7 de junio de 1846: arriban los restos del arzobispo Casaus y Torres

Tras vivir en el exilio en Cuba, los restos del arzobispo Ramón Casaus y Torres arriban a la ciudad de Guatemala para ser sepultados en la Iglesia de Santa Teresa.

Ruinas de la iglesia de Santa Teresa en la ciudad de Guatemala luego de los terremotos de 1917-18. Allí fue sepultado el arzobispo Ramón Casaus y Torres (inserto) en 1846. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Su Ilustrísima y Reverendísima, fray Ramón Casaus y Torres era originario de Aragón, España, y de ser un fraile dominico, pasó a hacerse cargo de su arquidiócesis en Guatemala en las postrimerías de la época colonial y tuvo que sobrellevar lo mejor que pudo las grandes modificaciones políticas que se introdujeron con la Independencia de la región.1 Casaus y Torres fue uno de los que juraron la independencia y desconocieron al gobierno español, pero luego de la efímera Anexión a México en 1822, de la formación de la República Federal de Centro América en 1825, y de la Guerra Civil Centroamericana de 1826 a 1829, terminó siendo expulsado de la región por el general liberal Francisco Morazán, junto con los miembros de las principales órdenes religiosas.2

Casaus y Torres salió para La Habana, Cuba —que todavía era parte del Imperio Español— y desde allí dirigió virulentas cartas en contra de las autoridades liberales, las cuales eran reproducidos por los curas párrocos hasta que finalmente lo declararon enemigo de la patria en 1830.3 De esa cuenta, el arzobispo sirvió como administrador del obispado de La Habana, en reserva de regresar a su arquidiócesis cuando las circunstancias lo permitieran. Pero murió en Cuba a los ochenta y un años de edad, el 10 de noviembre de 1845, a pesar de que cuando cayó el gobierno de Mariano Gálvez en 1838 llegaron varias comisiones guatemaltecas para que regresara al país. Casaus y Torres ya era un hombre anciano y no estaba para emprender un viaje de esta índole, y solamente aceptó a que sus restos fueran retornados a Guatemala y que fueran sepultados en el templo de Santa Teresa, al que le tenía especial aprecio.4

El envío de los restos del arzobispo fue todo un acontecimiento en Cuba. El cuerpo fue embalsamado por los médicos más distinguidos de La Habana y depositado en la Catedral de la ciudad, en una rica caja de caoba cubierta con un paño de terciopelo negro con galones de oro. El féretro fue colocado en unas andas forradas de terciopelo morado, con franjas de oro y conducido en hombros por cuatro lacayos vestidos de negro, precedidos por cuatro miembros de la curia que portaban las borlas. A las 5 de la tarde de aquel 9 de enero de 1546, el cortejo partió de la catedral para el muelle, rodeado de ocho granaderos y oficiales de Preste, con la capa de coro, el canónigo de la Iglesia Cubana, Onofre Antonio Mozo de Narváez, el obispo interino, Pedro Mendo —que era el obispo de Segovia— y el canónigo Penitenciario de la Catedral y rector de la Universidad literaria y prebendado de la Iglesia de Ceuta, José de Espinoza de los Monteros y Rubias Patas. El barco «Polka» fue el destinado para llevar los restos del arzobispo, y estaba adornado con cortinas azules, con franjas de oro y con el pabellón cubano en lo alto. Hacían guardia el teniente de navío Felipe Ramos Izquierdo, el subteniente de marina Juan Butler y el ayudante del Comandante General.5

El barco llegó a Izabal el 20 de febrero, y el gobierno del teniente general Rafael Carrera organizó un cortejo para llevarlo a la ciudad de Guatemala. Aquel penoso viaje se prolongó hasta el 7 de junio, cuando por fin llegaron los restos del arzobispo al Guarda del Golfo y fue depositado en la Iglesia de la Candelaria, para luego llevarlo a la de Santo Domingo, mientras se preparaban los oficios que iban a celebrarse en la Catedral.6

En medio de aquellos oficios fúnebres que se celebraron el 26 de mayo, unos estudiantes de la Pontificia Universidad de San Carlos intentaron infructuosamente asesinar al presidente Carrera, y la ciudad pasó del luto por el fallecido arzobispo a la zozobra provocada por la persecución que se desató contra los atacantes del gobiernante.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 433.
  2. Ibid., pp. 132-133.
  3. Ibid., pp. 361-366.
  4. Ibid., p. 434.
  5. Ibid., p. 435.
  6. Ibid., p. 436.
  7. Ibid., p. 437.
  8. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión Tipográfica.

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16 de abril de 1951: repatrian a Cuba los restos de J.J. Palma

«¡Tinta en sangre tu hermosa bandera, de mortaja al audaz servirá!»; repatrian a Cuba los restos del poeta J.J. Palma, autor de la letra original del Himno Nacional de Guatemala.

16bril1951
El sepelio del poeta cubano José Joaquín Palma Lasso en su natal Bayamón en 1951. En el recuadro: el poeta en 1906. Imágenes de tomadas de Wikimedia Commons.

La letra original del Himno Nacional de Guatemala era sumamente guerrerista, y por ello fue modificada en 1934 por el pedagogo y poeta José María Bonilla Ruano, por encargo del gobierno del general Jorge Ubico. Y es que en realidad el poeta cubano José Joaquín Palma Lasso, autor de la letra original, había escrito el himno inspirado más en la situación de su Cuba natal que en la de Guatemala en 1896; de allí se originaron estrofas como éstas:

Si mañana tu suelo sagrado
lo profana invasión extranjera,
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá.

Que tus hijos valientes y altivos
ven con gozo en la ruda pelea,
el torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar.1

Palma Lasso se exilió en Guatemala tras participar en los movimientos indepentistas en Cuba, y allí vivió el resto de su vida participando activamente en la docencia y los círculos intelectuales.

Por su carácter de héroe de la revolución independentista, en 1951 el gobierno cubano de Carlos Prío Socarrás, gestionó la repatriación de los restos de Palma Lasso —fallecido en 1911— ante el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán. Una vez que la familia del extinto poeta estuvo de acuerdo, el Ministerio de Educación y la oficina de Protocolo de Relaciones Exteriores se encargaron de organizar la entrega de los restos.2

El 16 de abril de 1951, después de ser incinerado los restos de Palma, la urna cineraria fue colocada sobre un armón de artillería y conducida al Congreso, donde durante 24 horas montaron guardia de honor el gabinete en pleno, diputados, cuerpo diplomático, compañía de caballeros cadetes, delegaciones escolares, magisterio nacional, miembros de la Sociedad de Geografía e Historia, periodistas, e intelectuales. El director de cultura del Ministerio de Educación Pública de Cuba, el doctor Raúl Roa García, pronunció palabras de agradecimiento y el coro internormal interpretó los himnos de Cuba y Guatemala, además del himno «José Joaquín Palma«. Y para finalizar, develaron una placa de bronce con la letra y la música del Himno de Guatemala, además de las firmas del compositor Rafael Álvarez Ovalle y del poeta Palma Lasso.2

Al día siguiente, martes 17 de abril, hubo una ceremonia en el Congreso, la que terminó con el discurso del diputado Marco Antonio Villamar Contreras, dando la despedida a los restos en nombre del pueblo de Guatemala. Inmediatamente después, la urna fue levantada del catafalco, por los ministros de Educación Pública de Cuba y Guatemala, doctor Sánchez Arango y licenciado Héctor Morgan García, respectivamente, por el presidente del congreso y el ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel Galich y el público reunido entonó el himno nacional de Guatemala, con su letra original.

La urna fue colocada en un armón de artillería tirado por un jeep del ejército escoltado por una sección motorizada de la Guardia de Honor y acompañado de un piquete de tropa con la insignia patria de luto. El cortejo fúnebre salió hacia el aeropuerto «La Aurora» en donde el licenciado Morgan García hizo entrega oficial de los restos a la delegación cubana.​ Los cinco aviones cubanos fueron despedidos con salvas de artillería y acordes de la banda marcial y una escuadrilla de aviones de Guatemala los escoltó hasta el Atlántico.2

Los restos de Palma fueron recibidos en el aeropuerto militar de «Rancho Boyeros«, por el presidente de Cuba, Carlos Prio Socarrás, ministros de Estado, cuerpo diplomático y consular, altos jefes militares, intelectuales, periodistas, escolares de todos los niveles, magisterio y público invitado. Miles de escolares portando banderas de Cuba y Guatemala, escoltaron la urna hasta ser colocada en el Salón de los Pasos Perdidos y el gobierno decretó días de duelo el 17 y 18 de abril. Palma recibió el título de «Hijo Predilecto de Bayamo«, su pueblo natal, y el de «Mayor general del Ejército Cubano«.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1896-1897 XV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 324.
  2. Cozar, Arnoldo J. (1965) Arcón Patrio. II. Guatemala: José de Pineda Ibarra, Ministerio de Educación.

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11 de junio de 1829: expulsan al arzobispo Casaus y Torres y a las órdenes regulares

Las nuevas autoridades liberales obligan al arzobispo Ramón Casaus y Torres y a la mayoría de ordenes regulares a salir al exilio

11junio1829
Antigua fuente que se encontraba en el atrio de la Iglesia de La Recoleccion en la Ciudad de Guatemala. En el recuadro: el arzobispo Casaus y Torres. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Francisco Morazán invadió a Guatemala luego de que el presidente Federal Manuel José Arce se aliara con los conservadores guatemaltecos y fuera separado de su cargo por estos tras el desastre militar de Milingo en 1827.1 Morazán se alzó con el triunfo el 12 de abril de 1829 y pocos meses después, dispuso salir de los principales aliados de los aristócratas: los frailes regulares y la cúpula del clero secular.2

La noche del 10 al 11 de junio de 1829, llegaron sigilosamente los delegados de la autoridad al Palacio Arzobispal y sacaron al arzobispo Ramón Casaus y Torres todavía en camisa de dormir, lo obligaron a empacar y lo sacaron camino a la costa del Norte montado en una mula.  No les importó en lo más mínimo que la mañana era nebulosa y amenazaba lluvia. Igual suerte corrieron los frailes de Santo Domingo, La Recolección y San Francisco; todos fueron enviados a Omoa, en fueron embarcados con destino a la Isla de Cuba, que todavía era posesión española y los recibió con los brazos abiertos.  Solamente se salvaron los frailes de la Merced y los hospitalarios de Belén quienes no participaban activamente en política.2

Conforme pasó el tiempo, el gobierno liberal fue poniendo sin querer de su parte para facilitar la labor de los curas, tal y como hicieron los liberales que habían forzado al rey Fernando VII a aceptar nuevamente la Constitución de Cádiz en 1820 pues impusieron leyes que no se aplicaban a la realidad Española de su época, y que a la larga resultaron en una invasion francesa que restableció a Fernando VII como rey absolutista y eclesiástico.3 En Guatemala, primero, el gobierno liberal hizo negocios con los ingleses protestantes, y luego estableció un impuesto individual excesivo para los indígenas y promulgó los códigos de Livingston que autorizaban el matrimonio civil y el divorcio, leyes novedosas pero contrarias a las costumbres de la población guatemalteca.4 Todo eso, aunado al resentimiento por la expulsión del arzobispo, hizo que estallara una revolución católico-campesina en 1837 cuando el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez quiso imponer unos cinturones sanitarios para evitar la propagación de la epidemia del cólera, impidiendo que las comunidades rurales tuvieran acceso a sus fuentes de agua.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise  pp. 132-133.
  3. Peña González, José (2006). Historia política del constitucionalismo español. Madrid: Dykinson. ISBN 978-84-9772-906-2OCLC 212905232.
  4. Hernández de León, Federico (6 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides, 6 de marzo de 1837, Levantamiento en San Juan Ostuncalco. Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise. pp. 17-50.

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27 de mayo de 1866: muere Mariano de Beltranena

Muere en el exilio en Cuba Mariano de Beltranena, criollo aristócrata prócer de la Independencia y expresidente de la República Federal de Centro América

Imagen de las calles de Matanzas, Cuba en 1902, en donde falleció Mariano de Beltranena en 1866. 
En el recuadro: retrato que se cree que pertenece a Beltranena. Imágenes tomadas de los archivos de la Universidad de Miami y de Ecured.

Mariano de Beltranena y Llano era miembro de lo que se llamara en su época «las familias«, que eran grupos de criollos de origen español emparentados con la familia Aycinena y que aspiraban a crear una nobleza criolla, ya que la nobleza española auténtica nunca viajó a América y prefirió mantenerse en Europa.1

La familia Aycinena se opuso originalmente a la independencia debido a sus aspiraciones aristocráticas y a sus fuertes lazos con las autoridades españolas,2 pero cuando la necesidad de la emancipación se hizo inevitable por los movimientos revolucionarios de Agustín de Iturbide en México,3 ellos mismos fueron los encargados de negociar con Gabino Gaínza la traición de éste al monaca español. De hecho, la firma de Mariano de Beltranena es la que se sigue a la del ex-capitán general provisiorio en el acta del 15 de septiembre de 1821 y fue miembro de la Junta provisional Consultiva junto con Gaíanza, el Marqués Juan José de Aycinena y Mariano Gálvez.4 Para entonces Beltranena tenía poco más de 40 años, era abogado y había pertenecido al Ayuntamiento (que era el gobierno criollo opuesto a la Real Audiencia), al consulado de comercio e integraba la diputación provincial.5

La situación de la región se deterioró en los siguientes años hasta que estalló la Guerra Civil Centroamericana entre los criollos conservadores aristócratas y los criollos liberales luego del golpe de estado que derrocó al Jefe de Estado Juan Barrundia en septiembre de 1826 en Guatemala, seguido de la elección del líder aristócrata Mariano de Aycinena como Jefe de Estado en noviembre.6  Y las posiciones se hicieron más radicales luego de la derrota militar del presidente federal Manuel José Arce en San Salvador en 1827, pues el poder recayó definitivamente en Mariano de Beltranena, quien era vice-presidente de la República Federal de Centro América.7

Finalmente, el general liberal Francisco Morazán derrotó al gobierno de Mariano de Aycinena, y entró a la Ciudad de Guatemala el 13 de abril de 1829 después de firmarse la capitulación en la que garantizaba las vidas y los bienes de los sitiados.  Sin embargo, las sus tropas invasoras consumaron saqueos y abusos contra los habitantes de la ciudad de Guatemala, incluyendo robos y asesinatos sin importarles la capitulación y la casa de Beltranena fué uno de los principales blancos de los forajidos debido a que era miembro de las familias aristocráticas.  Para como de males, al día siguiente de ocupar la plaza, Morazán citó a un número de vecinos distinguidos, entre los que se encontraba el presidente de la República Federal en receso, Manuel José Arce, el vicepresidente en ejercicio del poder Mariano de Beltranena, el jefe del Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena, los Ministros de la República y del Estado, y cuando todos estaban en una sala del palacio, trajeados con sus vestidos de etiqueta, se presentó un oficial invasor que los redujo a prisión por a Morazán se le había antojado romper unilateralmente el convenio de capitulación.8

Cuando todos eran llevados a la cárcel por los soldados de Morazán y escribían o su testamento o se confesaban a gritos, Beltranena se mantuvo altivo y sereno, y pidió un papel para escribir la siguiente protesta:9

Hallándome en el palacio nacional el día de ayer con los Secretarios del despacho, dedicado a los asuntos del Gobierno, fué ocupada la capital de la República por las fuerzas de los Estados de Honduras y El Salvador, después de haber capitulado la guarnición que la defendía. El Secretario de Estado dirigió inmediatamente por mi orden mía comunicación al general de dichas fuerzas, en solicitud de que le informase si el Gobierno podía considerarse libre y expedito en el ejercicio de sus funciones; y habiéndosele contestado que desde el momento de la ocupación de la plaza debían de cesar de funcionar todas las autoridades que existían en ella, repuso el Secretario de Estado: que el Gobierno se abstendría de todo acto gubernativo, cediendo al imperio de las circunstancias. Durante estas comunicaciones, el coronel J. Gregorio Salazar me comunicó de palabra orden de prisión y también la intimó al Secretario de Estado. Fui arraneado en unión suya del palacio del gobierno, para ser conducido a un cuartel por el mismo jefe y por un oficial subalterno. Se ha violado en mi persona la suprema autoridad de la nación, y se ha ultrajado al pueblo centroamericano. Yo solo puedo responder de mi administración y de mi conducta a sus representantes: la ley fundamental que lo prescribe ha sido hollada por el poder de las armas. Yo protesto solemnemente contra la ilegalidad y contra la violencia de estos procedimientos. En el cuartel de mi prisión, a 14 de abril de 1829.

        • M. Beltranena 
        • F. de Sosa, Ministro de Relaciones Interiores, Exteriores, Justicia y Negocios Eclesiásticos9

Pese a su formal protesta, Beltranena permaneció en prisión, prácticamente pasando de la presidencia de la República de Centro América a una celda. Al poco tiempo Arce y Aycinena, se dirigieron al general Morazán pidiéndole gracia en su infortunio y al cabo de unos meses, los puso en libertad y los expatrió hacia Nueva Orleáns, con la condición precisa que no podían regresar ni a Centro América ni a México.  Por su parte, Beltranena permaneció prisionero y cuando por fin salió en libertad, salió para la Isla de Cuba en donde murió el 27 de mayo de 1866, sin haber quereido regresar jamás a Guatemala aún después de que Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1838.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 361-362.
  2. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena»Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica). Archivado desde el original el 9 de septiembre de 2014.
  3. Gaínza, Gabino (10 de abril de 1821) «Proclama a los habitantes de la provincia de Guatemala«. Provincia de Guatemala.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, pp. 362-363.
  6. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.
  7. García-Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García-Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  8. Hernández de León, El libro de las efemérides, pp. 363-364.
  9. Ibid., pp. 365-366.

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17 de abril de 1961: desembarco en Bahía de Cochinos

1200 guerrilleros cubanos, muchos de ellos entrenados en la finca «Helvetia» de Roberto Alejos en Retalhuleu, Guatemala, desembarcan en Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, Cuba

17abril 1961
Mapa de la primera fase de la invasión de la Bahía de Cochinos.  Se observa que desde Guatemala iban a salir batallones desde Retalhuleu, la Finca Helvetia y la Ciudad de Guatemala.  En los recuadros:  los presidentes de EEUU y de Guatemala, John F. Kennedy y Miguel Ydígoras Fuentes, respectivamente.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 17 de marzo de 1960, el presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) la organización de una unidad de guerrilla compuesta por exiliados cubanos, con el propósito de derrocar al líder Fidel Castro. En esta empresa, la CIA tenía la responsabilidad de coordinar acciones de inteligencia con grupos anticastristas dentro de Cuba, que pudieran facilitar la invasion, pues se confiaba en levantamientos populares contra Castro y en deserciones masivas en sus fuerzas.1,2

En noviembre de 1959 comenzaron a reunirse grupos que habían sido opositores a la dictadura de Fulgencio Batista, y que no estaban de acuerdo con el rumbo que estaba tomando la revolución, como la «Legión de Acción Revolucionaria» (LAR) o la «Acción Católica Universitaria» (ACU). Estos movimientos estaban formados, en su mayoría, por jóvenes universitarios católicos de clases acomodadas, quienes decidieron buscar a otros excombatientes del «Movimiento 26 de Julio» que mostrasen desacuerdo con la implementación de un régimen comunista, recibiendo además el apoyo de la CIA y parte del clero cubano.1,2

En estas reuniones se creó el «Movimiento de Recuperación Revolucionaria» (MRR) y fue trasladado a los Estados Unidos para ser entrenados militarmente por la CIA. A partir de enero de 1960 empezaron a trasladarse a Estados Unidos en forma individual el grupo formado por los estudiantes universitarios y el 17 de mayo de 1960, un grupo de diez individuos fue trasladado al Motel «María Antonieta» de Fort Lauderdale. En la madrugada del 19 de mayo, fueron presentados a los miembros de la CIA encargados de trasladarlos a Useppa Island, en el estado de Florida.1,2

En días posteriores fueron llegando los otros miembros que conformarían el grupo fundador de la Brigada 2506. A este grupo de estudiantes se sumó un grupo de jóvenes oficiales del Ejército de Cuba, que habían servido durante el gobierno de Fulgencio Batista luchando contra la guerrilla de Fidel Castro.1,2

El 4 de julio de 1960, el grupo de los radio-operadores fue trasladado al aeropuerto de Opalocka en Miami y transportado a Guatemala. Anteriormente, el grupo conformado por exmilitares y un puñado de universitarios, había sido trasladado a Panamá. El grupo de Guatemala aterrizó en el aeropuerto militar de San José, Escuintla y fue trasladado en un autobús perteneciente al Ejército de Guatemala a la finca «Helvetia» en Retalhuleu, propiedad de Roberto Alejos, hermano del Embajador de Guatemala en Washington, bajo el Gobierno del presidente Miguel Ydígoras Fuentes.1,2

Los miembros de este grupo de radio-operadores estudiaban telegrafía durante la semana, los sábados y domingos construían la Base TRAX, en las montañas adyacentes a la finca Helvetia. Posteriormente llegó el coronel Napoleón Valeriano (a) «Coronel Vallejo«, el cual tenía gran experiencia en la lucha guerrillera en Filipinas, su tierra natal, derrotando a la guerrilla comunista Hukbalahap.1,2

La Brigada 2506 contaba con la élite de las fuerzas aéreas de Cuba, compuesta por ex-pilotos de la Marina de Guerra, Fuerza Aérea y Ejército. En la parte civil de la Fuerza Aérea de Liberación (FAL), los pilotos de los aviones de transporte provenían de las líneas aéreas comerciales como Cubana de Aviación y Aerovías Q; algunos de ellos tenían un promedio de 20 000 horas de vuelo. Ellos volarían obsoletos aviones bimotores C-46 y cuatrimotores C-54 dados de baja tras la Segunda Guerra Mundial.1,2

El armamento militar que el gobierno estadounidense suministró a la Brigada se componía de pistolas, fusiles, carabinas, subfusiles, fusiles automáticos, ametralladoras y granadas. El armamento pesado consistía en morteros, así como cañones sin retroceso y explosivo C-3 y C-4 para las demoliciones. Pero gracias a sus servicios de inteligencia, el gobierno de Fidel Castro sabia que la guerrilla cubana se estaba entrenando en Guatemala y estaba preparado para la posible invasión.1,2

Tras cuatro o cinco días de navegación, durante la madrugada del lunes 17 de abril de 1961 se produjo el desembarco en Playa Girón y Playa Larga de 1200 miembros de la Brigada 2506 escoltados por sus buques y ante escasa resistencia local. Horas después los invasores son transportados tierra adentro para ampliar la zona invadida, con la misión principal de controlar las tres carreteras de acceso al lugar.1,2

Hacia las 6:30 a.m., los aviones de la naciente Fuerza Aérea Revolucionaria del gobierno cubano derribaron siete aviones B-26 que escoltaban a los invasores, y pusieron fuera de combate a los buques «Houston» y «Río Escondido», cerca de Playa Larga, perdiéndose el armamento que transportaban para las fuerzas en tierra. Los invasores quedaron sorprendidos al notar que los aviones gubernamentales dominaban el cielo de Playa Girón, en contra de lo que aseguraban los mandos militares estadounidenses desde el día 15.1,2

Las tropas regulares del gobierno cubano llegaron paulatinamente a la zona, reforzando a los miembros de las «Milicias Nacionales Revolucionarias» locales que hasta entonces rechazaban el ataque con medios bastante reducidos. Antes de la caida de la noche, los barcos de la Brigada 2506 se retiraron definitivamente quedando sin desembarcar equipos y municiones.1,2

Al final del día, los 1200 invasores habían establecido una cabeza de playa, penetrando hasta 10 kilómetros en tierra firme, mientras se proyectaban hacia las poblaciones de Jocuma y Horquitas. Pese al avance, la Brigada 2506 carecía de apoyo aéreo efectivo, en tanto el gobierno de EE. UU. no autorizó nuevos vuelos de aviones A-26 desde Nicaragua, entonces gobernaba por Anastasio Somoza.1,2

El miércoles 19 de abril, las fuerzas invasoras tuvieron que retroceder durante la madrugada desde San Blas hacia Playa Girón, donde quedan prácticamente sitiadas por las tropas gubernamentales; los que quedan rezagados pronto fueron cercados y se rindieron en el transcurso de la mañana.1,2

El propio Fidel Castro se trasladó a la zona del conflicto y observó directamente las últimas acciones bélicas. Precisamente Castro presionó fuertemente para que la ofensiva se acelerara y así evitar que transcurrieran las 72 horas que necesitaba el gobierno de los EE. UU. para reconocer al «gobierno provisional» que allí se intentaba establecer, con el objetivo de evitar la invasión directa de la Marina y el Ejército estadounidense. Hacia el final del día la mayoría de sobrevivientes debieron rendirse poco antes del anochecer. La operación terminó con una derrota total de los miembros de la Brigada 2506.1,2

El número de bajas entre los invasores sobrepasó el centenar de muertos; los capturados fueron 1189. Los prisioneros invasores fueron juzgados y condenados a prisión por el gobierno cubano, aunque algunos ex oficiales de la policía de Batista fueron condenados a muerte y ejecutados. Los sobrevivientes fueron canjeados a fines de 1962 mediante intermediarios con el gobierno estadounidense a cambio de 53 millones de dólares en forma de alimentos, medicinas y tractores.1,2

La victoria generó un enorme respaldo político a Fidel Castro entre las masas cubanas y permitió a su gobierno profundizar en el carácter socialista de la Revolución Cubana, mientras que la oposición interna quedaba neutralizada por la alarma generada durante la invasión. Por otra parte, fue un duro revés para el presidente John F. Kennedy y para el presidente guatemalteco Ydígoras Fuentes, quien fue derrocado por un golpe de estado el 31 de marzo de 1963.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Kornbluh, Peter (1 de agosto de 2011). «CIA obligada a liberar la larga historia oficial secreta de Bahía de Cochinos» (en inglés).
  2. — (1998) Bay of Pigs Declassified: The Secret CIA Report on the Invasion of Cuba. The New Press ISBN 1-56584-494-7 ISBN 978-1-56584-494-0.
  3. Azurdia Alfaro, Roberto (1966). Recopilación de las Leyes de Guatemala, 1963-1964LXXXII Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 14-15.

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13 de junio de 1830: Asamblea declara traidor a la patria al arzobispo Casaus y Torres

La Asamblea Legislativa de Guatemala, controlada por los criollos liberales, declara traidor a la patria al arzobispo Ramón Casaus y Torres

13junio1830
Retrato oficial del arzobispo Ramón Casaus y Torres. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo de Francisco Morazán contra Mariano de Aycinena y Mariano de Beltranena en abril de 1829, los criollos liberales tomaron el control de la antigua capital de la Capitanía General de Guatemala. Morazán expulsó a la familia Aycinena y a los miembros de las órdenes regulares de todo el territorio centroamericano y sus aliados liberales saquearon cuanto pudieron de las casas y monasterios de los expulsados.1 Además, las enormes haciendas de los religiosos fueron entregadas a los socios ingleses del caudillo liberal. En cuanto al clero secular, dirigido por el arzobispo Ramón Casaus y Torres, éste fue marginado con la expulsión del arzobispo el 11 de junio de 1829.2

Cuando llegó exiliado a la Habana, Casaus y Torres se dedicó a buscar todos los medios para atacar a los liberales en el poder. Y fue tal la agitación causada en Guatemala gracias a la distribución de las pastorales por los curas párrocos que predicaban en el área rural, que hubo revueltas indígenas en San Agustín Acasaguastlán y Zacapa. Las autoridades se vieron así en un grave problema y tuvieron que expedir un decreto por el que declara al arzobispo enemigo de la Patria el 13 de junio de 1830:2

    1. Se declara traidor a la patria al Arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus.
    2. Se declara que el mismo Arzobispo ha perdido los derechos de ciudadano, conforme a lo dispuesto en el párrafo 1, artículo 20 de la Constitución federal.
    3. En consecuencia queda extrañado perpetuamente del territorio del Estado, y su silla vacante.
    4. Mientras se provee canónicamente el Arzobispado, sus rentas entrarán a la tesorería. Los bienes particulares de fray Ramón, serán ocupados con arreglo a lo dispuesto en el decreto de 23 de noviembre último.
    5. El Cabildo eclesiástico nombrará Vicario y Gobernador general del Arzobispado, arreglándose a lo dispuesto en el derecho canónico; pero el que así fuere nombrado, no entrará a ejercer su cargo sin aprobación previa del gobierno.
    6. Es prohibida, de hoy en adelante toda comunicación con el expresado fray Ramón Casaus, a quien se considerará enemigo público.
    7. El gobierno cuidará de informar a Su Santidad sobre todo lo ocurrido, activando las disposiciones prevenidas en el decreto de 5 de diciembre del año próximo pasado.
    8. El mismo gobierno hará imprimir y publicar los documentos principales que demarcan la conducta hostil del Arzobispo, a quien se le intimará el presente decreto.2

Este decreto tambien dejó sin el beneficio del diezmo obligatorio al clero secular, con la intención de dejar a los curas párrocos en situación muy difícil; pero ,a pesar de todo esto, éstos siguieron azuzando el ánimo de los campesinos indígenas.2

En ese entonces, como en el siglo XXI, los criollos abrazaban causas idealistas para esconder sus verdaderos fines. Por su lado, los criollos liberales decían que defendían el progreso y las ideas avanzadas del siglo XIX contra el oscurantismo católico colonial, mientras que los criollos conservadores decían defender la verdadera religión y las buenas costumbres. En realidad, ambos perseguían el poder político y económico, y cuando lo perdían, luchaban sin cesar por recuperarlo. Así fue como el país se vio envuelto en una guerra civil hasta 1851.

Volviendo a Casaus y Torres, cuando el campesinado católico al mando de Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1839, la Asamblea Constituyente declaró nula e inconsistente la expulsión del arzobispo, y lo reconoció de nuevo.3 La Catedral, que había estado cerrada desde la partida del prelado en 1830, volvió a abrir sus puertas en espera del pastor. Pero éste nunca regresó y, de hecho, tras dos años de que el gobierno le estuvo rogando que dejara La Habana y regresara a Guatemala, se decidió que lo mejor era dirigirse al Vaticano directamente en busca de un sustituto.4

Finalmente, en 1843 fue reconocido como arzobispo metropolitano de Guatemala el presbítero Francisco de Paula García y Peláez, quien sería un de los baluartes del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera aunque al principio hubo algunos roces entre ambos.4,5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 361-366.
  2. Ibid., pp. 284-286.
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Geográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise. pp. 17-90.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  5. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.

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21 de abril de 1877: Martí conoce a la Niña de Guatemala

Durante su exilio en Guatemala, el héroe y poeta cubano José Martí conoce a María García-Granados y Saborío, «La Niña de Guatemala».

21abril1877
La 8a. avenida de la Ciudad de Guatemala en la época en que José Martí era profesor de la Escuela Normal para Varones y catedrático de la Escuela de Derecho y Notariado.  En los recuadros: el poeta en 1876 y la joven María García Granados y Zavala, «La Niña de Guatemala».  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El poeta y prócer cubano José Martí llegó a Guatemala invitado por el profesor José  María Izaguirre y atraído por el tinte liberal del gobierno del general J. Rufino Barrios. El recién llegado fue invitado a las tertulias de las familias más acomodadas del país y en una de ellas conoció a María García Granados, el 21 de abril de 1877: una hermosa adolescente, siete años menor que él. El padre de ella, el general Miguel García Granados, había sido presidente provisorio entre 1871 y 1873, tras el triunfo de la Revolución Liberal que él mismo encabezó.1

Debido a su carácter diplomático, y a sus estrechos lazos con muchos de los conservadores, los criollos liberales apoyaron inicialmente a García Granandos, pero cuando se dieron cuenta de que se estaba tomando mucho tiempo para emprender las reformas agrarias y económicas que tanto ansiaban, lo obligaron a aceptar a que J. Rufino Barrios se hiciera cargo del gobierno, logrando que Barrios ascendiera al poder en 1873. A pesar de ello, el anciano general García Granados gozaba de mucho prestigio en la sociedad guatemalteca del gobierno de Barrios y su tertulia era de las más concurridas por los líderes liberales.2

El poeta cubano José Martí llegó a Guatemala exiliado, por recomendación de su coterráneo José María Izaguirre, quien consiguió para él el puesto de profesor en la entonces prestigiosa y exclusiva Escuela Normal Central para Varones, y el de catedrático en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado. Gracias al prestigio de Izaguirre, Martí pronto se hizo pronto amigo del general García Granados, quien lo invitaba a su residencia a jugar al ajedrez con frecuencia, y tras conocer a María, aprovechaba las visitas para charlar con ella.3,4

Desafortunadamente, Martí estaba comprometido para casarse con Carmen Zayas Bazán y no pudo corresponder a la hija del expresidente como hubiera querido; de hecho, en noviembre se fue a México, en donde se casó con Carmen el 20 de diciembre, y tras algunos días de descanso, finalmente regresó a Guatemala el 15 de enero de 1878 a dar clases a la Escuela Normal, tras un largo y penoso viaje.2

Al enterarse de su retorno, María envió la siguiente nota al recién llegado:

«Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto.

—Tu Niña3

Pero Martí ya no regresó a ver a María debido a los celos de su nueva esposa, aunque debe decirse que la bella joven guatemalteca era lo menos que le preocupaba a Martí en esos momentos pues la situación política en Guatemala y en Cuba había cambiado mucho durante su viaje.2

Tras descubrir la Conspiración Kopesky el 1 de noviembre, y de fusilar a los conjurados (y a más de alguno que no lo era) el 5 y el 7 de ese mismo mes, el presidente Barrios se había convertido en un auténtico tirano paranoico, viendo enemigos hasta en sus antiguos aliados y aprovechando la circunstancia para salir de todos los que le incomodaban.2 Y, por si no eso no bastara, Martí quedó muy decepcionado cuando se enteró del final de guerra civil independentista en Cuba el 11 de febrero de 1878, que había causado casi cincuenta mil fallecidos desde 1868 y que había terminado con el Tratado del Zanjón en el que España daba amnistía a los rebeldes, pero obligaba a Cuba, que ya tenía sus ingenios azucareros destruidos por la guerra, a pagarle a España una indemnización millonaria que la dejó en quiebra.2

La situación económica del recién casado Martí se vió muy afectada cuando perdió su cátedra en la Escuela de Derecho y Notariado debido al ambiente político imperante y además, cuando tras el Tratado del Zanjón quedó truncado su proyecto de publicar su «Revista Guatemalteca» en el que planeaba no solo contar sus experiencias en Guatemala sino promocionar la revolución cubana.2 Finalmente, en marzo de 1878, su amigo protector Izaguirre fue obligado a renunciar como director de la Escuela Normal cuando el presidente Barrios empezó a desconfiar de él, y Martí decidió renunciar a su puesto como profesor, en solidaridad a su amigo lo que lo dejó en una situación por demás precaria.5

Sorpresivamente, el 10 de mayo de 1878 falleció María de una tuberculosis fulminante, agravada tras una excursión de recreo y por la tristeza y depresión por el silencio del poeta; siendo la hija del expresidente García-Granados, su sepelio fue multitudinario y un devastado Martí asistió junto con José Joaquín Palma y José María Izaguirre (aunque sin su esposa), quedándose hasta el final de la ceremonia para despedir a la bella joven.2,5

El héroe cubano abandonó Guatemala, pero esta romántica historia quedó inmortalizada en el poema «La Niña de Guatemala», que escribió años después cuando consiguió publicar los Versos Sencillos, en 1891, ya cuando su esposa Carmen lo había abandonado embarcando hacia La Habana con la colaboración de las autoridades españolas y llevándose a su hijo Ismael para siempre. Martí le escribió a un amigo acerca de su terrible experiencia matrimonial y remató dicendo: «Y pensar que sacrifiqué a la pobrecita, a María, por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado español para pedir protección de mí«.​1

He aquí el poema de «La Niña de Guatemala»:6

Poema IX

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez, M.B. (s.f.). «Viejos datos reverdecen la leyenda: Martí y la Niña». La Jiribilla. Archivado desde el original el 14 de julio de 2014.
  2. López, Alfred J. (2014): «José Martí: A revolutionary life» (en inglés). Latin America and Latino Art and Culture. Austin: University of Texas.
  3. Ripoll, C. (s.f.). La Niña de Guatemala, la vida íntima y secreta de José Martí. Nueva York: Dos Ríos. Archivado desde el original el 16 de julio de 2001.
  4. CubaMinRex (2013). «Embajada de Cuba en Guatemala rinde tributo a María García Granados». Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Cuba. Archivado desde el original el 4 de enero de 2015.
  5. Izaguirre, José María (1953). «Homenaje a José Martí en el Centenario de su Nacimiento». Revista Cubana (La Habana, Cuba: Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección General de Cultura). Archivado desde el original el 15 de julio de 2014.
  6. Martí, José (2010). «La América Central». Obras completas 13 (La Habana: Centro de Estudios Martianos).

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