20 de mayo de 1907: la policía cerca a los autores del atentado de La Bomba contra el presidente Manuel Estrada Cabrera; ellos optan por suicidarse

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Plano de la casa en donde se suicidaron los fugitivos tras el atentado de La Bomba.  Los símbolos P, P’, P” y P”’ representan el lugar en donde se encontraron los cadáveres.  Imagen de Enrique Invernizio, tomada de “La Locomotora“.

El 29 de abril de 1907 hicieron estallar la bomba al paso del Estrada Cabrera, quien sobrevivió milagrosamente y salió ileso.  Los hermanos Ávila Echeverría y sus cómplices habían planeado el golpe muy bien: no solamente colocaron bombas en varios puntos subterráneos de calles de la Ciudad de Guatemala, sino que tenían a un cómplice listo para disparar al presidente en caso de que este sobreviviera a la deflagración.  Pero no contaron con que Estrada Cabrera iba a resultar ileso y que su cómplice se iba a acobardar al verlo salir caminando de la nube de humo que produjo la explosion, y que iba a salir huyendo hacia El Salvador.

Inmediatamente se inició una persecución implacable. Estrada Cabrera creyó que el embajador mexicano Federico Gamboa estaba dando asilo a quienes habían intentado matarlo y envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M., a que le manifestara al embajador que tenía informes de que los perpetradores estaban en la embajada mexicana y que esperaba que los pusiera a disposición del gobierno. Gamboa replicó en fuertes términos ya que si bien anteriormente había albergado a desafectos al régimen, esto se trataba de una cuestión muy diferente.

Gamboa (quien llevaba un diario detallado de su vida que sería publicado décadas después) escribió que para el 1 de mayo la fisonomía de la ciudad y de sus moradores nacionales y extranjeros había cambiado increíblemente: el terror era evidente y los relatos que se escuchaban rayaban casi en la locura. Ese día, a la hora de la cena, recibió la solicitud de asilo de los hijos de Julio Valdés Blanco (es decir, sobrinos de Jorge y Enrique Ávila Echeverría) dos muchachas de aproximadamente veinte años y un joven de quince, que vivían a la vecindad de la embajada mexicana, y a quienes su madre los envió con él para evitar que los capturaran durante el cateo inminente que se avecinaba.​ Gamboa aceptó a las muchachas pero envió al jovencito de regreso, para que ayudara a sus familiares sin imaginarse que durante el cateo policiaco se lo llevarían prisionero y luego lo torturarían en la dirección de la policía.

Juan y Adolfo Viteri y Francisco Valladares, otros de los conjurados, escaparon por los barrancos de Corona, camino de Chinautla; Adolfo Viteri iba disfrazado de mujer y Valladares de albañil italiano. Pero cuando iban a subir al ferrocarril en Guastatoya un testigo advirtió los pantalones masculinos debajo del vestido y fueron apresados por elementos militares de Zacapa. Por su parte, Felipe y Rafael Prado Romaña intentaron huir hacia El Salvador en cortas jornadas nocturnas para evitar retenes y puestos militares en las montañas; pero extraviados, se refugiaron en un rancho cuyo dueño los denunció; fueron enviados a prisión, donde murieron años más tarde.

Pero los principales conjurados no aparecían y el presidente puso precio a sus vidas. Ellos estuvieron un tiempo escondidos en la casa de Francisca Santos, quien había sido sirvienta en la casa de los Ávila Echeverría; de allí pasaron a la casa de los Romaña; y luego a la embajada de España, vecina de la anterior, en donde la esposa del embajador Pedro de Carrera y Lembelle los recibió mientras el diplomático estaba ausente, pero de donde tuvieron que huir cuando se enteraron de lo que había ocurrido en la embajada de México pocos días antes.

El 2 de mayo, al regresar de un paseo a la Avenida Reforma, el embajador Gamboa recibió una llamada de la esposa del embajador español solicitándole que la visitara; allí la dama le explicó cómo los autores del atentado se habían escondido en la casa de los Romaña y le solicitó que los sacara de la casa, pues era muy difícil la situación en ese momento. Gamboa llegó a la embajada española y se entrevistó con los perseguidos, quienes “estaban profundamente demacrados y mentalmente enajenados y juraron que saldrían de la legación española lo antes posible. También le informaron a Gamboa que habían jurados matarse en caso extremo, formando un círculo y apoyando las bocas de sus revólveres en la sien del vecino, para no caer en las manos de la policía del presidente”. Por último, se despojaron de sus joyas y reliquias y se cortaron mechones de cabellos que entregaron al embajador mexicano para que los trasladara a sus familiares cuando fallecieran. Gamboa había llegado acompañado por el médico Fidel Rodríguez Parra, amigo de los perseguidos, y a quien éstos solicitaron infructuosamente cianuro de mercurio.

Los elementos del orden fueron estrechando poco a poco el cerco hacia el centro, revisando escrupulosamente cada casa, terreno o arrabal. Por su parte, los hermanos Ávila Echeverría, Rodil y Valdés Blanco se refugiaron finalmente en la casa número veintinueve del callejón del Judío, frente a la iglesia del Cerrito del Carmen, donde residía la señora Rufina Roca de Monzón con sus hijos y algunos sirvientes. Estaban escondidos en el segundo piso para que no se enterara la servidumbre, ya que planeaban escapar confundidos con trabajadores de una finca de la dueña de la casa y luego refugiarse en la finca del doctor Mateo Morales, quien les había proporcionado los papeles de cuatro de sus mozos. Sin embargo, cuando el hijo menor de la señora Roca de Monzón se enfermó, el doctor Jorge Ávila Echeverría bajó a atenderlo, y fue visto por una de las sirvientes quien luego se lo relató a su novio, un oficial del Fuerte de Matamoros.

En la madrugada del 20 de mayo, toda la plana mayor de Estrada Cabrera y los miembros de su policía secreta rodearon la manzana donde se escondían los perpetradores del atentado.​ A las tres de la mañana se escucharon los golpes a la puerta, la cual fue derribada pocos después; las tropas, comandadas por el coronel Urbano Madero se dirigieron a las escaleras en el segundo nivel pero allí los repelió el doctor Julio Valdés Blanco, quien mató al coronel Madero de un tiro y se parapetó junto con sus compañeros. Los sitiados se defendieron como pudieron de las fuerzas del batallón número tres, reforzadas más tarde por una tropa comandada por el general José Félix Flores.

De acuerdo al historiador Rafael Arévalo Martínez, al final, ya sin cartuchos, los sitiados acabaron con sus vidas, tal y como se lo habían comunicado al embajador Gamboa.​ Pero otras versiones (que quedarían evidenciadas por las fotografías tomadas por José García Sánchez y en las que se advierten discrepancias en las posiciones de las manos y brazos de los caídos) se habrían rendido, y habrían sido asesinados por los miembros de la policía secreta.

El reporte detallado de la autopsia de cada uno de los fallecidos fue publicado en La Locomotora en su número del 20 de mayo de 1907.


BIBLIOGRAFIA:


15 de abril de 1920: tras la caída del gobierno de 22 años del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el pueblo lincha a algunos de sus agentes

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Lámina que presenta los retratos de los principales esbirros del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Uno de los episodios que Unionistas quisieran olvidar ocurrió el 15 de abril de 1920, el día que se rindió el presidente Manuel Estrada Cabrera.  Ese día, la turba enardecida acorraló a los esbirros cabreristas en la Plaza de Armas (hoy Plaza de la Constitución) y al grito de “¡Otro toro!” los fueron linchando uno por uno.  Fue necesaria la intervención de los líderes criollos conservadores Manuel Cobos Batres y de José Azmitia para que aquella masacre se detuviera.

Entre quienes se salvaron de morir linchados estuvo el teniente coronel Roderico Anzueto Valencia, quien era agente cabrerista y había delatado a sus compañeros de la Escuela Politécnica cuando éstos intentaron secuestrar al presidente en 1908.  Años después fue uno de los principales colaboradores del gobierno del general Jorge Ubico Castañeda, quien por cierto fue Ministro y Jefe Político durante el gobierno de Estrada Cabrera, pero quien renunció a formar parte de la “tiranía” el 8 de abril de 1920.

A continuación, la descripción de los colaboradores de Estrada Cabrera que apareció publicada en la postal de Unión Tipográfica en 1920:

N.° Nombre Breve descripción
2 Teniente coronel Eduardo Anguiano Falleció durante la Semana Trágica de 1920.
3 Juan Viteri Sicario de Estrada Cabrera. Era hijo de Juan Viteri a quien el gobierno había mandado asesinar en 1908 junto con su hermano Adolfo; había estado preso varios años y al salir de prisión quedó al servicio del presidente Estrada Cabrera.
4 General J. Antonio Aguilar Jefe de la policía en Antigua Guatemala. Murió en la Penitenciaría Central el 10 de mayo de 1920.
5 Licenciado Manuel Echeverría y Vidaurre Asistente del presidente. Logró huir del país.
6 Máximo Soto Hall Poeta, político e ideólogo del cabrerismo que alabó al presidente hasta el final. Al momento de la caída del presidente, se encontraba en Washington, D.C. y no regresó a Guatemala sino hasta en 1926.
7 Coronel Miguel López -Coronel «Milpas Altas»- Jefe del cuartel de Matamoros. Estuvo a cargo del bombardeo de la ciudad y fue linchado por el populacho el 15 de abril de 1920 en la Plaza de Armas.
8 Coronel Salvador Alarcón Comandante de Totonicapán. Murió en ese departamento el 10 de mayo de 1920.
9 Licenciado Franco Gálvez Portocarrero Asistente y adulador del presidente. Murió linchado en la Plaza de Armas el 16 de abril de 1920.
10 Teniente coronel Roderico Anzueto Valencia Militar que fue uno de los delatores de los cadetes que intentaron secuestrar al presidente en 1908. Tras salir de prisión se reintegró al ejército y fue jefe de la policía y Ministro durante el gobierno del general Jorge Ubico .​
11 Alberto García Estrada Segundo jefe del cuartel de Matamoros y también estuvo a cargo del bombardeo de la ciudad. Murió linchado en la Plaza de Armas el 15 de abril de 1920.
12 José Félix Flores, hijo Cómplice de Eduardo Anguiano.
13 José Félix Flores Murió el 13 de abril de 1920, durante los combates.
14 Luis Fontaine Ciudadano francés. Estuvo al servicio del presidente y encargado de la reconstrucción del Teatro Colón tras los terremotos de 1917-1918. Murió durante los combates el 10 de abril de 1920.
15 Comandante José María Mirón Militar leal al presidente, que murió el 15 de abril de 1920 durante los linchamientos en la Plaza de Armas.
16 Comandante Emilio Méndez Director de la Penitenciaría Central. Murió en combate en Chimaltenango el 10 de abril de 1920.
17 Ricardo Sánchez Familiar del presidente.
18 Gregorio «Goyito» González Comandante de la segunda jefatura de la Policía y ex-director de la policía en Antigua Guatemala. Era un temido sicario y fue asesinado por sus propios agentes en el barrio de «San Pedrito» el 9 de abril de 1920.
19 Comandante Julio Ponce Militar que murió en combate el 8 de abril de 1920.​

BIBLIOGRAFIA:

  • Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México, D.F.: Fondo de Cultura de la Universidad de México.
  • Molina Jiménez (2001). «La Polémica de “El problema (1899)”, de Máximo Soto Hall». Revista Mexicana del Caribe (Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal;Sistema de Información Científica) VI (12).
  • Unión Tipográfica (1920). Principales jefes del Cabrerismo. Guatemala: Unión Tipográfica.

7 de abril de 1910: el licenciado Manuel Estrada Cabrera eleva a la aldea “Los Alisos” a categoría de municipio con el nombre de “La Esperanza”

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Licenciado Manuel Estrada Cabrera, president de Guatemala de 1898 a 1920 durante un acto oficial. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El municipio de La Esperanza era anteriormente la aldea llamada “Los Alisos” y formaba parte del municipio de Quetzaltenango.​ En 1894, el entonces alcalde auxiliar de Quetzaltenango, Francisco Escobar, compró terrenos para incrementar el territorio de la aldea. Posteriormente, el 25 de febrero de 1899, Escobar recibió terrenos adicionales de cien varas cuadradas que le donó el señor José María Barrios.

Gracias al gran crecimiento territorial y poblacional que había en la aldea, ésta se convirtió en un lugar urbano, y el 7 de abril de 1910 fue declarada y fundada oficialmente como municipio del departamento de Quetzaltenango con el nombre de “La Esperanza” por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Con el terremoto que se registró el seis de agosto de 1942 La Esperanza sufrió graves daños, y el 95% de la población quedo sin vivienda; por iniciativa de algunos vecinos, quienes aprovecharon que la cabecera municipal estaba aislada de la carretera asfaltada por derrumbes, se trasladaron las oficinaes municipales al cantón “El Progreso“, o “Pila de Los Rodas” y sin autorización alguna le dieron el nombre de “La Victoria” el 12 de febrero de 1943. Debido a los conflictos que los pobladores tenían con el nuevo nombre, el 26 de septiembre de 1945 el municipio volvió a llamarse “La Esperanza“.

La Mancomunidad Metrópoli de Los Altos que se formó en el siglo XXI, cuenta con una extensión territorial de 871.06 km² y está compuesta por los municipios de San Andrés Xecul y Totonicapán en el departamento de Totonicapán y por los municipios de San Carlos Sija, Sibilia, La Esperanza, San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, Zunil y Salcajá en el departamento de Quetzaltenango, los cuales se adhirieron a la entidad voluntariamente.


BIBLIOGRAFIA: