12 de febrero de 1831: atraca en Trujillo la fragata “Diana” en nombre del rey Luis Felipe de Francia para establecer un pacto de amistad y comercio con Centro América

Mapa de la República Federal de Centro América en 1840.  En negro el enclave birtánico de Belice y en Azul la concesión otorgada por Guatemala  la Compañía Belga de Colonización.  Imagen tomada de Amérique centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union, fondée par la Compagnie Belge de Colonisation.

El nuevo rey de Francia, Luis Felipe de Orleáns, envió a la tripulación de la fragata “Diana” para presentar formalmente al gobierno de Centro América a cargo del general liberal Francisco Morazán un tratado de comercio y amistad, poniendo a la embarcación a la disposición del gobierno centroamericano para que enviara en ella a la comitiva que considerara conveniente.

Morazán veía con recelo al Dr. Mariano Gálvez, entonces diputado, a quien propuso enviar a Francia, y así sacarlo de la contienda política en la region.  Pero Gálvez comprendió la jugada que intentaba hacer Morazán y con mucha diplomacia utilizó todos los recursos politicos a su alcance para que la Asamblea no le permitiera irse como embajador de Centro América a Francia.  Al no encontrar a nadie más dipuesto a participar en la empresa, el gobierno centroamericano declinó formalmente la invitación del gobernante francés.

Aquello no sentó muy bien a Morazán, que empezó a distanciarse de Gálvez, quien a su vez, puso serias trabas al gobierno federal cuando se hizo cargo del gobierno del Estado de Guatemala poco después.  Sería el principio de un cisma entre los liberales, quienes verían como sus rencillas los llevarían a perder el control de Guatemala, y eventualmente a la desintegración de la endeble República Federal de Centro América.

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7 de febrero de 1786: nace el militar y diplomático conservador guatemalteco Antonio José de Irisarri, quien fue héroe de la independencia de Chile

Retrato del coronel Antonio José de Irisarri cuando era embajador de Guatemala ante el gobierno de los Estados Unidos.

Antonio José de Irisarri nació en la recién fundada ciudad en 1786, y estudió en la escuela pública de los hermanos Betlemitas, la cual se limitaba al aprendizaje del catolicismo, la gramática y a las cuatro operaciones básicas de la aritmética.​ Posteriromente aprendió geometría, astronomía y latín en la escuela, y un profesor de origen español le enseño los fundamentos de inglés, italiano y francés.

 

Tras la muerte de su padre en 1805, recibió una cuantiosa herencia que incluyó su propio barco con el que partió hacia México en 1806 para resolver asuntos pendientes de su padre.​ Fue interceptado por un buque pirata inglés que le robó el cargamento y lo hizo prisionero, pero pudo regresar a Guatemala cuando varios de los piratas fueron capturados e hicieron un intercambio de prisioneros con las autoridades españolas.

Nuevamente emprendió el viaje a México, esta vez por tierra, en donde se relacionó con las principales autoridades españoles de la localidad, quienes lo ayudaron a resolver los trámites judiciales y a obtener una ganancia de trescientos mil pesos.  Tras regresar a Guatemala emprendió un nuevo viaje, esta vez a Lima, en donde estuvo ocho meses y nuevamente tuvo la oportunidad de relacionarse con las principales autoridades españolas. Luego pasó a Chile, en donde vivían numerosos familiars suyos y se casó con su prima María Mercedes de Trucíos y Larraín en 1809.

En 1811 fue regidor del cabildo de Santiago de Chile y participó activamente en el movimiento independentista, escribiendo artículos bajo varios pseudónimos en los periódicos locales.​ También tuvo varios puestos públicos y en 1814 debió asumir interinamente el puesto de director supremo de la Nación ante el retraso de la llegada de Francisco de la Lastra. Fue uno de los gestores del tratado de Lircay de 1814 entre realistas y patriotas a fines de la Patria Vieja.

Fue deportado a Mendoza (Argentina) tras el triunfo de los realistas,​ y tras pasar por Buenos Aires, partió a Londres en 1815.​ Regresó a Chile en 1818, haciéndose cargo de la cartera de Relaciones Exteriores del gobierno de Bernardo O’Higgins cuando éste ya había logrado asegurar la independencia chilena.

En 1822, estando de embajador de Chile en Londres, invitó a su amigo personal Andrés Bello para que ocupara el cargo de secretario de la embajada con un sueldo de dos mil pesos anuales. También abogó porque se realizaran inversiones inglesas en Centroamérica, consiguiendo en 1825 que se establecieran empresas que él mismo iba a dirigir, pero que no se lograron establecer porque la respuesta de la Federación Centroamericana arribó hasta en febrero de 1826, y para entonces la situación financiera en Inglaterra era desfavorable y esto lo llevó a la ruina.

Abandonó Londres para regresar a Centroamérica, la cual se encontraba en medio de la Guerra Civil entre criollos liberales y conservadores.​ Se unió al partido conservador que a la sazón ostentaba el poder del Estado de Guatemala por intermedio de Mariano de Aycinena y Piñol; fundó el periódico El Guatemalteco para apoyar al gobierno y fue comandante general del Estado, y segundo jefe de una división que fue enviada a la frontera con El Salvador.

El 20 de octubre de 1828, cuando la guerra civil estaba en su apogeo, el gobierno de Aycinena lo nombre Ministro de la Guerra, con el grado de coronel, para que restableciera la disciplina en las filas del ejército guatemalteco.​ Pero tras la derrota del ejército guatemalteco por las fuerzas invasoras del general Francisco Morazán, Irisarri fue hecho prisionero y solo se salvó de morir cuando un soldado abogó por su persona; fue enviado a pie hasta San Salvador atado de brazos, en donde permaneció preso por nueve meses.

El 4 de junio de 1829 el gobierno de Morazán expidió una ley por la que se le imponía la pena de muerte a todos los miembros de la familia Aycinena que habían participado en el gobierno conservador de Guatemala —incluyendo a Irisarri— previo que devolvieron al erario los sueldos de sus tres años de trabajo y la confiscación de todos sus bienes.​ Irisarri logró escapar de la cárcel salvadoreña el 7 de enero de 1830 y se embarcó en Acajutla hacia Guayaquil, en Ecuador, en donde empezaría una nueva etapa en su vida.

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5 de febrero de 1829: el general Francisco Morazán al mando del “Ejército Protector de Ley”, inicia el sitio de la Ciudad de Guatemala

Mapa de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1820.  La mayoría de los edificios todavía estaban a medias tras el traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros cuando ocurrió el sitio de Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

 

El general liberal Francisco Morazán se encontraba al inicio de su flamante carrera militar y política.  Tras sendos triunfos en la Batalla de La Trinidad y de Gualcho, y de reforzarse y reabastecerse en Ahuchapán, emprendió la macha hacia la Nueva Guatemala de la Asunción, entonces sede del moribuno gobierno de Manuel José Arce.

Morazán llegó  a reunir a dos mil hombres a los que llamó “Ejército Protector de la Ley” y con ellos marchó hacia la ciudad de Guatemala, la cual sitió el 5 de febrero de 1829.  Adentro de la entonces pequeña ciudadela, las fuerzas guatemaltecas se atrincheraron para resistir el sitio.

Los criollos liberales aborrecían al presidente del estado Mariano de Aycinena, y a su poderosa familia a quienes consideraban “aristócratas” y por ello desertaron y se aliaron con los invasores. Incluso fueron más allá: desconocieron la autoridad de Aycinena y decidieron devolver el poder a las autoridades que habían sido despuestas en 1826, todas ellas liberales.

Los partidarios de Morazán abrazaron la bandera del anticlericalismo y la unión centroamericana para expulsar a los conservadores del poder y exiliarlos de la region, lo que consiguieron tras la rendición de Aycinena el 12 de abril de 1829.  Una vez expulsados, Morazán confiscó todos sus bienes y como muchos de los exiliados eran miembros de las órdenes regulares, permitió a su tropa saquear todos los templos católicos y las casas de los conservadores, con lo que se perdió mucho del legado artístico de Guatemala.   En cuanto a las grandes haciendas que tuvieron que abandonar los conservadores, Morazán las repartió  entre sus partidarios e incluso algunas de ellas llegaron a manos de ciudadanos ingleses que habían patrocinado al ejército morazánico.

Irónicamente, en 1920, fueron los conservadores los que utilizaron la bandera de la union centroamericana para derrocar al president liberal Manuel Estrada Cabrera.

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2 de febrero de 1851: el general Rafael Carrera aplasta a los liberales en la Batalla de la Arada, iniciando por fin el desarrollo de Guatemala

Retrato oficial del Capitan General Rafael Carrera, quien derrotó a los criollos liberals centroamericanos en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851 y se convirtió en el gobernante absoluto del país desde entonces hasta su muerte en 1865.  Retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Los primeros treinta años de vida independiente de Guatemala estuvieron marcados por la Guerra Civil Centroamericana, la invasion de Francisco Morazán en 1829, la expulsión de los aristócratas guatemaltecos, la revolución católico-campesina contra Mariano Galvez en 1838, el intento de formación del Estado de Los Altos y la segunda invasion de Morazán en 1840, en donde fue derrotado definitivamente por Carrera.

Tras la derrota de Morazán, Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala, pero eso no impidió que hubiera constantes revueltas, invasiones desde El Salvador y Honduras, y que el Soconusco se anexara a México por sentir que estaba abandonado por las autoridades guatemaltecas.  La situación llegó a un punto crítico en 1848, cuando los criollos (tanto liberales como conservadores) le pidieron a Carrera que renunciara al poder para hacerse ellos cargo de la situación.

Carrera se fue a México sin chistar y la situación se puso todavía peor.  El Estado de Los Altos intent resurgir una vez más, y las rebeliones se recrudecieron.  Por si eso no fuera poco, se inició una guerra civil en Yucatán en donde los indígenas se alzaron y empezaron a cometer masacres en contra de los criollos y europeos, lo que aterrorizó a los criollos guatemaltecos. Obligados por las circunstancias, los criollos aristócratas tuvieron que pedirle a Carrera que regresa al poder, sabiendo de sus fuertes alianzas con los campesinos indígenas del país.  Los criollos liberales, por su parte, huyeron hacia El Salvador y Honduras, en donde se organizaron con los gobiernos liberales de esos países para acabar de una vez por todas con el régimen católico-aristócrata-campesino que Carrera impuso en Guatemala.

El punto álgido del conflicto fue la Batalla de la Arada, ocurrida el 2 de febrero de 1851, cuando los liberales invadieron Guatemala y enfrentaron a un ejército guatemalteco con menos tropa y menos militares de alta graduación que el de ellos.  La estrategia que utilizar  Carrera para repelerlos fue magistral, al punto que hasta el día de hoy se estudia en la Academia Militar de West Point, en donde estudian los oficiales del ejército de los Estados Unidos.

Carrera, a diferencia de muchos de los llamados generales que han gobernado el país, sí combatió junto con sus tropas en el frente y tras la batalla lo encontraron desmayado por el agotamiento, con su espada todavía en la mano.  De hecho, tuvieron que cortarle el pomo de la espada para poder retirársela, porque la tenía hinchada de tanto matar enemigos.

A partir de ese momento, Carrera fue el gobernante absoluto de Guatemala, y también a partir de entonces se empezó a trabajar en infraestructura y desarrollo en el país, porque por primera vez en 30 años reinó la paz en el territorio guatemateco.  Nadie se atrevió a indavir a Guatemala desde entonces, y los criollos liberales esperaron pacientemente hasta que pasaran seis años después de la muerte del presidente mestizo para retomar el poder en el país.

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29 de enero de 1840: el general Rafael Carrera toma Quetzaltenango y reincorpora al territorio del Estado de Los Altos a Guatemala

Catedral de Quetzaltenango en 1887.  Fotografía del libro “Guatemala, The Land of Quetzal“.

Guatemala sufrió varios intentos de secesión durante las décadas de 1830 y 1840.  El principal fue la formación del Estado de Los Altos entre Soconusco, Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Sololá, Suchitepéquez, Totonicapán, y Retalhuleu.  Los criollos liberales viendo como habían perdido el poder en Guatemala tras el triunfo de la revolución campesina liderada por Rafael Carrera en 1838, se aglutinaron en el occidente del Estado y aprovechando que el general Francisco Morazán se aferraba todavía a la presidencia de la República Federal de Centroamérica formaron su propio Estado: el Estado de Los Altos.

Primero en la ciudad de Totonicapán, y luego en la ciudad de Quetzaltenango, los liberales se organizaron con el fin de exportar sus bienes en los puertos en la costa de Retalhuleu y hacerle presión al gobierno de Guatemala desde la frontera occidental, junto con las presión que estaba haciendo Morazán desde El Salvador y Honduras.  Pero en Guatemala estaba al mando la recia figura del general mestizo Rafael Carrera que recuperó a Los Altos a sangre y fuego, entrando a Quetzaltenango el 29 de enero de 1840.

Al saberlo, Morazán que tenia a Carrera entre ceja y ceja, invadió a Guatemala y arrasó el oriente del Estado a su paso.  El general mestizo le tendió una trampa y lo derrotó de forma aplastante en la Ciudad de Guatemala.  Sería el fin de los liberales en Los Altos y de la carrera política de Morazán.

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1 de enero de 1837: el Jefe del Estado de Guatemala, doctor Mariano Gálvez promulga los Códigos de Livingston, un nuevo código civil con ideas demasiado avanzadas para su época

Doctor Mariano Galvez. Imagen tomada de Wikimadia Commons.

Reproducimos a continuación cómo describe el escritor Federico Hernández de León cómo fue que se instituyeron los Códigos de Livingston el 1 de enero de 1837:

En enero de ese año se promulgaron los códigos de Livingston, cuya traducción presentara José Francisco Barrundia a su amigo, el doctor Mariano Gálvez, jefe del Estado de Guatemala.  Los trabajos por imponer esas leyes, inadaptables a nuestros medios y a nuestras costumbres, se realizaron desde el año 1832, al poco tiempo de tener la jefatura el doctor Galvez.  El señor Barrundia era un iluso, en el sentido pleno de la palabra; hombre que vivía con los pies en la tierra, y con la cabeza en la luna.  Su prestigio de Patricio le daba ejecutorias para imponer su voluntad y, en los días que se siguieron a la caída del regimen aristócrata (de Mariano de Aycinena), Barrunda fue un oráculo, un mentor, un guía, un punto convergente de todas las miradas y de todas las aspiraciones del partido liberal.

La manera de ser austera de Barrundia, su palabra sentenciosa, su manera de caminar, reposada y prosopopéyica, le daban cartel de super hombre.  Nadie se atrevía a meterse en su vida privada, que pasaba por un modelo de compostura y seriedad.  De modo que, cuando en las asambleas de 1834 y 35, su palabra se levantó abogando por el establecimiento de los jurados y por la promulgación del Código de Livingston no hubo más que atenderle y pasar por lo que pedía. Alguna resistencia razonada se opuso a la acerada voluntad del prócer; pero al cabo, la debilidad dio paso a las innovaciones y el patriarca de los liberales se salió con la suya, capricho que costó al país las más crueles desventuras.

Era imposible que nuestros pueblos pudieran aceptar, apenas salidos de un regimen de trescientos años, lleno de prejuicios y reservas, el sistema de organización social que suponía una obligada preparación.  No quiso considerer Barrundia que el indígena estaba distanciado del cuákero, como el sol de la luna; y la hecatombe hubo de sobrevernirse ruinosa, envolvente, mortal.  El 6 de marzo el pueblo de San Juan Ostuncalco, en la region de Los Altos, compuesto totalmente de indígenas, se levantó una rebelión contra las autoridades que lo acoquinaban.  Hubo asesinatos y una bullanga de todos los diablos.  El gobierno ratificó sus temores y el doctor Galvez comprendió que había pecada de dúctil y complaciente.  

Al mes siguientes, el cólera asiático se presentó de modo espantoso.  

Aquel sería el principio del fin del gobierno liberal de Guatemala, que cayó en 1838 y no retornaría al poder sino hasta en 1871.

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27 de diciembre de 1838: la Asamblea Constituyente del recién creado Estado de Los Altos ratifica el nombramiento de las autoridades del Ejecutivo del nuevo estado

Valle de Totonicapán en 1884.  Fue en este departamento en donde se declare la formación del Estado de Los Altos en 1838. Grabado del libro Guatemala, the land of quetzal de William T. Brigham, publicado en 1887

La revolución que derrocó a Mariano Galvez y a los criollos liberales en Guatemala los obligó a replegarse hacia El Salvador y hacia los departamentos del occidente del Estado. Contando con el apoyo del gobierno Federal, formaron su propio Estado al que llamaron “de Los Altos” y el 27 de diciembre de 1838 la Asamblea Constituyente del nuevo estado ratificó el nombramiento de los miembros del Ejecutivo.

Entre los miembros de aquel gobierno el más destacado fue sin duda el general Agustín Guzmán, un militar mexicano que llegó a Guatemala  las órdenes de Vicente Filísola en sustitución de Gabino Gaínza durante el efímero Imperio de Agustín de Iturbide.  Guzmán fue el segundo jefe del Estado y el jefe de la fuerzas armadas y como tal, tuvo que enfrentarse varias veces contra el genio militar del general Rafael Carrera.

En 1840, Guzmán fue derrotado por Carrera y enviado a la Ciudad de Guatemala montado en una mula y con sus heridas aún sangrantes.  Estuvo en prisión hasta que fue rescatado por Francisco Morazán quien lo envió a Quetzaltenango con la noticia de que Carrera había sido vencido.  Guzmán no podia extender sus extremedias por haber estado encadenado todo ese tiempo, pero montó a caballo como pudo y partió con la feliz noticia.  Desafortunadamente para Guzmán, solo se trataba de un ardid de Carrera y cuando se encontraba de viaje hacia el occidente, las fuerzas guatemalteca aplastaron a las fuerzas de Morazán y lo obligaron a huir.

Diez años después, Carrera, ya dueño absoluto de la situación en Guatemala aceptó salir al exilio, lo que fue aprovechado por los criollos liberals para intentar formar el Estado de los Altos una vez más.  Guzmán fue nuevamente el líder de los altenses, pero sus acciones fueron nuevamente derrotadas, primero por el presidente Mariano Paredes, y luego por el mismo Carrera cuando regresó al poder.

BIBLIOGRAFIA: