2 de octubre de 1926: publican la autopsia del general Orellana

Tras reiniciar sus labores ese mes, el periódico «El Imparcial» publica la autopsia del general José María Orellana realizada por el doctor Federico Mora

2octubre1926
El Hotel Manchén en Antigua Guatemala, en donde falleció el general Orellana el 26 de septiembre de 1926.  En el recuadro, el útimo retrato del general presidente.  Imágenes tomadas del «Diario de Centro América».

El 2 de octubre de 1926, es decir, al día siguiente de haber empezado nuevamente a operar normalmente luego de la restricción a las garantías constitucionales, el periódico «El Imparcial» publicó la autopsia del general José María Orellana, fallecido en el Hotel Manchén en la Antigua Guatemal el 26 de septiembre,1 la cual reproducimos a continuación:2

El veintiséis de este mes en curso a las cuatro y media de la mañana, ayudado por el doctor Ramón Calderón y en presencia de los doctores Juan J. Ortega, Mario J. Wunderlich, Ricardo Alvarez, Rodolfo Robles, Alfonso Castellanos, Jorge E. Alvarado y Leopoldo Aschkel y del juez secto de primera instancia de este departamento, así como de dos oficiales de la Plana Mayor practiqué la autopsia al cadáver del general José María Orellana, en una de las habitaciones de la casa número uno de la octava calle poniente. Por el reconocimiento exterior se pudo ver que se trataba de una persona de buena constitución esquelética y bien nutrida, aunque con el panículo adiposo muy desarrollado en algunas partes del cuerpo.  Como signos que confirmaron la realidad de la muerte se comprobó que ya había manchas lívidas de hipostasis cadavérica en el dorso y que la reigidez comenzaba a establecerse en las cuatro extremidades.

Los legumentos tenían una coloración y un aspecto normales,pero había en las dos regiones maleolares un edema fácilmente visible y que se dejaba deprimir por la presión del dedo.  Además, se encontró una esquimosis rojiza en la cara anterior y tercio medio de la pierna derecha y la picadura de una aguja (¿hipodérmica?) en la fosa ilíaca derecha.  Por los orificios de las aberturas bucal y nasal se escapaba, al mover el cadáver, una abundante cantidad de espuma blanca y espesa.  En las otras cavidades naturales no se encontró nada de anormal. Abierta la cavidad del cráneo que el pericráneo, la bóveda ósea, el seno longitudinal superior y las meninges no presentaban ninguna alteración. El cerebro bien conformado, pesaba un mil trescientos gramos; se notaba al examinarlo exteriormente que los vasos superficiales estaban congestionados, principalmente en la región occipital, lo que indica que se trataba de una congestión pasiva y seguramente agónica o post-mortem.

Por el examen interno del propio cerebro se vió que estaba completamente normal y que los ventrículos laterales estaban libres.  El cerebelo, la protuberancia anular y el bulbo tampoco ofrecían ninguna alteración; la base del cráneo estaba intacta; los senos de la base se hallaban congestionados, aunque no en exceso y la hipófisis estaba completamente sana.

Fue abierta la cavidad toráxica, comprobándose, en primer lugar, que el esqueleto no tenía nada de extraordinario; que los órganos se encontraban en su posición anatómica normal y que las dos cavidades pleurales se encontraban vacías y no presentaban adherencias de ninguna clase.  El pericardio estaba muy recargado de grasa en su cara anterior y contenía en su cavidad unos treinta gramos de líquido, es decir una cantidad normal. El corazón se presentó muy aumentado de tamaño, sobre todo en la mitad izquierda, y con alguna torción sobre su eje vertical a causa del predominio del corazón izquierdo sobre el derecho.

La hoa visceral del pericardio estaba muy sobrecargada de grasa.  El órgano vaciado de la sangre que contenía sus cavidades, pesó quinientos cincuenta gramos, es decir mucho más de lo normal.  La sangre que se le extrajo era fluida y abundante; no se encontraron coágulos de ninguna clase.  El miocardio estaba muy hipertrofiado en la pared del ventrículo izquierdo en donde alcanzaba un espesor de dos centímetros, no observándose en él ninguna degeneración macroscópica.  El endocardio no presentaba ninguna modificación patológica, así como tampoco las válvulas auriculovenriculares y las pulmonares. Las válvulas aórticas, en cambio, presentaban las siguientes lesiones:

        • Retracción consecutiva a una esclerosis muy marcada que se extendía a todo el contorno del orificio aórtico y nódulos endurecidos en el espesor de las propias válvulas.
        • A consecuencia de la retracción valvular el mencionado orificio aórtico se había ensanchado considerablemente, como pudo comprobarse poniendo agua en el tronco de la aorta y asegurándose que pasaba inmediatamente a la cavidad del ventrículo.
        • Dicha cavidad estaba dilatada lo que, con el engrosamiento considerable de la pared del ventrículo demuesta que había una hipertrofia excéntrica, como son las que se observan en la insuficiencia aórtica.

El examen del cayado de la aorta permitió descubrir grandes placas de ateroma, algunas de las cuales tenían una consistencia ósea; esta degeneración de la pared arterial se extendía a toda la aorta toráxica y a causa de ella el vaso daba una sensación de dureza y tenía numerosas nudosidades.  El calibre de la arteria no estaba alterado en ninguna parte de su trayecto, es decir, que no había estrecheces, ni dilatación, ni aneurismas.

Las dos arterias coronarias estaban permeables, sus paredes estaban sanas y no había en el controno de su desembocadura ninguna formación patológica que la estrechara; tampoco había coágulos en el interior de las mencionadas arterias.

Examinados a continuación los órganos de la cavidad bucal y del cuello y los pulmones se pudo anotar lo siguiente:

La lengua tenía un tamaño, una coloración y un aspecto normales, sucediendo otro tanto con las paredes de la cavidad, en el itsmo de las fauces no había  más que un poco de espuma, la que también sse encontraba en la faringe; la laringe estaba normal y no contenía cuerpos extraños; el esófago tenía una mucosa de coloración y aspecto normales; la tráquea y los grandes bronquios estaban llenos de espuma blanca y consistente; el tiroides y las parótidas se hallaban sanas; las venas yugulares estaban muy dilatadas y repletas de sangre; en las parótidas no había nada extraordinario.

Los pulmones se presentaban, al examinarlos por fuera, con un tamaño, un color y una consistencia normales; al hacer corte sobre ellos se notaba que el parénquima no llevaba vestigios de lesiones antiguas, pero que estaba invadido de espuma, siempre blanca y espesa, que brotaba en abundancia al ejercer presiones. No había equimosis subpleurales en ningún lugar; los vasos pulmonares estaban completamente sanos y no se había obstruido ni habían formado focos de infarto pulmonar.

Haciendo la autopsia de la cavidad abdominal se realizaron las siguientes observaciones:

        • El diafragma se encontraba a la altura normal
        • En la cavidad no había ningun líquido o producto patológico de otra clase
        • Los órganos etaban situados en su posición anatómica
        • El hígado pesaba un mil ochocientos gramos y tenía algunas adherencias al diafragma en la cara superior de su lóbulo derecho, hallándose completamente sano en su interior
        • El vaso pesaba doscientos gramos y era normal
        • La vesícula biliar, sana, contenía unos veinte gramos de biis y los conductos biliares estaban permeables
        • El páncreas no tenía nada de anormal, así como tampoco las glándulas suprarenales.
        • El meenterio estaba muy recargado de grasa
        • El estómago, cuyo tamaño, forma y apareicnia externa e interna eran normales contenía en su cavidad unos ciento cincuenta gramos de materias alimenticias en vías de digestión, sin ningun olor especial.
        • Los riñones se hallaban sumergidos entre un exceso de grasa perirenal, pero estaban completamente sanos, hasta donde pudo comprobarse por el examen a simple vista
        • La vejiga contenía cincuenta gramos de orina amarillenta, sin nada en particular, en su aspecto
        • Los intestinos tampoco presentaban ninguna alteración patológica
        • El apéndice estaba atrofiado y adherido al mesenterio
        • Los órganos genitales no tenían nada de anormal.

Por considerarse innecesario no se practicó la apertura de la cavidad raquídea.

Como resumen de los resultados obtenidos por la autopsia de la diversas cavidades puede decirse que únicamente había lesiones graves en el corazón y en la aorta, por lo que es posible afirmar las siguientes conclusiones:

      1. El general José María Orellana falleció a consecuencia de un síncope cardíaco
      2. Dicho síncope fue originado por una insuficiencia aórtica y una aortitis crónica
      3. No se encontrón ninguna lesión traumática
      4. Tampoco se encontró ningún indicio que hiciera sospechar un envenenamiento.

Soy de usted atentamente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Cerna, José. (26 de septiembre de 1926): “Interesantes detalles del útimo viaje del general Orellana”. Guatemala: Diario de Centro América.
  2. Mora, Federico (2 de octubre de 1926) «Autopsia al cadáver del general Orellana». Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.

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22 de junio de 1944: la carta de los 311

311 ciudadanos envían una carta al presidente general Jorge Ubico pidiendo que se restituyan las garantías constitucionales

22junio1944
El palacio de la Policía Nacional en la década de 1970, construido durante el gobierno del general Jorge Ubico. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de junio de 1944, el gobierno del general Jorge Ubico incrementó el salario de los empleados públicos en un 15%, pero solo para aquellos que ganaban menos de 15 quetzales mensuales, lo que dejaba fuera a los maestros, quienes reaccionaron con una serie de protestas pacíficas con el fin de ser beneficiados con ese aumento.​ Por su parte, los estudiantes universitarios iniciaron marchas pacíficas para exigir la destitución de sus decanos, ya que, durante el gobierno de Ubico, las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y las autoridades eran nombradas directamente por el presidente de la República.1 Ubico accedió a cambiar a los decanos, pero los sustitutos nombrados por el presidente, no fueron del agrado de los estudiantes, quienes en consecuencia redoblaron sus protestas, siguiendo el ejemplo de la huelga general en El Salvador que había logrado derrocar al general Maximiliano Hernández Martínez el 11 de mayo de ese año, luego de 14 años de férreo gobierno.2

Ubico entonces suprimió la garantías constitucionales y dirigió el siguiente manifiesto a la población:3

El día de hoy, en Consejo de Secretarios de Estado, he decretado la restricción de algunas de las garantías constitucionales.

El primer deber que me concierne como mandatario es, ante todo, la conservación de la paz y del orden interno de la República; y esas dos finalidades del Poder Ejecutivo están amenzadas por la acción perturbadora de elementos que han querido exaltar los ánimos en algunos sectores de la vida nacional.

Se hace indispensable la adopción de medidas enérgicas para contrarretar la acción disolvente de los agitadores; y a esta finalidad conduce la restricción de las garantías. No obstante, la sociedad debe estar tranquila en sus elementos de orden y de trabajo. Las medidas de represión que hayan de adoptarse no regirán con las personas de orden y cumplidoras de sus deberes ciudadanos; y el término de esta situación de emergencia será el que quieran los agitadores.

Cuando vuelvan las corrientes sociales, en los sectores perturbados al cause normal de sus actividades, serán restablecidas inmediatamente las garantías que hoy me veo en el caso de restringir.

Vuestro conciudadano,

        • Jorge Ubico

Guatemala, 22 de junio de 1944.3

Ese mismo día, un grupo de 311 ciudadanos, envalentonado por el ambiente favorable contra los regímenes que hasta el momento el gobierno de los Estados Unidos había apoyado en Guatemala, Honduras y El Salvador, le envió la siguiente misiva al general Ubico:

Señor Presidente de la República:

Los suscritos ciudadanos guatemaltecos, en ejercicio del derecho garantizado por el artículo 22 de la Constitución de la República, nos dirigimos a usted con las muestras de nuestro mayor respeto y exponemos:

El día de hoy promulgó su gobierno el Decreto No. 3114, que restringe las garantías constitucionales. La parte considerativa de esta disposición consigna que elementos disociadores de tendencias nazi-fascistas perturban gravemente la paz de la República procurando obstaculizar al gobierno el mantenimiento del orden. Es por todos conocida la génesis de ese decreto, y la propia Secretaría Presidencial, en un boletín dado a publicidad en la prensa, la funda en la acción de problemas de orden interno de la Universidad.

La opinión pública espontáneamente se ha solidarizado con las aspiraciones de los estudiantes en esta hora trágica en que la flor de la juventud de los países libres ofrendan sus vidas en defensa de los altos ideales de la humanidad y de la democracia, a cuya causa está afiliada nuestra patria.

Es por ello doloroso ver que el Primer Magistrado de la Nación, sin duda basado en informaciones inexactas, tendenciosas e interesadas, haya lanzado a la juventud el grave cargo de nazi-fascismo.​ La juventud, señor Presidente, jamás vibra al impulso de mezquinas tendencias y, por el contrario, interpreta y encarna los ideales más limpios y las más nobles aspiraciones. La de Guatemala no es en este caso una excepción.

Convencidos de la pureza de los ideales de la juventud universitaria guatemalteca, nos sentimos obligados, como ciudadanos conscientes, a solidarizarnos plenamente con sus legítimas aspiraciones.

Es así como, movidos tan sólo por nuestro fervoroso patriotismo, venimos a rogar la ilustrada atención de usted acerca de los apremios de la hora actual y del imperativo del deber, sentido por todos, de que el Gobierno se encauce hacia metas prometedoras que aseguren el derecho y satisfagan las legítimas aspiraciones de la familia guatemalteca. El decreto de suspensión de garantías ha venido a crear una situación de intranquilidad y zozobra que agudiza la angustia de la hora en que vive la humanidad, en vez de asegurar la paz y el orden que pareció inspirarlo.

La restricción de garantías crea una situación de hecho, en la cual el pueblo carece de medios legales para manifestar sus justos anhelos y es susceptible de provocar consecuencias funestas que, como guatemaltecos conscientes, seríamos los primeros en deplorar.

Ante un régimen de derecho, la ciudadanía actúa dentro de la legalidad. Una situación de hecho engendra, tarde o temprano, una reacción de violencia. Con toda hidalguía reconocemos que la actual administración presidida por usted ha hecho, en lo material, obra constructiva. Empero, su labor, como todo lo humano, no ha llegado a satisfacer muchas aspiraciones populares por falta de medios de libre expresión.

Alrededor de los gobernantes actúan y medran fuerzas burocráticas e intereses creados que se fortalecen con el transcurso de los años y que llevan al mandatario visiones falseadas de la realidad ambiente. Por esta razón debe desconfiarse siempre de las “adhesiones” que, nacidas del temor o del interés, llegan hasta el gobernante a través del mecanismo oficial, las cuales jamás presentan el auténtico “sentimiento popular”. Seguramente corresponderá a usted aquilatar muy pronto el valor de tales “adhesiones”, a diferencia de la genuina sinceridad que nos anima.

Guatemala no puede substraerse a los imperativos democráticos de la época. Es imposible frustrar con medidas coercitivas los incontenibles impulsos de la generosa ideología que está reafirmándose en la conciencia universal a través de la más sangrienta de las luchas libradas entre la opresión y la libertad.

Estamos seguros, señor Presidente, de que su espíritu comprensivo acogerá la presente gestión con el mismo interés patriótico que nos mueve a dirigírsela. Confiados en él, pedimos lo siguiente:

        1. El restablecimiento de las garantías suspendidas, para que el pueblo pueda gozar, sin demora, de la plenitud de sus derechos constitucionales; y
        2. Dictar las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tengan plena efectividad.

Guatemala, 22 de junio de 1944.4

Este memorial fue redactado en casa del doctor Julio Bianchi y firmado por 311 personas en total, entre quienes figuraban destacadas personalidades de la sociedad guatemalteca, como el Dr. Carlos Federico Mora y estudiantes universitarios, como el futuro presidente Julio César Méndez Montenegro. Sin embargo, la carta no tuvo la respuesta que esperaban los firmantes, sino que al contrario, produjo una represión violenta contra manifestantes, que resultó en la muerte de la profesora María Chinchilla el 25 de junio, y que a la larga, resultaría en la renuncia del general Ubico el 1 de julio de 1944.4-5


BIBLIOGRAFIA:

  1. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  2. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944. El Salvador: En La Universidad. pp. 52,53.
  3. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. CLXXIX.
  4. Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

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28 de julio de 1889: nace Carlos Federico Mora

Nace el eminente médico y catedrático Carlos Federico Mora

28julio1889
Retrato del Dr. Carlos Federico Mora.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El doctor Carlos Federico Mora Portillo fue hijo de Ángela Portillo y de Enecón Mora y realizó sus estudios de secundaria en la Escuela Politécnica y en el Instituto Nacional Central para Varones.  Tras graduarse hizo sus estudios universitarios en la Escuela Facultativa de Medicina y Farmacia en la Ciudad de Guatemala, graduándose de médico el 24 de abril de 1916 con su trabajo de tesis «Consideraciones médico-legales sobre el Código Penal de Guatemala», la cual mereció el segundo lugar del Premio «José Felipe Flores» que otorgaba esa facultad en honor a uno de los mejores médicos coloniales de Guatemala.1

Mora estuvo becado en México, donde efectuó investigaciones contra la rabia y luego prestó servicio médico militar en Puerto Barrios y en el Puerto de San José. Posteriormente realizó un posgrado en la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, donde empezó su formación en ciencias de la conducta y trabajó con John B. Watson, quien influyó en su enfoque experimental de la psiquiatría. Después continuó sus estudios en el Instituto de Medicina Legal de Psiquiatría de París, Francia, y en Roma, en donde estudió la Psicología de los delincuentes. Entre sus profesores estuvieron renombrados médicos y psicólogos como Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Alfred Adler y Julio von Jauregg.1,Nota a

Al regresar a Guatemala fue nombrado director del «Asilo de Alienados» -como se le llamaba entonces al hospital psiquiátrico-, donde se desempeñó de 1923 a 1927, período en el que inició la terapéutica psiquiátrica en el país, y empleó métodos como el absceso de fijación, la hidroterapia, la hipnosis y la malarioterapia.Nota b Asimismo, introdujo en el país el uso de las camisas de fuerza.1 Mientras estaba a cargo de este hospital, en septiembre de 1926 ocurrió la muerte repentina del presidente, general José María Orellana, en Antigua Guatemala y Mora fue uno de los médicos que fueron llamados para realizar la autopsia del fallecido.2

Durante el gobierno del general Lázaro Chacón, el doctor Mora estuvo activo en la docencia creando la Dirección General de Educación y el Consejo Nacional de Educación y promoviendo la Ley Orgánica y Reglamentaria del Personal Docente de la República, aprobada en 1927, la cual fue el antecedente de lo que sería el escalafón magisterial en Guatemala.  También fundó el servicio de Identificación en la Dirección General de la Policía y en 1927 fue trasladado a Hamburgo, Alemania, como cónsul y embajador de Guatemala.1

Mora regresó al país poco después y fue nombrado Ministro de Educación por el general Chacón.1  Sin embargo, la situación económica del país era crítica debido a los efectos de la Gran Depresión en el precio del café, y el gabinete ministerial sufrió varios cambios en 1930; eventualmente, debido a la presión, el 12 de diciembre de 1930, el general Chacón sufrió un derrame cerebral, que lo obligó a renunciar a la presidencia;3 nuevamente, Mora fue llamado para conformar el grupo de médicos que evaluó la condición del presidente y dictaminó que éste no podía seguir en el poder.4

Tras la anarquía que siguió a la enfermedad de Chacón el gobierno de los Estados Unidos intervino para colocar a un presidente que protegiera los intereses estadounidenses en el país, y de esta cuenta resultó electo el general Jorge Ubico Castaneda, quien tomó posesión el 14 de febrero de 1931.5 El doctor Mora siguió trabjando para el gobierno durante el nuevo régimen, estableciendo la cátedra de Psicología en la Escuela Facultativa de Medicina, así como Medicina Legal en la Facultad de Derecho y Notariado en 1932, todo esto mientras estuvo trabajando en el «Asilo de Alienados«.1

Luego de un cambio en la política de los Estados Unidos para con los regímenes totalitarios en Centroamérica, el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez cayó en mayo de 1944 tras varios movimientos civiles en su contra, los que se extendieron a Guatemala.6 De este forma, hubo levantamientos contra el régimen de Ubico en la Ciudad de Guatemala, lo que obligó al presidente a restringir las garantías constitucionesl; entonces, el 22 de junio de 1944 311 ciudadanos firmaron un memorial solicitando al presidente Jorge Ubico Castañeda la reinstauración de dichas garantías.  El Doctor Mora fue uno de los firmantes de dicho documento.7

Eventualmetne, las protestas condujeron a la renuncia de Ubico Castañeda el 1 de julio de 1944, quien dejó en su lugar a un triunvirato militar encabezado por el general Federico Ponce Vaides, quien debía llamar a elecciones. De esta forma, el 4 de julio el pueblo se presentó a las instalaciones de la Asamblea Legislativa y exigió que se designara al Dr. Mora como el presidente interino, pero su nombramiento no se llegó a dar ya que Ponce Vaides envió un destacamento militar que desalojó la sala con amenazas de disparar, y luego obligó a los miembros de la Asamblea a nombrar al propio Ponce Vaides como Presidente del República.8,Nota c

El gobierno de Ponce Vaides a su vez fue derrocado por la Revolución Cívico-Militar del 20 de octubre, tras lo cual el doctor Mora fue nombrado Rector de la Universidad Nacional, y estuvo a cargo de palabras de agradecimiento en el acto en el que le fue conferida autonomía a la Universidad de San Carlos el 1 de diciembre de 1944.1,9

Mora continuó con su larga y fructífera carrera como docente universitario hasta 1970, falleciendo el sábado 9 de septiembre de 1972, a los 83 años, víctima de un accidente cerebrovascular. Fue sepultado en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.1


NOTAS:

    • a: ganador Premio Nobel de Medicina de 1927.
    • b: técnica desarrollada por von Jauregg y que utilizaba la fiebre provocada por la malaria para tratar la parálisis general progresiva.
    • c: el capitán al mando del destacamento de la Escuela Politécnica que ayudó a desalojar el Congreso fue Jacobo Arbenz Guzmán.

BIBLIOGRAFIA:

    1. Villalobos Viato, Roberto (18 de enero de 2015). «Una mente brillante». Prensa Libre (Guatemala).
    2. Mora, Federico (2 de octubre de 1926) “Autopsia al cadáver del general Orellana”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
    3. Nuestro Diario (13 de diciembre de 1930). «Comité de médicos evalúa estado de saludo del señor Presidente de la República». (Guatemala).
    4. Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) “Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República“. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
    5. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-190.
    6. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944 El Salvador: En La Universidad. p. 52.
    7. Brolo, Javier (26 de octubre de 2012). «Carta de los 311». Blog de Javier Brolo. Archivado desde el original el 2 de junio de 2014.
    8. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica.
    9. Junta Revolucionaria de Gobierno (1944) Decreto No. 12. Guatemala: Tipografía Nacional.

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