24 de marzo de 1838: conferencias de Mataquescuintla entre el gobierno federal y las fuerzas campesinas de Rafael Carrera

24marzo1838
El poblado de Mataquescuintla, visto desde Miramundo y Pino Dulce.  En el recuadro:  el comandante campesino Rafael Carrera y el líder criollo liberal José Francisco Barrundia.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez, las fuerzas campesinas comandadas por “el indioRafael Carrera (como le llamaban los criollos locales), no depusieron las armas y el gobierno de Francisco Morazán encomendó a José Francisco Barrundia, quien había pactado anteriormente con Carrera para derrocar a Gálvez, para que conferenciara con el líder campesino y lo convenciera a entregarlas.  La reunión ocurrió en el campamento de las fuerzas rebeldes en Mataquescuintla y el mismo Barrundia mandó un informe a Morazán tras el fracaso de la misma, el cual reproducimos a continuación, con algunas notas de nuestra autoría para aclarar algunos puntos:

“Ciudadano presidente de la República.

“Los comisionados para la pacificación de las fuerzas de Carrera debemos informar a Ud. brevemente todo lo ocurrido en el desempeño de nuestro encargo.”

“Llegamos el mismo día de nuestra salida, que fue el 24 a la plaza de Mataquescuintla después de medio día.  Se nos presentaron cuatro encargados del comandante Carrera para conferenciar.  Nosotros exigíamos que llegase él mismo como lo había ofrecido antes para el punto de Cruz-Alta.  Más habiéndolo rehusado tratamos ligeramente con sus encargados de nuestro asunto; y desde luego encontramos la mayor resistencia al punto principal de entregar las armas. A teimpo que sus encargados iban a llamarle, le vimos a la puerta rodeado de su fuerza militar.  Se le instó a que entrase y rehusó con aspereza habiendo empezado allí mismo una contienda con nosotros de reproches a la conducta del Gobierno de Guatemala, y del Presidente que nosotros contestamos a la vista de toda la tropa, y aún tomando parte en ella algunos de sus soldados. Él manifestó que no tenía ya que hacer en nuestro negocio puesto que ya habíamos hablado con sus encargados y que jamás podría convenirse, y era un agravio proponérselo, que entregara las armas, manifestando la mayor desconfianza y desabrimiento.”

(Nota de HoyHistoriaGT:  en Guatemala los criollos y la élite económica no está acostumbrada a que un indígena o mestizo le hable de tú a tú y mucho menos que se oponga a sus designios.  Esta actitud prepotente de Carrera frente a los enviados criollos de Morazán los desarmó por completo.)

“Como esta entrevista en cierta manera tumultuaria entre la mismo tropa no ofrecía, regularidad, sino más bien malos resultados, instamos a Carrera para que se presentase el día siguiente a terminar este negocio y nos lo ofreció formarlmente a pesar de la ligereza con que lo trataba. En esta noche fuimos inquietados por el incendio de dos casas que consideramos verificado a propósito por algún mal designio, pues no podía ser accidental, no hallándose persona alguna en todo el pueblo.  Mas no hubo resultado alguno.”

“A la mañana siguiente, a las 9 remitimos una nota a Carrera llamándole a la conferencia.  Se presentó cerca del medio día en la plaza con una fuerza como de 300 hombres.  Entró a conferenciar rodeado de sus jefes y a presencia de toda su fuerza que escuchaba a puerta abierta desde afuera.  Los princiaples motivos de su obstinación para la entrega de las armas, eran o se descubrían en una suma desconfianza del Gobierno, no hallándose suficientes las garantía posibles para desvanecerla. Decían que el Gobierno de Guatemala no había cambiado en nada en cuanto a las vejaciones y mala fé que siempre lo animaron.  Preguntaron cual era el origen de la agresión que suponía de nuestras tropas. Y desconocía en cierta manera la obediencia que se debe al Gobierno y a la necesidad de que este regularice todas las fuerzas y disponga de ellas conforme a las leyes y según convenga al orden público.”

(Nota de HoyHistoriaGT:  en otras palabras, a Carrera no le importaban las leyes del gobierno de Morazán ni del Estado de Guatemala, porque no confiaba en ellos ya que consideraba que el gobierno no había hecho nada por los campesinos tras el derrocamiento de Gálvez).

“Él y sus jefes reprochaban las leyes de libertad de comercio; de libertad de concienca y todo el espíritu de nuestras instituciones, afectando el de religión hasta un exceso de fanatismo.  La comisión se ocupaba en desvanecer sus falsas nociones, en inspirarle confianza en los prinicpios libres de nuestra legislación y en el Gobierno actual, tanto del Estado como de la República.  Mas conocíamos la dificultad de safisfacer sus desos y los nuestros, oponiéndose a todo por falta de principios y la irregularidad de sus miras, principalmnete en una conferencia tumulturaria y del momento. La simple idea de distinguir entre la administración pasada que había violado todos sus derechos y la actual que los respetaba, no podía inspirárseles ni satisfacérseles.”

(Nota de HoyHistoriaGT: en Guatemala las élites políticas están acostumbradas a que la población inculta del área rural de la República acepte sus complejas leyes y reglamentos sin analizarlos, y nunca se habían encontrado con un líder campesino que los retara y les expusiera las graves fallas de dichas leyes.  Nuevamente, la comisión de Morazán quedó desarmada).

“En estas circunstancias ellos han presentado unas proposiciones que adjuntamos a esta nota. Se advierte en ellas claramente la influencia de alguna personalidad muy superior a las luces cortísimas y simplicidad de estas masas con designios tal vez muy siniestros. Nosotros recibimos en este acto la nota del Presidente acompañándonos la muy safistactoria de Chiquimula en contra de los planes y pretensiones de Carrera para contraerse aquel departamento; pero no quisimos hacer uso de ella por la exaltación desagradable con que eran recibidas todas nuestras manifestaciones sobre los recursos y superioridad del poder del Gobierno, a la vista de una masa armada y conferenciando con nosotros mismos sobre asuntos tan delicados. Nuestra posición era, por tanto, sumamente crítica y expuesta.”

(Nota de HoyHistoriaGT:  por un lado, Barrundia no quería creer que fuera Carrera, a quien consideraba como un indígena analfabeto, el que hubiera tenido la idea de las contra-proposiciones que le presentaron a la comisión del gobierno y, por otro, no se atrevió a intentar sobornarlo con la gobernación de Chiquimula que le había autorizado Morazán al ver la determinación del general campesino.  Finalmente, maniesta que él y los otros representantes estaban aterrorizado durante las conferencias).

“Entre tanto, el comandante Carrera se separó a hablar conmigo aparte: ocurrió el cura Aqueche y juntos tratamos de otro nuevo medio de conciliación.  Este consistía en los artículos siguientes:

“Primero: que las armas se reuniesen y almacenasen en Mataquescuintla con una guarnición de 50 hombres de aquella misma tropa, que no pasaría nunca de este número.”

“Segundo: que cuando se ofreciese perseguir a aquellas partidas o ladrones que inquietasen a los pueblos, no saldría fuerza alguna a verificarlo sin permiso del gobierno.”

“Tercero: que el mismo cura Aqueche respondía de la inviolabilidad de este arreglo yse hacía él mismo un guarda almacén o depositario de las armas.”

“Cuarto: que desde el momento que tuviesen ya los pueblos un obispo americano, una rebaja suficiente de contribuciones y una administración interior de confianza, pondrían estas armas a disposición del Gobierno.” (Nota de HoyHistoriaGT: este es el punto medular del conflicto entre Carrera y los criollos liberales:  los ataques contra al religión Católica y la desproporcionada carga tributaria impuesta a los campesinos).

“Ofrecimos presentar estas propuestas, junto con las que hemos acompañado para que el Presidente se informase y en vista de todo resolviese lo conveniente.”

“Nosotros consideramos muy difícil la subsistencia de cualquier convenio, y mucho menos la coordinación de ideas o de un sistema político entre masas agitadas a la vez por el fanatismo, por los males aun existentes de una persecución a muerte que acaban de sufrir y por las falsas ideas que se les han infundido sobre nuestra legislación.  Al mismo tiempo que habituadas ya a una vida salvaje y dura y al solo ejercicio de las armas, sus tendencias no pueden ser ya a los trabajos del campo ni a la vida regular de la sociedad.  Y este espíritu se manifiesta más altamente en el carácter de su jefe Carrera, que es intrépido, independiente y resulto al paso que decidido y propenso a la vida inculta y militar a la que se halla habituado.  De suerte que ni el interés ni los empleos pueden obrar en su corazón sobre los halagos de esta independencia salvaje y de la ambición de superioridad sobre los muchos pueblos que ya le rodean y le presentan sus masas.  Con tristados por este choque que parece indefectible entre la parte civilizada y las masas incultas de la nación (pues que va extendiéndose a todos los Estados de la República) hacemos esta exposición al Presidente para que medite la gran dificultad e interés de este negocio que descarga sobre sus hombros, y con el fin de que exista este documento interesante del primer paso que ha dado para su arreglo; el cual va a abrir una campaña acaso muy dilatada y de resultados más extensos de los que pueden alcanzarse actualmente en nuestra posición política.”

“Ofrecemos, pues, al Presidente de la República todas nuestras consideraciones y respetos, siendo sus afectísimos servidos que B.S.M.”

  • José Francisco Barrundia
  • José María Castilla
  • Matías Quiñónez
  • Basilio Zeceña

Aquellos criollos liberales tenían razón: no se logró ningun acuerdo y Morazán y Carrera llegaron al punto al que tenían que llegar: la confrontación directa que se dió en la Ciudad de Guatemala del 17 al 19 de marzo de 1840, resultando en la aplastante derrota de Morazán y el desmembramiento absoluto de la República Federal.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

 

 

 

17 de marzo de 1838: el distrito de Suchitepéquez se une al Estado de Los Altos tras expulsar a las autoridades de Guatemala

17marzo1838
El poblado de Mazatenango en 1875.  Junto con Cuyotenango y Retalhuleu, Mazatenango fue una de las tres poblaciones principales del distrito de Suchitepéquez que se unió al Estado de Los Altos en 1838.  Fotografía de Eadweard Muybdrige.

Contrario a la opinión generalizada, el Estado de los Altos no solamente estuvo formado por la ciudad de Quetzaltenango, sino que con todos los departamentos del occidente (es decir, con casi la mitad del Estado de Guatemala) cuando se separó del mismo en 1838. Allí se aglutinaron todos los criollos liberales que no estaban de acuerdo con el gobierno conservador que se estableció en Guatemala tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez en febrero de ese año.  Aquella región tenía dos grandes ventajas para los liberales:  la frontera comercial con México y la posibilidad de construir puertos de salida al Pacífico en Champerico y en Ocós.

El 17 de marzo de 1838, el funcionario del estado de Guatemala en el distrito de Suchitpéquez, Felipe Pedrosa, envió al gobierno la siguiente carta explicando los hechos que rodearon la sedición de aquel distrito:

“Como en enero próximo pasado se circuló órden de ese ministerio a los jueces de distrito, para que sin mando del Gobierno no saliesen del que les correspondiese, aún concluídos los términos de audiencias, y que fué comunicada al que suscribe como juez del distrito de Suchitepéquez; creo de mi deber informar al Supremo Gobierno por conducto del ministerio de su cargo, del motivo que ocasionó mi egreso de aquel sin mando acuerdo, y fue un desorden criminal, introducido a los pueblos pacíficos del mismo distrito, sin que los miembros de una autoridad legítima, celosa del orden y del cumplimiento dela ley pudieran evitarlo; igualmente cual fuese mi  conducta como funcionario judicial.”

“Abiertas las audiencias de la corte del 11o. distrito del 1 de enero último en el circuito de Cuyotenango, en principios del siguiente febrero aún se ocupaba aquella en el despacho de muchos asuntos criminales y civiles que para dicho término se le presentaban.  En tales circunstancias y al anunciarse la venida de dos comisionados de la Ciudad de Quetzaltenango venían con el objeto indebido de excitar a las municipalidad y vecindario del distrito para separarse del supremo Gobierno general del Estado y unirse a Quetzaltenango, proclamado independiente con afán de constituir un nuevo Estado, el fiscal público se marchó al pueblo de su vecindario, pretextando enfermedad y yo llamé al magistrado ejecutor residente en Mazatenango para que viniese a ejercer las funciones de agente del ministerio y se excusó con las mismas insuficientes razones, que lo hizo para no ocurrir a las mismas diligencias, en concepto de ejecutor.  A uno y otro le presenté en diversas cartas oficiales, la urgencia de los asuntos pendientes, y las circunstancias de desorden que amenazaban la paz del distrito; pero nada pudo hacerlos venir al cumplimiento de sus debereres: esto consta de las comunicaciones que en copia adjunto en los número 1.° a 5.”

“En este estado dos inviduos que los fueron los ciudadanos Manuel Arellano y José Antonio Paniagua, titulándose comisionados del Gobierno de Quetzaltenango,  me hablaron personalmente sobre el objeto de su misión que no era otro que el excitar a los PP.MM. sobre la segregación del Gobierno general del Estado.  Di orden a aquellos para que no diesen un paso en su tal comisión, y la repetí por escrito en los términos que expresa la copia número 8, y a consecuencia de su causa criminal que inicié contra los referidos, pedí auxilio al magistrado ejecutor para proceder a su captura, quien me lo negó como se vé en los números 6 y 7.  Cometí la orden de prisión al mismo ejecutor por hallarse éste y aquellos en Mazatenango, pero no fue cumplida ni retornada por dicho funcionario.”

“Circulé, dirigida a los gobernadores, la comunicación adjunta en la copia con el número 9.  Obtuve varias contestaciones de enterado, y del de Mazatenango, en donde ya se había verificado el pronunciamiento a virtud de intriga de los mismos y de la cooperación decidida del mismo magistrado ejecutor, ciudadano  Mariano Rodríguez y el juez del circuito, subdiácono, José María Figueroa, recibí el oficio número 10 que contiene el acta acordada.  Más como los término de este pronunciamiento no fuesen a la satisfacción de los agentes de Quetzaltenango y las provincias que había yo tomado con el buen sentido de la generalidad en aquellos pueblos, atentos aun a la voz de la justicia y de la razón, fueran un obstáculo para que la empresa de aquellos tuviera el mejor éxito, vino de aquella ciudad una fuerza armada y por comisionados el mismo señor Antonio Paniagua y el presbítero regular José María Chacón, y al influjo de esta fuerza, de la intriga y de hechos violentos, fueron debidos los pronunciamientos verificados en Retalhuleu y Cuyotenango, en cuyo lugar llegó al punto la exaltación de varios intrigantes y zánganos más desmoralizados, puso en peligro hasta mi existencia, amenazada por manos asesinas, y me hizo salir rápidamente a otro punto del distrito.”

“Como el último de los comisionados referidos contaba con la fuerza armada y sostenido por la desmoralización de otros perversos, continuáse ejecutando con mayores excesos, removiendo autoridades legítimas, rompiendo el sistema judicial establecido y dirigiendo sus miras a un completo desorden que la autoridad central no pudo contener por su aislamiento y falta de auxilio y de recursos, yo me vi violentada por estas circunstancias a salir del distrito después de ver el desorden y de oir el grito de segregación de la autoridad legítima y general del Estado en los tres pueblos principales del mismo distrito.”

“Si la cooperación de los funcionarios de quienes hice mérito, no hubiese sido tan manifiesta y declarada sobre el particular, faltando así criminalmente a sus deberes, si el ejecutor hubiese cumplido con las órdenes repetidas del Ejecutivo sobre formación de la milicia cívica, si él no hubiera remitido a la comandancia de Quetzaltenango las armas que tenía el distrito para cuya reunión dió sus órdenes a los gobernadores y anduvo personalmente los pueblos donde estaban para despojarlos de ellas, sino hubiese trabajado infinito en preparar la opinión a favor de la segregación, en convocar personalmente las municipalidad y desconociendo en sus hechos a la corte, cuyos hechos son notorios; el distrito de Suchitepéquez no se había manchado con el crimen de la sedición, perdiendo sus derechos políticos, su seguridad y garantías; y el Estado una parte que legítimamente le corresponde.”

“Las providencias indicadas y otras del mismo tenor, fueron las únicas que en el mayor aislamiento y falta de auxilio y de recursos pude tomar, y aquel el motivo de mi vuelta del distrito de Suchitepéquez.”

“Con el objeto de esclarecer mi conducta, hago de Ud., C.M., esta manifestación, para que se digne ponerlo en noticia del supremo Gobierno, a quien protesto mis respetos y a Ud. mi singular consideración.”

Guatemala, marzo 17 de 1838

Felipe Pedrosa

Llama aquí la atención que entre los agentes sediciosos que menciona Pedrosa en su carta menciona al sacerdote regular José María Chacón.  Debe recordarse que en esa época, los miembros del clero regular todavía no habían retornado del exilio que les impuso Francisco Morazán en 1829, por lo que es suponerse que Chacón había sido fraile pero renunció a los hábitos para poder seguir en Guatemala.

Lejos estaba Pedrosa de imaginar que aquella sedición iba a terminar de forma sangrienta justamente dos años después de su informa al gobierno sobre los sucesos en Suchitepéquez; el 17 de marzo de 1840, el general Rafael Carrera derrotaba de forma definitiva al ejército invasor salvadoreño dirigido por Francisco Morazán y no solamente terminaba con el Estado de Los Altos, sino que con la Federación Centroamericana de los liberales y con la carrera del caudillo hondureño.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 17 de marzo de 1837: Suchitepéquez y Los Altos. Guatemla: Nuestro Diario.

 

13 de marzo de 1840: el aún presidente de la moribunda República Federal de Centro América y jefe de Estado de El Salvador, Francisco Morazán, parte de San Salvador para invadir Guatemala

13marzo1840
Instalaciones del Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala.  Aquí se atrincheraron las fuerzas salvadoreñas con que Morazán intentó hacerse del control en Guatemala.  En los recuadros:  el general liberal Francisco Morazán y el general conservador Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo del periodista Federico Hernández de León, el cual describe la forma de pensar de la Guatemala de 1840 y la vorágine de acontecimientos que se sucedieron en los primeros meses de ese año y que resultaron en el fin de la carrera de Francisco Morazán y en el auge de Rafael Carrera:

“Aparentemente, [el general Francisco] Morazán vió con un operetesco desprecio a [Rafael] Carrera; las leyendas que corrían alrededor del guerrillero chapín, lo hacían ridículo. Sobre todo su analfabetismo era inconcebible.  Un hombre que no sabía leer ni escribir, no podía servir, sino para causar lástima.  Aquel ‘indio’ rechoncho, de mirada desconfiada, de gesto evasivo, era puesto en solfa y había un empeño en propalar toda suerte de historietas que ayudaran al ridículo, para matar al caudillo a golpes de desaire.  Algo se lograba; pero Carrera iba a lo que iba, y a golpes de machete, como si se tratara de los días en que el hombre se disputaba con las fieras la posesión de alimento, Carrera batió las voluntades y destruyó a sus enemigos.”

“Morazán era el Jefe de Estado de El Salvador, cuando Carrera destruyó el Estado de Los Altos.  Los altenses fueron víctimas primero, del azuzamiento llegado de El Salvador; después de las fuerzas de Guatemala que derrotaron a los independientes en las tierras de Sololá, y Carrera pudo subir hasta las crestas altivas del Zunil y Almolonga y, como en siglos pretéritos realizara el conquistador, empapar el suelo con la sangre inocente de muchos quetzaltecos.  Quetzaltenango sucumbía con el mayor de los desamparos y sus jefes y sus directores caían unos, los menos desgraciados, con el pecho atravezado por las balas y, los otros, en manos del enemigo que más habrían de servir de cortejo al vencedor y de irrisión a la plebe que se solazaba con su martirio y la desgracia…”

“En febrero – el 17- regresaba Carrera de los Altos, dejándolos ‘pacificados’.  Se nombraba gobernador de aquellas regiones al italiano Francisco Cáscara, un notable mercenario que llegara a los más encumbrados puestos, después de salir de los más profundos semilleros del hampa.  Carrera en un manifiesto a los vencidos, les decía: -Hoy he sabido que se halla posesionado del gobierno político y militar de Quetzaltenango, el respetuoso general de brigada Francisco Cáscara, que el supremo Gobierno se ha servido nombrar para este despacho; y deseando corresponder a la confianza con que me habeis honrado, os lo recomiendo, porque estoy seguro que él sabrá gobernaros.”

“Mientras tanto, en El Salvador se resolvían las órdenes contra el régimen de Guatemala, que así mataba una nacionalidad y se incorporaba su personalidad.  Las amenazas llovían a diario.  la prensa salvadoreña agotaba los cargos.  En un manifiesto que tengo a la vista, dirigiéndose los salvadoreños a los de Los Altos les decían: -Esperad en el venturoso día de nuestra nueva vida política, ese gran día de regeneración y de gloria.  Y vosotros, ¡infames! que por tanto tiempo habéis abusado de la credulidad de los pueblos, empapándolos de sangre y lágrimas para recobrar vuestros antiguos timbles, ¡¡¡Temblad!!!”

“No solo templores con tres admiraciones estampaban los vecinos; también soltaban grandes tiradas de versos.  Sé de unos de pie quebrado, por este corte:

La dignidad augusta
De Estado libre cobraréis -¡o alteños!
Y la coyunda injusta
de vuestros crudos dueños
Breve rota será por los saldeños.

Este último verso debió ser: ‘En breve tiempo será rota por los salvadoreños’, pero resultaba así un verso tan largo que, ni quebrándolo, cabía en la estrofa.”

“Lo cierto del caso es que a Morazán, se le subió el Chico a la cabeza y dispuso poner en cintura a los de Guatemala y al indio que los dirigía.  Morazán sabía qe no podía tolerar tanto avance. Lo malo era resultaba en que sus determinaciones las adoptaba en los momentos en que las tropas guatemaltecas ya estaban descansadas de las fatigas de Occidente; que sus jefes se encontraban dispuestos a las nuevas luchas y Carrera toma sus disposiciones de defensa, para el caso de un seguro ataque: se levantaban emprésticos, se fabricaba armadura, se construían balas de piedra y de plomo, se apuntaban las lanzas y se tejían las hondas… En tanto, la prensa libraba las primeras escaramuzas.”

“Morazán leventó una columna de mil cuatrocientos hombres.  El sería el redendor del pueblo sacrificado.  Primero tomaría la capital del estado; después pondría al jefe que se le antojase; inmediante el Estado de Los Altos tomaría de nuevo su personalidad y, llegado el caso, si se quería formar otro estado con el Petén y Verapaz, también se podía hacer. ¡No nos habíamos de quedar por estado de más o estado de menos!”

“El 13 de marzo de 1840 Morazán dejaba el Estado de El Salvador y entraba en el de Guatemala.  El gobierno quedaba en manos de don Antonio J. Cañas.  Morazán avanzaba sobre nuestras tierras con la firma seguridad de un triunfo definitivo y ruidoso.  Algo le preocupaba la presencia del analfabeto que mandaba las tropas enemigas.  Se decían muchas cosas de él y el hondureño no las tenías todas consigo.  Pero seguía avanzando con paso firme, en tanto que por el camino  se le unían algunos descontentos y gentes que tuvieron agravios que vengar y daños que reparar.”

“Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.  Carrera anticipadamente replegó sus tropas sobre Aceituno.  En una hora, Morazán tomó la ciudad y abrió las puertas de las cárceles, fusiló a dos o tres extraviados y, cuando se preparaba a dictar sus disposiciones radicales, Carrera cayó desde Aceituno y, bajo una lluvia de balas, Morazán salió de estampida, camino de la Antigua, para perderse entre los caminos que le llevaran a El Salvador.”

“Fue el golpe más doloroso para Morazán.  Al llegar a El Salvador, derrotado por el analfabeto, sacrificados sus mejores soldados y la juventud de su milicia, demostrada la ineficacia de sus sangrientos esfuerzos, salió de las tierras centroamericanas, para vivir dos años más en el destierro y encontrar al cabo una muerte aparatosa y cruelmente atormentadora.  El año de 1840 señala, por lo que importa a los destinos de la América Central, un período muy importante.  El fracaso rotundo de Morazán permitió que nuevo shombres jugaran en el escenario. De haberse mantenido en la jefatura del estado salvadoreño, los sucesos cambiaran.  Pero la estrella de Morazán tramontaba en 1840 y el derrumbamiento de su gloria habría de terminarse con alunicente rapidez…”


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.

 

26 de febrero de 1842: asume la presidencia del Estado de Guatemala el licenciado José Venancio López

26febrero1842
La Iglesia del Cerrito del Carmen en la época en que ocurrieron estos hechos.  En el recuadro, el licenciado José Venancio López, quien fuera presidente del Estado de Guatemala, presidente de la Asamblea Legislativa, miembro del Consejo de Gobierno y Regente de la Corte Suprema de Justicia, todo bajo la tutela del general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Agobiado por las exigencias del general Rafael Carrera para el mantenimiento de las tropas a su cargo, y ante la amenaza de que el general Francisco Morazán volviera a invadir a Guatemala tras regresar a Centroamérica en 1841, el Jefe del Estado de Guatemala, licenciado Mariano Rivera Paz, decidió que había tenido suficiente presentó su renuncia al cargo el 14 de diciembre de ese año.

La Asamblea Legislativa, presidida entonces por el historiador Alejandro Marure, conoció la renuncia del presidente del estado hasta el 14 de febrero de 1842, cuando reanudó sus funciones.  Para entonces, Marure había pasado de ser el político liberal que escribió documentos contra el partido conservador durante el gobierno del Dr. Mariano Gálvez, a convertirse en un conservador incondicional a Carrera; así pues, el 25 de febrero, la Asamblea que él dirigía aceptó la renuncia de Rivera Paz por medio de un lacónico decreto que dice:

  1. Se admite la renuncia que de la presidencia del estado ha dirigido de mano el señor Mariano Rivera Paz
  2. El presidente de la Asamblea, a nombre de ésta le dará las debidas gracias por los importantes servicios prestados.

La Asamblea, por mayoría absoluta, eligió al licenciado José Venancio López, quien hasta entonces era el Regente de la Corte Suprema, era diputado y ya ha había sido presidente de la Asamblea Legislativa.   Aceptó la designación el 26 de febrero, a sabiendas de que enfrentaba una situación muy delicada, y la Asamblea lo confirmó de esta forma:

  1. Se faculta ampliamente al gobierno, para adoptar todas las medidas convenientes y necesarias a la seguridad interior y exterior del estado, levantando fuerzas, solicitando bajo el crédito del estado, recursos pecuniarios, por medio de contratos o empréstitos, para el sostenimiento de las mismas fuerzas; y aquellos arbitrios no fueren bastante, imponiendo contribuciones ocn el acuerdo del Consejo;
  2. En cuanto lo permitan las circurnstancias del estado, el gobierno prestará a los otros aliados, los auxilios de fuerza o pecuniarios que le fueron pediddos, cumplieando leal y fielmente con los tratados que existen. Y
  3. Continuará el Consejo del Gobierno, creado en virtud del 4 de octubre último; y sus atribuciones serán las mismas que antes tenía.

Guatemala, 26 de febrero de 1842.

Alejandro Marure, presidente

Afortunadamente para López la temida tercera invasión de Morazán nunca ocurrió, ya que el caudillo liberal fue fusilado en Costa Rica, donde era presidente, el 15 de septiembre de 1842.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (26 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 26 de febrero de 1842, Asume la presidentcia del Estado el Regente de la Corte Suprema”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

20 de febrero de 1838: tras la caída del gobierno del Dr. Mariano Gálvez se emite un decreto que deroga las disposiciones anticlericales y anticonservadoras que emitió Francisco Morazán en 1829

20febrero1838
Mapa del Estado de Guatemala en 1832 sobre el que gobernó el Dr. Mariano Gálvez.  Sombreado a la izquierda aparece el territorio de lo que sería el Estado de Los Altos entre 1838 y 1840 (incluyendo parte del actual México) y sombreado a la izquierda el enclave británico en Belice que existía desde antes de la Independencia en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El final del gobierno del Dr. Mariano Gálvez y el del gobierno del general José María Reina Barrios guardan muchas similitudes.  Ambos gobernantes liberales tuvieron unos brillantes primeros años de gobierno, para luego caer víctimas de las crisis políticas o económicas que se produjeron hacia el final de su período presidencial no sin antes adoptar un gobierno despótico y dictatorial para internar mantenerse en el poder.  Si bien Gálvez no fue asesinado como Reina Barrios, no fue porque no tuviera enemigos, sino porque logró huir a tiempo.  Y, en ambos casos, ambos gobernantes dejaron un vacío de poder que resultaría en el establecimiento de férreas dictaduras:  la del general conservadorRafael Carrera y la del licenciado liberal Manuel Estrada Cabrera.

En el caso específico del Dr. Gálvez, aún mucho antes de su salida del gobierno, los criollos liberales que habían sido su apoyo estaban divididos y tenían problemas para enfrentar a su enemigo común: los campesinos católicos que se habían alzado contra el gobierno.  Los liberales no lograron ponerse de acuerdo a la hora de hacer gobierno y cometieron un grave error que, a la larga, les costó el poder durante 30 años.

He aquí lo que ocurrió:

El Dr. Pedro Molina, uno de los principales líderes liberales, se dió cuenta de que existían numerosas leyes que se habían establecido durante el gobierno de los 7 años de Gálvez que iban en contra de lo estipulado en la Constitución del Estado, y que estaban vigentes; entonces, elevó una solicitud a la Asamblea Legislativa para que se emitiera una resolución declarándolas inconstitucionales y, por lo tanto, automáticamente derogadas.

La Asamblea analizó la petición y viendo que el Dr. Molina tenía toda la razón, emitió el siguiente decreto el 20 de febrero de 1838:

  1. Ninguna ley evidentemente contraria a la Constitución, puede ni debe subsistir.
  2. Cuando se presente alguna ley notoriamente contraria a la Constitución, los tribunales deberán arreglarse en sus juicios, al sentido claro de la fundamental, informando en seguida al cuerpo legislativo.
  3. Con respecto a los casos dudosos de contradicciones, los tribunales y cualquier ciudadano pueden pedir a la Asamblea la declaratorio correspondiente, sin perjuicio de que dichos tribunales resuelvan desde luego, según entiendan de justicia y por su propio convencimiento.
  4. La declaratoria que haga el Cuerpo Legislativo solamente podrá aplicarse a los casos posteriores al que motivó la duda; y sin que pueda tener jamás efecto retroactivo.

En la práctica, el decreto se traducía en que se daba carta abierta a los criollos conservadores para que solicitaran que se derogaran las disposiciones que había dictado Francisco Morazán en 1829 cuando después de invadir guatemala, y que incluían:

  1. Confiscación de los bienes de los criollos aristócratas (especialmente de la familia Aycinena)
  2. Deportación de los criollos conservadores
  3. Expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres
  4. Clausura de conventos
  5. Reforma social amparada en la separación de Iglesia y Estado

¡Es decir, los liberales destruyeron la obra reformadora de su propio líder, el general Morazán, quizá sin querer!  Pero el decreto del 20 de febrero ya estaba emitido y los conservadores, amparándose en él, pidieron a la Asamblea que derogara los siguientes decretos:

  1. Decreto del 4 de junio de 1829:  en éste se establecía claramente el nombre de las personas que no podían disfrutar de la gracia de un indulto que daba el gobierno liberal, mostrando una parcialidad atentatoria, claramente opuesta a los estipulado en la Constitución.
  2. Decreto del 22 de agosto de 1829: en éste el general Morazán, actuando como Jefe de Estado de Guatemala sin estar debidamente autorizado para ello, daba una larga lista de personas que serían deportadas, después de una injusta prisión.

Los conservadores se dieron cuenta del alcance del decreto del 20 de febrero, tal y como queda claro en el mensaje que le mandaron a la Asamblea:  “[…] usando del derecho de petición y con el debido respeto ocurrimos al cuerpo legislativo, no para implorar gracia, ni solicitar favor, sino para reclamar el cumplimiento de las garantías, violadas en nuestras personas, así como en las de otros muchos de nuestros conciudadanos que también han sido víctimas de medidas de circunstancias, que redujeron a completa nulidad las leyes fundamentales del estado y de la república“.

A pesar de ser una Asamblea liberal, y de que la petición fue analizada por doctores también liberales, la respuesta fue la siguiente: “Los legisladores que las dieron se olvidaron no sólo de que no tenían facultades para ello porque ninguna autoridad del estado es superior a la ley, sino hasta de su propia dignidad y delicadeza.  Ellos habían sido perseguidos y a su vez se convirtieron en enemigos facultados para autorizar la persecución, las prescripciones, la confiscación de bienes… Los mismos que con las armas habían recobrado sus destinos perdidos eran lo que erigiéndose en jueces de su propia causa, declararon nulos e intrusos a los que entraron a ocuparlos por su deserción vergonzosa, olvidándose de que ellos eran los verdaderos autores de ese desorden.”

La Asamblea, pues declaró nulos los decretos de Morazán y le envió a este el fuerte mensaje de que se había tomado atribuciones que no le correspondían.  De este punto ocurrieron dos cosas que llevarían a la caída de los liberales:  los conservadores exiliados pudieron retornar y se aliaron junto con los que ya residían en Guatemala con los campesinos católicos dirigidos por el general Rafael Carrera y, encencieron la cólera de Morazán, que llegó al Estado y destituyó a las autoridades sustituyéndolas, otra vez, por gente de su confianza.  Estos dos hechos llevarían al encuentro final entre Carrera y Morazán en marzo de 1840, en donde se selló el destino de ambos líderes.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

 

17 de febrero de 1840: entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, “la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala”.  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales; o  la de comunistas o de anticomunistas; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan (como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822) de planes definidos y programas coherentes de gobierno.  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya la República Federal de Centro América estaba en sus esterores de agonía, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal antiaristócrata que ya no soportaba “el rancio abolengo” de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.

Era presidente en esa época el licenciado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como “bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años“. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general Carrera, quien defendía la religión católica a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.

El Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio.  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la “insubordinación de los bárbaros“, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quein confiaban por ser mestizo.

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, “los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.”  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como “el día más feliz de la Patria“.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y davan vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomaran represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829, cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.

Y tal y como lo temían los aristócratas de “las familias“, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuviron la desgracia de saber quién era realmente el “caudillo adorado de los pueblos“.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

7 de febrero de 1835: la ciudad de San Salvador es convertida en el Distrito Federal de la debilitada República Federal de Centro América en sustitución de Sonsonate

7febrero1835
La ciudad de San Salvador en 1840.  Allí estuvo el Distrito Federal de la Federación Centroamericana hasta su colapso en 1839.  En el recuadro: el general liberal Francisco Morazán, presidente de la Federación cuando la capital estuvo en San Salvador.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Debido a los conflictos personales entre el presidente federal Francisco Morazán y el jefe del Estado de Guatemala, Mariano Gálvez, la capital de la República Federal de Centro América había sido trasladada de la Ciudad de Guatemala al poblado de Sonsonate el 6 de febrero de 1834.  Pero los conflictos que se estaban viviendo ya en todos los estados de la República provocaron el rápido debilitamiento de la misma.

Ante esta situación, el presidente federal Morazán consiguió que el 28 de enero la legislatura del estado de El Salvador cediera la ciudad de San Salvador y algunos pueblos aledaños para que en ella se erigiera el Distrito Federal, quedando así elevada al rango de capital de la República con residencia de las principales autoridades de la Federación.

El 9 de marzo de 1836 se extendió el territorio del Distrito Federal a Zacatecoluca, y así se mantuvo hata el 3 de mayo de 1839, cuando la Asambla de El Salvador ordenó reincorporar al territorio de aquel Estado tod el que había cedido para distrito federal.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


6 de febrero de 1834: las autoridades de la República Federal de Centro América dejan la Ciudad de Guatemala y se mudan a Sonsonate en El Salvador

6febrero1834
El Palacio Arzobispal de la Ciudad de Guatemala en 2010.  Durante la época de la República Federal, este edificio sirvió de sede al gobierno del Estado de Guatemala tras la expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres, debido a que el gobierno federal ocupaba el Palacio Colonial.  En el recuadro: el jefe de estado Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Cuando se estableció la Constitución de la República Federal de Centro América, se olvidó establecer un Distrito Federal que satisfaciera a todos los estados miembros y cometieron el grave error de dejar a la Ciudad de Guatemala como la capital del estado del mismo nombre y la capital federal.  Este error había sido ya cometido en los Estados Unidos, hasta que finalmente fue subsanado con la fundación de la ciudad de Washington en el Distrito de Columbia en un área neutral entre los estados de Virginia y Maryland, pero en Centroamérica no dió tiempo a arreglarse.1

En la naciente federación el presidente federal y jefe del estado de Guatemala siempre estuvieron en franco enfrentamiento. Por ejemplo, durante el gobierno de Manuel José Arce, el jefe de estado Juan Barrundia no se toleraban, llegando incluso a recriminarse asuntos tan insignificantes como quién iba a ocupar el dosel más alto durante una función solemne en la Catedral Metropolitana.1

Cuando los criollos conservadores dieron el golpe de estado contra Barrundia en 1826 debido a todos los decretos anticlericales que estaba emitiendo, las autoridades  de Guatemala pensaron en trasladar la capital a Antigua Guatemala y Chimaltenango, para luego trasladarse a San Martín Jilotepeque, desde donde propusieron trasladarse a Quetzaltenango.2  Pero cuando el vicejefe de estado, Cirilo Flores, fue a la ciudad altense para arreglar el traslado, fue linchado por el pueblo frente al convento de los franciscanos.3

Tras la expulsión de los conservadores y frailes en 1829, el general liberal Francisco Morazán se hizo con la presidencia de Centroamérica ocupando el Palacio Colonial, y el Dr. Mariano Gálvez con la jefatura del estado de Guatemala, ocupando el Palacio Arzobispal tras la expulsión del arzobispo Ramón Casauz y Torres.  Y las rencillas entre ambos fueron notorias.  Gálvez era un hombre muy preparado, mientras que Morazán era un general de línea que llegó al poder por la fuerza de las armas. Eso sí, aunque no se llevaban bien en lo absoluto, eran muy diplomáticos en su trato en público y sus diferencias no eran tan notorias como las que había entre Arce y Barrundia.4

Para 1833, la prensa morazanista tenía una campaña de desprestigio contra Gálvez, dirigidos por Francisco Barrundia y el señor Rivera Cabezas, quienes no estaban de acuerdo con las políticas adoptadas por el jefe de estado.  Por su parte, Gálvez no podía hacer valer su voluntad debido a que las autoridades federades estaban en la misma Ciudad de Guatemala; no obstante, emitió el siguiente comunicado:

“Una es la voz de los estados pidiendo que las supremas autoridades fijen su residencia fue del estado de Guatemala.  La Aamblea y el gobierno han acordado pedir al Congreso que atienda a aquellos votos.  No se ha expresado en esto un deseo que fuera poco atento con huéspedes tan respetables, sino una necesidad de obsequiar el pronunciamiento determinante de la nación”.5

 

En otras palabras, en una forma muy sutil estaba mandando a las autoridades federales a que buscaran otro sitio que los hospedara. Pero a pesar del tono, los morazanista lo acusaron de localista y de que tenía impulsos de tirano pretendiendo quedarse al mando de la Federación.  Como Morazán había partido para El Salvador en marzo de ese año, el encargado del estado era José Gregorio Salazar, quien el 14 de octubre emitió un decreto ordenando que las autoridades federales se trasladaran a Sonsonate, en la provincia de El Salvador.6

Y finalmente, el 6 de febrero de 1834, las autoridades federales se fueron a Sonsonate, a lomos de mula y con patachos que cargaban archivos, muebles y útiles necesarios para el funcionamiento del gobierno. Los criollos liberales que apoyaban a Gálvez estaban eufóricos, mientras que los que apoyaban al gobierno federal se quejaron de la situación. Pero los criollos conservadores fueron los más preocupados, pues se dieron cuenta de que Guatemala perdía así su preponderancia y la hegemonía sobre el resto de la Federación.7

Pero la nueva capital no tardó mucho en Sonsonate.  Debido a los problemas que había en El Salvador, Morazán trasladó la capital a San Salvador el 7 de febrero de 1835, dando inicio a un rápido declive que terminó con el rompimiento federal antes de que se terminara la década de 1830.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (6 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 6 de febrero de 1834, las autoridades federales se trasladan a Sonsonate”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  3. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz
  4. Hernández de León, Federico. El capítulo de las efemérides: 6 de febrero de 1843, las autoridades federales se trasladan a Sonsonate.
  5. Ibid.
  6. Ibid.
  7. Ibid.
  8. Ibid.

12 de septiembre de 1839: tras la separación del Estado de Los Altos, el estado de Guatemala se ve obligado a reorganizar su división administrativa

12septiembre1839
Versión estilizada del escudo del Estado de Los Altos, mostrando el Volcán Santa María y un Quetzal.  Actualmente es utilizado como escudo en Quetzaltenango. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1838 se creó el sexto estado, el Estado de Los Altos, teniendo como capital la ciudad de Quetzaltenango, y comprendiendo los territorios del occidente de Guatemala y el territorio del actual de Soconusco, (que ahora es parte del estado de Chiapas, en México).  El decreto por el que se creó el Estado de Los Altos dice así:

La Asamblea Nacional Constituyente de la Federación Centroamericana en sesión plenaria celebrada el cinco de junio del año de 1838 habiéndose tomado en consideración la necesidad de crear un Sexto Estado se acuerda:

1. Crear el Estado de Los Altos, teniendo como capital a la ciudad de Quetzaltenango conformada por una junta de gobierno provisional, de la siguiente manera:

  • Marcelo Molina Mata, electo Gobernador del Estado de Los Altos.
  • José M, Gálvez
  • José Antonio Aguilar
  • General Agustín Guzmán Comandante en Jefe del Ejército del Estado de Los Altos.

2. El Estado comprenderá los siguientes territorios: Quetzaltenango, TotonicapánSololá, Suchitepéquez y Soconusco.

Procédase a trabajar de inmediato en el desarrollo del puerto del Pacífico por orden del Señor Gobernador del estado Federal de los Altos, José M. Gálvez y a mejorar las relaciones con el Gobierno Federal de San Salvador.

Nótese en el decreto anterior tres aspectos importantes:

  1. Desde el principio el Estado tenía la intención de mejorar las relaciones con el gobierno Federal de San Salvador, lo que quiere decir, con el moribundo régimen liberal del general Francisco Morazán, el cual se había visto muy reducido por la secesión de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, y por la reciente guerra civil que derrocó a Mariano Gálvez en Guatemala.  Los liberales guatemaltecos estaban interesados en coneguir esta alianza con el fin de dejar a la Guatemala conservadora en medio de dos gobiernos liberales.
  2. También desde un principio, tenían la intención de construir su propio puerto en Champerico con miras a establecer una economía completamente independiente de Guatemala.
  3. El Estado no estaba desvalido, sino que contaba con su propio ejército, el cual estaba a cargo del general mexicano Agustín Guzmán.

Por su parte, el Estado de Guatemala estaba muy débl luego de la guerra civil contra Mariano Gálvez y la posteriores guerras, por lo que luego de la separación del Estado de Los Altos, la Asamblea Constituyente de Guatemala tuvo que dividir al Estado en siete departamentos y dos distritos, de acuerdo al siguiente decreto del 12 de septiembre de 1839:

La Asamblea Nacional Constituyente del Estado de Guatemala:

Habiendo tomado en consideración la necesidad que hay de hacer una nueva y conveniente división del territorio, después de la separación de los departamentos que componen el Estado de Los Altos. Con presencia de los datos e informes que ha presentado el gobierno sobre el particular, ha decretado:

  1. El estado de Guatemala se divide en siete Departamentos: ChimaltenangoChiquimula, Escuintla, Guatemala, Mita, Sacatepéquez, y Verapaz.
  2. También componen dos Distritos: Izabal y Petén.
  3. Los departamentos y distritos referidos, comprenden las poblaciones y lugares que se señalan en la tabla que acompaña a esta ley.
  4. Mientras se reúnan datos más exactos, con presencia de los padrones que deben formarse para hacer por otra ley la división permanente del territorio, el gobierno queda autorizado para poder agregar o segregar de unos a otros, los pueblos o lugares que lo soliciten, con causa fundada en el mejor servicio y bien de los mismos pueblos, previo al informe de los jefes respectivos.
  5. El mismo gobierno, en las providencias que tome, para la demarcación del territorio de los departamentos, procurará en lo que sea posible, que sea la misma la de los curatos y sus comprensiones, a fin de evitar embarazos y facilitar en todo el mejor servicio público.

En este decreto se puede apreciar el poder que tenía la Iglesia Católica sobre la región americana que estuvo bajo el control espanol, ya que la división administrativa de los países y estados se hizo en base a los curatos existentes, los cuales eran los poblados de indígenas que estaban a cargo del clero secular.  Estos curatos habían sido hasta 1750, aproximadamente, las doctrinas que estaban a cargo de las otrora poderosas órdenes regulares, las cuales poseían  grandes extensiones de tierra en las que sus “doctrinados” trabajaban para ellos a cambio de la evangelización que les proporcionaban. Para poner un ejemplo, he aquí un listado de las doctrinas que poseían los dominicos en el Reino de Guatemala en 1638:

Convento Doctrinas Convento Doctrinas
Guatemala
  • Chimaltenango
  • Jocotenango
  • Sumpango
  • San Juan Sacatepéquez
  • San Pedro Sacatepéquez
  • Santiago Sacatepéquez
  • Rabinal
  • San Martín Jilotepeque
  • Escuintla
  • Milpas Altas
  • Milpas Bajas
  • San Lucas Sacatepéquez
  • Barrio de Santo Domingo
Amatitlán
  • Amatitlán
  • Petapa
  • Mixco
  • San Cristóbal
Verapaz
  • Cahabón
  • Cobán
  • Chamelco
  • San Cristóbal
  • Tactic
Sonsonate
  • Nahuizalco
  • Tacuxcalco
San Salvador
  • Apastepeque
  • Chontales
  • Cojutepeque
  • Cuscatlán
  • Milpas Bajas
  • Tonacatepeque
Sacapulas
  • Sacapulas
  • Cunén
  • Nebaj
  • Santa Cruz
  • San Andrés Sajcabajá
  • Zacualpa

BIBLIOGRAFIA:


11 de septiembre de 1842: luego de que el alcalde Tapachula así lo solicitara, el territorio del Soconusco es incorporado a México

11septiembre1842
Territorio del Estado de Guatemala antes de la separación del Soconusco en 1842.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los territorios de Soconusco y Chiapas habían pertenecido al Reino de Guatemala‭ desde las primeras décadas de la época colonial, pero tras la inestabilidad política que se originó luego de la declaración de Independencia de Centroamérica en 1821 y de la fracasada anexión al Primer Imperio Mexicano en 1822-1823, las regiones votaron en un plesbicito si querían quedarse en México o seguir en Guatemala. Chiapas decidió quedarse en México, mientras que los habitantes del Soconusco optaron por adherirse a las Provincias Unidas del Centro de América, lo que casi provoca una guerra entre dichas provincias y México en 1825, y que afortunadamente para ambas partes no llegó a mayores.

Tras esto, el Estado de Guatemala pasó a formar parte de la República Federal de Centro América y fue definido de la siguiente forma por la Asamblea Constituyente de dicho estado el 11 de octubre de 1825: “el estado conservará la denominación de Estado de Guatemala y lo forman los pueblos de Guatemala, reunidos en un solo cuerpo. El estado de Guatemala es soberano, independiente y libre en su gobierno y administración interior“. La región del Soconusco fue uno de los municipios originales de ese estado y estaba en el departamento de Quetzaltenango/Soconusco, cuya cabecera era Quetzaltenango, y tenía además del Soconusco a los municipios de Quetzaltenango, Ostuncalco, San Marcos, y Tejutla.

Tanto México como Centroamérica sufrieron graves problemas de estabilidad política por la enconada rivalidad entre criollos conservadores y liberales, lo que los llevó a guerras civiles que retrasaron el desarrollo de la región durante décadas. En Guatemala específicamente, los liberales triunfaron de la mano del general Francisco Morazán, lo que resultó en la expulsión de Centroamérica de las órdenes regulares y los miembros del Clan Aycinena, todos miembros del partido criollo conservador guatemalteco. Si bien se estableció un régimen liberal en el estado gobernado por el Dr. Mariano Gálvez, sus medidas económicas y administrativas que incluyeron la restitución del diezmo personal para los indígenas y la implementación de leyes laicas que iban contra la arraigada tradición católica de los pobladores indígenas, dieron como resultado una guerra civil resultando en la secesión del Estado de los Altos, que incluía al Soconusco, en 1838 luego de que los campesinos dirigidos por Rafael Carrera derrocaron al gobierno liberal. Este efímero estado fue creado por los criollos liberales que no querían un gobierno conservador, pero fue aplastado por las fuerzas del caudillo Rafael Carrera a principios de 1840, y que luego derrotó y expulsó al presidente federal y jefe de estado de El Salvador, el general Francisco Morazán, en abril de ese año.

Ante tal inestabilidad, y por su estado de abandono por las autoridades de Los Altos y de Guatemala dada su lejanía de los centros urbanos, el alcalde de Tapachula, se dirigió el 18 de mayo de 1840 al Gobierno de México pidiendo ayuda, incicando que el Soconusco “(…) se encuentra en completo abandono, expuesto a todos los peligros y las mil penalidades, acogiéndose a la protección del Gobierno de la Nación Mexicana para que por fin le preste el auxilio que tan menester lo es en estas circunstancias, y poner fin a tantos males como se han desatado sobre esta demarcación(…)”

Aunque Anastasio Bustamante y Oseguera, Presidente de México de 1839 a 1841, era partidario de anexar al Soconusco, no pudo realizarlo porque los violentos sucesos internos de México se lo impidieron. Durante ese breve lapso, tuvo que enfrenta la Guerra de los Pasteles, el Pronunciamiento Federal del 15 de julio de 1840, la rebelión federalista del Plan de Tacubaya el 28 de septiembre de 1841 y su deposición el 11 de octubre de 1841 por el movimiento del Plan de Huejotzingo.

Finalmente, a pesar de los problemas internos, las tropas acantonadas en Ciudad Real de San Cristóbal ocuparon el Soconusco y la población realizó consultas definiéndose en pro de la unión a Chiapas y, por ende, a México. Así pues, el 10 de agosto de 1840, en Escuintla del Soconusco se levanta el Acta Promexicana, seguida el 15 de agosto por Tapachula y el 18 de agosto por Tuxtla Chico. Finalmente, el 11 de septiembre de 1842 se firma el Decreto de Incorporación del Soconusco en el que el presidente provisional de la República Mexicana, Antonio López de Santa Anna, establece:

Primero. El Distrito del Soconusco queda unido irrevocablemente al departamento de las Chiapas y consiguientemente a la Nación Mexicana. Segundo: “El Distrito de Soconusco forma una prefectura del departamento de las Chiapas, cuya capital será la Villa de Tapachula, que se eleva desde hoy al rango de Ciudad.”

Guatemala estaba en una situación muy débil agobiada por constantes amenazas de invasiones desde Honduras y El Salvador y solamente pudo presentar una débil protesta y mantener su reclamo sobre el territorio. Pero esto quedó cerrado definitivamente por el tratado Herrera-Mariscal que se firmó entre los gobiernos de México y de J. Rufino Barrios en 1882, en el cual Guatemala renunció definitivamente a dicho reclamo territorial sin pedir nada a cambio, ya que la meta de Barrios era mantener como aliado a México mientras él se enfocaba en lo que resultaría ser su fracasado intento de unificar a Centroamérica por la fuerza.


BIBLIOGRAFIA:

  • Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 325.
  • Montiel, G.; Recordando el Soconusco y su perla, B. Costa-Amic Editores, México D.F., 1979
  • Presidencia municipal de Tapachula; Historia de Tapachula, Tapachula (Chiapas), 2000
  • García, J.M.; Soconusco en la historia, México D.F., 1963
  • La Ilustración Guatemalteca (1896). «Nuestras fronteras»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) I (13).
  • Vigil, J.M., México a través de los siglos, la Reforma, Tomo V, Ed. Cumbre, México D.F., 1958.
  • VV.AA., Chiapas. Monografía estatal, México D.F., 1994
  • Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.— (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.