11 de abril de 1530: Pedro de Alvarado llega a Santiago de Guatemala y asume el cargo de gobernador y Capitán General de la provincia tras salir de México durante su juicio de residencia

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Ciudad Vieja, Sacatepéquez en 2011.  En el recuadro, un grabado de Pedro de Alvarado de 1787.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons

En 1528 Pedro de Alvarado regresó de España en compañía del padre Francisco Marroquín, a quien había conocido en ese viaje. Aquellos serían momentos difíciles para el cruel militar, pues su primera esposa, Francisca de la Cueva, había fallecido y, cuando pasó por la ciudad de México, fue detenido por orden del tesorero Alonso de Estrada, quien ordenó que no le dejaran partir para Guatemala hasta que pagara quintos reales y otros impuestos que debía a la Corona Española. Y por si esto no fuera poco, el 9 de diciembre de 1528 se instaló la primera audiencia de la Nueva España, presidida por Nuño de Guzmán, quien era enemigo personal de Hernán Cortés, y por ende, de Alvarado, razón por la que sometió a juicio de residencia al conquistador de Guatemala durante todo el año de 1529.

Alvarado, quien no podía salir de la ciudad mexicana y estaba preso en las Reales Atarazanas, fue juzgado por los abusos que cometió cuando fue capitán de Hernán Cortés durante la conquista de México, y por las atrocidades que ordenó cuando conquistó Guatemala. Mientras duró su juicio de residencia, nombró a su hermano Jorge como teniente gobernador de las provincias y tierras de Guatemala. Los comisionados de llevar las órdenes fueron Francisco Zorrila, Francisco de Castellanos y Gonzalo Ronquillo, quienes llegaron a Santiago de Guatemala junto con el fraile Domingo de Betanzos (quien estaba encargado de fundar el primer convento dominico en Guatemala) el 6 de mayo de 1529.1

Jorge de Alvarado no tenía capacidad de mando y apenas tres meses después, Francisco de Orduña tomó el poder en Guatemala. Orduña había sido enviado por la Audiencia de México como juez de residencia y gobernador.1

Al cabo de unos meses, Nuño de Guzmán se enteró del retorno de Hernán Cortés de España y decidió enviar a Pedro de Alvarado de regreso a Guatemala, para que Cortés no tuviera a este poderoso aliado durante su juicio de residencia.  De esta forma, Alvarado regresó a Santiago de Guatemala el 11 de abril de 1530, entrando en posesión de las órdenes reales que lo nombraban gobernador y capitán general de aquellas tierras y provincias.1

Su primer acto oficial fue realizar un repartimiento general de indígenas entre aquellos que le habían sido fieles a él y a su hermano, y luego tuvo que enfrentarse a varios problemas principales:

  • Retormar la provincia de Cuscatlán (actualmente El Salvador) y Nicaragua que Orduña había perdido ante Pedrarias Dávila.
  • El reclamo del adelantado de Yucatán, Francisco de Montejo, otro antiguo capitán
    de Hernán Cortés), quien reclamaba para él la provincia de Chiapas.
  • Repartir las tierras y encomiendas que le exigían sus compañeros de armas.
  • Acabar con la prolongada revuelta indígena.2

Y así como 1529 fue un año difícil para Alvarado, 1530 fue todo lo contrario. En cuestión de unos cuantos meses resuelto todos los problemas que había encontrado a su retorno a la región: las tropas de Pedrarias Dávila tuvieron que retirarse de Cuscatlán, los indígenas cachiqueles se rindieron en mayo y el mismo Dávila murió en Nicaragua el 6 de marzo de 1531.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vallejo García-Hevia, José María (2008).  Juicio a un conquistador.  Su proceso de residencia en Guatemala (1536 – 1538). España: Marcial Pons Historia. p. 148
  2. Ibid. p. 149

7 de abril de 1537: consagración del Obispo Francisco Marroquín

7abril1537
Ruinas coloniales en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, luegar en donde se asentaba la ciudad de Santiago de los Caballeros cuando el obsipo Francisco Marroquín fue consagrado.  En el recuadro: retrato idealizado del obispo realizado por el artista español Tomás Mur en 1896.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Francisco Marroquín no fue solamente el primer obispo de Guatemala, sino el primer obispo consagrado en las colonias americanas.  Su consagración ocurrió en la Ciudad de México el 7 de abril de 1537 y estuvo a cargo del obispo Juan de Zumárraga, quien es tristemente recordado por haber incenciado todos los códices de los indígenas mexicanos en enero de 1525 por ser “contrarios a la verdadera religión“. 1

Marroquín llegó a Guatemala porque se hizo amigo de Pedro de Alvarado cuando éste estuvo en España tras conquistar el altiplano guatemalteco.  Se conocieron en Valladolid, y Alvarado quedó impresionado al saber que Marroquín era Maestro de Sagrada Teología y egresado de la Universidad de Osma, en Castilla.  Una vez en Guatemala, Marroquín se hizo cargo de la parroquia local en sustitución del soldado Juan Godínez, quien había sido nombrado cura por Alvarado durante la conquista.   Aunque había muy pocos sacerdotes y frailes en la región, Marroquín fue nombrado vicario de Guatemala, Chiapas y Honduras, y gracias a la amistad de Alvarado con el emperador Carlos V, fue recomendado a la mitra a la que accedió el Papa Paulo III, por bula del 18 de diciembre de 1534.1

En aquellos tiempos las noticias llegaban muy lentamente,  y por ello el licenciado Marroquín fue consagrado como obispo hasta el  7 de abril de 1537.  Y al día siguiente, mandó la siguiente nota a los miembros del cabildo de la ciudad de Santiago de los Caballeros:

“Magníficos señores.  Por no se haber ofrecido en el camino de que hacer mención, no he escrito a vuestras mercedes: llegué a esta ciudad sábado de ramos con un poco de mala disposición; y me duró toda la semana santa.  Ayer domingo de cuasimodo, se hizo la consagración con mucha solemnidad; plega a Dios que sea para alcanzar el cielo, y llevarlos allá a todas vuestras mercederes, que a fe el mayor deseo que yo tengo a esto. 

Las nuevas de España son muy tristes, que está en mucho trabajo el día de hoy la cristiandad, segun contaran las nuevas que envió el Sr. Gobernador.  Su Majestad está en España, hace cortos trece que vino por ser invierno, y por no haber guerra, y proveerse entre tanto de lo necesario para el ejército, y para otras muchas cosas que cada día se ofrecen.

Yo quisiera que nuestra jornada pasara adelante de mi y de mis compañeras y a la hora de aogra llegó un navío de catorce que salieron en conserva, y las nuevas que trajo son que a vista de las islas tomadas a los franceses dos, y atras esto otro, y van dando cabida y así mismo tomaron otros dos del Perú, y otros que iba de aquí de la Nueva España.  Lo que esperan es tomarle o la moneda, y envianle en salvo, a cuya causa estamos todos en gran confusión. No querríamos ni será razón a cabo de tantos años, lleguemos en España sin blanca.  Ha nos parecido esperar aquí a S. Juan y ver las nuevas que traen los navíos; y si fuese cosa que cumpla seguiremos nuestro camino, que por ninguna cosa querríamos volver atrás.  Dios lo ordene como él sea más servido.

A vuestras mercedes suplico siempre se acuerden en lo espiritual y temporal de mí, y de mi iglesia y ministros, que todo mi oficio y cuidado no es sino emplearme a lo que toca a sus conciencias y haciendas.  Yo quedo bueno, y siempre que hubiere mensajeros escribiré a vuestras mercedes, cuyas magníficas personas Nuestro Sr. guarde y prospere como por vuestras mercedes es deseado.

De México 8 de abril

Orador de vuestras mercedes. Episcopus Sancti Jacobi Huatemalensis”1

 


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de abril de 1926) “El capítulo de las efemérides: 7 de abril de 1537, Consagración del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

2 de marzo de 1542: el Virrey de Nueva España (México) nombra al licenciado Alonso de Maldonado como gobernador interino del Reino de Guatemala

 

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Iglesia de Ciudad Vieja, Guatemala, la cual fue considera por mucho tiempo como la catedral de la ciudad de Santiago de los Caballeros cuando la capital de Guatemala estuvo en Almolonga.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El licenciado Alonso de Maldonado fue nombrado Oidor de la Audiencia de Nueva España (México) en 1530 y estuvo de visita administrativa en el Reino de Guatemala entre 1536 y 1539, fecha en que regresó a México.  En esa época, la capital del Guatemala estaba en lo que actualmente se conoce como Ciudad Vieja, en las faldas del Volcán de Agua.

El 11 de septiembre de 1541, la ciudad capital fue destruida por un deslave que bajó del volcán, matando a la mayoría de sus habitantes entre ellos los jefes de gobierno.  Quedaron a cargo del gobierno interino el obispo Francisco Marroquín y el licenciado Francisco de la Cueva, quienes se encargaron de encontrar un nuevo lugar a donde trasladar la destruida ciudad.

El 2 de marzo de 1542 el Virrey de Nueva España (México) nombró a Maldonado como gobernador interino del Reino de Guatemala, a donde llegó el 17 de mayo y de inmediato empezó a trabajar en el trazo de la nueva capital, Santiago de los Caballeros, asentada ahora en el Valle de Panchoy.  De acuerdo a los documentos de la época: “[…] y fué gran parte su cuidado y diligencia, para que la traza nueva de la ciudad se perfeccionase y los que tenían en ella solares se diesen prisa a los edificar […]” El 25 de mayo, el ayuntamiento criollo informó al virrey de Nueva España que Maldonado había tomado posesión del gobierno de la provincia.

El 9 de septiembre de 1542, el obispo Francisco Marroquín solicitó al ayuntamiento criollo que se hiciera una procesión cada 11 de septiembre para recordar la destrucción de la ciudad.  El ayuntamiento aceptó, y aquella primera procesión se hizo en las ruinas de la antigua capital, ya que no se había hecho el traslado oficial a la nueva ciudad por estar ésta todavía en construcción.

Dada su diligencia para el trabajo, Maldonado fue nombrado primer Presidente de la Real Audiencia de los Confines de Guatemala y Nicaragua el 20 de noviembre de 1542.  De camino a su nuevo puesto, estando en la villa de San Pedro en la actual Honduras, Maldonado escribió al ayuntamiento criollo de la ciudad de Santiago para informarles que el 3 de enero de 1543 habían llegado dos embarcaciones: una procedía de San Lúcar de Barrameda y conducía a “muchas mujeres de Castilla” y la otra provenía de Santo Domingo, trayendo consigo “ciento cincuenta negros“.

Fue hasta el 10 de marzo de 1543 que el ayuntamiento criollo tuvo su primer cabildo en la nueva ciudad, que fue designada como “de Santiago” el 21 de mayo de ese año., fecha en que las autoridades eclesiásticas trasladaron el Santísimo de la antigua catedral a la de la nueva ciudad, consumando así la traslación de la ciudad.

Por su parte, Maldonado vió porque la nueva audiencia de los Confines quedara establecida definitivamente en la ciudad de Gracia a Dios en la provincia de Honduras, lo que consiguió el 16 de septiembre de 1543.  Originalmente, la villa de Comayagua había sido designada por el Rey como residencia de la Audiencia de los Confines; sin embargo, como dicha villa estaba muy distante de las provincias de Chiapas, Soconusco y Guatemala, el licenciado Maldonado trasladó la sede de la Audiencia a la ciudad de Gracias a Dios.

Poco más de un mes después, el ayuntamiento de la ciudad de Santiago le pidió que viajara a España a gestionar la derogación de las ordenanzas de Barcelona, pues consideraba que eso solo contribuiría a despoblar la ciudad y a que los conquistadores y sus descendientes perdieran sus casas y haciendas.  Maldonado no fue a España, pero sí le notificó al ayuntamiento de Santiago el 15 de diciembre de ese año que había comisionado a Bartolomé Marroquín para que asignara y repartiera los pueblos de indios que habían quedado vacantes tras la destrucción de la ciudad el 11 de septiembre de 1541, exceptuando a los que habían sido de Pedro de Alvarado y de su esposa.

A principios de 1544 llegaron los nuevos Oidores y el 14 de mayo de ese año fue recibido el Real Sello en Gracias a Dios, donde se estableció formalmente la Real Audiencia el 16 de mayo de 1544 y el 30 de ese mes fueron pregonadas en la ciudad de Santiago, en voz de Cristóbal de Villatoro las ordenanzas enviadas de la audiencia para el “buen gobierno“.

El 13 de diciembre de 1544, desde Gracias a Dios, Maldonado ordenó al ayuntamiento criollo que no modificara el auto promulgado por Francisco Marroquín y por Francisco de la Cueva, cuando fueron gobernadores de la provincia, acerca de las encomiendas que habían pertenecido a Pedro de Alvarado y a su esposa.  La insistencia de Maldonado al respecto obedecía a que estaba buscando un destino adecuado para los fondos acumulados de dichas encomiendas.

El 26 de enero de 1547 Maldonado informó al ayuntamiento criollo de Santiago que iba a ir de viaje a la provincia de Nicaragua a preparar los auxilios para el padre Francisco de la Gasca, a quien le había encargado el rey que organizara una expedición contra el rebelde Gonzalo Pizarro.  Gasca ya se había comunicado con el ayuntamiento de Guatemala al respecto, pero Maldonado les informaba que pronto iba a llegar el oidor licenciado Ramírez a la ciudad de Santiago y les pedía que le informaran que tenía que reunirse con él en Nicaragua.

El 20 de junio de ese año, la audiencia de los Confines orenó al ayuntamiento de Santiago que los fondos acumulados de las encomiendas del Adelantado y su esposa fueran destinados a cubrir los gastos de la construcción de la nueva catedral de la ciudad, y que fueran administrados por Juan Pérez Dardón.

El 21 de mayo de ese año había llegado la real cédula nombrando presidente de la Audiencia de los Confines al licenciado Alonso López de Cerrato, quien se comunicó con el ayuntamiento de Santiago el 26 de abril de 1548, informando que pronto iba a viajar desde Santo Domingo a hacerse cargo de la audiencia.

Finalmente, el 26 de mayo de 1548 tomó posesión López de Cerrato en sustitución de Maldonado, quien a su vez sucedió a Francisco Montejo en el Adelantamiento de Yucatán.


BIBLIOGRAFIA:


10 de septiembre de 1541: la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala es destruida por un alud que baja del Volcán de Agua

10septiembre1541
Portada del documento que describe la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros, hoy Ciudad Vieja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El historiador eclesiástico Domingo Juarros describe que la recién fundada ciudad de Santiago de los Caballeros no pudo prosperar porque a los catorce años de fundada fue arruinada por “un formidable torrente de agua que bajó del Volcán de Agua la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541; el torrento trajo consigo grandes rocas que destruyeron una parte de los edificios y maltrataron al resto”. El deslave se produjo a raíz de un un terremoto, el que a su vez era consecuencia de la actividad volcánica del Volcán de Fuego.

La ciudad quedó destruida y los sobrevivientes a la deriva, pues la gobernadora Beatriz de la Cueva había muerto en el desastre, que ocurrió poco después de que muriera su esposo, el Adelantado Pedro de Alvarado y ella fuera nombrada gobernadora por el noble Ayuntamiento.  Como ella había guardado luto riguroso, muchos vecinos estaban indignados y creyeron que había sido culpa suya el deslave que asoló la naciente ciudad.  El recién nombrado Obispo Marroquín tuvo que recurrir a todo su prestigio para evitar que los vecinos arrojaran el cadaver de la Sin Ventura a los perros.

Los pobladores pidieron entonces a Francisco de la Cueva que pusiera a disposición la vara de Adelantado de su difunta hermana y celebró cabildo el 17 y 18 de septiembre, resultando seleccionados el obispo Francisco Marroquín y el propio Francisco de la Cueva como gobernadores interinos. Los vecinos también quisieron tratar el punto del traslado del poblado a un área alejada del volcán de Agua, pero no pudieron porque la sesión (que se celebraba en la catedral del pueblo) fue interrumpido por varios temblores que hicieron que los presentes huyeran.

El 27 de septiembre se eligió una comisión de dos alcaldes y once ciudadanos para que inspeccionaron el área y recomendaran un nuevo lugar para trasladar allí la ciudad, y a los dos días retornaron y asegurando que el sitio idóneo era el Valle de Tianguecillo, a donde ordenó el cabildo que se mudaran los pobladores. Pero, antes de que se realizara el traslado, arribó el ingeniero Juan Bautista Antonelli, constructor de ciudades y villas, quien recomendó que la ciudad fuera trasladada al Valle de Panchoy (o Valle del Tuerto), porque “en él se aparta el peligro de los volcanes, que nunca podrán inundarla, está resguardada del Norte, con los cerros que la rodean; tiene abundancia de aguas, que naciendo muy altas corren por este valle sobre la faz de la tierra, y se pueden encañar y llevar fácilmente a todas partes; que dicho terreno es llano, y por esto cómodo para la formación de las plazas, calles y casas; y tan dilatado, que por mucho aumento que tome la Ciudad, tendrá suelo donde extenderse, hasta ocho, o nueve leguas de circunvalación. [Además], que dicho sitio en todos tiempos está bañado de Sol, y es tan fértil, que todo el año se ve cubierto de hierba, y por esta parte es bueno para apacentar bestias y ganados. [Finalmente], en sus inmediaciones hay gran proporción para fabricar tejas, ladrillo y adobes, que en los cerros que rodean el valle se encuentran canateras a distancia de dos o tres millas; y no lejos se halla la cal y el yeso”.

En 1895, Anne Cary Maudslay y su esposo, el arqueólogo Alfred Percival Maudslay visitaron el área de Antigua Guatemala como parte de su viaje a través de los monumentos mayas y coloniales de Guatemala, y para escalar el Volcán de Agua; en su libro “A glimpse at Guatemala”  explican que el agua del cráter del volcán no pudo haber destruido la vieja ciudad de Santiago: “La causa de esta catástrofe es generalmente atribuida al rompimiento de uno de los bordes de un lago que se habría formado en el cráter del extinto volcán; pero examinando el cráter, se advierte que esta no es una explicación probable, pues se observa que la apertura que tiene está en la dirección opuesta, y por lo tanto el agua que hubiese salido de allí no habría podido afectar al poblado. Es más, no hay evidencia alguna que muestre que la porción inferior del cráter (que todavía está intacto) haya albergado grandes cantidades de agua. De hecho, lo más probable es que se haya acumulado agua en esos tormentosos días en una obstrucción temporal de las profundas ranuras que hay en las pendientes de esta gran montaña, y posteriormente, un deslizamiento de tierra hay provocado el daño sin que hubiese ninguna erupción ni ninguna apración sobrenatural, como las reportadas por los cronistas de la época”.

Los primeros pobladores creyeron en las palabras del ingeniero Antonelli, y vivieron dos siglos más con la zozobra de las erupciones del volcán de Fuego y las inundaciones provocadas por el crecimiento del río Pensativo, pero eso sí, estuvieron a salvo de posibles deslaves provenientes del volcán de Agua, los cuales no han vuelto a ocurrir.


BIBLIOGRAFIA:​


 

11 de septiembre de 1541: temblores derivados de una erupción del volcán de Fuego, aunada a un fuerte temporal y tormentas eléctricas provocan un deslave de las faldas del Volcán de Agua, causando la ruina de la capital de Guatemala

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La Antigua Guatemala con el Volcán de Agua a la izquierda y el complejo volcánico Acatenango-Fuego a la derecha.  Imagen de Alberto G. Valdeavellano de aproximadamente 1910. Tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el relato que hiciera el historiador clérigo Domingo Juarros en 1808 sobre la calamidad que sufrió la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, entonces en el valle de Almolonga al pie del Volcán de Agua, el 11 de septiembre de 1541.

“Pero la tragedia más triste, que se ha visto en esta Capital (Santiago de los Caballeros de Guatemala), el suceso más lamentable, que le ha acaecido, y la tribulación más grande, de que se hace mención en sus anales, fue la que experimentó la madrugada del día 11 de septiembre de 1541.  Había llovido con gran fuerza, y tenidad los días 8, 9 y 10 del expresado mes: y la noche de este ultimo fue tanta la copia de agua, que parecía, se habían abierto las cataratas del Cielo:  la furia de los vientos, relápagos, y rayos era imponderable: aumentábase el espanto con los rayos y exalaciones, que despedía el Volcán de Fuego: en una palabra, era tal el desconcierto de los elementos, que daba bastante fundamento, para creer había llegado el último día de los tiempos.  Estando en esta conturbación los moradores de Guatemala, a las dos de la mañana del día 11, sintieron tan terribles estremecimientos, y temblores de tierra, que no pudieron sostenerse en pie, oyéndose al mismo tiempo un ruido subterráneo tan espantoso, que los llenó a todos de pavor, y miedo: inmediatamente bajó de la cumber del monte, en cuya falta estaba situada la Ciudad, un inmenso torrente, que arrastraba enormes peñascos, y árboles corpulentos, que inundándola, arruinó gran parte de sus casas, y sepultó en ellas a muchos de su habitants: contándose entre los muertos la Señora Doña Beatriz de la Cueva, viuda de Don Pedro de Alvarado. Como amaneció el día 11, trataron los que salieron sanos de tan terrible tormenta, socorrer a los necesitados, curar a los estropeados, y juntar los cuerpos de los difuntos, que repartidos en las pocas Iglesias que entonces había, se enterraron por la tarde, con la solemnidad possible.  Y para perpetuar la memoria de tan terrible azote, con que el Señor castigó a esta Ciudad, y aplacar su Divina Justicia; en Cabildo de 9 de septiembre de 1542, por consejo del Sr. Marroquin, se determine, que todos los años el 11 de septiembre se haga procession de penitencia.  En cumplimiento de este auto se hizo la expresada procession, por más de 20 años, saliendo de la Antigua Guatemala, para la Ciudad Vieja, y asistiendo a ella ambos Cabildos, el Clero y Religiones.   Escarmentados los moradores de Guatemala con los malos tratamientos, que les hicieron los volcanes, determinaron alejarse de ellos, y se poblaron una legua al nordeste de la Ciudad Vieja.”


BIBLIOGRAFIA: