de enero de 1918, llegaron a la Ciudad de Guatemala varios geólogos, entre quienes estuvieron Herbert Spinden de la «National Geographic Magazine» y Marshal Saville. Ambos estaban en la ciudad cuando ocurrió el fuerte sismo del 24 de enero de 1918 y reportaron su experiencia con lujo de detalles.

Reproducimos a continuación lo relatado por Spinden:1

«Fui lo suficientemente afortunado para llegar a la Ciudad de Guatemala veinte minutos antes del terremoto del 24 de enero de 1918. […] Otros sismos habían destruido la ciudad y albergues temporales en chozas habían sido construidos en los parques. Todos los hoteles estaban destruidos, y conseguí una habitación en el nuevo Hotel Roma, que estaba construido con las puertas del derruido hotel original en el antiguo patio de carruajes frente a la estación del ferrocarril.»

«El sol se acababa de ocultar y una luna llena estaba saliendo en un cielo completamente despejado. No percibí nada, a diferencia de otras ocasiones en que había sentido las vibraciones por un breve instante, como cuando uno percibe que se aproxima una tormenta. En eso, los platos de la mesa empezaron a saltar y las paredes y techo de lámina a crujir y a oscilar. Nos abalanzamos por las paredes hacia la calle, tropezando y cayendo. Desde cerca y lejos llegaba el rugido de paredes que se derrumbaban. Un polvo amarillento se elevó, oscureciendo la luna. Y luego el temblor empezó a ceder y finalmente terminó, pero el polvo se mantuvo en el ambiente sobre la dañada ciudad.»

«Estos últimos sismos aparentemente se centraron en la Ciudad de Guatemala, con un radio de destrucción de treinta millas. Se temía que la tierra cediera por los sismos y que surgiera un nuevo volcán en la misma ciudad. Las enormes fisuras que aparecieron en la línea férrea hacia Puerto Barrios se rellenaron una y otra vez, y solamente una labor incansable permitió que el tren operara por períodos lo suficientemente largos para traer suministros a la ciudad.

No solamente las casas fueron arruinadas, sino que las tuberías de agua se rompieron y la gente se vio expuesta a las potenciales enfermedades que surgen cuando se utiliza agua que nace por las fisuras de la calles. En los cementerios los esqueletos fueron expulsados de sus tumbas y muchos restos humanos tuvieron que ser cremados posteriormente. La pérdida de vidas humanas en la Ciudad de Guatemala probablemente no pasó de los doscientos.»1

Por su parte, Marshal Saville había salido en tren por la línea del Ferrocarril del Norte hacia Quiriguá y se encontraba en su travesía de retorno cuando se produjo el sismo. He aquí su relato:2

«El […] gran sismo llegó con la luna llena en la noche del 24 de enero. Estaba viajando de Quiriguá a Guatemala por tren, y este se había retrasado en Agua Caliente debido a un pequeño derrumbe. Así pues, en lugar de llegar a la ciudad a las 6:30 p.m. estaba atrasado más de una hora. Exactamente a las 7:20 p.m., cuando estábamos a unas cinco millas de llegar y estabamos saliendo de un profundo barranco entre las montañas, una piedra del tamaño de una pelota de béisbol cayó desde lo alto de una montaña y se estrelló contra el marco de la ventana donde yo iba sentado. Al instante se escuchó un gran estruendo, acompañado de un fuerte halón hacia el lado sur del tren. Y esto fue inmediatamente seguido de un fuerte temblor en el otro lado. El tren iba avanzando muy lentamente, quizá a tres kilómetros por hora, así que el maquinista lo pudo detener en cuestión de cinco metros».

«Mi primera impresión, debido a la piedra que había chocado contra la ventana, fue que había ocurrido un alud de una montaña y que las enormes rocas habían golpeado al tren. Pero cuando nos dimos cuenta que el tren estaba intacto, todos supimos lo que había ocurrido. Pocos minutos después empezamos a sentir los temblores de tierra, y desde ese momento hasta las 4:30 a. m. la tierra no se estuvo quieta. Sentíamos los sismos de cuando en cuando, y posteriormente supimos que se habían registrado cuarenta y tres temblores diferentes esa noche».

«El tren continuó su marcha lentamente, pero se tuvo que detener en tres ocasiones para que limpiaran los derrumbes que le interrumpían el paso. Por fin llegamos al último y más grande de los pasos entre las montañas; pero este estaba totalmente bloqueado y se tardaron una semana en limpiarlo porque tan pronto como removían parte de la tierra se producían nuevos aludes. Nosotros pasamos la noche del 24 de enero en el tren y terminamos nuestro viaje a pie a la mañana siguiente. El camino estaba bloqueado en muchos lugares, y especialmente en donde la vía férrea descendía por el barranco más próximo a la ciudad. Durante la caminata yo conté aproximadamente doscientas grietas, con dirección aproximada de sur a norte, aunque vi algunas perpendiculares a estas. La dirección de las grietas puede ser relevante, pues parecían provenir del volcán de Pacaya. Que las grietas van de la región del volcán hacia el norte, y no de norte a sur quedó demostrado por una gran grieta que ví que provenía del sur y que después se separaba en cuatro grietas más pequeñas hacia el norte.

Como los terremotos del 25 de diciembre y del 24 de enero ocurrieron en noche de luna llena, la población se alarmó por lo que podría ocurrir en la siguiente. En efecto, supimos que el 26 de febrero el servicio telegráfico se interrumpió por un fuerte sismo.»2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918». Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.

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29 de diciembre de 1917: segundo terremoto de 1917-18

Ocurre el segundo terremoto de 1917-18, esta vez a las 2:00 pm

29diciembre1917
Campamento establecido en las faldas del Castillo de San José (hoy Teatro Nacional).  Este fue uno de los primeros asentamientos que se formaron el ciudad de Guatemala y fue retirado hasta en 1927, cuando el gobierno del general Lázaro Chacón construyó el Barrio «El Gallito» para los daminificados por los terremotos de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después del sismo del 25 de diciembre, la población ya no durmió en sus casas sino que se refugió como pudo en las plazas y parques, lo que contribuyó a que los siguientes sismos no produjeran un gran número de víctimas mortales.1

El 29 de diciembre de 1917 a las 2:00 PM, ocurrió el primer sismo fuerte a la luz del día; muchas personas sufrieron desmayos por el terror y hubo una víctima mortal, el Dr. Manuel del Valle, quien murió sepultado junto con su caballo por una casa que se derrumbó mientras revisaba a los heridos mientras trabajaba en una comisión por la Cruz Roja.2

Aquel sería el último sismo fuerte por unos días y los pobladores aprovecharon para armar campamentos provisionales en los parques y plazuelas de las iglesias —las que también quedaron por los suelos—.​ Estos refugios temporales se construyeron con lo que se pudo conseguir: carruajes, mantas, muebles y demás enseres; afortunadamente, como solamente la ciudad de Guatemala fue afectada por los sismos, el resto del país envió suficientes provisiones por lo que no se desató una hambruna.3

Pero fue en el cementerio general de la Ciudad de Guatemala en donde se apreció la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas.2

Aunque en los días siguientes continuaron las réplicas, las personas se encontraban en refugios temporales pues muchos habían perdido sus hogares, y poco a poco se fueron acostumbrando a los sismos, hasta que llegó el terremoto del 3 de enero de 1918, a las 10:40 PM, que fue un terremoto aún más fuerte que los anteriores.2,4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Recinos, Adrían (1922). La ciudad de Guatemala, crónica histórica desde su fundación hasta los terremotos de 1917-1918. Guatemala.
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918»Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.
  3. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.
  4. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).

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9 de mayo de 1894: trasladan restos de García-Granados al nuevo Cementerio General

La Asamblea Legislativa ordena el traslado de los restos del general Miguel García Granados del antiguo Cementerio San Juan de Dios al entonces nuevo Cementerio General

9mayo1894
Monumento al general Miguel Garcia Granados que se encuentra en la Avenida de La Reforma.  Fue inaugurado por el presidente José Maria Reina Barrios en junio de 1896.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los restos del general Miguel García Granados, presidente de facto de Guatemala de 1871 a 1873, han sido itinerantes; primero estuvieron en el Cementerio San Juan de Dios, ubicado a la par del hospital del mismo nombre, luego en el Cementerio General, en donde fueron depositados en un monumento a su memoria en 1894, y finalmente fueron trasladados a una tumba sencilla en el mismo cementerio en 2015 cuando deslaves provocados por las lluvias y la falta de tratamiento en el vecino basurero de la zona 3 de la Ciudad de Guatemala socavaron las laderas del cerro en donde estaba el monumento.

El traslado de los restos en 1894 fue un gran acontecimiento y reunió a una enorme comitiva, ya que en esa época la adulación a los personajes del gobierno era excesiva, como consta en el «Acta de la Inhumación de los Restos del General García-Granados«, que reproducimos a continuación:

En la Ciudad de Guatemala, a los treinta días del mes de junio de mil ochocientos noventicuatro;

En virtud de lo dispuesto en el Decreto Legislativo número 255, de 9 de mayo del corriente año, que previene la traslación de los restos del eximio patriota, General Miguel García-Granados, del antiguo al nuevo cementerio, y la erección de un monumento que perpetúe la memoria del digno Jefe de la Revolución Liberal y reformista de 1871, y de entero acuerdo con el programa de los actos que el Ejecutivo decretó para solemnizar tal acontecimiento; estando los restos en el Salón de recepciones del palacio del Poder Ejecutivo, convertido en capilla ardiente – por haber sido trasladados allí, después de efectuada su exhumación el día anterior – se procedió en el orden siguiente:1

        1. A la lectura del referido Decreto número 255.
        2. Ocupó la tribuna el señor Ministro de Relaciones Exteriores, Doctor don Ramón A. Salazar, y pronunció un discurso en que hizo el panegírico del ilustre patricio, General García-Granados.
        3. Organizado incontinenti el cortejo de honor formado por: las Escuelas primarias, el Instituto de Indígenas, la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Bellas Artes, el Conservatorio, el Instituto Central de Varones, la Academia Central de Maestros, las Facultades de Derecho, Medicina é Ingeniería, las Delegaciones de las Municipalidades de la mayor parte de las poblaciones de la República, de los Clubs politicos, de las clases obreras y demás corporaciones, la Municipalidad de la capital, las autoridades departamentales, la prensa, los Subsecretarios del Gobierno, el Poder Judicial, la Comisión Permanente de la Asamblea, y Diputados presents, el Consejo de Estado, el Cuerpo Diplomático y Consular, los Secretaros de Estado, los señores Presidentes de lost res Podres, cerrando el cortejo la Escuela Politécnica y Cuerpos Militares de fuerza efectiva de esta capital, denominados: Guardia de Honor, Batallón Permanente, Batallón Móvil y Artillería, emprendióse la marcha en la dirección indicada en el programa.
        4. Se dió puesto al féretro en el centro de la comitiva, llevando a la vanguardia los alumnus de los establecimientos de instrucción pública; a la retaguardia, las corporaciones y demás funcionarios y empleados públicos; y a los lados, una custodia formada por los Jefes y Oficiales existentes que tomaron participio en las fatigas de la campaña del 71, llevando los crespones fúnebres los más antiguos Generales del Ejército Nacional, C.C. Julio García-Granados, Felipe Cruz, Luis Molina y Gregorio Solares. 
        5. Llegado el cortejo al Cementerio, se colocó la urna en el catafalco del salón de duelo; y una vez constituido en él todas las coporaciones, los funcionarios, empleados y demás personas invitadas, el ciudadano diputado Rafael Spínola, por comisión del Poder Legislativo, hizo uso de la palabra en términos propios del acto;Nota a continuación habló don Belisario Herrera a nombre de las clases obreras de la capital y por ultimo, el Síndico de la Municipalidad de la propia capital.
        6. Reorganizado el cortejo, fueron conducidos los restos al monument erigido, en donde se depositaron en presencia de todos los concurrentes, y en ese mismo momento se hicieron los honores civiles y militares correspondientes al Benemérito de la Patria y al ilustre ex-presidente de la República, General Miguel García-Granados.

En fe de lo cual, firman la presente acta los Señores Presidentes de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los Secretarios de Estado, el Alcalde 1.° Municipal de esta ciudad y el Director de las Casas de Beneficiencia y de este Cementerio, debiendo conservarse este original en el Ministerio de Gobernación y Justicia y depositarse una copia de esta misma acta en el féretro que guarda los restos.


NOTA:

    • El discurso pronunciado por Spínola fue publicado en 1897 en su obra «Artículos y discursos».2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1894-95 XIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 70-71.
  2. Spínola, Rafael (1897). Artículos y discursos. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 87-91.

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12 de abril de 1929: fallece Antonio Batres Jáuregui

Fallece en la ciudad de Guatemala el licenciado Antonio Batres Jáuregui, eminente politico, diplomatico, historiador y escritor

12abril1929
El Dr. en Derecho Antonio Batres Jáuregui. Imagen tomada de «Wikimedia Commons«

Uno de los intelectuales más destacados de Guatemala fue, indudablemente, el licenciado Antonio Batres Jáuregui, quien a pesar de ser de una familia conservadora, fue diputado en la Asamblea Legislativa1, embajador2, Ministro de Relaciones Exteriores3 y de Gobernación y presidente de la Corte Suprema de Justicia4, entre otros cargos, por su reconocida capacidad. 

Fue egresado del colegio San Buenaventura y de la Pontificia Universidad de San Carlos, en donde fue condiscipulo de eminentes personajes como los hondureños Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto, asi como del futuro arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada. Ademas, fue alumno del eminente escritor guatemalteco Jose Milla y Vidaurre.5

En 1878 dio las primeras muestras de su talento diplomático cuando se desató un conflicto entre Nicaragua y Alemania y el general presidente J. Rufino Barrios lo envió a Nicaragua como secretario de una legación guatemalteca cuando ya varios buques de guerra alemanes amenazaban a ese pais. El jefe de la legación guatemalteco lo facultó para conferenciar en Corinto con el ministro alemán von Bergen y tras su conversación se saldó amigablemente el asunto; del gobierno nicaragüense recibió una felicitación muy expresiva y del gobierno alemán una condecoración de la Corona Real de Prusia.6

En 1882 fue nombrado como Ministro de Relaciones Exteriores3 y en 1883 como embajador de Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua en los Estados Unidos,1 cargo que desempeñó hasta el 2 de abril de 1885, fecha en que murió el general Barrios en la Batalla de Chalchuapa. Entre 1886 y 1889 desempeñó las carteras de Relaciones Exteriores y Gobernación para el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas y en 1889 regresó a los Estados Unidos como embajador de Guatemala.6

El 20 de diciembre de 1892 falleció su padre, Cayetano Batres, y a los pocos meses falleció su madre, Beatriz Jáuregui, quienes fueron sepultados en una columna del templo de Iglesia de Santo Domingo, honor reservado para los miembros del partido conservador en Guatemala.6

A principios de 1897 Batres Jáuregui era diputado en la Asamblea Nacional Legislativa y gobernaba a Guatemala el general presidente Jose Maria Reina Barrios, cuyo gobierno estaba en una crisis económica sin precedentes derivada de la drástica caída de los precios del café y de la plata.  A finales de marzo se publicaron fuertes editoriales contra el gobierno en el periódico opositor «La República» indicando que no se había concluido la línea del Ferrocarril del Norte y que para ello se necesitan casi doce millones de pesos guatemaltecos y que si se suspendían dichos trabajos, el costo del mantenimiento de lo ya construido costaría cerca de cuatro millones y medio de pesos guatemaltecos. En mayo era mayor el rechazo a la medida de reelección del presidente, la cual se calificó de atentado contra la Constitución y se rechazó emitir publicaciones en las que se favoreciera la misma. Por decreto de 24 de abril de 1897, la Asamblea Nacional Legislativa prorrogó sus sesiones por el tiempo que fuera necesario; entre los decretos que se emitieron entonces estuvo el N°. 461, por medio del cual se disolvió el Poder Judicial y se nombró presidente de la Corte Suprema de Justicia al licenciado Batres Jáuregui.7

El 31 de mayo de 1897 fue disuelta la Asamblea Legislativa y Reina Barrios convocó a una nueva Asamblea Constituyente, la cual prorrogó su mandato por otros cuatro años de acuerdo al decreto emitido en agosto de 1897. Entre los diputados constituyentes que votaron a favor de la prórroga del mandato de Reina Barrios estuvieron el licenciado Batres Jáuregui, quien fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores en el nuevo gabinete que se formó.7

Pero el descontento continuó; hubo revoluciones en todo el pais, y aunque fracasaron, Reina Barrios fue asesinado por Edgar Zollinger el 8 de febrero de 1898. Cuando Batres Jáuregui y el resto del gabinete estaba reunido para determinar quien sería el sustituto del presidente, apareció el licenciado Manuel Estrada Cabrera, indicando que él era el primer designado a la presidencia y que por lo mismo esta le correspondía. Batres Jáuregui y el resto de ministros le entregaron el poder, el cual mantendría hasta el 14 de abril de 1920.8

Batres Jáuregui tambien fue funcionario del gobierno de Estrada Cabrera y  miembro de numerosas sociedades cientificas y literarias internacionales. Hacia el final de su vida fue fundador de la Sociedad de Geografia e Historia de Guatemala y  era el decano de los abogados de Guatemala.7  Entre los muchos cargos que tuvo están:

  • 1878-1879:
    • Diputado a varias Asambleas Legislativas y a la Asamblea Nacional Constituyente de 1879.
    • Presidente del Poder Legislativo.
    • Consejero de Estado, Magistrado en el Tribunal de La Haya.
  • 1878: Mediador en nombre de Guatemala en la cuestión que se suscitara entre la República de Nicaragua y el Imperio Alemán.
  • 1882-1883: Secretario de Estado del despacho de Relaciones Exteriores de Guatemala3
  • 1886: Secretario de Estado de los despachos de Relaciones Exteriores y de Gobernación y Justicia
  • 1897-1898: Secretario de Estado en el despacho de Relaciones Exteriores
  • 1898: Presidente del la Corte Suprema de Justicia4
  • 1898: Presidente de la Delegación de Guatemala cuando se celebraron en Washington los tratados de Paz.2
  • 1907: Delegado de Guatemala ante la Tercera Conferencia Internacional Americana y del memorable Congreso Internacional Americano para tratar de la codificación del Derecho Internacional en 1907. Publicó un extenso reporte, el cual fue publicado íntegramente en varias partes en diferentes ediciones del diario oficial de entonces, El Guatemalteco.
  • 1920: Tras la caída del presidente Manuel Estrada Cabrera, fue subrogado del puesto de Presidente del Poder Judicial, por el licenciado Federico Castañeda Godoy.
  • 1927: Diputado a la Asamblea Constituyente

Batres Jáuregui fallecio el 12 de abril de 1929 en la Ciudad de Guatemala.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Somoza Vives, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana. p. 35.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia, 1821-1921: Memorias de un Siglo III. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 697.
  3. Ibid., p. 436.
  4. Ibid., p. 681.
  5. Rosa, Ramón (15 de septiembre de 1896) [15 de octubre de 1882]. «Don José Milla y Vidaurre»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía.).
  6. Díaz Romeu, Guillermo (1990). El licenciado Antonio Batres Jáuregui: su vida y su participación en la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. Guatemala: Academia de Geografía e historia de Guatemala. p. 29.
  7. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  8. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 28-29.

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25 de diciembre de 1917: empiezan los terremotos de 1917-18

A las 10:20 pm ocurre el primero de los terremotos conocidos como de «1917-18» que destruyeron a la Ciudad de Guatemala y acabaron con e gobierno de Manuel Estrada Cabrera

25diciembre1917
Ruinas del Instituto Nacional Central para Varones luego del terremoto de diciembre de 1917. Anteriormente de dos plantas, el edificio fue reducido a una planta después del terremoto.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Ciudad de Guatemala de principios del siglo XX era magnífica.  Sus templos y palacios, e incluso su cementerio, eran de un lujo exquisito gracias a las mejoras y obras realizada por el gobierno del fallecido presidente José María Reina Barrios.  Pero todo eso literalmente se vino abajo el 25 de diciembre de 1917, cuando a las 10:20 pm se produjo el primero de los cataclísmicos terremotos que asolaron a la «Tacita de Plata» enre 1917 y 1918.

Aquella trágica noche, la ciudad fue arremetida por un sismo como nunca antes se había sentido: la tierra osciló en ondas como el agua de mar durante aproximadamente un minuto. Todos los habitantes quedaron asombrados no solamente por el movimiento sino por el crujir de los techos y muebles y por la forma en que se movían las paredes, y salieron a las calles a pesar del frío. La energía eléctrica falló durante el sismo, pero los estragos se podían observar a la luz de la luna llena; la gente permaneció en su ropa de cama observando los destrozos en sus casas y conversando con sus vecinos, mientras ocurrían pequeñas réplicas.1,2

Afortunadamente para los habitantes, se encontraban en las calles y parques cuando a las 11:23 pm sobrevino un terremoto que duró lo mismo que el anterior, pero de mayor intensidad. Los habitantes, horrorizados, veían cómo las paredes se mecían de un lado a otro y cómo las que ya estaban dañadas se derrumbaban, seguidas por los techos. El terrible ruido de los derrumbes era acallado por los retumbos de la tierra que temblaba, y solo se distinguían de vez en cuando los gritos y oraciones de la población pidiendo clemencia.1,2

Por la mañana del 26 de diciembre se hizo el recuento de los daños:3

  • La fachada de la iglesia de San Francisco estaba completamente rajada. Por su parte el antiguo convento que funcionaba como la Oficina de Correos desde 1873 quedó arruinado y sus escombros obstaculizaban la 6.ª avenida sur.
  • El techo de la Iglesia de Santa Clara, en la esquina opuesta a la de San Francisco, se desmoronó, rompiendo con escombros la puerta principal del templo.
  • La cúpula de la Iglesia de la Recolección se desmoronó.
  • Casi todas las iglesias tuvieron serios daños en sus torres y cúpulas.
  • Una de las paredes de la estación del Ferrocarril Central se cayó, y la torre de la estación se desplomó.
  • La Aduana Central y la Embajada de Inglaterra eran un montón de escombros.
  • La mayoría de las paredes de las casas se derrumbaron y los techos cayeron sobre las habitaciones, dejando al descubierto muebles destruidos.3

Fue el principio del fin no solamente de la «Tacita de Plata» sino que también del gobierno de veintidós años del licenciado Manuel Estrada Cabrera; sobre esto último dice el historiador Antonio Batres Jáuregui, entonces Presidente del Poder Judicial:4

Pero Estrada Cabrera, cada vez se atrincheraba más en La Palma. Esta circunstancia naturalmente la notaron todas las numerosas comisiones extranjeras que aquí tenían a su cargo, haciendo crecidos gastos, auxiliar a los menesterosos. Todos lo eran, en una catástrofe como aquella. En casos semejantes se ha visto siempre que el rey, o el pordiosero, y sus familias, son los primeros en acudir, con su persona y dinero, a socorrer al pueblo.

Esto acabó de desacreditar a Estrada Cabrera, y fué la causa determinante de su caída. Mientras estaban disputándose el poder don Carlos Herrera, con los Unionistas, y el Presidente Cabrera reducido a su guarida, menudeaban las exhibiciones personales, las quejas y las arbitrariedades de una y otra arte.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918». (en inglés) Graphical Review 5: JSTOR 207805. p. 462
  2. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America». National Geographic Magazine (en inglés) (Estados Unidos) XXXV (3). p.197.
  3. Saville, Marshal H. The Guatemala earthquake of December, 1917, p. 463.
  4. Batres Jáuregui, Antonio (2006). La América Central ante la Historia, 1821-1921. Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 675-676.

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6 de septiembre de 1882: presidente interino Orantes acepta renuncia del embajador Montúfar

El presidente interino José María Orantes acepta la renuncia del embajador en Estados Unidos, Lorenzo Montúfar, quien se oponía a que el presidente Barrios renunciara al reclamo de Soconusco

Fronteras de Guatemala antes del Tratado Herrera-Mariscal por el que el gobierno de Barrios renunció a sus reclamos sobre Chiapas y Soconusco.  En los retratos: el general Barrios (arriba) y el licenciado Lorenzo Montúfar.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1881, el licenciado Lorenzo Montúfar había sido nombrado como Ministro Plenipotenciario en Washington para tratar el asunto de los límites con México en sustitutición de Arturo Ubico.​ Creyendo que contaba con el apoyo del nuevo presidente Chester Arthur para el retorno de Chiapas y Soconusco a Guatemala, y para la formación de la Unión Centroamericana con el general J. Rufino Barrios como presidente, Montúfar se apresuró a enviar esta información al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala.1  Barrios, entonces, solicitó permiso a la Asamblea Legislativa para viajar a Washington a resolver personalmente el asunto, dejando en la presidencia interina de forma nomimal al general José María Orantes,2 y de forma efectiva al cuidado y responsabilidad del Ministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia.3

Existen varias versiones sobre lo que ocurrió en Estados Unidos.  De acuerdo al historiador y diplomático Antonio Batres Jáuregui —quien fungía como Ministro de Relaciones Exteriores cuando ocurrieron los hechos—, cuando Barrios llegó a Nueva Orleans, lo recibió Montúfar muy amigablemente, seguros ambos de haber conseguido un excelente resultado para la gestión diplomática. Ambos viajaron a Washington junto con el Padre Arroyo y el canciller Felipe Cruz, pero cuando Barrios se reunió con el Secretario del presidente Arthur, se llevó la sorpresa de que Montúfar lo había desinformado, pues el nuevo presidente estadounidense no iba a apoyar lo que el embajador le había dicho.1 El Padre Arroyo tuvo que intervenir para que Barrios no atacara a Montúfar a puñetazos y Montúfar, ofendido por el trato que se le dió, y por el carácter despótico del general J. Rufino Barrios, envió la siguiente misiva de renuncia al presidente en funciones de Guatemala, general Orantes, no sin antes enviarla a la prensa:

Señor Presidente de la Repú​blica de Guatemala, General Orantes:

Lorenzo Montúfar, enviado Extraordinario y Ministro plenipotenciario de Guatemala en Washington, D.C., ante Ud. respetuosamente digo que no tengo el honor de estar de acuerdo con el señor general Don J. Rufino Barrios en muchos y muy importantes puntos de la política de Centroamérica, ni me es posible continuar sufriendo por más tiempo el trato que el expresado general da a muchas personas, sin exceptuar a sus más leales servidores.

Por tanto, renuncio al cargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario y protestando mi lealtad a Guatemala y a Centroamérica, a Ud. pido se digne admitir la renuncia.

Nueva York, 2 de Agosto de 1882

        • Lorenzo Montúfar4

Por otra parte, de acuerdo al licenciado Francisco Lainfiesta —otro estrecho colaborador de Barrios—, las cosas habrían ocurrido como sigue: Barrios quería visitar a su familia, y conocer algo de los Estados Unidos, pero para que no se dijese que por tan ligeras razones abandonaba la presidencia, utilizó el tratado de límites como la excusa perfecta, ya que tras la muerte de Garfield, México se envalentonó nuevamente sobre el asunto.  Barrios llegó a Nueva Orleans, en donde fue recibido por Manuel Herrera (hijo), y no por Montúfar como asegura Batres Jáuregui, y luego fue  Pittsburgh en donde sí se encontró con Montúfar, para finalmente llegar a Nueva York, en donde se encontró con Arturo Ubico. Barrios regaño a los tres como quien trata a un sirviente que no ha podido realizar ni el más sencillo encargo.5  Barrios llevaba la ilusión de que con su sola presencia se resolviera el asunto, pero ya Matías Romero tenía al gobierno de Arthur muy bien trabajado, y por ello el gobierno estadounidense excusó políticamente tomar cartas directas en el asunto, conformándose con ofrecer el arbitramiento.  En cuanto a la carta que Montúfar envió, el maltrato referido en la misma fue la humillación de dejarlo por un lado en las gestiones, y que la carta apareciera en los periódicos fue porque, de acuerdo a Montúfar, el borrador se lo había dado a un amigo y éste lo habría filtrado sin su consentimiento.6

A lo cual, el presidente interino respondió en los siguientes términos:

Palacio Nacional: Guatemala, 6 de septiembre de 1882

Vista la renuncia que ha hecho el Dr. Lorenzo Montúfar del cargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Guatemala en los Estados Unidos de América y los términos en que está concebida, el general encargado de la Presidencia, rechaza los motivos calumniosos en que la funda, reprueba la insidiosa y pérfida conducta que con notable abuso de confianza ha tenido el Doctor Montúfar, y admite su dimisión.

Comuníquese

        • José María Orantes
        • Ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Batres Jáuregui1,7

¿Qué había ocurrido con Montúfar? ¿Por qué había enviado un informe falso al presidente Barrios?  De acuerdo al diplomático e historiador Antonio Batres Jáuregui, todo se debió a una mala jugada del embajador mexicano Matías Romero, quien había sobornado al venezolano que sirvió de intéprete a Montúfar en su reunión con el secretario del presidente Arthur.  Cuando le dijeron a Montúfar que el nuevo gobierno no apoyaría ni el retorno de Chiapas y Soconusco, ni la Unión Centroamericana con Barrios a la cabeza, el intérprete le dijo que todo seguía como se lo había ofrecido el secretario del presidente Garfield.1  Y de acuerdo a Lainfiesta, no hubo tal reporte, sino que Barrios decidió ir a visitar los Estados Unidos por su cuenta, ofendiendo a Montúfar al dejarlo por un lado.6

Sea como fuere, como era de esperarse, el comportamiento de Montúfar fue recibido con enorme sorpresa en Guatemala, en donde el servilismo que caracterizó a todos los gobiernos dictatoriales —desde el del conservador Rafael Carrera hasta el del liberal Jorge Ubico— era la norma.  Las respuestas a semejante temeridad no se hicieron esperar y desconociendo los verdaderos motivos de la ruptura entre Barrios y Montúfar, la reputación de quien fuera el ideólogo liberal hasta entonces quedó reducida a cenizas. Primero, el gabinete completo del general Barrios, —exceptuando, según Lainfiesta, al ministro José Barberena—, sabiendo que aquella renuncia lo había encolerizado sobremanera, publicó un documento en defensa de la política del presidente y atacando a Montúfar, llamándolo traidor y calumniador injurioso que estaba tratando de «manchar la alta reputación del general Barrios«.  He aquí algunos extractos de aquel documento:

«El Gobierno de Guatemala, en justo homenaje al caudillo ilustre de Guatemala, General J. Rufino Barrios, ha rechazado inmediata, espontánea y enérgicamente, las imputaciones calumniosas con que el Doctor Montúfar ha querido manchar la alta reputación del mandatario, suponiendo temerariamente, que el señor General Barrios corresponde con ultrajes a la solicitud de sus leales servidores».7

Y a continuación, muchos otros oficiales del gobierno liberal a nivel municipal en incluso de institutos públicos fundados por Barrios dieron muestras de un profundo servilismo, publicando sendos mensajes de adhesión al dictador liberal, llamando todos ingrato, traidor e incluso estúpido​ a Montúfar, alegando que era mejor dejarlo en el olvido​ por sus injustificados ataques contra el «Benemérito» general Barrios.  He aquí algunos ejemplos:

  • Del Estado Mayor del Ejército: «Pero más nos ha herido la insidiosa imputación con que trata de denigrar el carácter altamente conciliador y fino del ilustre Presidente Constitucional de la República, general Don J. Rufino Barrios, al querer con la más negra ingratitud atribuirle un trato inconveniente y severo hacia aquellas personas que le han sido leales y amigas8
  • De los miembros de Partido Liberal: «¡Nosotros, hijos del pueblo de Guatemala, condenamos enérgicamente la conducta de los que traicionan a la patria y al digno Mandatario de la República!  Con no menos energía lanzamos el más solemne mentís, contra las calumniosas imputaciones que Montúfar dirige respecto del General Barrios. Es su renuncia escrita con absoluto olvido de los términos que prescribe la diplomacia.   En esa renuncia-libelo se hacen al General Barrios cargos estúpidos que no creerá el que tenga conocimiento del carácter bondadoso que distingue al Benemérito Presidente de la República9
  • De la Jefatura Política de Quetzaltenango: «Conocedores de los méritos del General Barrios, empleados casi todos los que suscribimos de su Gobierno paternal y progresista, amigos y leales defensores de la causa liberal, hemos tenido repetidas ocasiones de contemplar en el General Barrios al amigo franco y generoso, de fino y amable trato, tolerante con sus adversarios, justiciero con todos, protector del desvalido, defensor de la causa del pueblo; y no comprendemos como es que un empleado como el Señor Montúfar trate de calumniar al Presidente Constitucional de la República de Guatemala».10
  • De la Jefatura Política de Amatitlán: El General Presidente Barrios, sin ignorar muchos de los antecedentes poco favorables de aquel y su conducta en Costa Rica, apropiándose de una valiosa finca para saciar su ambición y codiciosos deseos; y de su inmoral manejo con el General Don Gerardo Barrios, en El Salvador; así como otros manchones que la historia no podrá borrar, le recibió aquí de una manera la más digna, propia de sus filantrópicos sentimientos, empleándolo desde luego en los destinos más elevados por espacio de siete años11
  • Del Instituto Nacional de Quetzaltenango: «Nosotros y la juventud que se educa bajo nuestra dirección, hemos recibido siempre el trato afable, expansivo y bondadoso del General Barrios, que no desperdicia oportunidad para hacer el bien y propagar las luces y la prosperidad entre sus conciudadanos; protestamos contra la conducta del señor Montúfar, y contra la calumnia que intenta arrojar sobre su benefactor; y al hacer esa protesta, hacemos pública nuestra gratitud, adhesión y respecto al digno Presidente General Barrios».12
  • De la ciudad de Totonicapán: «Protestar contra los conceptos calumniosos que el expresado Ministro ha vertido contra el ilustro nombre del General J. Rufino Barrios, Benemérito de la Patria y Presidente Constitucional de la República. Con este objeto hacemos propias las expresiones de justa indignación que los altos funcionarios del Estado publicaron y que hemos visto en el periódico oficial; puesto que tales expresiones son la genuina interpretación del sentimiento general13
  • De la ciudad de Cuajiniquilapa: «Nosotros que hemos tenido la honra de servir al Señor General Presidente Don J. Rufino Barrios y que siempre hemos encontrado en él al Jefe bondadoso e indulgente, al amigo leal y sincero, consecuente con todos, porque para el General Barrios no hay distinción de clases; protestamos solemnemente la calumna y perfidia de Don Lorenzo Montúfar, cuyos destemplados gritos no llegarán jamás a mancillar la alta y bien merecida reputación del ilustre caudillo defensor de nuestras libertades, de nuestros derechos y de nuestras instituciones republicanas14

Barrios retornó a Guatemala a principios de noviembre de 1882, y fue recibido con nuevas muestras de servilismo, con documentos de adhesión en donde se le felicitaba por su regreso y por haber llevado a feliz término el tratado de límites con México.

En lo que respecta al tratado de límites, que lleva el nombre de Tratado Herrera-Mariscal, he aquí un par de análisis objetivos de dicho tratado de límites:

  • Claudio Urrutia, jefe de la Comisión Guatemalteca de Límites: «Han sido precisos 16 años para llevar a cabo la demarcación de nuestros límites con México: para ello se han invertido enormes sumas de dinero, se han distraído de nuestra casi única fuente de producción actual, la Agricultura, gran cantidad de brazos y se han empleado muchas inteligencias en la resolución de los conflictos y cuestiones derivadas del tratado del 82; por la misma causa se ha visto el país amenazado por guerras formidables, de las que ha escapado de una manera casi providencial; se ha hallado a punto de perder todavía una buena parte del exíguo territorio a que quedó reducido, y, por último, perdió en la misma demanda muchos cientos de sus hijos, víctimas del clima y de los trabajos a que se les sometió».15
  • Sigue Urrutia: «El tratado fue fatal para Guatemala. En todo lo que con la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala, a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, tratan los asuntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente».16
  • A este respecto dice Lainfiesta: «Pero yo puedo hacer constar que Montúfar, incómodo por los procedimientos de Herrera (hijo) aseguró en una conversación  que, con ellos, le había hecho perder 50,000 pesos. ¿Se trataba de una gratificación ofrecida por Barrios si llevaba el arreglo a buen fin? Es muy posible.  Respecto a Herrera (hijo) yo mismo oí referir a un español residente en México, hallándose de paso en Nueva York, cuatro años después, que aqeul debía haber recibido del gobierno mexicano 50,000 peso, por llevar la cuestión en el sentido que se le indicara.  Que de esa suma había recibido 30,000 pesos y no los 20,000 restantes porque entretanto entre él y el [presidente de México] general [Porfirio] Díaz ocurrió un brusco rompomiento4
  • Y finaliza Urrutia: «Este convenio de límites, con el que se culminó un largo período de negociaciones y el ulterior trazado de la frontera, que fue su consecuencia, constituyeron para Guatemala hechos fundamentales en su historia de finales del siglo XIX. Por este tratado, Guatemala renunció no solamente a discutir sus derechos sobre Chiapas y Soconusco, sino a los derechos mismos. Se cerró definitivamente la oportunidad para posteriores reclamos, sin siquiera pedir absolutamente nada a cambio; este convenio cerró herméticamente la puerta a toda posterior reclamación, en virtud de que, al Guatemala ceder Chiapas y Soconusco, renunció expresa y categóricamente a toda compensación o indemnización. Este es un ejemplo singular, en los anales del Derecho Internacional, de un arreglo entre dos países en el que uno de ellos llegó a hacer generosa entrega de sus posiciones y clausuró definitivamente la puerta de posteriores reclamos, sin pedir a cambio absolutamente nada».17

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-436.
  2. Cruz, Felipe (1888). La verdad Histórica acerca del Tratado de Límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 3.
  3. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 266.
  4. Ibid, pp. 267-268.
  5. Ibid, p. 269.
  6. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. p. 3.
  7. Ibid, p. 4.
  8. Ibid, p. 5.
  9. Ibid, p. 8.
  10. Ibid, p. 11.
  11. Ibid, pp. 17-18.
  12. Ibid, p. 20.
  13. Ibid, pp. 24-25.
  14. Ibid, p. 27.
  15. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 3.
  16. Ibid, p. 165.
  17. Solís Castañeda, Sara (2013). «La cuestión limítrofe territorial guatemalteca en el siglo XIX: casos de Chiapas, Soconusco y Belice». Instituto de Relaciones Internacionales e Investigaciones para la Paz. Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2014.