11 de junio de 1829: las nuevas autoridades liberales obligan al arzobispo Ramón Casaus y Torres y a la mayoría de ordenes regulares a salir al exilio

Antigua fuente que se encontraba en el atrio de la Iglesia de La Recoleccion en la Ciudad de Guatemala.  Fotografía de Alberto G. Valdeavellano.

El general Francisco Morazán invadió a Guatemala luego de que el presidente Federal Manuel José Arce se aliara con los conservadores guatemaltecos y fuera separado de su cargo por estos tras el desastre militar de Milingo en 1827. Morazán se alzó con el triunfo el 12 de abril de 1829 y pocos meses después, dispuso salir de los principales aliados de los aristócratas: los frailes regulares y la cúpula del clero secular.

La noche del 10 al 11 de junio de 1829, llegaron sigilosamente los delegados de la autoridad al Palacio Arzobispal y sacaron al arzobispo Ramón Casaus y Torres todavía en camisa de dormir, lo obligaron a empacar y lo sacaron camino a la costa del Norte montado en una mula.  No les importó en lo más mínimo que la mañana era nebulosa y amenazaba lluvia.

Igual suerte corrieron los frailes de Santo Domingo, La Recolección y San Francisco; todos fueron enviados a Omoa, en fueron embarcados con destino a la Isla de Cuba, que todavía era posesión española y los recibió con los brazos abiertos.  Solamente se salvaron los frailes de la Merced y los hospitalarios de Belén quienes no participaban activamente en política.

Cuando llegó a la Habana Casaus y Torres se dedicó a buscar todos los medios para atacar a los liberales en el poder. Y fue tal la agitación causada en Guatemala gracias a la distribución de las pastorales que escribiera por los curas párrocos que predicaban en el área rural, que hubo revueltas indígenas en San Agustín Acasaguastlán y Zacapa.  La autoridad se vio así en un grave problema y tuvo que expedir un decreto por el declara al arzobispo enemigo de la Patria el 13 de junio de 1830:

1. — Se declara traidor a la patria al Arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus.

2. — Se declara que el mismo Arzobispo ha perdido los derechos de ciudadano, conforme a lo dispuesto en el párrafo 1, artículo 20 de la Constitución federal.

3. — En consecuencia queda extrañado perpetuamente del territorio del Estado, y su silla
vacante.

4. — Mientras se provee canónicamente el Arzobispado, sus rentas entrarán a la tesorería.  Los bienes particulares de fray Ramón, serán ocupados con arreglo a lo dispuesto en el decreto de 23 de noviembre último.

5. — El Cabildo eclesiástico nombrará Vicario y Gobernador general del Arzobispado, arreglándose a lo dispuesto en el derecho canónico;  pero el que así fuere nombrado, no entrará a ejercer su cargo sin aprobación previa del gobierno.

6. — Es prohibida, de hoy en adelante toda comunicación con el expresado fray Ramón Casaus, a quien se considerará enemigo público.

7. — El gobierno cuidará de informar a Su Santidad sobre todo lo ocurrido, activando las
disposiciones prevenidas en el decreto de 5 de diciembre del año próximo pasado.

8. — El mismo gobierno hará imprimir y publicar los documentos principales que demarcan la conducta hostil del Arzobispo, a quien se le intimará el presente decreto.

Este decreto tambien dejo sin el beneficio del diezmo obligatorio al clero secular, dejando a los curas párrocos en situación muy difícil.  Pero a pesar de todo esto, siguieron azuzando el ánimo de los campesinos indígenas. Conforme pasó el tiempo el gobierno liberal fue poniendo de su parte para facilitar la labor de los curas; primero, cuando hizo negocios con los ingleses protestantes, y luego cuando estableció un impuesto individual excesivo para los indígenas y cuando promulgó los códigos de Livingston que autorizaban el matrimonio civil y el divorcio. Todo eso, aunado al resentimiento por la expulsión del arzobispo, hizo que estallara la revolución campesina en 1837 cuando el gobierno quiso imponer unos cinturones sanitarios para evitar la propagación de la epidemia del cólera, impidiendo que las comunidades rurales tuvieran acceso a sus fuentes de agua.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

9 de noviembre de 1812: las cortes españolas eximen a los indígenas de la prestación de servicios y raciones a los curas párrocos, y los obliga a pagar diezmo como el resto de pobladores coloniales

Ruinas de la Ermita del Espíritu Santo en la ciudad de Antigua Guatemala.  En dicha ciudad abundaban los templos católicos tanto regulares como seculars.  Imagen tomada por Juan José de Jesús Yas aproximadamente en 1910.

Si bien hubo in cambio en la orientación de la Iglesia Católica luego del Concilio Vaticano II en la década de 1960 cuando se puso mucho énfasis en el servicio social de los eclesiásticos, anteriormente sus miembros habían gozado de amplios privilegios.

Durante la época colonial, por ejemplo, el clero secular estaba obligado a tener bajo su cuidado las diferentes parroquias de poblados indígenas, a cambio de los cual recibía servicios y alimentos gratuitamente por parte de los pobladores.  Este beneficio era tan deseado por el clero, que las órdenes regulares que formaron las doctrinas originales en el siglo XVI, se resistieron a entregarlas a las parroquias seculares hasta la segunda mitad del siglo XVIII y solamente porque las relaciones entre la Corona y la Iglesia se resquebrajaron.

La época turbulenta que vivió España en la década de 1810 luego de la invasión napoleónica favoreció que se emitieran leyes que modificaran muchas de las prestaciones que tenían los eclesiásticos. Si bien muchos de los diputados a las Cortes eran miembros de la Iglesia, muchos de los cambios propuestos prosiguieron y llegaron a convertirse en leyes, entre ellos la eliminación del trabajo gratuito que los pobladores indígenas hacían para sus curas párrocos.

Cuando Fernando VII recuperó el trono derogó las leyes de las cortes, hizo prisioneros a los diputadores y restableció muchos de los privilegios de la Iglesia.  En Guatemala, tras la Independencia de Centroamérica los eclesiásticos mantuvieron su posición de élite hasta 1829, en que el partido conservador fue derrotado por los ejércitos liberales de Francisco Morazán quien expulsó a todos los frailes de Centroamérica y le quitó todos los privilegios al clero secular.

Tras la derrota de Morazán a manos de Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala en 1840, el gobierno conservador se restructuró en el Estado de Guatemala y debido a que la revolución era eminentemente católica, restableció todos los privilegios que la Iglesia había tenido hasta 1829.  Dichos beneficios se mantuvieron vigentes hasta el proceso de Reforma Liberal iniciado por J. Rufino Barrios en 1873.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

30 de agosto de 1567: por Real Cédula, el rey Felipe II ordena al arzobispo de México enviar a un visitador para investigar supuestos delitos del Obispo de Guatemala, Bernardino de Villalpando

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Plaza central de Mazatenango, Suchitepéquez con el templo franciscano a la izquierda.  Esta fue la única provincial que el obispo Villalpando (en el recuadro) logró quitar a las órdenes monásticas.  La fotografía es una composición: Mazatenango en 1875 de Eadweard Muybridge y el retrato del Obispo de una composición realizada por Juan José de Jesús Yas a finales del siglo XIX.

El poder las órdenes regulares de la Iglesia Católica durante la época colonial casi no tuvo oposición ni por las autoridades españolas, ni por los representantes del poder criollo, ni por los miembros del clero secular, ya fuera con el obispo o con el arzobispo a la cabeza.  Fue hasta en 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles, que dicha influencia empezó a mermar.

Antes de que se cumpliera la Pragmática Sanción que expulsó a los jesuitas, hubo un obispo que intentó oponerse a las órdenes religiosas, pero no por su animadversion hacia ellas, sino por cumplir con lo dispuesto en el Concilio de Trento, que había indicado que las doctrinas indígenas tenían que pasar al control del clero secular, y ya no estar controladas por los frailes (conocidos también como religiosos regulares).

Este proceso de secularización fue emprendido por el obispo Bernardino de Villalpando con todo rigor, logrando despojar a la orden de San Francisco de su provincial en Suchitepéquez, y luego intentó hacer lo mismo con las provincias que éstos tenían en Totonicapán y Quetzaltenango.

Pero de nada valieron sus edictos para evitar que los frailes fungieran como curas párrocos, pues para éstos, las doctrinas (o poblados de indígenas) eran sumamente rentables y les reportan generosos ingresos en sus haciendas, ingenios y trapiches.  Los religiosos regulares, principalmente los dominicos y los franciscanos gozaban de gran influencia en la corte del rey Felipe II (quien prácticamente vivía enclaustrado en un monasterio) y se quejaron con el gobernante, quien emitió  una Real Cédula el 30 de agosto de 1567 por medio de la cual solicitaba al arzobispo de México que enviara un visitador a Guatemala para investigar los “abusos” que estaba cometiendo el obispo Villalpando.    Asimismo, el papa Pío V envió dos bulas en las que ratifica a las órdenes religiosas su privilegio de fungir como curas.

Al darse cuenta de que estaba remando contra la corriente, el obispo guatemalteco, salió de la ciudad y empezó a recorrer su diócesis, hasta que lo encontraron muerto en su casa en el actual El Salvador, en agosto de 1569.

BIBLIOGRAFIA:

 

25 de abril de 1667: fallece el Hermano Pedro San José de Betancur en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

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Ermita de El Calvario en Antigua Guatemala.  Fue construida por el entusiasmo del Hermano Pedro en el siglo XVII.  Fotografía de Juan José de Jesús Yas a principios del siglo XX.  Imagen tomada de Wikimeda Commons.

Pedro de San José Betancur nació en Tenerife, entonces parte del Imperio Español, el 21 de marzo de 1626 y es conocido entre los guatemaltecos simplemente como el “Hermano Pedro” o “santo Hermano Pedro”. Entre muchas cosas, fue un religioso terciario franciscano y misionero español, fundador de la Orden de los Betlemitas.

Betancur era descendiente de guanches y canarii, es decir los antiguos aborígenes de las islas de Tenerife y Gran Canaria respectivamente así como de repobladores castellanos en el Tenerife del siglo XVI. El apellido Betancur era originalmente Bethancourt, de origen normando, sufriendo cambios a Bethancur, Betancurt, Bethancourt y Betancur.

De su vida en Tenerife se cuenta que solía permanecer en la ahora famosa cueva que lleva su nombre, que está situada en El Médano en el sur de la isla, y que utilizaba Betancur como refugio con su ganado durante el invierno, como lugar de oración y como escondite para resguardarse de los piratas.

A los 23 años abandonó su tierra natal, se embarcó hacia América saliendo desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife y llegó a La Habana en Cuba en donde estuvo acogido por más de un año en la casa de un clérigo natural de Tenerife. Al año siguiente, embarcó hacia Honduras, y de ahí se trasladó a Guatemala.

Apenas desembarcar en Guatemala sufrió una grave enfermedad, durante la cuál tuvo la primera oportunidad de estar con los más pobres y desheredados. Tras su recuperación inició estudios eclesiásticos en el Colegio de San Lucas de la Compañía de Jesús pero acabó profesando como terciario franciscano en el Convento de San Francisco en la Ciudad de Santiago de Los Caballeros de Guatemala.

Fundó centros de acogida para pobres, indígenas y vagabundos. Otros terciarios lo imitaron, y fundó la Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem en 1656, con el fin de servir a los pobres. El hermano Pedro es considerado el gran evangelizador de las Indias Occidentales, del mismo modo que san Francisco Javier lo es de las Indias Orientales. El santo atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, y fue un precursor de los Derechos Humanos.

Uno de sus mayores deseos fue el volver a su tierra y hacer una peregrinación al Santuario de la Virgen de Candelaria, patrona de las Islas Canarias. Sin embargo, el hermano Pedro no vería cumplido su deseo debido a su muerte repentina el 25 de abril de 1667, apenas a los 41 años de edad. Sus restos se encuentran en la Iglesia de San Francisco en la Antigua Guatemala donde es visitado por miles de fieles todos los años.

Betancur ha estado sepultado en la iglesia de San Francisco en la Antigua Guatemala desde su muerte, pero en diferentes ubicaciones:

  1. 1667-1684: sacristía Antigua
  2. 1684-1692: transeto sur
  3. 1703-1817: alacena inmediata al altar mayor, pared sur
  4. 1817-1990: capilla de la Tercera Orden
  5. 1990- : capilla Vera Cruz (remodelada para el efecto con tallas de José Nicolás).

Por la presencia de los restos mortales del Hermano Pedro, la iglesia de San Francisco fue elevada a la calidad de santuario arquidiocesano por el arzobispo de Guatemala, cardenal Rodolfo Quezada Toruño, el 30 de julio de 2003.

BIBLIOGRAFIA: