23 de febrero de 1863: las fuerzas salvadoreñas derrotan al ejército de Rafael Carrera en Coatepeque, El Salvador

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Batalla de Coatepeque, tal y como fue esculpida en el Monumento a Gerardo Barrios en El Salvador.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la batalla de La Arada el gobierno de Guatemala vivió tranquilamente, pues sus vecinos centroamericanos quedaron bajo su control, mientras que México estaba hundido en graves guerras civiles.  Pero hacia el final de la vida del general Rafael Carrera, el presidente Gerardo Barrios intentó deponer al fuerte gobierno conservador católico que se había establecido en Guatemala.

En 1863, el partido de los criollos liberales estaba decidido a acabar con el partido conservador en Nicaragua y, sobre todo, el aborrecido gobierno conservador de Carrera en Guatemala. Poco antes, el líder liberal Máximo Jerez había propuesto en Nicaragua que se hiciera una nueva república federal y que se le diera la presidencia de la misma a Carrera, estableciendo la capital nuevamente en la Ciudad de Guatemala.  Esto no fue del agrado de los liberales de los otros estados quienes soñaban con una Federación, pero sin los “cachurecos” (es decir, los conservadores guatemaltecos y sus aliados, los miembros del clero).  Entre aquellos destacaba el general Gerardo Barrios, presidente de El Salvador, quien atacó duramente la propuesta de Jerez, llegando a romper relaciones diplomáticas con los estados centroamericanos.

Carrera tomó aquello como una afrenta y dirigió a su ejército a la frontera con El Salvador e invadió Santa Ana.  De esta cuenta, a principios de febrero, el gobierno de Gerardo Barrios lanzó una dura proclama en contra del gobierno cachureco fanático de Carrera, diciendo que éste gobernaba con el rosario en la boca y la espada sangrienta en la mano y que era indispensable derrocar aquel “tirano”.  Y entonces, en respuesta, el 2 de febrero de 1863, al conmemorar el décimo segundo aniversario de la Batalla de La Arada, Carrera pasó revista a sus tropas en la calle frente al templo de San José en la Ciudad de Guatemala, y el 5 partió al frente de las mismas hacia Jutiapa, a donde llegó el 9 de febrero.

El 15 de febrero, estaban ya las tropas listas, desde Guatemala, Palencia, Mataquescuintla y Santa Rosa, comandadas, entre otros, por el general Serapio Cruz (“Tata Lapo”) y el también general José Víctor Zavala; solamente faltaba el destacamente de Chiquimula, comandado por el general Vicente Cerna.  El 16, fuerzas compuestas por quinientos hombres salieron para Ahuchapán y la tomaron ese mismo día, mientras que por la tarde, salió Zavala con los batallones de la capital y de Santa Rosa, para que, finalmente, al día siguiente saliera Carrera con el resto de las fuerzas guatemaltecas.

Aquello significó la declaratoria de guerra y las fuerzas de Carrera, en total de seis mil hombres, ocuparon Chalchuapa. Ya con Ahuachpán tomada, los guatemaltecos avanzaron hacia Santa Ana, en donde los salvadoreños abandonaron la plaza y salieron a atrincherarse a Coatepeque, desde donde atacaron a la retaguardia del ejéricto de Carrera que hacía un reconocimiento del terreno antes de la batalla.

Al día siguiente, 23 de febrero, a pesar de iniciar con ímpetu desde las cinco de la mañana, las fuerzas guatemaltecas no pudieron someter a Coatepeque, en donde comandaban la batalla Gerardo Barrios y Máximo Jerez, y los salvadoreños, disfrutando de un mejor posición, hicieron estragos entre los atacantes. Debido a la escacez de agua y el calor sofocante, los guatemaltecos tuvieron que emprender la retirada, dejando casi mil muertos y sufriendo una gran cantidad de deserciones.

Al día siguiente, ya con el resto de sus fuerzas reorganizadas, Carrera intentó un nuevo ataque, pero nuevamente fue repelido por los salvadoreños, pero de tal forma, que el ejército guatemalteco huyó en desbandada y Carrera tuvo que ordenar la retirada.  Los salvadoreños, no obstante el brillante triunfo, quedaron tan maltrechos, que no pudieron avanzar sobre la retaguardia y dejaron que se fueran los invasores.

Carrera regresó a la ciudad de Guatemala el 5 de marzo al frente de dos mil quinientos hombres, y fue recibido como que si hubiera derrotado al enemigo.  ¡Era tal el servilismo que imperaba!  Después de dos días de ausentarse de sus obligaciones como presidente por estar indispuesto, Carrera retomó su funciones y empezó a planificar su revancha, que a la larga se cumplió en forma absoluta: Barrios, vencido, tuvo que salir huyendo de su propio país, para caer luego en manos de sus enemigos, que lo ejecutaron sin piedad.  Y Máximo Jerez, que había ayudado a Barrios enormemente en la campaña de Coatepeque, evalentonado por la victoria sobre Carrera se fue a Nicaragua para acabar con los conservadores de esa región, pero solo alcanzó una terrible derrota tras la cual fue exiliado a Costa Rica.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (22 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 22 de febrero de 1863, Acción de Coatepeque”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

 

29 de agosto de 1865: fusilan al general salvadoreño Gerardo Barrios, último gobernante liberal centroamericano que intentó invadir la Guatemala conservadora de Rafael Carrera

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Escultura que representa el Sitio de San Salvador por las fuerzas de Rafael Carrera en 1863.  Se encuentra en el monumento a Gerardo Barrios en la capital salvadoreña. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Inicialmente, el general liberal salvadoreño Gerardo Barrios tenia una relación cordial con el gobernante guatemalteco, pero las relaciones se enfriaron y luego de una fallida invasión a Guatemala, el capitán general Rafael Carrera invadió El Salvador, tomó la ciudad capital, San Salvador, y sustituyó a Barrios por el doctor Francisco Dueñas.  En los primeros días de noviembre de 1863, Barrios tuvo que embarcarse en el Puerto de La Unión para huir al exilio.

Barrios era yerno del general Trinidad Cabañas quien por años había intentado derrocar al gobierno conservador en Guatemala y juntos se pusieron de acuerdo para el retorno de Barrios al poder.  Mientras Barrios estaba en Panamá, el general Rafael Carrera murió en Guatemala el 14 de abril de 1865, y Cabañas agitó El Salvador, alzándose en San Miguel y desconociendo la autoridad del doctor Dueñas, esperando que su aliado, el general Santiago Delgado hiciera lo mismo en San Salvador.  Sin embargo, las fuerzas gubernamentales descubrieron a Delgado y lo encarcelaron, y luego salieron a buscar a Cabañas, quien se parapetó en el puerto de La Unión en donde fue derrotado ampliamente el 29 de mayo.

Para cuando Gerardo Barrios intentó viajar a El Salvador desde Panamá, su viaje se retrasó porque el buque que había alquilado originalmente no le permitió llevar ni sus armas ni su pólvora. Al fin logró fletar otra goleta y al frente de un puñado de voluntarios regresó a su patria en donde todavía no había desembarcado cuando se enteró del rotundo fracaso de su suegro.  Barrios logró huir de aguas salvadoreñas, pero el 27 de junio de 1865 su goleta fue alcanzada por un rayo frente a las costas limítrofes de Honduras y Nicaragua.  Luego del naufragio, los sobrevivientes fueron llevados a Corinto.

Cupo la desgracia, que en ese puerto se encontraba Enrique Palacios, agente del general Carrera y enemigo personal del general Gerado Barrios ya que éste había no solo deshonrado a una hija de Palacios sino que se había burlado de ella después de hacerlo.  Palacios consiguió que el comandante del Puerto enviara a Barrios a la capital de Nicaragua en calidad de prisionero acusado de graves delitos.

Barrios no sabía que el presidente de Nicaragua, Tomás Martinez, no solamente era conservador y aliado del fallecido Carrera sino que tenia una excelente relación con el gobierno de Dueñas.  Al saber que era Barrios el que había naufragado, Martínez se comunicó con el gobierno de El Salvador, quien envió al vicepresidente de ese país con plenos poderes para exigir la extradición del reo, lo que finalmente consiguió el 14 de julio de 1865.

Barrios fue juzgado sumariamente, cargado de cadenas y condenado a muerte en el patíbulo por influencia directa del presidente Dueñas, siendo fusilado frente al Calvario el 29 de agosto a las cuatro y media de la mañana.  Solamente dijo antes de morir: “¡los calvareños duermen, y yo marcho a la tumba!”


BIBLIOGRAFIA: