28 de mayo de 1872: el encargado de la presidencia, teniente general J. Rufino Barrios, expropia una hacienda que tenían los dominicos en el municipio de Palencia

 

Iglesia de Santo Domingo en la Nueva Guatemala de la Asunción en 1875.  El convento aledaño también fue expropiado a los dominicos por Barrios y convertido de la Dirección de Rentas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

La relación entre Miguel García Granados y J. Rufino Barrios ha sido romantizada en los libros de los historiadores liberales que han sido la base de los libros de historia que se utilizan en la actualidad.  En dichos libros se dice que ambos eran colaboradores y que el traspaso de poder de uno al otro fue totalmente planificado y sin problemas.  Pero no hay nada más lejos de la realidad.

Miguel García Granados era originario de España y tenía muchos lazos de parentesco con los miembros de la familia Aycinena, recién derrocada por la Reforma Liberal de 1871. Por su parte, J. Rufino Barrios era oriundo de San Marcos, es decir, del Estado de Los Altos (que incluía desde Soconusco hasta Suchitepéquez y Sololá) y por ende, era un liberal de la nueva guardia que aborrecía a los conservadores.  Una vez que éstos fueron derrocados, García Granados empezó una política de acercamiento para iniciar cambios graduales, a los que se oponían Barrios y sus adláteres rotundamente.

Es por esa razón que cada vez que García Granados se retiraba de la capital para atender asuntos militares contra rebeliones o invasiones, Barrios se quedaba como encargado de la presidencia y tomaba medidas drásticas en ausencia del presidente provisorio.  Tras dos años de esta situación, los liberales decidieron cambiar definitivamente a García Granados y colocar en su lugar a Barrios y así realiar todos los cambios que querían.

Uno de los cambios que hizo Barrios mientras estaba encargado de la presidencia fue la expropiación de una de las haciendas que tenían los monjes dominicos en Palencia, el 28 de mayo de 1872.  La Guatemala de Rafael Carrera había sido el único estado centroamericano que permitió a las órdenes regulares nuevamente en su territorio, y el único que les permitió tener posesiones materiales.  De esta cuenta, para 1871, las  órdenes que habían regresado al país eran poseedores no solo de grandes monasterios sino que también lo eran de grandes extensiones de tierra.  Una de las más grandes órdenes eran los dominicos, y a ellos les expropiaron esta hacienda, que ya había pertenecido al general Rafael Carrera, pero que les vendió en 1849 cuando tuvo que salir temporalmente exiliado hacia México.

La expropiación de las grandes haciendas de las órdenes regulares apenas empezaba y una vez que Barrios se hizo del poder en 1873, fueron completadas.

BIBLIOGRAFIA:

7 de mayo de 1934: obligado por la Gran Depresión, el presidente Jorge Ubico deroga el Reglamento de Jornaleros instutido por J. Rufino Barrios en 1877

 

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Pago a los Jornaleros.  Obsérvese la presencia de niños trabajadores.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

El 7 de mayo de 1934, enfrentando una severa crisis económica derivada de la Gran Depresión que se originó en los Estados Unidos tras la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el gobierno del general Jorge Ubico derogó el Reglamento de Jornaleros, que había sido instituido durante el gobierno de J. Rufino Barrios y uno de los principales motores económicos de los terratenientes liberales por décadas.

El Reglamento de Jornaleros no era más que la legalización del trabajo forzado de los pobladores indígenas en las grandes fincas cafetaleras que recién se habían establecido por los liberales en Guatemala y que requerían de grandes cantidades de mano de obra para ser rentables. Por medio del decreto 177 del 3 de abril de 1877, el gobierno de Barrios emitió mencionado reglamento, y a partir de ese momento se permitió a los propietarios particulares de las fincas cafetaleras solicitar a los jefes políticos de los departamentos “mandamientos de jornaleros” para trabajar en sus propiedades.

Estas “propiedades” se originaron tras una reforma del sistema de propiedad de la tierra que los liberales guatemaltecos implementarion tras el triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871.  Por este método, pretendían convertir a todos sus allegados en propietarios individuales e iniciaron la venta de las tierras baldías, o tierras “realengas”, de las grandes haciendas confiscadas a las antiguamente ponderosas  órdenes regulares de la Iglesia Católica, y las tierras comunales que tenían las comunidades indígenas.  Los principals favorecidos fueron los criollos liberales, y ciudadanos alemanes que se establecieron en la región de la Verapaz.
Ya en 1829, tras la invasión de Morazán y la expulsión de la familia Aycinena y de las órdenes regulares del territorio centroamericano, se expropiaron por primera vez propiedades rurales para hacer rematadas en subasta, principalmente a los socios ingleses del general Morazán.  El principal ejemplo fue la Hacienda de San Jerónimo, ubicada en el municipio de dicho nombre en la Verapaz, y que fue expropiada a los Dominicos y entregada a in ciudadano inglés. Sin embargo, los conservadores recuperaron el poder en 1840 y devolvieron muchas de esas propiedades a las órdenes.
Debido a que el Reglamento de Jornaleros no era suficiente para sostener la economía nacional, el gobierno de Ubico lo derogó y a los tres días, en sustitución de este reglamento, en el Decreto 1996 se promulgó la Ley contra la Vagancia y la Ley de Vialidad. Por medio de esta ley se tenía por «vagos» a los jornaleros indígenas que no pudieran demostrar haber prestado servicios por montos de entre cien y ciento cincuenta jornales en las fincas de los terratenientes, por lo cual se los enviaba a romper piedra a los caminos sin paga alguna. De esta forma, ya no había necesidad de retenerlos en las fincas a la fuerza, pues a partir de entonces, con tal de evitar el trabajo en los caminos, se ofrecían voluntariamente para trabajar como jornaleros.
BIBLIOGRAFIA:

30 de abril de 1876: J. Rufino Barrios derroca al presidente Andrés Valle y al general González en El Salvador, y coloca al doctor Rafael Zaldívar en su lugar

 

Penitenciaría Central de la Ciudad de Guatemala.  Fue construida por el gobierno de J. Rufino Barrios y en ella murieron muchos de sus opositores.  Quienes lograban huir, se refugiaban en El Salvador y Honduras desde donde dirigían intentos de invasion.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el siglo XIX Guatemala no era el débil estado que es ahora.  Por el contrario, sus gobernantes tenían mano de hierro y una voluntad inquebrantable que solamente la muerte pudo detener.  Tanto el conservador Rafael Carrera como el liberal J. Rufino Barrios gobernaron hasta el final de sus días e impusieron su voluntad ante quien fuera.

Ambos presidentes tuvieron en común que pusieron y quitaron presidentes en Honduras y en El Salvador para tener aliados afines a sus estilos de gobierno y evitar invasiones de exiliados guatemaltecos contrarios al gobierno.   Y ambos se ponían al frente de sus tropas y no rehuían el combate cuerpo a cuerpo.

Ya cuando había colocado en la presidencia de Honduras al doctor Marco Aurelio Soto, quien había fungido como Ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública en Guatemala, Barrios se enfocó en El Salvador, en donde su principal rival era el general González, quien como habían hecho sus antecesores, daba asilo a los emigrados guatemaltecos.

El Salvador había tenido elecciones y en ellas resultó nombrado don Andrés Valle como presidente de la República, aunque el general González mantuvo el poder tras el trono.  Eso no le gusto a Barrios e invadió El Salvador hasta derrotarlo y obligar a los vencidos a pactar la paz y a nombrar a un sucesor.   En esas negociaciones estaban cuando se presentó el doctor Rafael Zaldívar con el apoyo de varios vecinos solicitando que él fuera designado como president salvadoreño.   A Barrios le simpatizó el personaje y estuvo de acuerdo.

De esa forma, Zaldívar llegó a la presidencia salvadoreña el 30 de abril de 1876 en las convención de Santa Ana.  Pero hubo una ironía sobre todo esto:  la conferencia inicial de paz se celebró en Chalchuapa, donde el general Barrios caería muerto el 2 de abril de 1885, en una batalla contra las fuerzas del presidente Zaldívar, quien no tardaría mucho más en el poder, pues a pesar de haber sido reelecto tres veces antes de 1876, fue derrocado el 14 de mayo de ese año.

BIBLIOGRAFIA:

28 de abril de 1897: la Asamblea Legislativa extiende el período presidencial del Gral. José María Reyna Barrios y nombra al Lic. Manuel Estrada Cabrera como primer designado a la presidencia

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La Ciudad de Guatemala en tiempos de Reina Barrios. Arriba: el Cuartel de Artillería, Instituto Agrícola de Indígenas, Parque Central y Escuela Politénica.  Al centro: la ciudad vista desde el Cerrito del Carmen.  Abajo:  Catedral Metropolitana, Instituto Nacional Central para Varones, Hipódromo del Norte, Teatro Colón y el Fuerte de San José.  Composición de Alberto G. Valdeavellano, publicado en “La Ilustración Guatemalteca“.

Los guatemaltecos conocen muy poco del general José María Reina Barrios y de su gobierno.  Algunos saben que embelleció a la Ciudad de Guatemala y que quería convertirla en un “pequeño París” adornando la “Avenida de La Reforma”.  Y hay quienes que conocen la historia de su asesinato, el 8 de febrero de 1898.

Pero, ¿cuáles fueron las razones para que el ciudadano suizo británico Edgar Zolinger asesinara al presidente guatemalteco, si éste se había preocupado por embellecer a la ciudad?

La situación del país durante el gobierno de Reina Barrios era muy compleja.  Tras la Revolución Liberal de 1871, los gobiernos de Miguel Garcia Granados y de J. Rufino Barrios emprendieron una amplia reforma agraria, que resultó en la eliminación de las tierras comunales de las comunidades indígenas y el embargo de todas las grandes haciendas que tenían las órdenes regulares de la Iglesia Católica.  Todas estas extensiones de tierra pasaron a los correligionarios de los generales liberales quienes las utilizaron para sembrar café, un cultivo novedoso en esos años.  Adicionalmente, para poder cultivar café se necesita de grandes cantidades de mano de obra y, para ello, el gobierno de Barrios estableció el Reglamento de Jornaleros, por medio del cual mediante artimañas legales, se obligaba a las poblaciones indígenas a trabajar en la fincas cafetaleras y a hacer jornales de una a otra.

Como resultado de esta política económica, los grandes caficultores y el gobierno liberal vieron un incremento considerable en sus ingresos.  Para cuando Reina Barrios asumió la presidencia en 1892, Guatemala disfrutaba de una bonanza económica sin precedentes.  Aprovechando esto, Reina Barrios emprendió numerosos proyectos faraónicos que incluyeron:

  • El Ferrocarril que comunicaba a Puerto Barrios con la Ciudad de Guatemala
  • La construcción de un nuevo Palacio Presidencial
  • La construcción de un nuevo acueducto para el suministro de agua para la Ciudad de Guatemala, para complementar el suministro que venía en el acueducto de Pinula
  • Numerosas construcciones de palacios y edificios públicos
  • Embellecimiento de la Avenida de la Reforma con estatuas traídas del extranjero
  • Remodelación de la Plaza de Armas
  • La Exposición Centroamericana, al mejor estilo de la Exposición de París.

Fue tal el auge económico que su gobierno fue el único de todos los gobiernos liberales que permitió la libertad de prensa y derogó el reglamento de jornaleros.  De hecho, se preocupó por la educación de los indígenas y estableció la Escuela Agricola de Indígenas en la ciudad de Guatemala, en donde llegaban becados los estudiantes más aventajados.

¿Qué pasó entonces?  Ocurrió que concluyó una larga revolución en Brasil, enorme país que empezó a producir café, con lo que el precio del grano se desplomó en 1897, y con él, el gobierno del general Reina Barrios.  Aprovechando la libertad de prensa que existía en ese entonces, se hicieron serias acusaciones contra el gobierno, llamándolo inepto y hasta corrupto.

La situación era desesperada, y por ello, Reina Barrios disolvió la Asamblea Legislativa y con unos cuantos representates que le favorecían consiguió que extendieran su mandato presidencial de 1898 hasta 1902, y que le confirieran atribuciones dictatoriales.  Y el 28 de abril de 1897, nombró al Lic. Manuel Estrada Cabrera (entonces Ministro de Gobernación y Justicia) como Primer Designado a la Presidencia. Al saber esto, hubo grupos de poderosos caficultores que se levantaron en armas, tanto en Occidente como en Oriente de Guatemala.

La Revolución Quetzalteca de 1897, dirigida por los paisanos del presidente, quien era originario de San Marcos, fue sumamente violenta y fue reprimida a sangre y fuego por el gobierno.  Reina Barrios estaba muy decepcionado de que sus propios paisanos se alzaran en armas y estuvo dispuesto a dar un escarmiento ejemplar.  Hizo mandar a fusilar a los supuestos líderes de la revolución, Juan Aparicio, hijo y Sinforoso Aguilar algo a lo que los quetzaltecos se opusieron y mandaron un telegrama rogando al presidente que reconsiderara.   Reina Barrios accedió y dió orden a Estrada Cabrera de que notificara la suspension de la sentencia, pero Estrada Cabrera era quetzalteco y tenía una vieja rencilla contra Aparicio, por lo que mandó el telegrama pasada la hora de la ejecución.  Por cierto, Edgar Zollinger era un ciudadano inglés que trabajaba para los Aparicio y decidió vengar este atropello en contra de su benefactor con los resultados arriba mencionados.

A Reina Barrios no le dio tiempo de cambiar el nombre del Primer Designado a la Presidencia en caso de muerte del gobernante, y por ello, al morir, fue sucedido por el licenciado Estrada Cabrera.  Y su obra física no fue duradera: el ferrocarril quedó inconcluso, la Exposición fue un fracaso rotundo y los terremotos de 1917-1918 destruyeron la mayor parte de los edificios que fueron construidos durante su gestión.  Irónicamente, cuando ocurrieron los terremotos todavía gobernaba Guatemala el licenciado Estrada Cabrera.

BIBLIOGRAFIA: