20 de febrero de 1947: se publica el Código de Trabajo

El gobierno del Dr. Juan José Arévalo decreta el Código de Trabajo, el cual entraría en vigor el 1 de mayo de ese año.

20febrero1947
El Estadio de La Revolución en 1950. Fue construido por el gobierno del Dr. Juan José Arévalo y luego se le cambió el nombre por «Mateo Flores» y «Doroteo Guamuch Flores» en honor al ganador de la Maratón de Boston de 1952. En el recuadro: el capitán Jacobo Arbenz, el mayor Francisco Javier Arana y el Dr. Juan José Arévalo en la toma de posesión de éste en 1945. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Una de las principales leyes emitidas por el gobierno revolucionario del Dr. Juan José Arévalo fue el Código de Trabajo, el cual fue aprobado por el presidente el 17 de febrero de 1947, fue publicado el 20 de febrero en el Diario Oficial, y entró en vigencia el 1 de mayo de ese mismo año, para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.

El documento es sumamente extenso, pero reproducimos aquí los considerandos del Congreso de la República y la autorización del presidente Arévalo por su importancia histórica:1, Nota

Decreto Número 330

Que es urgente e inaplazable emitir un Código de Trabajo que regule sobre bases de bien entendida equidad las relaciones entre patronos y trabajadores y que por ser ésta una de las más trascendentales reformas hasta ahora emprendidas en Guatemala conviene, desde ahora, adoptar todas las medidas conducentes a garantizar su feliz aplicación a nuestro medio;

Considerando: que la más eficaz de esas medias consiste en la determinación de una norma ideológica, precisa y uniforme que tanto sirve para deslindar el campo de aplicación del Derecho de Trabajo del que es propio del Derecho Común, como para guiar obligatoriamente por los buenos principios a las autoridades encargadas de administrar e interpretar el Código de Trabajo, a patronos y trabajadores;

Considerando: que esas características ideológicas del Derecho de Trabajo y, en consecuencia, también las del Código de Trabajo, por ser éste una concreción de aquél adaptada a la realidad de Guatemala, se pueden resumir así:

      1. El Derecho de Trabajo es un derecho tutelar de los trabajadores, puesto que trata de compensar la desigualdad económica de éstos otorgándoles una protección jurídica preferente;
      2. El Derecho de Trabajo constituye un minimum de garantías sociales protectoras del trabajador, irrenunciables únicamente para éste y llamadas a desarrollarse posteriormente en forma dinámica, en estricta conformidad con las posibilidades de cada empresa patronal, mediante la contratación individual o colectiva y, de manera muy especial, por medio de los pactos colectivos de condiciones de trabajo;
      3. El Derecho de Trabajo es un derecho necesario e imperativo, o sea, de aplicación forzosa en cuanto a las prestaciones mínimas que conceda la ley, de donde se deduce que esta rama del Derecho limita bastante el principio de la «autonomía de la voluntad» propio del Derecho Común, el cual supone erróneamente que las partes de todo contrato tienen un libre arbitrio absoluto para perfeccionar un convenio, sin que su voluntad esté condicionada por diversos factores y desigualdades de orden económica-social;
      4. El Derecho de Trabajo es un derecho realista y objetivo: lo primero, porque estudia al individuo en su realidad social y considera que para resolver un caso determinado a base de una bien entendida equidad es indispensable enfocar ante todo la posición económica de las partes y lo segundo, porque su tendencia es la de resolver los diversos problemas que conmotivo de su aplicación surjan, con criterio social y a base de hechos concretos y tangibles;
      5. El Derecho de Trabajo es una rama del Derecho Público, por lo que al ocurrir su aplicación, el interés privado debe ceder ante el interés social o colectivo; y
      6. El Derecho de Trabajo es un derecho hondamente democrático porque se orienta a obtener la dignificación económica y moral de los trabajadores, que constituyen la mayoría de la población, realizando así una mayor armonía social, lo que no perjudica, sino que favorece los intereses justos de los patronos; y porque el Derecho de Trabajo es el antecedente neesario para que impere una efectiva libertad de contratación, que muy pocas veces se ha contemplado en Guatemala, puesto que al limitar la libertad de contratación puramente jurídica que descansa en el falso supuesto de su coincidencia con la libertad económica, impulsa al país fuera de los rumbos legales individualistas; que sólo en teoría postulan la libertad, la igualdad y la fraternidad;

Considerando: que para la eficaz aplicación del Código de Trabajo también es necesario crear un sistema flexible y moderno de Tribunales de trabajo y previsión social, integrados por funcionarios competentes e imparciales así como un conjunto de normas procesales sencillas y desprovistas de mayores formalismos, que permitan administrar justicia pronta y verdadera; y que igualmente es necesario crear un Ministerio especializado en materias de trabajo y previsión social a fin de que el Organismo Ejecutivo pueda resolver con acierto los problemas que van a surgir con motivo de la opeación y desarrollo de la legislación social; y

Considerando: que  otras de las medidas mencionadas en el considerando inicial consisten en que todas las autoridades encargadas de aplicar el Código de Trabajo en nuestro medio deben orientar su acción y esfuerzos hacia la consecución de un creciente equilibrio social, tratando de proteger a los trabajadores en armonía con los intereses justos de los patronos y con las exigencias de progreso de la economía nacional; en que la aplicacion del Código de Trabajo se haga con toda la firmeza que las circunstancias exijan, pero también con toda la prudencia que demandan las actuales condiciones sociales por que atraviesa el país, entre las que se destancan el problema del crecido analfabetismo, la falta de integración al conjunto de la nacionalidad de grandes masas indígenas, la relativa inexperiencia que hay en Guatemala sobre cuestiones de trabajo y otras más que sería largo enumerar; y, fundamentalmente, que la administración e interpretación de la legislación de trabajo debe realizarse con criterio eminetemente técnico para dar confianza y estimulo al capital y al trabajo por ser ambos los dos factores básicos en que descansa la estructura democrática nacional. […]1

Este Código debe entrar en vigor el primero de mayo del año en curso, en conmemoración del Día del Trabajo.

Dentro de los ocho meses posteriores a su promulgación, el Organismo Ejecutivo puede emitir, por vía de reglamento, todas las otras disposiciones transitorias que demande la mejor organización de las instituciones que el presente Código crea o que exija la mejor adaptación a la realidad nacional de las disposiciones del mismo y ue, en uno u otro caso, se hayan omitido en este capítulo.

Pase al Organismo Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Congreso: en la Ciudad de Guatemala, a los ocho días del mes de febrero de mil novecientos cuarenta y siete, año tercero de la Revolución.

        • Gerardo Gordillo Barrios, presidente
        • Ricardo Asturias Valenzuela, secretario
        • Egil Ordoñez M., secretario

Palacio Nacional: Guatemala, diez y siete de febrero de mil novecientos cuarenta y siete.

Publíquese y cúmplase.


NOTAS:

  • El lector interesado en aquel Código original puede encontrarlo en los enlaces presentados en las Bibliografía.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Rosendo P. (1949) Recopilación de las leyes de la Republica de Guatemala, 1946-1947.  LXV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 840-841.
  2. Ibid., p. 902.

Viernes de Dolores de 1947: entierran a la Huelga de Dolores

Tras amenazas de los militares, los estudiantes universitarios «entierran» la Huelga de Dolores en vez de realizar el desfile bufo

dolores1947
Entrada de la antigua Facultad de Medicina y Cirugía en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Aquí fue donde el Honorable Comité enterró a la Huelga en 1947. En el recuadro: el desfile fúnebre de la Huelga de ese año. Imágenes tomadas de Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos y de Aprende Guatemala.

Con la Huelga de Dolores de 1945 se inició una nueva tradición: la Velada Estudiantil en la que los estudiantes presentaban varios números satíricos con escasa calidad pero que eran muy bien recibidos por el público asistente, que llenaba el entonces lujoso Cine Lux, en la Sexta Avenida de la Ciudad de Guatemala1 y que en el siglo XXI, se ha convertido en el Centro Cultural de España en Guatemala.2

Durante la velada de 1947, un grupo de estudiantes de medicina presentaron un número en el que se burlaban de los cadetes de la Escuela Politécnica; pero a éstos no les agradó el número en lo absoluto, en especial las parte en que los estudiantes universitarios cantaban a coro:

«…los cadetes dicen pío, pío, pío,
cuando tienen hambre, cuando tienen frío…
…y aunque no lo crean, somos los campeones,
entre los huevones, pío, pío, pío.»1

Algunos oficiales se subieron al escenario y uno de ellos lanzó una bomba lacrimógena mientras que otra amenazaba a uno de los miembros del Honorable Comité de Huelga con una pistola. antes de que la situación se saliera de control, varios estudiantes pararon a los agresores, pero el espectáculo terminó abruptamente y varios militares ofrecieron impedir el desfile por la fuerza. El Honorable Comité de Huelga deliberó y consideró que detrás de ese altercado había un deseo de los políticos opositores de la época de provocar un grave problema al gobierno del Dr. Juan José Arévalo y decidieron «enterrar» La Huelga, por lo que ordenaron cancelar todos los número satíricos, y pedir a los estudiantes que marcharan en silencio, vestidos de luto, escoltando un féretro que, juntamente con el «No Nos Tientes«, se enterró frente a la Facultad de Medicina, la cual en ese entonces estaba en donde ahora funciona el Paraninfo Universitario en el Centro Histórico.1

Al año siguiente, con todo jolgorio, los estudiantes revivieron la Huelga con el siguiente verso:

«¡El año pasado en esta velada
quisieron callarnos con la fuerza armada!
Pero enalteciendo su honrada memoria
la Huelga enterramos con toda su gloria.»

«Este año venimos con fuerza y con brío
a darle al Gobierno en el mero fondillo,
los flatos y el miedo dejando a un lado
invicto prosigue el estudiantado.»1

El «No Nos Tientes» de 1948 apareció puntualmente durante la noche anterior el Viernes de Dolores —como se acostumbraba ya desde 1945— y alrededor de las 8 de la mañana del viernes, en una ceremonia improvisada, encabezada por los huelgueros de la generación del 20 —quienes en su mayoría simpatizaban con los grupos que no veían con buenos ojos al gobierno arevalista—, se desenterró el féretro y luego comenzó el tradicional desfile. Así pues, si en 1947 no hubo periódico estudiantil, en 1948 los guatemaltecos pudieron disfrutar de dos ediciones.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guzmán Böckler, Carlos:  La Huelga de Dolores que viví con mi generación (1945-1977).  Guatemala: Universitaria.
  2. Cooperación Española (3 de junio de 2013) Centro Cultura de España en Guatemala, nueva sede en el Lux.  Embajada de España.

15 de marzo de 1945: Arévalo asume la presidencia de la República

Asume la presidencia de la República de Guatemala el doctor Juan José Arévalo Bermejo

Acto de toma de posesión del Dr. Juan José Arévalo como presidente de la República. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 15 de marzo fue la fecha elegida por los gobiernos liberales para iniciar los períodos gubernamentales.  Esta costumbre se mantuvo durante los gobiernos revolucionarios, que utilizaron la misma fecha para la toma de posesión.

El primero gobierno revolucionario fue el del Dr. Juan José Arévalo, de tendencia socialista espiritual,1 quien empezó a promulgar leyes a favor de los trabajadores, las cuales tuvieron su origen en el «New Deal» que impulsó el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt.2 Entre las leyes e instituciones implementadas estuvo el Código de Trabajo,3 la ley del Servicio Civil, los sindicatos , el Instituto Guatemalteco de Seguro Social4 y grandes cambios en la educación.5

Reproducimos a continuación parcialmente el manifiesto que el Dr. Arévalo hizo a la población el 10 de febrero de 1945, al confirmarse que había sido electo como presidente de la República, ya que incluye algunos aspectos importantes de la historia guatemalteca:

Compatriotas:

Por decreto de la Asamblea Nacional Legislativa, he sido proclamado electo de la República para el próximo período constitucional.  Queda así satisfecha, hasta en sus fórmulas legales, la voluntad popular expresada mayoritariamente en los comicios de diciembre, después de una campaña política que no dejó lugar a dudas con respecto a las preferencias populares.

Corresponde que diga, una vez más, mi palabra de gratitud hacia todos aquellos que actuaron decisivamente para el triunfo de la causa popular.  Un valor cívico, pocas veces demostrado por pueblo alguno, coronó los esfuerzos del nuestro, fatigado de gobiernos dictatoriales e impopulares. La resolución de los guatemaltecos de darse un gobierno por su propia voluntad, triunfa en forma espectacular.  Y ya puedo afirmar, por la correspondencia que he recibido desde el veinte de diciembre, que toda América admira y aplaude la explosión juvenil de Guatemala y su triunfo cívico.  Después de ser famosa por sus dictadores, los fusilamientos y las torturas, Guatemala es ahora ejemplo para todos los pueblos que luchan por la libertad.6

[…]

Tras el saludo inicial, Arévalo acusó a sus rivales de la contienda presidencial de no portarse decorosamente tras conocer el resultado de las elecciones:

La Junta Revolucionaria de Gobierno […] otorgó también una libertad sin restricciones, precisamente porque nos hallábamos en plena campaña electoral, dando así a todos los partidos igualdad de oportunidades en su acción proselitista.  Los partidos minoritarios aprovecharon esta libertad hasta llegar a las elecciones de diciembre; pero una vez conocidas las cifras impresionantes que confirmaban su escasa simpatía en el ánimo popular, emprendieron una campaña de calumnias y de injurias a la Junta Revolucionaria, al candidato electos por las seis séptimas partes del total de los electores, a los partidos triunfantes por la coalición arevalista. En un mal disimulado rencor de vencidos, propalaron por sistema la afirmación de que las elecciones habían sido fraudulentas e hicieron llegar al extranjero tal noticia. Califiquen los actores y los espectadores de nuestra lucha política cual es el grado de civismo que hay en esa queja.

Aparte de esta postura poco caballerosa, de negarse a reconocer la realidad de su derrota, algunos partidos minoritarios, haciendo uso y abuso de la libertad de prensa y de opinión, montaron toda una maquinaria de chismes de aldea, calumnias delictuosas, injurias provocativas y rumores alarmistas, que han producido en el ánimo de las gentes ingenuas un estado de zozobra y de desquiciamiento social y económico, de efectos perniciosos para la vida nacional.7

Y continuó, arremetiendo contra la apariencia de legalidad que otorgaba la Constitución de 1879:

[…] La Asamblea Nacional Constituyente se reúne para redactar la primera Constitución de la República que haya de cumplirse toda y siempre.  El nuevo estilo moral creado por la Revolución, exige un nuevo instrumento legal, a fin de no adoptar aquellos textos que jamás tuvieron vigencia dentro de la simulación legalista en que vivíamos. Una revolución de la profundidad de la nuestra, no podía conformarse con aderezar algunos artículos de las constituciones incumplidas.[…]

Con respecto a la fecha de su toma de posesión, Arévalo dijo lo siguiente:

Según lo ha declarado la Junta Revolucionaria, días después de promulgada la Constitución asumiré las funciones de Presidente de la República.  Mientras no haya Constitución, la Junta Revolucionaria de Gobierno actuará con la plenitud de su autoridad y con mi más absoluta confianza, sin que en su labor -como hasta hoy- tenga yo la menor ingerencia.  Los altos intereses de la Revolución y cierta angustia popular, indican que deben realizarse todos los esfuerzos para acabar cuanto antes la Constitución, y sería de desear que el 15 de marzo se diera comienzo al período constitucional de Gobierno.  […]8

En otra parte, acusó a los criollos liberales de tratar de desmerecer lo realizado por la Junta de Gobierno:

[La] labor profundamente patriótica, valiente y desinteresada [de la Junta Revolucionaria de Gobierno] no puede empañarse con sospechas de ninguna especie, originadas todas en círculos de la vieja escuela cabrerista, que desearía quebrantar la gran unidad del movimiento revolucionario.  […] Nuestra liberación política, obra del pueblo, se concretó por la hazaña de ellos. El lujo de haber disfrutado de elecciones libres le debe a ellos el pueblo de Guatemala.  […] Solamente los adversan y calumnian aquellos para quienes la democracia y la libertar consisten en «estar en el gobierno»: si ellos no están en el gobierno, no hay democracia ni hay libertad.9

Y también acusó a algunos de los ministros de la Junta revolucionaria de Gobierno de estar entorpeciendo las políticas de la Revolución aprovechando su alto puesto:

Guatemala renace apresuradamente, gracias a la labor de esos muchachos. No lo han hecho todo porque en cuatro meses tempestuosos no se puede transformar completamente a un país, y porque todavía no han presentado su renuncia funcionarios públicos adversarios de la ideología revolucionaria, que en forma visible o embozada han estado saboteando la revolución o protegiendo las maniobras reaccionarias desde sus altos cargos. Pero la Junta Revolucionaria ha hecho y sigue haciendo todo lo que está en sus posibilidades, según lo permiten la situación política, los recursos económicos y la conducta de los agitadores de la reacción.9

En otra parte de su manifiesto, Arévalo describió tal cual al servilismo del pueblo, y en especial de los criollos liberales, para con los gobiernos dictariales:

El halago permanente, el regalo adulón, el elogio indebido, los actos oficiales con aparato de solemnidad religiosa, el cumpleaños convertido en fiesta patria, las condecoraciones al gobernante, la triplicación de sueldos, a base de pensiones, la justicia consultada al ejecutivo, los legisladores llamados a la casa de gobierno, la adjudicación de virtudes que el gobernante no tiene, etcétera, etcétera; no fueron sino las formas apartosas de un fondo de abyección moral y política que perduraba en las esferas oficiales por obra de la escuela de Estrada Cabrera. […]10

[…] Aquellos que fueron absolutamente serviles durante los catorce años, los vemos ahora entregados a una furia de insolencia y de altanería contra las autoridades de la revolución, contra el Presidente electo, contra el pueblo mismo que ha producido la revolución y ha elegido al Presidente. […] Los cabreristas están por eso, condenados aparentamente a dos posibilidades: a vivir arrodillados ante el gobierno que les da empleo, o a emberrincharse en una prédica subversiva hasta asustar a algún gobierno y se les dé empleo.11

[…] Y como entendemos la oposición política simplemente como obligación de atacar, dirigimos esa conjtura en línea que perjudique más al gobierno, y entonces queda convertida la libertad psicológica de conjeturar en libertad «legal» de calumniar al adversario. La calumnia ha venido a constituir, por eso, el arma natural de ciertos partidos políticos. Así dijo el poncismo, que yo había utilizado un doble pasaporte al salir de la Argentina; así dijeron ellos mismos, que yo traía dinero nazi; así han afirmado los herederos del poncismo en nuestros días, que la misión Toriello había ido a Washington por orden mía para obtener dinero en los Estados Unidos.12 O el caso […] de los recinistas que con su torpe propaganda hicieron cundir en Suchitepéquez, Sololá y Chimaltenango, la especie de que Arévalo iba a castrar a los indígenas y a secuestrar a todas sus mujeres. Nosotros, los cultos, nos reiríamos de ese elemento de propagando política, pero los dos millones de indígenas no se reían.13

Y en cuanto al ejército, dijo algo que luego sería desmentido en la práctica tras el asesinato del coronel Francisco Javier Arana el 18 de julio de 194914

[…] Consiguieron crear en las filas de nuestro ejército un recelo de los oficiales de línea con respecto a los oficiales académicos, pues la reacción ha difundido la especie de que el ejército será organizado aristocráticamente con la exclusiva utilización de los oficiales de escuela.  […] Por fortuna, la alianza revolucionaria acordada entre el Mayor Arana y el Capitán Árbenz y la integración de la Junta Revolucionaria de Gobierno con el ciudadano Jorge Toriello, constituyen ya un afortunado mentís a todos esos embustes.[…] La permanencia del Mayor Arana y del Capitán Árbenz en altos cargos del gobierno militar durante todo mi período y la estrecha amistad de ellos y del ciudadano Toriello con el Presidente de la República, constituirán finalmente una garantía de que ya no será posible quebrantar esta poderosa unidad revolucionaria.[…]15

Finalmente, con respecto a su orientación socialista dijo:

La circunstancia de haber sido yo el primer candidato a la presidencia que se ha confesado pensar con mentalidad socialista, ha servido de precioso elemento de propaganda, principalmente entre los capitalistas extranjeros y guatemaltecos. A todos aquellos, que se han dejado impresionar por esta prédica interesada, les recuerdo una noción elementalísima: la de que un gobernante puede ser católico sin que eso signifique que impondrá obligatoriamente la religión católica a todos los habitantes del país, y que por lo mismo, un gobernante puede ser socialista, sin que eso signifique organizar necesariamente el país en forma socialista.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Bermejo, Juan José (1945). El Presidente Electo al Pueblo de la República. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 16.
  2. McJimsey, George (2000). The Presidency of Franklin Delano Roosevelt. (en inglés) University Press of Kansas. ISBN 978-0-7006-1012-9. pp.: 107-108.
  3. Méndez, Rosendo P. (1949) Recopilación de las leyes de la Republica de Guatemala, 1946-1947.  LXV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 840-841.
  4. Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (2021) Inauguración del IGSS. Guatemala: Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
  5. Cach, Mónica (11 de febrero de 2014). «Historia de la educación en Guatemala». Monografías en línea
  6. Arévalo Bermejo, Juan José (1945). El Presidente Electo al Pueblo de la República. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 3.
  7. Ibid., p. 4.
  8. Ibid., p. 5.
  9. Ibid., p. 6.
  10. Ibid., p. 8.
  11. Ibid., p. 9.
  12. Ibid., p. 12.
  13. Ibid., p. 13.
  14. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 527-552.
  15. Arévalo Bermejo, El presidente Electo al Pueblo de la República, p. 14.

18 de julio de 1949: asesinato del coronel Francisco Javier Arana

Asesinato del coronel Francisco Javier Arana en el Puente «La Gloria» en Amatitlán, punto de inflexión en los gobiernos revolucionarios

18julio1949
Vistas de Amatitlán a principios del siglo XX.  En la primera imagen se observa el Puente «La Gloria», que es donde asesinaron el coronel Arana en 1949.  Fotografía de Hamilton M. Weight.

La muerte del coronel Francisco Javier Arana, entonces Jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, fue el hecho que marcó un antes y un después en los gobiernos revolucionarios ya que a partir de ese momento se consolidó la candidatura presidencial del teniente coronel Jacobo Arbenz Guzman, entonces Ministro de la Defensa Nacional del gobierno del doctor Juan José Arévalo.

De acuerdo al historiador Piero Gleijeses, el viernes 15 de julio de 1949, el coronel Francisco Javier Arana, desoyendo a sus consejeros y amigos que le habían aconsejado dar un golpe de estado de una vez en lugar de estar jugando al gato y al ratón con el presidente Juan José Arévalo,  había presentado un ultimatum al gobernante: sustituir a todos sus ministros por colaboradores de Arana antes del 18 de julio a las diez de la noche, lo que constituía en golpe de estado técnico.  Arana optó por este método porque no solamente estaba seguro de su triunfo, sino que no quería pasar a la historia como un golpista, sino presidente constitucional; su plan era que Arévalo capitulara a sus demandas y que Arbenz, quien contaba con la lealtad de oficiales pero no de tropas, dejara el cargo de Ministro de la Defensa, con lo que Arana se haría con el control absoluto del Ejército.  De esta forma, el congreso se acobardaría y Arana tendría al presidente Arévalo donde quería: sin poder oponerse a las ambiciones presidenciales del Jefe de las Fuerzas Armadas.1

Pero Arana no contaba con la sagacidad del presidente Arévalo.  Tan pronto como Arana salió de su despacho, el presidente llamó a Arbenz y a otros colaboradores imporantes y les dijo todo acerca del ultimatum que le había dado el Jefe de las Fuerzas Armas y todos estuvieron de acuerdo en que lo que procedía era enviar a Arana al exilio. Por ello, el 16 de julio, mientras Arana estaba en la propiedad de Barrios Pena, la Comisión Permanente del Congreso de Guatemala, que había sido convocada para analizar modificaciones a la ley del licores,  se reunió en una sesión secreta en la que sus miembros votaron por unanimidad que el Jefe de las Fuerzas Aramadas fuera destituido.1

Ya estaba todo listo para enviar al exilio a Arana, aunque faltaba lo más importante: capturar a Arana desprevenido y evitar que sus correligionarios se alzaran en armas al enterarse de que había sido enviado al exilio.  La oportunidad la puso el mismo Arana en bandeja de plata, ya que cuando el plazo estaba por vencerse, el lunes 18 de julio por la mañana, él se presentó sin previo aviso en el palacio presidencial seguro del triunfo de su estrategia y le dijo al presidente Arévalo que iba a «El Morlón«, la residencia presidencial a orillas del Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas que Arévalo había escondido allí luego de que las autoridades mexicanas las confiscaran a un grupo de exiliados dominicanos miembros de la Legión Caribe que patrocinaba el gobierno arevalista, a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrocar al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Las armas habían sido sustraídas de la base militar del Puerto de San José y ahora iba a confiscarlas en la residencia presidencial. Esto puso sobre aviso a Arévalo, quien supo en donde iba a encontrarse Arana.2

Hábilmente, Arévalo le sugirió a Arana que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón (jefe de la guardia presidencial) lo que confirmó a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Árbenz jamás se atreverían a enfrentase con él.  Pero en cuanto salió Arana, Arévalo llamó a Árbenz , y le dijo que Arana le había dicho en tono «insolente y amenazante» que iba a ir a Amatitlán a confiscar las armas, por lo que le ordenó que se hiciera cargo de la situación.  Por esta razón, el Ministro de la Defensa envió a varios hombres armados, quienes salieron desde la capital en dos carros e iban bajo las órdenes del jefe de la policía, teniente coronel Enrique Blanco y por el diputador del PAR Alfonso Martínez, un oficial retirado y amigo de Árbenz.3

En «El Morlón» todo fue rápido.  Al llegar Arana con sus hombres se encontraron con la residencia presidencial cerrada con candado, pero tras bocinar un par de veces salió el encargado y los llevó al embarcadero, en donde estaba un camión rojo con las armas.  Poco después llegó el coronel Juan José de León, a quien Arana había ordenado hacerse cargo del armamento. Viendo que todo estaba en orden, Arana y sus hombres emprendieron el regreso a la Ciudad de Guatemala, pero cuando llegaron al puente «La Gloria» en Amatitlán, un Dodge gris estaba parado allí obstruyéndole el paso.3 Después de una corta balacera quedaron tres fallecidos: Arana, su asistente el mayor Absalón Peralta y el teniente coronel Blanco. Los testigos presenciales nunca confirmaron cual fue el detonante de los disparos y si la intención había sido capturar a Arana como estaba previsto.4

Al conocerse la noticia de su muerte, la Guardia de Honor (que era leal al fallecido Jefe de las Fuerzas Armadas) se alzó en armas y se iniciaron Fuertes combates en la ciudad, que tardaron veinticuatro horas. Por un momento pareció que los aranistas iban a triunfar aquél 18 de julio, pero no lograron su objetivo porque carecían de un líder que los dirigiera contra las escasas fuerzas leales al presidente que estaban dirigidas por Árbenz, quien demostró mucha sangre fría y habilidad militar.   Por cierto, que el coronel Carlos Castillo Armas, uno de los principales colaboradores de Arana, estaba en Mazatenango observando las elecciones para el Consejo Superior de la Defensa (entidad que iba a proponer al sustituo de Arana cuando éste renunciara a la jefatura de las Fuerzas Armadas para participar en las elecciones presidenciales) y no regresó a la capital a tiempo para hacerse cargo de los alzados, que habían sido tomados por sorpresa por la muerte de su caudillo.4

La versión oficial – propuesta por Arévalo e impuesta por éste a sus ministros, entre los que no se encontraba  Árbenz por estar a cargo de la defensa del gobierno – era que los miembros reaccionarios de la sociedad guatemalteca habían sido los culpables de la muerte del coronel Arana, algo que muchos guatemaltecos vieron con incredulidad desde el principio, pues se sabía que Martínez estaba herido y que éste era incondicional de Árbenz.  Esta versión quedó plasmada en el decreto número 19, por medio del cual se estableció el estado de sitio y en el que firmó el subsecretario de la Defensa Nacional en lugar del Ministro Árbenz:5

Decreto Número 19

El Presidente Constitucional de la República, 

Considerando: que el día de hoy el Coronel Francisco Javier Arana, Jefe de las Fuerzas Armadas y dos oficiales del Ejército, fueron atacados y mortalmente heridos por un grupo sedicioso de asaltantes, lo cual constituye una perturbación grave de la paz y una amenaza para las instituciones del Estado; que es deber del Gobierno de la República tomar todas las medidas y precauciones que las circunstancias demandan para preservar la paz, la seguridad de las personas y los bienes y el orden público gravemente amenazados por actos subversivos como el doloroso episodio acaecido el día de hoy que, presuntamente forma parte de un vasto plan conspirativo; por tanto:

De acuerdo con el Consejo de Ministros y en uso de las facultades que le confieren los artículos 138 y 160 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. A partir del día de hoy se restringen las garantías constitucionales a que se refieron los artículos 25, 27, 31, 33, 34, 35, 36, 37, 43 y 48 de la Constitución de la República; la restricción afecta todo el territorio nacional y durará treinta días.

Artículo 2°. De conformidad con el artículo 160 de la Constitución de la República, se hará cargo interinamente de la Jefatura de las Fuerzas Armadas el Ministro de la Defensa Nacional, Teniente Coronel Jacobo Árbenz Guzmán.

Artículo 3°. Del presente decreto entrará a conocer el Congreso inmediatamente. 

Dado en el Palacio Nacional: a los diez y ocho días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y nueve.

Publíquese y cúmplase.

      • Juan José Arévalo
      • [Siguen las firmas de los ministros de Estado, aunque el teniente coronel Árbenz no firmó, por estas ocupado con la defensa de las posiciones gubernamentales.  En su lugar firmó el subsecretario de la Defensa Nacional, Rafael O’Meany].5

Este decreto presidencial fue ratificado por la Comisión Permanente del  Congreso mediante el decreto siguiente:6

Decreto Número 644

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: que son atendibles las razones expuestas por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, para restringir las garantías constitucionales que expresa el Decreto número 19 del Organismo Ejecutivo;

Considerando: que dada la gravedad de la situación y la alteración de la paz pública es necesario declarar de urgencia nacional el presente decreto; por tanto, decreta:

Artículo 1°. Se ratifica el articulo 1°. del Decreto número 19, emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros.

Articulo 2°. El presente decreto se declara de urgencia nacional, es parobado de conformidad con la segunda parte del artículo 123 de la Constitución de la República y entrará en vigor el día de su publicación en el Diario Oficial.

Pase al Organismo Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Organismo Legislativo; en Guatemala, a los diez y ocho días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y nueve, ano quinto de la Revolución.

      • Mario Monteforte Toledo, presidente
      • Franco. José Silva, secretario
      • Héctor Morgan, secretario6

Los leales al gobierno, engrosadas por obreros a quienes se les dió armas recuperaron el control del Palacio Nacional y de la Policía Nacional, y luego  sitiaron la Guardia de Honor, que también fue atacada por la Fuerza Aérea, pero con bombas obsoletas que muchas veces no estallaron hasta que dicho cuartel finalmente se rindió.  La lucha se dio por concluida con un saldo de ciento cincuenta muertos y más de doscientos heridos.7

A partir de ese momento – y dado que no se hizo una investigación del hecho ni se encontró a los culpables -, se originaron los rumores de un complot par asesinar al coronel Arana, los cuales han persisitido hasta la actualidad y que inculpan directamente a Árbenz de ser el responsable de la muerte de un rival que habría estado robándole protagonismo y seguramente la presidencia en 1951. Y también se ha especulado que Arévalo dio esta orden para traspasar toda la culpa a Árbenz de la muerte del coronel Arana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 542.
  2. Ibid., p. 543.
  3. Ibid., p. 544.
  4. Ibid., p. 545.
  5. Morales Urrutia, Mateo; Azurdia Alfaro, Roberto (1958). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1949-1950.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 197.
  6. Ibid., pp. 111-112.
  7. Gleijeses, Piero, The death of Francisco Arana, p. 547.