2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir

La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pude ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitude en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.

Luego de los terremotos de «Santa Marta» en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y este era el tercer terremoto de magnitud considerable en el ultimo siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad (es decir, las autoridades civiles y militares) impusieron su opinión y partieron rumbo al “Valle de la Ermita”, mientras que la oposición (es decir, el clero secular y parte de la población) se quedó en Santiago de los Caballeros a reconstruir la ciudad.

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de «la Culebra», había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la Nueva Guatemala de la Asunción empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de «la Culebra» para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado «Loma de Talpetate» y dividía el llano de “la Culebra” con el de “la Ermita”. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos (como en efecto ocurrió en 1917-18). Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en «El Cambray» en Santa Catarina Pinula– y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona (conocida como “bulevar Liberación” a partir de 1954). Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del “Valle de la Ermita” era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, ​pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido.  Y el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad.  Esta situación se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.  El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, pero no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y huyó hacia El Salvador.   Ese sería el fin de la férrea resistencia al traslado de la capital.

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores ​retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la “Tacita de Plata”, aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

24 de diciembre de 1854: nace en San Marcos el general José María Reina Barrios, quien sería presidente de Guatemala de 1892 a 1898

Uno de los presidentes que más se preocupó por el desarrollo de sus conciudadanos sin importar su raza fue el general José María Reina Barrios.   Nacido en San Marcos el 24 de diciembre de 1854, era sobrino lejano de J. Rufino Barrios, estuvo casado con la vedette estadounidense Algerie Benton y tuvo una esmerada educación en Europa y Estados Unidos, países en donde también fue consul.

Tuvo la suerte de llegar al poder cuando todos los esfuerzos de los gobiernos liberales empezaron a rendir frutos: el precio del café estaba por las nubes y el gobierno pudo invertir en infraestructura, educación, e incluso en el embellecimiento de la Ciudad de Guatemala.

Durante su gobierno se construyeron varios palacios en la ciudad de Guatemala, entre ellos el nuevo Palacio Presidencial (inagurado el 24 de diciembre de 1896 para celebrar el cumpleaños del presidente), el Palacio de la Reforma (que estaba en donde ahora está el Obelisco), el Palacio del Registro de la Propiedad Inmueble (que ahora funciona como el Museo de Historia) y la Escuela Agrícola de Indígenas en los campos de La Aurora en donde se estudiaban los alumnos indígenas más aventajados de todo el país.  Para recorrer todos estos edificios, embelleció el Paseo de la Reforma con estatuas y monumentos.

Tambien hubo libertad de prensa, algo completamente novedoso y que no había existido nunca antes en Guatemala (y, de hecho, no existió después sino hasta que llegaron al poder los gobiernos revolucionarios en 1944).  Es posible encontrar en la Hemeroteca Nacional y en las bibliotecas de las principales universidades de Guatemala ejemplares de periódicos completamente opuestos al régimen, lo que no puede decirse de ningun otro gobierno liberal ni del gobierno conservador de Rafael Carrera.

Pero en donde estuvo la caída del gobierno fue cuando intentó hacer obras faraónicas simultáneamente:  su principal objetivo fue construir el ferrocarril del Norte entre Puerto Barrios y la Ciudad de Guatemala, el cual por poco termina, pero al mismo tiempo intentó construir un segundo acueducto para la ciudad y organizar una Exposición Centroamericana para exponer el ferrocarril a los gobiernos extranjeros, con tan mala suerte, que en ese momento se desplomó el precio internacional del café y todos los proyectos se quedaron a medias.

Reina Barrios pasó de ser un gobernante benévolo a convertirse en otro tirano más en la lista de presidents de Guatemala cuando disolvió la Asamblea para extender su mandato presidencial hasta 1902, sometió rebeliones a sangre y fuego, endeudó al país como nunca antes e incluso llegó a cerrar las escuelas para ahorrar en el gasto público.

El desastre que sobrevino sobre el país en 1897 terminó no solamente con el gobierno de Reina Barrios sino con su vida:  murió asesinado el 8 de febrero de 1898.

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21 de diciembre de 1813: el Capitan General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, se entera de la Conjuración de Belén por un delator

Patio del Instituto Normal para Señoritas Belén en 1913, cien años después de la Conjuración de Belén.  El convento fue convertido en Instituto por las autoridades liberales en la década de 1870.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Muy pocos son los nombres de los Capitanes Generales que se conservan en la Historia de Guatemala.  Está Martín de Mayorga por el traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción y Melchor de Mencos, su sucesor, por la construcción de los más importantes edificios de la nueva ciudad.  Tambien se recuerda a Gabino Gaínza, quien traicionó la confianza depositada en él y lideró a Centroamérica tras la independencia de España en 1821.  Y durante la época inmediatamente anterior a la independencia está José de Bustamante y Guerra.

Bustamante y Guerra llegó a Guatemala en 1811 y ante la revolución de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos en México, preparó tropas en Guatemala y creó el “cuerpo de voluntarios de Fernando VII” y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los independentistas. También se opuso a la Constitución de Cádiz de 1812 y todo lo que fuera a reformar el gobierno español.

A partir del 28 de octubre de 1813, y después de la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, empezaron a celebrarse en la celda prioral del Convento de Belén varias juntas organizadas por fray Juan Nepomuceno de la Concepción con el objeto de derrocar al capitán general Bustamante y Guerra y lograr la independencia de la región.​ En noviembre hubo otra reunión en casa de Cayetano y de Mariano Bedoya, hermanos menores de Dolores Bedoya de Molina, y cuñados de Pedro Molina Mazariegos, todos ellos ricos criollos hacendados que no estaban de acuerdo con el gobierno de Bustamante. Además,​ entre los conjurados había varios miembros de los cleros tanto regular como secular, demostrando el interés de las diferentes facciones de la Iglesia católica en el alzamiento contra Bustamante y Guerra.

Pero el 21 de diciembre de 1813, Bustamante y Guerra, se enteró de que en el convento de Belén se reunían los sediciosos gracias a la delación de José Prudencio de La Llana, y de inmediato dictó un auto para que el capitán Antonio Villar y su ayudante, Francisco Cáscara, apresaran a los religiosos de ese monasterio. Muchos fueron apresados ese día y otros traicionados cuando el teniente de dragones Yúdice escribió a Bustamante y Guerra para pedir la clemencia del rey al verse descubierto y le dió nombres de los conjurados.​ Finalmente, para cubrir todas sus bases, Bustamante comisionó a su sobrino. el carmelita fray Manuel de la Madre de Dios, en la casa de correos, para que abriese toda correspondencia que cayera en sus manos.

Todos los apresados fueron juzgados y condenados a diferentes penas, entre ellas encierro y destierro, aunque nadie fue desterrado porque la situación de las colonias estaba muy inestable.  Por su parte, Bustamante y Guerra logró su confirmación en su puesto por el rey Fernando VII en 1814 y fue destituido en agosto de 1817 para que regresara a España, a donde arribó en 1819 y entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombró director general de la Armada hasta 1822.

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15 de diciembre de 1848: en medio de una gran crisis de gobernabilidad e invasiones, el gobierno restablece a milicia cívica en la Ciudad de Guatemala

Una excursion en las faldas del Cerrito del Carmen.  Al fondo, la Iglesia de La Candelaria  Imagen de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

En 1848, los criollos de ambos partidos consideraron que Rafael Carrera había servido a sus fines y le pidieron la renuncia a la presidencia.  Carrera, a quien los historiadores liberales describieron como un ignorante analfabeto que firmaba “Raca Carraca“, en realidad era un genio militar y además un hábil politico que conocía a los criollos mejor que nadie.  Así que renunció sin protestar pues sabía que más temprano que tarde estarían rogando por su retorno al país.

Tal y como Carrera había imaginado, tan pronto como él salió al exilio Guatemala cayó en una grave crisis de ingobernabilidad, que se manifesto con invasiones de liberales desde El Salvador y Honduras, formación de bandas de forajidos que asaltaban en los caminos y un intento del Estado de Los Altos por independizarse nuevamente.

En diciembre de 1848, la situación llegó a tal punto, que el gobierno del Estado restableció la milicia cívica en la Ciudad de Guatemala, y reproducimos a continuación el decreto complete para que el lector se de una idea del caos que se vivía:

Artículo 1.°: se restablece en todo su vigor y fuerza el decreto de 23 de agosto de 1823 sobre organización de la fuera cívica, dado por la asamblea nacional constituyente, con las modificaciones que contiene el presente decreto. 

Artículo 2.°: en el día de hoy y el de mañana, quedarán formados en esta capital cuatro batallones:

  • El primero se compondrá de los varones que habitan en las parroquias del Sagrario y Santo Domingo
  • El segundo de los de Los Remedios
  • El tercero de los de San Sebastián; y
  • El cuarto de los de la Merced y Candelaria

Artículo 3.°: para facilitar la pronta organización de estos cuerpos el gobierno nombra comandantes de ellos; 

  • Para el primero al coronel don José Piloña
  • Para el Segundo al coronel don Manuel Abarca
  • Para el tercero al señor Arcadio Gatica; y 
  • El cuarto al señor Cristino Irías

pero luego que estén organizados dichos cuerpos, nombrarán ellos sus comandantes en la forma que previene el reglamento citado.

Artículo 4°. Por ahora, la fuerza cívica será destinada a defender la ciudad de la invasion actual: pasado el peligro, quedará en el pie en que la constituye el reglamento referido, y recibirán sueldo únicamente los que presten servicio de guardias y lo necesiten.

Artículo 5°. Los comandantes nombrados, emplearán toda su energía para reunir en el término, prefinido, todos los individuos de que ha de componerse su respectivo cuerpo, que son los llamados al alistamiento en el último bando publicado.

Artículo 6°. Los individuos que hoy component la guardia urbana y la de Minerva, se alistarán en sus respectivos cantones en la que hoy se demonina guardia cívica; mas no se disolverán aquellos dos cuerpos hasta no estar organiados los cívicos; y con el objeto de dar al alistamiento más respetabilidad, los señores curas exhortarán a sus feligreses para que llenen este deber; cuyo servicio será considerado por el gobierno como corresponde.

Artículo 7°. El ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Poco o nada pudo hacer la guardia cívica frente a los avances de las revoluciones que se enfrentaban al gobierno criollo y a finales de 1849, Carrera había regresado de México estableciendo pactos con todos los líderes indígenas del occidente guatemalteco, y era nuevamente el hombre fuerte de Guatemala.  De hecho, lo sería hasta su muerte en 1865.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

14 de diciembre de 1841: el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz renuncia al cargo y es sustituido por el licenciado Venancio López

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Planos originales de la Catedral de la Ciudad de Guatemala.  La religion católica jugaría un papel crucial en la política de Guatemala desde el gobierno de Rivera Paz hasta la revolución liberal de 1871.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Gobernar teniendo a Rafael Carrera como general en jefe de las Fuerzas Armadas era una tarea sumamente ardua, y eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mariano Rivera Paz, un hombre muy competente y capaz pero que estuvo al mando del Estado de Guatemala durante la época más convulsa de la República Federal de Centro América.

Rivera Paz había llegado al poder poco antes de que las hordas de Carrera entraran en la ciudad de Guatemala exigiendo que se abriera la Catedral Metropolitana en nombre de la santa religion; ante esta situación, Rivera Paz se apresuró a aprobar una serie de decretos que facilitaron el retorno de los eclesiásticos y de la familia Aycinena al país.

Cuando los criollos liberales se dieron cuenta de este cambio de política se trasladaron al occidente de Guatemala y formaron su propio estado, el Estado de Los Altos, en donde aprovecharon lo que le quedaba de poder al presidente federal Francisco Morazán para separarse de Guatemala.

Carrera continuó  su lucha campesina contra las fuerzas morazánicas y tras un año de combates con resultados indecisos, finalmente salió airoso y recuperó a Los Altos para Guatemala.  A paritr de ese momento, pasaron dos cosas:  Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala y la hasta entonces triunfante carrera política de Morazán llegó a su fin.  Este fue el nuevo escenario que afrontó Rivera Paz lo mejor que pudo, pero pronto se hizo evidente que no era un rival de peso para Carrera.

De esta forma, tras una fuerte discusión que tuvo Carera con uno de sus ministros el 7 de diciembre de 1841, Rivera Paz renunció a la jefatura del Estado, dejando el camino libre al “Caudillo adora de los Pueblos”.

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12 de diciembre de 1930: el presidente general Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilita para ejercer su cargo

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Estado Mayor del presidente Lázaro Chacón. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras una presidencia marcada por la Gran Depresión de la economía mundial iniciada por la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el general presidente Lázaro Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930, que lo dejó imposibilitado para seguir al frente del país. A partir de su muerte se sucedieron una serie de golpes de presidencias interinas y golpes de estado que no fueron avalados por el gobierno del presidente Hoover de los Estados Unidos, hasta que, finalmente, fue investido como presidente el general Jorge Ubico, acérrimo enemigo del general Chacón.

Reproducimos a continuación el documento que se publicó en los principales diarios del país con motivo de la grave enfermedad del presidente:

“INFORME DE AUTORIDADES DE MEDICINA

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El general Chacón padecía de algún tiempo atrás constances ataques de tensión alta en las arterias; la solicitud de sus familiares y la intervención médica, había prolongado el golpe que, desgraciadamente, se manifestó antenoche, en condiciones penosas. Un derrame cerebal ha colocado al presidente electo, en imposibilidad de continuar el ejercicio de sus delicadas funciones.

Esta mañana hubo una reunión de ministros, en la casa particular del general Chacón y, en vista de la gravedad de la salud del presdiente, se resolvió llamar al licenciado don Baudilio Palma segundo Designado y con funciones de primero, por haber renunciado dicho cargo el general don Mauro de León, actual Ministro de la Guerra.

Presente el licenciado Palma, fue reconocido como Designado en ejercicio, ante los siete secretarios de Estado y citados los jefes de los cuerpos, fue dado a reconocer el nuevo funcionario, por el ministro de la Guerra, general Mauro de León. A estos actos, estuvo presente el Director General de la Policía, coronel Herlindo Solórzano.

Inmediatamente se hizo saber a toda la república, el reconocimiento que se hiciera del licenciado Palma.”

Chacón ya nunca se recuperó, a pesar de que fue llevado a Nueva Orleans, Louisina, Estados Unidos, para recibir tratamiento médico y falleció el 8 de abril de 1931, no sin antes enterarse de que su enemigo Jorge Ubico había sido electo presidente de Guatemala el 7 de febrero de ese mismo año.

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5 de septiembre de 1980: el comando urbano del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) detona una potente bomba frente al despacho presidencial del Palacio Nacional a media mañana

 

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Los carros que se encontraban junto al lugar de la explosion del 5 de septiembre de 1980.  La imagen es propiedad de Plaza Pública.

El 5 de septiembre de 1980 el Ejército Guerrillero de los Pobres llevó a cabo un acto terrorista frente al Palacio Nacional con la intención de disuadir al pueblo guatemalteco de asistir a una manifestación de apoyo al Gobierno del general Romeo Lucas-García que estaba planificada para el domingo 7 de septiembre en el Parque Central.  Tambien pretendieron vengar la sangrienta matanza de la Embajada de España ocurrida el 31 de enero de ese año, la muerte de muchos de sus correligionarios y la destrucción de varios reductos guerrilleros en la ciudad.  Eran los años en que los edificios de instituciones bancarias (como el Centro Financiero del Banco Industrial, el Banco del Café y el Instituto de Previsión Militar, entre otros) eran blanco de potentes artefactos explosivos durante las noches; pero esta fue la primera vez que la guerrilla atacó durante el día.

En ese ataque murieron seis adultos y un niño a causa de la explosión de dos bombas ubicadas en un vehículo; los cuerpos quedaron horriblemente despedazados y regados en un radio de decenas de metros.  La explosion se escuchó en toda la ciudad y​ hubo un número indeterminado de heridos y cuantiosos daños materiales no sólo en las obras de arte del Palacio Nacional, sino que en muchos de los edificios aledaños, especialmente en el Edificio Lucky, que está frente a la esquina del Palacio Nacional sobre la 6a. Avenida, justo en la esquina opuesta en donde el grupo guerrillero colocó el artefacto explosivo.

Las imagénes por televisión mostraban partes del los cuerpos distribuidos por el área del incidente, mientras los periódicos mostraron en sus portadas la imagen de carro bomba destruido y los alrededores del palacio.​

El atentado fue ejecutado en dos partes: primero, por la noche, la guerrilla depositó una pequeña carga explosiva en el tragante ubicado en el Parque Central, en la esquina de la 6a. calle y 6a. avenida de la zona 1, frente a la esquina donde se localizaba el despacho presidencial dentro del Palacio Nacional sin que la guardia presidencial sospechara ya que en ese tiempo los taxis se estacionaban en todo el perímetro del Parque Central. Por la mañana, la guerrilla estacionó un vehículo sobre ese tragante, el cual tenía en su interior una carga mucho mayor; a las 9:35 a. m. detonaron la pequeña carga explosiva, la cual a su vez hizo estallar a la que estaba dentro del vehículo dejando esparcidos tras ser mutilados, los cuerpos de varios civiles, cuyos restos humanos fueron lanzados en un radio mayor a los setenta metros. A los cinco minutos de haberse producido la explosión se originó el incendio de siete vehículos.​

Ese mismo día, y también para tratar de impedir el desarrollo de la manifestación, la guerrilla atacó la terminal de los autobuses Galgos, y a un bus de la empresa Fortaleza, matando a un mecánico.

Pese a la matanza, el mitín del gobierno de Lucas sí se llevó a cabo, aunque con fuerte seguridad de los alrededores.

Durante el gobierno de facto del general Oscar Humberto Mejia Vítores el Parque Central fue remodelado, convirtiéndolo en un estacionamiento subterráneo ​para los trabajadores del Palacio Nacional, que albergaba a todas las oficinas gubernamentales en esos tiempos.

BIBLIOGRAFIA: