8 de junio de 1585: Real audiencia prohibe existencia de jueces de milpas

Debido a las extorsiones que perpetraban en contra de los indígenas del valle de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en Sacatepéquez, la real audiencia de Guatemala elimina a los jueces de milpas.

Ruinas de la catedral de Antigua Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el obispo Juan Ramírez de Arellano. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook of Central America y Wikimedia Commons.

El 8 de junio de 1585, la Real Audiencia de Guatemala prohibió la existencia de jueces de milpas, indicando que éstos extorsionaban a los indígenas de los pueblos del Valle de Santiago de los Caballeros de Guatemala, en Sacatepéquez.1 A pesar de la prohibición, los abusos contra los indígenas de la región continuaron, como lo evidencian las numerosas cartas y memoriales que el obispo Juan Ramírez de Arellano envió al Consejo de Indias, al rey de España y al Papa, en las que solicitaba cambios legislativos o que se aplicaran efectivamente las leyes que ya existían para evitar los abusos de los encomenderos, y que se terminara con el servicio personal y las malas condiciones en que tenían que trabajar los indígenas guatemaltecos.2

Ramírez de Arellano era un fraile dominico que fue nombrado como obispo de Guatemala el 18 de enero de 1600, dos años después de la muerte del rey Felipe II, ya que era un personaje incómodo para los cortesanos ya que mientras estuvo en Madrid (entre 1595 y 1600) si bien estuvo asentado en el convento dominico de Nuestra señora de Atocha, envió varias cartas y memoriales al Consejo de Indias y al Rey, en el que denunciaba las encomiendas, los repartimientos y el servicio personal a que eran obligados los indígenas sin que se les pagara nada en retribución. Sus principales obras de ese tiempo fueron: «Advertencia sobre el servicio personal de los indios» y «Parecer sobre el servicio personal y repartimiento de indios«. Antes de viajar a su diócesis el obispo Ramírez viajó a Roma y le expuso al papa Clemente VIII sus inquietudes y tribulaciones sobre los indios, aunque al final, ni el rey de España ni el Papa cambiaron el sistema económico en las colonias.2

Ramírez de Arellano tenía setenta y un años cuando llegó a Guatemala a principios de 1601, pero eso no le impidió que desde un principio pidiera que se le asignara un salario a los indígenas y que no se les obligara a trabajos fuertes; 3 además, su edad tampoco fue impedimento para que realizara periplo de visitas pastorales para conocer la situación de su obispado, encontra muchas cosas que no le gustaron, como quedó plasmado en las numerosas cartas y memoriales que envió al Consejo de Indias, al Rey y al Papa, solicitando cambios legislativos o la aplicación de las leyes ya existentes para acabar con la encomienda, el servicio personal y las malas condiciones de trabajo de los nativos.2

Ramírez de Arellano estaba muy bien informado sobre la situación de los indígenas en América porque en 1575 había sido enviado al Convento de Santo Domingo de la ciudad de México, en donde fue instructor de novicios, calificador del Santo Oficio y profesor de la universidad. Pero, además de sus tareas intelectuales, impartió doctrina cristiana y enseñó a leer y escribir a los negros, mulatos e indígenas que así lo desearan y entonces se dió cuenta de que los españoles forzaban al trabajo sin remuneración a los nativos.  Inicialmente pidió la abolición de la encomienda a las autoridades virreinales, pero como no encontró respuesta pues las autoridades se veían beneficiadas económicamente con el sistema, decidió viajar a España para presentar sus denuncias directamente a Felipe II. Desafortundamente para Ramírez de Arellano, el barco en que viajaba fue secuestrado por corsarios y llevado a Inglaterra hasta que se negoció su libertad, y finalmente llegó a España en 1595.2

Al igual que le ocurrió con las autoridades virreinales en México, el obispo tuvo serias disputas con las autoridades de la Capitanía General de Guatemala, aunque algunas de sus solicitudes en favor de los indígenas sí prosperaron, ya que el 27 de noviembre de 1602 el rey prohibió que los indígenas fueran obligados a trabajar en las minas, sustituyéndolos por esclavos negros,3 y el 23 de noviembre de 1603 la real audiencia prohibió que los indígenas «fueran cargados con exceso y que fueran obligados a salir a servir a mucha distancia de sus pueblos de origen y nunca en climas opuestos a su temperamento«.4


BIBLIOGRAFIA:

    1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 20.
    2. Real Academia de la Historia (2018). Juan Ramírez de Arellano. España: Gobierno de España, Ministerio de Ciencia e Innovación.
    3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, p. 26.
    4. Ibid., p. 27.

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16 de mayo de 1544: Audiencia de los Confines abre sus puertas al público

Departamento de Gracias a Dios en la moderna República de Honduras. Aquí se estableció la Real Audiencia de los Confines en 1544. En el recuadro: las puertas originales de la Real Audiencia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1542, el emperador Carlos V estableció en Barcelona una nueva organización para el Consejo Superior de Indias, por medio de la cual se formó el Reino de Guatemala que estaría gobernado por una Real Audiencia, tribunal supremo compuesto de cuatro oidores, uno de los cuales sería el presidente.  En ese momento, la región estaba atravesando una crisis, ya que el Adelantado Pedro de Alvarado había muerto en 1541,1 y en ese mismo año un alud había destruido a la ciudad de Santiago de los Caballeros,2 además de que había una rivalidad extrema entre los gobernadores de Comayagua y de Nicaragua y el virreinato de la Nueva España ejercía cierta injerencia desde la ciudad de México.3

Aunque se habían conferido el título de virreinato a México y a Perú, la región de Centroamérica fue nombrada únicamente como Capitanía General o reino, ya que en la región no había minas de importancia.3

Así, pues, las Ordenanzas de Barcelona datan de noviembre de 1542, y la cédula que fundó la Audiencia de los Confines —equidistante entre las provincias de Guatemala y de Nicaragua— son del 13 de septiembre de 1543.3 El oidor presidente de la nueva Audiencia fue Alonso de Maldonado, —quien ya había sido gobernador interino de Guatemala— y sus compañeros eran los licenciados Francisco de Herrera, Pedro Ramírez de Quiñónez y Juan Rogel.4

Los oidores se establecieron en Gracias a Dios, en donde fueron recibidos con gran regocijo, aunque carecían de albergue adecuado pues inicialmente tuvieron que vivir en las casas de los muy escasos vecinos.  De hecho, Alonso de Maldonado se fue a vivir con el cura párroco, en donde estableció la oficina de la Real Audiencia. Después de las fiesta, la audiencia se abrió al servicio público el 16 de mayo de 1544, conviertiendo al poblado de Gracias a Dios en la primera capital de Centroamérica.4

Poco después de haber abierto sus puertas al púbico, el rey recibió la primera queja sobre los oidores de parte del obispo de Nicaragua, fray Antonio de Valdivieso, quien detestaba a Maldonado, y quien se quejaba de esta forma:5

El licenciado Alonso de Maldonado, conviene no tenga el cargo que tiene, porque a lo que yo puedo entender, él solo impide la ejecución de los mandamientos reales y de la justicia, tan necesaria en todas partes, y cuya falta alborota y las revuelve y no las ordenanzas de Su Majestad, y también conviene que haga residencia del tiempo que ha gobernado, no menos mal, ni con menos agravios y perjuicio de la real hacienda de vuestra alteza que otros; de los demás oidores, sacando a don Diego de Herrera, que lo tengo por celoso de justicia y de servicio de vuestra alteza, ni aun el seso que se requiere y en caso de entidad son tenidos por muy desmandados y perjudiciales a las honras de los casados. Tdas las cosas que en esta real Audiencia se tratan, son muy delicadas en conciencia y así no puede haber buen fin, si los que la han de ejecutar no la tienen muy delicada y ciencia para regirla y a lo menos el presidente o alguno de ellos, debería ser teólogo.»6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Ignacio Beteta
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 291.
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. pp. 1-3.
  5. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI. p. 292.
  6. Ibid., pp. 293-294.

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12 de mayo de 1605: informan al rey del descubrimiento del puerto de Santo Tomás

Los encomenderos guatemaltecos piden al rey de España mejores condiciones para sus encomiendas y le informan del descubrimiento del puerto de la bahía de Amatique.

Playa de la bahía de Amatique. En el recuadro: el rey Felipe III de España, a quien los encomenderos guatemaltecos enviaron la noticia del descubrimiento del puerto de Santo Tomás. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación la comunicación oficial que hizo el Cabilo de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala al rey Felipe III de España, luego del descubrimiento del puerto de Santo Tomás de Castilla en la bahía de Amatique, ya que en dicha comunicación aprovecharon para quejarse de las condiciones en que se encontraban las encomiendas del Reino de Guatemala:

Señor: en todas las ocasiones que se ofrecen, damos cuenta a V.M. de lo que conviene a su real servicio, conservación y aumento destas provincias, las cuales están con mucha necesidad por no tener minas, y el dinero que a ellas viene ser del Perú y Nueva España, para sacar la tinta añil y cacao, como por las bajas que se hacen en las tasaciones que hacen de las encomiendas, no guardando en las tasas la orden que V.M. tiene dada por sus reales cédulas, introduciendo por fines particulares un capítulo once, que se ordenó en esta Real Audiencia en perjuicio de los reales tributos y de los particulares y daño de los naturales, porque gastan el tiempo en pleitos y venir a esta Audiencia, lo cual se evita con guardar lo que V.M. tiene ordenado y mandado por sus reales cédulas.1

En el proveer de las encomiendas, se ha introducido repartir la encomienda que poseía un vecino entre muchos, que en gran daño y menoscabo de la nobleza y población desta Ciudad y provincia.  Porque con lo poco que se da ahora a un encomendero no se puede sustentar, ni cumplir con las obligaciones que tiene; y aunque se aumentan encomenderos, se aumenta mucha necesidad y pobreza de ello. Lo cual cesaría, y esta ciudad recibiría mucha merced, en que V.M. se sirva mandar que las encomiendas se provean, como se solían encomendar en las personas beneméritas y que lo merecen, sin desembarcarse.Nota a Porque desto resultaría aumentarse la nobleza y población desta Ciudad y provincia, y excusar a los naturales della las vejaciones y molestias que reciben, por tener un pueblo muchos encomenderos, que la experiencia desde daño se ve en el tiempo que ha que se reparten las encomiendas entre muchos encomenderos.Nota b Demas quel Presidente da la propiedad a uno de la encomienda, para que por muerte le herede al otro encomendero, y así es daño para los demás beneméritos, que desean hayan vacantes para entrar en ellas. Porque esperan que pasen dos vidas para pedir las encomiendas, y heredando a quien se da la propiedad de las encomiendas, si Dios le da vida o es mozo hereda a todos los demás, y viene a quedar con mucha renta, y otros están pobres aguardando vacantes.Nota c

El corregimiento del Valle, se va introduciendo de manera que ya se le ha dado traiga vara desde Ciudad, y va adquiriendo la jurisdicción que los alcaldes ordinarios tienen en ella. Y es ansí que reciben agravio en encuentros de jurisdicción y visitas, aunque V.M. tiene libradas cédulas para que no haya Corregidor del Valle y que se quite, y que los alcaldes ordinarios hagan el oficio de Corregidor y repartidor, con que se excusarán los inconvenientes que hay, y de que V.M. le dé de su real caja trescientos y cincuenta pesos de minas de salario, y las vejaciones de indios por acudir al llamado del Corregidor, y de los alcaldes, y todo se remediaría con que V.M. mandáse se cumpla su real cédula sobre este caso.2

Por otra tiene suplicado esta Ciudad a V.M., atento a tener pocos propios, de que por otros diez años prorrogáse la merced de la mitad de las encomiendas, que se encomendaren del primer año en los diez años; y de lo que valió la merded de los diez años pasados, tiene enviada esta ciudad razón, y en que ha gastado lo demás para que V.M. lo vea. Y de lo que le había quedado sirvió a V.M. con enviar su alcalde ordinario Don Estevan de Alvarado al puerto nuevo de Amatique, donde estuvo nueve meses; y mediante su solicitud y gastos se consiguió la entrada deste puerto, al cual se va por tierra desde Ciudad, y las recuas han comenzado a entrar en él.  Y pues la puesta y ayuda que pudo dijo esta Ciudad, suplica a V.M. se sirva de declarar le compete la jurisdicción, como la tenía en el Golfo dulce; pues con el nuevo camino se evitará el acudir de los barcos al Golfo, y los mantenimientos han de salir de sta Ciudad en las recuas para el puerto nuevo, que de todo hará avisor informará a V.M. el Presidente desta real audiencia.3

El año pasado dimos cuenta a V.M. del gobierno y buen proceder del Doctor Alonso Criado de Castilla, presidente de V.M. en esta real Audiencia y del principio que había dado al descubrimiento del nuevo puerto de Amatique, en el cual ha puesto tanta diligencia y cuidado, que ha pasado a él la población que había en Puerto de Caballos, y los navíos que este año vinieron a esta provincia, entraron en el nuevo puerto, donde han recibido la carga.  Y desde la dicha población a esta ciudad hizo así mismo abrir camino por tierra, muy bueno para llevar y traer las mercaderías, con que cesaran las dificultades y gran trabajo, que había en llevarlas por el golfo a Puerto de Caballos, de que se espera resultará muy gran bien a estas provincias, siendo V.M. servido de favorecer negocio de tanta importancia a su real servicio, y que ha muchos años que procura y desea.  Y con buenos sucesos se junta otro de no menos consideración, que es la reducción de los indios tequeguas, comarcanos al dicho puerto, donde están reducidos poblados.  Hase conseguido todo esto con los buenos medios, cuidado y solicitud, que para las muchas dificultades que se han ofrecido en ello, ha puesto el Presidente desta real Audiencia, el cual dará larga cuenta y relación con los recaudos que de los hecho envía a V.M., a quien suplicamos que teniendo consideración a sus buenas partes méritos y servicios, y al que esto ha hecho a V.M., se tenga dél por muy bien servido, que la merced que V.M. le hiciere la merece muy bien, y la recibirá esta ciudad por muy grande.4

Guarde nuestro Señor a V.M. muchos y felices años, como esta ciudad desea. De Guatemala de los Caballeros y de Mayo 12 de 1605 años.4


NOTAS: 

  • a: las encomiendas consistían en grandes terrenos que le eran otorgados a un conquistador o a sus descendientes, junto con un número determinado de indígenas, que le eran «encomendados» para que los cuidara.  En la práctica, la explotacióm de los indígenas era considerable.
  • b: en otras palabras, los indígenas tenían que trabajar para varios encomenderos prácticamente como esclavos.
  • c: los criollos se quejan aquí de su pobreza por tener pocoas posibilidades de obtener una encomienda.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1925]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 268.
  2. Ibid., p. 269.
  3. Ibid., p. 270.
  4. Ibid., p. 271.

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13 de septiembre de 1543: establecen la Real Audiencia de los Confines

Por Real Cédula del Emperador Carlos V se establece la Real Audiencia de los Confines con sede en la Nueva Valladolid de Comayagua

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Comayagua, Honduras, durante la epoca colonial. En el recuadro: retrato del emperador Carlos V. Imagenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros por el deslave del Volcán de Agua el 11 de septiembre de 1541, acaecida pocos meses despues de la muerte del adelantado Pedro de Alvarado, el emperador Carlos V decidió trasladar la Real Audiencia de Guatemala a una nueva sede. Por Real Cédula del 13 de septiembre de 1543 se decidió que la Real Audiencia se llamaría «de Los Confines» y estaría ubicada en la Nueva Valladolid de Comayagua, actualmente en Honduras.1

Aquella nueva Audiencia comprendía las provincias de Guatemala, Nicaragua, Chiapa, Yucatan y Cozumel, Higueras Honduras, y «cualquier provincia e isla que estuviere en la costa y parajes de las dichas provincias«.  De acuerdo a lo estipulado en la ordenanza XI de las Leyes Nuevas, aquella fue una Audiencia Gobernadora, en sustitución de un gobernador provincial de provisión real;  de esta forma, en el distrito de los Confines ya no iba a haber más gobernadores en cada una de las diferentes provincias, sino que la Audiencia iba a gobernar sobre todas ellas.1

El licenciado Alonso de Maldonado fue nombrado presidente de la primera Audiencia y Cancillería Real de los Confines el 1 de marzo de 1543.  El ya habia sido nombrado gobernador interino de Guatemala por el Virrey de Mexico en 1542,2 y junto con él fueron designados como oidores los licenciados Diego de Herrera, Pedro Ramírez de Quinones y Juan Rogel. Herrera y Rogel desembarcaron en Puerto de Caballos, procedentes de Castilla, el 16 de marzo de 1544, mientras que Ramirez de Quinones zarpó de Sanlucar de Barrameda el 3 de noviembre de 1543, llegando al puerto de Nombre de Dios el 9 de enero de 1544.  Inicialmente llegó a Panamá, en donde procedió a sustanciar y sentenciar el juicio de residencia de los oidores de la extinta Audiencia Real de Panamá.  Herrera y Rogel, por su parte, se trasladaron de Puerto de Caballos a la villa de San Pedro de Puerto de Caballos —actualmente San Pedro Sula— para esperar la llegada de Alonso de Maldonado, quien tenía que llegar procedente de Santiago de los Caballeros en Guatemala.3

Maldonado les envió una carta informándoles que se iban a reunir en la población de Gracias a Dios, y ante el cabildo del 13 de mayo de 1544, los tres tomaron posesión de sus cargos y celebraron el primer Real Acuerdo, abriendo la primera sesión publica de la Audiencia y Real Cancillería de los Confines el 15 de mayo de 1544.  En esa oportunidad, acordaron que la sede audiencial fuera la población de Gracias a Dios y no la villa de la Nueva Valladolid de Comayagua, como decía la Real Cédula del 13 de septiembre de 1543, amparados en la facultad regia de la que disponían de elección final de sede; tal y como informaron al emperador Carlos V el 30 de diciembre de 1544, eligieron a Gracias a Dios porque «estaba en mejor comarca y más abundante de mantenimientos que las villas de San Pedro y de Comayagua«.3


BIBLIOGRAFIA

  1. Vallejo Garcia-Hevia, Jose Maria (2008). Juicio a un conquistador. Pedro de Alvarado. Su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)  I. Castilla-La Mancha: Marcial Pons Historia. p. 222.
  2. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. pp. 1-3.
  3. Vallejo Garcia-Hevia., Juicio a un conquistador, p. 223.

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31 de agosto de 1544: conquistadores apelan las Leyes Nuevas

La Real Audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

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Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: «estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas» y querían que el rey les compensara por esto, diciendo «páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran «acabados de conquistar, indomables y contumaces«.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque «si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales —es decir, indígenas comunes que no eran esclavos— como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región «no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido«, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que «todos eran muertos«; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala «asola y destruye«.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: «por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son«. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.

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10 de agosto de 1541: notifican a Carlos V la muerte del Adelantado

El obispo Francisco Marroquín notifica al emperador Carlos V la muerte del Adelantado Pedro de Alvarado

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Poblado de Ciudad Vieja, Guatemala, en 2014. Al fondo se observa el Volcán de Agua. En este lugar se ubicaba la capital de Guatemala cuando falleció el Adelantado en 1541. En el recuadro: el emperador Carlos V, quien goberna España, Alemania y el Sacro Imperio Romano en esa época. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al morir Pedro de Alvarado en México, el virrey Antonio de Mendoza envió uan carta con la noticia, fechada 15 de julio de 1541, en México1, la cual llegó a Santiago de los Caballeros de Guatemala hasta el 29 de agosto 2. Por su parte, el obispo Francisco Marroquín envió una carta informándole del hecho al emperador Carlos V, fechada el 10 de agosto de 1541; Marroquín estaba realizando una visita pastoral en Chiapas cuando falleció el Adelantado y por eso lo supo antes que la Audiencia en Guatemala. Marroquín dice en su carta: «acabando de hacer la tasación desta provincia que ha sido harto provechosa, estando de camino para mi casa, recibí cartas del visorey, con las más tristes nuevas que me podían venir, que fue la muerte del Adelantado Don Pedro de Alvarado, así por perder v. mt. el más bueno y leal servidor (a nadie pongo delante) en estas partes, como por el mucho y entrañable amor que yo le tenía […]; deja cincuenta mil pesos de deuda, todos gastados en servicio de v. mt.; él deja seis hijos e hijas desnudos, sin abrigo alguno: él deja muchos sobrinos y deudos que le han servido, sin amparo«.3

Poco antes de morir, Alvarado había nombrado como albaceas a Juan de Alvarado y al obispo Marroquín; no obstante, Juan de Alvarado cedió su derecho en enero de 1542 al obispo Marroquín ya que éste era el más indicado, ya que con él había “comunicado e platicado” de estos asuntos.4 Este testamento, reproducido por Fray Antonio de Remesal en su «Historia general de las Indias Occidentales y particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala«, consta de treinta cláusulas:5

    • I-II: disposiciones referentes a los esclavos.
    • III-IV: referentes a los solares que se habían asignado a Don Pedro en la nueva traza de la ciudad de Santiago de Guatemala.
    • V-XVII: disposiciones para saldar las deudas que ha dejado.
    • XVIII-XIX: promesas que dejó pendientes de cumplir
    • XX-XXIII: sufragios que se han de aplicar por el alma del Adelantado y de su esposa doña Beatriz.
    • XXIV-XXVII: disposiciones acerca de otras deudas, algunas contraídas con motivo de la armada que zarparía al Mar del Sur.
    • XXVIII-XXX: disposiciones acerca de los bienes que quedasen, después de pagadas todas las deudas, y de los legítimos herederos6

Algunos fragmentos del testamento muestran cómo funcionaban las encomiendas de indígenas esclavos tras la conquista:

Sobre sus esclavos indígenas que estaban en su encomienda:

«Primeramente digo: Que por cuanto el dicho Adelantado dejó en el valle, términos de esta ciudad, una labranza de tierras donde están muchos esclavos casados con sus mujeres e hijos, y a mí me consta no se haber hecho esclavos con recta conciencia: porque en los años primeros de la población de la dicha labranza el dicho Adelantado llamó a los señores principales de los demás pueblos que el dicho Adelantado tenía en encomienda, e les hizo cierta plática y les pidió a cada señor de cada pueblo que le diesen tantas casas con su principales para las poner e juntar en la dicha labranza. Los cuales como le tuviesen por señor e haberlas él conquistado se las dieron así como las pidió. E se herraron por esclavos los más de ellos sin preceder otro examen. E para el descargo de la conciencia del dicho Adelantado e conforme a lo que yo con él tenía comunicado e platicado, y a lo que sabía de su voluntad, digo: que dejo por libres a todos los indios esclavos que están en dicha labranza, milpa e a sus mujeres e hijos. E porque ninguna persona no se entremeta en se querer servir de ellos, lo cual sería en mucho perjuicio suyo. Digo que por les hacer bien quiero y es mi voluntad, porque sé que la misma voluntad tenía el dicho Adelantado, que en las tierras en que al presente están y poseen los dichos indios esclavos, se las tengan e posean e mando que no salgan ni sean sacados de ellas».7

Sobre sus esclavos indígenas que trabajaban en minas de oro:

«Item, por cuanto el dicho Adelantado que haya gloria, dejó muchos esclavos sacando oro en la minas, de lo cual llevó mucha carga para su ánima, por los haber pedido a los indios, que tuvo en encomienda, y habérselos dado de la misma manera contenida en la cláusula antes de ésta: lo cual yo muchas veces se lo dije y así él lo conoció y por tener tantas deudas como dejó no osaba hacer lo que convenía a su conciencia. E siempre el dicho Adelantado me decía que cuando se viese sin deudas dejaría libres a los dichos esclavos. Y por me constar lo susodicho como me consta y descargar la conciencia del dicho Adelantado como la descargo. Digo que en nombre del dicho Adelantado y como cosa que tanto viene a la salvación de su ánima, dejo por libres a todos los indios esclavos, hombres y mujeres y sus hijos que así andan a sacar oro por el dicho Adelantado, y desde ahora todos sean libres para siempre, con aditamento en condición que saquen oro para pagar las dichas deudas que el dicho Adelantado debe y dejó por no haber otros bienes ni rentas de dónde se puedan pagar en tanta cantidad, y en el entretanto saquen oro sean muy bien mantenidos y curados, y tratados y doctrinados en las cosas de nuestra santa fe católica.” 8

Sobre sus propiedades:

«[…] por cuanto el dicho Adelantado tiene cuatro solares en la plaza de esta ciudad, mando que se edifiquen poco a poco con los dichos esclavos que están en la dicha heredad y labranza y se hagan en los dichos solares unas tiendas con su servicio conveniente para que alquilen, y de los frutos y rentas de las dichas tiendas sean para ayudar a pagar las deudas que el dicho Adelantado debe, guardando siempre cierta parte, la que fuere necesario para el reparo de las dichas tiendas y acabadas de pagar las dichas deudas con el oro que han de sacar las dichas cuadrillas como se contiene en el capítulo antes de este. Y con la ayuda de la renta de dichas tiendas de allí adelante por el descargo de la conciencia y ánima del dicho Adelantado, porque esto es conforme su voluntad, según él conmigo la comunicó, mando que la renta que rentaren las dichas tiendas de los alquileres se distribuyan en casar hijas de conquistadores huérfanas y pobres , por el mucho cargo que el dicho Adelantado es a sus padres en el tiempo de la Conquista, y la tercia parte de las rentas que las dichas tiendas rentaren se dé y distribuya a los pobres del hospital de esta ciudad”.9

Sobre sus deudas a colaboradores:

«[…] por cuanto el dicho Adelantado siempre en el tiempo de la conquista de esta gobernación, y antes y después tuvo mucha gente a su cargo y contrató con muchos y sé yo de él y de otras personas dignas de fe y de creencia que como el dicho Adelantado andaba en la guerra, era en cargo a muchas personas en deudas de dineros y de otras cosas, por tanto que por descargo de su conciencia, digo: Que cualquiera persona que viniere, jurando que el dicho Adelantado le es encargo de alguna cosa, por juramento hecho en juicio, sea creído por él y le sean pagados hasta en cantidad de veinte pesos dando razones legítimas y verosímiles, declarando de qué, y cómo se los deben, los cuales dichos veinte pesos le sean pagados de los bienes del dicho Adelantado.»10

Sobre los cautivos de sus batallas:

«digo que, por cuanto el dicho Adelantado anduvo muchos años en servicio de Su Majestad en la conquista de la isla Española y Cuba y Nueva España, y gobernación de Guatemala, y Honduras, y Perú, y otras partes de las Indias del mar Océano. En las cuales conquistas es mucho en cargo a los naturales de ellas, y por ser personas inciertas y no se poder hacer el descargo necesario a su conciencia, mando que de lo mejor parado de sus bienes del dicho Adelantado que ahora hay y hubiere, se tomen quinientos pesos de oro, los cuales sean para redención de cautivos, y ellos los gasten en redimir los cautivos que la dicha cantidad montare, y no se distribuyan en otra cosa ninguna, ni se entremeta ninguna persona directa ni indirecta a impedir que no se cumpla lo en esta cláusula contenido; y si se estorbare de lo cumplir, esta dicha manda sea en sí ninguna y de ningún valor ni efecto. Las cuales dichas persona sean obligadas a lo cumplir dentro de un año”.11

Declaración de sus bienes para efectos del testamento:

“digo, que para cumplir este testamento, mandas y legados en él contenidos, dejo e nombro por bienes del dicho Adelantado todos los navíos con todos los pertrechos e artillería e municiones que están en la compañía que el dicho Adelantado hizo con el señor visorrey don Antonio de Mendoza y más todos los negros que el dicho Adelantado dejó. Y más todos los intereses y provechos que de la dicha compañía se siguieren. Y más todas las milpas, casas, heredades, ganados y todos y cualesquier derechos y acciones que en cualquier manera pertenezcan al dicho Adelantado, y todas y cualesquiera gracias y mercedes que Su Majestad fuere servido de le hacer o haya hecho para descargo de su ánima, pues todas las dichas deudas que el dicho Adelantado debe, son por cosas tocantes a su real servicio”.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Libro Viejo (1934): De la fundación de Guatemala y papeles relativos a D. Pedro de Alvarado. XII Guatemala: Biblioteca “Goathemala” de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. p: 384.
  2. Pardo, José Joaquín, 1944: Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779, Guatemala:  Unión Tipografáfica. p. 1.
  3. Sáenz de Santamaría, 1964: pp. 164-165
  4. Remesal, Antonio de (1619)Historia de la Provincia de S. Vicente de Chiapa y Guatemala de la orden de nuestro glorioso padre Sancto Domingo: escribense juntamente los principios de las demas provincias de esta religion de las Indias Occidentales, y lo secular de la gobernacion de Guatemala. Madrid: Provincia de Guatemala por Francisco de Angulo. p. 182
  5. Ibid., pp. 182-189.
  6. Díaz del Castillo, Bernal (1968). Historia de la conquista de Nueva España, México: Porrúa. pp.: 632-634.
  7. Remesal, Historia de las Provincia de S. Vicente de Chiapa y Guatemala, p. 182.
  8. Ibid., p. 183.
  9. Ibid., p. 184.
  10. Ibid., p. 185.
  11. Ibid., p. 186.
  12. Ibid., p. 188.

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27 de marzo de 1542: obispo Marroquín arremete contra los encomenderos

El obispo Francisco Marroquín arremete contra quienes lo acusaban de ayudar a los indígenas contra los abusos de los encomenderos

27marzo1542
Las ruinas del convento de San Francisco en la ciudad de Antigua Guatemala a finales del siglo XIX.  En el recuadro: un encomendero español del siglo XVI.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Mientras se encontraba recorriendo su diócesis a lomo de mula pues no había caminos todavía, el obispo Francisco Marroquín se enteró de que los pobladores de la recién fundada ciudad de Santiago de los Caballeros en el valle de Panchoy estaban criticándolo a sus espaldas.  Las habladurías en su contra se debían a que había hecho numerosas notas indicando que las imposiciones que los encomenderos hacían sobre los indígenas a su cargo eran exageradas e injustas.  Hasta entonces, Marroquín no había hecho crítica al respecto, ya que aunque era religioso, también había sido conquistador y había sido nombrado obispo el 7 de abril de 1537 gracias a su influencia con Pedro de Alvarado y la amistad de éste con el emperador Carlos V; pero por sobre todo, también tenía encomiendas de indígenas que le redituaban jugosos ingresos.1

Ante las difamaciones, el obispo de Guatemala envió la siguiente carta al Cabildo de la ciudad, en donde le echa en cara a los encomenderos que nunca les había criticado hasta ahora, a pesar de saber que se habían enriquecido a costa de la explotación los indígenas en sus encomiendas:

Magníficos Señores:

Por cartas desa Ciudad he sabido el alboroto y escándalo, que ha nacido de la venida a visitar estas pobres gentes. Y pongo por testigo a Dios que no miento, ni quería mentir, y que en todas las tasaciones que se han hecho hasta la hora presente, las más no merecían dar a sus dueños ni aun agua; de todo lo cual creo verdaderamente se debe entera restitución.  Plega a Dios se halle medio y remedio para el descargo, si ya que se mereciese la dicha tasación y con justo título se lleváse, digo por mi consagración, y salvación que va más, juzgo haber ido contra los naturales en favor de los encomenderos en cada tasación en más de la cuarta parte.  Y porque desto tengo testigos, a ellos me remito, que uno de tres hay; y en mi conciencia que no tengo pasión ni afición, ni hay por qué ni para qué. Esta es la razón que todo ese pueblo tiene para se quejar de mi, pues si no nos acordamos del tiempo pasado y todos están ricos; ¿qué ha sido la causa sino callar yo como ruin perlado, y pastor y protector, viendo que se comían los lobos mis ovejas, y yo me estaba holgando y callando?  Desto no se me debe nada, cuando a Dios, pues él me lo tiene de pedir.

«Palabras feas y desvergonzadas me escriben que se dicen, y desto mucha culpa tienen vuestras mercedes: aunque yo sea ruin soy perlado, y pastor y padre de todos, y háseme de tener mucho acatamiento y reverencia como verdaderos hijos a padre, y mucho más; y aun me dicen se han dicho palabras muy escandalosas.  Cada uno mire lo que dice y la lengua esté queda que en semejantes alborotos y comunidades suéltanse palabras que suenan mal en caso de fé, y los que las dicen dan a entender que sienten mal lo cual es peligroso; y aunque mis injuras yo las perdono, que noes razón por ser vuestro padre y pastor, las de nuestro Dios no será razón queden sin castigo.  Escribo esto a vuestras mercedes como a cabeza de todo ese cuerpo tan enfermeo, de que yo tengo tanta lástima, que si con mi muerte lo pudiese remedir tendríala por muy buena.  Estoy tan asombrado y temeroso de la perdición de las conciencias, que juzgo ser llegado el cuarto pecado, por quien dice Ezequiel que no se convertirá Dios a los pecadores.  Grande plaga es que seamos llegados a tiempo que no se quiera oir la palabra de Dios: parece que se cumple con esto el el dicho de Cristo, quitárseos ha el reino de Dios, darse ha a la gente que hiciere fruto; y tambien lo que dice en otro lugar, si os predico la verdad, ¿por qué no me creeis?  Plega a Dios que no diga del cielo que decía a los fariseos: en vuestros pecados morireis.  Escríbeme ese Santo Varón, que por tal le tengo, que deja de predicar, por no dar ocasión a que alguno se desconcierte: yo le he escrito e rogado que predique; y guay del que se desmandare, que por malos de sus pecados le valdría más la muerte.  Ya que no quieran oírle, le pido por merced que predique a las paredes, por ventura alguno tendrá oído.»

«Para semejantes alborotos y escándalos que nacen de avaricia y codicia, que es servidumbre de Satanás, y para templar y castigar los alborotadores que son cruficificadores de Cristo, son las justicias y los Cabildos elegiods, pero ¿qué será si vuestras mercedes sois parte o consentidores de lo dicho?  En este caso, ¿qué remedio? Yo no lo sé por cierto, mas de encomendar a Dios, y ponerme en oración y suplicarle de todo corazón, me alumne a mí para lo que debo hacer, y a vuestras mercedes para bien regir el pueblo y salvar vuestras ánimas, cuyas magníficas personas prospere nuestro Sr. como desean.»

De Izquemé, 27 de Marzo.

De vuestras mercedes Orador, Epus. Cuahutem.1

Nótese cómo el obispo Marroquín les recuerda a los ahora encomenderos sus pobres orígenes y también cómo reconoce que sabía que estaban explotando a los indígenas luego de la conquista pero que se había hecho de la vista gorda hasta este momento.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (27 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 27 de marzo de 1542, Una carta del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.

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10 de marzo de 1566: nombran «Muy Noble» y «Muy Leal» a Santiago de los Caballeros

El Rey Felipe II da a la ciudad de Santiago de los Caballeros los títulos de «Muy Noble» y «Muy Leal» en reconocimiento a la labor de los conquistadores

10marzo1566
La ruinas de Nuestra Señora de los Remedios en la ciudad de Antigua Guatemala en 1916.  En el recuadro: el rey Felipe II, quien diera los títulos de «Muy noble y muy leal» a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1566, cuando ésta era la capital de la provincia.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1530, cuando todavía estaba asentada en el Valle de Almolonga al pie del Volcán de Agua, se había concedido ya a la capital guatemalteca el uso de las armas y se estableció el escudo partido en dos partes con la mitad superior con una imagen de Santiago, a caballo, armado en blanco con una espada desenvainada con fondo rojo, pues era el patrono de la ciudad; y la mitad de abajo con tres volcanes, con «la de en medio echando fuego y piedras de fuego que descienden por las faldas«.1  Aquello ya era un gran logro, pero los conquistadores españoles querían que se reconocieran sus servicios a la corona con mayor renombre.  De esta forma, Francisco del Valle Marroquín, Regidor de la ciudad, cabildeó ante el Consejo de Indias, para que el rey Felipe II elevara la condición nobiliaria de la ciudad de Santiago de los Caballeros,2 y fue así como el 10 de marzo de 1566 el rey publicó el siguiente documento:

«Don Philippe, por la gracia de dios Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Secilias, de Navarra, de Granada, de Toledo de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córcega, de Murcia, de Jahen, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias, islas y tierra firma del mar Océano, conde Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, duque de Neopatria, Conde de Ruysellon, y de Cerdeña, Marqués de Oristán y Gociano, archiduque de Austria, duque de Borgoña y de Bravante, y de Milán, conde de Flandes y de Tirol, etc.  Por cuanto, Francisco del Valle Marroquín, veicno y regidor de la ciudad de Santiago de la provincia de Guatemala y procurador generla de ella, en nombre del conejo, Justica y Regimiento, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha ciudad de Santiago, me ha hecho relato que la dicha ciudad tiene por merced nuestra título de ciudad, y que como nos era notorio la ciudad, vecinos y moradores de ella habían servido al emperador Rey mi Señor de gloriosa memoria, y a nos muy fielmente, en la conquista y descubrimiento de dicha provincia de Guatemala, y en la población nobleciente de ella, y en todas las demás cosas que se han merecido, como leales vasallos y servidores nuestros, como dijo nos constaría por ciertas informaciones y escripturas que el nuestro Consejo de Indias presentó. Y que suplicó que por que la dicha ciudad iba de cada día en mayor crecimiento, y para que fuese más honrada y de sus servicios hiciera perpetua memoria, le mandase dar título de muy noble y muy leal ciudad, más del que tenía de ciudad, y que así fuésemos permitido se llamasa, e intitulase y nombrase, pues tan claramente merecía tal renombre, o como la mi merced mandase. Y yo acatando lo susodicho, y los buenos y leales servicios que la dicha ciudad y vecinos de ella me han hecho, helo habido por bien; por ende, por la presente es nuestra merced y voluntad que perpetuamente la dicha ciudad se pueda llamar e intitular muy noble y muy leal ciudad de Santiago, que nos por esta nuestra carta le damos título y renombre de ello, y licencia y facultad para que se pueda llamar e intitular como dicho es, y ponerlo así en todas y cualesquier escrituras que hicieren y otorgaren y cartas que escribieren, y de ello mandé dar la presente firmada de mi mano y sellada con nuestro Real Sello y librada de los del nuestro, Consejo Real de las Indias.

Dada en El Escorial a diez días del mes de marzo de mil quinientos y sesenta y seis.

YO EL REY»3

Esto no era simplemente un gusto para la vanidad de los conquistadores; significaba que la corona estaba al tanto de sus contribuciones a la conquista de estos territorios para el reino español y eso les representaría numerosos privilegios en cuanto al pago de impuestos y encomiendas de indígenas.3 Pasados cien años, el recuerdo de la conquista se iba diluyendo pues ya todos los que participaron en ella habían fallecido, y los privilegios obtenidos iban disminuyendo; ante esto, los descendientes de los conquistadores —es decir, los criollos— se encargaron de mantener e idealizar la memoria de la conquista con publicaciones como la Recordación Florida del militar Francisco de Fuentes y Guzmán, que fue publicada en 1690.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (11 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 10 de marzo de 1566: El Rey da a la Ciudad de Guatemala los títulos de Muy Noble y Muy Leal. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 12.
  3. Hernández de León, El Capítulo de las Efemérides. 10 de marzo de 1566.
  4. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1883) [1690]. Zaragoza, Justo; Navarro, Luis, ed. Recordación Florida. Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala II. Madrid, España: Central.

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27 de enero de 1553: los dominicos celebran su primer capítulo provincial

Se celebra el primer capítulo provincial de la Orden de Predicadores en Guatemala

27enero1553
La catedral de Cobán, en Alta Verapaz, en 1887.  En lo alto de la fachada se puede observer hoy en día el escudo de la Orden de Predicadores, ya que esta fue una de sus principales ubicaciones en Guatemala.  Imagen tomada del libro «Guatemala, The land of Quetzal«. En el recuadro: el escudo de la Orden.

La conquista de Guatemala no pudo ser menos glamorosa: no fue más que la invasión de unas cuantas decenas de aventureros españoles sin ningun futuro en su tierra natal, acompañados de miles de indígenas tlaxcaltecas y cholultecas que se habían aliado a los invasores europeos para dominar a sus vecinos tanto en México como en Guatemala.1

Como resultado, los pueblos conquistados fueron sometidos a una serie de vejámenes y esclavitud por parte de los invasores, cuya codicia era desenfrenada, lo que motivó a que llegaran a la región frailes y sacerdotes de las órdenes regulares para intentar poner un poco de orden a la situación.1

Una de las primeras órdenes en llegar a la region fue la poderosa Orden de Predicadores, conocida también como la Orden de los Dominicos la cual una vez establecida realizó su primer capítulo provincial el 27 de enero de 1553. A partir de allí sus esfuerzos fueron encaminados a la conquista pacífica de indígenas por medio de las Capitulaciones de Tezulutlán en 1537, resultando en la formación de la región de la Vera Paz. Intentaron también pacificar a los itzáes en Petén, pero no pudieron y varios de los frailes murieron en el intento.2

Una vez establecidas las otras órdenes regulares en la región, se dividieron el área de Guatemala en la cual establecieron sus doctrinas —poblados de indígenas a quienes impartían la religion católica a cambio de que trabajaran en sus enormes haciendas—; de esta forma, los mercedarios se establecieron en la region de Chiapas, Soconusco, Huehuetenango y San Marcos, los Franciscanos en la costa sur del país y los Dominicos en Quiché, Escuintla, Sacatepéquez, y la Vera Paz.3,4 Es posible todavía ver los vestigios de la enorme hacienda de San Jerónimo que los dominicos poseyeron en el valle en donde hoy en día se encuentran los poblados de Salamá y San Jerónimo en Baja Verapaz.

Los dominicios fueron los únicos frailes que no tuvieron que entregar sus doctrinas al clero secular en la segunda mitad del siglo XVIII gracias a su enorme influencia en la corona española, pero finalmente fueron expulsados del país y perdieron sus propiedades cuando Francisco Morazán invadió a Guatemala en 1829, ocho años después de la Independencia de Centroamérica.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pons Sáez, Nuria (1997). La conquista del Lacandón. México: Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 968-36-6150-5.
  2. Ximénez, Francisco (1999). Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la orden de predicadores. Vol. I, libro II, capítulo=XII. Tuxtla Gutiérrez: Gobierno del estado de Chiapas. ISBN 968-5025-10-X.
  3. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  4. — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

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