14 de abril de 1687: se bendice el templo de las Carmelitas Descalzas

Se bendice el templo de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Ruinas de la iglesia de Santa Teresa de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Antigua Guatemala. En el recuadro: retrato oficial del obispo Andrés de las Navas, quien bendijo el templo. Imágenes tomadas de Aprende Guatemala. e Historia religiosa de Guatemala.

Tres religiosas de las Carmelitas Descalzas llegaron en 1677, procedentes de Lima, traídas por el padre Bernardino de Ovando.1 Entraron a la ciudad de Santiago de los Caballeros el 25 de mayo  y se hospedaron en el Convento de Santa Catarina Mártir en lo que se terminaba de construir el de ellas.  Las religiosas eran Sor Ana de San Joaquín, priora, María de la Asunción, superiora; y María Gerónima de San Juan, tornera.2

La iglesia de este convento se comenzó a construir en el 17 de agosto de 1685, cuando el obispo Andrés de las Navas y Quevedo colocó la primera piedra en presencia de los miembros del Ayuntamiento criollo y de la Real Audiencia.  El templo se concluyó el 12 de abril de 1687 y ese mismo dia por la tarde colocaron en él el Santísimo Sacramento, que llevaron desde la Catedral en procesión.2

El 14 de abril se realizó la solemne bencición del templo y las celebraciones continuaron por ocho dias.3 Y posteriormente, el 9 de enero de 1705, el ayuntamiento decidió suministrar los fondos para que se colocara un óleo de San José en el templo.4


BIBLIOGRAFIA:

    1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 69.
    2. Juarros, Domingo (1857) [1808]. Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Imprenta de la Luna. p. 182.
    3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, p. 81.
    4. Ibid., p. 104.

14 de marzo de 1811: termina el período del capitán general González Mollinedo

El capitán general Antonio González Mollinedo y Saravia entrega el mando a José de Bustamante y Guerra.

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Pintura de la Ermita de la Asunción en la época en que González y Mollinedo era Capitán General del Reino de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos Antonio González Mollinedo y Saravia fue nombrado capitán general del Reino de Guatemala el 6 de agosto de 1799 tras una larga carrera militar, llegando al puerto de Trujillo el 10 de junio de 1801.1  Finalmente, tomó posesión del cargo de manos de José Domás y Valle el 28 de julio de 1801.2 Era hijo  de Andrés González Saravia y de María Agustina de Mollinedo y de la Cuadra, y nació el 11 de agosto de 1743.1,Nota

Durante su gobierno no tuvo mayores problemas en la región, ya que aunque España estaba pasando la crisis de la invasión de Napoleón y pasó a ser gobernada por la Regencia, aquellos sucesos que alteraron la estabilidad política de la Península, apenas y tuvieron repercusión alguna en Guatemala. Por esto González Mollinedo y Saravia, quien tenía un trato afable y caballeroso, se dedicó a realizar reformas agrarias que impulsaron el cultivo del añil e implantó otros cultivos alternativos. También liberalizó en lo posible el comercio, mejorando las vías de comunicación y combatiendo el contrabando; y reorganizó las fuerzas militares del Reino, mejorando asimismo las fortificaciones.1

Durante su gobierno la autoridad eclesiástica era poderosa.  El clero secular estaba dirigido por un Episcopado compuesto por un arzobispo y dos obispos sufragáneos —uno en León, Nicaragua, y el otro en Comayagua—, y contaba con diecisiete vicarios, entre rectorales y medio-rectorales, y un Cabildo Eclesiástico integrado por un deán, un arcediano, un chantre, un maestre-escuela, un tesorero y dos canónigos penitenciarios y magistrales.  En todo el Reino había curatos y parroquias, santuarios y ermitas.  Y aunque las rentas de los seculares eran reducidas, muchas familias acomodades les hacían importantes donaciones que constituían sus principales ingresos.  Por su parte, las órdenes regulares —principalmente los franciscanos, dominicos y mercedarios— tienen a su cargo grandes haciendas que representaban considerables ingresos para las órdenes y para las arcas reales.3

Quizá lo más importante en cuestión religiosa era que todas las familias acomodadas estaban influenciadas por un sacerdote confesor, lo que hacía que su vida íntima estuviera rigurosamente registrada en los archivos eclesiásticos.  De hecho, aunque había un capítulo de la Inquisición en el Reino, éste realmente no era necesario ya que todas estas familias eran espiadas por su servidumbre y aunpor sus mismos familiares que se encargaban de contarle todo a los clérigos.3

En el tiempo que residió en Guatemala, González Mollinedo y Saravia fue ascendido a mariscal de campo el 31 de enero de 1802 y a teniente general el 11 de abril de 1810.  Finalmente entregó el mando a su sucesor, el jefe de escuadra José Bustamante y Guerra, el 14 de marzo de 1811.1

La regencia lo nombró como Virrey de Nueva España, a las órdenes de Venegas, ocupando la ciudad de Oaxaca. Allí fue atacado por las fuerzas del independentista José María Morelos, y aunque se defendió hasta que cayó la paza, fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1812, y fusilado en los llanos de las Canteras, en Oaxaca, el 2 de diciembre siguiente.1


NOTAS:

  • El historiador guatemalteco Clemente Marroquín Rojas dice que González y Mollinedo era hijo bastardo del rey Carlos IV, pero éste rey nació en 1748 por lo que lo indicado por Marroquín Rojas no es posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de Historia (s.f.)  Antonio González Mollinedo y Saravia. España: Real Academia de Historia.
  2. Marroquin Rojas, Clemente (1970) [1945]. Historia de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 8.
  3. Ibid., p. 9

14 de enero de 1986: Cerezo toma posesión

El licenciado Vinicio Cerezo toma posesión como presidente de la República. Es el primer presidente civil desde 1970.

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El Palacio Nacional de Guatemala, sede del gobierno del licenciado Vinicio Cerezo. En el recuadro: Cerezo y su esposa, Raquel Blandón, junto con el Ministro de Relaciones Exteriores Mario Quiñones y su señora durante una visita oficial a la República Federal de Alemania (Alemania Occidental) en 1986. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras los golpes de estado de 1982 y 1983, el gobierno militar del general Oscar Humberto Mejía Vítores permitió la convocatoria de una Asamblea Constituyente que emitió una nueva constitución para la República en 1985, en base a la cual se realizaron elecciones en las que resultó electo el licenciado Marco Vinicio Cerezo Arévalo.  

El nuevo presidente tomó posesión de su cargo el 14 de enero de 1986, siendo el primer gobiernante civil en hacerlo desde 1970; pero, a diferencia de sus antecesores, la Constitución de 1985 le confería muy poco poder al ejecutivo, descentralizando numerosas atribuciones que antes eran responsabilidad del presidente de la República.  

En su discurso de inaguración, Cerezo hizo un resumen certero de la situación del país en el momento de la transición a los gobiernos civiles, los cuales reproducimos a continuación por su importancia histórica:

[…] Somos un pueblo al que por mucho tiempo se nos negó la expresión y muchos fuimos perseguidos por decir la verdad.  Hemos recuperado la palabra.

Somos un pueblo al que se nos decía qué hacer, y cómo hacerlo, sin preguntarnos jamás si nos parecía bueno o malo, si estaba de acuerdo con nuestra comunidad, con nuestra aldea, nuestra región, nuestra ocupación, nuestras ideas y aspiraciones, nuestro modo ancestral de vida, nuestras creencias.  Hemos recuperado nuestro derecho a participar. Muchos llegamos a ser extraños en nuestra propia tierra, y hoy regresamos a lo nuestro.1

[…] Era imprescindible, es cierto, el esfuerzo científico y profundo por saber exactamente lo que nos ha venido poasando, lo que nos pasa ahora y lo que nos podrá pasar como pueblo, como nación, como región, si no hacemos algo drástico y urgente por corregirlo.

Pero, por doloroso que esto sea, este conocimiento debemos compartirlo. Porque parte de nuestra crisis se debe a la ignorancia generalizada sobre lo que nos pasa, debido a una cuidadosa labor de desinformación y ocultamiento. […] No importa las razones, miles de vidas guatemaltecas han caído en esta espantosa vorágine […], y cientos de miles de nosotros hemos padecido de una u otra manera los efectos de este clima general de atropellos.2

Encontramos un país en las peores condiciones que jamás Mandatario alguno haya recibido esta Nación.  En la vida política los guatemaltecos nos encontramos con que la [fuerza] se constituyó en un permanente sustituto de la negociación y el compromiso; incapaces de resolver sus diferencias por el diálogo […] algunos guatemaltecos optaron por el absurdo y primitivo lenguaje del daño físico y la represalia armada.  Nuestra familia guatemalteca se ha visto miles de veces enlutada con una [fuerza] insensata y cruel, amparada en los más variados signos ideológicos.  Unos la emprendieron desde una decisión individual, al margen de toda ley, con el argumento de la defensa de sus privilegios y prerrogativas de que habían gozado ancestralmente.  Otros la emprendieron porque no veían otras salidas para defener sus derechos y reivindicaciones. Otros la emprendieron argumentado que era necesaria por su seguridad y el orden. Otros, en fin, la emprendieron desde un uso abusivo de posiciones de poder, sumándose así a los […] que nunca respetaron la convivencia de nuestra comunidad nacional.2

[…] No es necesario insistir aquí en los aspectos internacionales de la crisis económica y social, que el sufrido pueblo de Guatemala ha soportado como nadie, […] ya han hablado de manera certera sobre la injusticia del orden económico internacional y de cómo nuestras débiles economías se han visto devastadas en el torbellino de la recesión mundial.  Pero sí es necesario hablar de nuestra situación interna.  Si bien es cierto que la crisis internacional nos ha golpeado duramente por razones de sobra conocidas, también es cierto que internamente algunos guatemaltecos han puestos abundantes ingredientes para el desastre. […] También debemos reconocer grandes dosis de intolerancia e incomprensión, a la par que pareciera haberse entronizado una falta total de moral y de principios, contagiendo nuestra vida nacional de una corrupción generalizada y de una facilidad casi espontánea para el abuso de poder.3

Recibimos un país con las arcas vacías, producto de la mala administración de los anteriores gobiernos y de la corrupción.  Recibimos una situación económica desastrosa y crítica sin precedentes: la actividad económica se ha ido reduciendo, con importantes desequilibrios en el comercio internacional y en las finanzas del sector público.  Se han encogido los ahorros y la inversión y tenemos márgenes muy estrechos para superar esos desequilibrios y adoptar una acertada política económica.  No hay fondos para iniciar proyectos nuevos y no hay recursos suficientes para financiar los gastos de funcionamiento del gobierno. Nuestra deuda externa es cuatro veces el valor anual de nuestras exportaciones, y han hipotecado el futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos; por esta eduda, cada guatemalteco debe 320 dólares.3

Demasiados guatemaltecos están sin trabajo. Y los que tienen un salario, lo han visto encogerse de manera angustiante: a pesar de los aumentos, cada vez se puede comprar menos y pagar menos porque nuestra moneda vale menos y las cosas cada vez valen más. […] Hoy cada guatemalteco [en promedio] dispone de un quetzal diario para su alimentación, su vivienda, su educación, su transporte y su salud.  Pero la realidad es más cruel y más dura. Porque sabemos que unos pocos guatemaltecos tienen mucho más que eso, y otros muchos no tienen nada.3

Somos ocho millones.  Cinco millones de nuestros hermanos viven en estado de pobreza.  Todavía mueren muchos de nuestros niños al nacer.  Y de los que viven, solamente uno de cada tres no está desnutrido.  Los otros dos están condenados a no comer bien, a que su cerebro no se desarrolle bien, a no tener suficientes fuerzas para el trabajo y el estudio y a la ignominia de que otros guatemaltecos le digan más tarde que es un tonto y un haragán; que le reclamen una higiene y una limpieza a la que nunca he tenido acceso y le exijan un comportamiento y una educación que jamás han podido estar a su alcance.4

Y si las condiciones de vida de la mayoría de nuestros conciudadanos son en verdad precarias, todavía más cruel ha resultado nuestra historia reciente cuando le permitieron organizarse para decir lo que pensaba y defender colectivamente sus derechos.  Se reprimió la organización libre de los ciudadanos y sus entidades representativas.  Muchos de los líderes y voceros de nuestro pueblo conocieron la muerte y el exilio.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Departamento de Recopilación de Leyes (1987).  Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1986.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. i.
  2. Ibid., p. ii.
  3. Ibid., p. iii.
  4. Ibid., p. iv.

14 de diciembre de 1844: Carrera asume la presidencia del Estado de Guatemala

El general Rafael Carrera asume la presidencia del Estado de Guatemala por primera vez.

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Fotografía de Eadweard Muybridge del Cerrito del Carmen en 1875. En el recuadro: moneda con la efigie del general Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego de que el jefe de Estado Mariano Rivera Paz renunciara a su puesto el 8 de diciembre de 1844 por la presión que ejercía el comandante general de las Fuerzas Armadas, general Rafael Carrera, se reunió un Consejo Constituyente que el 11 de diciembre elegió al general Carrera como el nuevo Jefe de Estado de Guatemala,1,2 amparado en un decreto que decía «en defecto o por renuncia del consejero en el servicio, se hará cargo del gobierno del Estado el Comandante Militar«.3

Carrera tomó el poder el 14 de diciembre, como parte de su plan para hacerse definitivamente del poder dando la apariencia de legalidad que había iniciado contra Mariano Rivera Paz.  Pero desde un principio tomó unas medidas que no fueron del agrado de los criollos conservadores y los clérigos, y éstos empezaron a planear como deshacerse de él.  Entre estas medidas estuvo la disolución del Consejo de Gobierno, mediante el siguiente decreto:

1°. — Se deroga el decreto de 8 de octubre de 1841, que creó un consejo consultivo de gobierno. (Nota de HoyHistoriaGT: este consejo tenía la misión de ayudar al presidente en el ejercicio de las funciones gubernativas)
2°. — Entretanto que se arregla este ramo de la administración de un modo estable, el congreso proveerá a la sucesión del mando por impedimento temporal del presidente del estado en los casos que ocurran.
4

Argumentado que Carrera había llegado al poder por decreto y no por elección popular, los conservadores iniciaron su ofensiva contra Carrera, quien, seguro de su posición como hombre fuerte del país, pidió una licencia para alejarse del cargo el 25 de enero de 1845, dejándo el gobierno en manos del licenciado Joaquín Durán, quien a los pocos días fue sustituido por el brigadier Vicente Cruz, tras una revolución que estalló el 1 de febrero.3-5 Los criollos de ambos partidos estaban felices porque parecía que el general mestizo no iba a volver, e incluso aprovecharon para derogar el decreto que autorizaba el retorno de los jesuitas al país, pero el 6 de junio, Carrera regresó, aduciendo que su licencia había expirado.5

Viendo que la situación se estaba saliendo de control, y sabiendo que eventualmente le iban a rogar que regresara al poder, Carrera pidió nuevamente una licencia, dejando el poder nuevamente en Vicente Cruz, ahora Vice Jefe del Estado.1   Aunque eventualmente regresó al poder y fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847,6 pero con cada licencia suya en el poder los problemas se habían agravado, hasta que llegó el momento en que el líder conservador Luis Batres Juarros le pidió que renunciara  a la presidencia de la República en 1848.7

Tal como predijo Carrera, cuando salió al exilio a México en agosto de 1848 con pena de muerte en caso intentara regresar,7 Guatemala entró en un caos total, al punto que el Estado de Los Altos intentó separarse del país de nuevo8 y los criollos conservadores le rogaron que regresara al poder a pesar del terror y protetas de los liberales, lo que hizo en 1849, haciendo huir a los criollos liberales, retomando Los Altos y obligando a los conservadores a pactar con él.9 Finalmente, una vez que derrotó a los liberales centroamericanos en la Arada el 2 de febrero de 1851,10 se aseguró en el poder no solamente de Guatemala sino de sus vecinos, hasta su muerte, acaecida el 14 de abril de 1865.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía nacional. p.123.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.
  3. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  4. Pineda de Mont, Manuel, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 184.
  5. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 237-238.
  6. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 73-76.
  7. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  8. Ibid., pp. 113-115.
  9. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 257.
  10. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  11. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.

14 de octubre de 1794: autoriza publicación de la Gazeta de Guatemala

El Rey de España autoriza que se publique la Gazeta en el Reino de Guatemala

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La Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1840. Estas estructuras estaban a medio construir en 1796. En el recuadro: facsímil de una de las páginas de la Gazeta de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un personaje importante para la difusión de la cultura en Guatemala fue el señor Ignacio Beteta, quien aprendió el oficio de encuadernador al lado del español Antonio Sánchez Cubillas, quien le vendió su imprenta el 18 de junio de 1785 cuando éste regresó a España. De hecho, desde algunos días antes de celebrarse el contrato, Beteta ya se había hecho cargo del taller y para 1788 editó el voluminoso «Manual de párrocos«, que luego fue mandado a reimprimir por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy. Además, en 1789 publicó la Descripción de las Exequias de Carlos III, con un lujo y profusión de grabados hasta entonces desconocidos en Guatemala.1 Es importante destacar que para entonces, la capital del Reino se acababa de trasladar de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción en 1776 y apenas estaba empezando a reconstuirse.2

Deseoso de que en Guatemala se llevasen a cabo publicaciones similares a las que se hacían en las capitales de los virreinatos de Nueva España y el Perú, publicó una «Guía de Forasteros«, a instancia del Capitán General Bernardo Troncoso Martínez del Rincón, en la que consignó la cronología de los capitanes generales y obispos del reino. En base este arduo trabajo, solicitó al Gobierno que se le otorgase privilegio exclusivo para la impresión de las Guías y de los Almanaques; sin embargo, como ya las imprentas de Bracamonte y de la Viuda de Arévalo tenían a su cargo los almanaques, únicamente pudo obtener las Guías ya indicadas, y los almanaques de bolsillo como premio de consolación.1

A mediados de 1793, después de haber visto un ejemplar de «El Mercurio Peruano«, que poco antes había circulado en Lima, tuvo la idea de publicar un periódico en el Reino de Goathemala y para ello envió un ejemplo de su publicación a la Real Audiencia para que lo aprobaran. En estos tiempos, los trámites tardaban años debido a lo lento del transporte, y por ello aunque la aprobación del Rey fue extendida el 14 de octubre de 1794, no se supo en Guatemala sino hasta casi dos años más tarde.1

En vista de la buena acogida que tuvo la Gazeta, Beteta tuvo la idea de publicar dos números al mes, para lo que nuevamente tuvo necesidad hacer las gestiones correspondientes, pero en 1798, con el pretexto de que el papel escaseaba debido a la guerra que había con la Gran Bretaña, le fue notificado que suspendiese la publicación.  Es más, las autoridades peninsulares recomendaron al Capitán general que estuviese pendiente de que en el periódico no se insertasen noticias ni discursos que pudiesen ser perjudiciales a la tranquilidad de sus vasallos, ni a las buenas costumbres.  Y es que no faltaron entre los primeros dignatarios del reino, incluyendo entre ellos a un arzobispo y a un oidor, quienes denunciaran que el periódico de Beteta atentaba contra las máximas de fidelidad al Soberano y hasta a las buenas costumbres.1

Años después, el 16 de septiembre de 1821, con motivo de la Independencia de Centroamérica, Beteta llamó a su establecimiento «Imprenta de la Libertad«, la cual siempre funcionó en la esquina de la Séptima Calle Oriente y Callejón del Pino en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, en donde permaneció en funciones hasta la muerte de Beteta, ocurrida el 2 de septiembre de 1827, a la edad de 70 años.1

Si bien Beteta dejó de publicar la Gazeta de Guatemala en 1816, ésta no murió con él, ya que fue resucitada por el gobierno conservador de Rafael Carrera, que la utilizó como su diario oficial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fundación Biblioteca Miguel de Cervantes (s.f.). La Imprenta en Guatemala. España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).

14 de septiembre de 1824: Chiapas se anexa a México

Chiapas firma el Pacto Federal y se anexa definitivamente a México

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El poblado de Chiapa de Corzo en 1860. La región se separó de las Provincias Unidas del Centro de América el 14 de septiembre de 1824. En el recuadro: el emperador Agustín de Iturbide, derrocado en 1823, cuyas medidas provocaron la caída del Imperio y la anexión de Chiapas al Pacto Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante la época colonial, Chiapas era considerada una zona de interés para la Corona española y hasta 1821 formó parte de la Capitanía General de Guatemala como una de sus provincias más importantes.   Con la lucha de independencia de la Nueva España, la idea de buscar autonomía se esparció por el resto de América y en 1821 fray Matías de Córdova declaró la independencia de la provincia de Chiapas.  Los dirigentes de las ciudades más importantes de la provincia como Tuxtla, Comitán y Ciudad Real se adhirieron al Plan de Iguala y rompieron con las autoridades guatemaltecas.1

En enero de 1822, la recién independizada Capitanía General de Guatemala se anexó al Primer Imperio Mexicano dirigido por el emperador Agustín de Iturbide. Sin embargo, la experiencia guatemalteca no fue la mejor tras la anexión desde el principio ya que no todas las provincias centroamericanas estuvieron de acuerdo con ella; de hecho, El Salvador se negó rotundamente a anexarse al imperio, y por ello el emperador envió al general Vicente Filísola a que relevara al hasta entonces presidente Gabino Gaínza en el gobierno de Guatemala y a que tomara a El Salvador por la fuerza.2-4

Filísola tuvo que enfrentar la debilidad fiscal, un regionalismo inquebrantable y las órdenes a menudo ilógicas del propio Iturbide.  Filísola dió los pasos necesarios para la reconciliación política, liberó a los criollos opositores del imperio y reprendió a las autoridades guatemaltecas por las medidas ejecutadas contra las provincias de interior.  Por si fuera poco, las rutas comerciales estuvieron bloqueadas por conflictos armados entre ciudades y regiones, derivadas de inconformidad en cuanto a la jurisdicción administrativa y desacuerdos ideológicos entre criollos liberales y conservadores. Todo esto causó que tanto el general como las municipalidades se vieran obligados a solicitar préstamos a comerciantes y a cajas regionales, lo que produciría una situación insostenible.2-4

Tras la caída de ese efímero imperio, se proclamó de la República Mexicana, se desconocieron los Tratados de Córdoba y Plan de Iguala1 y Filísola convocó a una Asamblea Constituyente en la región centroamericana, ya que éstas tenían el deseo de separarse de México, y era el momento propicio para Filísola para retirarse decorosamente.5

Mientras las provincias centroamericanas se agruparon en las Provincias Unidas del Centro de América en lo que se escribía la Constitución Federal para la región el 1 de julio de 1823, el 2 de octubre de ese año se promulgó el Plan de Chiapas libre, declarándose así la independencia de esa región de las Provincias Unidas, y un año después, la Junta Suprema de la región convocó a un plebiscito y el pueblo de Chiapas eligió unirse a la República Mexicana a pesar de las protestas de Guatemala y de las provincias centroamericanas.1

De esta forma, Chiapas pasó a formar parte de la federación de estados mexicanos el 14 de septiembre de 1824.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Sistema de Información Legislativa de la Secretaría de Gobernación (2014) Efeméride con motivo del 195 aniversario de la anexión de Chiapas al Pacto Federal.  México: Gobierno Federal de la República Mexicana.
  2. Pastor, Rodolfo (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1821 a 1822). Tomo II. México: Porrúa.
  3. — (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1821). Tomo I. México: Porrúa.
  4. — (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1823 a 1828). Tomo VI. México: Porrúa.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 16, 17.

14 de agosto de 1853: sublevación del castillo de San José Buenavista

El coronel Leoncio Camacho lidera sublevación de 400 hombres en la guarnición del castillo de San José Buenavista

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Pintura de Augusto De Succa viendo a la ciudad de Guatemala desde el sur en 1870.  A la derecha se observa el Castillo de San José, y se puede apreciar como su elevación representaba una amenaza para la ciudad si su guarnición se sublevaba.  En el recuadro: el general Rafael Carrera en un cuadro en donde se muestra el mismo cuartel, ya que había sido construido durante su administración. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien el capitán general Rafael Carrera quedó como dueño absoluto de  la situación tras retornar al país luego de su exilio en 1849, la situación de anarquía que se vivía en el país no cesaba.1 Y es que la pérdida de control que se produjo en los meses que siguieron a su renuncia a la presidencia el 15 de agosto de 1848 fueron tan extremos, que ni su retorno en 1849 fue suficiente para calmar la situación.2

En 1850, Carrera comentaba que «el trastorno cunde por todas partes en conscuencia precisa de que los trastornadores estánen todas las clases de la sociedad donde injustamente hablan de todo, inventan y hacen circular noticias faltas y alarmantes«, e indicaba que «este mal está en la mayor parte de los departamentos de la Repúbica«.  Esto lo obligó a tomar medidas represivas severas, decidió castigar sumaria y económicamente al que se dedicara a divulgar rumores, para «que por consiguiente no [pudiera] hablarse sino de cosas de que cada cual tenga la concienca de lo que dice y de lo que [fuera] personalmente responsable«.3

Incluso después de la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, en la que definitivamente venció a la amenaza internacional que representaban los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, y los gobiernos de dicho país y el de Honduras, la paz no retornaba por completo.3  El marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena y Piñol, propuso entonces que fuera la religión católicada la que sirviera como «cimiento del edificio social«, anteponiendo la «caridad cristiana» a los arranques pasionales que había.3  El retorno de los jesuitas, aprobado el 7 de junio de 1851, y la firma del Concordato con la Santa Sede el 7 de octubre de 1852 cimentaron esta política del gobierno conservador de Carrera, quien llegó a la presidencia por segunda vez el 6 de noviembre de 1851 luego de que finalmente se aprobó una nueva constitución para la República.4

Tras asumir la presidencia, Carrera reactivó la política de pacificación que había probado durante su primer gobierno (1844-1848).  Y de ser necesario, se ponía él mismo al frente de la tropa para retomar el control de la situación.  Un ejemplo de esto ocurrió el 14 de agosto de 1853, cuando se sublevó la guarnición del Fuerte de San José Buena Vista, el cual ponía en grave peligro a la entonces pequeña Ciudad de Guatemala, que estaba a merced de los cañones de dicho fuerte, ya que en ese entonces era el punto más alto de la ciudad.  El historiador Antonio Batres Jáuregui, en su obra «La América Central ante la Historia» relata aquel hecho de la siguiente forma:

«El 14 de agosto de 1853, un coronel llamado Leoncio Camacho, hombre intrigante, de malas entrañas y peor alma, valor y agtrevimiento temerarios, encontrándose preso, por graves delitos, en el castillo de San José, en esta capital, sublevó la guarnición, secundándolo los fascinerosos Vicente Petenero y Victor Carabó.  Aquello fue mucho más trascendental que un gran escándalo, pues llegó a constituir terrible amenaza contra los habitantes de la ciudad, que estaba en peligro inminente de ser cañoneada por la artillería de la fortaleza.  Immediatamente que supo el capitán general Carrera semejante felonía, se situó en defensa de la población, con tropa y tres cañones, en la eminencia del guarda de la Barranquilla, para evitar que el público sufriera en el combate, contra el castillo sublevado».5

«Refieren las crónicas que, estando Carrera dirigiendo la refiega, le mataron el caballo con una granada.  Siguió el jefe a pie, aunque bastante golpeado, en el mismo sitio del suceso: le hicieron ver el peligro que corría.  ‘Todavía no me ha llegado la hora -exclamó-; no tengan cuidado.  Tráiganme otro caballo, a ver si tienen buena puntería esos traidores, a quienes pronto castigaré’.  A las doce de la noche del 17 de agosto, recuperó Carrera el fuerte, después de una lucha tenaz y violenta, en la cual murieron veinticuatro soldados y dos oficiales, quedando muchos heridos.  Cayeron prisioneros cuatrocientos hombres.  Fueron fusilados en el acto, Petenero, Carabó y otros dos cabecillas.  Tres días después aprehendieron a Camacho en Amatitlán, siendo ejecutado en el mismo castillo el 23 de dicho mes.»5

Fueron acciones como ésta las que finalmente decidieron al pueblo de Guatemala a nombrar al capitán general Carrera como presidente vitalicio en 1854, pues los pobladores ya estaban cansados de las constantes guerras y anarquía y necesitaban por fin vivir en paz.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Connaughton, Brian F. Moral pública y contrarrevolución: Nueva normativa socio-gubernativa en Guatemala 1839-1854. Parte segunda. En Jahrbuch für Geshichte Lateinamerikas 38.  Colonia, Alemania: Böhlau Verlag. p. 110.
  2. Ibid., p. 115.
  3. Ibid., p. 116.
  4. Ibid., p. 117.
  5. Batres Jáuregui, Alejandro (1946).  La América Central ante la Historia.  Memorias de un siglo 1821-1921.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 204-205.

14 de julio de 1924: Asturias viaja a Paris

El ya abogado Miguel Angel Asturias viaja a Paris y se inscribe en la prestigiosa universidad de La Sorbona

14julio1924
Edificio de La Sorbona en Paris en 2012.  Aquí empezó a estudiar el escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias en 1924.  En el recuadro:  Asturias ne la época en la que viajó a Europa tras recibirse de abogado en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Como la mayoría de los estudiantes universitarios de su época, Miguel Angel Asturiasprovenía de una de las familias pudientes de la sociedad guatemalteca.  De esta forma, cuando se recibió de abogado en 1923 con su tesis «El problema social del indio» y recibió el premio Gálvez a la mejor tesis de su promoción, sus padres le obsequiaron un boleto para viajar a Inglaterra.  Según él mismo describe: «en diciembre de mil novecientos veintitrés nos embarcamos en Puerto Barrios, en un barco alemán que se llamaba «Teutonia».  En ese barco llegamos a Panamá.  Allí cambiamos de bargo y nos fuimos en un bargo inglés llamado «Oriana».  Salimos de Panamá para Liverpool.  De allí marchamos a Londres.  Estuve en Londres poco más de dos meses…«. 1

En la novela autobiográfica «Viernes de Dolores«, Asturias utiliza al personal del «Cholojero» Tantanis para describir sus experiencias personales.  Aunque existe un personaje «Moyas» Asturias en la novela, los biógrafos de Asturias coinciden en señalar que es el Cholojero el que representa al escritor. 2 En esa novela, la familia del «Cholojero» tiene buenos ingresos gracias a su puestos de venta de carne de cerdo en el Mercado Central (de allí su apodo) y describe que partió para Londres luego de que falló en defender a un acusado de linchar a un policía en su primer caso legal.3

En ese pasaje, el hecho ocurre frente a la casa de Choloj Tantanis el Sábado de Gloria, y un borrachito se abraza a un poste y repite sin cesar: «¡No lo digo! No lo digo!«.  Un policía que está cerca, le exige que lo diga, y cuando el borrachito insiste, lo termina matando.  Las personas presentes, horrorizadas por lo que hizo el policía, lo linchan en represalia.  Y Asturias termina la escena diciendo que en el poste había un anuncia de una fábrica de chicles que decía: «¡Diga Chiclets!». 3  (Nota de HoyHistoriaGT:  la anécdota es una alegoría del uso de las fuerzas armadas de Guatemala contra su población para defender los intereses de las compañías transnacionales, en ese caso, la chiclera).  Al final, cuando Tantanis regresa a su casa después de fallar en el juicio, encuentra un pasaje para Londres sobre su escritorio.3

En 1924, Asturias publicó sus primeros artículos y crónicas para el entonces nuevo periódico «El Imparcial» de Guatemala, y el 14 de julio viajó de Londres a Paris.  Según dice el escritor: «el catorce de julio de novecientos veinticuatro me fui a París a ver cómo eran las fierzas.  Me encontré en Paris a muchos compatriotas y abandoné la idea de mi padre de que debía hacer algún curso de economía en Londres. En París, me inscribí en La Sorbona, en los cursos de «Mitos y religiones de la América».4

Asturias no regresó a Guatemala sino hasta en 1928, en que aprovechó un viaje que tuvo que hacer a La Habana a un congreso de periodistas y solamente estuvo tres meses en el país antes de retornar a París en junio de ese año, y durante ese tiempo dió conferencias en la Univerisdad Popular (de la que había sido co-fundador en 1922), en el Instituto Nacional Central para Varones (de donde era ex-alumno), en la Sociedad de Auxilios Humanos Mutos y en el Sindicato de Empleados de Comercio.  Durante esos meses, aprovechando la libertad de expresión que promovía el gobierno del general Lázaro Chacón, el escritor Manuel Valladares Rubio escribió una serie de artículos en la prensa guatemalteca sobre la época del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, llamados «El tinterillo en el poder«, los cuales indudablemente le sirvieron de base para su novela «El Señor Presidente«.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martin, Gerald (2000). Cronología. En: El Señor Presidente, edición crítica de Miguel Angel Asturias. p. 494. Paris, Francia: Archivos de Signatarios del Acuerdo.
  2. Soto Muñoz, Alis Roel (2003). La represión y la catarsis: ejes temáticos en Viernes de Dolores de Miguel Angel Asturias. Guatemala: Facultad de Humanidades, Universidad de San Carlos de Guatemala.
  3. Asturias, Miguel Angel (1972). Viernes de Dolores. Buenos Aires, Argentina: Losada. pp. 305 y siguientes.
  4. Martin, Cronología. p. 495.
  5. Ibid., p/ 496.

14 de mayo de 1884: ratifican sentencia de muerte a autores de atentado contra Barrios

La Corte de Justicia ratifica la sentencia de muerte de los supuestos autores del atentado contra el general presidente J. Rufino Barrios y el general Juan M. Barrundia

14mayo1884
Los jardines del Teatro Nacional (anteriormente Teatro Carrera y posteriormente Teatro Colón) en 1870.  Aquí ocurrió el atentado contra el presidente Barrios en 1884.  En el recuadro: el general presidente J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación, por su importancia histórica, el prólogo publicado en la Gaceta de los Tribunales el 15 de mayo de 1884 al respecto de la sentencia contra los supuestos autores del atentado del 13 de abril de 1884 contra J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, ya que el mismo refleja el servilismo de los funcionarios de la época hacia la figura presidencial, la cual, a diferencia de lo que ocurre desde 1985 en Guatemala, controlaba todos los aspectos no solo del gobierno sino de la sociedad en general:

Atentado del 13 de abril:

Todavía están frescas y palpitantes las impresiones de pena, que en el ánimo de las gentes que rinden fervoroso culto a la moral, dejara el odioso atentado cometido ne la noche del 13 de abril próximo anterior. Todos los guatemaltecos, cediendo a las inspiraciones del afecto y al interés que el patriotismo dicta en favor de la causa pública, manifestaron no solamente sus votos de pláceme por la extraordinaria salvación del Sr. Presidente de la República y del Sr. Ministro de la Guerra, sino también su deseo de que se averigura quienes eran los autores del crimen y se procediera contra ellos como faese de justicia.1

La autoridad judicial que sin estímulos extraños, cumple siempre su deber con la regularidad que exige una recta aminidstración, ha satisfecho también esta pública ansiedad.  En efecto, la Comandancia de Armas de este Departamento, por medio de su Auditor, licenciado D. Vicente Sáenz, practicó sin descanso con exquisita diligencia y notable tino, la mayor parte, y pudiera decirse, casi todas las diligencias necesarias para indagar, con todos sus detalles, un crimen por mucho tiempo meditado y cometido con terribles e inusitados instrumentos a favor de las sombras de la noche.1

La sentencia de la Sala 1a. de Justicia, que ve la luz en este número, puso término a la causa, aprobando en todas sus partes el fallo de primera instancia.  En ella se fulmina la pena de muerte contra tres de los principales autores del hecho.  No será la Gaceta de los Tribunales, ni serán, seguramente, los Jueces que del asunto han conocido los que no abriguen sentimientos de conmiseración hacia esos, que habiendo perpetrado gravísimo delito, se hicieron merecedores de tan terrible pena.  El Juez 1°. de 1a. instancia y los Señores Magistrados trepidarían, no hay que dudarlo, al pronunciar su fallo; pero ni el Juez ni los Magistrados pudieron dar pábulo a los dictados de la clemente que, desgraciadamente, no estaban de acuerdo con el imperioso mandato de las leyes.1

Las especiales circustancias que rodean a países de nueva formación, en que los graves atentados contra el Jefe del Ejecutivo, atacan seriamente el orden y menoscaban el prestigio de la autoridad, exigen cierta saludable severidad para mantener incólumes los intereses de la sociedad, y conservar sin detrimento las importantes atribuciones delque es, en su respectiva rama, el primer representante del poder público. Por otro lado, en estas Repúblicas de Hispano-América, que tantas veces han sufrido el embate del huracán revolucionario y que por lo mismo tienen fatal predisposición a la anarquía, con todo su cortejo de horrores, parece debido tener a raya a los trastornadores del orden público, el cual se afectaría, sin duda, con la violenta desparición del ciudadado Presidente, que simboliza, en ciertas situaciones, el principio de paz, de progreso y bienestar.2

Día vendrá en que estos pueblos, ya completamente ilustrados, hagan de la libertad de que gozan, un medio seguro de usar bien de sus derechos, y conviertan la paz en árbol protector a cuya sombra se dediquen al trabajo fructuoso y honrado; día vendrá en que todo sea orden y regularidad y en que la máquina administrativa funcione en bien general sin obstáculos casi inseparables: entonces se alejarán las revueltas y las ambiciones de mala índole; se respetará a la autoridad, y no será tan necesario como doloroso, dictar severas medidas de represión. ¡Esos tiempos, por fortuna, llegarán pronto para nosotros, mercer a las atinadas disposiciones que en favor de la ilustración del pueblo, dicta diariamente la actual Administración de la República!2

La sentencia hace un recuento de los hechos ocurridos (redactados, eso sí, por Barrios, Barrundia y sus esbirros), los cuales se resumen a continuación:

    • Se declararon culpables los siguientes individuos:
      • Santos Soto y Castellanos de 43 años de edad, de profesión asentista
      • Jesús y Abraham Soto, de 20 y 15 años de edad, respectivamente. El primero era herrero y el segundo albañil
      • José Escobar, de 60 años de edad, sastre
      • Sebastián Macal, de 20 años de edad, fundidor
      • Rafael Rivera, de 16 años de edad, impresor y entenado de Santos Soto.2
  • Se hace énfasis en que todos los acusados sabían leer y escribir.2
  • Tras la explosión, el Mayor de Plaza, Manuel H. Ortigosa encontró un cordel de cáñamo desde el lugar de la explosión hasta la puerta de entrada a la alameda del Teatro y varios fragmentos de la bomba con ciertas palabras grabadas.
  • Al oir la explosión, Fernando Córdova corrió hacia el lugar de los hechos y vió a Santos Soto bajando corriendo las gradas del teatro; Soto le dijo que le preguntar a José Escobar que era lo que había ocurrido3
  • Soto y Escobar fueron capturados y enviados al Juzgado tercero de Paz, pues concluyeron que Soto había tirado del cordel de cáñamo para activar la bomba a distancia.3
  • El sordomudo Damián Cosme, usando como intérprete a su patrón Francisco González Campo, le dijo al Mayor de Plaza que había visto en casa de Soto a Abraham Soto y a José Escobar arreglando la bomba.3
  • Jesús Soto preparó la bola de plomo que sirvió de detonante, y la bomba por encargo de Santos Soto y con la ayuda de Sebastián Macal en la Escuela de Artes y Oficios.4
  • José Escobar fue quien dió la señal para tirar del cordel.

En vista de lo descrito, se confirmaron las siguientes condenas:

  • Muerte para Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, con base en el Código Penal y a leyes contenidas en la Recopilación de Leyes de Indias5 (que había sido descartada tras la Independencia de España en 1821 pero que fue rebuscada para esta ocasión)
  • Presidio con calidad de retención a Sebastián Macal.
  • Prisión de diez años a Abraham Soto, a pesar de tener solamente quince años de edad.5

A pesar de las condenas, y de que en efecto fueron exhibidos en capilla ardiente y luego llevados al cadalso, los tres sentenciados a muerte no fueron ejecutados, sino llevados al Fuerte de San José, en donde a fuerza de torturas involucraron a más personas en el supuesto complot.5

De acuerdo al historiador y político liberal Francisco Lainfiesta, quien fuera Ministro de Fomento de Barrios en esos momento, Barrios ya mostraba claros trastornos mentales en la época en que ocurrió el atentado, lo que explicaría su feroz persecución de los supuestos implicados.  He aquí cómo describe Lainfiesta el estado mental del presidente guatemalteco:

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos y, repentinamente, se acercaba a decirnos:

‘Si ustede quieren, saquen a esa tal [Rodríguez] sáquenlo, sáquenlo, pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos’.

Esto decía y repetía con frecuencia como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: ‘Si esto no acaba pornto, va a parar en loco’.6

La situación en el despacho del general Barrios continuaba nebulosa y sombría; largas conferencias con el ministro de la Guerra [Juan M. Barrundia]; frases sentenciosas, miradas que parecían rayos; momentos de silencio, momentos de arrebato; la imaginación paseando ardorosa y desatentada sobre el sangriento escenario del cadalso; el caos, en fin, imperando en aquella cabeza formidable, que de tan formidable poder disponía.7

Los que han envidiado a los ministros del general Barrios y los que les han hecho un cargo de haberlo sido, ¡cómo no estuvieron ocupando las sillas ministeriales en aquellas horas!7

El egoísmo era en Barrios la suprema ley.  Morir él y que quedaran vivos [sus enemigos] y que fueran a reírse de él después de muerto, y acaso a poner en práctica lo que él suponía o presentía de ellos; eso no le cabía en la cabeza.  Llevar él el anatema o el odio, dimanados de ciertos actos que como absoluto dictador hacía ejecutar, y que no llevaran todos sus ministros el mismo odio y anatema, tampoco podía consentirlo.  De allí el mandato para que los ministros estuvieran frecuentando la cárcel pública durante la secuela del proceso […]8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Presidencia del Poder Judicial (15 de mayo de 1884). Atentado del 13 de abril. Gaceta de los Tribunales, IV 1, Guatemala. p. 1.
  2. Ibid, p. 2
  3. Ibid, p. 3
  4. Ibid, p. 4
  5. Ibid, p. 5
  6. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  7. Ibid, p. 329.
  8. Ibid, p. 336.

14 de abril de 1865: muere Rafael Carrera

Muere el presidente vitalicio de Guatemala, capitán general Rafael Carrera

14abril1865
Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala desde la Catedral Metropolitana en la época en que falleció Rafael Carrera.  De todos los edificios, el único que sobrevive hasta hoy es el Palacio Arzobispal que se observa en primer plano.  Al fondo está el Palacio Colonial a la izquierda, el antiguo Ayuntamiento a la derecha y el mercado central que antes en la plaza.  En el recuadro: el general Rafael Carrera y su verdadera firma.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Una de las figuras olvidadas en la historia de Guatemala es, indudablemente, la del capitán general Rafael Carrera.  Lo único que dicen de él en los textos de historia que se redactaron luego de la Reforma Liberal de 1871 fue que era un «cachureco» borracho y analfabeto que firmaba como «Raca Carraca» y que era el brazo armado de la familia Aycinena, supuesto verdadero poder tras el trono.1  Por su parte, los escritores marxistas que investigaron la historia de Guatemala durante la década de 1950 y 60 se refieren a Carrera como un «reyezuelo» y casi no profundizan en su gestión puesto que un gobierno católico que se preocupara por el bienestar de los indígenas no encaja en su narrativa de dominación de clases dominantes en el país.2

Las razones por las que los liberales se esforzaron por destruir el recuerdo histórico del general Carrera son varias, entre ellas:

  1. Carrera era mestizo y su fisonomía era predominantemente indígena.3  (Incluso los criollos conservadores como, por ejemplo, Manuel Cobos Batres, intentaron decir que no era posible que tuviera ascendencia indígena porque tenía muchas cualidades, al mismo tiempo que decían que el licenciado Manuel Estrada Cabrera no era un digno presidente pues era «mestizo de indio«.4)
  2. El principal apoyo del gobierno de Carrera fueron los pactos que estableció con los líderes indígenas, en especial del occidente guatemalteco que era en donde los criollos liberales pretendían establecer su propio Estado.
  3. La Iglesia Católica era el principal aliado de Carrera, ya que éste fue nombrado líder campesino por gracia de la Virgen María en la guerra civil contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez.
  4. Al retomar a sangre y fuego el Estado de los Altos en 1840, Carrera destruyó el sueño de los criollos liberales guatemaltecos de formar su propio estado con la rentable frontera con México y con el potencial de importantes puerto en Ocós y Champerico.
  5. Carrera derrotó al héroe máximo de los liberales centroamericanos, el general Francisco Morazán en marzo de 1840, dando fin no sólo con la carrera política de éste, sino con la República Federal que añoraban los liberales.
  6. En la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, Carrera venció a un ejército liberal formado por aliados de Honduras, El Salvador y Guatemala, sometiendo a ambos estados a su control a partir de entonces y eliminando la amenaza liberal a su régimen conservador.
  7. Durante todo el tiempo que Carrera fue presidente vitalicio, los criollos liberales guatemaltecos se mantuvieron en el exilio por el terror que les inspiraba.
  8. Cuando venció a Gerardo Barrios en 1863, Carrera no se detuvo sino hasta llegar a San Salvador, en donde dió orden de destruir a cañonazos la tumba de Francisco Morazán.3

Por supuerto, el general Carrera no era perfecto, ni mucho menos.  Por ejemplo, a pesar de ser fanático católico tenía la costumbre de ser agasajado con un grupo de muchachas jóvenes que le eran ofrecidas en cada poblado por donde pasaba, especialmente tras alguna victoria militar; y no se diga del sinnúmero de amantes que tuvo, entre las que hubo actrices e incluso una hermana del general Serapio Cruz (Tata Lapo).  También hizo nombrar capitán a su hijo Francisco, cuando éste era todavía un niño, y sus esbirros tenían mucha crueldad, como en la ocasión en que un barbero intentó agredir a Carrera y sus guardias no solo mataron al atacante, sino que los desmembraron y pusieron las partes del cuerpo en las entradas de la Ciudad de Guatemala como escarmiento.3  Y, quizá lo peor de todo, es que hizo muchos préstamos a bancos ingleses cuando necesitó armas para sufragar los gastos de su ejército, llegando al colmo de entregar en concesión a los ingleses la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún para poder obtener armas para combatir al filibustero estadounidense William Walker.5

La muete del «caudillo adorado de los pueblos«, como le decían sus aduladores, ocurrió el Viernes Santo, 14 de abril de 1865 en la Ciudad de Guatemala, y le sobrevino por una grave enfermedad estomacal que algunos historiadores indican que se produjo por un envenamiento que sufrió durante unas vacaciones, y otros por un cáncer de estómago.  De acuerdo al historiador Federico Hernández de León, a Carrera lo envenaron con una infusión de raíz de chiltepe durante una comida cuando estaba de temporada en Escuintla a principios de 1865, y a los pocos días le sobrevino una diarrea que lo obligó a regresar a la capital.6

Los curas párrocos celebraban misas a diario para que se recuperara, pero en la noche del 11 al 12 de marzo tuvo una recaída de la que ya no se repuso y Carrera pasó sus últimos días entre los hedores de su propio excremento, al que ya no podía controlar.   Dice Hernández de León: «El general no tenía muchos deseos de morirse, pero cuando llegó el momento de soltarse la gravedad del asunto, el hombre se sintió positivamente afligido. Un hipo pertinaz, no le dejaba punto de reposo.  […] Y carrera tuvo que soportar, durante un mes largo, los dolores de la enfermedad y de la embrionaria medicina.  El arzobispo llegó a visitarlo, y a su presencia, rompió a llorar como un niño.  el prelado le puso un paquete de escapularios que le mandaban las religiosas de todos los conventos y lloró con más ternura.  Tomó la mano del religioso y, haciendo una cruz, se la llevó a las dos sienes y al pecho, en tanto que musitivaba el nombre de María Santísima7

Carrera murió el Viernes Santo, 14 de abril de 1865 a las nueve y media de la mañana, justo después de ver pasar la procesión de Jesús de la Merced.  Los ministros se reunieron, y presentaron siguiente decreto:8

Por cuanto habiéndose servido Dios Nuestro Señor llamar a sí al excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, presidente de la República;

Debiéndose verificar los funerales de su excelencia con la solemnidad correspondiente y hacerse las demostraciones públicas debidas, con motivo de tan doloroso suceso.

Por tanto: oído el parecer del consejo de estado; tiene a bien decretar y decreta:

Artículo 1°. Los funerales del excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, presidente de la república, se harán el día 17 del corriente a las nueva de la mañana en la Santa Iglesia Catedral, donde será sepultado el cadáver en el lugar destinado al efecto.

Artículo 2°. El ministro de gobernación, justicia y negocios eclesiásticos se pondrá de acuerdo con el muy reverendo arzobispo metropolitano para disponer la solemnidad con que deba verificarse el acto.

Artículo 3°. El ministro de hacienda y guerra dictará sus disposiciones para que se hagan al cadáver de su excelencia los honores prescritos por la ordenanza general del ejército.

Artículo 4°. Los funcionarios y empleados públicos, civiles, militares y de hacienda de la capital, vestirán luto durante treinta días.  Los de los departamentos, por igual tiempo, desde que reciban el presente decreto.

Artículo 5°. Las oficinas públicas, tiendas de comercio y talleres estarán cerrados el día en que se hagan los funerales de su excelencia el presidente.

Artículo 6°. Los ministros de gobernación, y de hacienda y guerra dispondrán que las autoridades y corporaciones concurran a las exequias y tomarán las demás disposiciones correspondientes a la solemnidad del acto.

Artículo 7°. Los corregidores de los departamentos, poniéndose de acuerdo con los curas párrocos, dispondrán se hagan honras solemnes por el eterno descanso del alma de su excelencia.»8

Tras emitir el decreto, el cadáver fue cuidadosamente embalsamado, procedimiento en el que participaron los médicos Francisco Aguilar —quien era su médico de caberera—, José Luna, David Luna y José Monteros. Luego lo vistieron con su uniforme de capitán general y le pusieron todas las condecoraciones que le enviaron los gobernantes de otros países, y fue depositado en una suntuosa cama, en medio de tapices negros, galoneados de oro y alrededor, grandes blandones de plata y cirios de cera blancos.  Los soldados del batallón N°. 2 hicieron la guardia y la bandera del cuerpo fue puesta sobre el cadáver.9

El sábado, después de canrta gloria, los cañones de la Plaza de Armas y de los fuertes de San José y de Matamoros dispararon veintiún cañonazos cada uno; y en las afueras de la casa mortuoria, que estaba en la 8a. avenida entre la 5a. y 6a. calles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, el mariscal José Víctor Zavala se puso al frente de las tropas para montar guardia.10

El domingo, el arzobispo y varios sacerdores celebraron una misa en la sala mortuoria y luego el cuerpo fue llevado en su cama a la Catedra Metropolitana, distancia apenas una cuadra, conducido por el Ministro de Gobernación, el presidente de la Cámara de Representantes, el regente de la Corte de Justicia y el mayor general del Ejército.10

Las exequias se iniciaron a las cuatro de la mañana del lunes 17 de abril, y se prolongaron hasta más de medio día.  Finalmente, el presidente fue encerrado en una caja revestida de terciopelo negro con franjas y flecos de oro y fue inhumado en las bóvedas de la Catedral.  Su lápida de mármol dice así: «El Excmo. Sr. Capitán General don Rafael Carrera, Presidente vitalicio de Guatemala. Nació en Guatemala el 24 de octubre de 1814. Murió el 14 de abril de 186511

La muerte de Carrera obligó a restituir la constitución de 1851, ya que ésta había sido modificada el 21 de octubre de 1854 porque Carrera había sido nombrado presidente vitalicio. Esas reformas fueron una concesión personal y exclusiva, de modo que cuando falleció el presidente se consideró que legalmente debía restablecerse la constitución de 1851.  De acuerdo al artículo 9°. de aquella constitución el ministro de relaciones exteriores, Pedro de Aycinena, quedó como presidente interino y cuyo primer acto oficial fue convocar a la Cámara de Representantes para que eligiera al nuevo presidente de la República.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 147-150.
  2. Martínez Peláez, Severo (1990). La patria del criollo; ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca. México: Ediciones en Marcha.
  3. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  4. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859». Google Docs. Guatemala.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 99.
  7. Ibid., p. 100.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  9. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 101.
  10. Ibid., p. 102.
  11. Ibid., p. 103.
  12. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Imprenta de la Paz. pp. 85-87.